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Full text of "Vocabulario rioplatense razonado"

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• • 



m.tBiJitio mnmm uum 



VOCABULARIO 





POR 



D. DANIEL GRANADA, 




PRECEDIDO DE UN JUICIO CRÍTICO 
POR 

D. A. MAGARIÑOS CERVANTES. 

MIEMBRO CORRESPONDIENTE DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA. 



A EDIC'IÓX 

CORREGIDA, 

CONSIDERABLEMENTE AUMENTADA, 

Y Á LA QUE SE AÑADE UN NUEVO JUICIO CRÍTICO 

PUBLICADO 

POPw 

INDIVIDUO DE NÚMFIIO DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA. 



IMPBENTA BÜRAL: 

Calle do la Florida, números 8^1 y OS. 
Montevideo: 1890. 



67 



JUICIO CRITICO 



DE LA PRIMERA EDICIÓN 



Vocabulario riopl&tense razonado. 



El autor de este libro, antes de lanzarlo á la publicidad^ 
con la modestia propia de su car¿icter y de los hombres de 
su valer, creyendo acaso no estar exento de la debilidad de 
los padres, quienes á meimdo cim vierten en bellezas los de- 
fectos de sus hijos, ha querido saber si realmente merecía 
aquel honor, y nos ha pedido le demos nuestra oj)inión con 
franqueza, sin ocultarlo lo que juzguemos digno de censura. 

Apesar de las contrariedades (|ue nos rodean, r ecmio no 
hacer un esfuerzo, y dejar de comjílacer á pers(ma que tie- 
ne títulos especiíiles á nuestra ccmsideración, aprecio v ca- 
riñ(^.,. ? 

VA Dr. D. Daniel Granada, socio corresponsal de la Soric- 
(iad Gcoí^ráfica Arí^entina (de Buenos Aires) y honorario déla 
Asociación de Escritores y Artistas (de Madrid), ha sido inteli- 
gente secretario de la Universidad de Montevideo, ilustrado 
y gratuito catedrático dc^ literatura en el Ateneo del Uruguav, 
íntegro magistrado y fiel ejecutor de la ley como juez ile 
primera instancia en loc(miercial. 

Empecemos, pues, por enterarnos de 1(^ que ha queriilo 
hacer, y luego veremos C(')mo ha cumplido su programa. 

Si la crítica tiene el derecho de indicar á un autor lo que á 
su juicio debía haber hecho, no lo tiene para hacer case» 
omiso de lo que el ha querido hacer, del plan á que obedece 
su obra, de la manera como ha llenado su ]irop(')sito dentro 
de los límites que el mismo se ha trazado. 

El Dr. Granada empieza por declarar que el Voeahnlari'i 



$ JUICIO CRÍTICO 



rioplatense que ofrece al público, aunque razonado, según reza 
la portada, es rosa harto modesta; que sólo trata de inventarla» 
las 7>oces y /fases usuales en esta regi()n de América princi- 
palmente, de f/ue no liare mención el Dicionario de la lengua cas- 
tellana compuesto por la Real Academia Española, ó de las 
cuales da una idea imperfecta, por la vaguedad, deficiencia ó inexac- 
titud de las noticias que le han sido suministradas; y que en su 
esfera responde el libro á los propósitos que han impulsado 
¡i aquel docto (uerpo de la madre patria á promover en la 
América del habla castellana la fundaci(')n de centros corres- 
j)on(lientcs; idea aceptada por la mayoría de las repúblicas de 
tírigen hispano. No es rigorosamente exacto que las del Plata, 
fértil suelo de preclaros ingenios, no se hallen ya represen- 
tadas en tan magnifico concierto. > En la República Argenti- 
na fueron nombrados miembros correspcmdientes y acepta- 
ron el cargo los Drcs. D. Vicente F. López y D. Juan B. Al- 
i)erd¡, fallecido no ha mucho, y en la nuestra el Dr. D.Juan 
Z<>rrilla de San Martin, D. Aurelio Berro y el que traza es- 
las líneas. 

Consigna que los artículos referentes á naciones, provincias, 
dejxirtamentos, ciudades, regií)nes y ríos, no tienen otn^ objeto 
que suministrar, á (juien lo ignore, una idea general de los países 
(Hiyas voces y frases usuales se definen en el Vocal)ulario, y s<'>lo 
ha dado cabida á \ci que lo que le ha parecido oportuno. 

Vamos, con la brevedad posible, á señalar algimos de l(ís 
j)rincipales rasgos fik)lógic(^s, etnográficos, geográficos é hist*')- 
rit'os condensados en el Vocabulario. 

Trabajos de est:i naturaleza son los que preparan y allegan 
materiales para el importante estudio de los orígenes y forma- 
ción délas lenguas. Los sabios misioneros, únicos que lograron, 
sni otras armas (jue el Evangelio, reducir á l(^s indios á la vida 
civilizada, ya decían que la historia de las tribus de nuestro con- 
tinente meridic mal se halla en .sus idiomas. 

Figuní el guaraní en primera línea entre las lenguas que se 
han hablado entre las tribus que ocuparon la cuenca del Plata 
V sus afluentes, v son exactas las aseveraciones del autor en el 
Prólogo y en la palabra Guaraní. 



DE LA PRIMERA EDICIÓN. 



Contra hiopinú'm (le Klaproth y otros, que consideraban de 
origen divino el lenguaje, autorizados fibMogos, conformes con 
las teorías modernas, opinan y sostienen que las lenguas pro- 
ceden de fuentes enteramente distintas, v tienden á simplifiearsc, 
finuiicndose lutns en otras. 

En el guaraní, como en la mayor parte de los idiomas ¡pri- 
mitivos ó prehisti')ricos, y especialmente en los americanos, la 
tmomatopcya, directa ó indirecta, resalta en muchas palabras 
simples y compuestas, vale decir, la imita("i<'>n del sonido co- 
rresjM>iuliente al objeto que se cpiiere expresar, ó la aplicación 
por metáfora de la exprcsi''»n de un orden de sensai^iones áotro 
orden. 

Resulta igualmente de las estadísticas tpie con improbo tra- 
bajo han llegado á formarse, (pie la Améri("i es la parte del pla- 
neta donde se hablan mayor número de lenguas y dialectos. 
y (pie ofrecen ajniéllas y ésto.s la peculiaridad, única, excep- 
to en el vascongado en menor escala, de abundar en jxila- 
bras (jue expresíui por ^í solas una frase entera. 

• Rn la obra tan original, dice Angelis, (omo poco cono- 
cida, de J. B. Vico, se apunta la idea de (pie las primeras 
impresiones (pie produjo en el hombre salvaje la vista de 
los objetos exteriores, debieron arrauíarh* gritos de admira- 
ri<'»n. de placer ('> de espanto, y que por consiguiente em- 
pezare »n los lenguajes con interjecciones y monosílabos. Para 
corroborar esta hij)ótesis (ita unas cuantas voces del latino, 
como so!, /n.v, ni.v, nions, an\, lac, pe.\\ os, etc. Pero r cuánto 
más peso hubiera a(l(iuirido esta conjetura, si en vez de 
alegar (Jemplos sacados de idicmias derivativos, los hubiese 
i)uscado en el lenguaje de pueblos autóct<mos, aislados, y 
por consiguiente originales! El guaraní le hubiera ofrecido 
d espectáculo único de una lengua toda de monosílabos, de 
<uya aglomeraciíjn resultan otras voces paní expresar ime- 
vas ideas. Estas combinaciones no son arbitrarias, sino ei 
productc^ de un espíritu de análisis y obser>aci(')n, que es 
extraño hallar tan maduro en un pueblo inculto. — El número 
y la disconformidad de las lenguas americanas es otro ob- 
jeto de sorpresa. En un radio de unas cuantas leguas; á las 



JUICIO CRITICO 



faldas del mismo cerro; en las orillas tlcl mismo rio, vivían 
tribus que hablaban distintos idiomas, y tan distintos, como 
puede serlo el ruso del castellano! Los Incas se esforzaron 
en uniformar los dialectos de sus subditos, obligándolos á 
aprender la lengua dei Cuzco: ron este motivo manteman 
escuelas y maestros en los varios puntos de su imperio; por 
cuyos albitrios lograron generalizar el uso del quechua, Pcio 
en la regiíjn magallánica, en el Chaco, en los pueblos fron- 
terizos del Perú, eran tantos los dialectos cuantas ias tribus, 
ó más bien sus parcialidades, que á veces se componían de 
unas pocas familias. ¿ Cuál es el origen de tantos idiomas ? 
¿Cómo se han establecido? ¿Cuáles han sido los obstáculos 

que les han impedido propagarse o confundirse? Son 

cuestiones arduas, pero interesantes y dignas de la medita- 
ción de los sabios.» 

Analizando el significado de la palabra Ibilintcú, agrega el 
mismo auton «Si hubiesen tenido conocimiento del odioma 
guaraní los que en el siglo anterior se ocuparon tanto de la 
formación de im lenguaje filosófico, se hubieran ahorrado 
muchas tareas, y tal vez lo hubieran adoptado por base de 
sus trabajos. Cua^o so descompone uno de sus poliúlabos, 
se halla casi siempre una definición exacta del objeto que 
indica. Sirva de ejemplo la palabra ibiCiiut 
llera, que se compone de íbiH, viento, m, 
ner: ibitimcá, » lo que está deteniendo el v 

Ángeüs escribió en 1835 estos párrafos en 
índice hUtóñco y geográfico de la Argenlina 
Guzmán. ¿Qué diría hoy á propósito del Volapuk? 

¡ Qué levantada idea de la divinidad se desprende de la pa- 
labra Tapó, que el doctor Granada analiza filosóficamente, como 
da claro indicio de las supersticiones de los indios ayaeud, 
el duendecillo liliputiense, presunto autor de sus dolencias y 
desventuras ! 

También es curioso lo que nos cuenta del agorero uruíaú, 
el pájaro melancólico, que parece llorar y reir simultáneamente, 
protagonista de la preciosa balada del ático inspirado poeta 



cii, sierra 


o cordi- 


estar, y 


m, dete- 


sus anotaciones al 


de Rui 


Díaz de 




\ 



DE LA PRIMERA EDICIÓN. 9 

Carlos Guido Spano, que pinta la destrucciím del heroico pue- 
blo paraguayo por el hierro, el fuego, el hambre: 

•Llora, Uora^ urutaú», 
como lloraron las tiernas vírgenes, madres y esposíus, 

«Rasgado el blanco tipoyi^; 

del higitcróu, visto por el autor en las ruinas de Misiones; 
del disco afilado y el inortcro chato de su colección; del tactta- 
rtizú, que, forrado en cuero, se asegura sirvi<') de cañón á los 
indios en el famoso alzamiento contra españoles y portugueses, 
narrado en el Diario de la relación v f^4erra de los pueblos gua- 
raníes y>ox el P. Tadeo Xavier Henis, de la Compañía de Jesús. 

En la parte geográfica descuellan los artículos Arroyo, Salió, 
Cachimba, Cnchilla, Estero, Chaco, Pampa, Uruguay, Paraguay, 
Reventazones y otros. 

En estos artículos, como en todos los que no se limitan 4 
breves palabras, los juicios, asertos, noticias é induciones del 
autor (no podemos tributarle mayor y más merecido elogio) 
están apoyados en citas de los histí^riadores, cronistas, viaje- 
ros, misioneros ó seglares, y escritores antiguos y modernos. 
«Establecemos, dice, como cierto aquello de que tenemos en- 
tera certidumbre (') que según las reglas de la sana crítica me- 
rece asentimiento; lo dudoso como dudoso: nada á ventura.» 

Sujetos á esta regla y más ó menos comprensivos, de bas- 
tante mérito en su línea, se encuentran en el Vocabulario nrú- 
culos de historia natural, cjue, como es sabid(^, tiene p«>r objeto 
el estudio de los seres orgánicos é inorgánicos de nuestro plane- 
ta, y comprende la zoología, la botánica y la mineralogía. 
Desde luego llaman la atcnciím, por su singularidad, la pie- 
dra de agua y la delic^'lda contextura que la envuelve, el coco 
pc'treo, que guarda en su b(')veda, como la granada las semi- 
llas de su rojo fruto, abrillantadas cristalizaciones de diverscjs 
colores, que revientan con estrépito cuando está llena la ca- 
vidad que las C(^ntiene. 

En la palabra Catamarca hubiéramos deseado encontrar al- 
go de lo que refiere Líitzina sobre el curiosísimo fenómeno 









10 JUICIO CRÍTICO 



frecuente en Anillaco y Tinogastii. En estos parajes dice que 
ha observado una tensión eléctrica tan extraordinaria en la 
atmósfera, que hombres y animales estíiban en ciertos dias 
convertidos en verdaderas botellas de Leiden. El fleco de su 
chai de vicuña, en lugar de colgar perpendicularmente hacia 
abajo, tomó la dirección horizontal, convirtiéndose en elec- 
troscopio, y al pasar la mano por la crin de su caballo, oia el 
chisporroteo de las descargas eléctricas, y aun veía las chis- 
pas, si era de noche... Allí se arruga la piel pronto, el pelo 
se convierte en cerda, y cada año que transcurre deja al me- 
nos cinco señalados en el rostro. Creo, añade, que un matri^ 
mouio de ingleses que fuera allí á propagarse, sólo y exclusivamen^ 
te dentro de sus propios descendientes, exhibiría ya en la cuarta ge- 
ueración el tipo calchaqui neto. 

Para no hacer una enunciación descamada de los vocabh^s, 
ha de permitírsenos que los liguemos entre sí, en períodos ó 
párrafos, poniendo en bastardilla las palabras que se encuen- 
tran en el Vocabulario. 

El cantor de la conquista, el arcediano D. Martín del Bar- 
co Centenera, enumera las annas y la manera de pelear de 
los indios: 

«Con hoXas^ flechas, dardos y macanas 
La guerra aquí se hizo» 

Pasan como en un kaleidoscopio, el charrúa, blandiendo su 
pesada macana ^c\ tape ^wX-óx^tí lanza de tacuara, el querandi su 
terrible laque, el chiriguano, sus flechas envenenadas, el \timbú su 
certero dardo, que clavaba en el blanco á la distancia con 
abmirable destreza, como se vio en el fuerte de Santi Spíritus, 
tí^mado á traición, donde acuchillados por el valoroso jefe D. 
Ñuño de Lara, á quien ninguno osaba acercársele, «comenza- 
ron, dice Rui Díaz de Guzmán, á tirarle con dardos y lanzas 
con que le maltrataron de manera, que todo su cuerpo estíiba 
arpado y bañado en sangre.» 

¿Van ;j los toldos ó á la maloca'^. . . Anuncia su aproximación, 
como la de cualquier bulto que se mueve, el avizor bentci^eo, 
vigilante lo mismo de los campos desiertos y de las estancias 
solitarias, que de los jardines, de las quintas y casas de la ciudad. 



DE LA PRIMERA EDICIÓN. U 

jCuántos argumentos poéticos é imágenes nuevas en la ruinosa 
¿apera abandonada en medio del campo, como la 

«Cruz que yace solitaria 
Sobre la verde cuchilla, 
ronde lámpara do brilla. 
Ni rezos se oyen sonar» 

(Melchor Pacheco y Obes); 

los relinchos y escarceos de la tropilla de caballos que siguen k 
la yegua madrina con su cencerro, doquiera que se dirija; la hue- 
lla gigantesca de \o^ patagones en la agreste playa; el centelleo de 
la luciérnaga tnco^ á cuyo resplandc )r se puede leer en la oscuridad: 
los i^urpiireos ramilletes de los ceibos, que en las márgenes del 
l'ruguay y el Paraná 

se echan 

Sobre la espalda el manto de escarlata 

{Zorrilla de San Martin); 

la llora/.ul del ¿•<^^/;/r7/í;/t'; los signos de la pasión, artísticamente 
tallados en el vibnnicnyá; la etérea vida del clavel del aitc; el 
rumor del inmenso totoral; la una de gato del ñapindá; el follaje, 
tronco y liabas del foronda; la gentileza (Xclplnmerillo; la exquisita 
fragancia de hu//V7///rA/ y del Jazmín del Paraguay; 

Del quebracho el temple herrado 
Y el flexor del sarandi 

(M, Pacheco y Obes); 

la rósea eflorescencia del incorruptible lapacho; la deliciosa 
frescura del omhú hasta en las horas de mayor calor; la sombra 
densísima, negra, á veces redonda, del frondoso árbol llamado 
sombra de toro; las espirales matadoras del parásito sipo; el tatari\ 
que se consume, como el dolor en los grandes corazones, sin 
hacer llama ni brasa; el monstruoso tipa. 

Con su forma e8tra*nbótica de pipa 

{E, Echeverría); 

el pnma, que, aunque le llaman león, es sólo un espantajo, 
un miserable gato que huye de los perros (Sarmiento); el cabnri^ 



12 JUICIO CTiiTICO 



que atrae á las avecillas con su caíUo y escoge entre ellas 
su víctima; el colibrí^ picaflor, ó pájaro- mosca. 

Viva esmeralda tornasolada, 
Áureo diamanle que centellea; 

el pérfuio timbhídcicJ, que engaña con su apariencia tranquila; 
el n(.) menos i^eligroso cauí^rcjal, que pone intransitable el 
minado suelo, como aquel donde se oye el incensante 
damareo del incutnco\ y el chirrido de las lechuzas, (jue 
hacen centinela en las cuevas de las 'vizcachas. 

Sin hacer cargo al autor, hubiéramos deseado, puesto 
que es razonado su Vocabulario, c^ue diese mayor ami^litud 
á algunos artículos. Así por ejemplo, entre los vegetales, al 
i^nayacán, árbol Resinoso y aromático, de lAíidcra Tortísima, 
que en algunas especies alcanza enormes proporciones, sobre 
todo en las regiones cálidas. líl color de sus llores en unos 
es blanco, como las del almendro, y en otros anaranjado 
que declina en amarillo, ó de matices más vivos. Entre 
otras circunstancias que rodean de una aureola poética á 
este coloso de las selvas americanas, abren ancho campo á 
la imaginacicm sus cualidades medicinales, la nitidez y al)un- 
dancia de sus llores en forma de racimos, el perfume que 
se desprende de su ramaje, sus brazos crispados y vastagos 
tortuosos, que parecen atestiguar su lucha con los elementos 
y con la podeíosa savia que fennenta en su seno. 

Hay uno que crece en el Chaco, cuyas llores, según el 
relato de los indios, sirven de cuna á una especie de 
mariposas. Cuando éstas sienten su fin próximc». se hunden 
en el suelo, y de sus despojos nac(.' el guayacán, impercep- 
tible esi)iga en su origen y luego árbol gigante. Leyenda ó 
verdad esta creencia de los indígenas, ella es un expresivo 
símil, (jue bien pudiera aplicarse al p(xler de las ideas, á 
las que llamó Andrade: 

«Mariposas de luz del pensamiento,» 

que á meiuido surgen á la vida y triunfan con la muerte del 
que las arri>jó en el surco profundo del porvenir. 



DE LA PRIMERA EDICIÓN. 13 

Lo mismo decimos de muchos nombres de provincias, villas 
y localidades. Artigas, Rivera, Larrañaga, Rivadavia, San Mat- 
tin, Belgrano, Mitre, Avellaneda, La Plata, ciudad monumental, 
improvisada en dos años en una costa desierta y que puede 
rivalizar con cualquiera de las obras más audaces y prodigio- 
sas de los yankees, ofrecían temas abundantes para anotar, 
aunque de carrera, al menos algunos rasgos característicos, 
como lo ha hecho el autor en Mendoza. No hay más que 
ver la deficiencia de las geografías á este respecto. 

Entre los sucesos históricos que podrían citarse, ¡cuántos 
tan interesantes, por diversos conceptos, como el de la fun- 
dación de Corrientes! ¡Qué temple de alma el de aquel 
adelantado D. Juan Torres de Vera y Aragón, que con un 
puñado de valientes (^o pasaban de sesenta, y algunos dicen 
que eran apenas veinte y ocho) salta en tierra y clava en la 
cuchilla más alta la cruz, frente á las numerosas hordas de 
salvajes que avanzan en todas direcciones! Rodeados los espa- 
ñoles por im cerco de fuego que encienden los indios no 
pudiendo vencerlos por las armas, sin víveres y á veces sin 
agua, resisten durante algunos días y noches sus repetidos 
asaltos. La espantosa carnicería y el hedor de los cadáveres 
difunde al fin el terror entre los infieles, que huyen espan- 
tados; y alli donde plantaron la cruz los castellanos, con el 
formidable grito ¡viva España! abren los cimientos de la nueva 
ciudad! 

Por eso la Cruz milagrosa resplandece en la bandera y en 
el escudo de Corrientes, la indomable, y sus heroicos hijos, 
en sus horas de infortunio, recuerdan peleando como buenos 
el ejemplo de sus antepasados D. Juan Torres de Vera y 
Aragón y sus valerosos compañeros. 

Nos dicen que debido á los esfuerzos de la piadosa com- 
pañera del actual gobernador, se luí construido recientemente 
en el mismo paraje una iglesia con el nombre y consagrada 
á la Cruz del Milagro. 

Nos llena, pues, de satisfacción, y obedece el Dr. Granada 
á los nobles instintos de su raza, cuando en el humorístico 
articulo Kvpresiones proverbiales (uno de los mejores), con 



14 JUICIO CRÍTICO 



motivo de la frase se quiebra, pero no se duebla, recuerda el 
antiguo mote de los Pulgares: antes quebrar que doblar. Oigá- 
mosle, que vale la pena. 

«La persistencia de esta frase proverbial en las regiones 
que baña el Plata, modificada en sus términos conforme á 
los usos y manera de expresarse de la gente campesina, des- 
cubre á las claras que en la castiza levadura de los habi- 
tantes de América fermenta aún aquel espíritu de indomable 
altaneria que caracterizaba los tiempos caballerescos de la 
España europea. La Academia Española no registra en el 
Diccionano de la lengua castellana la antigua frase: antes que- 
brar que doblar^ que es hoy tan española como lo fué en tiem- 
po de los Pulgares. Dígalo Zarz^oza, dígalo toda España, 
digalo su estirpe del Nuevo Mundo. :> 

Abren también vasto campo á la imaginación del lector la 
misteriosa laguna Ibera; la enorme serpiente acuática curiyú, 
que parece ser la misma llamada sucuriuba, descrita por Ayres 
de Casal en su Corographia brasilica; el singular y torpe maca y que 
ni vuela, ni nada, ni anda sino con suma dificultad; el macagua, 
ave cxterminadora de víboras, cuyo veneno contrarrestaron 
una yerba que come al sentirse herida; el espantoso pez 
manguruyú; el encorazado iatti; el feroz cimarrón; el cebado 
yaguareté, acorralado por el tigrero con su jauría de adiestra- 
dos perros.... 

En el capítulo relativo á usos, costumbres, industrias, mo- 
dismos, alimentos, caza, juegos nacionales, señalo por las cua- 
lidades de que he hecho mención, los que llevan por epígrafe 
Vaquetia, cacerías en la palabra Chaco, Juego de cañas. Jue- 
go del pato. Cabildante, Curaca, Changador, Gaucho, Baqueano, 
Bichadero, Rodeo, Ladino, Mate, Ilumita, Azúcar y vino de la 
Asunción, Asado del campo. Pulpería, Manea, llamada por Fi- 
gueroa 

«Orillos de trenzada piel.» 

Creemos que hay inexactitud en la definición de la palabra 
chapetón, que sólo se aplicaba al español, y no al extranjero 
de otras naciones. El camoatí no es obra de las avispas. Che\ 
masque como interjección, se usa como pronombre. Pajuate es 



DE LA PRIMERA. EDICIÓN. 15 



corrupción de la muy castellana voz pazguato. La operación de 
pialar no nos parece que está bien descrita. Pardo se llama 
al mulato, y jamás al negro. Como lo define el texto, no da 
ni la más remota idea de lo que es el pacará, gigante émulo 
de los pinos que se ven en el distrito de Calaveras: el Pa- 
cará, de cuya especie han existido y existen todavía algunos 
en la provincia de Tucumán, bajo cuya [sombra pueden 
guarecerse hasta doscientos jinetes, según nos han referido 
allí en nuestro último viaje por el interior de la República 
Argentina. 

Suele anotar cuidadosamente el autor los errores en que incu- 
rre el Diccionario de la Academia Española: véanse las palabras 
Cachimba, Carbonada, Estero, Hacendado, Humita, Locro, Ma- 
zamorra, Morocho, Pampa, Poncho, Rancho, Rodeo, Salto, Tacha, 
Tapioca, Totora, Tembladeral, etc. 

Aunque no tuviera otro mérito el trabajo del doctor Granada 
que las justas observaciones que con este motivo hace, estaría 
justificada la publicación de su libro. 

Debemos advertir, no obstante, que es aplicable á la Aca- 
demia lo que él muy atinadamente dice defendiendo á Azara 
á propósito del salto de Giiairá (pág. 266). La Academia, 
indica igualmente en el Prólogo, puede haber sido inducida 
en error por los inexactos ó deficientes datos que se le hayan 
suministrado, ó porque en efecto sea distinto en otras regio- 
nes de América el significado de las palabras y de las cosas 
que expresan. 

El vocabulario americano completo sólo podrá existir des- 
pués que hagan los parciales cada una de las secciones ó 
Estados de origen español, como lentamente se va realizando, 
y en eso consiste el mérito y la importancia de ensayos como 
el que nos ocupa, sean cuales fueren sus inevitables defi- 
ciencias. 

Tal como es, bien á las claras demuestra que tiene el 
autor capacidad y luces bastantes para subsanar en otra 
edición las omisiones que en él se notan. Le repetimos lo 
que en caso análogo dijimos al Sr. Dc-Maria sobre su libro 



18 



«Tradiciones y recuerdos, Montevideo antiguo,» ni)ta segunda 
edidón, revisada y aumentada, acaba de salir á luk 

Reasumiendo lo que al empezar expusimos, agregamos 
que hoy los primeros lexicólogos creen que no es innato ca 
el hombre el uso de la palabra, sino la facultad de formarla 
ú aprenderla de otros. 

Los modos de expresarse se enriquecen diariamente: en 
las ciencias, en ¡as industrias, en el mismo trato social d 
hombre inventa palabras y frases nuevas, se asimila las 
extrañas, ó las adapta al idioma que habla. Tales son, por 
ejemplo, en el libro del doctor Granada, los vocablos /ow/(' 
y vacaray, formados de las palabras españolas toro y vaca y 
de las guaraníes p¡ cuero y ra'i hijo. — «La lengua guaraní, 
dice el autor, es abundante en voces, expresiva, eufónica, y 
muchos de sus vocablos se han incorporado á la castellana, 
sin hacerla desmerecer, antes al contrario dándole lucimiento». 

Se comprenderá todo el alcance de esta observación, si re- 
cordamos que las palabras son signos representativos de ideas: 
■ sirven para expresar todo lo que cae bajo el dominio de los 
sentidos ó del pensamiento, v su valor es más grande cuanto 
mayor es la exactitud entre el objeto á que se refieren y la 
noción que de él nos formamos. 

En este sentido puede decirse conShopenhaucrquer/mwjíÍJ 
« para cada uno su reprísentañón: verdadera, s¡ tas ideas son 
exactas y corresponden á los objetos; falsa, si por la ima- 
gen ó por el concepto que nos sugieren, son erróneas, enga- 
ñosas, puramente sujetiras ó hijas de la fantasía, que no con- 
dice con la realidad- 

Lockc consideraba como uno de los más graves inconve- 
nientes, el tomar en los idiomas, en la filosolia, en lá política, 
en la vida socia!, las palabras por cosas ó existencias posi- 
tivas, cuando las que carecen de tal condición sólo sirven 
de fuente al error, y trasmiten como verdades inconcusas 
metas abstracciones, que son como moneda falsa en manos 
de los hombres. 

Y conviene, por último, no olvidar que el pensamiento 
va más allá de la palabra; que á veces no alcanzamos á 




DE LA PRIMRRA EDICIÓN. ^ 17 



expresar todo lo que concebimos, ó lo expresamos mal por 
medio de circunloquios, porque nos falta el signo represen- 
tativo de la idea. 

Felicitamos cordialmente al Dr. Granada, y confiamos que 
el Vocahtilaiio rioplatcnsc será recibido en América y España 
con la favorable acogida que merece, y le desea su afectí- 
simo amigo 

A. Magariísos Cervantes. 
líontevideo, Enero TU de 1889. 



<3TS 



NUEVO J UICIO C RITICO. 

CARTAS AMERICANAS. 
Vocabulario rioplatense razonado. 



Al Sr. D. Daniel Granada. 

Muy señor mío: 

Con mucho placer he recibido y leído la interesante obra 
de usted, cuyo titulo va por epígrafe, y que acaba de publi- 
carse en Montevideo. 

Me parece que á usted le sucede lo mismo que a mi en lo 
tocante (i pronosticar sobre el porvenir de la lengua castella- 
na en esas regiones. No vemos sino allá, dentro de muchos 
siglos, la posibilidad de que se olvide ó se pierda por ahí di- 
cha lengua, y salgan ustedes (i) hablando italiano, francés o 
algún idioma nuevo, mezcla de todos. 

Es verdad que el territorio rioplatense es inmenso y poco 
poblado aún. Sólo la República Argentina comprende cerca 
de tres millones de kilómetros cuadrados, mayor extensión 
que Francia, Alemania, Inglaterra y España juntas.Y si aña- 
dimos las tierras de las repúblicas del Uruguay y del Para- 
guay, la grandeza territorial de lo que llamamos país riopla- 
tense se presta á contener y á alimentar en lo futuro cente- 
nares de millones de seres humanos. A fin de que tanta tierra 
sea poblada y cultivada, la inmigración entra ya y seguirá en- 
trando por mucho. Cada año va la inmigración en aumento. 



(1) El Sr. Valera supone natural del [Río de la Plata al autor, que 
lo es de España. 



DB D. JOAN VALBRA. 19 



Según los datos que me da Ernesto van Bruyssel (La Re- 
publique Argcntine), en 1886 sólo á Buenos Aires llegaron cerca 
de 70,000 inmigrantes, y en 1887 más de 120,000. Si así 
continúa creciendo la inmigración, donde predomina el ele- 
mento italiano, tal vez dentro de diez ó doce años haya más 
gentes venidas de Italia que de origen español, desde las 
fronteras de Bolivia hasta el extremo austral de la Patagonia, 
y desde Buenos Aires y Montevideo hasta más allá de Men- 
doza. 

En los quince años que van desde 1855 á 1870 ha en- 
trado en la República Argentina un millón de emigrados. 
Bien podemos, pues, calcular, no haciendo sino duplicar el 
número en los años que quedan de [siglo, que al empezar 
el siglo XX habrá en la República Argentina cinco millones 
más de población no criolla, ó venida de fuera, y princi- 
palmente de Italia. Yo entiendo, 'con todo, que en el pue- 
blo argentino hay fuerza informante para poner el 'sello de 
su propia nacionalidad á esta invasión pacifica y provechosa, 
y que en 1900, lo mismo que en 1889, habrá alli una na- 
ción de carácter español y de lengua castellana; sólo que 
ahora consta esta naci('jn de cuatro ó cinco millones de in- 
dividuos, y en 1900 acaso conste de 18 ó de 20 millones. 

El aumento de la población se infiere del aumento de la 
riqueza que la inmigración trae consigo. En veinte años, de 
1 866 á 1886, la renta del Estado argentino se ha quintupli- 
cado. De nueve millones de duros ha subido á más de cua- 
renta y cinco. Durando la paz, con suponer igual aumento 
proporcional en otros veinte años, no es aventurado prede- 
cir que el presupuesto de ingresos de la República Argen- 
tina podrá ser, á principios del siglo XX, sin recargar las 
contribuciones y sin aumentarlas, de más de doscientos mi- 
llones de duros. 

Todo induce á presumir que, si no sobrevienen imprevis- 
tas perturbaciones, la principal confederación del Rio de la 
Plata será en el siglo XX una potencia tan fuerte y rica 
como lo es ahora la república norte-americana de origen 
británico. Las huellas de este origen no se han borrado en- 



20 JUICIO CRÍTICO 



tre los yankees. Natural es que no se borren tampoco en- 
tre los argentinos y uruguayos las huellas de su origen 
español. 

La lengua es el signo característico que tardará más en 
perderse. La lengua además no es lazo solo que une entre 
sí á los argentinos, sino vínculo superior que no puede me- 
nos de estrechar y ligar en fraternal concierto á dicha re- 
pública con muchas otras, todas, digámoslo así, oriundas de 
España, y que se extienden por las tres Américas, desde 
más allá de la Sierra Verde y del Río Bravo del Norte 
hasta la Tierra del Fuego. 

Las cuestiones de gramática y de diccionario, de unión de 
academias de la lengua, de literatura española é hispano-ame- 
ricana, de versos y de novelas, escritos y publicados en español 
en ese Nuevo Mundo, no son meramente literarias, críticas ó 
filológicas; tienen mucho más alcance, aunque uno no se lo quie- 
ra dar. 

No me parece que divago al decir lo que va dicho, con ocasión 
del excelente, aunque modesto, trabajo de usted, que, si bien es 
meramente filológico, tiene mayor trascendencia. 

Nuestro diccionario de la lengua castellana no es sólo el in- 
ventario de los vocablos que se emplean en Castilla, sino de los 
vocablos que se emplean en todo país culto donde se sigue ha- 
blando en castellano, donde el idioma oficial es nuestro idioma. 
Será provincialismo ó americanismo el vocablo que se emplee 
sólo en una provincia y que tenga á menudo su equivalente en 
otras; pero el vocablo que no tiene equivalente y que se emplea 
en más de una provincia ó en más de una república ó en regiones 
muy dilatadas, y más aún cuando designa un objeto natural, 
que acaso tiene su nombre científico, pero que no tiene otro 
nombre común ó vulgar, este vocablo, digo, siendo muy 
usual y corriente, es tan legitimo como el más antiguo y 
castizo, y debe ser incluido y definido en el diccionario de 
la lengua castellana. La Academia Española no puede menos 
de incluirle en su Diccionario. 

Así como nosotros, los peninsulares europeos, hemos im- 
puesto á los hispano-americanos uii caudal de voces que 



DE D. JUAN VALERA. 21 

provienen del latín, del teutón, del griego, del árabe y del 
vascuence, los emericanos nos imponen otras voces que 
provienen de idiomas del Nuevo Mundo y que designan, 
casi siempre, cosas de por ahí. 

Es curiosísimo el catálogo razonado que ha hecho Vd. de 
estas voces (de las usadas en la región rioplatense) y las 
definiciones y explicaciones que da sobre cada una de ellas. 
Sin duda su libro de Vd. será documento justificativo de 
que los individuos de la Academia Española tengan que 
valerse y se valgan para aumentar su obra léxica en la 
edición decimotercera. 

Casi todos los vocablos que V^d. pone y explica en su 
libro, ó no están incluidos en nuestro diccionario, ó están 
mal (') insuficientemente definidos en él. Y sin embargo, no 
pocos de estos vocablos, á más de estar en poesías, en no- 
velas, en relaci(3nes de viajes y en otras obras en idioma 
castellano posteriores á la independencia, es casi seguro que 
se hallan en libros ó documentos españoles de antes de la 
independencia, escritos por los viajeros, misioneros, sabios y 
demás exploradores de esos países, que dieron á conocer 
en Euro^ía su (lora y su fauna. 

En los tiempos novísim(3S han estudiado y descrito la 
naturale/a tle la América del Sur Ilumboldt, Burmeister, 
Oriíigny, Darvvin, ]\Iartius y otros extranjeros; pero nuestros 
compatriotas se les adelantaron en todo, como lo demues- 
tran los trabajos y publicaciones de Montenegro, Acosta, los 
padres Lozano, Cobo, Cnimilla y Molina, !Mutis, Oviedo, 
Azara, Pav(')n, Ruiz y otros cien, de que trae catálogo el Sr. 
Menéndez Pelayo en su Ciencia española. 

Los nombres, ])ues, que se dan ahí vulgarmente á plantas 
y árboles, aves, cuadrúpedos, peces, insectos y reptiles, no 
están fuera de nuestra lengua común española, por más que 
aparezcan y suenen, á nuestros y en nuestros oíd(;s, como 
peregrinos é inusitados. 

Tal vez deban incluirse en nuestro diccionario, si no lo 
están ya, y creo que no lo están, las más de las voces que 
V. define, como las siguientes: 



22 JUICIO CRÍTICO 



Nombres de árboles, plantas y yerbas. — Aguaraibá, alpa-- 
mato, arazá, biraró, burucuyá, caá, camalole, caraguatá, curí, 
chalchal, chañar, chilca, gegén, guayabira, guayacán, guem— 
bé, ibaró, isipó, lapacho, molle, ñandubay, ñapindá, ombú, 
pitanga, sarandl, sebil, tacuara, taruma, tatarc, timbó, tipa, 
totora, urunday, yatay y yuyo. 

Peces. — Bagre, manduvi, manguruyú, pacü, pati y zurubi. 

Aves. — Biguá, caburé, chingólo, maca, macagua, ñacurutú, 
ñandú, urú, urutao y yacú. 

Cuadrúpedos. — Aguará, bagual, cuatí, guazubirá, puma» 
tamanduá, tucutuco, y tatú en vez de tato. 

Insectos, reptiles, etc. — Alúa, camoatí, mangangá, tambe- 
yuá, tuco, yaguarú y yarará. 

Me dice usted en la amable dedicatoria con que me 
envía su libro, que, <vcas() de que me digne pasar la vista. 
por él, me agradecerá mis advertencias.» 

Yo me prevalgo de este ruego para hacer algunas. 

Aunque usted describe bien los objetos naturales que sus 
vocablos designan, echo yo de menos, para mayor claridad 
y universal inteligencia del objeto, el nombre científico con 
que los naturalistas le marcan y señalan, y la familia en 
que le clasifican. 

Válganme algunos ejemplos. Empecemos por la \oz caá. Us- 
ted, hablando con franqueza, no nos declara lo que significa en 
guaraní, y es menester inferirlo por conjeturas, y comparando lo 
que usted dice con lo que dice D. Miguel Colmeiro en su 
Diccionario de los diversos Jiombres imlgares de muchas plantas 
usuales ó Jiotables del antiguo y nuevo mundo, caá, con eviden- 
cia, ha de significar en guaraní planta, yerba, árbol, lo vegetal 
de modo genérico, y no sólo mate, como usted afirma. 
Supongamos, no obstante, que caá significa mate. Sin haber 
oído hablar jamás á los guaraníes y sin saber una palabra 
de su idioma, cualquiera adivina el valor de ciertos adjetivos 
que entran á cada instante en composición de nombres; v. 
gr., miri, pequeño, y guazú, grande. Así vemos claro que 
caaguazú, y caaquí y caamini, todo es mate, según sean 



DE D. JUAN VALEBA. 23 



las hojas de que se compone grandes ó pequeñas, tiernas ó 
más ricas y jugosas. 

Hasta aqui todo va bien, y caá y mate pueden ser lo mis- 
mo; pero cuando nos define Vd. caapmi, bosquecillo, conjunto 
de árboles aislado, vemos claro que paú ha de significar 
conjunto ó m(^ntón, y caá árbol, arbusto, planta, yerba, 
mata, y no mate, á no ser por excelencia, como también 
llaman al mate yerba por excelencia. 

El señor Colmeiro trae en su Diccionario todos estos 
compuestos de frtraV caa-ataya, caamirín, caaopiá, caapeba, caa- 
pim, caatiguá y caavurana; y como con tales nombres se 
designan plantas gramíneas, meliáceas, ciperáceas, hipericineas, 
y de otras cuantas y diversas familias, queda más demos- 
trada la vaga generalidad del significado de la palabra caá, 

Giiayacán, El Diccionario de la Academia Española trae 
también esta palabra; pero ¿el guayacán que describe es el 
mismo que describe Vd? Yo creo que no. Vd. nos describe 
el guayacán del Chaco y del Paraguay, la Academia el de 
las Antillas, y como Colmeiro me da diez especies de gua- 
yacanes ó guayacos, no sé con cuál quedarme. El guayacán 
ya es diospyros lottis, ya guaja cum saticium, }'a gnajacum offi^ 
cinalc, ya porliera hygrometrica, y ora pertenece á la familia 
de las leguminosas, ora á la de las ebenáceas, ora á otra 
familia. 

Arazá. No estii en el Diccionario de la Academia. Colmeiro 
la trae, y pone, como Vd., dos clases: el arazá arbóreo y 
el rastrero. Convendría, con todo, que dijese Vd., como 
dice Colmeiro, que ambas clases pertenecen á la familia de 
las mirtáceas. 

Bastan los ejemplos aducidos, que, para no cansar, no au- 
mento, á fin de comprender la conveniencia de detenninar 
mejor los objetos que se describen. 

Diré ahora otro requisito que echo de menos en su libro 
de usted. Echo de menos las autoridades. Me explicaré. 

Nada hay más borroso é inseguro que los límites entre lo 
vulgar y lo técnico ó científico de las palabras. Cada día, á 
compás que se difunde la cultura, entran en el uso familiar, 



24 JUICIO CRÍTICO 



general y diario, centenares de vocablos que antes emplea- 
ban sólo los sabios, los peritos ó los maestreas en los oficios, 
ciencias y artes (i que los vocablos pertenecen. Deaqui que 
todo diccionario de la lengua de cualquier i)ueblo civilizado, 
sin ser y sin pretender ser enciclopédico, vaya incluyendo 
en su caudal mayor número de palabras técnicas, sabias ó 
como quieran llamarse. Pero, aun así, importa poner un lí- 
mite á esto, amique el límite sea vago y no muy deter- 
minado. 

Los indicios nos pueden servir de guía. Por muy patrió- 
ticos que seamí^s, no es dable que nos figuremos que somos 
un pueblo más docto, en este siglo, que el pueblo inglés ó 
el francés. Nuestro diccionario de la lengua vulgar no debe, 
pues, sin presumida soberbia, incluir más palabras técnicas 
que los dicci<marios de Webster y de Littré, pongo por caso. 

El otro indicio es más seguro. Consiste en citar uno ó 
más textos en que esté empleado el vocablo que se quiere 
incluir en el diccionario, por autores discretos y juiciosos 
que no escriban obra didáctica. En virtud de estos textos, 
es lícito inferir que es de uso corriente el nuevo vocablo, 
y debe añadirse al inventario de la riqueza léxica del idioma. 

Convengo en que á veces es de tal evidencia el uso fre- 
cijente de un vocablo, que la autoridad ó el texto puede 
suprimirse. Asíporejem])lo, ombú. El Diccionario de la Academia 
no trae ombú, y, sin embargo, apenas ha}' cuento, ni poesía, 
ni escrito argentino de otra clase, donde no se mienten los 
ombúes. 

Es voz tan común \)or ahí corno en esta península álamo 
ó encina. 

En ocasiones cita Vd. los textos, y así demuestra la ne- 
cesidad de la introducción de la palabra en nuestro vulgar 
diccionario. Sirva de ejemplo la voz chaco^ montería de cierto 
género que di(3 nombre propio á la gran llanura que se ex- 
tiende desde la cordillera de Tucumán hasta las márgenes 
del río de la Plata. La voz chaco está empleada por el 
padre Lozano, Historia de la conquista del Parai^uav etc., y 



DE D. JUAN VALERA. 25 



por Argote de Molina en su Discurso sobre el libro de mon' 
ieria del rev D. Alonso. 

Con frecuencia falta texto autorizado que pruebe el em- 
pleo vulgar de la palabra, y, cuando haga usted nueva edi- 
ción de su libro, conviene que lo añada. El Vocabulario ga- 
naría mucho con esto; y esto ha de ser muy fácil para usted. 

Su Vocabulario de Vd. es además poco copioso, c importa 
aumentarle. El número de palabras que faltan no debe de ser 
corto, cuando yo, que conozco tan poco de la literatura de ese 
país, puedo citar palabras que en su Vocabulario de Vd. no 
están incluidas. Asi, por ejemplo, seibo, Rafael Obligado, en 
una de sus míis lindas composiciones, En la ribera, del Pa- 
raná se entiende, dice: 

El año que tú faltas, 
La ñor de sus seibos. 
Como cansada de esperar tus sienes, 
Cuelga sus ramos de carmín marchitos. 

¿Será el seibo el árbol que llaman del Paraiso, de Anda- 
lucía? ¿Quién sabe? Colmeiro no trae seibo, á no ser seibo 
lo mismo que ceibo ó ceiba, que está en Colmeiro y en el 
diccionario vulgar. 

Otras veces, si bien Vd. define y aun cita textos, encuen- 
tro yo deficiente la definición. 

No basta decir que camalote es «cierta planta acuática». 
Convendría saber algo más del camalote en esta primera acep- 
ción. ¿De qué color, de qué tamaño, de qué forma son sus 
flores? Sobre la otra acepción de camalote trae Vd. textos 
curiosísimos, que la explican bien. Es un conjunto de plan- 
tas del mismo nombre y de otras plantas, que forman como 
isla ó matorral que nota y navega, y que suele .ser tan grande, 
que asegura el padre José de Parras que en su centro se 
jDcultan con facilidad los indios con sus canoas, «y como 
pueden muy bien dar el rumbo á toda aquella armazón ha- 
cia los barcos, con poca diligencia suelen llegar á ellos, y 
estando inmediatos, se enderezan, arman griteria, y como 
logren alguna turbación en los españoles, ya los vencieron.» 

En Colmeiro no hay camalote, pero hay camelote^ dando i 



26 juiao CRÍT.'CO 



la planta el nombre que se da á la tela. ¿Será este camelott 
de Colmeiro el camalotc de Vd? 

Su libro de Vd. me sugiere no ¡x>cas obser\'aciones más, 
algunas de las cuales no quiero dejar de hacer: pero, jx>r 
ser ya muy extensa esta carta, las dejo para otra. 



De Vd. seguro servidor 



JUAX Valera. 



II 



Al Sr. D. Daniel Granada. 



Muy señor mío: Es en verdad muy curioso que entre las 
palabras que Vd. incluye y define en su Vocabulario haya 
bastantes que nos parezcan peregrinas, no porque no sean 
castellanas, sino porque han caído en desuso ('> se derivan 
de otras que han caído en desuso en España. Así, por ejemplo, 
bosta, estiércol del ganado vacuno y caballar. En el Diccio- 
nario de la Academia ní> hay bosta, pero sí bostar, masculino 
anticuado, que significa establo de bueyes. Es término de la 
baja latinidad, bostarinm, y viene de bos y de starc. 

Lt) general, con todo, es que cada uno de los vocablos 
rioplatenses que Vd. pone en su libro provenga de alguna 
de líLS dos principales lenguas que se hablaban en esa vasta 
región cuando el descubrimiento y la conquista: la guaraní 
y la quichua. Las lenguas americanas son aglutinantes y se 
prestan á crear vocablos compuestos, que son como abre- 
viada descripciíjn del objeto que significan. De la lengua 
guaraní provienen la mayor parte de las voces que usted 
define; pero no son de aquellas voces que se usan en el 
Paraguay, donde se habla puro guaraní, ni de las emplea- 
das en Corrientes y Misiones, donde se habla el guaran^ 
mezclado con el castellano, sino de las que, según dice Vd. 
en su Prólogo, cel uso antiguo y constante ha incorporado á 
la lengua castellana en las Repúblicas Argentina y Oriental 
del Uruguay.» Las voces son, pues, castellanas, aunque en 
la lengua guaraní haya de buscarse su origen etimológico. 



DE D. JUAN VALERA. 27 



Gh^ria grandísima ha sido de los misioneros españoles, no 
sólo el llevar á América plantas y animales útiles, industria 
y cultura de Europa, sino el mirar con evangélica solicitud 
por el bien de las tribus indígenas, cristianizándolas, difun- 
diendo entre ellas la civilización del mundo antiguo y tras- 
mitiendo íi éste el conocimiento de aquellas rudimentarias 
/) decaídas civilizaciones, sus ideas religiosas, sus tradiciones 
V sus idiomas. 

Es lástima que este trabajo de los misioneros, sobre todo 
en lo tocante á gramáticas y diccionarios de idiomas de 
América, no sea tan generalmente apreciado como debiera, 
por la escasez de ediciones de sus libros, que van siendo 
muy raros. El Tesoro, no obstante, de la lengua guaraní. Arte 
y Vocabulario del padre Antonio Ruiz de Montoya, de la 
Compañía de Jesús, impreso en 1O40, debe de haberse reim- 
preso últimamente en Leipzig. 

Usted, sin duda, se vale para su trabajo de esta obra del 
mcnci(^nado jesuíta, cuyo mérito pondera como merece Emi- 
li(^ Daireaux en su excelente libro, aunque á veces injusta- 
mente Cíjntrario á España, sobre Buenos Aires, la Pampa y 
la Pütagonia. 

El guaraní, cuando llegaron á la América del Sur los es- 
pañoles, era lengua tan difundida que la llamaban general : 
la hablaban más de 400 tribus en el Paraguay, en el Brasil, 
en el Uruguay y en el norte de la República Argentina. 
Las conquistas de los Incas, que procuraban imponer la 
lengua quichua á los vencidos, no lograron introducir muchos 
de sus vocablí^s ni en la lengua guaraní, ni en la lengua de 
los araucanos. 

La lengua guaraní es aún la que más se habla en el terri- 
tíjrio rioplatense, y sobre todo en el Paraguay y en Co- 
rrientes, y, aunque destinada á morir, la que dejará más 
elementos léxicos al castellano. De la lengua guaraní, añade 
usted, procede la mayor parte de las voces que el Vocabu- 
latió contiene. 

En cada página, no obstíinte, hallo en el Vocabulano de 
Vd. voces que proceden de otros idiomas, ó cuya etimología 



28 JUICIO CRITICO 



no determina Vd. con fijeza. Asi machi, curandero mágico, y 
gualicho, diablo del araucano: catinga, mal olor de la trans- 
piración de los negros, y mandinga, hechicería, palabras casi 
de seguro de procedencia africana; y otras palabras muy 
empleadas por autores antiguos y modernos, cuya etimología 
se nos queda por averiguar. Sean ejemplo baquía y baquiano 
6 baqueano, que emplean el padre Parras, Azara y Vargas 
Machuca; chacra, granja ó cortijo, que está en Azara y en el 
Diccionario de la Academia; champán^ barca grande para 
navegar por los ríos ; chiripá, pedazo de tela que se enreda 
á los muslos en vez de pantalones ; chumbé, especie de faja; 
galpón, especie de cobertizo, y hasta la misma comunísima 
palabra gaucho, de la que nos deja usted sin etimología. 

En suma, si bien la obra de usted deja mucho que de- 
sear, es altamente meritoria como primer ensayo, y muy 
digna de las discretas y autorizadas alabanzas que le tributa 
en la introducción crítica el señor don Alejandro Magariños 
Cervantes, literato y poeta tan conocido y estimado en 
España, donde residió largo tiempo. 

Algunos artículos de su Vocabulario de usted, á miis de 
enseñar siempre, son amenos y divertidos. 

Al leer, v. gr., lo que nos dice usted de los ayacuacs, no 
puede uno menos de pensar en los microbios, ahora en mo- 
da. Esos indios habían adivinado los microbios, antes de que 
el señor Pasteur los descubriera y estudiara tantea. Cada 
ayacuá es un microbio, pero antropomórfico, y armado de 
arco y de flechas, con las cuales, ó, si no, con los dientes y 
con las uñas, produce las enfermedades y dolores humanos. 

En ocasiones, por amor á lo americano indígena, me pa- 
rece que se encumbra usted demasiado y tal vez exagera. 
Noto esto en lo que dice usted sobre la palabra Tupáy 
nombre de Dios entre los guaraníes. Es evidente que, á ser 
la etimología según usted asegura, ese nombre de Dios está 
lleno de cierta instintiva sabiduría. Tu es el signo de ad- 
miración, y pa el signo de interrogación: son dos interjec- 
ciones. Dios es, por consiguiente, para el guaraní, un ser á 
quien admira y no conoce: alguien, cuya existencia, in- 



DE D. JUAN TALERA. 29 



menso poder y admirables obras declara sin saber quién 
sea. Pero esta vaga y confusa noción de Dios, ¿puede y 
debe equipararse, como usted la equipara, á la noción que 
da la frase bíblica yo soy el que soy? En mi sentir, no. El 
padre jesuita Díaz Taño, citado por usted, se excedió algo 
de lo justo, si sostuvo que los guaraníes designaban por 
Tupa al «criador, señor, principio, origen y causa de todas 
las cosas». 

La razón, el natural discurso y hasta los restos ó vesti- 
gios de una revelación primitiva no bastan á explicar la 
persistencia del concepto de un Dios único, con sus más 
esenciales atributos, entre gentes bárbaras ó salvajes. Este 
concepto no puede menos, aunque existiese con pureza en 
edad remota, de haberse viciado, desfigurado y corrompido 
con el andar del tiempo y en un estado social de gran 
atraso ó decadencia. Por eso no creo yo, ó pongo muy en 
cuarentena, todas las teologías sublimes que tratan de sa- 
carse, por análisis, de los nombres que dan á Dios muchos 
pueblos bárbaros ó completamente selváticos. 

Los jesuítas, no sólo por ahí, sino en otros varios países, 
han sido acusados de aceptar el nombre dado por los pa- 
ganos é idólatras á su principal divinidad y de convertirle 
en el nombre del Dios verdadero. Yo, hasta donde me sea 
lícito intervenir retrospectivamente en esta disputa, lego y 
profano como soy, hallo que los jesuítas hacían bien; mas 
no porque el concepto que la palabra Tupa despertaba en un 
guaraní fuese adecuado al concepto de un verdadero Dios, 
sino porque la palabra Tupa y el concepto que designaba 
eran lo que menos distaba entre ellos del nombre y con- 
cepto de Dios entre cristianos. La idea representada por la 
voz Tupa era como bosquejo informe de la idea que tiene 
ó debe tener el cristiano del Ser Divino. 

Me parece, como á usted, que el obispo fray Bemardino 
de Cárdenas anduvo harto apasionado c injusto al promover 
acusaciones y persecusiones contra los jesuítas, porque lla- 
maban á Dios Tupa. Es indudable que este era el mejor 
modo que había en guaraní de llamarle. Más difícil sería de 



30 JUICIO CRÍTICO 



justificar á los padres que en China, pongo por caso, toma- 
ron los nombres de Li, Tai, Kie y Xang Ti, para designar 
á nuestro Dios; porque estos nombres no eran de significa- 
ción candorosa, vaga y confusa, para nombrar cierto ser 
poderoso é incógnito, sino términos de reflexiva y bien estu- 
diada filosofía, la cual los define y les da el sentido deter- 
minado y claro de un panteísmo casi ateo. El Li es la 
materia prima, la sustancia única, y el Tai Kie la fuerza 
inherente en la materia, que la transforma de mil modos y 
produce vida y muerte, y da origen á todo el proceso de 
los seres con su variedad infinita. Bien dilucida esto el 
padre fray Domingo Fernández Navarretc en el Tratado V 
de los que compuso sobre China, donde expone con pro- 
funda claridad las doctrinas de la secta literaria del Celeste 
Imperio. 

Los citados nombres chinos no podían emplearse, ó al 
menos era inconveniente y ocasionado á grandes errores 
el emplearlos para nombrar á Dios, por lo mismo que los 
sabios chinos, ateos ó monistas, como se dice ahora, habían 
explicado bien su sentido. Mas por idéntica razón, á mi 
ver, no hay irreverencia, ni ocasión de error, en llamar á 
Dios Tupa, cuando se habla en guaraní y á los guaraníes. 
Lo indeterminado, vacío y confuso del concepto que encie- 
rra el vocablo Tupa, permite que el catequista ó misionero 
le detennine, le llene y le aclare con arreglo á la sana 
doctrina. 

Lo que yo censuro, pues, aunque blandamente, es que 
usted se deje llevar del afecto al idioma que hablan ahí los 
indígenas, hasta el extremo de querer desentrañar del seno 
de los vocablos filosofías y sutilezas que, antes de la lle- 
gada de los europeos, no podían estar en la mente de los 
salvajes. 

Confieso, no obstante, que este arte, empleado por mu- 
chos para sacar metafísicas y otros prodigios y refinamien- 
tos intelectuales de palabras if^lases de idiomas primitivos, 
me divierte, aunque no rae^J^vence. Los pueblos arios, 
¿quién ha de negar, pues dominan aún el mundo y extien- 



DE D. JUAN VALKRA. 31 



den por él su superior civilización, que desde el principio, 
allá en su estado primitivo, eran muy inteligentes ? Y sin 
embargo, ¿qué metafísica ocultaba ningimo de los nombres 
con que significaban la divinidad ? Deva, Asura, Boga, Nara, 
Maniu, no esconden ninguna metafísica en sus letras. La me- 
tafísica vino después, por la reflexión, y ya entonces el vo- 
cablo evocó ó pudo evocar todos los conceptos con que la 
matafísica había enriquecido su significado. 

Como yo entiendo así las cosas, no creo en las resultas; 
pero me hacen muchísima gracia los esfuerzos de imagina- 
ción con que, triturando, exprimiendo y poniendo en prensa 
palabras, sacan algunos lingüistas chorros, ríos de ciencia, 
de cada sílaba, de cada letra v aun de cada tilde. Nadie 
vence en esta habilidad á los vascófilos, entre quienes des- 
cuella Herró, v aun debiera descollar v ser mas famoso mi 
discreto, inaudito é ingeniosímo amigo don Joaquín de Iri- 
zar y Moya, cuyos libros hicieron siempre mi delicia. 



Últimamente he visto algunas de las obras de un príncipe 
<'» via^iíioo tagalo llamado Paterno, el cual, con no inferior, 
saber y con igual riqueza de fantasía que mi amigo Irizar, 
halla y revela j)ortentos en la civilización antigua de la gente 
de su casta, v saca de las letras del nombre de Dios en 
tagalo, Bathala, una teodicea exquisita como la de Leibnitz, 

Usted no va, ni con mucho, tan lejos con su Tupa] pero, 
en fin, usted se entusiasma un poco, dando motivo á esta 
digresión mía, que no considero del todo impertinente. 

Aplaudo, y, si pudiera, fomentaría, la propensión que hay 
en esas repúblicas y en el imperio del Brasil á estudiar con 
esmero los usos, costumbres, historia, lenguaje y poesía de 
los indios; pero ni en verso, ni en prosa, está bien exagerar 
lo que valían por la cultura cuando llegaron los europet^s. 
Fuera de los mexicanos, peruanos y chibchas, no había en 
América, á fines del siglo XV, sino tribus salvajes. 

El gran poeta brasileño Gonzalves Díaz pinta á estas tri- 
bus del modo más novelesco c interesante; pero les deja su 
salvajismo, y hace bien. 

Dentro de este salvajismo caben perfectamente el denuc- 






32 JUICIO CRÍTICO DE D. JUAN VALERA. 

do en las lides, la fidelidad, la constancia y hasta la ternura 
amorosa y otras virtudes y excelencias. Lo que no cabe es 
cierto refinamiento en las ideas morales y religiosas, que 
harto generosamente se atribuye á los indios. Seria menes- 
ter más pruebas, y no las hay ó no han llegado á mi noti- 
cia, para reconocer esas prendas en los guaraníes. Sus can- 
tares, pues se dice que los tienen, y aun que son muy poe- 
tas, debieran recogerse y coleccionarse antes que desaparez- 
can del todo. 

En los araucanos, en cambio, lo que más se celebra es 
la oratoria. Como la lengua que hablan (de la que compuso 
excelente gramática el padre jesuita Andrés Febrcs), es, según 
afirman, bellísima lengua, y como ellos son muy parlamen- 
tarios, y se reúnen ó se reunían en juntas o asambleas para 
deliberar sobre la política, tenían ocasión de pronunciar mag- 
níficos discursos, llamados coyuptncán, donde dicen que hay 
gran riqueza de imágenes, apólogos y otros primores, todo 
sujeto á las más severas leyes de la buena retórica. Aun se 
conservan los nombres de algunos antiguos tribunos ó famo- 
sos oradores, como Lautaro y Machimalongo, y fragmentos 
de discursos ó discursos enteros de los que pronunciaron. 

Como quiera que sea, no ha de faltarme día en que ven- 
ga más á propósito hablar de todo esto, entrando de lleno 
en el asunto, y no por incidencia y de refilón, al encomiar, 
como se merece, el Vocabulario de usted, por cuyo envío 
le doy encarecidas gracias. 

Soy de usted atento y s. s. 

Juan V alera. 



PROLOGO. 



Au^e de la lengua castellana. — Contribución que le prestan las nati* 
vas de América. — La quichua, araucana y guaraní en el Río de la 
Plata. — Elementos lexicográficos que de ellas se han derivado. — 
Voces emanadas de otras fuentes. — Mejoramiento de la lengua. — 
Concurso de las repúblicas hispano-americanas. — Lexicografía 
hispano-americana.— Vocabulario rioplatímse rajonado. — Litera- 
tura liispano-americana al tiempo de la emancipación de las 
colonias: oda de Labardén al Paraná. — Conclusión. 

I. — Diversas naciones extrañas, instigadas |X)r sed de ri- 
tjuezas, placeres y mando, invadieron siKxsivamente el com- 
batido suelo ibérico, asentando en él sus lares. Los moradores 
indígenas,, defendiendo su autonomía nativa sin darse jamás 
á partido, supieron, cuando no echar de sí el irresistibles 
torrente advenedizo, todavía estancarlo y absorberlo en .su 
mismo seno, convertirlo en substancia propia, en savia de 
su \ ida. Así en resoluci/n latinos, godos y áraljes acaban»n 
j)or constituir una [nueva nacionalidad en l(.)s campos de 
batalla, fundiendo en molde acerado sus opuestas costumbres, 
indnlc y lenguaje. Tal era la España de la decimoquinta 
centuria: esos los hombres (pie poco después se adueñaron 
de la parte de globo que hasta enton(('s habla pennanecicjri 
oculta al o(vidente del proteloso atlántico, ]")ero ya vislum* 
brada por intuici/)n profética del fil<'»sofo Séneca justamente 
cuando se iban á forjar y á temi)Iar los férreos elemcntiís 
informantes de la generación á (piien estaba destinada. Tan 
luego como ésta hubo deshecho el último atrincheramiento 
de los moros, á su vez se hizo avasalladora, y, exhuberante 
de energía, derramó con profusi<)n su vida y fuerzas por el 
mundo. La superioridad de las armas trajo consigo la celsi- 
tud del ingenio. En homérica frase, digna del asunto, recuerda 



34 PRÓLOGO 



i'ste i>cr'u)(l(> hist<')ric() v\ siihio ó ilustre acadrinicí^ D. An- 
tonio Cánovas del Castillo. <Viose á los cs])an<)les, dice, 
<lurante el sigilo XVI, aprender y ensenar en las sabias 
universidades de Francia ó Flandes; rimar y construir estro- 
fas en la ribera de Ñapóles n las orillas del Po, al tiempo 
mismo que el Ariosto y el Tasso, estudianch^ á la par con 
ellos al Petrarca y al Boccacio; predicar en Inglaterra la 
verdad cat<')lica á los mal (xmvertidos subditos de la reina 
María; disputar doctamente en Alemania, secundando con 
sus silogismos los golpes de la temida espada de Carlos V; 
l)lantear, profundizar, ilustrar en Trento hus m/is complicadas 
cuestiones teológicas, produciendo con arreglo á su método 
y principios, abundantes y j^reciadi^s libros, no ya sólo de 
teología, sino de derecho natural y público, de jurispruden- 
í'ia canónica y civil. Ni los estudios lingüísticos, ni los es- 
iTiturariüs, ni las matemáticas, ni laastromjmía, ni la topografía, 
ni la numi.smática, ni la historia en general, materias tan 
ilescuidadas más tarde, dejaron de florecer tampoco durante 
el período referido, con ser aquel mism») el que vio nacer, 
por causa de la (oculta y amenazadora invasión del protes- 
tantismo, los mayores rigores de la censura real y eclesiástica 
en España. V De seguro es universalmente escuchado con 
admira<i(')n y respeto quien, al paso que por el filo de la 
espada va sujetando poderosos reinos y vastas provincias 
lejanas, se hace lugar en las lides del pensamiento con la 
< laridad y lustre de sus letras. ¿Qué mucho, por consecuencia, 
que el filólogo fray Miguel Salinas manifestase á la sazón 
t'on llaneza, que, si escribía en romance el Ltóro apologético 
de la buena v docta pronunciación que guardaron los antiguos, 
vra, entre otras razones, por ser nuestro lenguaje casi enten- 
dido por toda Europa? Pero fue mayor aún el dominio que 
llegó á ejercer por entonces en el mundo la lengua caste- 
llana; pues, al propio tiempo que vigorizaba su contextura 
en manos de escritores insignes, cuyas obras, tanto como en 
España, se imprimían en Italia, Francia, Inglaterra, Flandes 
y Alemania, con acento heroico resonaba en el grandioso 
cscenari<^ abierto por el genio de Colón á los ojos del orbe 



DEL AUTOR. 35- 



asoinhn'.do. Ksnana, rinns ^iiorrcn 's, av(v:i(l(>s á matar v 
morir sin lá.stima ni (l<>l<>r. csciu hallan at<'>n¡l<'s los imjircra- 
t'»ri"s ai)i''>ln)frs ili' fray IJartoldnR- de las Casas. eiisvfK»- 
rr<'>sc prestamente- drl indiano luniisferio, luuiéndnlo .scLTunda 
l)atria de sus hijos. (|iii(ius no t-xTupulizaron en mezclar su 
s.-.nirre uencro.sa eoii la s-.m^rc (h* las razas coiMjuistadr.s. La 
r( i:ia lengua de Castilla, xineiilada de esc modo á nuevo, 
amplio y variado teatro. asimil('>se nuilíilud de eufimicas 
\<Mcs nati\as, (]uc le d.'in subido realce, á la \<:7. cjue la en- 
noMecen como rastros de anticuo poderío. ( irandioso esj^ec- 
táculo, oliMTva el eíj,rei:io literato D. Ruíino fose Cuervf», 
(1 de ver (. Ntcndersc la lenL'ua de los Incas c-n t'-da la América 
meridioii:;!, por medio de 1. .s mÍNm"s «jue (lerroc;!]);in su 
¡nrperio; no de otra sui rte d hur.-.cán (¡ue descuaja unárhol 
ei.rpulcnto lle\a en ^us alas l;i semilla (jue ha de ])ro]\'iLr.'!rle 
en lejanas < omarca^. Cahulal-a, á nuuliados del siirlo p::sado. 
el ( rudito Í»(nedi(tino Fr. Martín SarmicMito («vu' las vo< .-s 
]):< i( »(1< r.tes de la> Indias < )ri( nta.les y ( )c( id(^ntal< >. (omj>»- 
i;ían una déi ima j)arte de la lenunia castellana. P. Antonio de 
Alí'cdo puso un hrexe \ocai.ulario de las de Améiiía al final 
(!«' su ])recia(lo /)//( /o//t/n\t '^('otn;'ifi< t)-J¡isl''>ri( n tic ¡<is /;/</¡iis 
O, I ¡(/< !>/(n'ts: jH'ro ( n realidad de verdad ninlie se ha ocujiado 
lonnalmente en hacer un in\entario c.:m})leto deellas. ni antes 
ni desp/ués de la emancipat i.'-n de las antiu'uas col'iiiias. I)(^ahí 
(Ule se liavíin ido olvidando y (h.scstimando (oni" xulirares 
nuK has \ o( ;s anu*ric:'.nas (jue (.MI «¡tro tiemjx» ( orrieron \ali- 
<!;•.>. y (jUe sea tan co.rio á proporci<'in el número de las xiue 
registra la l\i al Academia í''s}"anola en su ohra clásica, pala- 
di<''n de la lengua á que rindieron trihuto l.is perfumadas 
Antillas, los brillantes imjx rios de Mot« zuma y del Inca, el 
indomahle Arauco v las innúmeras trihus i:naraníes (¡ue aima- 
lan sus toldos entre el l'lata v el ( hinoco. 

2. — Nuestro intento en el j'íartic ular se contrae á hiparte i\r 
continente (jue al)ri<'> Solís á la <olo]n'zaci«'>n esj)an(»la: hi> 
rei:i"ncN que caen al Plata. Tres idi«»in.".>. al»oií<rcnes actua- 
ron prin( ipalmente en los países (pie a.harca: el quichua, el 
arauc a!io \- el i;uar:inl. Kl (¡uicluKi v el arau'ano e.\tendi»'r iist* 



?0 PRÓLOGO 

en las provincias argentinas de arriba, que S(^n las que 
están i)róximas á la cordillera de l(js Andes; aquél en las 
ijue miran al Perú, y el segundo en las que á Chile. En 
las comarcas regadas por el Uruguay, Paraná y Paraguay 
prcvale(MÓ el guaraní, Icuf^na tan rofu'osa y clrgatifc, deiúa el 
Ínclito misionero Antonio Ruiz de Montoya, fjitc ron razón 
puede competir con las de fama. Las naciones his])ano-ameri- 
ranas comi)rcndidas en el vasto territorio de que lial)lam<js, 
parte dc^l antiguo virreinato del Río de la Plata, son la 
Repúl)li(\'i Argentina, la República Oriental del Uruguay y 
la Repúi)lica del Paraguay. 

í-as célebres leves de Intlias mandaron establecer cu las 
universidades de Américíi cátedras donde se cnseñast* el 
idioma particular de los naturales comarcanos, imponiendo 
á los doctrineros la obligaci''in de a})renderlo cuidadosamente 
y de dar pruebas notorias de suficiencia y pericia á su 
respecto, so pena de ser reputados inhábiles j^ara (lescmj)e- 
nar su ministerio. Pero, tanto como la obediencia á los 
mandritos soberanos, el ardiente C(*lo de los misioneros, y 
s<'ualadam(M"ite de los jesuitas, trajo consigo el imj)<»nderal)le 
bcueftíio de (^)nstituir gramaticalmente, á i)ar de las euro-' 
j)(\is, las lenguas americanas, haciéndolas entrar por cauce 
lexicol<'>gi( o en perpetuos mc>numcntos escritos, (i) A su luz 
puede hoy descubrir el movimiento generador que las 
informara, quien se i)roponga ¡penetrarlo en una é})oca en 
que, ya muy transfiguradas, necesaria y precipitadamente se 
van extinguiendo (n torpes lal)ios. Leves rest(^s estroj)eados 
del quichua quedan aún en las provincias argentinas arribe- 
ñas del norte, del araucano en la Pampa, y del guaraní, 
más cercanos á su ¡nireza originaria, en el Paraguay, muy 
«DFTuptos y entreverados con el castellano, en Corrientes y 
Misiimes. Hállanse estos residuos de las lenguas aborígenes 
en la precaria condici'm de dialectos destinados á desapa- 
retrcr por completo en no larga serie de años. Así lo tiene 



(I) D. Marcelino Menéndez Pelayo pone una lista de ellos en el t.* 3.* 
iesu erudita obra La, ciencia española^ últ. ed. 



DEL AUTOR. 37 



decretado la fatalidad de los hechos históricos, cuya eficacia 
es incontrastable. «En América, advertía el grave pensador 
D. Andrés Bello, está pronunciado el fallo de destrucción 
sobre el tipo nativo. Las razas indígenas desaparecen, y se 
perderán á la larga en las colonias de los pueblos trasatlán- 
ticos, sin dejar más vestigios que unas pocas palabras 
naturalizadas en los idiomas advenedizos, v monumentos 
esparcidos á que los viajeros curiosos preguntarán en vano 
el nombre y las senas de la civilización que les dio el ser.» 
Excusado es detenerse á C(»mpn)bar la verdad que entraña 
pronóstico de tan radical exterminio; ])ucs lo hemos visto ya 
realizado en conjunto, y aun ln»y todavía estamos presen- 
ciando su acerbidad ejecutiva en lo ]')()Co que de el resta 
por cumplirse. 

El idioma castellano, no obstante, en cuanto al Río de 
la Plata atañe, guardará memoria tlel quichua y el araucano, 
v mucho más visiblemente del íjuaraní, en mediano caudal 
(le elementos lexicográfi(V)s, unos recibidos por solo el uso, 
y otros adoptados en atenci<''n á las ventajas ó convenien- 
cias que ofrecían. ¿Cuántas voces nativas, originarias de los 
susodichos idiomas; voces (|uc dan á conocer de un modo 
preciso objetos paní cuya expresiini sería necesario, si ca- 
reciésemos de su auxilio, echar mano de circunloquios ó 
atenerse á palabras de vago sentido; (uántas voces de esa 
condición, repetimos, no forman ya de hecho parte inte- 
grante de la lengua castellana en el Río de la Plata? y 
cuántas, que determinan la diferencia específica de anima- 
les, árboles y plantas conocidas ])or otros nombres en Es- 
paña, no se hallan en el mismo caso? Prescindiendo de las 
de esta última clase, por ser indubitable, notoria, la necesi- 
dad de su incorporaci(')n á la lengua, haremos mención de 
algunas de las que expresan objetos de uso común ó ideas 
abstractas. Chuño, fécula de la patata; caucha, en sentido 
genérico, recinto, sitio n paraje llano y desembarazado; 
/apera, habitación ruinosa y abandonada, particularmente si 
está en medio del campo; charabóu, no emplumecido del 
todo; bincha, cinta ceñida á la cabeza, para sujetar el pelo; 



38 PRÓLOGO 



ba'^nal, caballo salvaje; aifitii^a, olor pesado )' vehemente 
que despiden algunos ani. nales, etc.; tajjiho, cuadra ó co- 
rral de vacas donde se expende leche; vacaravy ternero 
nc>nato: i^uascíj, tira corta de cuero; (juiucha, trama de junco 
c> de cualquiera otra hierba semejante; [ñandiiíí, tejido que 
imita el de cierta telaraña; zapallo, calabaza comestible; 
po?'o?igo, calabaza silvestre amarga; chala, hoja que envuelve 
la mazorca del maíz; choclo, maíz tierno ó todavía en leche; 
mátete, mezcla inconsistente é hiservible de sustancias des- 
hechas en un líquido. 

Crecido es. el número de vocablos procedentes de las 
lenguas aborígenes de que \enimos hablando, parte caste- 
llanizados, y el resto en su primitiva forma admitidos sin 
dificultad por el vulgo, como que ]')ara ser buenamente 
adaptados á la nuestra no han necesitado más que una li- 
írera alteración en el modo de emitir v articular las vocales 
y consonantes de que constan. ]\ías el concurso lexicográ- 
íico que (.)frecen los países que ocupan la cuenca del Plata 
y sus afluentes, ó sea argentinos, orientales y paraguayos, 
un está circunscrito á las voces originarias del guaraní, 
c¡uicluia y araucano, sino que también comprende otras que 
traen su origen de fuentes más lejanas del continente, co- 
m<í el antiguo Anáhuac y las Antillas, ó que en barcos 
negreros han pasado á América de las costas occidentales 
del Africu, <'> bien de solar y casta española, que allende 
los mares han muerto ya por olvido, »') que han sido aco- 
modadas á necesidades, objetos ó usos i)articulares de la 
tierra en que se aplican, ó que deben su fonnación por 
entero, salva la raíz, al in^renio ó industria de las trentes 
<londe corren. Méjico abri<'> la jirimera pidpcria: de las islas 
de Barlovento salió del baqueano navegando en su canoa: v 
la mucama bebió en las cachimbas de los arenales del Sene- 
gal. Kl estero, en las planicies de Corrientes, del Paraguay, 
del Chaco, ¿qué tiene de semejante con el brazo á veces 
jiavc'^ablc de un rio? El albardón enriquece la nomeclatura 
gc'ígráfica: loma entre aguas. ¡Cuan bellamente significativa 
no es la j")alabra salto aplicada á un río gigantesco, que. 



EEL AUTOR. 39 



embnnizaclo por forinidable radcnii de nebros peñascos, apre- 
sura su carrera, se enfurece y sal/a am espantosos clamores á 
la pnrte inferior del lecho! El indio ladino nos hace recordar 
al árabe hablando ])erspicuamente el romiince. A<^aso al^ún 
morisco, que lo<i:n') burlar la prohibición que tenían de pasar á 
América los de su r.iza, observ(') primero que el cristiano de 
su misma patria los terrenos í/-////'//7^.sya9 de las ]")rov¡ncias arri- 
beñas. 

La mayor parte de las voces de (}ue se trata, carecen de 
valimiento literario, no obstante los antecedentes y circuns- 
taníáas que tan notoriamente las abonan y legitiman, ora en 
clase de i)rovinciales /> particulares del Río de la Plata, ora 
en su condici«'»n de comunes á otros n á todos I«xs demás 
países de la América españ(»la; .'intes andan sin tutela, pe- 
regrinando dispersas, de tn¡)cm en i^^nlpón, tal vez maltraUídas 
en boca del vulgo, con detrimento de su genuina signiíica- 
ci(')n, valor etimol<')gico v estru<'tura silábica. Sin embargo, la 
contri! )U(^i<')n (|ue la América f*Nj):ino!.i ha i)r(*staf!o y « frcí^c 
al caudal de la lengua, es tan juslilitada y digna de lavo- 
rable acogida, c(mio lo fueron en su tiempo el latín, g<>tico 
y árabe, y ccmio hoy en día lo s«m el gallego, catalán y 
vascuencí', y mu(^ho más, sin la menor sombra de duda, cjuc 
el francés, el italiano, el inglés, el alemán (') cualquiera otro 
de los idiomas extraños (|ue se mascullan en Europa. Es 
verdad (pie casi todas las voces á ([ue aludimos, se hallan 
en la modesta condición de i^rovinciales, v que sería desca- 
bellada pretensií'm la pretensión de quien se empeñase en 
incoq")orarlas indistnitamente al inventario general de la len- 
gua; pero si G<')ngora trasladó llanamente á tierra española 
el fragoso arcabuco á^ América, y Mateo Alemán puso en 
él un baquiano, ¿quién censuraría que un ingenio español de 
la era presente tuviese p(^r tosa oportuna <) útil valerse de 
los términos cJiuño, zapallo, choclo, ñandutiy bincha, catinga, 
cancha, albardón ú otros semejantes, para expresar los obje- 
tos que respectivamente significan? De t«jdos modos, ya se 
considere la dilatación (jue estos elementos lexicográñcos 
pueden adquirir con el tiempo, ya se tenga sólo en cuenta 



40 PRÓLOGO 

SU importancia relativa, por lo que hace á la vida íntima, 
literatura, geografía é historia del Rio de la Plata y en ge- 
neral de la América espaiiola, no se puede negar que es 
lamentable permanezcan arrinconados. Y más lamentable se- 
rla aún que llegasen á desaparecer sepultados bajo el impuro 
aluvión de voces exóticas, malsonantes y superfluas que la 
moda irreflexiva populariza un día y otro asi en América 
como en España, desluciendo é injuriando el habla en que 
Ercilla cantó la pujanza de los araucanos. Tal la huérfana 
de claro abolengo, favorecida de la naturaleza con abundan- 
tes dotes personales, á beneficio de las cuales hubiera podi- 
do brillar en el mundo, desamparada, acaba por descono- 
cerse, ludibrio de las gentes. 

3. — La ilustre Academia Española, con generoso anhelr^ 
ha promovido el establecimiento de c^ucrpos correspondien- 
tes de ella en las repúblicas hispano-amcricanas, la mayor 
parte de las cuales, Méjico, San Salvador, Venezuela, Co- 
lombia, Ecuador, Perú y no estamos seguros si Chile, han 
respondido noblemente á tan honrosa iniciativa, cuya reali- 
zación señala el comienzo de una esplendente era literaria, 
presidida por el genio de dos mundos. Atinadamente hace 
notar en sus (\irlas ajncricanas (i) el insigne crítico don 
Juan Valcra que ^ las literaturas de Méjico, Colombia, Chile, 
Perú y demás repúblicas, bi bien se conciben separadas, no 
cobran unidad superior y no son literatura general hispano- 
americana, sino en virtud de un lazo, para cuya formaci<')n 
es menester contar c<»n la metrópoli.» ¡Qué magnífica pers- 
pectiva! Americanos y españoles ocupados de consuno en 
regularizar y pulir el varonil y i)erspicuo lenguaje en que; 
la sublime fantasía del navegante genovés anunció, con bí- 
bli(X) entusiasmo, el lujo paradisíaco de las Indias! Los Er- 



(1) Las Cartas amercearías por don Juan Valera, cuya primera serie 
88 ha dado recientemente á la estampa, echan los fundamentos de la 
historia crítica de la literatura hispano-americana, á la par que ofre- 
cen un brillante y amenísimo cuadro de la todavía caótica vida lite- 
raria de la América española, reüejando más y más embellecida la luz 
mental del Nuevo Mundo. 



DEL AUTOR. 41 



cilla y Pedro de Oña inmortalizando las acciones heroicas; 
los Ruiz de Alarcón midiendo sus armas en un mismo 
campo con los Lope de Vega; los Feijoo y Peralta 
Barnuevo esparciendo la luz de la sabiduría; los Quintana y 
Olmedo cantando á la libertad! ¡Lástima que las repúblicas 
del Plata, fértil suelo de preclaros ingenios, no se hallen 
ya representadas en est;i altísima ccmfederación literaria, 
contribuyendo á perfeccionar la primorosa labor á que solícita- 
mente se est;\n dedicando sus doctas hermanas! ¿Cómo formar 
el inventario completo de la lengua castellana, sin el concurso 
simultáneo de todos los pueblos de habla española, represen- 
tados en corporaci(mes donde se concentren los más brillantes 
rayos de su vida literaria? D. Andrés Bello juzgaba tan impor- 
tante la conscrvacií'm de la lengua castellana en su posil)lc pu- 
reza, que veía en ello //;/ medio providencial de comnuiración y 
un 7' i nenio de fmlernidnd entre las icarias naciones de orillen espa- 
ñol derra ¡nadas sohre los dos continentes, induciéndole á compo- 
ner su magistral (iratnática el peligro de que las alteraciones 
( í)n que en América se suele enturbiar el idioma llegasen 4 
convertirlo en una multitud de dialectos irregulares, licencio- 
sos, bárbaros, embri(»nes de idiomas futuros, que durante una 
larga elaboraci<'>n, reproducirían en América lo que fue la 
Europa en el tenebroso período de la c< )rrupci<')n del latín.» 
rCuál será la norma á (jue todos hayamos de sujctarnos?;> 
pregunta D. Rufino José Cuervo. -Va (jue la razón no lo pi- 
diera, prosigue*, la necesidad nos forzaría á tomar por dechado 
de nuestro hablar á la lengua cjue nos vino de Castilla, donde 
nació, y, llevando su ní)mbre, creció y se ilustn') con el cultivo 
de eminentísimos escritores, envidia de las naciones extrañas 
y encanto de todo el mundo: tipo único rectmocido entre los 
pueblos civilizados, á que debe atenerse quien desee ser en- 
tendido y estimado entre ellos. Desechado éste, pero recono- 
( ida la ventaja de un solo medio de comunicación, ¿cuál entre 
los países de Hispano- América descuella tanto por su cultura 
que dé la ley á los demás hermanos, les imponga sus idio- 
tismos y alcance á arrancar de ellos para sí el pleito ho- 
menaje (juc de grad<j rinden hoy á la autoridad de la madre, 



42 PRÓLOíiO 



Sc'iiiciuiiaclo por los siglos y el consentimiento universal? 
Excusado parecería tocar este punto si personas des- 
orientadas que miran con ridículo encono cuanto lleva el 
nomi)rc de España y cierran los ojos para no ver que en 
todo lo relativo á lenguaje heuKJs de acudir á ella, conn» 
que gramáticas y diccionarios son españoles <'> fundados so- 
bre lo español, no graduasen de indigno vasallaje el acata- 
miento razonable que todos — y ellas mismas sin quererlo 
confesar — rendimos á la preeminencia de su literatura, y 
pretendiesen preconizar por arbitros de nuestra lengua á 
solos los escritores americanos . La sabiduría de los esclare- 
cidos literatos que de fonna tan discreta C(jmo elocuente 
pregonan la necesidad de un vínculo que uniñquc el mo- 
vimiento progresivo y vario de la lengua castellana en los 
diversos países que la disfrutan á título de patrimonio 
común, nos excusíi de empenani(.)s en justificar con mayo- 
res razíaiamientos designio tan levantado y pkiusible. A él 
responde el inmediato, ])rimordial encargo de his Acade- 
mias Americanas Correspondientes de la Espafujla : vehir sobre 
la lenírua castellana; v velar sobre una lenjrua, es velar 
por la conservación de su pe<'uliar estructura y por su pu- 
reza relativa. Dec*im(^s por su pureza relativa, porque el 
caudal lexicográfico de una lengua determinada es incapaz 
de tributar suíicientemente por sí solo á los nuevos usos y 
costumbres y crecientes necesidades de una naci«')n, que es 
quien inventa y forma l(.»s vocabl«>s, imprimiéndoles el sello 
propio de sj.i cíirácter. Del lenguaje hablado pasan luego éstos 
al lenguaje escrito, cobrando crédito y autoridad con el 
prestigio literario ijue les comunican escritores y poetas 
entendidos v discretos. Entonces el lexicólogo los analiza 
gramaticalmente, y el lexic<')graíó los registra en el inventa- 
rio de la lengua á cjue ])íTtonecen, determinando su sentido 
y aplicaciones. Tales s(>n el origen y trámites correspon- 
dientes á la jnireza de los vocablos. Las voces exóticas in- 
troducidas por la ignorancia, el capricho <') la moda, particu- 
larmente en las ciudades populosas, que son las más hete- 
rogéneas y i)(»r consecuencia las menos nacionales, deben 



DEL AUTOR. 43 



reputarse y ser desechaclas tomo inuiieda fals;;. Así eiilcn- 
dcmos que lo pnictica la Real Academia Española: nunca 
lia ("errado la puerta á viues nuevas legitimadas j)or uso 
competentemente autorizado por escritores de nota. Era natu- 
ral asimismo que esta docta lurporación reconociere que 
las voces nativas de América se hallan en el mismo caso 
([ue las nativas de España, y que kis clasificase según la 
extensión de su uso, pues unas han entrado ya en el cauce 
general de la lengua, otras solamente son de Améric:a y 
no comunes á España, y otras permanecen en la reducida 
esfera de provinciales <'> 'particulares de alguna «') algunas 
repúblicas hispcino-americaiias. Tal las reconoce y clasifica, 
con efecto, la Real Academia Es[)anola en su Ditcuniario 
<lc In lc¡!;^¡ia casidlana. La duodécima ediciím (última), tjue 
dio á la estampa en el año 18S4, es regular que ado- 
lezca de imperfecciones semejant'^s á las c[ue la ciítica 
razonada advierte, sin exce|)cii')n, en todas las obras de su 
género antiguas y modernas. Los que, acaso con menor crédito 
y suíi( ieiKÍa (juí; sus autores, ignoble y toscamente los 
zahieren, descubri^-ndo <'> "pareciéndoics descubrir sus fáciles 
yerr(»s, de seguro cpiedan s (alores del campo, pues nadie 
ha de irle.> »'i la mano en tan desairado y poco envidiable 
lance. Pero de eso á ([ue, por reverencial temor, callen, 
hay una distancia inmensa: ni el hombre que realmente sabe, 
mira semrjaníe rendimiento ( nn buenos ojos; antes le causa 
pesadumljre. Aun los trabajos que se contraen con especia- 
lidad al estudio del lenguaje de ciertos países, son defec- 
tuosos; algunos en extremo, con ser sus autores hombres ilus- 
trados: ;("u.'into uKiyor no ha descrío un léxico que abraza 
el habla de la totalidad de h:s na( iones á que pertenece! 
Hln lo tocanlí* á América l.i di(l( altad sube de i)unto, por 
la es(\isez de estudios lexieoj/ígieos de su peculiar lenguaje. 
Promet'-rse, p )r tanto, (pie v\ Dicrioiiario ^.ViXw Academia en- 
(áerre la \k:\-í\ kI ine )n( usa, es iinigin:ua<'>ii inocente. Así regis- 
tra este léxico crc.-cido número de voces americanas, seña- 
ladamente de Méjieo y el Perú; j)ero ninguna hemos halla- 
do en él ([ue sea particular del Río do la Plata. Algunas de 



44 PRÓLOGO 

las que define, comunes al Río de Ui PlaUi y á otros paí- 
ses de America que menciona, no d:in idea cabal del ob- 
jeto que expresan. El indio del anti^io Perú figura descal- 
zado de la precisa ojota. La pulpería deja de ser lo que ha 
sidí> siempre en América: un c«íinpucsto de abacería y ta- 
berna; tomándose por condiciones características de ella, 
circunstancias meramente accidentales que con frecuencia la 
acompañan. Quien entra en una pulpería, no pregunta si 
hay caña, yerba, azúcar^ ^rasa, etc., porque, siendo pulpería. 
supone que hay todo eso; pero pregunta si hay ponchos, 
sombreros, botas, zaraza, hilo, rebenques, espuelas, cuchilhs, etc.; 
porque estas cosas no son precisamente artículos de pulpe- 
ría, aunque es probable que los tenga, caso de estar situada 
en medio del campo «'» en pueblos de poca importancia. La 
hierba (acaso, en realidad, la espadaña) (jue, desde Chile y 
Río de la Plata, hasta el Ecuador cuando menos, lleva el 
nombre de totora, aparece localizada en la lagima de Chucuito, 
habiéndola en toda la América meridional, y probablemente 
taml)ién en la del norte. Voces ixenerales de toda ó casi toda la 
América espanííla, se indican como particulares de una ú otra 
de las repúblicas que la constituyen. Ello es lo cierto, en reso- 
lución, que la Real Academia Española necesita recurrir al 
testimonio de los extraños para determinar el uso y fijar el 
sentido de las voces americanas cjue no han llegado á ser co- 
munes á P-spaña: que es raro encontrar testigos fehacientes, 
mayores de toda e.xrepeíón, s<:>bre cosas para cuwi explicaci<''n in- 
teli;íible v cal)al no basta tener memoria, entendimiento v vo- 
¡untad; y cjue, en cuanto á las voces anticuadas, que para el 
prolijo estudio y recto conocimiento de la geografía é historia 
conviene se hallen registradas en el inventario general de la 
lengua á (jue pertenecen, le será harto dificultoso desempeñar 
con entera propiedad y exactitud su delicada tarea, sino me- 
diante las noticias y datos que asimismo le sean .suministrados 
por sujetos residentes en América, donde quedan aún vestigios 
y tradicionales reminiscencias de lo que significaron cuando vi- 
gentes, á favor de los cuales y de las cuales será asequible po- 



DEL AUTOR. 45 



ncr en claro las indicaciones oscuras n contradictorias que a su 
respecto aparecen frecuentemente en los escritos antii^uos. 

La valiosa contribuci<')n que la América está en aptitud 
de prestar ventajosamente con los vastos recursos que Je 
proporciona su riqueza intelectual é histórica, siempre ha 
sido tenida en mucho por los sabios españoles que dedica- 
ron sus desvelos al mayor lustre y ♦;loria de las letras. ¡Con 
qué LTcncrosa ambici<')n solicitaban los PP. !\b)hedanos el 
concurso de los literatos del Xuevo ^Nlundo, al em[)rentler 
la ¡Ustor'iii literaria de España! Por lo que toca á América 
(decían"), desde luego la nu luimos en el plan de nuestra 
Historia literaria, en atenci'Mi á ([ue, no obstante su ilistini- 
cia, no podemos mirar como extraños, ni dejar de apreciar 
romo grandes 1«)S progres(.»s de una literatura con que nos 
ha enriquecido una regi<'>n no menos fecunda en ingenios 
que en minas. Así no omitiremos trabajo ni diligencia ])ara 
hacer más recomendable nuestra Historia con un adorno tan 
precioso y un ramo tan considerable de literatura, (|u<í eclió 
las primeras raíces en nuestro terreno y fructific*'» abundan- 
tementi' trasplantado allá }" cultivad») por manos españolas. 
Ksta ri( a íl'tta de literatura no debe ser para nosotros me- 
nos anreciable cpie los tesoros de oro y })Iala que contiiuia- 
mente nos vienen de las Indias ( )ccidenlales. Para desiMn- 
penar este asunto con la exactiUkl p')>i!.le y con la gloria 
que corre, ponde á los mérito> de mía naci('>n tan lilerata» 
imj)l<>ram( s dicazmente el sor. uro de nuestros sabios ame- 
ricanos ;'» de otros españ«>les cpie tengan especial in.>truccií'ín 
é interés <. n la historia literaria de India-^.... Si alirunos (lo 
(juc! no «iremos de unas gentes cjue tanto se precian del 
honor y la gloria) fuesen insvMisiblc-s á nuestras represcMüa- 
ciones, «'» escasos en prcvstanios un auxilio cpie les interesa 
más i[ue á nosotros, desde luego los hacemos responsal)les 
en (^l tribunal dc^ los sabios de la falta de noticias é infor- 
mes diminutos cpie diércMnos de su litc-ratura y de la fama 
y esj)lend«»r cjue avaramente u>urpan á su patria • Kl diser- 
to y galano razonamiento de los PP. Mohedanos podrá ser- 
vimos de modelo para reforzar nuestras razones en la m:i- 



46 piiÓLOííO 



t<TÍ;i qur nos (>ruj);L ('0:1 (^fccít», l;i> voces ufadas |>«>r lo> 
liis})ano-anu'ru"inos, a^'i corrientes como anticuadas, ora 
expresen objetos de la natu'*aleza,.ora cosas de la vida ti vil, 
coiislituyen un preciado ( ;iudal lexico^rn'ilico para la len<;ua 
i'astvdlana, caudal tanto más j^n-ciadi», cuanto procede de 
//;/// rct^iña no inti¡<'s fcraudií c:i ¡¡ricinos <//íc cu m.'iiif^', y hoy 
pudiénim<s decir con verdad, más rica de ingenio <iue oro 
tuvo en I.>s tiempos pasados. Kl establiMimiento de Acade- 
mias (.*orresj)ondienícs de la ENpaTn )!;i en Améri< a íacilita de' 
modo más eíicíiz el en\ío de cvA/ nKi fJola de UliraliHH, no 
ya trabajada p< r vii ntcs contrariiís, ;>,ino movit'.a del lioriaii- 
cilile imjails»» ([ue ( ( muni( a la natural simpatía y el j)resen- 
limii.nto de 1"> altos desiinos (juc el cielo tiene resers'ados 
á iiiia raza esforzada y í^enerosa. Pen.) aun serán má> le<:í- 
timos y ])r(:)Ve( liosos, sin duda alguna, los t^^timahles frutíts 
<le iste comercio mental, ^i los hombres eruditos de la 
América i>panola, checheando su atenc i(')n al estudiv» de las 
votes i>adas particularmente c-n el })ais donde vi\cn. dan á 
la e>tamj)a e! resultado de .sus investigaciones: líol.ilívima 
larc-a, (jue á toda ley cumple á ¡i:¡:u ^ciitc^ atíc ¡in!'.> se /;» 
fifi// tli! honor y J-i i^¡,^nn. ¡.V cuántos })udiera hacérseles car- 
go, fu este punto, (¡c la fu ¡na v csfiliütí,:?- tjic t'rcViinK nlc 

/ÍSfir/xiJ! (i S.7 ¡al f lid! 

4. — \\\ ano de 1748 los sabios geé-grafos i). |orgo Juan y 
\). Antonio de Ulloa pui/iii virón la Rchirióu ¡n'síónca di I 
i'mjc <! /.'/ vi//7('/vVí/ n/ir/fZ/o;/,// lu>:l¡o dr ordr/; de S. M. Jnini 
nndir <h\i^.'iiio: i-i.ní.'s i'( !mi¡di<íi:o ¡crirslrr, etc. La parte histó- 
rica, (¡ue tu\o á c av'.:o el sci^undo. trae onortunas noti; i,is d*' 
los Usos. co.-«i'ambrcs v objetos naturah-s c[u<.^ hablan ob-er\aclo 
en la.s cliver-as prv)vincias de América cjue recorrieron k:\\ c'um- 
plimicnto d<l >n])(rIor mandato, dándolos á conocer por su> 
nombres |)a] li( ularcs, (jue proporcionan al lexicógrafo ajíreciable 
recurso para hi dechiración y estudio de los americanismt»s c[ue 
actualmente sanciona el usi». .^i liien la Lieneralidad de los his- 
loriadores cspa.noles cjue escribieron de América con Cv»noci- 
nncnto persoriü! tle los hechos, procedieron con igual escru- 
l>ulosidad en sus relatos, todavía Ulloa merece especial 



DEL AUTOR. 47 



ict: »rdaci«'»ii en la materia de ijiie tratamos, por referirse preci- 
samente á una époea en que ya se lial/ian castellanizado las 
voces aboríííenes ciue menta. Así es que S;ilvá se vali<') de la 
citada obra, no menos que de las Xofidds <imrr¡cii¡ias que más 
tarde (17021 dio á la estampa el mismo Ulloa, {)ara intercalar 
en su y!i('7-o líircinjiario de la lc}i;^ii(i C'isti'llaun, de t|ue más ade- 
lante hablaremos, un regular número de voces hispano- ameri- 
(.anas. 

1). Ant«jnio de Alced<», contemporáneo de Juan y Ulloa, 
Uustn'» su autorizado Dirr/iHidrin i^coi^ni/ir()-¡iis/t>r¡ro dr ¡<i.'i Induis 
Orri(/fíifdf( s con un Vocahuídrio de las -roces ¡yyor'mcialcs de Ana'' 
n'ea, que paso al fin del tomo 5.'^ y último de la obra. Pero, 
conforme á su intento, <e contrajo á definir las vocx's usadas en 
el cuerpo (Kl Dlrrinaario. v aun(.[ue se j)ropuso incluir los nom- 
bres pr(.>})io> de ;¡uimales \' })lantas de las regiones americanas, 
la lista (¡ue (W ellos v ellas fonu(') es harto escasa. Este enten- 
dido hisLoriador v ge<'»gTafo dio á luz su importante obra entre 
los anos lie 17S0 v 1781). Reíirirndose. ími el WuaJndario, á las 
voces usadas en los j)aíses de América. ol)serva cpie unas, 
ain¡!}iic ori 'finarlas <le K<¡)anii v e-ijyee'nílnieiiíe de Ani/.rfu í'i, han 
deí^enerado ¡mr li eornipción que ha inlroditeido la mezcla de l>s 
/d.'o//¡:7s de les indios, y <)/ras\\:u\ sido ii>niadas de rstns v mal J>ro~ 
tuDi'iadas y. '/' I ><; e<i>.¡rinlr<, Ks el {")rim"r vocabulario hispano- 
americano (jív se ha pul-licado: sumamenlo dinniuito; pin» 
documento lii-.íi')rÍ! o respetable. 

Lo propio que de 1). jorge Juan y 1). Antonio de L'Uoa de« i- 
mos del n<» ineno> sabio g(.''''grafo, naturalista i histt»riador I)- 
Félix d»' Azara, á ([uien dehen una esfa/aa v una hioi^rajia lo'i 
pnc'd'is del Rh' de la Plata, cuvas regiones ilusln», consagrándo- 
lo desinte]'-. idamente veinle anos de estudios, meditaciones^ 
afaiv*^ \' sr.criíicios sin <'u<'nto, en ni^^dio de contrariedades (U- 
todo gén(M" t. ([Uí' sojiort») con abn(\Líaii-Mi en hicn de una [y^iste- 
rid vi lejana , an- merced li t'! s- en'nenlra en />nsesi '>n d- na /csont 
«jne consiitnw la/tar/emá's S'dida ile su>» c<)ni>cimie;:tt)s l/fifónc'i'i 
c(>j!si,l, íiid'^' A 7 > .v.v d,)id,' tis/fcc/o /'i::f .) y moral, según (^)n noble 
V Líeni'ro>;i do. u-n* ¡;i >c exproa el erudito é ilu.slre historia- 
dor, general 1). llartolonié .Mitrr. l'^ruto vle e a severa y «onti- 



48 PRÓLOGO 



nuada labor son los Apimtamicntos para la historia natiual de los 
pájaros y de los cuadrúpedos del Paraguay, la Descripción c historia 
del Paraguay y del Rio de la Plata, las Memorias é informes publi- 
ixidos por el marqués de Nibbiano, asi como los trabajos que 
se hallan insertos en la Colección de obras y documentos relativos 
á la hist. ant. y mod. de las prov. del Rio de la Plata por D. Pedro 
de Angclis, y los Viajes inéditos dados á luz por el Gral. D. Bar- 
tí)lomé Mitre y el Dr. D. Juan María Gutiérrez, sin contar los 
famosos Viajes por la America del Sur, que en idioma francés 
presentó WaK:kcnacr al mundo sabi(^ en P;irís, y otros muchos 
papeles de importancia geográfica é histórica que sin duda se 
conservan en los archivos y en manos de particulares. Los 
escritos de Azara, además de la doctrina que encierran, ofrecen 
la ventaja de estar escrotos con esmero, señahidamcnte los 
Apuntamientos y la Descrip. c hist., el último de l(^s cuales ha 
sido incluido por la Real Academia Espafiola en el Catálogo de 
los escritores (jue pueden ser: 'ir de autoridad en el uso de los vocablos 
\\ de las frases de la lengua castellana. Conviene advertir que la 
citada Descrip. e hist. del Parag. y Rio de la Plata, ol^ra pc'jst. de 
Azara, que publ. auo de 1847 en INIadrid su sobrino D. Agus- 
tín, bajo la dircc. de D. B. S. Castellanos, contiene muchas 
erratas en los nombres aborígenes de personas, animales, plan- 
las, lugares, etc. 

El Diario de la segunda subdirisic'n de limites española entre los 
dominios de España r Portugal cu la America meridional \)OX íí\ 
j.** ccmiisario y ge«')graro de ella D. José M.'^ Cabrer, ayudante 
<lel Real Cuerpo de Ingeniemos (1783 á 1801), publicado por 
D. IM. González (El lim. or. del territ. de Misiones), además de 
su gran importancia geográfica, figura, no ol)stante la incorrec- 
ción del lenguaje, entre las más útiles á nuestro intento. Nom- 
bnido Cabrer para integrar la comi>ión española demarcadora de 
límites entre las posesiones de España y Portugal, llegó al Río 
de la Plata el año de 1781. Diez y ocho continuos de estudios 
y explí »ración, junto con sus compañeros españoles y portu- 
gueses, en la Banda Oriental del Uruguay y en el territorio de 
Misiones, proporcionaron á su afanosa solicitud un conoci- 
miento exacto de la naturaleza dé los países que recorría y de 



DEL AUTOR. 49 



las o^stumbres de sus habitantes. Este noble y honrado hom- 
bre [falleció en Buenos Aires, agobiado de necesidades, el 
año de 1836. 

El erudito americanista D. Marcos Jiménez de la Espada 
dispuso é ilustró doctamente las Relaciones geográficas de In- 
dias, publicadas por el Ministerio de Fomento en Madrid, 
las cuales enriquecen la historia del Nuevo Mundo con los 
más preciados documentos, y á la vez comunican á la lexi- 
cografía americana noticias auténticas de numerosr)s nombres 
aborígenes que hoy son castellanos. 

El año de 183Ó pubIic/> en Cuba D. Esteban Pichardo la 
primera edici(')n del Diccionario de provincialismos' de la isla 
de ('nhay según D. Pedro Paz-Soldán y Unanuc, á quien 
nos referimos, pues nosotros no conocemos el libro. Es, 
evidentemente, el Diccionario provincial de voces cubanas que 
citii Salva Como impreso en Matanzas el dicho año de 1830. 

Intent(') D. Vicente Salva enriquecer su Nuevo diccionario 
de la lengua castellana con las dicciones peculiares de Ameri- 
ca. Por lo que mira á la América meridional, dice en la ///- 
troducción, me cupo la ün'tuna de que D. Antonio Escudero 
me facilitase un diccionario que por curiosidad había extendi- 
do durante su residencia en ella; y aunque s<'>lo (omprende 
unas 240 palabras y míulismos, y muchas de las primeras me han 
servido do comproi)ante de la exactitud de Jorge Juan, Ulloa y 
Alccilo, lian sido sobremanera útiles sus obsorvaci<»i\es sobre 
los segundos, como hechas por j)ersona inteligente y que por 
haber nacido y residido constantemente en España., se hallaba 
con la mejor disposiciíHi para notar las voces y locuciones que 
le chocaban en los países c|ue recorría. > Para formarse una 
idea de las dificultades con (pie debi»') de haber tropezado Sal- 
va, no hay más (pie oírle: En medio de esta reunií'm de datos, 
mi (Mnl)arazo ha sido extremo durante el (^urso de la imjíresión, 
la cual casi nunca daba lugar para inquirir si la voz era pecu- 
liar de una de las dos Américas, (omún á ambas, •'» ])rivativa 
(juizá (le alguna república. Generalmente hablando. ( uando he 
encontrado una palabra «'» frase usada en dos puntos tan prin- 
cipak^s de ambas Américas como lo son Méjit o y el Perú, he 



50 PRÓLOGO 



puesto I:i abreviatura ác p. Amcr. {provincial de hi Amcrira en 
t^^ciicral): y prueba este hecho que la palabra no ha nac:iclo allá, 
snio que sería corriente á fnies del siglo X\^ y principios del 
XVI en Andalucía, de donde i)asaron la mayor parte de los 
primeros pobladores á aquellas regiones. Kn caso de duda 
acerca del país á cpie debía prohijarse la voz, he preferid» » 
decir lo que me constaba, pasando en silencio lo que para mí 
era incierto: vale más que el habitante de Chile halle que es 
también suya la voz que señalo como provincial de Cuba, que 
suponer general de América la (|uc s('>lo se usa en la Nueva 
Granada. Guardar en esto la delnda exactitud es negocio más 
delicado de lo que á ¡Primera vista aparece. Al llegar, por ej., 
al nombre Frijol, hallé en mis apuntes que un sujeto me lo 
había dado como provincial de Méjico en la ace{)ciím do^ judia: 
otro, cjue ha residido muchos íiños rn Venezuela, me había 
asegurado que allí significaba el i^iiiisantr, y el diccionarif» 
impreso de las voces cubanas lo supone nombre genérico de 
/oda Ic'í^/nnljrc ó i^rauo de 7'aina, C(jnÍ7'ah'¡¡lc á 'rrcs á liaba. Estas 
diversas explicaciones no se contradecííui, porque cada uno de 
los tres países podía hacer distinto usf) de la misma voz; ]")or«» 
recelando que hubiese alguna equivoCiici<'>n, consulté á un me- 
jicano, un chileno, un venezolano y \\\\ habanero, y después 
de hallarlos conformes en que ////>V sigTiificaba para todos yWÁ?. 
siendo muy incierto c[ue se comprenda también bajo esta deno- 
minación Q\i^NÍsaíifi\ me deciín á escribir: />. Aim'r. Jud}a\ de modo 
que este brevísimo artículo fue el resultado de tres apuntes en 
mi libro V de cuatro (\'irtas en el act(.) de enviar el oriirinal á la 
imprenta.' Tan ímprobos afanes no fueron parte á evitar que 
ernise Salva, atribuyendo á toda la América el uso de la voz/>7/W/ 
como equivalente {\ judia; pues en el Río de la Plata jamás se 
oye pronunciar semejante p:ilabra. Acaso la usen en las provin- 
cias arribeñas (') vecinas á la (ordillera de los Andes; pcTo en las 
que están junto á las márgenes del Plata, á lo menos, llaman 
chaucha á la judía <'» víiinilla tierna de la habichuela. Dio á la 
estampa Salva su Nitcro diccionario el ano de 1S45. Pero lo c}ue 
se proj)onía en primer lugar era hacer su negocio; y así 
antes oue un léxico digno de su docta y acreditada ])luma, 



DKL AUTOR. 51 



úr\)c rcnutarsi* su li])n) una mera lolcí ( i<')n (inlcnada ele 
apunte^ para formar un dicMonario de la U-ní^ua (astcllana v 
(le las vt^ccs ]xirti(^ularrs de Amériea. 

[•'A ano iS8;, D. Pedro Paz-Soldán }' Unanue dio á luz 
en Lima, l)ajo el seud<'>nimo de //f(7/¿ <¡v Aroun, un Ule- 
rioiiario <lc f)cntauismos. I*en» advierte Cjue ya el ano de i8()I, 
en Londres, había comenzado á hoscpiejar su obra k<\\\ el título 
de (balería de novedades íilológieas. Vocabulario de perua- 
nismos' ete., y tjue en 1 871 -7 j ])ul)lief'> sus primeros ensayos 
en ])en<')diros de Lima. Ello (»s t[ue este fecundo escritor ha 
rendido importante y c^ñcaz tribut<> á la lexicografía america- 
na, ofreciendo la particularidad, ([uc él mismo apunta, de ser 
relativamente más limitado en Lima ijue en Buenos Aires el 
lu'nnero tle voces usuales derivadas de la lengua quichua, no 
obstante hallarse la naci<')n ])eruana en el centro mismo del 
imperio de los Incas, 

C'uatn» i cliciones llevaban el ano de 18S5 (fecha de la últi- 
ma (jue Conocemos) las Al>ini!jrio¡i::i cyituas sohic el ¡cii'^nujc 
ÍK)í^()/tí;hf \)i)X I). Rufino José Cuervo. Según resulta de la carta 
de Hartzenbusch. cjue inserta, ima de las ediciones correspon- 
de al ano 1S7J. l'enetrados, dict- el autor, de la importancia 
de ( onformar en cuanto sea |)osible nuestro lenguaje con el de 
( 'u.'-till.i. nn.:, líenlos lousagrad») á observar las diferencias que 
entre ell( »s median, y como base hemos tomado el habla co- 
mún de los bttgotanos, por ser la t[ue mejor hemos ])odido 
cNludiar, \ j^or (|ue en elia, sobre; lodo en lo im})resi», se 
en» uenlran reunidas muchas de las corru])telas Lceneralizadns 
en la l\epúbli< :i. ' Kn tan sencillos términos enuncia Cuerv»» la 
clase de tarea (jue em}nen(l(\ cuyo desempeño corresi)onde á 
la alta nombradla d»* (jue g' «za su aulor en el orbe literari(». 
Su profundo saber lingüístico y extraordinario conocimiento de 
los autores esj)anoles antiguos \- modernos le han llevach» 
CMhio de la mamo á form.ir tle las J/^/////.7r/';//í'.v un tratado 
juagistral de la lengua castellana, una obra clásica en su linca. 
Dedica parte de un (apítulo á tratar someramente de algunas 
7'(His iui/ii^iiias, ('* sea voces de u>o conuin, (jue proceden de 
lenguas aborígenes de América. V auníjuc S'')lo por incidencia 



52 PRÓLOGO 

se ocupa en el exíimen de las voces provinciales de Bogotá, 
contiene su libro numerosas noticias y advertencias aprove- 
chables en materia de americanismos. 

El Diccionario de chilenismos por don Zorobabel Rodríguez, 
impreso en el año 1875 en Santiago de Chile, ct)ntráese 
más de propósito que la obra de Cuervo al estudio de las 
voces nativas, útiles ó siquiera tolerables, que usan común- 
mente los americanos. <:E1 lector encontrará (advierte el 
autor en el Prólogít) en nuestro Diccionario una lista, sini» 
completa, bastante numerosa de l(»s provincialismos que se 
usan en Chile, con su etimología cierta ó probable, con 
ejemplos de escritores nacit)nales que nmestrcn su verda- 
dera signiricaci(')n, y con los equivalentes castizos, apoyados 
también en pasajes de h^s clásicos espanoles.^^ Mucho dcbtí 
la lexicografía de la América española al erudito autor del 
Diccionario de cJiilcnismos; acaso de ninguna otra obra seme- 
jante contiene mayor número de op(^rtunas citas el Vocabu- 
lario 7'io/jIafc?ise. 

D. Fidelis P. del Solar public(') al año siguiente (i^/^O» 
asimismo en Santiago, sus Reparos al Diccionario de cliilcnis- 
mos del señoi don Zorobabel Rodríirnez. En materia de america- 
nismos castellanos, estudio que puede tleiirse está todavía en 
mantillas, fs inseguro con frecuencia y vario el criterio délos 
autores, y así la disconformidad cjue se nota hay entre ellos no 
debe causar extrañeza. Prescindiendo, pues, de la parte cri- 
tica, el distinguiílo autor de ([ue hablamos ofrece noticias úti- 
les, que contribuyen á acabalar el conocimiento de algunos de 
los vocablos ([ue analiza. 

Paz-Soldán hace menciún^de !"un cuaderno en cuva i)or- 
tada se lee: (jen i^ocablos indígenas de sitios, ríos, alturas, 
etc. Extracto de la obra inédita: Diccionario de vocablos 
indígenas de uso frecuente en Venezuela por Arístides Rojas. 
Caracas 1882.- Según Paz-Soldán, esta obra vendrá á ser, 
más que de voces usuales y geográficas, un tratado sobre 
la etnografía y mit(.>k)gía3^de los aborígenes de América. 

'.Voces nneiuu de la len^na caslellana. Glosario de voces, 
frases y^^acepciones usuales y que no constan en el Diccio- 



DEL AUTOR. 53 



nario de la Academia, edición duodécima. Admisión de 
extranjeras. Rehabilitación de anticuadas. Rectificaciones. 
Acentuación prosódica. Venezolanismos. Por D. Baldomcro 
Rivod('). — Paris i88g.>> El objeto principal de la obra es abo- 
nar la admisión de muchas voces usadas generalmente asi 
en América como en España. Pero s<!>lo interesan al asunto 
en que nos ocupamos las particulares de Venezuela, á las 
cuales, aunque en muy corto número, el ilustrado filólogo 
dedica especialmente la Parte sexta de su trabajo. 

Por último, ha llegado recientemente á nuestras manos el 
Diccionario de 7'ocáb tilos brazilciros por el teniente general, viz- 
conde de Bcaurcpaire-Rohán, publicado en Rio de Janeiro an» » 
de i88(). Eí estudio de las voces nativas del Brasil importa 
sobremanera al de la lexicf)grafia hispano-americana. El Brasil 
abarca casi la mitad de la América meridional, lindando con 
las Repúblicas Oriental del Uruguay, Argentina, del Paraguay, 
de Bnlivia, el Perú, Ecuador \' Venezuela. Todas éstas parti- 
cipan, en mayor ó menor extensi«')n, de los productos del suelo 
brasileño, muchos de los cuales son conocidos respectivamente 
por los mismos ó casi idéntiíos nombres, en raz(')n de su pro- 
cedencia. El címtacto y coniunicari(')n constante en que s(í 
halla el Brasil con algunos de aquell«)s países por medio i\v. 
sus fronteras, trae consigo un cam])io y transmisión reiiproc(»s 
de i)alabras usuales de las lenguas portuguesa y española, ([uc 
el uno \- Ins ()tn\s hablan. Pero, en ¡)arti(ular, donde ron más 
efi(*a( ia se (^fe(iúa v más claramente se manifiesta esta mutua 
asimilaí i''>n de lenguajes, es en el Río de la Plata y en el Para- 
guay, tanto por su mayor comercio y trato con el Brasil, como 
por (ansas hist«')ri(^as de origen muy antiguo. El ilustrado aut(»r 
del Didiouario de que tratamos, esiribiendi) para su i)atria, 
presta ala vez, por consiguiente, un concurso importante á los 
estados limítrofes. 

Ni las Accjit naciones 7'iciosas de que hizo prolijo estudio 
en Chile D. Miguel Luis Amunátegui, ni la Recopilación de 
Toces alteradas por el nso 7'nli^ar publicada en Arccjuipa por 
D. HipcMito Sánchez, ni las (Correcciones de defectos de lem^najr 
para el uso de las escuelas primarias del Perú por D. Miguel 



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Imifi II /'/ ),i'tiilt i'L II .' niiii :yi¡o;unii ; ./^//A l)or ErTit:>tlI.-) Ol¡>€rt. 

I''./;'»!. 1.' /,i;'. ..¡'.11' u!./- ^ .í I,-, ' í>rí',Tc-/''. *:KTiliíi- • o. de E.*a- 
f")».í, , .1,(1/1 <!' ,/.li(l,i i*,i ,1 ;í1 Uv,i,\uvj\vin\i:r\\(A"'j,u:'*C\\JL<: 
< • '1 1 ' » . . ' I ' I ' » I )f , n » h 1 ' \ ; n 1 1 ; ' ;' , ' I /'Ji . ^^ r'> V'; Dirrionario ís.r.i^rrijico- 

lí. |n.iii \ri,ifi',wi \ I'l' ¡;i, 'II r\ í ii;í1 se hallíin ali,aiiKis vo- 
< '' 1 '!•• I.i .\in' ; if .1 '• -.I).'!!»' »I,i, 

,. I!» ;•,)•. li. II, clchnir /• li¡.l<>ii;ir l.is \nics iiu or})<)nLclLis al 
lrh^'»i.i|. « .i-.irll.iii.i (n (I I\i(» (!<• la Piala, es tarea superior a 
Mih .li.i . »l/l.il. . Iu(i/;r, p'io (jiic luiiK'S í'inprciulido en la 
mnlun .1 dr k\\\v li.ii'ia disiniiilar sus ¡in])ciTci*('i(^nc.s la bondad 
drl inirnt.i. Asi liir i|nc, 1i;;I»h lulo ( n el incs de cuero del ano 
ai Ui.il vKivlo a lu/ rl Wu (i/\¡:\¡¡ ¡H rio¡i¡ii!( nsr razüUddo, (jue no era, 
ni r> ..hoi.i. más ijue un tnsayo, la ilustrada prensa ilc Monte- 
\idrK> \ líaen^íN Aires y ilis(Í!ii;uid»>s y (rlehres literatos de Amc- 
ru\i \ e\span.i le dispms.imn la más favorable acogida y nt)S 
\\.'n;.i;v»'i v\n\ sruakul.is nuieslras de indiilixente apr(.)baei/>ii y 
iMia evtivx» Iv-n». ia. AUaiiados ron estlnuilo tan lisonjero, y ago- 
:.;x:a •/ \-^ tieunv» deN[>urs la t\liei/>n, tjue no era numen )sa, del 
^u»i uivi.id.» hbrv\ nv>s prv ►pusimos sujetarlt) á ludimiento de li- 



DEL AüTOn. 55 



Illa, (juo Ic lioniMS apücaclo cu efecto con inc(lian:i diligencia, 
niejoránclt.!;» además (^on auuicnlos considerables ([Heríamos 
que la modesta ofrenda fuese <*osa menos indigna de! favor que 
se le había otorgado. Muy lejos está ciertamente de mere(X^rl<> 
esta S'.'gunda edi(n<')n, que reconocemos aún harto defectuosa, 
que n(» ])asa aún de un ensayo; pero servirá para demostrar 
que hemos hecho algún esfuerzo por llevar adelante la em- 
presa. 

La mayor parte de las citas cjue contiene el Vorabnhiño, cor- 
re.sj^Oiiden á histt»riadores, g(H')grafos y es;TÍtores que han mo- 
rado ('» nacido en el Río de la Plata, y (jue hablan, i)or lo regu- 
lar, de (^osas (|ue han visto y experimentado, sirvicMidosc para 
expresarlas de las voces usuales en los jxiíses de que tratan. 
Así compro'hamos con testimonios fehacientes el uso antiguo v 
generalizado de los términos dcñnidos, dando en algunos casos, 
C(m los pasajes ijue transcribimos, mayor amplitud al coní^epto 
que eníMcTH'. la detinici«')n, para su más cabal inteligencia. El 
desaliño cíe la frase, en los más, n.» les quita un ápice tle su 
autoridad relativa, considerado el asunto de cpie trata esta 
obrilla, como hombres enlcnílidos y prácticos, cjue saben loque 
dicen. Se observará que hay muchos textos extraídos de tlia- 
rios de expechcioncs (ien tíficas y exploradonis y de hiformesy 
documentos oficiales, cuyos autt^res ni tenían tiempo, ni esta- 
ban generalmente de humor para entretenerse en limar sus 
escrit< .s. 

Los artículos referentes á nacione^, provincias, depar- 
tamentos, ciud.ides, regiones y ríos, no tienen otro objeto (jue 
suministrar á ([uien lo necesite un conocimiento general de los 
países á cuyos habitantes concierne el us(» de las voces y frases 
que se registran. Solamente hemos dado cabida, por tanto, en 
el Vor<jhn!'ir:o, sobr(í este particular, á lo i|ue hemos con'cptua- 
d<» oportuno al intento. 

Las vertientes del Uruguav, Paraná v Paragua\-, el Chaco, 
la Pampa, la Patagonia, estaban pobladas de innum(Tables 
parcialidades de indios, la mayor |)arte de las cuales ha desa- 
parecido. Algunas han íigurado en la hist )ria de la conquista 
y roloniza< i«')n de las regiones del Plata: otras dejaron poca <'» 



56 PRÓLOGO 

ninguna memoria de su existencia: solo de las primeras hace 
mención el Vocabulario. 

Hay voces en el Vocabulario que no son de uso vulgar ó 
corriente, como abatí , caá, chcpí, toropi, caapatí, piri, tupa; pero 
que tienen alguna importancia histórica ó bien se hallan 
empleadas en los escritos antiguos de las regiones del Plata 
sin mención de la idea que envuelven. Por eso no nos ha 
parecido excusado el registrarlas. 

Fuera de los casos antedichos, las voces guaraníes, puras ó 
alteradas, que incluimos en el Vocabulario, son meramente las 
que el uso antiguo y constante ha venido incorporando al 
lenguaje castellanc^ en las repúblicas del Plata y Paraguay. 

Aparte de la importancia que, en orden al mejoramiento de 
la lengua, tiene en sí esta clase de estudios, ejecutados por 
plumas competentes, no tan humildes como la nuestra, ¿será 
necesario encarecer la utilidad que ofrecen para la debida 
inteligencia de los escritos históricos, geográficos y literarios de 
toda csi)ecie, donde se hallan empleadas las voces y frases 
cuyo sentido se declara? Las siguientes palabras del Dr. D. Ale- 
jandro Magariños Cervantes, ilustre decano de las letras uru- 
guavíis, contestarán por nosotros satisfactoriamente á esta 
pregunta. <^En la nota 62 del Ccliar he consignado porque á 
veces pongo entre notas que me parecen oportunas por cual- 
<iuicr concepto, otras innecesarias para los lectores america- 
nos, pero indispensables mientras no exista un diccionario de 
palabras y locuciones ciiollas, paní otros lectores del opuesto 
hemisferio, donde circulan ó pueden circular los libros escri- 
tos en el Nuevo Mundo. > (Palmas y Ombúcs.) 

El docto escritor argentino D. Enrique Lynch Arribál- 
/aga, especialmente versado en la historia civil y natural 
del Río de la Plata, se expresa del modo que se verá en 
seguida, en el discreto juicio crítico de nuestra obra, que 
publicó en Buenos Aires afines de febrero de 1889. <'Apre- 
miada (el habla (^astellana) por la urgencia de dar nombre á 
tanto objeto nuevo como le ofrecía este mundo maravi- 
lloso (la America), no pudo rehusarse á absorber el alimento 
íjue, con prodigalidad de opulentos generosos, le bridaban 



DEL AUTOR. 57 



los lenguajes aztecas, muiscas, guaraníes, aimaraes, arau- 
canos y cien otros más No es tan grande, con todo, la 

alteración del castellano en nuestro hemisferio, que dejemos 
de entendernos cómodamente ccm los habitantes del opuesto; 
pueril sería semejante temor. Conviene empero inventariar los 
nuevos elementos con que en estos países se ha enriquecido 
nuestro idi(^ma, señalar los arcaísmos que han persistido entre 
nosotros, las voces que se usan en España y que aquí son 
desconocidas, los errores prosódicos y ortográficos, la influen- 
cia francesa sobre nuestra sintaxis y tanteas otros puntos inte- 
resantísimos para el fil<')logo y el literato .... De Colombia ha 
partido la iniciativa: D. Rufmo José Cuervo ha tratado esta 
cucsti«')n, en la parte que se refiere á su patria, con tanto talen- 
to como erudici«')n . . . . Diez años han trascurrido, con una 
velocidad que nos sorprende, desde que en la casa de un 
poeta galano y verdadero se reunían con frecuencia varios 
jí')venes ilustrados y entusiastas, cuyo nombre ha dejado ya de 
ser un miraje halagador. Veíase allí discutiendo ron (»rden y 
frase bien medida, como de ciuicn se ensaya para más altos 
escenarios, á Rafael Obligado, á llolmberg, á Eduardo Agui- 
rre, á Carballido, á Diana, á Frcjeiro, á Atanasio Quiroga, á 
Con »nado y á muchos otros. Se i)resentaban memorias cien- 
tíñcas y trabajos literarios, se ( rilicaba por escrito }' se discutía 
con artística dialéítica. Tuvieron un sueño y emprendieron su 
realizaci<'»n. Oucríau f<»rniar un Diccionario cíe arf^cntiiiismos: 
reunieron fragmentos; j")ero la obra muri«'> á manos de las co- 
misiones especiales.' Para Ikkímx; cargo del interés que 
despierta esta (lase de estudios y del generoso aprecien que stí 
hace de ellos en el Río de la Plata, léanse los siguientes pá- 
rrafos del mi>nio es( rito del Sr. Arribálzaga, (jue, á riesgo de 
pasar plaza de inmodest<»s, nos aventuramos á transcribir: 
Ocupado á mi vez, en i alidad de simple aficionado, en co- 
leccionar los modismos argentinos, .sorprendi<')me agrabable- 
mente el anuiK io de la obra que acaba de publicar en Montevi- 
deo el Dr. D. Daniel Granada. La pedí en seguida; los 
ejemplares recibid» )S en esta capital se habían agotado: era 
grande el interés que el asunto despertíiba entre las personas 



r>K l'UÓLOCO 



rsUivli»»N.i>. !V>r íoituna lU\u«'« ntra irnir<;i» y piule ronincr el 
¡\\. :.';'. '../..' /.,; /(/,..*.'>.■ i>/:,'A'>:..v .... Fl cUntur (>¡r*.!\Kd;i íui liad*» 
rl |ui)Uv V invpi;!Nv\ \u\ rir.ul. » una i r!\iui; la iliíVrcii» i;:ci«'»n la 
\k:\!. él iiiiNin^» ú v'tn*s, |H'V»k .iviiK'l ib'r.or es IikÍ<» >u\'>... ^ Kn 

ív>s ailiv viK^Ñ v|uo la inciwa :iv»plaícns-v' ha Icua:«» á bi^n dedi- 
V sil ul K;\v'iv''. hK» i:.vi\^» vlc ainor;v\.í.!>:ííos íkI riala. 

Kl |Mv>K»^v» vK- !a p:uuera ivlui' n i'ol I' ■■/*•/;/. //.v e- ':acr.z.úía 

uivLv^ vn vnU^ lil'íUv» . 11. > irA"*"v\or!s. el i\ mí r.' de V 'i:f¿¿2n*> 

:•.,'..'. . 4. v;uo vaeií.-. v'víii.i^!. .vi- \ ^i tr^il^v.;- ^ ;;!'.c^:: rjs ^ su 

tait-.* iiivíN ^v>i^i. .v". V^^ue ^c e^ avL:J:n ».L' i:ie!i- ^ mu.-.- temii- 

íi. \N |veu^:aie> v.io U^ rc^i-^íie^ del F:.Ltvi» .uv ■ re-^i>tr • 'i.j. ^id*» 

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KUeN;'v> líite".: \ r. > evU-e ^a !.u-n'.»r viuw . M: ::.u..:j;; • inas 

vlefv'ivls' vio Uí^; iv!NeNe!an:c vi:eue'*:í. lUv- n.^. IvL, 'v r !^'.^>'lli- 

'i' i' i"\ik ' 'i'.-* t"^f' t .•'»**>»> "'I;* i^-' ''*» •"<••■."•• . '. ' t'^rr*»'«. 

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vevv> V ■ sv.Ne> v*e v.;i.:e *!• i'.aee rtten» [■ :i eí /■;. .'j>:.tr:'j il ^c Jc^i- 

^¿n¿ *o.< •.'<.■ .'11»' hr ./ .V ■.'* .i:rii /t.i: ¿r.w/.'i/./V.'*^ • .vvj .a.> lU*jlI<í5>- Cit 

utut 'dea :ír»peiievva. ivr \i v .:i;uev:;:d. dec»---eT-.. :^ ■."• in-jALietiaid 

i.:o 'u^ •i.'veuis v;ue V -Uirt ^d«' >UJir.'i;sw"uc:i>» L-'n >ec-mó'' !u;iur 

!.e»j;a -'le^e^íte ^í.:c vieee :va.'-"' v\í^ íl.s; v..v. ^ ru»i« ..«.cumcríi 

vie ^' ve^ ^ •.:>».^ V.V i'« a> ^i:e. .i>: \n V:ii--'»a :\ni* :*a EI-íCU- 

;uu ^s'e^J*;u:.;'i • e<'' í-e .í J \:^ .a ." ;ue !:":■ :!•.. -uir* !a. 

i.>Uj..-..'i..vt v.e \>...aJ» '.:»• ^ 1* aa.iiK" :c '*,• uera'j" :-::. ^r.j. ve¿ 

•Ubktd'^ci N'H./.'\'\ M\ v;ue -'..:>eM' <. :{:n:' '. '^ .:, ,.:e "» >;tf!ii- 

•.Kv ve eUvUeM.'si .L MUi-t»\ S^.i • íí:« a?.'e. -■ •.;•.;*.*;-' •?>- 

Hu'ít .,»< v^ue itweub'sa. **uiMv.*\ .ia'i».:ae ;. .■:■•*:-. >i'i;uii ri'.::a. 

'a 'N.-ivavla, .x o'.vi "la: i»' 'ih'vie^a . .•:».uii>t;..n \. <í:^ iu::\' de 

:\UN^^ <.;ae "winnvía e» vue-us- dv.- li^* si *::.>:!;,. c^*ucue¿ 

\» í^ieNvi v.i ^.e v,íe= i« ' .•-íi^xhu» \e«ie'b*. L* ^t.^c'^a. NajT~j 

a»l*i viHvi •viiviiilu ae u-'u;i\<'> .;ue v;.' ;»e'Uea't ■• -;.• ae^xr^cn 

'X*; 'Uv'ídv» ai.i .;i ^ae'b> ¡i\- ei Mías !lUl^• .;ae utia >v.:ui .ilEíai- 

%'.vU :sAja *ik:<.v\s 'u •iviUJiieHx \i víc mív o-í»\-t;>v' :f>4'> ií'» 



DEL AUTOR. 59 



margvMi á que el escritor arriua citado, D. Enrique L\ luh 
Arnl)álz:iLra, dijese: Severas en extremo son las frases (on qiu' 
de antemano se defiende el aul«»r de los (^>nientarios de la 
iTÍtica. Quien entrega su obra al piil)li(^> tlehe esperarla, no 
empapada en veneno, ni armada t^^n las tlechas de la sátira, 
que eso no es crítica, sino ai^resión de malvado; antes bien, 
vestida con la capa sedosa de la cortesía y ofreciendo argu- 
mentas é indicaíáones más n menos útiles.^ Esa es la crítica á 
(juien (Mitregamos gustosos el ]\u\ihul(in'o n'opliifcnsc razonado, 
y cuyas advertencias utilizaremos siemj')re agradecidos, como 
hemos utilizado c<m sincero r(M unocimiento las oportunas (|U(" 
en la >uya se ha servid»^ dirigirnos el apreciable literato argen- 
tino (|ue motiva estas líne:;<. Si en todo no hemos seguido las 
indi'iu iones contenidas en !• »s diversos juicios críticos que se 
han hecho de nuestro ensayo, dos de los cuales figuran al 
frente de esta segunda edi( i«'»n. es j)orque, en el ano transcu- 
rriólo de entonces acá, entre las j)cnosas atenciones de la abo- 
«racía, v á causa también de la escasez de nuestros conocimien- 
tos, particulannente en lo relativo á la clasifi< aci<'>n de objetos 
de la naturaleza, n<» ha estado en nuestra mano llevar á cum- 
plid» > ténnino la emj">resa. 

Quien hojee las páginas de este libro esté advertido cpu* tal 
cual vez se nos resbala la plunuí, ora atraídos con la belle/a ú 
originalidad del objeto cjue des(TÍbimos, ora llevados como di- 
la mano á poner en su punt<) algunas es]')ecies histt'»ricas, st>fis- 
ticadas j)<»r la malicia á intento de mancillar timbres gloriosos y 
buenamente acogidas por la ignorancaa. Por lo ilemás. auiKjUc 
])oco se nos alcanza, alcanzamos cpie no del)e de estar exento 
de vcrros el resultach^ de nuestras j)obrísimas tareas, yerros 
(jue unas veces procederán de descuido, y otnis. las más, de 
nuestra escasa comprensi(')n y cortas luces. 

í» — Hubo reinos y provincias americanas, donde, en los si- 
glos decimosexto v decimoséptimo, alcanzan m alto vuelo las 
letras: Méjico, el Perú. Contagiólas luego la peste del gongo- 
rismo, bien que no haya sido tan ])rofunda (omo en su foco 
matriz la perversión del gusl(.) literario. Los corruptores del 
Inien gusto ejercían inmediata y j^ndcrosa influencia en el tea- 



60 PRÓLOGO 

ivo de sus torneos, con la rapidez y persistencia que Iíls ema- 
nanaciones deletéreas de un pantano inficionan la atmósfera. 
Los engendros más informes de este vago fennento morían, 
tarde ó temprano, en España; al paso que sólo atravesaban los 
mares, en manos de historiadores, cronistas, jurisconsultos, 
teólogos y profesores eminentes, los que, respetando los 
fueros del sentido común, merecían algún aprecio de los es- 
píritus regularmente cultivados. Mediado el siglo decimoc- 
tavo, emi'íczí'» II sentirse, y claramente á ganar privanza ha- 
cia sus fines, en las colonias españolas de América, el eco y 
forma de las ideas á cuyo favor estaba preparando Europa un 
( ambio radical en la condición de sus pueblos. Feijoo y Cam- 
])omancs, que seguían con denuedo el movimiento intelectual 
de su época; Feijoo, disipando las nieblas de la suj^crstición é 
ignorancia, Campomanes, señalando la senda por donde pros- 
peran las naciones, eran harto conocidos en el Nuevo Mundo, 
y sus doí^trinas, tan valientemente declaradas, hallaron fervo- 
rosa acogida en el claro y i)cr.N})icaz entendimiento de los 
americanos. Lo mismo Luzán, como preceptista literario. Re- 
formábanse á la par los planes y sistemas de enseñanza. 
Movidas por tales resortes la industria, el comercio, las cien- 
cias, las bellas artes, la literatura, florecían vigorosamente en 
los últimos tiempos déla d.)minación española aquende el 
Océano: dejaron atónito á liumboldt, maestro de los sabios. 
Coincidía este súbito despertamiento de la América ilustre con 
la aparición, en España, de Meléndez, Jovellanos, Forner, 
Cadalso, Cienfuegos, Triarte, l(js ^loratines y tantos otros 
poetas y escritores de primera nota, quienes, levantado el 
pensamiento, acrisolaban la lengua. Pero así como en la época 
precedente no pudo quedar América exenta del general con- 
tagio del gongorismo, tampoco en ésta le era dable sustraerse 
al influjo del seudo clasicismo que entonces estaba de moda en 
el mediodía de Europa. Así vemos que poetas á quienes el 
cielo habla revelado cl secreto de la belleza en la vida, creían 
descubrir sin embargo en los ríos y entre las selvas de América 
las divinidades del Olimpo, que el Chimborazo y el Amazonas 
miraban con desprecio. Ejemplo cl porteño Labardén, cisne 



DEL AUTOR. 61 



del Plata, cuya bellísima oda al Paraná eiiíralana las primeras 
páginas del Vocabulario no/>/a/r;isr,cx\')ur<¿'d&d de los defectos 
de puntuacií'm, ortoj^ra fia y sentido c»m que fue primitivamente 
publicada á i.^ de abril de i8(^i en el Tcló^rafo mcnautil, pe- 
riíKÜco erudito, á la sazón fundado en Buenos Aires. 

El Dr. D. Manuel José de Labardén escribi<'» el poema 
de que se trata á principios del ano 1801. El río Paraná había 
presentado en los anos precedentes el raro fenómen() de man- 
tenerse bajo, echándose de menos las crecientes que experi- 
menta reirulannente p«»r el verano. Coincidía con este retiro de 
sus aguas la presencia en el río de la Plata de bu([ues ingleses 
(¡ue amenazaban los jiucrtos de Montevideo y Buenos Aires. 
1)(^ ahí (jue (1 au'^usto /</rí7//^7, personifu ado magníficamente 
por el bardo argentino, trfiorcdicsc á la i^ru/a f//s/a;//<', asombrado 
su cáutlitlo rarádrr ante los insultos icmcrarios de los piratas de 
Albi«'»n. Allí, do e>tán las minas del Brasil, tiene volcada ¡a 
iirua (ic oro, rebos;in(lo siemj^re en í>;/^/í/.í <'/í'/)A;A7. apellidí) con 
(jue se exorna, por haberse supuesto ricas de este metal las 
regiones cpie baña. Llámalo el ]>oela, anunciándole que, pn»- 
vocado el ardimiento k\v 1(»s espaTmles, se han apenibiilo ya 
]^ara dar la batalla, y lo esj^eran. El Paraguay y el Uruguay 
saldrán á reeibido, previniendo á distancia conv(^niente, para 
remudar el tiro del carro de nácar nw c[ue desciende, los caba^ 
líos que trajeron del mar [tata'^ónico, alusi<')n á la j')artii ular figura 
de cierto marisco. Aconséjale (jue baje majestuoso, fecundand») 
ron sus vertientes los campos sedientos; pues él es ijuien ha 
cli* p(»ner en movimiento los gérmenes de la vid;í. 

So el ronco caracol; la cornucopia. 
Sirviendo de clarín, renga anunciando 
Su llegada feliz. 

Sus hijos, presididos por genios tutelares, cjuc han tomado la 
bondad i)or divisa: <:Buenos Aires >, le preparan entretanto 
perfumados altares y arcos triunfales, donde brillan á compe- 
tencia la industria y las artes. 

Ven, sacro rio, para dar impulso 
Al inspirado ardor: bt^jo tu amparo 
Corran, como tus aguas, nuestros versos. 



62 PIIÓLOGO 

Termina la ocla con los .si<j;iiicntcs, que suprimimos por consi- 
derarlos un aditamento relativo únicamente á las circunstan- 
cias en que se compuso: 

I\'o quedarás si)i premio ¡¡jreniio sAnto! 
Llevarás giíaimecldos diamantes y 

Y de rojos rubíes dos retratos. 

Dos rostros divinales que conmueven: 
Uno de Luisa es, otro de Carlos. 
Ves alii que tan mafjnifico ornamento 
Transformará en íin templo tu palacio. 
Ves ahí para las ninfas argentinas 

Y su dulce cantar acentos gratos. 

Lo mismo decimos de los versos: 

Y para el arduo intrépido combate 
Carlos presta el valor, Jove los rayos, 

c»»n los cuales plujro al poeta re(\argar el pensamiento conteni- 
do en el párrafo cuarto, cuyo sentido queda perfecto (uando 
dice: 

Por el bronce marcial, ocupa el llano. 

Si, al contrario de lo que nos(»tros j^ensamos, entendiere 
alguno ([ue los versos suprimidos no son una alusión pura- 
mente accidental y transitoria, sino parte inic<:^ranic del poema, 
n'icil le será restituirlos mentalmente al lugar en que estaban. 

El móvil que nos ha impulsado á juntar con el Vocabuldrlo 
la espléndida ocla de Lal>ardén, no ha sido otro que aprove- 
char la coyuntura que nos ofrecía la publicación de un libr«» 
cu\'o asunto se refiere á las regicuies que baña el río á cpiien 
invoca el j'joeta, para darla á la estampa purificada de los hie- 
rros con cjue salió cU^ entre las manos de los cajistas. Así 
tambic''n, el cjue compre este; lil)ro, caso ele c[ue no valiese nada 
lo quc! en él hay de nuestra cosecha, no podrá nunca decir 
cjue ha malgastado su dinero. 

7. — Tal i)resentamos de nuevo, confinnado en su infancia, 
el Vorahulario rioplaíensc razonado. Ataviado á usanza de la 
tierra y del j)ropio modo hablando; de entre esteros \ tarnrn- 
zali's, pero no enlodado, antes envuelto en hojas i\o irupCy sahu- 
mado cx>n la rústica esencia del A;;v;rm7, v ungido, en fin. cc-»n 



DgL AUTOR. 63 



v\ óleo (leí sclválio) aviiiñajüií; cuando Iii atcrciopehicla flor 
del rív/^í» engalana los montes donde se esconde el arisco i^ua- 
zttbirá y clamorea lúgubremente el iirataú, y el atrevido .¿,v/¿7;/¿/, 
encimado en lamas alta rama del eminente untnddy, descerraja 
la cárcel que lo aprisiona, ansi(^so de contemi)lar, siquiera solo 
un día, el jul)il()S(j y esi)léndido movimiento primaveral de la 
naturaleza indiana en las rejjioncs que se avecinan á la hoguera 
de los tr(')picos; tal cual vez jovial, sin que lo sea por condición, 
y sin que jamás pueda decirse que imita con su risa el dcscom- 
])asado estrépito del estallante capororocn^ ni que atropella los 
fueros de la decencia y las claras leyes de la hidalguía, des- 
ciende en brazos del inquieto Crunnav, para arrojarse confiado 
en los soberbios del Plata, á cuyas márgenes deja, ya marchi- 
t(»s, los desnudos aimalolcs cjue t ortejanm su canon. 

Daniel (j ranada. 

Salto (Rep. Or. del Uruí?.)- ü^^^. 




66 ODA DE LABARDÉN. 



Tu llegada feliz. 

Acá tus hijos, 
Hijos en (jue te gozas (y que á carg»> 
Pusiste de unos genios tutelares 
Que por divisa la bondad tomaron: 
Zéfiros halagüeilos), ]>or honrarte. 
Bullen y te jírejxiran sin descanso 
Perfumados altíires, en que brilla 
La industria popular, triunfales arcos, 
PZn que las artes liberales lucen; 
Y enjambre vistosísimo de naos 
De incorruptible leño, que es don tuyo, 
Con banderolas de colores varios 
Aguardándote esta. Tú, C(m la ixila 
De plata las arenas dispersand< », 
Su curso facilitíi. 

La gran corte 
En grande gala espera. Ya los sabios 
De tu dichoso arribo se prometen 
Muchos conocimientos más exactos 
De la adminible histt)ria de tus reinos; 

Y los laureados jóvenes, con cantos 
Dulcísimos de pura poesía. 

Que tus melifluas ninfas ensenaron. 
Aspiran á grabar tu excelso nombre 
Para siempre del Pindó en los peñascos, 
Donde de hov más se canten tus virtudes, 

Y no las iras del furioso Janto. 
Ven, sacro río, para dar impulse > 

Al inspirado ardor: bajo tu amparo 
Corran, como tus aguas, nuestros versos. 



VOCABULARIO. 



ADVERTENCIA. 

Las citas pertenecientes á las obras de que se hace mención 
en la reseña de la lexic» )írraria hispano-americana cjue forma 
parte del Prólo^Oy se indican, p<>r In reirular, con el sel»» 
nombre de su autor respectivo. Cuando citamos á D. Ricanlo 
Palma, nos referimos á una carta clmi que este íusílhu* y 
celebrado literato se diirn/» favorecernoíN, la cual centitMu* 
una lista de las voces usadas en el Perú en el j'iropio sen- 
tido que en el Río de la Plata, conforme á la i." ed. di*l 
Vocabulario, En la i."^ ed. se habrá echado de menos el 
Concurso que nos hubieran pn»[)orcionado los escritos lexi- 
cográfica .)s de su Índole publicados ya en Chile, Perú y 
Colombia cuando la dimos á luz; i)ero ent<»n(es no los 
conocíamos, ni siquiera teníamos noticia de ellos, así como 
tampoco de que Salva hubiese rcíristrado en su Dirriouan'o 
vo(*cs provinciales de América. 



SKiX' 'S Y'Ri »^< 'inCi )< 



DE LAS 



VOCES GUARANÍES. 



j. N ].:.y;: iiulic.'ir l«.)s (livci'.vs ^*<Ili(lil< r«-n t[ue sr pr-iniíii- 
(.i;iii 1,:^ vi.'í-i íriu'.r.'ii/i'-s, cir:]>K*;.nsi* en c^tr l'nml.n'fi:'.) ]<»s 



;5'iiUiral. 



A í:uturol-nasnl^ 
^ nasal 



A 



ABATÍ, m. ;inl.--M;iIz. 

Del guar. abnlí. 

Kn las cartas y relaciones anli«;uas (h?! Ri<j de la lM;il;: iiállasc 
e^la vt>z, sin expresi»')!! de su .sií^íiificado. < Sienii)ran é cogen 
4ifiaíí c calabazas;: comen nha/i c carne é pescado. ■ (KI capi- 
tán Diego (iarcla, J/iv//. de la naveg. c[ue hizo al rio d»^ la 
Plata el año de 1520.) Siembran í?/m// y calabazas y Iial)as; el 
buen rec^ado de <i/fí7// q\w traíamos. (Carta de Luis I\;nníre/, 
i52S,AVr'. f/c hiBihl. P. (/r niíi/ins Ai/rs publ.por D. 31. R. Tre- 
ilcs.j 

ABIPOX, lia y adj.- -l)í<ese del indio cuya gcneraci-'n;, divi- 
dida en varias parcialidades, luibitaba al n'»rle de la provincia 
íle Santa Fe, junto al Paraná, c(írriend() el sur d«'I CÜiaeo. 
U. t. c. s. — Pertene< iente á dicha generaei/íu. 

Los abipones, brav»»s y belicos(»s, des])ut's de haber i'.itallati o 
largo tiempo, ya contra los españoles, ya contra otnis pan i.di- 
dadcs del Chaco, se redujeron á la vida civil á nv(li.;d.is dvl 
.sigl'i ilcdmoíiavo, firmando varios i)uebl(.)s en S;j;í.- rr y 
Corrientes, bajo la direci i«')n de los jouita^. 

ABOMBADO, thi^ adj. — Entre aturdido i iml»»'' i!. V . i. ••. '^. 
Es un abomlnnlo. ¡Que nhombaila! 

ABO^IBAR, a. — Aturdir, marear, inconKKlar s"i.:» nK»n''.r.i, 
ya sea que este efecto lo cause un ruido fuerte y loniinv.ado, una 
atm«'>sfcra j^esada, un aire viciado, ima conversa* i.'»n enla- 
(losa, etc. U. t. c. n. y <\ reíl. — Echar á perder el agua, do 



manera que despida mal ol<jr. U. t. c. reíl. — se. Tratándose 
de una caballería, (¡uedar imposibilitada de caminar, por efcto 
del sol y del cansancio, lo iju'' regularmente sin ede m «''.is (!e 
mucho calor. 



70 DANIEL GRANADA. 



Rcfl.: í'oino aturdirse (Rodríguez): ponerse fétido un liquido 
(Paz-Soldán): principiar á corromperse el agua, fonnando 
burbujas, que en Venezuela llaman bombas (y bombitas (Rivodó). 

fntraus. en la provincia brasileña de Rio Grande del Sur, 
tratándose de un caballo, con la misma significación que en el 
Rio de la Plata (Beaurpaire-Rohán). Tomaron ios riogranden- 
ses el vocablo de sus vecinos los orientales del Uruguay. 

'Bombo, b(i. (De bomba) adj. fam. Aturdido, atolondrado 
con alguna novedad extraordinaria (') con algún dolor agudo. 
(La Acad.) 

ACABIRAY, m.— V. IRIBUACABIRAY. 

Es, sin duda, preferible el uso de la voz acabiray. 

ACIONERA, f. — Pieza de suela, que, asegurada al lomillo 
del recado de montar, sirve para sostener las estriberas. 

ACRIOLLARSE. — A( omodarse el extranjero á los usos, 
costumbres y carácter especial de U^s hijos del pais, de manera 
que las cualidades correspondientes que ]">or hábito haya ad- 
quirido parezcan en él nativas. 

acutí, m. — Cuadrúpedo montes, de unas dos cuartas de 
longitud, de color pardo verdoso el lomo y bayo blanquizco el 
pecho, polo largo y en algunas de sus condiciones parecido al 
conejo. 

Del guar. aaiii. 

'No dudo que sería fí'icil dcmiesticarlos desde jóvenes, para 
Cí)merlos como el conejo, y (estaría poco alimentarlos, porque 
comen de todo; pero tendrían el inconveniente de que todo lo 
roen. (Azara.) 

ACHIRA, f. — Planta que se cría en los terrenos húmedos, de 
una vara y media á dos de alto, de tallo nudoso, hojas puntia- 
gudas, aovadas y largas, y flor colorada. En Gibert Sa/^it fiaría 
L. (alismarcd). Colmeiro menciona tres especies de achira del 
Perú. 

ACIIl'CIIARSE. — Contraer la dolencia llamada chucho. 

ACHURA, f. — Cualquier intestino ó menudo del animal 
vacuno. 

ACIIURADOR, m.— El que achura. 

ACHURAR, a. — Quitar las achuras á un animal. 



vocAürrARio rioi-latensk. 71 





ADULOX, nn, íi<ij-— Díccst^ de» hip» rs(»n;i (juc tii.'iu* rl vi( i> 
ílí' adular. U. t. «*. s. 

V(»z ll^a(la, sin (luda, i-n (.-I sentid» > indicad'), rn toda !.i 
Amrrira, pues la traen Paz-Soldán (IVrú), RodriLíUt;/ (Chile) v 
Rivodó (Venezuela). 

ACiACE /» iii:iás, adj. — Díeese del indio (juc al tienip»» del 
ileseuhriniientí» naveiraba el ri*) J'arairuüv ha» ia su desenibo- 
eadura, d(» la. misma i)areialidad (jueel payai^uá. V. t. e. ^.-■- 
Perteneciente á dicha panialidad. 

AGALLUDO, //í/, adj. fam. — Dí<'ese de la ]HT>«»na <{U(* es 
<le áninii» esforzado. Su(*!e tomarse en mala i)arte, p.»r p'ic.r-o 
audaz y de marca, caj)az d«i cometer las más grandes fechoriiis. 

Derivase, como es notorio, de tií^^d/las, fií;. y fam., (jue trae y 
define la Acad. nuimo csforintin, usado particularmente < otí el 
verbo temr. 

En Chilí* i'nlicnlr y (sfonnt/o, v tamhién lifini^nln, n^.'itto 
(RodrígUi'Z). En Venezuela i-h¡¡, ¡os i. riid/.m íKi\. kI-'»». 

AC}AKRAR, ti. — Asir <'> tomar, aun([ue sea con las yem.isil** 
los dedos un lin'isim«.> pañuelo de ñiiinliiti /> la H'^r más deli- 
cada. 

Lo mismo en toda América, según tenemos «'ntcndido. !).«- 
más es decir (jue no ahoj^amos j)or esta impropirdad. 

AGUA DE LA\'ANDA. — Eseniia de alhucema. 

Xo j)or(iu(* sea particular újue no 1«í es <i<'rtamente) dd \\\ > 
de líi Plata, sino ])or pereiírino, ha( emos in«'n< i'''n de e>te nom- 
bre. Cuervo, reíiriendo, entre »)tras <'í)s,;is. (juc il espliego > 
alliucema se llam«') anti":uamente larninliiltu aí::rc«^a: los oerí.!- 
mistas, las mujeres y 1»)S amujerados dt'biiM'on fiííurarse ijue de 
eso no había ni noticia en castellano, y he a({ui una v«»z !■.:- 
mante ([ue nadiíí entiend<' y cjue aun con mayúsc ula escriben. > 
Seguramente estuvieron de moda <'n kA sÍí;1o pagado, junto ««-n 
el remedí» >, el nombre, (jue D. Ram«')n de la Cruz i)onc en 
boca de un almibarado petimetre (.mi el (lnis<o de /os ndm.ts. 
Es de aílvertir ([ue la ed. de Duran trae /</ luimftf p<>r Inrai.f'H. 

\ 'i ihllh Id. 

¿Desm.iy'ise dona juana? 



72 DANIEL GRANADA. 



Alberto. 
¿Que es esto? 

Diego (el petimetre). 
¡Señora! 
Todas. 



¡Amiga! 



Dici^o 
¿Tenéis agiia de la vanda? 

Vcnaiicia. 
Yo la traigo aquí conmigo. 
E( haría bien. 

Gref^oria. 

¡Que desgracia! 
¿No vais V(»^? 

Felipe. 

¿Y para que? 
No entiendo de desmayadas; 
ella volverá, si vuelve. 

Justo. 
¿Y si n< )? 

Felipe. . 

Caiga el que caiga. 
Juana. 
Jesús! 

Alberto. 

Ya ha vuelto. 
Juana (volviendo en si). 

¡Ay de mi! 
Felipe. 
¡Lagotería 

Dies[o. 

Ea, vaya: 
Respiremos, corazón. 
AGUACHARSE. — Hablando de un caballo, echar barriga y 
carnes, á causa de haber estado pastando ocioso una larga 
temporada. 

En Chile el verbo aguacharse equivale á encariñarse, domesii^ 



VOCABULARIO RIOrLATENSE. 73 

rarsc; y asi es obvio que se derive de i^itacho, como lo indica 
D. Zorobabel Rodríguez; porque el animal que se cría en las 
casas, naturalmente se domestica y encariña con las personas 
que lo cuidan. Pero no sucede lo mismo en el Rio de la Plata 
y en la provincia brasileña de Rio Grande del Sur del Brasil, 
donde ng?tacliarsc significa, literalmente hablando, llenarse de 
agita un caballo. Hacemos esta observaci('>n á vista del siguien. 
^e articulo de Beaurepaire-Rohán: 

Aguachado, adj. m. (R. Gr. del S.) Dicese del cabail) que, 
después de muchos meses de reposo, se halla muy gordo y 
descansado, y de resultas inhabilitado (y ( omo tal imj)roj)io) 
para una larga marcha. — Eiim. Derivase de :i^Nnr/nK v.\ ([ue se 
asemeja el caballo bien tratado. (Zorol). Rodr.)^ 

AGUACHENTO, ^^ adj. — Dicese del fruto aguacliado. 

Cuervo dice que en Bogotá equivale á m^^nannso, a< I virtien- 
do que se u.sa en Cul )a y que en gallegí) hay el adjetivo (r^oatentn. 
En el Perú, á semejanza del Río de la Plata, aplícase á la 
fruta (Paz-Soldán). En Chile lo mismo que a¡^iiauoso (Rodrí- 
guez). La trae también Rivod<'). 

AGUADA, f. — Aguas potal>les cjue hay en un camj>>, paraje 
•'• regir»n determinada. 

No puede darse mejor lugar para (riar animales, pues tod«)s 
los terrenos son sumamente pastosos, y, como he diclio, .'ibun- 
dantes de aí^nadis. > ( D.Luis de la Cruz, Kvp. (h la (^nurp. ,{e 
Chile á Hiwnos Aires. ) 

Mar. Provisi<')n de agua dulce que lleva un buque p.^rii su 
c:onsumo. — Mar. Sitio en tierra, adecuado para t<.»mar agua 
potíiblc y conduí irla á b«»rdo. . (La Acad. ) 

«Beben de aguadas hechas á mano. ( Rcl. i^<<\:^r(¡f. de ¡,id., 
Santa Cruz de la Sierra, publ. por D. ^L Jim. de la Es]>. ) 

í^Lps campos de la jurisdicci<')n de la ciudad de C(.>rrientes 
^>un fértiles, amen» is v deliciosos, a.si ]H»r las muchas lanunas 
que en si contienen y le bañan, como por los muchos montes y 
frondo.sos Ixjsques que hay en ellos, c<.)n ajíf//adas permanentes 
(le buen .sabor y saludables. > (Desm'/j. de Corr. j^or el maestre 
de campo D. Beniardino López Lujan, tent. degob. etc., 1760; 
Rf7'. de la B. de B. A. por Trelles.) 



74 DANIEL (¡RANADA. 



< Lo más ventajoso de la provincia (del Paraguay) es que en 
los referidos campos, y en toda ella, jamás faltan ai^H(u/(is. 
(D. j\r. A. Molas, Dcsnip. del Para ^.) 

AGUAPK, m. — Planta acuática, de tallo fofo, de hoja aco- 
razonada, y llor pequeña compuesta de tres pétalos conglo- 
merados blancos, menos en la parte interior hacia el pie, donde 
cambia el color blanco en amarillo primero y después en 
moradí^: de tres estípulas morado- verdoso-amarillentas, y de 
estani]>res amarillos. Sus hojas, deshechas C(m la mano en el 
agua y aplicadas á la cabeza, curan la insolaci(')n, quedando 
ellas achicharradas. Aplicadas con unto á cualquier otra parte 
del cuerpo, producen efecto análogo: extraen el calor; y di(*e 
la gente del (ampo que se han curado de este modo enfer- 
medades pulmonares. Dan también á timiar el cocimi(^nto de 
las mismas hojas. 

Del guar. ai^iíapt'. 

'Malezales cubiertos de camalote y aí,^//a/>ns. ^ (D. Ignacio de 
Pasos, Rcrnii. ih'I Para*^., en Angelis.) 



AGUARA, m. — Especie de zorro grande; de pelo ondulado 
y largo, amarillo rojizo, y crin negra. 

Del guar. aisaará. 

Es fama que su piel cura las hemorroides, sentándose sobre 
ella p(»r la i)arte del pelo. 



AGUARAIBA, m. — Arlx)! terebentináceo, de palo negro, 
hojas (.\strechas, agudas, dentadas, parecidas á las del .sauce 
lk»rón, ílorecitas blancas en racimo v semilla nejara á manera 
de granos de pimienta; del cual los jesuitas de las Mi.siones 
del Paraná y Uruguay Inunan un jarabe y pasta llamados /Wí^- 
uw (le Misiones, al que se atribulan varias virtudes curativas, 
c(»nsidcrándosele eficaz particularmente en los reumatismos, 
heridas, úlceras, males de orina, debilidad de estómago y 

CíMicos. 

Del LTuar. aijitiara'íbá. 

Este sanalotodo es género de wollc, del (]uich. y arauc. inollc 
6 ////////. al (|U(t en las (H)marcas fnmterizas al Brasil llaman co- 
minuncnte ///v/r/v;, del port. arorira, lentisco, n S(ra c\ a //ara// //i/a, 
áih,)l (It la l)i//}iinta, (\ s(\gún se e\j)resa Colmeiro, á /bol de la 



VOCABUIARIO RIOPLATENSE. 75 



falsa pimienla (srhintts inollc L: Icirhinldcrds). C'iUi ; >ini¡sin<) 
Colmein) la annini líd Hnisi! (sr/fiínís nnlartluitirií Miin'.), el 
niolli' t/t/ Pnif fsrhif.'ns luollc La \ i-l mollc <lc (liilt {¡iiJn ¡-i taoUt' 
C (rav). Díinlc tambirii « n h\s yc^sumu^:^ ck-l Taraná \ l'ruíriíav, 
cuyo es ol árlx»! de (jin' hal'l;:nin^. A inanhri' de f;^:;ii¡¡Iui\' y 
de ¿^itarihaw corrujxión jjoil)!-.' de (ii^ííaraHni, (jin- <n l;i rt)rnia 
primitiva ck'l vocaMo, j)U('> ;.>í h» rs( rihí* Rui/ dr M'-nloya, 
que dice ser i: I i/mUc vn/ui r ■ui-If/t; (palabras Mna-^ Sin om- 
l)argí>, el nombre de :í;í/(HÍIí<:v k> imiv apropiado ..I áil'«>l do 
que se traía, siipoiiiéndol»» e<>ir.i»iK'sto de las v.k i s -iiaraiiíes 
}*uaríy rosa /nnitia, i 'iluí, fruto de (ín/<f/ v también //'/ •/. <*on lo 
que se haría alu^i•'»n á !•• iMrliiox) de su troneo y ramas, rir- 
runstaneias (jue 1<> di^tin-in n tan M-naladamenle. L:: r final 
tanto la lleva ,;7^///v7^/n' i'»m'> t/:^mfni//>(í: Azara (ti^t'.n.ii'fty. Ad- 
viértase, <on r(.>pe<t<> ;'t ( >!:. palabra, i[ue la form;.:! las* v<Kes 
aguará ule ai^ui''. plumaj.í i '¡'«i «'» íl'ni (árl)«»l \\\\v da iViil'»), y 
que el ermlito linuüi.sla br.i>iierM> l)r. I), líauti^la ('; y<tan'» de 
Almeida Xoirueira di«"e (jiii- //-/a//-/ es nombre dv /":r'-> mon- 
teses y {\c fruías r>7/oS').\' í/i.-//;///:^\ r/ifsj. AL^Uiirailui •'> (,;::iiirailmy 
significaría, ])«>r e<»iisiii:uienle. árdul ih- fntlo i'cHosik i ir« an>lan»aa 
que no 1«> < arac i<i¡za: al ('«iiirario ^'//'////yí/r, i[ue !'» «lisiingue 
l>)r su c< »ndiri('in más >'»iirrs,¡licnte: la notable l- •rti: «"-id.:»! dr 
sus ramas. 

Antes (¡IK' ////// /'f/. /' /.//.Vf ".• j)en». nn siend<» cxaf t;.M'. iile el 
lentisco <'»///>;/•//>/. l'> ])n>|)¡í» y leiíllin^.'). para indi\ :<¡K.¡li/.arlo 
cual conviene, e.s darle el ii"mbic ])arli( ular k\\v ba 11' \ail') ile 
muy antiiTUí» v lleva aún l¡'»v en la tierra k\\w I-» ¡.tovIik (í: 
agitaraifhí^ iltuin/hiv. l'<'rUii<<'.' al m¡>mo i^eiKMo «jui- d :.{r/ui:.(f 
del Perú, al í. Lial í'S muy ])r<>b;il)U' fílele den allí i.mibirn el 
nombre d<- moli , < (»m<» en !;.» prii\¡n' ia^ ¡¡i^fnlina-N aíiü'eh.i^. 
En é.stas liav una «spec ¡c de ,.■>■!'>, euyas .Mniill..-. íjue S'»n 
Cí)lora<las, sirven para dar ffíial'/.: á la rjiii ¡¡,i,v\\ d'»iid»- saelta 
(le su envnluí:;'. una surtan* ia m(l<»s;i. y ]»ar.¡ i.a' « r '■/"/;/, 
Címsiderada (Dm-» una Ix-biil.i refriiirrante sin '>:n.il en el 
mundo, loni'» un né» lar dixinn, e>p<'« jalinenli- «a.ndo t:I 
viajero fatigado nc«c>¡la ri-p«tM(r ¡:is drxeac» idas liar/...» .i fni 
<le continuar su i ann'nn en una lar^M travesía. Hay < 1 m >'!• «{ue 



'3'6 DANIEL GRANADA. 





llamíin de cídiir, rico en tanino. Hailo que da un fruto esféri- 
co, lechoso, del tamaño y color de una avellana, del que sale una 
especie de tábano, quedando un agujen-» hacia el centro. Hay 
el a'^uaraibá de espina enconosa, cuya cascara, haciendo bu- 
ches con su cocimiento, sirve para entonar las encías. Famosi > 
es el árbol que en las regiones bañadas por el Uruguay 
llaman (intcra víala ó simj)lemente antera; á distinción de la 
medicinal, que dicen mansa\ tortuosos, como los de ésta, el 
tn.)nco y ramas, pero muy diferentes las hojas, que son más 
anchas, más cortas y más dobles, no caídas, y sin jugo resi- 
noso. 

La arurní mala, que más bien debiera llamarse í^Kan- 
bay bravo, es famosa en las regiones que baña el Urugua}', por 
la ¡)ro])iedad que tiene de excitar de tal manera la sangre en 
algunas personas, con sólo pasar por debajo de ella ó acercár- 
sele, que les deja el cueq:)o lleno de turgencias, como si fue- 
ran lazarinos: hínchanse, les da una especie de fiebre ó) mareo 
y núblaseles la vista. Así los hombres del campo la miran con 
supersticioso recelo. Sus cenizas sirven para hacer lejía, y tam- 
bién le atribuyen propiedades medicinales. Suele morir aho- 
gada entre las profusas ramas sarmentosas de cierta planta 
parásita trepadora llamada jjr/-¿^7 del pajarito, que parece prefe- 
rirla por víctima, como si se propusiera librar á la humanidad 
de tan peligroso viviente. Contrahecho, tuberoso, moribundo, 
hemos visto al temido aguaraibá maléfico en los montes del 
Ñaquirá, luchando en vano con su aleve y tosco huésped, fiera 
imagen de la ingratitud. Dicen que la menci(.)nada parásita 
nace de la semilla que entre el excremento deja cierto pájaro 
pequeño en las ramas de los árboles, de cuyo jugo se va ali- 
mentandi.» mientras las raíces que suelta no llegan al suelo, 
donde al cabo prende fuertemente, y se ensoberbece, y multi- 
plica y engruesa sus braztjs, y estmja y mata á quien debe su 
existencia. 

AGUARAIBAY, m.—A<;naraibá. (V.) 

AGUARIBAY, m.— Aguaraibá. (V.) 

AGUATERO, m. — Aguador. 

Oi)serva don Rufino José Cuervo que es usual en Chile, y 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. Tí 

<*al¡íira di' vulí^ar el vocabk». En el lvi«) dr la Plata rara vo/C 
dicen aguador. 

AíjL'AV, m.-- Árbol recto y alto; de hoja esircí ha: que ih\ 
un íVuto muy oloroso, de olor ali^o parecido al del niel«'>n, pen. 
delie.'ido: tan dulce c[ue empalaga, no comible, anle.s ( ausa 
náuseas é ¡rrita(i''»n de estómago. i)\ alado, del tamaño de un 
lii"'. ». colorado cuand»» />/;//////, neu^ruxc'.) demadun», con rtrroíff. 
— Ari» »I parecido al antedicho; de hoja más estrr< ha; de 
as'pecto sí'üu.jante al del olivo; y de fruto lambién >cmrjanti' 
á una ac(.'iiuna, amarillo, c. •uiibk'. con ciiro/. ».- l''rulo de 
<'st< >s ar¡>» 'K'"^. 

Del guar. (i^iui!. 

Al i)riniero llámanie también n^Kdv ¡u.iro y luiihioj) <.)¡o¡íIiI<í^ 
por ser muy semejante al árbol de este n'.ml)ir y irn*-r d.e 
su coK.r la cá.-í^ara. 

\\\\ C'"lmeir») di^rav dd Bfasi! hi[>o, ind, m.sf. 

¡AÍ|l'XA! ¡ntcrj. \ulgar con (jue m- tlenota ira. >orj)rr>-a. 
admira.'i''»n «'• pena. 

Klip. \ (.'Utr. de ¡Ah! hijit ih. .'nid ! apoi < •i)ada>. 

Ks cxprcNi'Mi enteramente vulgar, agreste; y pertene< e á Ir. 
íamilia (ic las />///< v^/n-.v (\'). Pero haremos menci«'»n de ella, por- 
(juc ])eaure])aire-Rohán la registra lomo pro\iii(ial de Jvío 
(Irandcdel .'^ur del Prasil, sin dar ra/<')n de su etimología ú 
origcií, bajocl thulode /^///v///^/.'' deíiniéndola: expre>if'»n de ad- 
mira( i''»n. /Airn/itif (\w'' valiente: militarl Los riogranden>es 
toman»n ota expres¡<'>n desús vecinos ¡os <»rientales dv-l l'ru- 
gua\, \, alo menos lunia el sur de la })rovincia, esto e^. (h"l 
lado de la frontera, pronum ian claramente nijima. ¡Aijiom! 
</¡tt' ra/icuíi //¡/7/7fn/ v(\mvi\\c á d«M¡r: ¡Oh! tjnc' militar riilitit- 
It! pero literalmente signili(\i: /J//.' /nili/tiriui/iíN/c, hijo (/<■ n/.ui.... 

( )tras veces ]Kirece (omo que sueltan la reserva, dand<» á 
conocer velado su pensamiento: ¡(lijunniminh! á .saber: ¡nli! Jiij'* 
(Ir ¡iim <iw<nitc! 

AILLn, xw.-lioíunhuds de bolas de (obre. Usadas porl'»s 
indios del antiguo Perú. 

Peleaban (los (ollaguas) con unas mazas de i)alo re» i-» y 
íuerte, y, para que lo fuera más, aforrábanlas ion piala /» cobre 



78 DANIEL G&ANADA. 



t ir; ido, y al cabo una porra de plata ó de hierro con unas pun- 
U'is, é íoii hondas é hachas de ( obre; é con unas cuerdas iJt 
iurnos trcias, \ al rabo puestas unas bolas de cobre pesadas, tira- 
ba/ilas; llaman á c^tas avllos, v hov lo usan en sus cazas v mon- 
tcrías. . fN(l. í^co'^r. de Itid. publ. por D. M. Jim. de la Esp.: 
(ydlaí^uasj 

Huyéndolos animales, de una parle á otra, de la multitud 
di- los indios, los cuales les van tirando á todas partes con lle- 
rhas y hondas, y con una arma arrojadiza que llaman avilo, 
(juc tiene dos bolas del tamaño de un durazno, colgadas de 
una cuerda emparejo, y asidas de otra; y arrojados estos ayllos, 
hi«-ren y enlazan á lo cjue tiran..- (Gonzalo Argote de Molina, 
I)i.sr. sobre el Lib. de moiit. del rey D, Alonso.) 

AINDIADO, da, adj. — Que tini á indi(^ ó que tiene el color 
y facciones propias de los indios. 

También en Cuba, según Salva, no obstante que define: De 
í olor de indio, es decir, entre rojo y cobrizo. 

ají, m — Pimiento, sea «'> no picante; y asi, 'para distinguir 
el uno del otro, les dan respectivamente la denominación de 
ají piean/r, ají dulce. — P2n especial, pimiento picante. De ahí 
(jue en sentido figurado digan del que tiene muy mal genio, 
<|ue es más bravo <juc un ají. — Planta que da el ají. 

Hay en Corrientes, elisiones, el Paraguay, etc., un ajípeque- 
ñito, de color encamado muy subido, picante ccm extremo: que- 
ma (]ue es una temeridad , según se expresa la gente campeshia. 
Llámanle cunibarí, voz tomada del guaraní (eíimbarí); y, en sent. 
lig., vuís lúi'o tjue ají eumbarí, significa más i'ivo que una cendra. 
Ají, ques pimienta de las Indias, de muchos géneros.- — 
(I^el. ji^co:^. tic Ind, jVtra. S/a. de la Paz.) 

Algún género hay de a.\i c^uc se puede comer crudo, e n<i 
ijuema. ((.)viedo.) 

IMi tn.)nga y mi nata 
Rifieron por mí: 
jZambomba! ¡Qué genios 

¡Caramba! 
Do (iji cumbarí! 

(D. F. Acuna de Figucroa.) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 79 

También en España se lia fonnadn una metáfora kléntiea, 
empleando, en vez del nombre de aji. el de pimiento: 

¡Vaya, que la muehaeha 
Fs rvV'í? romo ttn pimiento! 

{ D. Ram«'>n de la Cruz, Pnjiftir In 
burla á hiivíi f) recio.) 
Los españoles llaman al j)imiento cliile l> aji.\jA primera 
palabra se deriva de fjunit/i-rhi/i, la s(\icunda es una palabra 
haitiana que no se debe confundir ( on (i.xe, cpie, como ya It> 
hemos observado, desij^na el (/insronn alala. (Ilumboldt, tr. 
de Gonz. Arnao, Kiis. [>o!. r.ohrc Xucr. Ks/)j 

<Esta voz (ají), tenitla j^or americana, pare<*e orii^inal del 
persa, si no lo fuere de un itlioma preliist')rieo. del eual pue- 
den haberla t< nnad* > también 1' »> diale<'t» )S amen«'an( »s. -Tiénela 
asimismo el árabe, y aun es ])osible ([U(* de esta leniíua la liayann »s 
tomado, no s«')lo por el sonido {\(^ la voz y por las relaeiones que 
apuntaremos, sino ponjue en los iditunas indíjj^enas dr América 
se encuentran diversas ])al;ibras ([k' orillen afri<'ano; y varios es- 
tudios linirüisticos V las atinnaci<>nes de escritores árabes hacen 
creer que en é|)oca remota i)a<aron tribus afr¡<'anas á la Amé- 
rica mcridi» )nal.> (D. Jul¡< > Calcan» >, . [r/as de la . \e<ul. ¡ 'eiie^olnih^ 
(^orrcsp. de h Esp.) 

Ya\ (ZiÁ\\\c'\x<^ nji (irntjift'/in dil /Vri'i, de Itis A///i//t/s, de A'//«;v/ 
Granada, de Quilo, i^uni^uno de (.'idm. 

"•Especie kV* pimiento aiuí'ricano. encarnado, pc<[ueño y 
picante. — Salsa u>;i<la m Améri<a. «uyo principal iniírcduml»- 
es el pimiento. ^ (La Aeadj 

ALAMBRAIX ), m.- Crní» «'» < «instrucciíui dcalamlircalian- 
zado en postes, «xcn('ralm«'Utc ilc ñandubay, k\\\v es madera 
incorruptible, antes se pelrilua (Ubajo (!<• tiifrni. 

ALAMBRAR, a.--('ercar de alambre, afianzado en poste-;. 
un campo /> terreno. 

ALBARIX )X, m. - Lom.i ('» trozo de tierra qu«- s«>l)resale en 

las costas muy explayadas ó entre latrun.is, oteros y charci»s. 

AlhardiU dic(.' C.'«»varrubias, notoriamente e> arábii^o y en su 

«ifcnuina terminaei<'»n. li. rd.-.i'nt/i. del verl)o herd.-r, que val-- 

cubrir las espaldas /» el loni'», <<»nel artí'ulo a'-hrl • i'um, y e'i 



80 DANIEL GRANADA. 



rorruprióii al-hania.^ Kn la cd. del Tesoro que poseemos, ano 
\U\ í, hay, entre otras, una nota marginal manuscrita de pluma 
rnuy eruditíi, < omo versada en las lenguas vivas y muertas, 
ínrluso las oriírntales, que derlara el texto de este mrxlo: Da 
l;i vírrdadera etimología Covarrubias; y aun indica la familia á 
íjue perteiierc, (|ue es la d(í luirdas. Bard \\<;\\c áii par/ir, sepa- 
rar una cosa de otra. Bardas son lo que separa un jardín, huerta 
ó Tierral, de las tiernis inmediatas. Álbarda es la (jue parte, la 
que media entnr el lomo del animal y la carga. Pertenece pues 
¿ la familia parh'r. Ks el francés Itarde. Es el árabe . . . etc. El 
pro|)¡o origen (pie á alharda atribuye Covarrubias á albarrada. 
l)c una ú otra voz juiede derivarse el aumentativo albardón: <'> 
llanamcnlc de ////'rz/v//'/, <'> corrompido de ^/^íz/mr/^;. En cualquie- 
ra (l(r los dos casos, y i)articularmente en el segundo, significa- 
ría, con arreglo á la explicarión del docto acotador an«'>nimo 
dí'l Tesoro, tro/o kV^ tierra í\\m.\ parir, que separa las aguas, que 
inedia entre < iiarcos. Esta inferencia tiene en su abono un 
pasajíí del Re'^Iametilo general de las medidas de las atritas publi- 
do en Méjico el ano de ijí)! por D. Domingo Lasso de la 
Vega (V. apénd. á Escriche), cjue dice asi: Álveo del río se 
inl(Tprela en una lev |)or lo mismo (pie camino del rio, por 
donde corre; y las paredes en (pie insiste, si son artificiales, de 
terraplén n cés|>edcs, se llaman con grande propiedad albarra- 
dones \ Corrompido v\ vocablo en albardón, á la par que modi- 
ficada algún tanto su significaci<'>n |)rimitiva, pudo hab(T 
;ic abado por expresar lo (pie expresa en el Río de la Plata. 

Voz de uso antiguo y constante. En rl acta de señalamiento 
kW término y jurisdicción de la ciudad de Montevide») por el 
vapitán don IVdro Millán, se lee: hasta las cabezadas de los 
ríos San José y Santa Lucía, i\\\v van á rematar en un albardón 
qwe sirve de camino á los faeneros de (n)rambres.> El ing. D. Jo- 
.^é M. Cabrer, (omis. do lim. de losdom. de Esp. y Port., dice en 
el /h'ario ile la exi)e(l. de (pie fonnaba parte: permite (la costil) 
paso franr»> por medio de wix'io'^ alba rdones que tiene á trecho.s, 
t lUre los euales se encuentran algunas lagunillas. > cYace la lagu- 
Tia Merin al oc( idente de la del Pastoreo /> Tcyxeira, á muy 
«»'rta distancia: y (Mitendemos ]x^r alban/ón úc Silveira a(piel 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 81 

istmo «i faja de tierra que las scpara..> (El mismo). -Esta cañada 
<lc lagunas (algunas de las cuales tienen peces) se llena en 
tiempo de muchas aguas de tal modo (jue corta el paso de 
la pampa c^n su parte meridional, <'> á lo menos las aguas co- 
municadas no lo dejan sino vadeándolas por lo más* alto de los 
alhardotics, ijtic son orillas (fe las laisiftias en las stras. (Carla sobre 
B. A. en el Viaj univ. por D. P. E.) La laguna de San Lucas 
que tencm(»s á la vista, está separada de esta de l»>s Paragua- 
yos p<.»r un alhanlófi.> etc. (D. Pablo Zizur, pil. de la R. Ann., 
Kv/t. ti Salinas.) Esta p(»rción está separada del resto de la 
laguna p^r un alhanlo/iri/o, que á lo sunn» tendrá sesenta varas 
*le anclv». (El misnií».) Ij^s al/u/nloms y las ciénagas de las 
<'ostas o(HÍd(Mitalcs (del L'ruguay). (El (Jen. de Ing. Don José 
^í.' Reyes. /Msr. -m;;-^. f/c la R. O. dd C) Dicen que dentro 
<Je él (de un estén i) hay una gran laguna lini|>ia, y es creíble, 
<'oino que no faltarán tampoco i.sletas /» alhanloncs que no se 
anegarán.- (Azara, /7í//. ///<//. j)ubl. p<»r Mit. y (iul.") Lle\and»» 
\\ linca p«»rel referido alfumló/i «'» < re>la, cjuí; dividcí aguas, por 
una parte al Uruguay, y por otra al Vacuí y ríoíirantle. - (Don 

Vic. Aguilar y D. Francisco Requena, Jkni, tic lint rn la .\má\) 
Un departamentii de la proviinia arLícnlina d«' San Juan 

lleva el n«)mbrcde allmnlón. 

ALHARDON - DepartamenlM de l:i i)roviii(ia ari;euiin¡i de 

San Juan —V. Si¡i; Martín. 

ALECRÍN, m.--.Vrb<)l de Mi*-i'»ne»^, Par;iL;u;iy, ( 'lia<«>, e<t., 

< uva madera i-s semejante á la caoba, pero n:ás fu<;le y 

pesada y de <«'l«ir aun más hermoso, 

Si'gún C"lmeiro, e> voz i)«)rt ligúela pr. Hedciile de! árabe* 

{nlarini en porl.y. Meneioiía el ahrrin tnam ,¡fl /íntsU íhijHri- 

diucas) V el do rani/m crrrhcnárt •!:<!. 

ALFAJOR, m. - (i'»l«».siiia que eonsisle cu dos |)¡ezas de 

masa circulares, adheridas la una á la <»tr.i ])'»r nn-d¡o s\v. un 

ílulct? cualquiera. 

Antiguanunti', hasta haee pín<.s afii», ha< iaii las n( i;ras 

los alfaji>res, tjue <<»M>ÍNtían en (l«'s jv^c/as < in alares d(í 

in;isa hojaUIrada, kV- tres á t uatm puliratlas de diáme- 

lr«», juMt;is la una á la 'Im « "ü dniee d" leehe. Ib-y lleva 



8V* DANin. ORANADA. 

rl nnníhrr (le alf;ij«>: (luihjuitr i^olnsina do ii;ii;il f»»rma. sea 
t inl hw\c !.: i*:ili(l;ul lU' la masa y ih*I dulce que se empleen en 
rila. 

Irn \'eíh lula llaman alfajor á una Pasta heeha de harina 
d\- \ ura. pa|u!i'»n. pina \/'/\*r:t7/tr (i::(7;nís) y iíeni;ihre. Se le da 
l»»tma de p,iíaIv*l«\nramo. d). Juli»» CaUaño, A*,h/.Vt'ricz.) 

V\\ l'Vp.tna se llama iniÜMintamonte alfaj«»r «'• ahjíf á 
la I\i>ia \K almenvlra^. nueoos }. á vere^, ile pin. «nes. pan 
l\'vt.,do \ :a:\d<> v esporia tina, < . -n miel muy subida de 
punii\ ,1 .: \vavl.^ F.n ile advertir ».;i:e en A Rí- 1 de la Plata 
ni NÍv|uiv'!.: vr v^M^v^ ia p.-ial-r;- .•.'•/... 

M.ii \l\KoHíl,Kt\ ni. Kn !;> pr•'^;nci.> i.rírcritinas arri- 
iH'Ma^. lu:: ' v!v ! al;^arriM •'. Kn ironer.;! t-d • fr^t • semejante 
o l.i vv'm:?i.. iM \aina del ».Uarr"'>\ y vi ¿'iri*-"! cue !•• pr-Kiuce. 

\l M \k i\\ Tr.. ^.\i>a vÍMuie >e ve'\dtn p« r men-r e -mt:^- 

líMos X iv" .:,> V. rri.rFRÍA- 

AUM\. V Cllli. IIA 

\¡ r\M \rv\ !n. A:' ;:^: • vi.* ;: r.rr.il:.. d. !..n m!rí;V.ei> 

\U' ' v"a . • •'iKitiv a \ ::u\::i:*i;;!, \. ■.;:.■' >■: : ni.: ^n Iui::ir 
lie !%^ 'V*: ' , .:x^''!o vle; e..".yvv 

^ %* » «,.v. «• ... . v.» ... ....... - » -. - • ., \. 41 

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VOCABULARIO RIOPLATENSE. 83 

cuando dijo, refiriéndose á los cucuyos^ c(jmo las nombran en 
otras partes de América: A mi me faltó (la luz) en una noche os- 
cura, y acabe' de rezar con la (jiic ellos me comunicaron. 

ALZADO, ^/c/, adj. — Se dice del animal «jganadí) que, vivien- 
do ordinariamente bajo la dependencia del hombre, se ha sus- 
traído a su dominio y anda libre como el cimarrón ó salvaje. 
Por lo regular se oculta entre el monte, de donde sale sola- 
mente á comer y beber. 

Los Có(lí)ros Rurales del Rio de la Plata dicen: ¡ganado, ha- 
cienda alzada: la 'jue no obedece á rodeo ^ definición tan breve 
t^omo inequívoca. 

AMADRINAR, a. y reíl. — Acíjstumbrar á un caballo á an- 
dar en tropilla, siguiendo la yegua madrina. 

Se amadrinan mejor á la yegua, si ésta tiene potrillo.; (Azara.) 

Lo mismo en el Perii. (Palma.) 

AMANZANAMIENTO, m. — Acción y efecto de amanzanar. 

AMANZANAR, a. — Dividir un terreno en manzanas, deli- 
neándolas c<mforme á las leyes y reglamentos que rigen en la 
materia. V. CUADRA. 

AMARILLO, m.— Árb(»l. V. TATARE. 



ANANA, m. — Planta, y su fruto. En el Río de la Plata, y lo 
mismo en el Brasil, ananá es una dicción aguda del género 
masculino. Según la Acad., es voz llana del género femenino, 
y procede de la peruana nanas. 

Del guar. anana: nana y la plantíi, anana, su fruto. 

En Colmeiro ananás (bromeliáceas). 

ANCASTE. — Departamento de la provincia argentina de 
Catamarca. — Capital del mismo departiimento. 

ANCHETA, f. — Acci(')n <'> dicho simple, desairada», de nin- 
guna oportunidad ó imp(;rtancia. U. en expresiimes como las 
siguientes: ¡Qné ancheta! vaya una ancheta! gran ancheta! ridi- 
culizando á quien se ufana de haber ejecutado ó propuesto ima 
cosa á que atribuye méritc.» ó important ia y tjue en realidad de 
verdad no vale la pena. 

Para nosotros (los j)eruanos) ancheta es simplemente .4,'v/;/^v/,> 
dice Paz-Soldán, esto es, todo K) contrario de lo que en el 
Río de la Plata. 



84 DANIEL GRANADA. 



El sentido que más conmúmcute dan á esta voz en Vene- 
zuela es broma, vial negocio, según D. Baldomero Rivodú. 

ANDALGALA. — Departamento de la provincia argentina 
de Catamarca. — Capital del mismo departamento. 

ANDINO, na, adj. — Perteneciente á los Andes. 

ANEJOS — Departamento de la pn)vincia argentina de (^'»r- 
doba. Su capital Altogracia. 

ANCA DO. — Departamento de la provincia argentina de 
San Juan. Su capital Salvador. 

. ANCUA Y, m. — Árbol grande, frondt)So, aromático, de lioja> 
alternas, cuya cara va mirando siempre al sol, ya de madera 
negra, ya de madera blanca incorruptible. Empleaban ésta los 
jesuítas, por la magnitud de las vigas que de ellas ])ueder. 
formarse, en la fábrica de las grandes iglesias. Am el fruto com< ► 
la corteza y tnmco dan un bálsamo aromáti<N) dicaz cu la 
cura de heridas, fístulas, caries, cic. 

Del guar. angiíai. 

ANTA. — Departamento de la provincia argentina de Salta. 
— Capital del mismo departamento. 

APADRINAR, a. — Acompañar un jinete, en caballo manso, 
á otro que monta un potro ó redomón^ educando á éste con el 
buen gobierno y oportunos movimientos del suyo. 

APARTE, m. — Operación que consiste en separar de entro 
el ganado que pasta en un campo l(.)s animales que resulten 
pertenecer al que pide rode( >. 

Voz de uso común, autorizada por los Códigos Rurales del 
Río de la Plata. 

APEALAR, a. — Enlazar de las manos un animal para derri- 
barlo. 

Forme >se este verbo de apea: <.soga como de una vara de 
largo, con un palo de figura de muletilla á una punta y un ojal 
en la otra, que sirve para trabar y maniatar las caballerías. 
(La Acad.) Pero el instrumento de trabajo con que se apeala, 
que es un lazo, así como el objeto y modo de la operación á 
que se aplica, ninguna semejanza tienen con la apea. 

cCuando se quiere matar para comer, enlaza un hombre á 
caballc » la res por las astas ó cuello, y otro la apeala, que es. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 85 



enlazarla pm- el pie, y tirando <'pue^tanu-ntf, la sujetan y 
(iegüellan.) (Azara.) Se a[>cala para matar una r«.>, rnsilhir un 
j)nln> ó (^uaKjuiera otra opera('i«'»n (juc lo re([u¡Lra. 

De a¡)Cii!ar Ks-^ corruiHiíai /ví//(7/-, usatlo CDniúnnuntL*. 

APEREA, m. — C'ua(lrú[)ctlo del ortlcn tic h-s ro(.'d( -if.-. ck- 
un pie pr-'»>:inianu'nle de l<»n^^^ilud, sin (»»]:!. de <'<'ndi(io!v.-s al;^-» 
semejantes á las del cmikJo, ])Lro eon bota lU* rala y ^\'^^ su 
niism»» eolor el i ui-rp<». 

Del jíuar. d/urcd. 

V á la boea del río (de la Plata) están los jarrón^, que es 
una jícnte tjue se s«i>tirne de m(»ntería de venados é de av( >- 
truces é de otros animales lianuulos í/A//vv//.v, 1i»s lluale^ (.ii la 
Nueva España y en las otras partas de E-^jíana llaman riims. 
(íjonz. Eernz. de <)vi«'d«», /[!.<■. i^m. v ¡ui!. tic hs /./>/. i.ul>l. j'-m- 
la Atatl. de la Ilist.) L<»s (oric; á que alude ( )vied » >'>n imluíla- 
Memente los e.)neji!!os ¡Iamad'»r> ' ///. v (|u«- difieren n-»l;. :>!•'- 
mente de los a/fi'n-i, s del Rí > d.^ la Plata. 

APERíJ, m. --Reí ado de moutar propi- 1 lU- un !ion\Iire ile 
campo, nu'is lujo>o (|Ue e! e. >nu'm, parli'ularmente si e.^t:'; (ha- 
|)ead« ». 

APIO CIMARR(')X. -ApioMlve^tre, de i)P»piedadi-> medi- 
rinales. 

Rn (iihert liilosriiiiUma ¡\i¡iu:¡'n!ijn!ii(}ti /) (\ \íín¡/u:i::.\ <■ 

ARAíiUlRA, m.- -Pajarilli» de lomo rojizo y pie li-» y e"p( ti- 
lle liermo.^ísimo rojo subido. 

Del L¡:uar. í//v/, el día, la lu/, y c,///;-./, [)ájar », ( u r;iZ''':i drl 
brillante <'olor rojo (jue lo sin^^ulariza. 

Estos eolores son del aiiiL^nini. ( Azarci.) 

ARATICU, m. — Árbol, especie de »liirimoyi». di- fruta 
amarilla ifam. de las tuinmirnio. 

Del q:uar. um/ii tí. 

En C'olmeiro am/iru t/o niii/o v nnUinon il) tiLv^'iili.^'i'i »'» li t 
rin cti el Ihaítil [ii/iojiiírtiis). 

ARAUCD. — De])aríamento de la provifua.i argentina <!■• li 
Rii»ja. — Capital del mismo departamcMito. 

ARAZÁ, m.- -Arbt'l de la familia de la^ m¡rtá( ea**.- ■ Su 



86 hÁXlEl, GRANADA. 



írdVf, — Vhxuti U.riosíi ríi>írí.Ta «i»:- ía fitmilia li-- i.-> mináiCús. — 
.Su írul'f- 

la plant!. 

FJ frut> c:-» * oinílilc. 

Kn C'iliii'.'ín » (irarn fUl Iirn.il r //. /^mni m t: lir-.uii \ mii.'.íaas). 

ARCAÍJL'CO. in. Ama: Lucrar fra.iii.-5" / lleii'» de maleza. > 

(La Aí-aíl.» Entcndein'^s que íi'-i>c rezi:>trar^e esta voz ojmo 

ariliíuada. L'.v'»-ie, no s'^lo en A:n¿-rira, <iv\*t tamlncMi pi'rl':>s 

litrral-i-» e-.|iari'»les. 

Hsparrridi^s imagina 
Vnr e! frag«w> nrcahiico... 
rKbúmeos, diré, ó divinos...? 
Divinos, digo, y ebúrneos 

Los bellos miembros de Ti.^ibe. 

(Góngora.) 
ARCAÍSMOS DK PRONOMBRE Y VERBO— Indira- 
renios algunos. Cuando se desrubri«'> y conquistó la América 
/// era el tratamiento familiar ó doméstico, y el de vos se apu- 
raba á los inferiores (vasallos, criados, etc). Hoy el trata- 
miento de ros i\\ el Rio de la Plata es tan usado familiarmente 
< omo el de ///', y el vulgo jamás dice ///, que le choca, sino ros, 
cuando habla í on stis iguales. Por el mi.smo tiempo acostum- 
bralian omitir la ^/ ñnal de la segunda persona del número 
l)lural del mo(l«> imperativo y la / penúltima de la tcrmina- 
ci<;n del pretérito perfecto de indicativo, y es presumible que, 
si no escribiendo, en la (N)nversación al menos, omitiesen 
también la / jK^núltima de la terminaci«)n de igual persona y 
número del presente de indi( ativo y subjuntivo. Fácilmente 
j)odnanios llenar algunas i)ág¡nas con ejemplos de escritores 
antiguos que al presente sirven de modelo de buena dicción 
castellana, i)ara demostrar la frecuente supresión que hacían 
de las letras d é / en el imperativo y pretérito perfecto de indi- 
í'ativo (¡ue hemos dicho; pero carecería de objeto útil, porque 
esto lo saben j)erfectamentc todos aquellos que no menos- 
]>recian la literatura Ciustellana, y los que la menixsprecian no 
merecen cjue lo sepan. Lo único que haremos es recordar, por 



VOCAHULARIO RICI»LATENSE. 87 

no sor á l«)s más iidlorio, (juc el primer .'ulelítiit.'ul*» del Kln ilc 
la ríala I). IVdn» de ^NFendoza, al rei^rcsítr doliciilr de euerp'» 
y de alma á Plspaua (i.S.v)» ^l*'j''> ^^^^ p;ipel eserito jxira su 
lugarteniente Juan de Ayolas en el ( nal, c-ntre otras e« »sas. le 
haría la:< sij^uiíMites recomendaciones: Por e.so w/nr: ])ues <»s 
dejo por hijo y eon cargo tan hoinado. — Al (\ipitán Fnmeiseo 
Ruiz /ní//7 hien.— Si os sirvieren hien, haciMllcs honra, y si no, 
no n/rr's dellos. — V en todas las (osas ]r /^o;// delante (refirién- 
dose á Dios). f/)or. ¡Ui'J. etc. (ir IjkL, /." lo. i Tal mant.-ra de 
expresarse es la cju.' en el Río de la FMata usa invarial)lement<- 
liov día el vuIlto v. si noinvariahlementc, con harta freeueneia, 
la gente e(lu<ada: nadie es< rupuliza en semejante irregula- 
ridad, que al eaho hahlan e<»mo hahlamn y escribieron Fray 
Luis de Le<')n y Santa Teresa (U* Jesús, sublimes artisla.s, sobe- 
ranos de la lengua v del ingcino. 

Pero es el <*aso tjue la gente eulta (no la vulgar, y nuieho 
menos la eami)e>¡na, (pie no deja lumea el rv-.v) suele hacer un 
maridaje ilegítimo, (pie jamás consintieron l»ts antiguos, del 
pn.mombre ///' (i»n (1 número jilnral de la segunda persí»na de 
los nnulos y tiemj)o> susinlichos. J////r/ /// primero*. li<":>i líi: 
dcrísch) tú; lú\\\ h-iltlitsUs, v n» » se lo í'/z/'/vA-.í; -iid te tui^nliis? 
como lo .w/yó.-' Este término medio enire el uso antiguo y el 
moderno, entre la rustiípie/ y la i ullura del lenguaj( a< tual, 
bien se e«>níprendi.' (jue es un s.»le( ism«» de tomo v loin<», pero 
solecismo en el cual in( urre la generalidad de las j)er>'»na.s «pie 
han nacido «'» vivido largí» liein|io m 1"S [ial-;es de([iie s-- trata; 
sólo (jue unos lo hacen Vi»hmíariamente, i)or gusto ^^ in c. lu^i- 
deraei«'>n á las cir<im<tanci;!s ú <». asi<''n en (pie hablan, \ otros 
sin darsi* cuenta de ello ('> pf»r <au<i de su ignorancia.. 

Un i'studio eiuditi» del lenviuije vulgar y familiar del Río de 
la IMata y de la Annrica e^pafiola en general ])ri»]W)i( iguaria 
m» (ortos y no ]")í)Co elieaces re( rasos al de la lengua c:'.>tellana. 

AROEXTIXí >, //'/. adj. -Natural de alguna di' las pi.tvincias 
ú territorios (pie integran la ('- «nr.'drrai i''»n Armntiiia. I', t. < . s. 
Perteneciente á uiías ú otn».-,. 

ARMADA, r, -F«»rma en ([ue se dispon.- ^1 .'^.v p-»! I.. ¡).iite 



DANIEL ORAkAI'A. 



alio, que se !' 
1 izquierda. 



.'¡oienta tle. gaiíadi) 



lili la Uiipa, al tiempo de lanzarlo. ] 
rcsln del ¡nzo, sostiénese con la in 

ARMADILLO, m.~r.,/,¡. 

ARO, m. — Arete, pendiente. 

ARREADA, f— Exlracciún fu: 
ajeno. V. ARREAR. 

ARREADOR, m. — Especie de litigo, que usan los troperos, 
carretilleros, etc. Su cabo es un i>alo consistente, de media vaní 
á tres cuartas de largo, en cuya punta tiene un agujero que 
corresponde con dos laterales, ¡lor tos cuales pasa uiui ^unsat 
que queda en forma de ojal. A éste va asid» una argollii, y il 
la argolla una trenza de tiritas de cuero (/iatlos), de una vaw y 
media de largo. La trciizii termina en una tir;i de ima cuarta o 
más (le largo, á la rual dan el nombre de solera (V. AZOTERA). 

ARREAR, a. — Alzar i'i<jienta ó furtivamente ganado ajeno. 

Hubo un tiempo en que las campañas de las regiones del 
Plata estaban pobladas de ganado cimarrón, siendo tanta su 
abimdancia que, no ya el gobierno superior y cabildos, sino los 
simples particulares, ff/JTrtií7« el que habían menester para sa- 
car recursos de su corambre ¿ para cualquier otro ¡iprovedia- 
miento. Refiere Fray Pedro Josc de Parras {Diar.y lierrel. áe 
stis vtaj. publ. por don Manuel R. Trelles en la Rtj\ de ¡a B¡hl. 
P. de Buenos Aire¿) que el número de vacas, caballos y yeguas 
que había allí por todas partes llegó á ser tan considerable, que 
era necesario espantar las manadas de los caminos para poder 
transitar por ellos; que cada uno matábalo que quería; y que, 
ruando á principiíis del siglo en que escribía (i 700) empezaron 
a cargar cueros para España aprovecliandij el regreso de los 
□avíos que se permitió navegasen al puerto de Buenos Aires, 
\-.il!a un toro dos redes, el caballo un real y la yegua medio. 
Pcri) á mediados del mismo siglo ya valía un buey de trabajo 
cuatro pesos, un toro ó novillo tres, una vaca veinte reales, una 
ternera di>cc, una yegua tres, y cada caballo dos pesos. En- 
1 irii L-. oirear toros y vacas con CSC objeto hada los pueblos, cha- 
1 iTi'.yritandas de los vecinos, era mirado como ima cosa lícita: 
^sobrc bienes mostrcncosó de propios, ó, hablando 
ItBSactilud, sobre bienes de ningimo. Verdades 



VOCADULARIO BIOPLATENSE. 89 

t}uc» avista del desorden que liubo en ello y de los abusos que 
trajo consigo el desorden, se estancó la granjeria, fijándose re- 
glas para el uso quede ella podían hacer los vecinos en época 
determinada del an( »; \)Qn > aun así, cuando algunc), quebrantando 
las di>posiciones gubernativas, sacaba una punta de los campos 
ilesiertos, se hallaba en ca.so muy distinto que el cuatrero, cuyo 
delito castigan severamente las leyes. De ahí que el gobernad<»r 
tle las provincias del Río de la Plata D. Pedro Estel)an Dávila, 
:por el gran daño y c(»nsumo que había en el <'z;7vv7;- del ganado 
vacuno, prohibiese matar vacas ni tenienis, <pena que la per- 
sona que lo hiciere pierda la carne que se le hallare y el 
cuero de las tales reses, - ^y más diez pesos C(.)rrientes. (Auto 
en la J\t7\ ihl Arch. Gen. ilc Buenos Aires por D. M. R. Trelles.) 
A este tennr se dictaron por los gobernadores y cabildos diver- 
sas disposiciones y órdenes, mientras el ganado cimarrón 
anduvo en manadas por las i)ampas y cuchillas. Una vezextin- 
giiidí». no pudo ya, propia y legítimamente, arrear ganado 
.sin») su ikíeno particular; pero la costumbre jírevaleci»') sobre 
la gramática y las leyes: ([uien hurtaba animales, no hacía, 
en su concL'ptií, más ([ue arrearlos,\i\\xi\ que se trasladasen al 
punto que le c<»nvenla, ctjn el sano prop('»sito de .cacarles el 
cuen» ó de venderlos en el Brasil. Los guaraníes de las Z^lisio- 
nes, después de la expulsi«'»n de los jesuítas, em])ezaron á des- 
parramarse ]ior Corrientes. Kntre Ríos y Banda Oriental. Xo 
í»mitcn, decía Azara íDeseri/'. e' ¡lisí. </eI Para^. et(\V el robo 
ratero, ponjue casi lo creen habilidad, ni á est»> llaman hurtar, 
sino tomar, v, si son iranados, ^//vvv;;-. IIov es, v todavía (ou- 
s(rva esta expresií'>n el indicado sentido hi.st«'»r¡co. 

Fué nr( c'sari(», de rcsuH.-.s. inventar una ])alabra (jue su- 
pliese por /////^ <» ro/n). y se vino á los labios la palabra arrea- 
íia, ([ue á la vez evitaba la m<>lestia de tener (jue usar un cir- 
cunl<X[UÍ« ►: e.xfraeeión fnrlira ó 7'io/tn/a t/e i^anat/o ajeno. X< > tier.e, 
pues, motivo fundado de (jueja la severa lengua ca>tella- 
na; que si se ha desíigurado el sentido do un».) de sus verbos^ 
también por vía de (^^m]H'n^a(i^'•n ha acrecid»» su caudal con 
un nuevo n(»mbre sustantivo graciosamente hist«'»r¡co. 

ARRIBA i/aorineias i/A. — Provincias argentinas que están 



00 DANIEL íí RANADA. 



junto ó j>r''VÍiiia-> á Ims Andes, o sea entre las de la ro^ta del 
í'lata y Paraná y la Cordillera. — De<:íasc en e>pe< ial [troTinrias 
tlf nrn'/f'i á l;:s (\\\r e^t;^n situadas al n«>rte de Buenos Aires 
junto /» j>n'»xinií:N á los Andes y en direr(i«m al Perú, esto es, 
ron <•>:< Iusi<'»n de las í^nti^i^uas de ^V/iy/. en raz('»n de haberse 
hallaílo éstas sujetas á la j^oljcmaeiún de Chile hasta <)ue so rre«'> 
rl virreinato (h-1 Río de la Plata. 

S<* di< (• j)rovineias dt! arriba , i)orc[ue V) están, en efecto, con 
nla( ion á las riberena.s. 

Hay en todo este distrito, fuera de esta (iudad deArcquijxi, 
< uatro pueblos de esj)anoles, uno con nombre de ciudad, que 
es la de San Marcos de Arica, puerto de mar y escala de todas 
las ])rovin( ias (jue en común estilo .se llaman de arrilm, porque 
señalan lo más alto deste Perú. {Reí. del obi.spo de Arequipa, 
i04<;; Reí. }^r()*^r. de Ind. publ. por D. M.Jim, de la Esj>., Ap. 
J." del t. 2."). 

ARKIBFIXO, /7^, adj. — Natural de las provincias de arriba. 
U. t. <•. s. — Perteneciente á ellas ó á la región que abrazan. 

Aun sin residir en las costas del Plata y Paraná puede 
usarse sin im])ropiedad del adjetivo arribefio, como lo hacemos 
frccumitemente en este Vocahitlario, para indicar las provincias 
que están junto «'> pr<')ximas á la cordillera de los Andes; pues 
se sobrentiende la referencia que aquella jxilabra envuelve y el 
conocimiento geográfico de las regiones deque se trata. 

Arribeño, ña. — (De aniba.) adj. Méj. Aplícase por los 
habitantes de las costas al ()ue procede de las tierras altas. U. t. 
<•. s./> (Líi Acad.) Vagamente Salva: <FJ que procede de las 
])rovincias interiores del Río de la Plata. > 

ARROCINAR, a. — Amansar enteramente un cal>allo. Se 
doma un /wíro; se arroeina un redomón. U. t. c. reíi. 

ARROPK, m. — En las provine ias argentinas arribeñas, cierto 
dulce que hacen de la tuna, algarr(.)billo y otras frutas y semi- 
llas. 

Lo pR>i)io en el Perú, según D. Ricardo Palma. 
ARROYO, m. — Caudal de agua que, naciendo en una emi- 
nencia y formando cauce, corre á desaguar en un río, laguna ú 
otro receptáculo, y sólo puede ser navegable, ordinariamente, 



VOCABULARIO RIOI»LATENSE. 01 

por cmbarciicioncs men» >r(;s, a »m« > lanc luis, Ix )tcs, canoas, etc. — 
Rio poco caudalnsn, de corla cxtciisi/)!!, auiH[iic ordinariamente 
navegable por buques de recular calado. 

Detimos nacinulo en una cinincnria^ jíorquí^ lo regular es que 
asi suceda: si bien hay (^lud.iKs de ai^ua que nacen de lagunas, 
como de la fiunosa Ihcrá y sus iimiediaciones los ríos SanUí 
Lucia, Corrientes, Bateles y Mirinay. Pero aun en este caso, 
las cabeceras de ellos se bailan en luixar eminente con relación 
al curso que siguen sus aguas. 

La nomenclatura freoí¡:ráíic:i de las rei^iones del Plata v sus 
afluentes no concuerda, en algunos casos, por circunstancias 
especiales, con la general de íuir(»]xi: y uno de ellos se verifica 
en la palabra ^^/vímv^ que d. liii'- la Arad: caudal corto de a^ua, 
que corre caai sicmjnr: /xiraj'r /^-r donde corre. La raz<'>n es obvia. 
En América, Como dice Azar:!, las sierras, los valles, llanuras, 
nos, cataratas y todo, son t;m gr:¡iules. que en su ])arangí')n las 
mismas cosíis en lüiropa drlx^n reinilarse miniaturas y muñe- 
cos. De ahí resulti') (jue, segán el «onrepto en ipie era teñid»» 
en América el caudal de :igua del Piratiní, se le designase en 
en el tratado de 1777 c-'nn» ri (irntyn (|ue debía servir de límite 
á la pcrtenenria ])«»rlugue>«a. Corrientes de agua mayores rmn 
que el Piratiní, cjue en Kur«>na serían consideradas <-omo ri<\s 
caudal» »sos, suelen ser min:d;'> tii América lomo arro\ <»s. Sin 
embargo, aunque el arroyo ijne » nfnj in el desa^j^uadrro de la laij^una 
Merin, á ([uc se referlii el tr:ila<lo, no potlla ser otro que el 
Piratiní, el comisario ]")ortui:uéN ii»iin'M»(^asi/ni de ser, en Europa, 
un verdadero ;/'>. para negarse á reconocerlo <(»mo el límite 
indicado por las jxirtes C(»ntnií:'.nt«'s. Caso es ést(^ nt»table, cpie 
traemos á la memoria para c»n'»l«>rar lo cjutí dejamos insinuado 
con respecto á la varie(l;i<l de signiliíado qui* algunas térmi- 
nos ffcoírniíicos tienen en Kuri>pa. v América. 

En la defmii ion ])roi)ue<ia. lu-ums tratad» > de encerrar las 
circunslanciiís que, en general, (araclerizan á un arr(»yt»: no 
las excepcionales. ;Quién n«> 1m visto arroyas secos} 

«Son l.)ienes nacionales de uso público ^^." Los ríos «'» 

an'oyos nain^ahles ó flotables en lodo ó ¡larte de su curso. Se enten- 
derán por rí«»v n tjrrovos na''r-udd> \ o flotalde^^ aquellos t uva nare- 



92 DANIEL GRANADA. 



^í(arión ó JJofe sea posible ua/urnl ó ;\xi\ñ<:\i\\\riQriÍQ. (Arl. 430 dd 
(mJ. Cív. lie la Rep. Or. dd Umg.) 

Las palabras río y arroyo no tienen signilicación cliferenle 
muclias veces, y menos en aquellas partes (en la América 
meridional), donde se dan indiferenícmenic á los fjne en Enropa 
llamaríamos ríos eandalosos.> (Azara, Mem. sobre el traf. de. lím. 
de lyyy,) 

■El considerable caudal de aguas de este arroyo (de San Luis) 
ha hecho que muchos le llamen río, y por tal pasaría en Enropa, 
donde no los hay de tanta c(msideración como en América.: 
(D. /ose' Jf.^ Cabrer, Diar. de la 2.^ snb. de lím. esp. entte los dom. 
de Esf), V Po}f. en la Ame', mer.) 

ARTI(}AS. — Departamento de la Repiiblií a < >rienlal del 
l'ruiíuav, fronterizo al Bra>il. 

ARUERA, f. — Atinaraíbá, molle. (V.) 

Del pt>rt. aroeíra: tomada del Brasil. 

ASADO DEL CAMPO.— Famoso asadn del R'i-dc la Plata, 
que l«>s ht»mbres del campo hacen al aire libre. Encartan en 
un asador de hierro, del largi>dc una espada, ó, n»» teniéndolo, 
en un pal»^ cualquiera descortezado y con pmita, un c«:)stillar 
de vaca <'» de ra'jtiíllona. Con ramas del monte hacen una r>- 
Líata al aire libre, buscando la sombra de un árbol. Cuand<^ está 
bien prendida la hoguera, peni sin esperar á cjue se convierta 
eii brasas, clavan en tierra el asado un poco inclinado hacia el 
fucír»), cuidando de darlo vuelta una v otra vez seirún se va 
asando la carne de cada uno de .sus lados, y de tenerlo siem- 
pre iibarlo'ren/o (digámoslo así), á ftn de que las llamas no lo 
i|uemen. Hacen una .^^almuera, y c«>n un maní»j¡tv) de ramas la 
van hechando sobre la canie de tiempo en tiempo. iQ\\c cosa 
más sencilla ? Pen> t;mibién ¿qué cosa más inútil, si [llega á fal- 
tar el ojo y pulso experimentados, la baquía que sólo los hom- 
bres del campo poseen? Brillat Savarín dice que para hacer 
bien un asado os ]>rcciso haber nacido con un don especial, 
que no puede suplir el arte. Si hubiese conocido el asad».i de 
K)S criollos del Plata, sin duda hubiera discernido a éstos la 
})almu de superioridad en la materia, y hubiera puesto aquél 
en la primera página de su libro famoso, proclamando que, 



VOCABULARIO RlOl'LATENSE. 93 

4t>nH> san») y aju tccihlc, no liíiy |)l:it«> en rlíirte (*ulinari«) i\\\c 
}nu\hi (lis])utarlc la preferencia. 

ASADO C(.)X CUERO.— Un l)uen troz.) de pe( Im «'» de 
linea ad«>l)ad(>, inu su eorresjxwidiente euen), el cual ha de 
íiubresalir tres n cuatn» dedns, á íin de (jue, tuando si' iMuoja 
al quemarse, no deje descubierta pnr un lado la carne. Hecha 
l:i fogata deque s(í haMa en el art. As/rt/rn/d mw/fo. exponen á las 
llamas la part(í dnnde está el cuero, hasta que ésto ([uedi^ bien 
'hamuscado. Kntretanto s(^ van formándolas brasas, sobre las 
«nales, á Cí»rta distan<"ia, se colo( a después el trozo del lado de 
la carne, bien t'slinido de antemano cmu unos ]xilit«>s atravr:-ados 
|)or dentro y acomodados los extremos de los mism<'> en 
unos ca>cot( s «'► tr'-ncí».-.. í 'óiuenlo (:!li<.nte y fiambre, siendo 
de una y otra manera tanti>«') m;'is estimado (jue el ant<'!Íor- 
mente des<rito. 

ASIDKRA. f. - ( 't «rre/.n corto, die una < uarta á lo >umo, 
."dian/.atlc) en la arir^Ua de la eincha del (^iballo, v en c uvo 
i'Xtrenio lleva también una ari^olla, m la (jue se asegura el /{7:o 
]i:*r,\ sujetar al animal s iljre (juicn sr arroja, n el niiuuailor eoii 
<|nese (tnir!r<r un viní<HiIo «'> se lira de un (\irret.''n «'> rastra, et<\ 

De lis ir. 

.\Sl'Xri< )X. - Capital de la Rei)iilili(a del ParaL;uay, en los 
-.5" ''•'.>5' ^^*- ''"^- au^t., fund. ano de i.^^v^ ]>or Juan de Ayola^, 
'juicn estable<i'') allí un fuerte, subi'Mulo el río de aquel n<»mbn; 
rn busca de una conumicat it'>n c< «n el I'erú. Domini^^o de I rala, 
¡inos adelante, dioK» forma v líobicrno de ( iudad, \ ¡n!«ndo á 
MT (h'sde entonces d<-íi]n*tivamente <1 centro de la.>. oi>er;;'. i.tues 
<1(* la ("oníjuista. 

ATCSAR, a. Cortar la «rin de cualquier animal. 

AUCA, adj. nííCNtídel indio de una parcialidatl, rama de 
los araucanos, (pie <orria la Pampa en las cercanías de .Men- 
*J"^;'.a. U. t. c. s. - Pertcneu\'nte á di( ha parcialidad. 

Los aucas fraternizan »n ci»n los pami)a^, siu^uieiulo >u m¡>ma 
-•«ucrl»*. 

AUCAX(>, /K!, atlj.- -.{¡(til. 

A V( )LA]'IK, ni.íd. adverb. i .n t¡vu' se denota la circunslan- 
* ia iW. i)crder \m*- el <*ibal!o al iKi^.-.r un vado, teniendo. j)or tan- 



94 DANIEL GRANADA. 



to, que atravesarlo ora andando, ora nadando. Denótase asimis- 
mo la circunstancia de hallarse en tal esüido un rio ó arr(.)yo, que 
obliga al caballo d pasarlo á volapié; y asi se dice: el río <) arro- 
yo está á volapié. 

En la provincia brasileña de Río Grande del Sur bolape 
(Beaurepaire-Rohán), con el propio significado que en el Río 
de la Plata, de donde, sin duda, tomaron el vocablo lof riogran- 
denses. 

«Prosigui('> su camino la partida, y llegando al arroyo Vagua- 
rá, que estaba á volapie'y se cuarte<'> con mucho trabajo. ^ (Ca- 
brer.) 

< Medio andando y medio volando.» (La Acad.) Este es el 
sentido propio ó jírimitivo de la expresión, del cual ofrece una 
representación bien clara el siguiente pasaje del capitán Pedro 
Sarmiento de Gamboa: <A''iéronse una manera de patos, pardos 
y bennejos, sin pluma, que no vuelan, sino á vuela pie eonen, y 
por el agua fio se pueden levantar sino á vuela pie y dando con los 
alones á manera de remo. • (Viaj. al estr. de Mag.) 

AYACÜA, m. — Diablillo diminuto é imperceptible, que algu- 
nas generaciones de inditxs se imaginaban armado de wxqo y 
Hechas y otros elementos de destrucción, y á cuyas heridas 
atribulan la causa de sus dolencias. Creían que los curanderos 
mágicos tenían comunicaci<')n oculta con estos malignos lilipu- 
tienses, y que, merced á esa circunstancia, se daban maña 
para extraer, .sajando y ( hupando la parte afectada, las flechi- 
llas, uñitas, dientccillos y astillitas que el doliente tenía en el 
cuerpo. 

Del guar. aña quij, diablo pequeño. 

AYUIÑANDI, m. — Especie de laurel, que da el incienso. 
Extráese éste, ora del fruto, que es á manera de bellota, ora tle 
la corteza, que, haciendo en ella una incisión, lo destila. Un 
emplastr) de sus h(»jas, flor, fruto ó aceite, sirve de contravene- 
no. El cocimiento de la cascara de las extremidades de las 
raíces, deshace las piedras de la vejiga. 

Del guar. ayuinandíy aceite de laurel. 

AYUINE, m. — Especie de laurel, cuya corteza, haciendo cu 
ella una incisión, hiede á excremento humano. 



voc.vnuiARio u:oi'LAtensií:. 95 



Del puar. nvtnne, laurel hedionda. 

AZOTERA, f., — (íc un láfii^o: parte con tjue se easliua «'» 
<:stimula á la caballería ó al animal que se arrea. O Men trenza 
(le filamentos de eueru, «> cordel «'» ^v/</,vy///A/ qur. añadida al 
látigo, ehieote <'» arreador, forma su punta, (') tira de «uero soba- 
do que forma la del rebenc[ue. — </t' /as r'iciulas: extremo d»- 
ellas, con que se castij^a n ¡^nnsfjficd á la caballería. 

Sofera dicen comúmmente, pero es una evidente c< »rrupci«')n de 
azotera, un viciodepronun* iaci<'»n propio de la gente del cam])»), 
de quien pnuxde: pues el vocabl») se deriva de czotar, ])art(* 
con que se azota. 

Voz útil: por lo cual, restituyéndola á su i^rimitix.i pureza, In 
registramos en este lugar. 

AZUA, f. — C/iicIía. 

^•No hacen caudal de la nzna, (<»mo los indiíis del Perú. 
(Rfl. f^eo'fr. de Itni.: Tunmuin.) 

"Bebida espirituosa (puí los indios h.'.cen de la harina del 
maíz.> (La Acad.) 

AZÚCAR V VINO J)K LA ASUXCIí')X.— La Asunción 
del Paraguay, Mendoza, San Juan, Misiones, etc., beneficiaron 
do muy antiguo la vid. I)es])ertand«> a( tualmente tan fervn- 
n)so entusiasmo la viticultura, no desagradará «ualquiera remi- 
niscencia histórica que tenga rela(i«')n ( on este ])unto, mayor- 
mente si Concurre á j)»>ner de relieve los solícitos afanes d(- Ins 
primitivos pobladores de la cuenca del Plata. Lt-enios e?i el 
acta del anjiguo cabildo de P>uenos Aires, inserta en el Rií:^. 
estad, publicado por 1), !M. R. Trelles, cjue á pedimento de |;i 
ciudad de la Asun( i«'»n, el gobernador y capitán g<'neral de las 
provincias del Río de la Plata jiroveyt') auto pn)hibiendíi se 
intn)dujesc por el jiuerto de* Iku'uos Aires azúcar ?i¡ vin»», á fm 
de que tuviesen salida los (pie ])roeedían de las < ose( has del 
Paraguay y se aprovechasen sus industriosos vecinos, juntas á 
cabildf> la justicia y regimiento de la ciudad bonaerense á J4 
(le enero del año i()ii, el j)roeura(lor general de ella represen- 
tó la Cí)nvenien<'ia de (pie se i)idiese reposi(i«'>n de dicho auto, 
rom») así se hizo inmediatamente, ])or ser en daño de la re])ú- 
blica, porcpn* la Asun( i«'»n no podía ordinaria ni .suficientemen- 



96 DANIEL GRANADA 



te abastecer de aquellos géneros á los consumidores, porque lo 
que en retomo de sus permisiones les venía por la mar era con 
más comodidad en el precio, y por otras justas causas. ¿Qué más 
pudiera pedirse en nuestros días, contra el sistema proteccio- 
nista, á un tribun(j de la escuela liberal en materias e(*onó- 
micas? 

AZUCENA DEL BOSQUE.— V. JAZMÍN DEL PARA> 
GUAY, por cuyo nombre es comúnmente conocido este arbustí* 
en el Río de la Plata. 

AZUCARERA, f. — Azucarero, voz que nunca emplean. Lí> 
mismo en el Perú, según Paz-Soldán. 

AZULEJO, ja, adj. — Aplicase al caballo ó yegua de coloi 
blanco azulado. Ü. t. c. s. 




B 



BACARAV, m.— V. VACARAY. 

BAGRE, m. — Pez do los i'k is, sin ts(^iimíi, dr rnl,.r j^ínlt» 
atigraclí', cabeza grande á ])r( )]^or(;i«''n de su cuerpo, p^.-iiis es]j¡- 
nas V líustí'sa carne i.niarilknta; íinnadas !as aletas v el h>uv* 
(le sendas espinas muy agudas, re( i;-s y aserradas, ccn los dien- 
tes inclinados hacia su un/., cuya herida se repula cncunusa; 
voraz; amigo de vivir dnnde hay fango, en la c<«sía y junto á 
las barrancas: v del cuíil hav varias especies, algunas de r«)lns:il 
tamaño, distinguida.s y^nv nombres parlicuhires. 

Común y abundante en ca.si tod. s l.)S ríos ile Amúrira . 
dice D. Antonio de Alcedo. {JJirr. í^iop'. ///s.'. t¡\- I(i.\ I mi. Ocr.) 

En Duer.os Aires y jiarticularmente en !\b'ntevi(leo se 1<* 
desestima i)or «^miplet', tanto jior la abundantia que hay de 
íítros pescados, c< «nio p- 'r([ue su Voracidad le incUice á tragai 
sin reparo (.ualt|ui('r co.s;; (jia- baila en l^s parajes ihnumdo> 
que frecuenta. 

P-1 píela < ricnlal I). Francist o Acuna tle Figuen;» hizo <■] 
retrato y ( e!ebró 1( s mériu s y serviti<.s del bagre cu la fonna 
que >e verá en seguiíia. (\'aya en gracia el gali<i>mo (jui: aro- 
m()(l«'> el poela en el último de l.»s V( rsos, y el mant*» de o'amas 
con que, por una distracci<'»n lastimosa, lo viste.) 
¡Bagre! n«»mi»re infíli/ tjue, desdeñado, 
Ni aun en el ¡)!>t lunnrio lugar tienes, 
Cuando de tí y por tí siem])re ha gozado 
La aíli<"ta humanidad auxilio y bienes. 

¿Qué cetáceo del mar, ni qué pescado 
Logra el lauro y ventajas que tú obtienes? 
Pues, desde la ballena á la sardina. 
Ningún pez más laudable se cocina. 



í»8 LAXIEL GRANADA. 



Tu ';ih':z:i es cw^nnr, í!uni y rható: 
/\ii' ii;.-) '-^.n tus a;5vllas y csp- »ni« «sa.s. 
'j' t:.is .'iletíiS íie zafir-» y plaUí. 

^ >."' ilantc tu vientre, ('»n p'andi')>a> 
Oiinen>ií»ncs se enc«»gc <'» >e dilata, 

V ♦ n tu lomo cerúleo y csoimoso 
l'rillan vi.slumLres de o»lor dud<>s<'. 

Tu írrande boca de taup'»n ó harpía 
A una enorme cazuela se asemeja; 
\ , >i orejas tuvieses, se diría 
Que es tu boca también de «^reja á oreja. 

I*eces, piednis, metiil, cuanto Di<.*s cría. 
Nada, insaciable tu apetito, deja; 

V en tu panza, que engulle cuanto íilcanzas, 
['arcí'cs un ministro áit finanzas. 

Kl baírre remedió las penurias de los habitantes de Monte- 
video durante los asedios de lí^s años 1812-14 y 1843-31. A 
í-so alu<le el primer cuarteto. 

Tales son las hazañas del bagre. Pero hay más todavía: el 
bagre ha contribuicjo á enriquecer la lengua castellana; pues de 
una muj(;r muy fea se dice que parece ó que es un bagre. Bien 
merece, por tanto, d despreciíido bagre que siquiera se p(»nga 
su nombre en el Diccionario. 

BAGUAL, /íz, adj. — Dícese del caballo <'» yegua salvajes, — 
<lel caballo <'» yegua muy bravos, — del caballo ó yegua muy 
matreros, — del caballo entero — y del potro, cuando lo están 
domando. U. t. c. s. — Dícese asimismo de toda clase de ganado 
salvaje, particularmente del vacuno. 

Del arauc. — pampa cahual. 

Kl caballo, como es sabido, fue importado por los españoles; 
pero, alzad<», se hizo salvaje, propagándose considerablemente 
por las píuni)as del sur de Buenos Aires. Los indios que las 
habitaban acomodaron á su lengua el nombre que de boca de 
los C(.n(iuistadores entendieron se daba á un cuadrúpedo que 
n(» conc»cían, llamándole cahualln, cahuelln y cahual. Los espa- 
ñoles, tomando á su vez de los pampas este último vocablo 



VOCAItULARIO RIOI^LATENSE. ÍM) 



li.iToninicntc mndiíicadn, dieron en llamar inii^un/ <\\ caballo que 
allí hallar»)!! salvaje, C'»ii lo (ju?^ lo distincruían del manso i'> suje- 
to al (híminio del hombre: adjetivóse la voz e;¡stellana al volver 
transformada á sus labios de labios de h^s Í!uii<»s. 

'Habían reeoirido e?^le irinado dr todas las tierras de la 
estancia, que son siete leL(i\'í"i. á Ijn d<í matar al-run^-s caballos- 
enteros (que acá llaman /u7:,;7/r7/f\j.- (Fniv Pedro J'»wr de Parras. 
Diario de su viaje i)ubl. jior D. ^.lanuel Ricard»» Trellrs.) 

•Los caballos cimarn«nr> vivt-n en todas ])artes en trojxis tan 
numero>as, (jue no es examTaci<'»n dei ir que se componen 
alpfunas de I2,(XX) intlividuos. íncomotlan y perjudican: }ior(|ur. 
>obre Comer el p:ísto iniuilir.entc (-mbisl»:]! aliral-pe á las caba- 
lladas mansas siempre que ias ven. y, pasmiii > entre í 1!;:s «'.junto. 
l.;s llaman y acarician con b;;jos rcli¡uh«)s de afccio, 1:'.:, alboro- 
tan, y ellas se incoq)oran sin dilitultad, ycndosc ir-^I.-.s ;iint;'> 
para siemj^re. Así suctnlc á los viajeros (juc l''s en"í!;is:.n li»^ 
Ihiiüíitilt^ y lo.s dejan sin jioder C"r.lÍTU!;ir, llcváiidi.'.( ks !« .> i aba- 
]lo> uransos de re>,p'..'to i'» ([r reinuíi:!. ([ue sienu're llevan, ^uelto^ 
l)or delante. Para evitíir ( -lo, ;¡I tüvisar la ¡"¡/^nd/n"' \ que em- 
biste infaliblemente, es ]^re(i^o <|ue lí.'i'j.ín alt> p.-ira r- xU-ar á 
sus ca!;allos su''kos v s:ilir á encdnírrir á los ¡'rj:f,f',s, c^Man- 
t:nulo¡i,s para que se dcvvíen. l'.l i^od« . <!<• cüiV-estir no rs cu 
línea cíe batalla, sino (¿Ue a!L;u]i' rs v;¡m dcl.inte y sÍliu« n t.;do^ 
en c<»iumna, que jamás sv c<iri.i <'. interrumpí*, y á io más tuerce 
la direcei*';!! si la esjíantan. A veces dan muihas vuelt.is. antes 
d<* ausentarse, al rededor Cw. los (jue los desvían: ()ii:¡<, jas;in 
un;í Si «la vez, v no vueKcie v otra^, Im-^.-íu los b;iL^uales l;»n < ie- 
Vros, <|uc se estrellan í'..nli:' !.!> c¡!rn'ia>, si Lis h.'iy. (.\/ara.i 

Llaman /m;v^///í.v á los cai-allos siilvíijes, de (|ue ai'undan 
< -tíis campanas, los cuales. ( Uüudo exlrnunn :il;::ún ruido, s«- 
dí-jan venir en troi)el en L-^nMuIes ji. -u ioivs, arnb.tt.-.ndo < ouio 
un torrente impetuoso < aanto ent ueü'.ran. ((.'abrt :. i 

Salva di» e ser /»;■./.' /V/oV// //• Ar,ii'i¡-,i, por itnr:",/' rt'Z, iñ'nVnn::'-. 
Creemos (juc es peculiar del Río de 1 1 Pl-'.la y, i n» « -t: ino^ 
lua.l inf<»rmados, también de Ciii:'-. 

HA(;UALAnA, f~C'oniuiil.. de b..-u:il..^. (\ibal!ad.:. Kn 
seüt. fii;.. barbaridí'.il. torne/:i u:ande. 



100 DANIEL GRANADA. 



Rifiricmlíjse á la cabíiUada alzada y cimirrotia, dice Azara: 
:habicnd'»!e impuesto l»s indios bárbaros ^//íT<7/;í/A\ llamados 
láxavw P'7j7ip'ji, el nombre de bagualada, lo han adoptad» » tam- 
bién (:st''S onañoles. ' 

BAGUALOX, ;.V7, adj. — Dícesc del cabalh» ó yegua reciq| 
domad' 'S •'» que conservan aún cierto irnido de fiereza. U. t. (\ s, 

DAGUARI, m. — Especie de cigüeña, de un^s tres pies y 
mcdi" de l'ncritud, cuer})'» blano\ alas y cola negras. 

Del gu:ir. mh-i-^nari. 

'•Est)S españoles le llaman por excelenci:» ci^íicuas, y aun le 
creeii Cv¿ la especie de Eur(»pa: pero n>) lo es. (Azari.^ 

BAÍCURÚ, m.— GUAICURÜ da plant:.\. 

üel LT/ir. 

BAJKRA, f. — Pieza del recado de montar, t^ue o insiste en 
una ni.-.nta pequeña de lana «'» de algod''»n, la cual se aplicíi 
sobre e! lomo de hi cabrilí^adura v sirve de sudadero. Lláma^íc 
tambi«'-r!y/T:^Y/. 

liALSA, f. — Co¡istruc(n«'>n i)lana de tablones «'» trt»ncos, c[ur 
sirve Y\\v\ transnortar en los ríos v arrovos, aí^uas abajo, «'» de 
una í-rilla á la otra, ( uakiuiera. clase de carga: agu:is abajo, 
l!eva'.I:i <!o la (orricntt-; de una orilla á la otra, por medi" de 
una míir:ima, y, si es mucha la anchura, á rem(»lque. V. JAN- 
GADA. 

•Bor(i>'m de maderos que, unidos unos con otros, forman una 
ispecie de embarcaci«')n plana y rasa. Empléase para n:ivegar 
en ríos y lagimas, y en caso extremo de naufragio, para s:ilvar 
l'i viíki en los mares. (La Acad.) 

Alcedo dice que la embarcación de que se trata toma el 
nombre de una madera fofa, porosa, tan ligera como el corche», 
de que cr^nstruyen las que navegan el río de Guayaquil. 

BÁLSAMO DE MISIONES.— V. AGUARAYBÁ. 

BANANA, f — Fnito del banano. 

BANANO, m. — Planta que da la banana. 

BANDA. — Departamento de la provincia argentina de San- 
tiago. 

BANDA ORIENTAL.— Decíase Banda Oriental, en razón 
de quedar al oriente de Buenos Aires, al territorio que se ex- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 101 

tendía desde la margen izquierda de los rios de la Plata y 
Uruguay hasta las posesiones portuguesas. Comprendía primi- 
tivamente la hoy Repiil)lica Oriental del Uruguay y las provin- 
cias brasileñas de San Pedro de Río Grande del Sur y Santa 
Catalina. A prin(ipi(»s del siglo que corre, solamente llegaba 
hast'i las Misiones. Pí)steriormcnto no pasaba más allá del río 
Ibicüy. Constituida la P>anda Oriental en estatlo independiente 
bajo el nombre de Rrpúhlird Orioital <fi:l Unt^tui\\ hizo un 
arreglo de límites con d antiguo imperio del Brasil, fijándolos 
en el río Cuaréin. 

PANADO, m. — Terreno húmedo, á treili«is cen;igos<», (<»n 
l)ajonales, y frecuentemente, inundado por his iigua^ pluviales 
ó por las íjue se (lesbonlan de algún río, arroyo <'» la.ü:una, en 
cuyas inmediíírioncs es dfnc'.e, por lo regular, se forma. 

BAPr)R()ITÍ, m. -Il>n¡.uru¡!i 

PAQUEAXn, adj. - Dice^e ^I. 1 ([ue t-inoce jnáctica- 
mente la rinn/ui^.i «'. una rcgi«'-n < ualtpiiera: i)as<»s de ri«»s y 
arroyos, /^/Vv///íAy de montes, ataj« s, pa>l< -s, ir;:/'/f/(¡s y demás 
circunstancias ine<liantt' l:.■^ ( nales i)uecla haccrsr ton la breve- 
dad posible y sin pili;^ro n¡ [»vnuri:is excusablrs una lari^a tra- 
vesía. U. t. c. s. - Díce.se del que \v^x prá<'tl( a < s hábil y diestro 
<-n las cosas peculiares á If'S u<'.s y coslumbrí s del país y in 
las oi)eraci<»nes j)rop¡as de las indd.^trias nativas. V. t. «\ s. — 
Dícese <!<'l (¡ue is[ r¡'n tie. • en la navega<'it'>n (!;• l«is ri«'S. I . t. 
c. s. 

T.«» pnipii) en el IVrú, ^e-úii I). Ricardo l'alnia. 

Esta i)alabra fiii'¡jitiino es vuz, no .s<'»lo de u>oantigU'» y «•'»n>- 
tante en el Ri«» dr la Plata, .sino única pre( :<a en su X\\w\}. <onio 
signilicativa de las iilea^t¡ue expresa la (leíini<i«'.n (jUí- precetle. 
V. BAQUÍA y P.AQUIANO. 

luiqueauo: j)ráctico de l<ys ciuninos, trochas y atajos de algún 
jjaraje: es general en toda la América. • (Al<'edo.) 

Podrá alguno ignorar el significado de la palabra haqucdno; 
y así es de advertir (pie cu.ilquiera ipie en estas partes (en el 
Río de la Plata) sirve de guía ó práctico de la tierra, llaman con 
CSC nombre, y en el río lo es el cpie da el nunbo y manda las 
maniobras de velas en la embarcación, y finalmente el que hace 



102 DANIEL GRANADA. 



el oficio (le piloto, y no se llama así, porque en realidad igno- 
ran todo lo que conduce á la ley de pilotaje y su profesión, 
respecto de que ni se observa el sol, ni se gobierna por la brú- 
jula, sino por el conocimiento de la costa del río, que siempre 
está á la vista. > (Fray Pedro Josó de Parras, Diario de su viaj. 
publ. por Trelles.) 

< Aunque queríamos marchar esta tarde, no quiso el práctico 
ó baqueano, porque el estero que debíamos cortar no permitía 
andar de noche.>^ (Azara, Viaj) 

cNo es menos admirable el tino con que los prácticos vaquéa- 
nos conducen al paraje que se les pide por terrenos horizonta- 
les, sin caminos, sin árboles, sin señales ni aguja marítima, 
aunque disten cincuenta y más leguas. > (Azara, Apun/.) 

< Nosotros proseguimos caminando; pero los vaquéanos erra- 
ron el rumbo. ^> (Inf. del P. Policarpo Dufo sobre lo sucedido en 
la entrada que se hizo el año de 77/5 al castigo de los infieles. 
publ. por D. M. R. Trelles, Rer. del Arch. de B. A.) 

<;Y atento que los indios de los pueblos intermedios eran 
poco diestros en nadar, no muy prevenidos de cueros, los que 
nos servían de vaqiuanos^ sin decirme nada y sin saber yo por 
donde iba, determinaron coger y cogieron un rumbo muy alto 
y muy distante del Uruguay, para tomar, ó aun evitar total- 
mente, las cabeceras de los ríos y arroyos.^ (El jesuíta misione- 
ro que condujo la exp. de Ibirapitá-guazú hasta S. Dom. de 
Sor., Rev. de la Bibl. P. de B. /í., Trelles.) 

< Baqueano de los mejores de la sierra y campaña oriental. 
(Cabrer.) «^Y no acertando) con el rastro antiguo de \\x picada, 
por ñdta de baqueano >> etc. (El mismo.) 

BAQUETEO, m. — Efecto de baquetear. 

BAQUÍA, f. — Conocimiento práctico de la campaña ó di- 
una región cualquiera, señaladamente de sus atajos, picadas 
de montes, pasos de ríos y arroyos, pastos, aguadas y ácmín^ 
condiciones de territorio de que es necesario estar bien en- 
terado ]xira hacer con la brevedad posible y sin peligro ni 
penurias excusables una larga travesía. — Habilidad y destre- 
za, adquiridas con la práctica, para ejecutar bien una opera- 



VOCABULARIO RIOPLA TENSE. 103 

ción perteneciente 'i las industrias ]^n.pias del país ó pecu- 
liar á sus usos V costumbres. 

Baqida^ como baqueano, son vuí^cs u.-adas di* a.ntiguo en 
Santo Domingo, Méjico, Guatemala, Xueva Granada, etc. 
Pues se usan y han usadt.) siempre en el Rio de la Plata, 
es probable que no haya recriíai de la América espafiola 
donde no suceda lo mismo. Por 1<> tanto, las v<m\'s baquia y 
baqueano deben ser registradas en el dictionario de la len- 
gua castellana. 

BAQUIANO, adj. — Baqueano. 

Sólo la gente del campo dice h-.y baquiano. Ba¡uia:io es, 
sin cmbarg"), la derivaci<')n legítima del radical de ([ue pro- 
cede, que es baquía, voz significativa de antigüedad y expe- 
riencia, y /y^^///V/;/í/ dijeron los escriloros antigu«^s. ¡baquiano y 
muy diestro de la ¿ierra, dice con jrd.uridanci:i \'aru:as ]Ma- 
chuca en las Apol. y disc. délas Ird. 0/r. publ. ]^or D. A. IM. 
Fabié. Multitud de vocablos iiay in ¡a leni^ua castellana (co- 
mo sucede en todas las lenguas) que, usados ^^^n arreglo á 
su legitima derivaci«')n elimol''»u:i(\'i, ((-nstituirí;;]! «1 día de hov 
un defectt) en (jue no le sería líe,' > iururr-ir á \\\r.\ persona 
mediananienío e(iu<\ida : ¡íirn;!.' p<»r mismo, //'.■■.V por huir, 
ini'idia por envidia, etc., eic, ([u<' '.s el modo que tieiu- de 
expresarse la ge-ule camj)esina. d«.-po>iiíir¡a ('•nslanle de la 
leníTua v Cdstambres tradí» ion.-il.-^, 

por lo íüílio se V(Má (¡ue ií<> ]; )dría ai)li<;:rs:' toialmcntc^ 
á los h;il. liantes dr los i^'ís» s del Plata el siguiente razona- 
miento de 1). Rulin-' Ji'sé ( u- rvo: Se t ngiin'') indudable- 
mente Al<'ed<', y Sal\á sÍlt-jí-'» .^us huellas, al eslainp:;r en sus 
diccií inari' is baq/Kan» \ )< »r bm-nidün. \ 're^cindieUí v ole (jue nadie, 
que no sea e7n/ni!a-ii.;í:fi¡t a!,' j,/;,'i.':rd'>, dirr as/, l^ > (luecla ni un 
ápice de duda si ^e eonsidera. que < sta voz \iiiie (\c baquía 
(no baquiaj, cpie vale licv entre el vulgo de nuestro país 
habilidad, destreza; s¡L^niíi<'a.< i«'.n qu<' fiie i^rol.al>!emente la 
antigua de ( ^le viM-ablo. ctí . 

D. /"robabel Rodríguez tiene ])"r a realeo /.//y.v//////>, <i bien 
lo Considera prelerüjle á In-juriinn^ y cita el siuaiente pa^aje 
de Mateo Alemán: (pie (o]U(. tan í>aquiann en la'lierra, todo 



104 DANIEL GRANADA. 



lo conocía» (Guzmán de Alfarache); lo que demuestra que, 
habiendo en España arcabucos (Góngora), era razón que no 
faltasen allí baquianos. 

Baqueano tíimbicn, ó vaqucano^ en el Brasil (Beaurepaire- 
Rohán). 

BARBIJO, m. — Cinta pendiente del sombrero, la cual se 
aplica á la barba para afirmarlo en la cabeza, evitando que 
se caiga ó que el viento se lo lleve. Úsalo la gente del 
campo, que anda siempre á caballo. 

BARBOTE, m. — Insignia usada por algimas parcialidades 
de indios, la cual consiste en un palito embutido en el labio 
inferior. 

Y que los descubrió un indio que sali(') á. ellos, que lle- 
vaba un -gran barbote de plata en el labio bajo.: (Herreni, 
Dcc) 

BARRACA, f. — Edificio grande, especie de corralón techa- 
do en parte, donde se depositan cueros, lanas, maderas, 
carbón ü otros objetos comerciables de semejante naturaleza. 

Lo mismo en Chile: depósito de maderas, hierro, etc. (Rodrí- 
c^ucz. Solar.) 

BARRACÓN,' m., aum. de barraca 

BARRANQUERO, ;vz, adj. — Perteneciente á la barranca. 

BARRERC), m. — Terreno salitroso que en ciertos parajes, 
donde las aguas son muy dulces y los pastos participan de 
t'sla condiciini, escarba y lame con ansia el ganado. 

Del barrizal que se fonna con la escarbadura y pisoteo de 
los animales que frecuentan esta clase de terrenos, les viene 



el nombre de que se trata, que es castellano. UsaseTde 
antiguo en tal sentidt), y continuadamente hasta el día de hoy. 
Ruiz de -Nlontoya, hablando del anta, refiere que^^de día co- 
* i' me yerbas, y de noche barro salobre, y <.hay en algunos parajes 

tanto rastro como en un corral muy grande de vacas. Los 
cazadores acuden de noche á estos bañeros, v en sintiendo 
ijue viene cerca, sacan de repente un hachón encendido, con 
que, deslumbrada, da lugar á que la manten.» (Cb//^w. espir.) 
Siendo los terrenos salitrosos los únicos de cuva substancia 
se aprovechaban los animales, removiéndolos constantemente 



\ 



VOCABULARIO RIOPL ÁTENSE. 105 

y convirtióndolüs de resultas en barrizales ú barreros, de ahí 
que la palabra barrero haya venido á significar exclusivamente 
el terreno salitroso de que se aprovecha el ganado. Asi, en el 
Río de la Plata no todo barrizal es bañero. 

Tratando del ganatlo vacuno, dice Azara: nadie le da 
cubierto, ni más comida que el i)asto del campo, ni tampoco 
sal, ni la necesita desde los 27 grados hasta ^lalvinas; pen» 
desde dicho paralelo hacia el ecuador no subsiste sin comer lo 
que lUmian barrero. Este es una tierra salada (.[ue lume ('<»n 
ansia toda clase de ganados y aun otros animales, sin lo cual 
se van aniquilando y perecen antes de seis meses. [Apnjif. etc.) 
Se contienen en ellas varios potreros de pasto para inverna- 
das de ganado; pero carecen de barrero. ■ (D. ^Mariano Antonio 
Molas, Deserip. hist. de la aut. prov. del Paraa^. i)ubl. jíor 1). 
Ángel Justiniano Carranza.) 

BATATÍLLA, f. — Planta pe(jueri:i, tle hoja i)arecida á í:l 
del bibi, llor lojorada, y en cuya raíz echa un bulbo gomos»), 
que, <Tudo, causa efectos de purga extremadamente fu-Tte, 
á la vez que de vomitivo. 

E^te fen)Z i)urganl(í cura (dicen, p<>r experiencia) la ele- 
fancía. 

nATU(jUE, m. — Paile y mezcla desordenada de h<»mbre^ 
y mujeres.— Paraúiida.--C<»nfu^ii''n, desctniciert»» <'ii a<< i'»nes 
y co>as en cpie intervienen muchas personas. 

E^ alusi«'»n á li-s bulli<. io>os bailes de lo> negnjs. La voz 
probablemeiit«í de origen africano. 

BAYA (m'oayá^ a(lj.---Dícese del inilio «uya parcialidad 
hal.iitaba al occidente del río Parai^uav, «x-rca de Bahía Xe- 
gra. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha parcialidatl. 

Los bayaes, <-onfederados ct»n los payaguaes, mataron ;i 
Juan de Ayolas, el primen.) que atraves»') el Chací» ha>ta el 
Peni, cuando de él regresaba imnune entre tanta i)enuria y 
rie.s^os, hallándose va cerca de la Asuncit'm. Eran los bavaes 
gente brava, esforzada, indomable y i)resumiila de altas dotes. 

BECASINA, f. — Ave semejante á la becada europea. 

"Así las llaman (beeasinas) los esj)anoles: Icís guaranís yarabe- 
res, y algunos en Montevideo airitatcros, figurándose t[ue 



106 DANIEL GBANADA. 



anuncian lluvia, cuando al anochecer y romper el día y á veces 
con la obscuridad suben casi verticalmente á mucha altura, de 
donde se dejan caer abandonadas, plegadas las alas cabeza 
abajo, sonando bcre here muchas veces continuas, y antes de 
llegar al sucio vuelven á subir, repitiendo lo mismo algún rato. - 
(Azara.) 

BELÉN. — Departamento de la provincia argentina de Cata- 
marca. — Capital del mismo departíimento. 

BELGRANO. — Departamento de la provincia argentina de la 
Rioja. — V. Gatuna del Sur. 

BELLACO, ca, adj. — Dicese de la cabalgadura que es difí- 
cil de gobernar y que se encabrita con frecuencia. 

BELLAQUEAR, n. — Encabritarse, hablando de cabalgadu- 
ras. — En sent. fig., resistirse con maña, ó por todos los medios 
posibles, á ejecutar alguna cosa. 

<: Antes de llegar á la corriente fuerte, /WAzy/zív/ el caballo. 
(Azara.) 

BELLA VIST A. — Departamento de la provincia argentina 
de Corrientes. — Capital del mismo departíimento. 

BENTEVEO, m. — Pájaro de una cuart'i de longitud, lomo 
pardo, pecho y cola amarillos y una mancha blanca en la 
cabeza. Su canto parece querer pronunciar las palabras hlcn fe 
veo. 

< Los españoles del Río de la Plata le dan el primer 
nombre (bienteveo), y los guaranís del Paraguay el segundo 
(puita^ná.) ;> (Azara.) 

BIBI, m. — Planta, semejante en todo y por todo, menos 
en su tamaño, porque es pequeñita, al lirio. La hay de flor 
morada, amarilla, bhmca, etc., \' variamente matizada; todas 
de suave fragancia. Su raíz es un bulbo menor que el de 
la cebolla: crudo, tiene un gusto cjue recuerda al coco; 
a.sado (') cocido, se acerca al de la castaña. Era muy ape- 
tecido de los charrúas. 

Abunda en la banda oriental del Uruguay. Sin duda á 
él se refería Oviedí) en el siguiente pasaje : « Hay en aquella 
tierra (costa norte del río de la Plata) unas cebolletas 
debaxo de tierra, que es buen manjar para 1<js naturales 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 107 

y aun para los (.•sparn)los . [líh!. ¡^a:. y na!, (k ¡as hi'L publ. 
por la Real Afad. do la llist.) 

BICHARÁ, ;i(lj.--D'ioesií dol poncho basto do lana. 
IJ. t. c. s. — Dírcsc del ])ondio descolorido de tanto usarlo. 
U. t. <*. s. 

En la pr ívincii brasileña de Rl" Grande del Sur s. m., 
¡)oncho de lana irruesa c'^n listas blancas y negras á 1> largo 
( Bcaurcpaire — Rohán ) . 

BICHEADERO, m. Atalaya. 

En loscí.Trilos y otros puntos eminentes de la banda oriental 
del Uruguay liáüanse un' vs montones de ¡Medras en forma de 
pirámide cónica, d..' dos á tres metros de altura. Algunos, á un 
¡lar de pas )s de distanria, están cercados por una i);ired de 
l)iedra suelta, de una vara de alto i)i.)eo más »'» mení)S. A esto es 
á lo que la gente d<"I < lupií llama ¡n'r/icndcrox ó hir/iai/tros, 
donde (<lice), <aiando lis chi'.rriias temían ser sorprendidos en 
sus aduares, apo^ta¡'an un '. entinela i)ara atalayará sus enemi- 
migos. Es posible (jue I s < liarriia.s se sirviesen de aquellas 
pirámid.'s y eerc-'S par;i <>■ /írir, pues les proporcionaban la 
ventaja de pod-T r^tar rv.-. »ndiu ».-, - -bservando, sin ser vistos. 
Pero no (•>; vf'r..-.:;¡i¡l («u.- id hubiese .^ido su primitivo objeto. 
Lo j^roiíaliie rs que ( on las pirámides señalasen el enterra- 
mienti» d»' .nis ca<'iquí s, y (;ue les pusiesen el <'erco para ^i^rni- 
ficar el rr>;])'.'ío «..n cjuc d-bian ser mira(la>. Suele hallarse 
más d'.- una pirámidi' m un mismo punto, cdhio rn ti «ern» 
W'fd, (11- \'alenl:n <i'.' K; í\(.iii;bli(\i ( )riental del Uru'.niav, donde 
hay dos, á dic,./ ,') (}.>(■<• pasos el uno (k'l otro. Es pri>pensi<'»n 
de los inilics h.'.í í-r ^us ('¡iií-ntenos en alto. Los charrúas, por 
otra ]K:rlf. r.im» hordas «-rrantes ([ue (iran, improvisaban sus 
loldt;na<. y no «-s < n/íble qaj j)ara hi-lifur, aeiso solo un día, 
í'uando eran pi i>i'i;ui<I"s, lf'\aiU.: v.-a I »s monumento-; di- (^uese 
trata. Lo> l,fm"> puesto, :.:¡i L-mb:ri;o, l)ajo el título tío oi Jicn- 
ifrros , jj'i-.'ju:- c-ie <'s (1 n 'lubre que les dan vulgarmmle v mn 
que S'in("!i-'i id s. iui el di parí inniit » de Paysandá dr la refu'i- 
blica an.e^ < -lada hay un «rii'» liamadodi-I /y/>^^/.■;■'^ ]>• -r tciu r 
'■n su cumlMi- una (h* dich/.s p'rámitles. 

BICHAR. ///oV,.-;-. 



108 DANIEL GRANADA. 



BICHEAR, a. — Espiar, obscn-ar á escondidas lo que pasa 
en un sitio cualquiera. — Seguir los pasos y observar los movi- 
mientos de una expedición ó pers<jna, agachándose, serpen- 
teando por entre el pasto y ocultándose detrás de las matas, 
como acostumbraban hacerlo los indios. 

Dlcese generalmente bichar, forma, al parecer, impropia. 

El teniente gobernador de Yapeyú (antiguas elisiones) cu 
informe (M S.) al virrey marques de Aviles, año 1800, dice: 
•V Fueron ([o)> españ(^les) vicheados , dia por día, de los infieles 
minuanes.\ 

Sin duda puede usarse también como neutro. 

BIGUÁ, m. — Ave acuática de unos dos pies y medi».) de 
longitud, de color negro, con alguna mezcla de blanco en la 
cabeza v cuello. 

Del guar. mbii^uá. 

Llámanle también zaramagull.hi, como si fueni propiedatl 
suya exclusiva el zabullirse. 

Don Antonio Cruz Fernández, teniente de protomédico en 
el Paraguay, me dijo que habiendo visitad»") áDña. Petrona Roa, 
postrada de asma, la encontró de repente sana, y que, adminuln- 
la preguntó el m(»tivo, y le contestó que había abierto vivo á 
este pájaro (el biguá), y lo había aplicado al pecho, cjuedand» 
repentinamente sana.: (Azara.) 

BIXCIIA, f. — Cinta que se ciñe en tomo de la cabeza á 
las niñas, paní sujetar el pelo, á la vez que por vía de 
adorno. — Pañuelo que l'^s hombres de campi>, cuand«» tra- 
bajan en his estancias, cortan leña en los montes, corren 
carreras, etc, llevan ceñido en tomo de la cabeza, por ra- 
zón de C'.iraodidad ó por costumbre, <'> para sujetar el peli>. 
que generalmente lo usan largo. — Cinta usada del mismo 
mí>d'^ y Con el propio objeto que en los casos precedentes, 
por los indios é indias pampas, charrúas y de otras par- 
cialidades. 

En Chile huincha^ cinta gruesa de lana con que se ri- 
betean los ponchos, alfombras, etc.; del araucano y quichua 
huinchas cinta que se ponen los indios en la cabeza, paní 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. lÜÍ) 

sujeliir L'l pcl*', Ihiir.aila vulLíarnicnto 7'¡iic/it¡ /> ¡<7'¡/i(\ il). Zo- 
rMl)abcl R'Klrí-iu'i:.) 

• Araur. //////.■y/'.-..-, fajlut aii.L:"sla (k* lana k\wv lá l>s ¡iulio> 
(lo C'liiN.*) lí.s >:ivt' di.' ti\nzadiTa [.ara amanar I .^ i a]n.'ll<».s. 
( Kl I '. A 1 1( 1 1 rs l'\ 1 ¡ r;' .-. ^ );/'/'. r//.7.-/■/.■./^ ) 

r.n í;vikt:.1 l:rm-n ila^ iin¡ia>. (.mi il l'i-rá) una ( inta ho- 
rha (!l- I. .na di- « . !■ rv-^. lan ainiía t :»ni'» d- >> (U-d- ■^. (jiui les 
i'inc la r;iiii'za, y la llaman ////'v) ////!■///.■■#•' /-/v. v Irat.-n ti » ab'll'» 

> Lll I li I. ( A'. A'. /. f í ;:, /■> v! (/i ■ J,/i/., /\i'.'( tiiiil.\ fli. /iii¡ltJ¡yils\ 1 'U M. por 

1). M. (jimrnt/ ilr la K>i>::da.) ^' ku^" k-^ mand-'» »¡ut' 
la^ iiiia^ y ni"'.:;.-, dr (la-/ y s«.'is aiV-^ m' jn-iiia.-.cn !■ ■^ <m- 
1m'1¡i.<. i'luLiid'i sas /'//.'///,"•. (Joan de Sanl.; ("ni/, i'at ¡larii- 
:i Va!;;:a:. pii::!. [i :/ i >. T-í. Jim. di'laK>;».) 

JIIKA:\í', m. Ad:-'! ilr la iaai!!:.. (!«• !. ■ /'.■■.. •,:.' •, . ■, j'a- 
r* < a.' ' ;.i '; jn.» !í« >. 

II r \ '."'■■".' í •'■ ' ' ■ ' • \ j ■ I lili* 

d-A. ':■!..%( i V ... í. '..'.;..■■, \:\. AM.;,a<» l,.^i(!" i «. . jmu 

d:- !a 1 *. .1.:. < '".' t! ■: i:.i¡\ |i:'.tii' >• i!' I [-al-, ^.v■*^■l.:;, «: ■ ['"i- 

]iii'ii\a:M ... ■ á L.r.. ■.>■..! < -Mr i !•■> ;:;^'..■•^ di- i:■^ i'.-aii.^i^ d»- 

íia !i( > .va'. '. 

."v 1.1 .■:::-.I. ■> d ■! \\z\ • [ja.vid •. 1 - indi».^ |)ani|)i^, «j'a-.- lia-.ta 

i-ní- •!;'.(. . ^v- iiaiilan < ■ ''itvnlid-» <-'n d.i.-liaiar d»! L..inad'» 

'laa.:';"' ■:! !■.■■'»::;; ■■.■m« ni'- n.aiL. I". :• a- 1- ' ;. '"..a: cí'- la * M'ja;-la. 

ti <;.! \'. ni'.í I! ( ■; (I.!!-. «!!:■ i-aa: -a, ■■,.• » a>¡ ('■ ;.i :....: d >. ■! 

ia«-ii :■:..:• á !•■- \c: :a ■■■ i!'- la x'."\\\^\. d'- l'.i'-n--. Aivi-^. 

■ 

in\".-.i'iicnd ■ 'a.-> < -i. a- : -. I'.l l- .ivaadi :■ t iir t:.. .: !. ../.nii 
fl í\.-i i. I.; 1...:.. : '. I"-- A:, i :. • :ai •■M.a..' . i'ara 
rfi;k¡' :1' -. a.i < a-:- • « a; = i.:< i ■..;!:!■■. Ti :.l • «'--í:- ! ■ . ^ ^alii 
á « an:;aa.! < a i.; i'l;./ ■ ;'.:.a ;j..1 d' lau n-;. Aa« -«, d< • a.- .i.in' 
«■I r«-]>ia-; naiiilr df 1.; au'.'-r.diad .s'»i'i.raiia. i'.'-i.-.-:»- n i > .síin 
lan/a - <a 'i-Mal d:-- li laa aa¡" y rv-ndiniii-nl-». La L;a!;.i:dai df 
jiis lan«t T -> al «ji- na-".' il ¡T'.rrí.-al-' >alud<>, airan'-'» <if la IfH^i 
ik'l <''n'a>) í nUi'-i.-^aiad'» l.i j)ala.l)ra a,' •/."/( //;,-Vf . tii_\'» «'«'n 
pa^''> t-'H .-. miid.i á l.i n- ni! n» 1 llura niililar de la^ pr- «v inc ia-- 
lid ilala. 

IN>>-Uri' •:nicnlt'. i ii 1.: ('¡'i-ia drl \¡!n¡naí •. ><■ '-rL. ai/amn 
lamljií'ii < la■rl)■■.'^ d"- i'!;.n. í!.liu> (.n M'-a'-x !■ » \ nty- . [iini- 
Ins. líatallarí'-n 1"^ ¡ndi- •>. s;:lva¡«.>. }nr'<¡^u¡r á I"- «"aiaajan- 



lio DANIEL GRANADA. 



(listas y ciKitrcnKS, á los reos, vagos, desertores y facincn-x», 
llevar, c »nio cluisques, comunicaciones oficiales, dar cuenta 
de cualquieni novedad que interesase al urden públio», e.sc. »i- 
tar ex|)ed¡cinn(*s: tales eran los encargos propios del mini>- 
tcri') en ([ue l<»s hlaíhu'iijL^ncs ejercitaban su ])ericia y esfuerzo. 

Konnái)anse los cuerpos de blandengues, eligiéndolos intrt- 
los hombres más práctic(»s del país, entre los más b(7f¡ueijn(>.\: 
vestían lujosamente; distinguíanse i")or su gallarda apostura: su 
valor y esfuerzo eran proverbiales. 

Arbitré formar una compañía de 50 ///.7<7 .7: 7/ ;»•///•.> v(»Iu?it.'i- 
rios, gente muy propia, ctmio V. E. sabe, para l:is manh::s 
f«)rzadas, pasaje de ríos y todas ciase d(í fatigas.- (El virrey 
.Vrredoiulo.) 

Soldado ai n:ado ion lanza, tjue defendíalos límites de la 
provincia de Buenos Aires... (La Acad.) 

Bui^ETA, adj. — BobíiIic<;n. U. t. <\ s. 

B(.)BI — Dejxirtamento de la Re])úbli(a del Paraguay. 

BOCA DEL GUAZÜ— V. DELTA PARAXAENSE. 

BC)CADl.), m. — (ri'/cisid que, aplicada á la quijada iníVrior 
de un potro, hace veces de freno para domarlo. Lo pn^pio en 
el Perú, según D. Ri(\'irdo Palma. Usábanlo también los indi' s, 
en lugar de freno. 

BC)CI-IIXCHE, m.--Des<.^rden, escándalo, barullo: cnnpt.siñn 
V allcraiión dt/ cojuicrio propio de una cesa, por efecto tle la inep- 
titud, abandono, travesura ó malicia de la persona ó ]">ersonas 
(}Ue dirigen ^u ejecuci«'>n. Así se dice, refiriéndose á una oficina 
mal ailministrada, es u:i ¡'^chinche, á una tertulia en (jue poc<» •'• 
nada se ha respetad(», a\i un IwcJiiuclir. á un delxite ([ue dcgi - 
nen') en ¡)endenc¡:i,///r un dodiinrlir. á una empresa en que los 
(jue la dirigíMi están en desacuerdo y no hacen nada á derechas, 
¡f¡tu' hnchir.rJii! 

La Acad. establece que Iwchinchc significa en América alho- 
ioío' (jsoi.'iu/ii, (osas que en algunas ocasiones pueden no pasar, 
en efecto, tle un /fOi//inr//í, pero á las cuales no les hubiera dado 
este n<»mbre el Duque de Rivas, a.unquc hubiese nacido en 
América, al relatar con pluma de oro los hechos de Masaniello. 

R< '(.IrÍLTUez lo asemeja á batahola, alboroto. Paz-Soldán admite 



VOCAliULAUIO RIOPLATENSE. 111 

la ilcliniti''>n de Salva: moün. /v.".'^/-A/. Kn la prov. (U' Río Graml»* 
iIl-1 Sur del Brasil csjxjc ¡c d- hatiKjuí;, sei¡:iiu el vizcuiide tl(* 
Hciiure]>aire-R<»hán. riirinap'ii I^s nMfj^r.nulensrs e^U' v<i("al)l«» 
de sus veciiK »s V is < «rit lítales. 

CüCIIIXCIlKI\< >, ;v/, avlj. - ^)\\r pr. .uuiuve " >'* lii'í*; en 
b'Khinciies. I', t. c. s. 

Kn Auiíí'. Alixtrotatl')]-, alterad- ir d-- la tranquilidad })iii.)li(\'i. ■ 
I La Aead.) 

ÍjÍJIIAX, /•/■/, ;id¡. -1)1<.i;n:" di'l i:'l¡:t (¡uí' disi u;ria p-ir la 

• Dsta '«riental d*-! rio Uruiruiv, al n«irU'd<-l rí" Xe.-r<i. I', i. r. s. 

ÍVrtenet^iente á dielia íj:eneraei<'»n. 

L'ís bohanes fueron exl'rniinados j>.»rl<»s «'li.'rrii:;-^. 

HOLA CHARRÚA. -V. JU.)LA PAMl'A. 

1](.)¡.A J^RIZADA.- — ín-lruiiicní) ofensix-), usjtl- p t los 
íikÜos del Rio de la, í'l.it.i. (.'«•nsiste en un:; ])i<'dra dura y 
pesada, retlondeada } i ri>:a(ia de páas «lt;sÍL;iialfs. p.or enlr«' 
las t|ue, formando (ireunurenei.!, i>a«<a inisuri--. in íi-'iuUr e^ 
evidentí' (jue ina afianzial.' l.i «ucrd.i «'> ^u.isr.i e-'U (¡Uv: se 
in;inejal»a el in.>t:-inn< iii- -. .■ i 1;: Ih'!.' li.^a «-ra tt-rril;!»-, ;<|ué no 
lo s'jrla. c>.te f-ri/.o? 'i'¡ ne tr(iii;:i v >-•!.>. pp-niini-ncia.^ <<''niea>. 
■ ' -ea j'úas, la ni'.yor de (!■ -s (\ niínu'iM.s y ai^un '^' niÜiin»- 
tíos. La cin unfer' neia (jii'-, ira/adi por el v«'-rli<'<- di- los 

• oii- .... i.freti- ni mi t- íaüda! la lióla erizada, < -^ d'- \riiifi- 
s¡i.t«: <.( nllnu■tr^l^ .'. Si-a (1<. 1 ti'iiiano de ii;m naraiij.. a-u >vTan<!«- 
i\I >iir( o di i;i ji;.>t;.inf. rile d!"z v ot lio púas á ii:' lado v diez 
\' oeji.. ;.l utio, ijuedando, pi.rli. nii'-üio, e([uilil rado rl ju'.-.»» 
<1<! la Ir. la. ní, a;)Iie;'.r.(!< .le allí un ( ordi-1, ><■ Ii suspL-ixl» . 
.\d.i|uir¡ni ..-. e<la rari-za. ;il uoiir d«'l ('ii;;réin, e^ r»' i d» I I'rii- 
uua\. Kl as'peeto di.-l arma arLru\"f una ai¡tÍL:i'i<'d..al ri-motísim-: 

I). 1''!- rentino Ame;..'.}iino (¡,.1 AuL liil i-umh. t ■: n' /'/j ui. 
Iiaer n::'n'¡<'»n de «'ieiiiplar alguno «¡ue -.e [)arez« a ¡-.I ilrserit.) 
llaitl' s. ilaüUiite (lela li-.-ia lis.i. \\> d»- i)rc.-umir. ])or lanío, 
iju-' la «rizad;! «iii-- po.-..:tai. i,, rs >UTnamenie r.-.ri •> des(i>- 



U' 'eiua. 



i'al d. íi.inios {\\ 1,1 I.' i-d. »:■• c-ie lilíio. 1'. --^ti ri. »rmi-nie 
•i.»la\iiii'i i>li.'. ii'I. d'" ! irai i ^.::ii-'¡;¡i''.' ala <1''- 'ii ■; •'■'■lo 



112 DANIEL GRANADA. 



que, en lugar de esférica, es achatada y oblonga, mayor, y 
las púas, que son diez y nueve, más gruesas y largas. 

BOLA PAIMPA Ó CHARRÚA.— Instrumento ofensivi», 
usado de muy antiguo por los indios de ambas márgenes 
del rio de la Plata y actualmente por los de la Patagonia. 
Consiste en una bola de piedra muy ctmsistente y pesada, 
que 'lleva abierto en redondo un surco, en el que se afian- 
za un cordel, trenza <'> guasca retorcida de iicnios (tiritas de 
cuero) para manejarla. Arn^jase á la distancia, volteándola á 
modo de honda. Peleando cuerpo acuerpo, retiénese asegu- 
rada de la man( >, al dar el golpe, la extremidad de la cucr- 
tla, i^tiasca ó trenza. Dos bolas de j)iedra sujetas á los ex- 
tremos tic un cordel, trenza (') guasca, sirven, ora como ins- 
trumento de (\iza, arrojadas á las patas ó al pescuezo del 
¡mimal que se quiere aprisionar, ó ya accesoriamente de ar- 
ma ofensiva. Parece como que la misma naturaleza, inspira- 
doni y maestra de los pueblos infantes, hubiese puesto en 
manos cielos indios que erraban por la Pampa el modelo del 
arma de C[ue se trata. En efecto, desde los ramales de los An- 
des tenían delante de los ojos la muestra. El alcalde provin- 
cial de la Concepción de Chile D. Luis de la Cruz, que, al 



decir de Angelis, con un pequeño séquito, cortos auxilios y 
muy escasos conocimientos del país que se pro¡)uso atrave- 
sar, se arroje') como un cóndor desde las cumbres de la Cordi- 
llera hatúa las pampas de Buenos Aires, cuenta que cerca del 
estero de Gnitalcchcctmi hay un cerrillo que remata en i)enas 
grandes, c[ue forman como tres ganchos. INIe ponden'» ]Mo- 
lina, ¡^rosigue, abundaba de piedras en forma de balas de to- 
dos calibres: fui á verlas^ y auncjue las hay parecidas, no con 
perfecciím. Es cosíi común en muchos lugares de estas lor- 
dilleras, y en especial me han asegurado que al lado del orien- 
te (U' las salinas Grandes, por cuyo camino vaaios an- 
<l;mdo, hay un valle nombrado MuluchcmcUco^ que sólo se com- 
pone de piedras redondas y de todos tamaños, que apenas 
podrán encontrarse algunas que no sean idénticas á los cali- 
bres usados. > Al tiempo del descubrimiento y conquista del 
Río de la Plata sólo consta que usasen la bola de piedra, 



VOCAUUI.ARIO BIOrLATENSE. 113 

como instrumento de guerra y do caza, l^s pampas y Ins 
charrúas, salva alguna ([ue <»tra parcialidad vecina de ellos 
%l]iic imitó sus costumbres. Los espafuílcs que componían la 
<íxpcdi(^ión del i)rimer adelant:ulo del Río de la Plata D. Pe- 
vlro <lc ^Mendoza vieron la Ix'Ia de piedra en mantts de los 
indi<;s (|ue ocupaban la co^la austral úc dií^ho rí«i, á quienes 
Ihiwiaron (jiicraitilus. Por efecto de esa arma terrible perecie- 
ron algunos caballeros en la l.xitalla <N»n (jue í>o di'» principia 
\\ la Cdiiijuista, cerra dí^ P>uen«is Aires, liecln) (jue relata 
S<'hmí<.lcl del modo siiruieiite, seiíiin la ver^^if'n (Mumida de 
sil ll'j/'r: (^>ueriend<» atr<>pellarl<»s, uds re^islierun. peleando 
l;!n furiosamente (|ue dieron muerle á I). J)iei:t> de Mendo- 
za, á seis liidal;::"S y á ( crea de veinte S')ldadits tie á pie v 
í!(; á laballí). Dt- los iiulios murieron cer<"a de mil. Peleiiron 
fuerte y animosamenUí ron sus arcos y dardns, Llenero de 
iuncüla á mnd-) de media lanza «n-i jranta dn- ]>'.-drrnal aiju- 
y.ada y tres punt.\s en f 'rma dif tr!>ul.--«. /!'.;.-.,7 .■■/,../> //.//■/.; //< 
ftitt/f'iT. ff '// !s á i'.-! /'>•;.''//,/;;.>. r-i;:: ) /.,'v ;:/.'• s/;\/s /•'■ t :;■.'//, rit/ : 
ócbaiilas ;': l'.s pl.s d«.* !■ -s ea-'.illi s i-'i dci.is <úer\<:>, ru;.nd<i 
i-a;'.;¡í!>, ]::M:\ lia< ^ '.li ^ c.iír: y t • -n c- tas i -"lis mal;. :< ^n á nues- 
tro «i.jli.'in y i'í 1- 'S li'd. ;!';■"> r.;\rid'»<, y á I-'-, d * á 1)1:- ion 
sn^ (Linios, l'i ( nal vi yo. Per.., no ■ b.i:;i:t • ^:: v- isUnri;!. 
Í"S M-ncinios V i iiU'..m' »'• á >ii pii-.'''». 

Va in-l/unn-Ml' » • ífi.-n-ix'' « \' de ci/:: cu;* n- •- < '« v.]'.:. «■:;■. ;!'.-( uüar 
ti»'!..-. I'.;:' ¡.:!idad» > *'•■ in(!i >> (,;:'• «n I:: i'¡o«;! (!■ I d-. s( ;¡i»ri- 
»ni(^Mo y «on;|j¡>i-i d,- A?ní'-i¡';: .:- ; :.i¡>;J :lm • ¡: !. ^ márgenes 
:;n..tr.-l y >r\i iiir:"i¡.;l (!■•! :\- • (h- I.. li;:la. i )e al-í i.i ;.i;i:íira«i«''n 
di I priiiif r <':"):i!^:a d ■ In'!:.^ (¡ •/:.! ■ l*\::i jidi .: d.- ( ívie<.!'», 
«nani'.o ilc i'j t-.:No lí-.iiti;;. 'i'r.:ii-r.-i!''l.í d«- > sie hi-il-i. í.o.s 
• itr* »^ •:'.;■• «-n •'! i < n 1 1 :\v. nd lí- « de I > 1 'lila i t n: lar- n, n- • \ ier« m 
li ' ij'.:-' ( --11 ■< di- < !■ m 1 '; dr- > o!'* ^■ '. íh 1 •;•';! i pr- •! 'a:- tii «'• 'ü su dan» » 
la t".« :;■.' adí-nlvii, r <.v /■■'.■.• 'r.; /^ //.■ '•■/*/ / '.v t.-!/-',/ »:.':;:•,' ' /( v/.v.í/- 
.'v/ y/./- .,7 i ;■/:/,/.'/ .'.'•;■/■■/ /.w;;/ /■\' /:■'.'■. y//.' í/ ¡r,': h.ir-. .'o- í.; r-iSiit/i 
ifofii, ..!! ,':-i, /i/ /,v/.i (í;./.í.\ /■. ". / ;,.•■. i' ;.'.'.'/■;•'.' /•' /■:/.■/■ tf f,-''/ ;// /, Vf/ií^ 
la <|U íl arma no i:i u.san t-ulos l.>i ¡ndi<is, ni s-in hál»iN-s [Kira <'Ila 
sino los iiue ellos llaman uuarani's; v e^:e U'unbrc n-» supieron 
v)<:<jrm(í si es de esta i:«-nt«' /* i:.'-nero anarlad-) (¡ue u^an esta 

4 1 



114 DANIEL GRANADA. 



nueva arma y la cxercitan en la caza para matar los venados, n 
si al mismo cxercicio n á tal arma la llaman guarania, con la 
cual assimesmo mataban á los españoles como á 1<.)S ciervos, y 
es desta manera. Toman una pelota redonda de un guijarr») 
pelado, tamaña 6 mayor que un puño de la mano cerrado, y 
aquella piedra átanla á una cuerda de cabuya, gruessa como 
medio dedo, y tan luenga como cient passos, poco más 6 menos, 
y el otro cabo de la cuerda átanla á la muñeca del brazo dere- 
cho, y en ¿1 re\aielto lo restimte de la cuerda, excepto quatro ó 
cinco palmos della, que con la piedra rodean ó traen al rededor, 
como lo suelen hacer los que tirim con hí>ndas; pero como el 
de la honda rodea el brazo una «'» dos veces ante ques sesucltr 
la piedra, estos otros la mueven al reilcdor en el aire con aquel 
cabo de la cuerda diez <'» doce ó más vueltas, para que c<mi 
más fuerza salga 1:í pelota ó más furiosa vaya. E (juando l:i 
sueltan, va adonde la guían (') endercsran, y en el instante 
soltándola, extiende el brazo el intlio que la tira, p<)rque la 
cuerda salga y proceda libremente, descogiéndose sin dete- 
nencia ni esíoibo para la piedra. K tiran tan cierto como 
un muy buen ballesteni, é dan á donde quieren á quarenta 
ó cincuenta passos é más; é aun algunos úr. los que son 
más diestros tiran á cient passos; y m dando la pelota, va 
de tal arto é industria arrojada, que ella misma, después que 
ha llegado y herido, da muchas vueltas con la cuerda al 
hombre «'> caballo que hiere, c lígalo, é se traba con él de 
manera en torno, que con poco que tira el (}ue tiene la 
euerda atada al brazo, como he dicho, da en el sueh^ con 
c-1 hombre <'» cabíillo á quien ha herid(.), é assí acaban de 
matar al que derriban. Decían estos españoles que aquí apor- 
taron, que en tanto número de chrij>stianos como fueran á 
aquella tierra, habiendo muchos dellos sueltos y mañosos, 
ninguno supo tirar aquellas piedras segund los indios, aun- 
que iníinita,s veces muchas españoles lo probaron, vi mi pansca 
cosa es c\ tremada tal anua en el mundo para los hombres. (I lis!. 
;í^en. y na/, de las Ind. etc.) 

El juego compuesto de tres b(»las retobadas es posterior á los 
tiempos de la conquista. Son las boleadoras, denominación 



VOCAIJULARIO RIO! 'I. ÁTENSE. 115 

< -iTriprcrísiva .'-.simi^nio ilel jiu'irt) lonipucst») ác solas dos bol;is. 
Cuando sr dico l»:Ji\uh.y(ts, se ciuifiulr .-iompn^ las que usan 
los hoinijics del campo en 1 -s tral»;iios proj^ios de la industria 
pi'cuaiii <'• li'S indiiiscn \\.\ kwv.w. 

PoSLenics eierto núniero di' i)<»las charriVis halladas (rn la 
b.mda oi'ivinlal tkl l.'rucuay. Tod;is son de piedra pardusca, 
nuiy tlura y ])isa(la. con su ( t»rrespoMdionle surco, de diferen- 
l«- lainano y f. inna: unas esfrricas, otras ovaladas: las más 

• omunr's a!u:o nn.-nores cjuc una luira.nja jnedi.'ina, y algunas 
tral'i'jail.'is ( ..íí t;;nt.« ]')crrL-i-ci'''n <|ue n*» saMrían mejor het^has á 
torno. iLa ívi¡i¡-.;s á niano, rasjvmdio una p'edra «'on (»tra., va en 
.su> a(ii'.arc>. \\\ i después d.i' la <.)ri(pi!sLa) al trr.nio d»-: <\il)allo. 

B<.)L!'2.\Lh dvAS, jl. r.- livarumento ])ara a])re]iendcr 
.miníales. Usad' I ])■■?' ¡ -.^ liomlires del campo y j^or los indios 
de la Tataií- -nia. C'ori.-'is'.e en <!■'•^ •'• tr-.s l)ol:is de ]vi(.dra ii < -tra 
materi'i imn-cLi, rrf'>¡.,7.,\:< y íiiii. tas á '»tr<»s tniít"S ramales 
de '//'/w'/. i )n ¡ilí'.s ('. Lien de lrenz".s formadas {\c tit;i!n\ 

• tiritas di' a-;' o. ¡]n < I ¡ih;:') » "U: puesto de tres l^«»las, dus de 
ésta.s ^. í;i i^-;'ale>. \ d<> tiim-.n» i.-v.-aor la tercera, que sirve de 
iiiaiiij.'i í '! - 1 a-i' d" \-lL'.r a'ji;'''Il:is el jinete ]);;ra darles 
\ aelo V (ür < . i-'-M. Arrojadas á hs patas del anim;.l ít'»ro. 
.ai'.JI.'. it-.i i:ii.' :•■ trata de- aprisi» «uar, enrédans;- en ellas, 
],.'V (..■■■ '.'-.;■» e.'e eM íi- rra. ]v.\ el JM'-i,^» de dos Imla.s. I.i 
Mua. •=.: ■ si'v -i]" m;:niia. < < nienor ^^\\>' ]>, nira., y arabas. ]^(»r 
.» 1 •'.•".:!' :'. i'ic:.' •; 'jraaul-- v :nás livimas (ju«* las drl ¡u' -.■■.) d 
'.;■..-, ; -'• ( ■::: • üi.';-» ('«-'lt/i '." CMría I:'. tre:i/;i '• /,.•/•. »'■.' qut 
i.-, íai't:'. l':-..:!-'' e:i oj) ri;:l c-ias /'•■■' f!>f'"r !\' p;'.ra f''/' 
.'\e-triie.«. \ ■a-d')'- '.' ot;-. .^ ;'i;Í!n:i¡ ■-► ^:-:ii:-i:int'-s, a!r"j '.^.d- 'S(.-las 
.': lis p;it;:^ <'» al i>'--. a-' •. J-'-l ;/■■''■', en lo (]ue v- emplea 
:. L'i.i: = nii' !Lt'- t ! LMrr'-n p-r iif'riaa y c"nsistenMa, á lave/ 
.jl."- -'.Vi- p.i.. alian;: :r l.'l-'la «a la :y/if.if¡ ('• 1rvn':i. evita 
.;at- la :i'-';'.. !:itr.'i\ » í- .. de .iu<' e-íá formad.".. íItu'.- al 
.aiiíaal, (n.'.ad' ^- le t|iri«rc ^ <I..;n'n'.r apiehend'T. » 'iUi'» su- 
« «'de en I'iN t:ai :io> «li" las <'st.:n ¡a^. 

r sa r» MI .' : s i ! a isin o I . t s I ir. i -■ ■/•. / ; ,. ;»i^ii'i-i v 1 • in paan pa s }• 
l"S •harrú.is. L'»s --idad'-s d< lal-allaía parauu.iVi.*, ( ii la 



e 



ni 



116 DANIEL GRANADA. 



guerra contra la Triple Alianza, que comenzó el año de 1865, 
llevaban cada uno dos juegos de boleadoras á^ tres bolas, 
y asida á la muñeca con una trenza de cuero (') guasca una 
bola igualmente retobada^ como parte de sus armas. 

BOLEAR, a. — Arrojar las boleadoras á las patas ó pes- 
cuezo de un animal para aprehenderlo. — En sent. fig., envolver, 
enredar, trampear á alguno, hacerle una mala partida. 

Prov. de la Amér. merid., según Salva. Creemos lo sext 
sólo del Rio de la Plata y Chile. 

BOLICHE, m. — Casa de negocio por menor muy pobre, 
de ninguna importancia. — En especial, tienda de banilijas. 

En las ¡provincias del norte de Chile y en la costa de 
Bolivia y Perú boliche equivale á bodegón de mala vtttcrit\ 
según D. Zorobabel Rodríguez, quien presume que acjuel 
vocablo procede de la gemianía. En efecto Juan Hidalgo 
(Voeab.) y la Acad. lo ixd.Q\\\)or casa de juego. En la provincia 
brasileña de Río Grande del Sur taberna pequeña de poco 
surtido ó de poca importancia, según el vizconde de Bcaurcpai- 
re-Rohán. 

BOLICHEAR, n. — Ocuparse en negocios de muy i>oc:i 
importancia. 

BOLICHERO, ra., m. y f. — Persona que tiene un boliche- 
— Por ext., persona que se ocupa en negocios de poca imjxir- 
tancia, insignificantes, que no valen la pena. 

BOMBACHA, f. — Pantalm muy ancho, ceñido por la 
parte inferior. Úsalo actualmente la gente del campo que 
se ocupa en trabajos propios de la industria pecuaria, pre- 
firiéndolo, por más cómodo, al chiripá, que va desapare- 
ciendo. 

En el Perú bombacho (Palma). 

BOMBEAR, a. — Exi)lorar el campo enemigo. — Seguir los 
pasos de una expedición, observando sus movimientos. — 
Observar cautelosamente á alguno, á fin de descubrir su 
intento, ó con cualquier otro objeto. 

< Antes de amanecer fue sorprendida (la escolta) y cruel- 
mente insultada por los indios tupies, que parece la hubieran 
venido obscr\ando de lejos por las orillas de los bosques, ó^ 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 117 

como dicen comúnmcnlc, homhcamh)^ que es la costumbre 
de estas naciones hasta K)grar su depravado intcnt'.). > (Cabrer.) 

^.Por cuyo motiví.) había mandad» > el chasque al coman- 
dante, diciénd«»le había bombeado lus indi<xs, que estallan á 
distancia de 8 /> lo leguas.- (D. Juan Antoni») Hernández, 
K\p. contra los indios it\:^íi'.!i/ics, ^77^-) 

También en la in'i)vincia brasileña de Rio Grande del Sur, 
con la pri>pia signilicací<')n que en el Rí<> de la Plata (licau- 
rcpaire- Roban). 

IVov. de la Amér. incr. (Salva.) lis pn)bable U'» Ne 
extienda tanto: (¡ui/ás no jxíse del Rín de la Plata y Para- 
guay. 

Respecto a su elim. v. Hí )MBKR( >. 

Ij<.)^IP»RRO, m. — Kxploratit»r (kl camjio enemi-o. -Ksi)ía 
que va siguiendo l^s pasi»> y (»bscrvanilo lo^; nlovirni^:nt'l^ 
de una expedicii'-n cuahjuiera. 

Derívase del port. yW////^//», pal-nuro, nombre ([\u- >c ilio 
antiguaniL-nte á los que ím (1 iíra^il sr ocupaban en la 
comiera y venta de indios para retlucirlos á cautiverio. Dr 
/^/;//;///7;v; hi<'ÍLron Ion i.>panol<.s prinu-raniente /'nn¡btn\ y \n\r 
último ito)nbt'¡i\ 

Tuvo noticia (el p.idrr Ronu :'") dií unos tu|)ís que .^ 'U 
banqueros •'» ('ajer-'^ vx 1' 'S vueinos (K- San P;;!.-!- », á (jiiii n 
en len;j;ua portu::iie>a llaman /»>¡nbt .•,'.< y i-n nue>!.ro cü-.u-- 
llano /nilonicn.'s, á la >imi¡!iad el»- l-'S ',)aiomi.s (üt-^tro-, k\\ 
rc<ni;í.r y liurtar [jalom;-.-; dr otros palomares.... K>t' > /'";;/- 
bti'ns, si bien prok>;in s.r • r¡>iianoN, s. lU Ii k misiiin.^ iK.-mnii:. .> 
del iníierno. . . . Tienen I;::- rasas 11' ñas de nui¡<'res gi-ntili-^. 
compradas [)ara sus tor[)t:zas: ineitan á los gentiles á (jur 
se hairan i:uerra v m- «auliven v prendan, v los traiLran al 
contraslr v venta. (Ruiz di- .Moniova, Connn. t.</j¡rj 

Kn la proviuí ¡a brasileña de Río (jrande del Sur btnn- 
bcirn (\^ pombciyo, Von la ¡in-pia significaí if'-n (jue en il 
Rio de la Plata, en donde es muy pn.»l)able, dice JJcaure- 
paire-Rohán, (jue se inln.ídiijese el V(íCablo cuandt) las tro- 
pas biasileñas guarnecían el territorio (pie constilr.yc h'\ la 
República (oriental del Uruííuay. Juzgamos más prob ibk- (<i¡;- 



118 DANIEL GRANADA. 



pombciro se haya corrompido en bombero en boca de los espa- 
ñoles, y que de éstos hayan tomado la voz asi transformada 
los portugueses de Río Grande del Sur (en cuyo lenguaje 
influyeron de una manera tan eficaz y notoria), convirtién- 
dí)la á su vez en bofjíbciro. Los portugueses, cuand(^ hubiesen 
dado ala voz pombciro el sentido traslaticio que hoy tiene en el 
Rio de la Plata y provincia de Río Grande del Sur del Bra- 
sil, hubieran conservado su estructura primaria, por serles 
enteramente famiHar comc^ de su lengua. Que se usó en el 
Rio de la Plata mucho antes, y no sólo desde la ¿poca en 
cjue, como lo presume el ilustrado filólogo brasileño, las tro- 
pas portuguesas ocupanm la Banda Oriental del Uruguay, lo 
demuestran los siguientes pasajes: 

«Habiendí^ descansado un rato, llamó el cura al bombero 
del pueblo. Por bombero debe entenderse un explorador á cuyo 
cargo está salir á correr el campo y traer las noticias de si 
hay indios enemigos por las cercanias.:> (Fray Pedro José de 
Parras, Diar. de su viaj. al Río de la Plata, Rcv, de la B. de 
fís. As. por Trclles.) 

Cuandí^ han resuelto (los charrúas) una invasitni, ocultan 
las familias en algún bosque, y anticipan seis leguas á lo menos 
algunos bomberos ó ex¡Dloradores bien montados y separados. 
Estos adelantan con suma precaución. Se detienen á observar y 
van echados á la larga sobre los caballos, dejándolos comer 
para que, si los ven, se crea que los caballos est/m sin jinete. 
(Azara, Deserip. é hist. del Par. etc.) 

Estos indios se iban llegando; pero luego que los llamé con 
la voz de amigos, pararon, y reconociendo cuanto la distimcia 
les permitía el barc(^, sorprendidos de una cosa para ellos no 
vista, se entregaron á una presurosa fuga. Quedamos esta no- 
che con cuidad») de si serían bomberos (llaman asi á los espías) 
í.[ue venían observando nuestros movimientos, y dudando al 
mismo tiempo si fuesen chiriguanos ú otros indios de naciones 
enemigas. > (D. J. A. Fernández Cornejo, Exp. al Chaco, 1780.) 

Antiguamente llamaban bombero al indio espía ó explorador; 
hov se usa el vocablo en sentido lato. 

Prov. de la Amér. merid., según Salva. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. llí) 

BONAERENSE, adj. — PerteiicdcnU' ;'i l;i i iiuUid «'> :'i la 
provincia de Bucnus Aires. V. PORTKÑí.). 

BOSTA, f. — Excrcmenlo del íjanado vacun«» v caballar, v 
en general de todo cuadrúpedo. 

También en Chile estiércol de vaca <'» caballa (Rodríguez) 
y en el Perú (Palma). 

Voz legitimada, \v > .s«'»l« > p» >r us< > antigu* > y c< »nstante, sin» > 
por su derivación del lat. />£;j, buey, vaca: de dnnde su sen- 
tido recto: excrementt) del ganad*» vacun«». 

'La muía ticnr d«í i'sn»» cI sufrimirnt», <1 < "iru-r cualcjuicr.i 
cnsa, ^iu ex( luir la /'■ .\:,: dr I.is trinas di; l:i> v '.i is «í-j • se nía- 

i « 

tan,' eí(\ (Azara, -//';•/;/. ti» .! 

■. //os/.: e i j Li i va K r á /»- '/.".¿ . /. i ! > . Ba k I- »m r T' » K i \' « • ; 1 < '• J 
BOSTKAR. TI. Traían: l"sc de ;«.ni!ii'iks va(un<»>, «al ::.!:. > 
rus y ctr. 'S < uadri'ipi v!...^, txiixuicnlar. \'. B( )ST.\. 

B( >VKRí.>, ni.- Pi'ijan» [)rt|ii».ri< '. lugit», ([u • ai'^iiip'-n í íinn- 
pre lA animal vatiin»» y < aballiir, (uantb» r>tá pa^tand", v C'Mi 
el cual Si; íamilia.riza <!•■ tal ii:aií».;-i qur á su M»nr.í¡M sl* pre- 
serva (le Ins ray"S (Ul .si»l, p:i<é:ise p'»r su 1< im. » v casi 1»- t|uita 
de la I "tea el alinimio. liaec > ! ni'.l«> i u el ImiuIm (Uí una b'»N.í 
de una vara*' laás de !;ir^.i. per.» aii'^n.-st;:, (ju,- él teje <<»n 
cerda v íi!ament"S di.- ])lanVis v <ii'.1l:i «I- U!i:i r;:!ii i rTi l\^ 
lagunas y firi's j)arají s smiejanles. 

\i'> (-'l.^ad'» á un I.-a:- 1. s-'"i.«- 1.^ a'ia.;>. 

l.'n nid) de h^iviios. 

(I). Rafael Oi>li|?aili>.) 

B( )ZAL. adj.-Kn senl. ['vjl. y r.mi., (pn' s- «xprt^- '■•:» 
(lifuullad y aturull.ida mente en castellan».-. 

R()/AlV)N, ;¡,/, adj.-T;im. de /"?:.;/. 

BRACKAR, n. K( liar el (.li».-.!!"» I.ls m.iU'-s iia'¡ : uii" ■.■ 
<>tn» latl<», «liando anda, i in uiislimeia cae l-i hace m;'^ :!:■.■• > 
y aumenta ^u esí¡níac¡«''n. - Xatlar. í-aían*l" l.>s br.iz»-. fu. r.i 
del agua y v. ilteánd(»l<»s hacia delante. 

BRASIL. --Esta parte del ontinentr am«T¡»an.) ».:m muy 
abundante de la madera que, p^r -íit d.- un «-il-'r en« arnad » 
tan en'endid'» <|Ue parece un;i brasa. r».i¡|i¡i'> d H'-mi-re «!»• 
fnuisi/, du di>ndtí l<»in/> d suyu la li'-rra 4ju«- I-» j>r-;!ucía 



120 DANIEL GRANADA. 



Fue dcscubierUi por los españoles Vicente Yáñez Pinzón 
y Diego (le Lepe en el año de 1500. Algunos erradamente 
atribuyen el descubrimiento al capitán portugués Pedro Al- 
varez Cabral, c[uien, en el mismo año, navegando para la 
India, alejóse tímt<j de las costas de África, por evitar las cal- 
mas allí reinantes y á fin de doblar desembarazadamente el 
cabo de Buena Esperanza, que dio con tierras al occidente, á 
las que puso el nombre de Saitta Cruz ó sea el Brasil. 

Capmany (Mcm. hist. etc. de Barc.) observa que los euro- 
])eos, comparando, sin duda, el color encendido del palo á una 
brasa de fuego, le dieron el nombre de brasil cuando comer- 
ciaban cu levante, mucho antes del descubrimiento del Nuevo 
Mundo, pues desde fines del siglo XII lo halló nombrado 
hrassilhim v hra.xillum en documentos de lUilia v de Cata- 
luna. 

BRASILKRC), ni, adj. — Brasileño «'> natural del Brasil. — 
I^erteneciente á esta nacií'm. 

Voz formada del port. hrasilciro, á consecuencia de la cons- 
tante ó inmediata comunicación con el Brasil y de la domina- 
ción i)ortugucsa en la Banda Oriental del Uruguay. 

BRETE, m. — En las estímelas y matiideros, sitio cercado 
con fuertes maderos, para marcar animales, matíirlos, etc. 

BUENOS AIRES.— Capital de la C(mfederación Argentina. 

— 34'' 35' 3<^>" <í<^ l*it. aust. 

El año de 1535 arrib»') á la costa austral del rio de la Plata la 
cxpedicic'm del adelantado D. Pedro de ^Mendoza. El primero 
cjue saltí') en tierra fué Sanch<> del Campo, exclamando: ¡que 
r.UEXos AiRKs son estos! La imposibilidad de mantener un puest(; 
tan distante de la Asunci<!>n del Paraguay, donde algmios años 
después determinaron fijar el centro de las operaciones de la 
conquista los i)ocos españoles que la guerra y el hambre habían 
dejado con vida, les indujo á abandonarlo. Pero el año 1580 
fund(') definitivamente la ciudad de Buenos Aires D. Juan de 
Caray, teniente general del adelantado Juan de Torres de 
Vera y Aragón. 

V. Confederación Argentina. 

BURUCUYA, m. — Planta trepadora, abundante en los 



VOCADULARIO RIOPLATENSE. 121 

iiKiiitcs, cuyt)s árboles entreteje y hermosea en la estat:ión ele 
las flores. Da una fruta encarnada, de rascara jmlposa. Su íl<»r, 
de colores varios, señaladamente azulados, encierra particu- 
laridades que se asemejan á los instrumentos de la i)as¡»'»n 
de Jesucristo; por lo que lleva el nombre {\\^ pasionnrid i\ Jioi 
de la pasión. Passi flora nmihd L. ((}ib.). En Colmeim nntnt- 
tiiva da n i as i I y di ¿is AniiHas. 

Del p:uar. víhurunaá. 

• Ll.'imámt »slc !<•> rs]uiA«)k:s ^/'..v/ .-/?////. ^ y cdu nombre más 
l)iad(»s«> jlor dr la ¡>,!m'->;/. (Lozíin»».) 

L<» m;'s a])rnp¡:[d«i es Ihim.'ir fa/mmyá á la i)lant;L y á su 
frut«>, y á la ih tr />i/^/'o//fir/i/ n //..•/ dr la ¡rasión. 

Miimiiruyá slm])«')i¡' o. que i^uiirdas 

De la [)aM«'»n < ri.>l¡;in:i el irr.in misleri-). 

(T). A. MufíariMOS Cervantes.) 

liURRrVACl.'. Dei:;jt'.nienl«> <'.e 1:: lírovincia ariríMUinn 
de Tueum.-'üi. — (.'í!:)i:;'l d: 1 nii>m" dijírri imt iii«.-. 



7^ ^^'iU\ 



c 



CAÁ, m. — Nombre guaraní de la yerba del mate y del árbol 
que la produce. V. MATE. 

Los guaraníes denominaban caá al árbol conocido en botá- 
nica por ilcx'tnatc ó tlcx paraguay cnsis, Pero como caá, á la par 
í"on capa, significaba también genéricamente diversas yerbas 
del campe;, los españoles, traduciendo á la letra el vocablo, 
llamaron yerba al árbol de que se trata. Puede ser que los gua- 
raníes le nombrasen caá por antonomasia, a'tendidas las seña- 
ladas virtudes que recímocían tener sus hojas, como si se dijera 
en castellano yerba por excelencia; pero es dudoso, porque el 
misionero jcsuita Antonio Ruiz de Montoya, á cuyo Vocabulario 
V Tesoro de la lengua guaraní dio fin, según él mismo se expresa, 
el tiempo de treinta años (juc había gastado cutre gentiles y con 
(ficaz estudio rastreado lengua tan copiosa y elegante, ítbser\-a que 
on lo de ahuyentar el sueño /j^nw á algunos que se semeja ó es 
la misma yerba de la China llamada CHA, que lo quita ^ y que 
aun el nombre (jue lo dan los naturales (caá) no desdice mucho 
(Conquista espiritual etc.). Esto n» > lo diría M< )nt< >ya ^i la voz caá 
correspondiese en este caso con el nombre genérico yerba par- 
ticularizado ttn el árbol á (¡ue se alude y en sus hoj:is. 

CAACATI. — Departamento de la i)rt>vincia argentina de 
Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

CAACURUZU, m. — Planta aromática, resinosa, con rami- 
tas en forma de cruz, llamada también hierba santa, por su 
acreditada virtud de preservar de las pestilencias, purificando 
el aire inficionado. 

De la voz guar. cná^ hierba, y de la española cntz corrompida 
por los guaraníes, ó sea curucú; las cuales, aglutinadas, forman 
un vocablo que significa hienda de la cruz, aludiendo á la dispo- 
sición de las ramas de esta ¡llanta. 



VOCABULARIO RIOPIATENSE. 123 

CAAPAU, m. — Conjunto ch.' árboles ó monte de cort;i 
cxtens¡/)n, aislado, que no está jr.nto á río ó arrov*). Lo mism«) 
que isla, p<)r trasl. 

1l>c\ px'dx. caapaií, monte aislad". 

Dljí.'se antiguamente canpaú <') ctitijutu, que son firmas apro- 
piadas á la etimología del vocal »lo. 

El jesuíta misionero que conduj'» la expcdidón de guaraníes 
desde Ibirapitá-guazú hasta S;inl > Domingo do Soriano, cuyo 
Diar. ha publ D. M. R. Trclles ^Z^;^•. de la Bibl. P. de D. Aj 
escribe: Caminamos unas cinco louruas hasla el Vcvitai, en 
donde encontramos al cabo do un triste caafxiú. 

En algunas partes, como en la R' pública (.)riental del Uru- 
guay hacia el norte y en ]\íisior.( s, dicen capón, que no es otra 
cosa que la voz portuguesa ca/t.'," castellanizada á favor del 
contacto inmediatíi en que están C'-n ios l.)rasilerios los habitan- 
tes do aquellas regiones. 

Leem«\s on el Diar. de D. jo-'- M.-' Cabrcr: <.Bos(iucs corta- 
dos en formado islas, á qu-j l-s portugueses llaman cunún- 
mento fa/'oens. ■ 

CAAZAPÁ— DeparUimcnto d;' la República del Paraguay. 

CAIjALLADA, m. — Conjunto (h; caballos, sea cual fuero su 
número, con especialidad cuando oían destinados á un deter- 
minado objeto, ecmio los quií ••;«' ('«han por delante de un 
vehículo para remudarlos do tir", los que p(M-tonoco¡i aun 
cuerpo tic ejército «'» los de una niin^agería. 

CAI5ILDAXTR, m. — Individuo do cabildo secular. 

Nuiíca .so dio en América ti n-iubrc de c4»ncejos »> ayunt¿i- 
mientos á los cu'i'rjKJS roj^rcs4;í¡i.intes del municipio, sino el 
do rithildüft. De ahí el llamarse mhUlantc.^ á lo.s individuos 
que 1"S componían. Do man(^:a (|u<\ diciomlo cabildo, .se 
entendía rl cuerpo nnmicijXil d- ou»- so trata, á ilistincii'm thl 
< ual denominaban r,jüilth crlr.w'.L/iro al de las iirlesias cale- 
ílrales. Llamóse también caltild-t i-l cdiíicio en que rejuntaba la 
c(»:-poración, donde regularme. nto estaba la cárcel. 

(Jiibi/daii/r, parecido en su forinaci<'>n á comcdianf,, creemo.-. 
que .^e u>a también en España on lugar de íri^idor: sin ombar- 
ío n«> se encuentra en el Die(i< .nario do la Acatlomia. llalla- 



124 DANIEL GRANADA. 



mos además aquella voz en el Resumen de la historia antigua de 
Venezuela por D. Rafael María Baralt.^) (Cuervo.) 

vEl que maneja los acuerdos y votadas del cuerpo á que 
pertenece, y á veces las de otros. — fam. Capitular.» (Salva.) 

Desaparecieron los cabildos con la nueva fonna política que 
se dieron las antiguas colonias hispano-americanas después de 
la independencia. Era la institución más benéfica de su me- 
canismo gubernativo. Los individuos que los componían, elegi- 
dos de entre los vecinos más capaces y honrados, supieron 
conformar dignamente, en todas ocasiones, la mayor energía 
y firmeza en la defensa de los intereses de los pueblos que 
tenían bajo su guarda, con el respeto que infundían los virre- 
yes y monarcas. La historia y en particular las actas de los 
cabildos de Buenos Aires, jMontevideo, Córdoba y Santiago 
del Estero que se han publicado, ofrecen üm singulares y 
constantes ejemplos de patriótico celo, que parecía como ingé- 
nito en aquellos cuerpos concejiles. El renombrado escritor 
argentino D. José Rivera Indarte, abogando por la restaura- 
ción de l«js cabildos con arreglo á los principios constituciona- 
les que se habían dado, las repúblicas del Plata, prohijaba los 
siguientes conceptos de D. Pedro de Angelis: «¿Estos cuerpos 
integrados por los vecinos de más nota, se hablan hecho reco- 
mendables por su amor al país, por la pureza con que admi- 
nistraban sus rentas y sobre todo por la energía que desple- 
gaban cuando se trataba de defender sus inmunidades y sus 
derechos. En su organización y sus debates, los cabildos 
ofrecían, aun en el sistema colonial de la España, el primer 
simulacro de las asambleas deliberantes en las formas más 
perfectas de los gobiernos representativos, y llenaban desde 
entonces las funciones benéficas de defensores del pueblo, no 
con la petulancia de im tribuno, sino con la circunspección y 
prudencia de un sabio administrador. A falta de otros funcio- 
narios públicos, estos honrados vecinos los reemplazaban en 
los varios ramos de la administración: los asuntos contencio- 
sos, la protección de los pobres y los menores, el cuidado de 
las cárceles, de los hospitales, de los hospicios, de la higiene , 



VOCABULARIO RIOPL ÁTENSE. 125 



tlcl abasto, etc., trnl) entraba cu sus atribinúoncs y era vorda- 
dcramiMUc .'i(lmiral)le el cdo c;»n que las llenaban. ■ 

CABURK, m. — Ave de rapiña, men^r cjue el puno, parda» 
redondita y fornida. Da un chillido: mira á su alrededor; y los 
pájaros <pu^ se hallan al alc^mce de su voz, se terriliran, que- 
dando ( níeramente cntreiíados á su voracidad. Kntou'X'S elií;e 
el (jur más lu ])hnN' y lo devor::. Cuentan (jue su ví(iima predi- 
lerla es el r/iini^-ifo, (jue parece d mas tímido y eautelosn, y de 
;ihí la frase jiroverbial (.-n t- 1 c:imi-,i.: *K)r J S'-n¡¡f¡,7/¡,), mijfa al 
rhiu;^nh) rJ r,¡!i:n\ La Líente «anrpr^ina .•itril)uy'' multitud de 
«•\<'elen<i::s ;'i 1;ls plum::s d'.'l r:i])urc. P« r- > n-» Ia>. quieren las 
'■/////f/.í. ]> írquv\ di(^'!í <.ll:i-;, < uan 1 » ti.^n;'!i \\\\ hi¡», .s(í les llena la 
i'asa d'" v''V '/"o'. Aíc^' .r:'.:i, no >:.-m;)ri' p.tra mal, las plumas 
*le! « aburv'* fui':/:! :'.tr;'.ciiv:i : y sjn» ., dí-^an!'» las />:í'f>-ri(is, 
t!«>n(h' I.is '.:ii;'.ní:in i-:c->ii(lid:' s íum-) or-» en paño, ¡'i íin dr 
que .-M'uda^! /,//-7v7'..';y. . <|ur dí-jcu mucha /'! if r, DiL^al) el 
que li -iv la r irtuin de llevar sobre ^i i-s venturosas plumas, 
■infundieuilM y c .mili'iudos- el anv-r de l.i persona á (|uien 
sol¡( ii.i v ouicre. I''.l (abure l.-r.-^ca la^ s.lvas. huveiid-) lejos tle 
las < iudridc : ;:nda n .r Corrientes, Mi-ioiu's, ti Parauuav, el 
í'hae... ¡!,.'stima L^ran«K I Si I» tavirramo-i más á m mo, no habría 
bii'ho \iviente (jui*, qui"ras no quiera^, re]ia>:'-;e entrej:ar 
hnnitanvníe el euell » al yui;o del malrimoni. .. 

Di 1 uiiar. líihur.'. 

y\.'^ j^irecc (jiic lio hav pajar» más vi-^Mro-.» (que el <'■■/- 
^mrr\ .' ;■:■ -pon i«''n d-l v.ilan-ii, ni r.iás fcr-i/ /■ ind.om; .>iiea- 
Me. > ( A/ara.^ 

C\('l'Nn.\, \. Parí'- sapevior (i'-l e^pina/o, < uando is al.L;o 
abult.'.d í. l'^'ise-'-ta vo/ •^pt/cialmente con re.'"eo-n' ia á la es- 
palda de los ne:;ro>;, ile euya Ien;::ua ori;j:in:!ria parece i)ro- 
venir el vocablo. 

CACHAFAZ, adj.- -Díee>e de la i)crsona desbaratada, pi- 
«ara y sin veri^üenza. U. t. e. s. 

CACHARPAS, pl. f. — Conjunto de objetos ó prendas de 
liso, en espeeial cuando'son viejas. Así, las piezas que romponcn 
un re("ulo de montar y los trast<.)s de una familia pobre, 
oíando tienen ya algún uso, se llaman cacharpas, y también 



12G DANIEL GRANA I>\ 



se d:i esto nombre ;i las iiis¡q:nias v cimdecoraiicMics de un 
general. Recoja^ ami^Oy sus cik harpas (las piezas de su rccatlo). 
IJcic iu un carro mis cacharpas [mh muebles). Iba el í^cucrol 
con íotias sus cacharpas (sus insiií:nias y condeeoraíioncs). 

Tal vez del quichua Ilachapa. andraj»), trap<» desechadi». «'• 
bien de rachapa, andrajos. > (D. Zorobabel Rodríguez). 

<V()z indígena; algo como pdaics, en la frase metafórica ^k- 
liar los pdaícs: (D. Pedro Paz-Soldán y Unanue.) 

Moratín dijo: porque es lama que el tal dios (Mercurio) n<» 
i:)ucde dormir en verano, si no depone todos los /castos, que- 
dándo.se á la ligera como su madr».: lo paric'). Aquí hubiera 
encajado bien cacharpas en lugar de /ras/os. 

CACIIK, adj. — Dícese de la persona ó cosa mal arreglada} 
sin gracia ni gu.sto en los adornos ([ue lleva «'> se le han puesto. 
No es lo mismo que chairo, charra, que se aplica á las perso- 
nas <j cosas adornadas C(»n exceso, >in gusto y que ostentan 
colores chillones. 

Caciií. — Departamento de la provincia argentina de Salta. 
— Capital del mismo departamento, 

Cachila, f. — Pájaro pequeño, pardo, que hace el nido en el 
suelo, de hiervecillas y cerda, y íinda siempre rastreando por ej 
campo, de donde el llamársele también conrea ni i uo. 

CAC MIRLA, Í.— C achila. 

CACHIMBA, f. — Pozo úv ct»rUi pmfundidad.— Ojo de agua 
manantial. 

Es voz importada del Afri(a, en donde significa la den.si 
neblina que al caer de la tarde se fama en algunos puntos de 
sus costas y también pozo artificial para sacar agua. 

En el Brasil dicen cacimba. En el Río de la Plata decían 
antes tímibién cacimba, seíxún escribe Cabrer: «En el fimdo del 
puerto ( de Montevideo) hacen las embarcaciones su aguada, 
para 1») que hay cubiertas {abicrlas, sin duda) varias casimbas 
sobre la misma arena, á < orta distancia de la playa, y en ellas 
se filtra un agua clara, de buen gusto etc. 

Casimba, en el Perú, es, según Paz-Soldán, una esi)ecie d<" 
ciitema á que ajxílan los industriosos piunin(>s paraapri>vechar 
del agua de su rio, (jue muy pronto deja de ( orrer . Agrega 



VOCABULABIO RIOPLATENSE. 127 

(juc «son unas cxeavaciuncs a])ic*rtas en el cauce mismo, lecho, 
madre ó álveo del río-^: que es voz c< «rriente en Cuba en ese 
sentido; y que Pichardo la cree de origen africano. 

CACHI^IBO, m. — Pipa de fumar ordinaria y tosca, en espe- 
cial la que usan los negros viejos. 

En Chile le llaman cachimba (Rodríguez), así como en el 
Perú (Palma, Paz-Soldán) y en Cuba (Salva). Pahua dice: -la 
voz cachimbo la hemos inventado los poHtiqucros peruanos 
})ara bautizar o)n eso ncmibre á los soldados de la guardia 
nacional ó cívica;. Rivod(') trac cachimbo como equivalente á 
cachimba^ y cntendcnu^s que les atribuye el significado de pipa 
de fumar. La Acad. establece (jue en América se llama cachim- 
ba [\ la pipa, tomada esta voz en la i."^ acep. que leda el Dice, 
esto es, com<í pipa de fumar. 

Acaso sea el Río de la Plata donde con más pr»>piedad se 
.il)lique la voz cachimba, qno es la antigua casimba, como ac- 
tualmente en Cuba y en el Perú, donde la palabra ccmserva 
su fíjnna portuguesa, lengua de la cual parece haber pasado 
.' la <'span<»l.i rn Ann'T¡»;i. C mío (juicra quo sea, es necesa- 
rio dcterniinar li (iivcr.sidad df ^t lUid- 'Síiue se da en América 
.'I cachimbo y á l;i ctnhi/nba. Va\ ynú'l. ' arhimbo pipa de fumar. 

CACI1< ), m.- R.icimo, iratáii» !<»>:? (h* banaiias. 

Del port. cacho. 

í 'Al )AANK1\(.), a<lj.-- DnlaÑí- de ¡«is » .irg».:-. «oiKrjilcs tjui- 
s'lo diiniban un ano, á <listinri<'.u d*- l<»s peri^ctuos. 

L«»s individuos del ('a!)ildo eran renovados por clcrrii'in ahM 
.'i an<t; pcp» fnnio había «'íí< i . V'iiiiiblí.s, rlf ahí (|iii? algunos 
dejasen de .ser cadaaner"^. 

Díji'.se también, indudabK-ui'iite, 'adanno (aíuial.- ■ La Acad.). 
«jUe c^ más |)r« »j)i« ». 

\ v«'o f.-^tar muy á r.iya 
.': l«'SJuee«'S tinlafuros. 

(La .S7/r'. de .Medrano. en S})arbi, AV//. » 

CAÍ'*A^'A'^K. - l)e]")artanient<) de la pn»viiu¡a argentina de 
.^'altíi.- -Capital del mismo dei)artanu-nt<». 

CAFKTKRA, f- -V. CALDERA. 

CAL adj.— Dlcese de unm«ino(ji!e habita en los m'»ntes del 



128 DANIEL GRANADA. 



Paraná y Uruguay arriba, asi como en los d^íl Paraguay, y de 
las vertientes que respectivamente les tributan, de tres cuartas 
á una vara de longitud, color pardo amarillento, y el cual se 
distingue por sus graciosas gesticulaciones y actitudes U. t. c. s- 

Del guar. caiy vergonzoso, modestt), aludiendo á la accitm 
habitual en este mono de tíiparse la cara con las manos, lo que 
ejecuta de un modo tan expresivo, que semeja cabalmeutír 
;'i una jiersona modesta que se avergüenza. Es voz genera!, y 
hemos oído referir á personas que lo han presenciado, que 
cuando la hembra tiene cria, y un cazador le apunta con ki 
escopeta, llama clamorosamente á sus hijuelos, que en el 
acto acuden, v, t'miándolos en hombros v en los l)razos, se los 
presenta angustiada, para que, á vista de ellos y por elloss le 
perdone la vitla. Entretanto el macho, confiando en los rue- 
gos de su compañera la salvación de ella y de su prole, huye 
despavorida). 

CAIGÜA, adj. — Díccse del indio guaraní que habitaba en 
los montes del Urujíuav, Paraná v Paracruav. U. t. c. s. 

Del guar. caaii^uara, montaraz, cjue habita en los montes. 

'Ya\ este tiempo tuvieron l(^s indios (de Santa María dcí 
Iguazii) una guerrilla con unos (jue llaman caniisuás, que quiere 
decir indios cjue viven dentro de los montes, sin habitacit'm ó 
casas. > (Carta anua del P. Nicolás Duran, prov. del Parag., de 
la Comp. dejes., i)ubl. por Trelles, J^c7\ del Arch. de Bs. As.^ 

De modt) (jue no hay niius guaraníes libres que c(>nser\-en 
sus costumbres antiguas, sino los chiriguanás y algunos llama- 
dos /'■í7<74v/<'/V (montesinos) en el Paraguay.^ (Azara^ Discñ/K t' 
¡tisí. de! Para i^. etc.) 

CALCHAQUl, adj. — Dícese del indio que habital'a en un va- 
lle del Tucumán llamad(.) de Calchaquí. C. t. c. s. — Dícese igual- 
mente de un indio del sur del Chaco, junto á la provincia i\v 
Santa Fe, sn\ duda originario del valle de Calchaquí. Ú. t. c. s- 
— Perteneciente á dichas generaciones. 

Los calchaquíes eran gente esforzada y belicosa. Causiiroii 
estragos considerables en los pueblos y ciudades fundadas pivr 
los españoles, batallando sin cesar. 
CALDERA, f. — Vasija, regularmente de hierro, donde se 



VOCABLLARIO RIOPLATENSE. 120 

■ 

pimc i'l calcntrir el ajíiui para hacer te, (\'irv\ ct'\, <'» cel):ir luaU^ 
Por s«»bro la l)«n;a tiene un asa, y, en la misma (liree( i-'-íi di: 
esta, saliendo de juntn al fíMuli). un larir») ]")i('», |)'>r d<»iKle sl* 
sirve el iiixiui. 

Llámase también rafetera }•, íamiliarmenle, /a/:-./. e»n ali^i.'»:» 
al pic«). En Cliile /rh'nr, seiíím Solar. 

CALDKRA. — Capital del dei)artament<» del misni'" íiímbrt- 
de la pn.ivineia ar^renlina de Salta. 

CALAMIJCHITA. — Deparlamenl) de la |)r<»vin(ia arL'.eíili- 
na de C»'Tii<»l)a. Su cajútal Af^ ^V//:. E> rrMiit(.TÍ/,«» á hi j»r<»vin- 
(*ia de San Luis. 

CALANDRLV, f. — Ave de seis á siete i>ul;^ad:".s (K- l.-r.;^ ., vi. 
eoli.r < eni'irnt" y dr \ariad'» y melidi'».-» e;:!:t-». Anií'ui i'-i 
prefereneia en l^> árboles f}ue eirt undan l::s rasa^ de la^ e>lan- 
eias y l'»> ranth'K. Son nuiy man.s.i^^: catrín en la^ ¡lal-iía: •■•- 
nos á Comer y beber, y, posadas en una rama, mtrelimen langas 
lloras úr la man. ¡na y de la t:irde con los encantos tle sii v. »z. 
Pero no se les prive de su liljertad; porgue, al poc. » ticm;» • d'- 
enjauladas, ^e eiitristecXMi y muen.-n. 

CALIC-AXT< >. m. -.Muro de (al y tanto, uuiy sMi.l.. \ 
fuerte. 

En el a( tíL del cabildo de C«'»rdoba (Ll Tu( umán, fecha á i ; 
de eneni ¡de 17ÍX), se lee: ex})uesta (iatiudad) toutinua- 
mcntc á las inundaciones de las lluvias, es])ecialmente j^.-r la 
parte del sur y ])nniente con las avenidas de la cañada, de tjuc 
la delleiide un ^■í///V//////> etc. Diciendo h. ly día en ('«'ird :!.a 
el rnliranto, t«»dos saben <1U(; se trata del s<'»lido muro que ^V- 
Hcnde la (Mudad de las avenidas déla cañada ([U(* la atravie>a. 
C'ALIXCLVSTA. — Departamento de la i)rovincia an;eniin'i 
(le San Juan.- -(.'apital del mismo departamento. 
CA^LVL<.)TAL, m.— Paraje cubierto de camalote. 
La isla cjue forma este riach«) es. en parte, rasa, ancijfadi/.a v 
(le í)anad(>: en tal cual parte se ven alLíun.is man( honcitos ile 
árb()les pequeños y maleza, y en otras ramalntal.- (D. Igna- 
cio de Pas(ts. ) 

CAMALOTE, m. — Planta acuática, que se cría cu las la^u- 
•i 



130 DANIEL GRANADA. 



iKis y festonea las cosUis de los ríos, introducido en el agua y 
afianzado en el fondo por medio de raicillas como hebras 
su largo y foio tallo, que termina, como el aguape, en una hoja 
nerviosa, pero mayor y casi redonda, en lugar de puntiaguda, 
del timaño de un plato, y adornada por la primavera con una 
sencilla flor azul. — En general, toda planta del mismo género 
que la antedicha, que se le asemeje, aunque la flor sea diferen- 
te. — C(3njunto flotante de esta clase de plantas que, enredadas 
por sus raices y unidas con otras de especie diferente, asi como 
con ramas y troncos que las crecientes de los ríos arrancan de 
sus costas, suelen formar á manera de islotes capaces de soste- 
ner el i:)eso de aninales corpulentos como el tigre, al que mas de 
una vez se le ha visto bajar navegando por el Paraná y Uruguay, 
cual náufrago que huye de una inundación, sorprendido p<jr 
las aguas en su vivienda. 

Según G'ihcxX pojiicdcria nympluci/olia Kunth (bromeliodat ) y 
cichhornia azurca (id., id.). El camaloic de Guayaquil y Nueva 
Granada que menciona Colmeiro, es plantíi diferente (ipami- 
Hcas). 

«Cuando el río (Paraná) crece, suele traer con sus crecientes 
muchos leñ(js, árboles enteros y muchas hierbas enlazadas; 
particularmente bajan algunas que llaman camaloies. Es cada 
una mata al modo de los vásUigos de las calabazas; pero tan 
grande y con tantas ramas, que suelen esas hierbas, bajando 
por medio del río, ocupar más de veinte varas en cuadro sobre 
la superñcie del agua; y ct)mo sus canoas (las de los indios 
pay aguas) son de tan poco bordo que no pasa de dos dedos 
fuera del agua, pueden con facilidad ocultarse bajo de aquellos 
camalotcs y dejarse venir con la corriente del agua. Muchas 
veces ha sucedido; y como pueden muy bien dar el rumbo á 
toda aquella armazón, con poca diligencia, hacia los barcos, 
suelen llegar á ellos sin ser sentidos, y, estando inmediatos, se 
enderezan, arman su gritería y confusión, y como logren alguna 
turbación en los españoles, ya los vencieron.» (Fray Pedro José 
de Parras, Diario publ. por Trelles.) 

<^Les di camaloic, que es una planta acuática, y no la quisie- 
ron comer.» (Azara.) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 131 



(D. Rafael Obliirad ).) 
Í.'AMP>AI)( ), '/;, ;i(l¡. — ()in* tiene las ])i'.Tnas t'í:-(i<l:is. 
V(K\'il)l;) porl. j)nK'((U'Utr del JíniNil. 
Del hit. 4v/;///y/7. r. .in«) m castellaiio ."jUiírn ». 
CAMBARA, in.--Arlji»l froiid'ks» ilr li »;.• dise. »1 i;m «viide 
la (ara y hIanoKl env('>) y llor b'ar.ca dinumita. 

Ks inedieinal. Í.ÍLrerainenti* e<Máda> las iioja^, m-'/ela 1 is r.i?! 
a/.íiear quemada y unas í!;.)tas dt.' seooy de lini''»n, sir\\'n j^ara 
«airar la. l<>s, vU\, aplieado un parche á la i)>)'a del e.^ti'tniaj^i >. 

CAMBUJ, m. --Arl)'»l dt* tr«)n<'<) li^> si-nii^janle al iruaval»'), 
«jue da unas semillas en rar¡ni<> j^arr- id «s á l.i /•//'/,' •;■•./, prr-n..- 
1« iradas. --Frut» dcesi,- árl»<»l. 
Del Lcuar. riinihi''. 

(W.MIXI, m. \'. M.V'í'l*'.. -Kra !i v-t-m !n.'i> v^lini i ! ■ 
Del LTUar. cih'i />/'•::. 

( W.Mí >ATI. m. Ks¡)c«i. (I- la finiiü a d-- I i^ a\¡>¡)as. ['•- 
nal del « aniDali. 

(.'A>ÍI*AXA, t". -Caniix» <-n tr'-neral. '!\riii>ri'» d«- un i->- 
tad" <» pr. )vin(ia. <"h < xe'-j)e¡<'»n «le la < apital. A>í >r ili< <• 
/i'ifti/ijn.'ts t/t rtDn/'ifñii, d ¡urr/tunuifos '^, r,¡n!i,-iñ,¡, ■', d¡«sti!v i «n d- 
l«»s haMíaníes v (le¡»artainí-nl<)s dr la ea.pil:;!. 

■ Snii laniint'N i;rncral:-.> «'» prinejpale-^ los í|u<-, pail:»!i«l'» d«- 
ia < iuda.'i «'• (Ir ntn>s ])unt«)s, eruzan el l-i<-<i ó n:} i />..•/.■ <f> ■'■' 
rnm/'iii}ii. ete. /^ '/'»/. I\:tr. tfr !.¡ Pi'nr. 'fr ///// //-'v Ai/i'ij \ .\ >lm 
simiil'' \'r(in<» de la (inufxiñii, \a pulp!-:-». ((^i'>:f. Rin. i I; 
l\. O.'i./r.i I'rut"*^ (jUe Sx (ondu/í.'in d<- un distril-) á 'ir > 
il»' la /v? /;;/'.'///'/. f(y>i/. Rui. ifr /'/ Pío:', i/, Entiv. Rios.i 

I''^ :'.nt¡Lrui) el u>« > del t«'*rni¡n<» iiiiu¡niñ,i (nin«» ^ÍL;n¡íie iii\.) 
drl eanipo en irrneral <'» del tcrril- »ri'» d." un otatl» <'• ¡n-Ain- 
« la. eoii i'xeepí i^'-n de su <aj>ital. 

( "ani])o lian» » sin montes ni aspereza, i I-a A»ad.í 
CAMBKAK, n. -Ree«»rri'r un (amj)-», bu-eand'» un » ■'• más 
animales íjue se hayan extras iad<» /» diNjursad-». 

Kr. t''"rniin«». n«» s('»l(> U"^a(l<) CMmúnnunle tn «I .^eii'.: !■> nt» - 
di* liM. ^in«^ también emplead* • ])<»r l'»s (*'V/, '» R>fhi! , d« I Ivi » 
d'.: la Blata. Tiene sonu-janza r.»nli a«eM. i'.:¡ ..ju»- .nti^ua- 



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II.»' ■!■ (i.iiiiMi<< <li .|»iii .1.1, i)'ii ílniíílí' S'Mu j)uccl(* jKi^ar v!n 

!•■ I H I lili ll' •Mil il I ,1 < iImIIi i. 

' '. ' II \. I l'n ;•• Mi lili, H'« int«i, hi^ar, sil¡«) ó parajo 

I I 11 Il.inn \ il« .< imImiíi/.hIm. Tialáiulnsr (l(í ríos, ospa- 

ii>ii|iii iihiIm i 1)1 i i- lili iiiimIiii'i viirlla V rl roo>(l(.> n vuclUí 

MÍ. i< in» lili . in 1 ,1.1 » «lur l.i rtnhaja» <Mi «'» iiiijuilan navegarlo 
ili II • ll iiiti nii \ ilr.lintMiii i|i's»ir uno el olro extremo, ó, lo 
Ipil 1 !•» ini .iiiM. |Mmlt» »IiM\<lr oIumvu á la navegari'Ui un 
h,Mi • I'» il« «I nilMia -.ulo. i\\!\\ ó menos l.nuo y tlireclo, sin islas 
n\l» n»Mi'.r»-., íliMle \n\ w'iotlo ó vuelta h;\sU donde aparece 
«rii.it ,' «I ^^^^ \\^^^ ili'«i.» del teeodo ó vuelu ijue fonna más 
.id» 1. tule i'h lo-, n».H <dt lo".. saladeros, eti\, lugar csjxicioso y 
U.mo d.»nd»^ «e de.» uaMi an las tese^í» y Uv^ucl cn que se dep«)- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 133 

sita el guano ó residuos de la fabricación de la grasa. — En los 
hornos de ladrillo, sitio llano v desembarazado donde se 
amasa y pone á secar el adobe. — En los montes, espacio talado 
y desbrozado donde la industria del leñador hace la parva de 
leña y la extiende después de carbonizada. — C(jn respet to á 
ciertos juegos ó diversiones de agilidad, fuerza n destreza, 
como peU>ta, bochas, carreras, espacio Ihmo y desembarazado 
donde se ejecutan, y, extensivamente, edificio ó lugar destina- 
do á tales diversiones ó juegos. — Expresión imi)erativa con 
que se anuncia la necesidad de tlejar libre el paso ó un lugar 
cualquiera, cuando hay aglomcraci'jn de gente «'» alguna per- 
sona que estorbe. ;CancJia! como en lo antiguo ¡¡úaza! ó 
¡aparta I aparta! Ahran rancha; dejen eancJia; hatean cancha; den 
rancha; ¡cancha! es como decir: despejen; abran paso; den ('» 
ha^fan lni;ar. — ¡A la cancha! Expresi<'>n imi)erativa con (¿ue se 
anuncia que ha llegado el mí.)mento de poner por <»l)ra el 
designio de dos personas que en sitio aparente (llano y des- 
pejado) se disponen á luchar; lo propio que /J ¡a palestra! — 
Estar uní) m sn cancha. Expr. fig. y fam. con que m.! da á 
entender que se halla uno en el lugar donde tiene la plenitud 
de sus recursos é influencia ó jniede disponer desembarazada- 
mente de ellos, contrarrestando en consecuencia á su adversario 
de una manera eficaz, no temiendo á nadie, cami>ando ])or su 
respet» >. 

Del quich. cancha. 

Las diversas acepciones, varias, pero concordantes entre sí, 
según se habrá observado, en cpie los rioplatenses toman la voz 
(ancha, concurren á poner en claro el sentido recto que tenía 
originariamente en la lengua quichua. Es raci(malmente impo- 
sible (jue una adaptación tan unifi)rme de sentido á multipli- 
cidad de objetos diferentes en naturaleza y destino, no des- 
<anse en una razón etimol<'»gica cierta. Que en otras partes de 
América sufra exceinión la regla, poc<^ hace al caso. El número 
de voces castellanizadas de las lenguas aborígenes es, al 
parecer, mucho mayor en el Río de la Plata que en otras 
partes de América, y D. Pedro F. Paz-Soldán y Unanue tuvo 
ocasión de observar que relativamente abundan más en 



134 DANIEL GRANADA. 



Buenos Aires que en Lima misniíi las que proceden del qui- 
chua, con estar en el riñon del imperio de los Incas la ciudad 
de los Reyes. Esta singularidad se explica considerand*.) que 
la comunicación del Río de la Plata con España, por lo que 
respecta al comercio y por consiguiente al trato civil, con 
tener tan ;i la mano la vía del mar, fue, sin embargo, la 
más tardia y remota de América hasta el último tercio tlel 
siglo pasado: su vida puede decirse con propiedad que ha 
sido exclusivamente americana, indígena, nativa, durante dos 
largas centurias. Cuan arrastrado anduvo y anda aún por 
por otras regiones el vocablo de que se trata, lo dice rl 
siguiente pasaje de D. Rufino José Cuervo: <■ Cancha^ sarna 
y, en los perros, usagre; quichua cancha^ empeine. Otra acep- 
ci<')n de cancha en Bogotá es la cantidad que, como emolu- 
mento, el dueño del garitf> saca del dinero que se juega, •'> 
sea el tablaje, como dice el Ordenamiento de las tafnrcrins 
(ley XL). Dificilmente habrá ejemplo de un envilecimient) 
semejante: según el Vocabulario que acompaña la magnífica 
edición del 0//an tai hecha en París, 1878, por nuestro excelentr 
amigo el ilustrado americanista D. Gabino Pacheco Zegarra. 
el término cjuichua vale: lugar cercado de muros; — recinto: — 
por extensi('>n, palacio, corte; y aun se daba este nombro á 
los templos. Pues bien: en la América austral pas<') á dcno- 
tíir un patio <') corral destinado á algún entretenimiento »'> 
diversión, ct)mo cancha de bolos, de gallos, de pelota, (iv 
carreras; entre nosotn^s se dice pagar la cancha, como pagar 
el i^arito, y de ahí la cancha produjo tanto. Si fuera de esU- 
lugar, bien podría hacerse sobre este tema un sermoncito 
edificante. * AdviérUise que en el Río de la Plata no llaman 
nunca cancha al reñidero de gallos. 

La idea (jue ofrece Pacheco Zegarra es, sin duda, la más le- 
gitima, scgiin 1< ) da á entender el misnn ) Cuervo: recinto. Di- 
allí la cancha de peltíta, la cancha de carreras, la cancha del le- 
ñador en el monte, la cancha del saladero, la cancha del horno 
de ladrillí », la cancha minera. < L(^s que se ocupan de limpiar el 
metíil que sacan de las minas á las canchas, que son las casas 
del cerro dcjnde se recoje el metal , etc. (Re/. ^í^^coi^r. de Lhi- 



VOCABULARIO RIOPL ÁTENSE. 135 

l->ubl. por I). M. Jim. de la Esp.; / /'//(/ r Minas dr Po-osí.) Tra- 
tando de las propias minas el virrey tlcl I\.'rii marcjués de 
Monteselaros en informe á su siieesor en t'l mando (i^ylicc. de 
(focnm. cuál. {i\,K\dc Indias) ^ diee lamláén (¡ue el liv^ar donde se 
amontonan las piedras metalíferas lleva el nomhre de rancha^ 
cuyo sentido ilustra en estos término^: que e> lo ijue en es- 
pañ(»l f>Iaza.> Idea semejante nos da. rste pa>ajr: Kl puel)l<» 
de San Andrés de Chnqniianrha se llama a>í, ponqué está (X*r- 
cado un llano, que quiere deeir ihiii'jni (andm, < ««rral barrido, 
que csd(mde ellos se sientan á sus juntas. > (Re!. .a'V'»;^. de Ind.: 
Rcparí.dc Atunrucana.) Así, es eondici^Mi de la ciínrlia c|uesea 
llano y desembarazado d recinto, sitio ('. paraje que la forma. 
Así invariablemente en el Río de la I'lata. Así en Chile: lu^ar 
parejo^ según D. Zorobabel Rodríiíue/, (jue i)ued(* tener dife- 
rentes usos ^rí/W/í7 de (^irreras, de bolas, dt- i)eloin); y abrir 
cancha (camin<»), alnirsc rancha iuk drar á fuer;:a d" trabajo é 
ingenio), ¿\r/c/;'uno en sus canchas idoiule puede i)revaleeer en- 
tre l«»s demás'), etc. Así en la pr«>viii<i;i bnisilí-na de Río Gran- 
de del Sur: lugar ilonde, en los s.il.íd^Tos, >■• mata cX ganado 
vacuní^ sitio en que \\\\ parejero está aeostumbrado á eorrer, y 
fs/arun*i en sn ctinrJia, p«»r hallarse dondr es más poderoso, 
et(\, s< gún se ex[)resa el vi/.("<nnle <Ur I>eaurepaire-Rohán, atej)- 
eiones (jue los r¡ogran(U'ns(,'s tomaron, sin duda alguna, de los 
argentinos V orj. niales. .Salva trae la vo/ eiimo piov. de la 
Amér. merid. en el sentido de msii <n '¡tic ¡oí T-ij-a/.'den^s i'cndcn 
los 7'Í7'eres, \ (Xc: ¡xi'in á (,aial desfinado <i iili^ún cníreteniímcnto 
V dirirsiún ínintha d, htdas, ^/í ;v//Am\ de pelota, et<'. i La ])rimera 
de estas ae(í])(i. «nes no (oire en el Río déla IMala, ni llaman 
caneh<i, se,i;im ya se ha indi» ado, al renidiro de i^<i¡los, T.impoco 
dan ese nombre á www ¡da:a de daos, ])ara lo eual n«) ]Hiede haber 
otra raz'''n (jue la nuiy s(Mi<illa <le no ne«'esitarlo, p. »r tener el su- 
Vo])n»]no el lugar dondt.' se ejecuta la riña y lidia: eireo, redon- 
del. (\ineha llaman en el Perú al maíz t»»stado y á los Iw^arcs 
dcsiina<{os a reñir i^allos y correr ealtallos, según I). V. F. Paz-Sol- 
dán, (juien advierta-, sin embargo, ijue, eom<» enseña (iareilaso, 
debe ])ronun< iarse en el primer easo con eme, porque con ene 
significa harrio de la vecindad i\w\\ iiran cercado. (Camelia; cancha. 



130 DANIEL GRANADA. 



Leemos en una obra enciclopédica que actualmente se está 
pulqueando en España: 

cCANXHA. Geo^r. — En el Chaco v lucrares inmediatos de la 
América meridional se llama asi á los recodos y vueltas de un 
rio, especialmente del Bennejo. Las principales canchas dt^l 
Bermejo son las de Esteban, Maipú, Calafate y Larga.- (Juica 
tal dijo, no oyó á baqucauo. El Chaco es un desierto aún habi- 
tado por indios bravos, que no sabemos si en su lengua dirán 
í-yz/.y/zí?. En él se están fundando con harta dificultad ali^unas 
(•(.ílonias de extranjeros, á cuyos oídos es probable no hay;i 
llegado tíxlavia el sonido de la palabra. Vl\\\ pueden, en conse- 
cuencia, usarla por allí. Los ///¿w;vj /;//;/¿'^//«/í;5 al Chaco son nada 
menos (jue las fronteras de la República Argenlhia, del Para- 
guay, del Brasil y de Bolivia: ¡qué l!ígarcs\ y qué inmediación! 
Llamar r^//r//r7 á los recodos y rucl/as áo un río, siendo cabal- 
mente lo contrario ó sea el punto donde el xx^yno forma recodo ni 
incita, es lo mismo que si llamáramos r^//r' á las es'juinas y l^caca- 
i/es de una ( iudad. ¡Rara prerogativa del Bermejo la de ser cu 
él especialmente aplicable la voz cancJia\ Sin duda tendrá mas can- 
rJias y será, por ende, más ñuilmente navegable que el Para- 
guay, á quien tributa, y que el Paraná y el Uruguay, cjue la> 
tienen muy buenas y á centenares. Y si candía fuese recodo y 
rnelta^ ¡(jué importancia se daría al Bermejo, señalando con ^u^ 
nombres particulares \:ís, principales! Las principales candías del 
Bennejo e([uivale á decir, en tal sentido, los recodos y r'i/eltas 
más importantes, más favorables á la navegación que tiene el 
Bermejo, cuando en realidad semejantes desigualdades son una 
de las peores condiciones que puede tener un río, salva la 
belleza. La misma cancha //7/;;7/ del Bermejo está indicand»» 
([ue se trata de una cosa que se extiende en línea recta. 

De varias trazas eran, genios, modos; 
Y aunque de armas tomar ninguno fuera 
(Porque de los cincuenta pasan todos), 
S(m por una mismísima tijera 
Cortadi)S en tratándose de godos; 



VOCABULA.KIO RIOrLA.TBNSE. 137 



V si (lo Klvira cl nombre n«) sirviera 
De proteet'it'm, tuvieran hoy la cancha 
\\\\ parte no tan fresca ni tan ancha. 

(D. Andrés BcIId, El Proscrito) 

CANCHERO, ni. — Kl que tiene á ear^o una caucha ((k- 
pelota, etc.). 

CANDELARIA. -Departamento de la pntvincia aru:entina 
ile Salta. — Cai)ital dd mismo departamento.— Dq)arlamento 
de la provincia ari^cntina de Corrientes.- -Cajíital del mi>.mo 
departamentí». 

CANTX )MIiK, m.— Danza de nci;r«>s. — En sent. tlií., inmoral 
dcsp)lnerno ])olíiico. 

Hacían estas tlanzas los nc;^ros aíVicanos tu Montevideo, 
hasta hace pocotiem])o, todos 1<.)S anos, desth* el día de Navi- 
dad (J.s de diciembre) hasta el ile Reyes ('> de enero», con 
el aparato de instrumentos, trajes y <lamoro>«i < anto que 
les era peculiar. Il«»y en el día, habiendo muerto la nM\«'r 
parte de l«»s nei;ros africanos y de los cpie conservaban m:s 
costumbres, l«.>s candombe^, aun cuando se repiten todos los 
auos en la éjXKa ¡ndi<ada, están despojad* >s de sus formas 
características, de manera (jue si'-lo tienen de ello> el nombre. 

(.'ANELí )N, m.— i ^í/untaocti. 

CANíiREJAE, m?- Terreno bajo, húmed»». ipie. p »:■ la 
.i<-ci«'»:i de «•it"rt««s lanurejillos ne;^TUZcos (jue s(í crían i oii abiin- 
dan'ia, se hallan enteramente; llenos ile hovuelt»> v sur'« .s .«n 
que >•• hundí' mu« ho la pi>.ada, y cpie son, por lo mi>mo. no 
si'ilo pantanosas, síhd intransitables <'> de tlifícil ac« eso. El ani- 
mal tam/íCfo atraviesa estos terrenos pisando en los caballetes 
que i)or 1«) reirular se forman entre surco y surco á manera de 
tierra arada. 

Toil-) cst(; cantt'»n es de una tierra libera, arenisca, no de 
mucha sustaní i.i, v <ubierta de dilatados pantanos v tani^rc- 
/a/cs-.. (Cabrer.) 

No es lo mismo ( a //í; reja / k^uc ///c////f:a/, como mu«hi»s \ reen, 
ni tjue latiiniiaL (*»n el cjue suelen también confundirl«». 

CAN( ).\, f.— Embarcacii'in tormada de un tronco aluic» \ido, 
< on un as« -mo de i)opa y proa en sus extremos, l.'sase m los 



138 DANIEL GRANADA. 



ríos, por la facilidad de su gobierno y acceso en cualquier 
paraje obstruido por piedras ó sin hondura. Pero es preciso ser 
muy baqueano para manejarla, porque, al menor descuido, se 
vuelca. Impúlsase con remos en forma de pala, cortos, mane- 
jándolos sin a])(\varlos en la embarcacicm. — Cualquiera embar- 
caci(')n semejante á la canoa, auníjue no este formada precisa- 
mente del tr(»nco de un árbol. 

La canoa que se ha usado siempre y se usa el día de hoy 
en todos los aíluentes del Plata por indi(^s, criollos y europeos 
avecindados en sus regiones, asi (N)mo el nvxlo de constniirla» 
esto es, ahuecando el tronco á fuerza de hacha y fuego, s^n 
exactamente los mismos que dcíscribe Gonzalo Fernández de 
Oviedo en el siguiente pasaje. <Fln esta Isla Española y en las 
otras partes todas tiestas Indias que hasta el presente se saben, 
en todas las costíis del mar, y en los ríos que los chripstian» >s 
han visto hasUi agora, hay una manera de barcas cjue l<»s 
indios llaman canoa, con (jue ellos navegan por los ríos grandes 
y assi mismo por estas mares de acá; de las cuales usan para 
sus guerras y saltos y para sus contractavitmes de una isla á 
otra, ó para sus pesquerías y lo (jue les conviene. K assi mis- 
mo los chripstianos que pí)r acá vivimos, no podemos servirnos 
de las heredades que están en las t^)stas de la mar y de l<»s 
ríos grandes, sin estas canoas. Cada conoa es de una sola 
pieza ó sol(.) un árbol, el qual los indios vaí^ian con golpes ile 
hachas. . . , y con éstíis cortan ó muelen á golpes el palo, abo- 
cándolo, y van quemando lo que está golpeado y cortado, 
tornando á cortar y golpear como primero; y ccmtinuándolo 
assi, ha(;en una barca quasi de talle de artesa <'» dornají»; pero 
honda ó luenga y estrecha, tan grande y gruesa como lo sufre 
la longitud y latitud de el árbol de (jue la hacen; y por debaxo 
es llana y n<» le dexan cjuilla, (N>mo á nuestras barcas y na- 
vios. ■ 

'Sus canoas (de los timbúe.s) son de árboles de 8(1 pies de 
hirgo y tres de ancho, y las mivegan cim remos (sin hierro), .il 
modo de los pescadores de Alemania \ (Schmídel, tr. (orr.) 

< Canoa es barco hecho ordinariamente ticuna pieza como 
artesa, de que usan 1<'S indios, y ellos llaman á est;is banjuillas 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 139 

en su lengua <///((i/ts. . . . Esto es lengua mejicana. Míis porque 
las tales barquillas las llaman en SanU) Domingo, donde primen» 
estuvieron los españoles, canoa, las llamaron á todas de este 
n( »mbre. (O )varrubias.) 

Canoa. (\'oz caribe.) Embartaciiui de remo de que usan los 
indio.s, hecha ordinariamente de una pieza, en figura de artesa, 
sin quilla, proa ni popa. ■ (La Acad.) 

CANOERO, m. — El (jue gobierna la canoa. • (La Acad.) 

También e> adj. 

C.'AXOER<.), ra, adj. — (Jue anda en canoa. 
Río i)oblado (k- muihos indios ianoaos. (Ruidíaz de 
Ouzmán.) 

CAXTíMrLA, .ulj. -DíccsL" de la persona (|ue es callada y 
medio z(mza. U. 1. c. s. 

l'«>r ej., el (¡ue, aunijuc taciturno de su condici<'»n <'> p(»r hábito, 
suele romper su silen( io é impasibilitlad soltando de repente la 
r¡>a, sin motiv-» plausible, es un cantimpla. 

Í'AXADA, r.— Terreno bajo conipren(lid<» entre dos lomas, 
(U( billas <'» sierra^, bañad»» á trechos, «'> bien, (¡ue es lo más 
(•«•nuuKcn toda su extensi<''n, á manera de arroyo, por efecto 
di- las aguas (¡ue desi icníkn kV\ at[uellas eminencias, y abun- 
dante en hierbas, plantas y árboles propios de los parajes 
húmedos. Las hay muy anchas, como en las i)rovincias argen- 
tinas dd sur, la (añada (¡ramlc^ comprendida entre las sierras 
del IVnc(»so y dr la Tunta de San Luis, qu<.\ dondi' nícnos, 
tiene- una legua, y en parte alcanza hasUi nueve. 

Evjjacio de tierra quc^ hay entre dos montañas ('► alturas 
¡uK» tlistantes entre sí. (La A( ad.) La cañaJa se forma natu- 
ralment(! á raíz tle las faldas <'» remate inferior ile las eminen- 
( ¡as. 

CAXAS (jn<i^>t >hi, Kra « o.«>tumbre en toda la Américíi 
CNjj.iñola celebrar la e\alLiLÍ«'»n dií los reyes al tn)no, la llegada 
de los virreyes y demás personajes revestidos de autoridad 
SU] '11 i< ir, y otn "S aconte( imientos señalados, con espléndiíhis 
solciiinidades \ liestas públicas, entre las cuales r;c«'»mo habían de 
fallar las corriilas de ti>n»s y <añas? Las de esta clase que se 
ejecutaban en los países del Plata, costumbre que duró hasta los 



140 DANIEL GRANADA. 



Últimos tiempos de la dominación española, ofrecen una fiso- 
nomía peculiar á los usos y cc^ndición social de sus habitantes. 
Curioso es observar el modo con que, á favor de las circuns- 
tancias especiales á que se alude, iban transformándose aquellas 
antiguas fiestas de los caballeros árabes y españoles. Entraban 
en el juego de cañas de que se trata, cuatro cuadrillas: una de 
galanes, y las restantes representando naciones de indios, titnos 
y africanos. Las cuadrillas de galanes, turcos e indios, para- 
ment¿idas con magnificiencia á estilo y uso de sus respectivas 
nacionalidades: la de africanos, en traje y aspecto á más ik » 
poder risible, formando gracioso contraste con la gallardía y 
lucimiento de sus contrarias. Apostadas en los cuatro ángu- 
los de la plaza, einiaban sucesivamente un faraute, seguido de- 
dos caballeros, á rendir pleito homenaje al primer gobernante 
de la provincia, ante cuyo palco se detenían, pronunciando 
una arenga á nombre de sus gentes, en castellano el galán y el 
turco, con su habitual chapurreo el africano, y el indio en la 
lengua de su nación. Las cabalgaduras, en el trayecto, levan- 
taban y asentaban acomi:)asadamente las manos al son de hi 
música. Vuelto cada cual á su campo, desprendía una de las 
cuadrillas por el costado de la plaza á todo galope un jinete, 
que, al pasar por delante de la más inmediata de sus contrarias, 
era perseguido por otro de ésta armado de boleadoras de 
naranjas, con las que se proponía aprisionarlo, arrojándoselas 
al cuerpo con maestría. El caballero perseguido, al llegar al 
j)uesto que ocupaba la cuadrilla subsiguiente^ deteníase, 
saliendo de ella un tercero, que á su vez perseguía de igual 
manera al perseguidor, y así sucesivamente hasta quedar situa- 
das las cuadrillas en campos diametralmente opuestos á los 
que tenían al principio. Salían después á la arena las cuatr» » 
cuadrillas, y se entremezclaban simulando una batalla y s« )r- 
prendiendo á los espectadores embelesados, entre vít(.)res y 
aplausos, con graciosas, difíciles y variadas evoluciones, ejecu- 
tadas ora al trote, ora á escape, ora al tranco del cabalh». 
D. Damián Huds(m (Rei\ de B. A!) da noticia de las que sir 
celebraron en Mendoza, San Luis y San Juan el año de 1803. 
En las antiguas y célebres misiones jesuíticas del Paraná y 



VOCABULARIO RIOrLATENSE. 1 II 



Uruiíuay prc.^entahau (»tra f«»rma, nn menos oriLrinal, It» jlicí;«»> 
<lc: < afia^. Los iharriias y ininuaiies, cuando estaban en ¡íaz con 
J«)s L^uaianícs cristian«»s. gustaban do asistir á las ílcsliis que en 
celei>!ac¡<''n de aliiún aniversario n aconlecimienlo noialíle >e 
ven!ií;¡ban en i-s puebli.'s de las Mi.siones. V no .sohnnentc 
eran e-^pectadores de ellas, sino c|Ut' también concurrían á dar- 
les lin'imií-nío, ^inullan(io batallas entre indios v españoles. 
í)Ls:iiid' 1^, ]-intado el cuerpo y íi(I(»rnados ( on plumas, ejetuta- 
ban >o¡|)r{-nt;rnteN evt.lucioiu's, ahora ^allanilo, apoyados t-ii 
su lai./a. di 1 cal.'allo al siiel*» y del suelo a! caballo en lo más 
prc' iriUido de la carrera, ahora su>lrayéndo.>r el jinetr á la 
vista (i«.l eneníiiro (..n increíble de>íre/.a. Xatla liav ciui; liucda 
dar ic.r;- ü-.rMptiiile de las n^aravillas (¡ue eie<'utaban sobre rí 
«aba!;-' e<;o^ iniüo.-, vrrdavlcros hip«'';rri^o.^ (|ur s.'-lo había 
píxlid'i soT.ar !.'i r.V'tul.i. 

'." . V ! *í i'A KA, m. — ()r/>///r//,f. 

Del líuar. nr/f/i'/^d 

CAPKirARA, m. --r.//,/7.///v/. 

Del guar. /vz/'/'/^'/Vf/. 

A'imos diferentes (•ai")ivaras «'> /.//•/;'.7.;;v/\. como cuier^r. 
otros. iD. Jo«,c .\raría Cabrer.i 

(.'AriX( 1 1( ), 111. ( "uadrúi)ed«', d: una vara ])r''>xiinamenli 
de loüiiitud, sin cola, thcolí.r pardo m^. iiro(.l l<»m<) y paiil»» 
i>lan(pii/<o el ¡)r«hi), boca \' diente^ de («ineio, \' <.•! cuerpo un 
lant" ¡larcíid.» al del « x rdo. Habita á orillas dr li)>rl"s, íirr"y«>.^ 
y lauunas y m las i>la>, \i\icndo «-onio un anlibin, jaics nad.i 
y se /ai>u!l«- c. »i\ iVe» iicncia. Ai)rovrcha>c rl curro, < urticnd' •! ». 
y íoiucn a¡i;un"s / /m /-y //< •./-/// la <arnc. 

Del í.:uar. './/////>,}. 

[)cs. ríbc In <)\iedo. Ilayídicc. rdiririulose á las reu'i 'Ul^ 
(U'l Plata) una i icrta manera i\r ])Uercos de agua, ([Ue son 
buena. ( arne. y de (uatio j)i<'>, y tienen (in«<» uñasen cada 
pie \' «a.da mano, y el peí' • es ásj»ero, de- («.li»r c«»m«» rubi". 
unos nías Mxiir'is (jue (»tro>, y salen á pacer (U ti<*rra y sí- 
t«»rna]\ al agua, y cpiando l«is siguen >e cabullen y salen il» 
rat»' en rato; pen» crían en tierra, y llámanlos de aiítuí por- 
(lue les es nuiv ordinario, v las más ve<'t's los matan en «1 

1 • • 



142 DANIEL GRANADA. 



agua: llaman los indios á estos puercos capivatas. (Ilis!. ¡j^cn. 
y na!, tic las lad. publ. por la Acad. de la Hisl.) 

CAPITA, m. — Pajarillo de cuerpo negro y la eabe/a tic 
un color rr.jo encendidí). 

Del guar. acaiii^, cabeza, \ pitá, roja. 

'Xo escasea (el capilá) en el Paraguay, ni en el Rí<> de 
la Plata/ (Azara.) 

CAPITÁN P2JC.), m. — Cajútán de una partida de indios, 
dependiente de un cacique. — El que manda una partida de 
gente indisciplinada. 

CAPOROROCA, m. — Árbol cuyas hojas, arrojadas al fuego, 
estallan fuertemente. Es árbol vistoso: empinado el tronco; 
altas las ramas; las hojas de color verde osi^uro. Mvnint L. 
(priunilaccú } en Gibert: caución. 

Del gu;ir. caá apoco])ada, y pororó i^, hierba que estíilla. 

Llámanle también canción. 

CARACARA, adj.-- -Dlcese del indio cuya i)arcialidad ha- 
bitaba en la banda o(^:idental del Paraná, junto al Carcaranal; 
U. t. c. s." -Dlcese igualmente del indio cuya i)anialidad 
habitaba en las islas é inmediaciones de la lai^una Ibera. La 
una y la otra de la generación guaraní. U. t. c. s. — Perte- 
neciente á dichas parcialidades. 

CARACARA, m. — Ave de rapiña, de un«)s th^s j)ics es(a- 
s(»s de longitud, de color pardo oscuro, en parte blancas las 
plumas de las idas y cola, el pico y unas corvas, la vista 
l)erspicaz. Aliméntase de ca.dáveres, hisectos, reptiles, pájaro>, 
etc. 

Del guar. caraca ni, expresi<'»n imitativa de su grito: carcarcarrr. 
< En el ]^v) de la Plata le llaman carancho.-^ (Azara.) 

CARACÚ, m. — Tuétano. — Hueso del tuétano. 

Nunca dicen ///¿'A/;.v\ y lagente del iami)o ignora lo ijue esta 
I)aL'ibr:i signiñca. 

Del ííuar. caracú. 

■ Dos j(')Venes estaban (k upados en asar sobre las brasas unos 
tr<.)Zos de carne, con algunos caracúes ó tuétanos de vaca.; 
(Estala.) 

CARACÚ, adj. — Dít ese de cierta casta de ganado vacun*» 



VOCABULARIO RIOPLATEXSE. 1 13 

(lépelo o)rt(> y muy lino y cnla muy delgada. EuLíorda más 
que el común; pero no resiste los rigores del frío. 

Del guar., probable cornip. de rama, (N»rto. 

Lo propio en laspr«>v. brasil, de San Pab]«) y Minas Gene- 
rales, según Beauropaire-Rolián, y sabemos que también en la 
de Río Grande del Sur. 

CARAGUATÁ, m. —Planta de la familia tle las hromdiácctis, 
de hí^jas estrechas, redas y espinosas. Hay de ella varias espe- 
(úes: la una de hojas largas de seis á ocho (^lartas, cuyas hebras 
sirven para hacer tejid(\s y cuerdas muy fuertes y resistentes, y 
tjue da un fruto semejante al ananá, pero (les]->reciable por lo 
que al gusto resj)ccta: otra de hojas menos largas, que echa 
un tallo de unas tres <'uartas y en él unas ílorecitas de cuatro 
pétalos l)lan( «)-ri)sados, y unos frutos comibles de íorma seme- 
jante al dátil, tanil»it'n textil: la otra parecida á la segunda; y 
la parásita, que se cría en 1<k árboles más elevados. — Hil»» <lc 
tístas plantas. — Su fruto. 

Del c:uar. rani^uafá. 

En las ]in.)vnicias argentinas arribunas la llaman tam!)ién 
cJuiiriiaVy y en algunas otras i)artes del Plata riiy<l>. 

En Cc)l!n. nnivj^nahí del ]*<ir<v^itn\: ai^nrc nmvr'nuuin A. (iimn- 
ri/it/i'tis). En G¡l)ert irvíiü^líim Tu ni. (¡uiihclUui'r). 

Se refiere evidentrmenle al earairuatá (^onz. Fcrn. de ( hie- 
do /'///.\7. ^vvv. !• un!, tlr ¡O'i ¡ni. ]")ubl. por la R. Aead. de la 
Hi^í.) cuando, d"scri!'ieiul.) las regiones (Ul Río de la Plata, 
ilie»;: h;:\' pina>- de cardos cpie llaman L^nralhui. ])rro soi> 
agras. • Erav Juan de Rivadenrira [Rdiicióii <h /<!S ¡¡rurir- 
lins ilcl Rio de /// I'lnta \s\)\\. i>or I). M. R. Trelles en la Rrr. 
d( 1(1 lili-L 1\ d( /liidiC'i Airrs) k; llama ^^z/vz/av/,/, y da noiieia de 
él en los siguit-ntes términ«)s. Tiení^n muí ho ^/;/,?/;f/.'//, (pie 
es foni'» lino /» eánamo dr E>pana, digo, (pie .se >irven del 
i:omo acá del cáñamo, ])ara tel.is, camisas, sábanas, jubones, 
ctístales, sogas, alpargates y calcetas y jarcias y ain.'irras de 
navios, V i)ara calafetear los n:ivío>; v desli hav mucha suma. 
V es bravo y silvestre y sin beneficio ;:l<jfuno. 

Tengo entendido (jur una cuerda d-- cánam-i de d,» ■ 
/inoi^ (1«; circunfereiícia, (\r. liucn.i calidad v ívab;:¡a'' i en núes- 



144 DANIEL GRANADA. 



tros arsenales, rompe con 633 libras; y como las resistencias 
sean como los cuadrados de las circunferencias, hecha la pro- 
jxnrinn se deduce que un cable de doce pulgadas de caraguatá 
tendrá el aguante que otro de doce pid^adas y diez y media lí- 
neas de cáñamo. > (Azara, Dcscrip. e'hist. del Par, etc.) 
CARANCHO, m.— V. CARACARA. 
Voz imitativa. 

Paz-Soldán dice que en el Perú llaman coranchoy carancho 
y calancho á una especie de buho, y agrega: <En castellano 
capacho es nombre de un ave nocturna semejante á la 
lechuza: ¿nos atreveremos á ver en calaucho una corrupción 
de capacho^ »'> le buscaremos el origen en alguna de las infi- 
nitas lenguas americanas? :> La etimología en CARACARA. 
CARANDA, m. — Caranday. 

CARANDAY, m. — Árbol de la familia de las palmeras, no 
muy alto; las hojas en forma de abanico. Busca los terrenos 
húmedos y auu la sombra de los árboles grandes. Su tronm 
sirve de cumbrera en los ranchos y para hacer canales. 
Del LTuar. carandaí. 

CARAVA, adj. — Dicese de un mono que habitíi en los 
montes del Paraná y Uruguay arriba, así como en los del Para- 
guay, y de las vertientes que respectivamente les tributan: cUt 
unas cinco cuartas de longitud; negro, menos el pecho, que; 
es pard<j rojizo; feísimo y torpe; de voz agria, lúgubre y fuerte. 
Anda en cuatlrilla, capitaneada por un jefe; las madres llevan 
el hij(j cabalgando á sus espaldas. Contrasto, por su íiereza, 
con el cai^ no menos que por su (Xíudiciún y hábitos. Aseguran 
que, perseguido, echa (*xcrement«) en la mantj, para lo quci 
siempre está dispuesto (sin duda efecto del miedo), y >íe 
lo arroja al agresor: que, herido, masca unas hojas y las 
a¡)lica á la lesii'm: que la cabeza de la comunidad anuncia 
á gritos el peligro para que lo evite, quedando expue>to sólo 
el jefe, que arrostra la muerte con estoicismo: m(.)ribundo, se 
acnnK^da en el árbol de manera que su cadáver \\yy vaya á 
(l.'ir á manos del matad<^r cayendo al suelo. Ü t. c. s. 
Del guar. carayá. 
Azara entiende que cawyá se deriva de caayá^jcfe de! hos- 



VOCABULARIO IlIOrLATEXSE. 145 



///í', siéndolo (lo lo.s (Hi'sfrns n nsf/t/os: rani, destreza, iistucia, 
vU\ 

CARBííNADA, f. — (íuisado compuesto de carne partida en 
|)e<lazós menudos, rebanadas de r/ioc/os, za/xiHo.pa/hjs, etc. (todo 
X n i)edazos\ y arroz. 

Lo propio en el Perú, seu^ún 1). Ricardo Palma.' 
Canic c<.>cída hecha pedazos, y dcsi)ués asada en las ascuas 
•'i parrillas. > (La Acatl.) 

CARGARAN A, m. — Can a vina!. 

CARCARAXAL, m. — Toma e.>.te n.)!nl.»re el río l\r«'er«» 
desde ([ue se le junta el Saladillo hasta su dcsemlMKadura en 
<.'! Paraná. C.'nrre p'»r l;i provine ia (h^ Santa Fe de la (.'«(ufede- 
ra«'i«'n Argentina. 

Hn la hoca del Carcaranal fue en d«'nde estahleci»'» Sil)a>tián 
l}al)«»to, j)nmer navciíanto del Paraná, el fuerte de Sanli Spiri- 
tus, de (jue«|ueJan aún veíiti^ios, teatro de I.i sangrienta trajcdia 

• •nquíí perecieron el denod.idi) Xuno de L::r.i v sus <"«>mpa- 
Men-s á manos de los limbúes, pitr la ahrvosía del cacitjue 
!Mani;«»ré, ejeeutada con el ])n •iv'>sito único de ])«»seer á Lu<ía 
de Miranda, nnijer herm-'slsima de quien se ha!»ía enamorad*». 

í.'ARDAr., m.- K>pa< i(» ([(» tierra jM»l»ladM <le card"S. 

('ARDKXAL, in- -Pájaro de unas cinco pulu:atl.is de lariro, 
t'l más c<»mún d»'c<;!fir eenicienl<», l)lan«|ueeino el jíeclii», v un 
.:lt<> pena* lio r« -j. > que |. » lierin< "mm vchri-nKinera. Ks nuiv er- 
.;^u:d'»y ;j'ro<(» y p- »r t' id- » extrt^ín- > ¡iri^-.. •: no es»á ijuiet ) un 
-<']i) iiistanie. Su<ant'» nuivs-'noro v vi;^»ri»s- 1. Ks i-kIoI.» ei.n- 
*r,':rio de *I;i iiiel' kIí- -Nii cuanto desunid. 1 íalandria riooLít'Mise. 
l\>ta, tan man^;i y ea^era, euiirad"- .' y mu-re. >i 1 i apri-Ni- •nan. 
Aíjuél. tan liero v ''alva¡(\ vive anos en una jaula. ( lint.uulo 
-in (rsardesilí- por la mañana ha>ta la noejie. L'»s hav entera- 
M'.níe l)!an<'»>, s;ilv(» v\ p-Miaeh-i, ijue es ci>!«ira(!o coimí d de 
í- s otn^^ipero --' ¡i ra^í'^i:no'i, v el que • onsii^u" uno, lo L^uardii 

* • in* » uro t-n pafio. 

( 'A R I )l\M K, m. ( \initnju ii. l\ase. 

rARI)ir.MF*'X, !n. aní. Multitu 1 de p;-=-.'s qu«-íanu'nan 
juntos (..ino en tr'»i'a. i I-a .\ead.i Kn <■! Ri » d'- la I'lat.i '.s voz 
le u^' ■' < ' rrient'.'. 



116 DANIEL GRANADA. 



D. Baldomcro Rivc)d(') observa que cardume ó cardumen son 
jxilabras de uso corriente. 

CARGAR, a. — Llevar uno consig») habitualmente una cosa 
de uso. Es acepci('»n algo cerril: naci<'), sin dudaren el campo, 
como lo publica su rústica catadura y los objetos á que regular- 
mente se aplica, que son aquellos de cjue p«)r lo general va 
cargado un hombre campesino «') paisano, y st')lo cuando quie- 
re uno emplear el lenguaje propio de esta gente, puede tolerar- 
se; si no, choca. Car¿^a (usa) facón, mancador, boleadoras. 
Carica plata^ suele llevar dinero consigo. 

Lo misni«». j). K')m;\s <'» mcnt)s, cnt-xhi l:i Amrric:i cspau'>l.i 
(Salva, (.'ucrvo. Rodríguez, Solar). 

Com<» (Icrc-vuclo apuntaremos ser una vulgaridad el emj)!''» 
de cardar ^yr: traer, usar, c<>mi» :para ([ué car^a Vd. anteojo-».^ 
siempre cárter, espuelas. (Cuervo.) 

CARGUP:R( ), m.— Bestia de cafga. 

Dase indistintamente el n'»ml>re de crn^ncro á la lícstia »ju<' 
lleva la carga, á la bestia y carga, «') á la carga sola. 

A cosa de inedia legua se nos sumergieron todns l(»s cal)a- 
llos, particularmente l(»s cargueros, m<»ján(lose las carg;is y 
roi)as. (Azara.) 

Los (od. Rur. (U 1 Río de la I^lata ha!)lan (K- buhoneros qu'- 
conducen sii> mercancías en carilucio etc. 

CarL^iícm nr. aclj. ant. Decía.se del (|Ue llevaba alguna r;ir- 
ga. (La Acail.) 

CARK ), ria,:\ú\. — Decíase tlel indio de ciertas parciali<l.i- 
des guaraníes ijue liabit:iban la margtn izijuierda del :ío 
Paraguay. U. t. c. s. — IVrteneciente á él. 

Es tan dilatada la tieira habitatla p(»r los curios, (jue tien«- 
^LX) leguas de anch(» y largo. (Schmídel, tr. rorr. ) 

Delante de éstos (de los airares) viven otros (jué hall-'» «1 
dichí) Johán dt: Ayolas, llamados ¿.v/r/rr/.v/r-.v. y por otro nomlm' 
se dicen can'os. (( )viedo.) 

El propio nombre de esta generaci<'»n (los «iiirigiianaes) <•> 
cario, de douíhr se deriva el nombre que tienen, cafiftcs. qiir 
(juiere decir comedores líc carne humana, Llámanse tambi('n 
'^unranís yí^uaiavi'is, qu». (iiiivre decir ;,'V7/A- '//• ,;v/íT/v/. Tambiéií 



VOCAULLAKIO RIOPLATENSE. 147 



1"S llaman ditn't^nandcs, ((irrtunpk!'» el V'»ral)l«), c-l cual se 
«Icriva <K: (/.'/j7()//,s, i[ur ([iiicrc (kr( ir ;;¡('s//:,os, ////os t/c/Zos t' (/c 
m/ins (/i '>inis jinr/c-ts. f j\r/. í'foar. (/i í:i(is., S/a. ('rui'/i/d 



Si, rr,!j 



CARXKADA, 1. -A((i<'in \' cfoito de ranu-ar. 

('AKXKAR, a. .Malar y (IrNMJhír i-l íranad<» j^ara hcncíi- 
« iarli». 

^' para la más sci^ura pn»vÍM"<'>n de las irciil» s y ».\ciisar la 
(iura prii>i»'>n de salir diariamí ule á cirncir. r\\ que se 
atrasaba muelío la eaballa'!.:, sr «lispus!» li;i<\T una. salida en 
([U»: >e re«^"gieseTi d«»s<ienlas reses. (Cal>rer.) 

L«> projii») en Chile (RodrííTuez) y en la i)r«>vineia hrasiU - 
ua di: J\io (irantle tlel Sur <l]eurepaire-K<»lián). 

CARXKRO I)K LA TIKRRA.— Kn esi)ceial, ¡l;ima, y tn 
l:' neral, llama, alpaca, vicuña, u:uana<'»y venad- ». 

J)iMi'»min;i< ií'.n aníiirua v vulirar asa» la en el l'crú, l><'livia v 

I» . < 

hr"V¡n< ias ariíenlinas arriuena^. 

ílay \"i« unas v uuanac» s. . . .lia\' íaml»ién ciruiios ///'A/Z/V- 
/".', <{uc en su U'n^ua ><: liüin.in !'inia.<. • (Re/. L^roj^r. </(- fml. |)«»r 
1 5. M. Jim. de la í*.>p.; (Im/iu/ c'i /a /V:). Hay (dn/ims i^r /tt 
.'/.//■•.', mi n- res (jue < ;iya\l!')S, v sr dicen i^idiniítús, y (»ir«»s más 
p' ajilen' 'S, que l'a.man r/V/z/V^/A. {W\.\(tminui:r^-i.] Ln mÍNm«> ([ue 
I:», mi 'S rrfi. rid' • (déla (i/jxud) ><: del)»-, entender, aunque con 
« ' nisima \-.!r¡cdad, <u 1 -^ntirt-un \ d«- la l/'ini-i. \\w < 1 Terú ^<' lla- 
lli . in t tir:,\ , v'A a, ■ /ii l/i n;i. i Al< xm 1' >. ) 

1Vp».:I¡1 iiiism" (punas de la RincMUada) tcnem«»s. á más 
d'- I'.'S ! [vaden»s de « a'* » tn ]")«'l\«»y urau", I •> « riader« >» de 
i :•> estim.'.Mes r i/a.> de /..vv/. /vm.'/V á/ ////vv/, •'» l>¡en l.i alpina, la 
\i«una (<>:¡íi//;(s ¡hr.'f !//>(si, \.\. llam : ndtH'his i-v ni.n, v\ Líuana.co 
< imc/líS /;i'-:U(h US) V el Venad'» ('•. /r'//v, .,•, .7 i/d-lld). ( P. I)sr Ari - 
I- lies, \n;'. /¡/s!. v i/i'irri/t. //. /^/',^,/ y ri-i /it i/t¡r/i<.) 

^'AR< >XA, í". ■ I'iíva Lcr.ind*' de suela, pcrli'ne< ienle al re» a- 
d<». la<ual^e a» ■ «mtuja entre la bajera y il lomillo, l'na montura 
< "mpk'ta llí\a «los caronas, una lisa, (jue si' pone itnnedi.ita- 
nitiile s- .l»ri' la bajera '» ¡erui intcri-'r, y tiene [»or «ilijcto impi- 
í'ir (jUe el sud'.rdel animal pas<- á laque v.i sobrepuesta, la 
' tra. (¡lie <> 1.1 print ¡pal, may«.r(}ue 1.! primera, labrada «'• 



148 DANIEL GRANADA. 



guarnecida de charol, de piel de tigre, etc., y entro ambas una 
jerga, que llaman jerga entre caronas. 

Lu propio en el Perú (Palma). 

CAROZO, m. — Hueso de la fruta. 

</*/'. Gal. Parte leñosa donde están ci»mo eniíástad- ).-. V^< 
granos del maíz. Pr. Gal. Corazón ó parte central de las manza- 
ñas, las peras y otro^ frutos..- (La Acad.) A lo primero llam:::: 
en el Río de la Plata niarlo, y á lo segundo coraz<')n, semilla •'» 
pepita de la fruta. 

'Frutas de ct^lor negro de poca carne, por el nirjzt que 
tiene. (D. M. A. ]\Iolas, Dcscrip. del Parí(.) 

CARPINTERO, m. — Pájaro de un pie pr<')ximameníe dt 
longitud, de fuerte y aguil > pico, armado de tres filo.s, con el 
cual taladra los troncos de los árboles para extraer gusanos 
y construir su vivienda, lo que ejecuta á rapidísimos golpes qui 
se sienten de lejos. Tiene unas corvas y recias, á favor iK- 
las cuales se trepa perpendicularmente por I<js árboles. 

«Aunque los guaraníes los llaman ipecas, estos españoles le> 
dan el nombre de carpinteros^ aludiendo á que trabajan en los 
troncoh y viven de su producto. (Azara.) Ipcch en guar. el 
(lue agujerea árboles. 

CARRETILLA, f. — Carro de carga, tirado i)or tres muhi> 
emparejadas, en una de las cuales (la de la izquierda) va 
montado el címductor, llamado cafretillero. Es de dos ruedas. 
y la annaz<'»n de maderos y tablas. En algunas partes van 
tirada> por cualr»» caballos y el conductor en el pescante. 

CARRETILLA DE MANOS. — Es justamente lo mismo que 
carretilla en el Dice, de la Acad., <') sea: 

í Carro pequeño de mano, que consiste en un caj«')n dontUr 
se coloai la carga: una sola rueda en la parte anterior; dos 
varas en la parte de atrás, entre las que se coloca el con- 
íiuctor para darle dirección, y dos pies bastante largos para 
dcs<ans;it vw conibinacnui con la rueda. En las obras sirve 
pata lianspoitar tierra, arena y materiales.- En las obras y 
v\\ l.r. Lunas de labranza es en lo que comunmente se usa 
1)1 rl Ulo kW la IM.ita. 

í AKKI' ril.I.EKO, n\. Conductor de una canetilla. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 149 

«■^H^^^^ 1 

CARURÚ, m. — Planta de uiui media vara á tres cuartas de 
alto, que sirve para hacer lejía, y cuyas li(»jas «aovadas suplen 
por otra clase de verdura. 

Del guar. caarurú. 

Llíimanle también yuyo rohmdo, por serlo ali^o su tallo y 
raíz. 

En Colm. raiiini común ih/ limsil: ckaoIus ririiHs ^Io<¡- 
(amarantáieas), \ carurú vcrmclJio (id.): ainarautJtiis jn chincho- 
licns L. (id.). En Gibert \iivo colorado: aniaranfhns chhfros/achvs 
WilKl. (amnrantharctc). 

CASCARREA, f. — Excremento del ganado (ovejuno. 

CATAMARC'A. -Ca]>italde la provincia del mi^no nombre 
de la Confederaci''»n Argentina. j8'^ jS' de lat. aust. Fund. año 
lOy^^ l^orel gobernador de Tucumán 1). Fernando de ^Mendoza, 
traslatlando al efecto á ella la ciudad de Londres de su gober- 
naci«'»n. 

CATA^ÍARQUEXí ), /^^ adj. Natural de la ciudad ('» de 
la pn»vin(.'ia de C'atamana. U. t. c. s.— Perteneciente á una ii 
• »tra. 

("ATIX(JA, f.- -( )lor sijfix ante y desagradable cjue desiñden 
naturalmente algunos animalo. Intenso olor de latranspiraci<'>n 
délos negros. — Aplicase también acosas, ((ímo al olor desagra- 
dable que tienen ciertas i)lantas. 

Del LTuar. cati, catín irá. 

Se (li>trnjo Azara expresándose del modo .Niguiente. Tienen 
(los I )Uerc<;s monteses) en el lomo, entre las caderas, /"> tjnc ai/ni 
Uanian catini^a, y es una Jísfohi pul donde ihiyc un licor como suero 
cs/jcso, f¡uc no hucL' h/cn l'W. Da un sentido improj)io á la voz 
ca/ini^a, tomando la causa (jue produce el mar olor, por su 
efecto (c[ue es lo que realmente signillca), y restringe la exten- 
sión del nombre (que comjírende indistintamente á todos los 
animales), ai)ii(^ándolo á unaesj)t:ci(Mleterminada. La XieAcaiin^a 
signili<\i al ])resente la misma cosa ([ue su corresixuidiente gua- 
raní al tiempo y después de castellanizarse. Caf¡. olor pesado, 
mal<>, vehemente. Ancearmi^ii, rec«»ger en simal olí.»r. • (Ruiz de 
Montova.) 



150 DANIEL GRANADA. 



En cl Brasil olor fuerte y (lesagradablc del cueq)o humano 
(particularmente de los africanos), de ciertos vegetales y ani- 
males, y de comidas mal preparadas ó deterioradas (Beau- 
repaire — Roban). 

CATINGOSO, sa, adj. — Que tiene catinga. 

CATINGUDO, (/fi, adj. — Catingoso, especialmente en sent. 
fam. n despectivo. 

CATRE {f/c balsa), m.— V. JANGADA. 

GATUNA DEL NORTE. — Capital del departamento rio- 
jano de Independencia. 

GATUNA DEL SUR. — Capital del departamento riojano 
de Belgrano. 

CAUCETE. — Departamento de la provincia argentina de 
San Juan. — Capital del mismo departamento. 

CAUDILLAJE, m. — Caudillos en general, tomad» > en mala 
parte su concepto. 

CAUDILLO, m. — Tomado en mala parte, hombre de guerra, 
influyente entre la gente campesina «') gandíos, que acuden 
inmediatíimente á su llamado, siguiéndoles en sus contiendas. 
V. GAUCHO. 

CAZABE, m. — No usan de esta voz. V. CHIPA. 

CEBAR (mati),—\. MATE.' 

CECINA, f. — Tira delgada de carne, seca, sin sal. Con estas 
tiras los correntinos v entrerrianos hacen una trenza vía fríen 
con la misma pringue que suelta la carne, á lo que llaman 
cliíc/ianvíu's. — Salcochada <'> simplemente cocida la cecina, 
sir\'e para hacer la vianda llamada chatasca. — V. CHICHARRO- 
NES Y CH ATASCA. 

Carne .salada, enjuta y seca al aire, al sol ('> al humo.> (La 
Acad.) V. CHARQUE en este particular. 

CEDRO DE MISIONES, m.— Cedro de que hay inmensos 
bosques en las vertientes de los ríos Panmá y Uruguay, pn exi- 
mas al Yguazú. 

CEIBO, m. — Árbol de flor amariposada; que se cría for- 
mando monte en las vertientes 6 islas del Uruguay y Paraná; 
de tronct) escabr»>so, y lindas hojas aovadas y venosas en 
cruz, á saber, dos opuestas y una en el ápice de cada ramito, 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 151 

algunas, no todas, con una cspinita encorvada hacia abajo en 
el nervio por el lado del envés, espinas que asimismo se 
hallan diseminadas con irregularidad por los ramos. Al 
acercarse la primavera, cúbrese, á la par con las hojas, de 
largos racimíjs de aterciopeladas llores de hennoso color de 
lacre ó granate cfan» sombreado, henchido de miel el cáliz. 
Fí^rma en sus ramas una sustancia blanca espumosa, seme- 
jante á la clara de huevo batida, donde cría tábanos. Mas esto 
no es condición peculiar del ceibo; pues hemos visto idén- 
tica espuma }' tábanos en las ramas del rnnt/)i. De la espuma 
(jue, li([uidada, car á u:«»tas C(>n>tantenunte al sucio, engendra 
asimismo cierta esi)c(ic de ni<>sc}uit«» bobo, (jue, cuando 
(|uiere picar, se pega al cuerno, >in acertar á huir, molestan- 
do más (|ue irritando la piel. A manera del árlx»! que 
después de un agiiací n» continúa g«)teand<> durante un rato, 
así el ceib») envía á la tierra, día y noche, el susodicho 
li(N»r de sus raina>, <<»mo si quisiese rei)arlir su jugo nutricio 
con las plantas ([ue deja < recer á sus pies. Kl cocimiento de 
la cascara del tronco tiént-se por eíicaz remedio de las heridas 
v llairas iraní: renosas. laxadas con él \* lueiro es])t)Ivoreaclas 
con I(»s residuos scíhs e pulverizados de la misma cascara: 
sécasela (arnc mala. La parte interior de la <ást'ara, cocida 
V molida, linn)ia los dientes v cura (dicen» el es( oibuto. De 
su madera háceiise bateas y ruedas iU- tairetones. 

Ks c»>Ña muv diferí-ate el rrihn (jue no.> « uaipa (iriUninn 
fi'islti i;iil:i /... íiti<unrilitU((4 ), déla itilm <o|«.sal (|ue i)ro(hi- 
KX'W las rc\Lriones ¡ntertropicah^s, (|uc e.> un género de las 
malváceas {hnmhn.x nHuV, árbul el ¡r.nyor th anvitos se linUtvi 
cit li¡ An¡t'rii(i. se'zún Alcedo. 

(J.íiha es voz haitiana, según Cuervo, y, |)or consiguiente, 
rcihn, (jue seguramente se deriva de ella: géneros diíerentes 
de un mismo vocablo. \'. á este resjxícto el artículo SK1H<). 

Colnu-iro trae la rci/tt! blaiicti tic (}unyn'jnil (nihiáion), la 
romi'iii (ItAuíiricii {hnmlnirciisf, ilc (^¡iha \\k\.\, l.i i </>n!/>s,i ó uih) 
til Aiiuncii (id.) y el rfibón (id.). 

('KIHAL.- Terreno poblado il<- ceibas. 

CKPO C(>Lí>MHI.\Ní).- (;énero de sui»Ii<io, .¡u. cusiste 



152 DANIEL GRANADA. 



en oprimir y sofocar á un hombre mediante dos fusiles y el 
correaje del soldad(X Sentado, juntas y bien amarradas las 
muñecas, pasados así los brazos por sobre las rodillas, métese 
un fusil por entre ellos y las corvas y otro se acomoda en la 
nuca, de modo que la culatii del uno venga á coincidir con el 
cañón del opuesto, y en esta disposición los van aproximando 
mediante dos correas, hasta que desmayado el paciente se las 
aflojan; si no, muere á los pocos minutos. 

De más está decir que sólo abusivamente por subalternos se 
aplicará, si es que alguna vez se aplica el día de hoy, seme- 
jante suplicio, que se ha usado en el ejército y en las C(jmisa- 
rías de policía. Lo propio decimos del cepo de campaña y del 
estaqueo. , 

Acaso cruzó su mente 

La horrible imagen del apa 

(Mombiano. 

(D. A. Magariños Cervantes.) 

CEPO DE CAMPAÑA. — Género de suplicio, que consiste 
(;n oprimir á un hombre mediante un fusil y el correaje del 
soldado. Sentado, juntas y amarradas las muñecas, pasados así 
los brazos por sobre las rodillas, métese un fusil por entre 
ellos y las corvas, dejando en ese estado al paciente, que si lo 
han atado reciamente, acaba por desmayarse. 

CERCO, m. — Cercado, cerca, vallado. 

CERRERO, ui, adj. — Dícese del ganado bravo, pero c[ue 
obedece al rodeo, en contraposición al tambero <j manso. 

Ame'r. Dícese del ganado mular, caballar /> vacuníj no 
domado. :> (La A(\^(l.) 

Esta voz, en la acepci<'>n de bravo «') tío domado, tratándose 
de animales que viven ordinariamente sujetos á pastore«^, no es 
particular de América, sino usada de muy antiguo en España, 
donde puede ser que se haya echado en olvido al presente. 

r;C<'>mo ha de parar un potro 
Cerrero y desenfrenado. 

(Baltasar de Alcázar, Dial,) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 153 

Y herrar casi en tres horas cuatro pares 
De novilios l)riosos y cerreros, 

(Cervantes, La elecc. de los ale.) 

CERRILLOS. — Cabeza del departamento del mismo nom- 
bre de la provincia argentina de Salta. 

CIMARRÓN, na, adj. — Animal montaraz ó planta silvestre, 
(ni contraposici('>n al doméstico ('> manso y á la que se cultiva 
en las huertas. Asi se dice /'¿vvv? cimarra)!, 7'aca ciinairona, a[)¡o 
cimarrón, á (Hstinci(')n del i:)err<) doméstico, de la vaca mansa <'» 
sujeta á rodeo, y del apio debido á los afanes del cultivadc»r. Al 
mate amargo, para distinguirlo del ilulce, se le llama cimarrón, 
como si dijéramos bravo, que lo es en efecto para los paladares 
no ac(ístumbrados á íiustar la infusión de la verba en el estado 
de rusti( idad en que la naturaleza la ofrece. 

La.s pampas de Buenos Aires y las cuchillas de la Banda 
( )riental del Uruguay, en el siglo decimoséptimo y parte del 
decimoctavo, apenas tenían ya pastos bastantes á nutrir las 
innumerables manadas de imanado (imarr<'»n vacuno v ve2:uar 
tjue se hal)ía ido multiplicando desde los primen js tiempos de 
la conquista del R'k) de la Plata, donde fue introducido por I<»s 
españoles. Los cabiklos repartían licencias á los vecinos para 
matar en su provecho determinado número de animales, que 
de antemano se fijaba al intente» todos los años. Pero hubo en 
ello tanto desorden y estragos, ([ue, halnendo disminuido nota- 
blemente el ganado cimarr«jn, se puso estanco en su matanza. 
Sin embargo, no pudo nunca atajarse del todo el abuso, y U>s 
indios por un lado y l^s españoles por otro diezmaron las 
manadas. Pero el ganado, así y todo, fue siempre tan abun- 
dante en el Río de la Plata como la yerba del campo. 

Los perros cimarrones andaban en jaurías, y eran terribles, 
no ya por los danos que causaban en los ganados y .semen- 
teras, sino también por los asaltos que daban en despoblado 
á los transeúntes, particularmente si soq^rendían á un hombre 
á j)ie ó alcanzaban á un jinete con el caballo cansado: la 
muerte en estos casos era inevitable. 

Lo mismo que en el Rio de la Plata sucedí/) en otras partes 
de América, como puede verse por el siguiente pasaje: «Con- 



154 DANIEL (iRAXADA. 



sitlcresc hi riquc/a que han tenido y tienen (la Indias) de oro 
y plata y mucha suma de ganados, especialmente en la Isla 
Española y Santo Domingo, Cuba y su distrito, y Nueva Es- 
pana, quel ganado vacuno y ierl)as son tantas, que se crían 
en los campos y montes, bravos, que \hm\a r i marro /íes, ques 
sin dueñ(^ ni se puede conocer cuyo es, que no se aprovechan 
del si no es del cuero y sebo, que la carne se queda perdida 
en los campos donde la comen los perros bravos, que son 
({marrones cjue se crían en los montes, los cuales son tantos 
ya que hacen mucho daño en las gentes. > (Traf. del dése, de 
¡as Ind, eow/j. por Joan Suarez de Peralta, vczino y naimal de 
Afexieo, publ. por D.Justo Zaragoza.) 

< La peor calidad de vainilla de Misantla se llama eimarrona 
(silvestre ).v (Humboldt, trad. de Arnao, Ens. pol. sobre Nucr. 
Esp.) 

«Es sabido que se llama asi (eimarrón) á los negros esclavos 
que huyen íi los montes y á las plantas silvestres; pero en 
el Plata aplicase el adjetivo con característico significado al 
perro salvaje, oriundo de los que trajenm los españoles, y que 
se propagaron de un modo asoml>ros<>, especialmente en la 
ribera oriental, aliuyentando y destruyendo los ganados, ate- 
rrorizando á las })obIaciones diseminadas en nuestras vastas 
soledades, y hasta haciendo imposible el tránsito por las serra- 
nías donde tenían sus madriíjueras: tal era su número v fero- 
cidad! (D. Alejandro Magariños Cervantes, Palmas v Ombúes.) 

' Aincr. Silvestre, inc^ulto. Aplícase al esclavo <'> al animal 
que se huye al campo y se hace montaraz, y á la planta no 
cultivada, cuando de su nombre «'» esjiecie hay otras que se 
cultivan. (La Acad.) 

CIMBRA, f. — Trampa de caza, que ( onsiste en un lazo corre- 
dizo diversamente disj)uesto. 



CINACIXA, f. — Árbol esjíinoso, de h<»ja estrecha y menuda 
y flor amarilla. Panjninsouia aeuleata /.. 



CINCHÓN, m. — Guasca muy angosta (|ue hace veces de 
sobrecincha. 



CI PO, m . — i 'sipo. 
Del guar. eipó. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 155 

CLAVEL DEL AIRE. — Planta parásita de las selvas, de h(^ja 
pencosa, en las más de sus variedades pequeña, en algunas 
hasta de un par de cuartas, pero siempre muy estrecha, y de flor 
morada, amarilla, blanca, de diversos matices, por lo regular de 
humildísimo perfume, pero hay una especie muy fragante. 
Criase con profusión adherida á los árboles, algunos de los 
cuales parece buscar con predilección, como el quebracho co- 
lorado, cuyas fuertes ramas, oprimidas por el peso de sus 
apiñados huespedes, se arquean y caen: tal es su fecundidad. 
Sacada del árbol, vive y se reproduce del mismo modo, aunque 
sea suspendida simplemente en el aire: aviénese á cualquiera 
situacicm en que la suerte la coloque. Algunos, por gusto ó 
por adorno, la tienen en los patios de las casas, y aunque, can- 
sados de ella, la vavan arrinconando como cosa de estorbo, no 
por esa muere, á no ser que la deshagan y machuquen (') que le 
falte aire libre. [Brome! lacea:.) 

COBIJAS, pl. f. — Ropa de la cama, ('» sea colcha, frezada y 
sábanas en general. 

En Méjico tiene la propia acepción la voz rohijas, según la 
Acad., así c<ímoen el Perú, según D. Ricardo Palma. Es pro- 
bable que suceda lo mismo en toda la América española, si se 
considera que Méjico y el Río de la Platii están justamente en 
l(is extremos septentrional y meridional de ella. En igual caso 
se hallarán, sin duda, muchos otros vocablos americanos que 
aparecen en los diccionarios de la lengua castellana como par- 
ticulares de alguna de las repúblicas hispano-americanas. Este 
mismo Vocabulario contiene diversos ténninos procedentes de 
las Antillas, de Méjic(», de Centro-Amérií a, del Perú, Bolivia y 
Chile, donde es de presumir que tenga la misma «') i)arecida si;^- 
nificacií'm que en el Río de la Plata. 

C( )C(.), m. — Pedruscón hueco, cuya forma e.\terior se in- 
clina muv grotescamente á un «')valo <'» á una esfera v cuva 
pared interior está cubierta de cristales. El color de éstos 
difiere según la naturaleza ó composición de la piedra á (jue 
están adheridos, habiéndolos blancos, morados, rojizos, ama- 
rillentos, etc. Hay (ristales diminutos como la punta de un 
alfiler, que son lí»s más bellos y estimados, y otros de una 



156 DANIEL «RANADA. 



ó más pulgadas. El tamaño de los pedruscones varia de 
modo que algunos pesan arrobas, y otros, semejantes á una 
semilla 6 fruta, son menores que una avellana. Pero el 
n(jmbre de coros procede de aquellos cuya forma y color 
son semejantes al fruto de la palmera. Entre los de crista- 
les diminutos, hay algunos de incomparable belleza y que 
ofuscan por la profusión de luces que emiten expuestos á 
los ravos del s<:)l. Mirados de noche á la luz artificial, es 
todavía mayor su rara esplendidez y hermosura. Los que no 
pasan del grandor de una naranja, tiene dentro, por lo regu- 
lar, como un carozo cristalizado. Encuéntrase especialmente 
en los departamentos del Salto y Artigas de la República 
Oriental del Uruguay; pero Azara dice que los más bellos 
están en la serrezuela de Maldonado. Hállanse asimismo 
en otras regiones de los afluentes del Platíi. Causaron no poca 
admiración á los españoles que por vez primera los vieron 
en la antigua provincia de Guaira. «Descubriéronse en aquel 
territorio, refiere el historiador Ruidíaz de Guzmán (Argentina), 
unas piedras muy cristalinas, que se crian dentro de unos 
cocos de pedernal, tan apretadas y juntas, haciendo unas 
puntas piramidales, que alumbran toda aquella periferia. Son 
de diversos y lucidos colores, blancas, amarillas, moradas, 
coloradas y verdes, con tanta diafanidad y lustre, que fueron 
reputadas por piedras finísimas y de gran valor, diciendo 
eran rübies, esmeraldas, amatistas, topacios y aun diamantes. 
Estos cocos por lo común se crían debajo de tierra en 
los montes, hasta que, sazonados los granos, revientan, dan- 
do un grande estruendo, y con tanta fuerza, que se han halla- 
do algunos pedazos de pedernal más de diez pasos de 
distancia de adonde reventó el coco, que con el incremento 
que toma dentro de aquellas piedrecillas, hace tal estrago al 
reventar debajo de tierra, que parece que con la fuerza del 
estruendo estremece los montes.» Cuenta igualmente que 
estalla el coco D. Juan de Solórzano {Pol. ind,) y agrega que 
los indios del Perú, cuando sentían el estruendo, acudían 
presurosos á buscar los fragmentos de la piedra, persuadidos 
á ello por creer que la suerte de encontrarlos era indicio de 



VOCABULARIO RI0PLATENS3. 157 

buenaventura. Azara se expresa así: 'En bastantes parajes se 
encuentra lo que se llama cocos^ que son unos pedruscones 
sueltos, que encierran dentro cristales con sus facetáis, apiña- 
dlos como los granos de una granada. Los hay de varios 
colores, y los mayores y más bellos están en la serrezeula 
<le ^Maldonado. Aseguran allí que por la costra exterior va pe- 
netrando el jugo que forma dentro los cristales, y que, cre- 
ciendo estos y fallándoles cavidad, revienta el coco con un 
^istruendo igual al de una bomba (') cañonazo. > D. Antonio 
de Alcedo {Dice, i^coí^r. ¡lisí. de las Iiid. Oee), refiriéndose alas 
j)iodras de Guaira en la antigua gobernaci<'»n del Paraguay, 
<l¡<x; ([ue son lo mismo fjue las piedras de Francia. <vLos espa- 
ñoles, añade, creyeron al principio que eran esmeraldas, 
;imatistas y (^arbunclos; pero luego se desengañaron./ 

Finalmente el general de ingenieros D. José María Reyes 
{Descri/}. í^eoL^n'. deltcrrit. de la Rep. Or. del Uruguay) recuerda 
<[uc el sal)io naturalista Dr. D. Dámaso Larrañaga observó en 
los alrededores del pueblo de Minas el (jnartznm amethvtus de 
i oVw violáceo y forma piramidad exaedra, que por lo regular 
se presenta reducido á -^eodesdc calcedonia, que revientan de- 
bajo de tierra con estrépito. > 

Los cocos rara vez se hallan enteros; sino partidos en pe- 
inazos dispersos á largo trecho unos de otros, ora debajo de 
la tierra, ora en la superficie, circunstan(ia que, si la rotura 
])rocedede cataclismos terráqueos, pudo dar origen á la creen- 
« ia tan i)opular y arraigada de que dan noticia aquellns auto- 
res y que se ha continuado hasta el día de hoy. 

Cí )CIIINOCA. — Capital del departamento'dcl mismo nom- 
bre de la ])rovincia argentina de Jujúy. 

(COJINILLO, m. — Manta pequeña de lana, hilo, etc., (¡ue 
>;e col<^ca sobre el lomillo del recado. 

COLOBRÍ, m.— V. PICAFLOR. 



COLON. — Departamento de la provincia argentina de Entre 
Ríos, junto al rio Uruguay. — Capital del mismo departamento. 

COLONIA. — Ciudad cabecera del departamento del mismo 
nombre de la Rep. Or. del Urug. Su origen año de 1680. 

COLONIENSE, adj. — Natural de la ciudad ó del departa- 



158 DANIEL GRANADA. 





mentó oriental de hi Culonhi U. t. c. s. — Pertenecientes ui.i 
ú otro. 

COLLA, adj. — Dícese del indi(» •'> inesti/j» de las provincias 
argentinas de Jujúy y Salta. L' . l. c. s. 

Voz procedente de Bolivia, por !< »s antiguos collas. 

COLLERA, f. -Ct)llar de cuero para acollarar un animal con 
otn ). 

Lii Acad. definií la collera de tiro, etc. 

COLLERO, rn, adj. — Dicese de los naturales dtrl Rosario 
oriental en raz<m del arroyo OV/rz que pasa junto al i)ueblo, de 
un indio coila quit vivía en sus inmediaci» «ncs. 

COMEC 1 1 IGOX, na. — Comccliin:rón. 

COMECHINGON, ;/c/, adj. — Dicese del indio (jue morab.i 
junto á la sierra de Córd< «ha, donde tenía sus viviendas en cue- 
vas, según tradici/'n. L^ t. c. s. — Perteneciente á dicha generi- 
ción. 

CÓMODO, m. — Utilidad, pn Aecho, conveniencia.^ (La 
Acad.) Se usa también en el sentido de comodidad, buen 
andar «'> movimiento, y asi se dice: csk caballo <'> carruaje ficnr 
buen cómodo. 

COMPONER, a.— Preparar un cabalh» para correr vna ci- 
rrera. 

^Llaman fmnjcrns á los caballos corredores, que preparan 
quince dííis antes (de las carreras), dándoles de comer con 
medida, asustándolos muchas veces de noche, palpando sus 
cíiscají mes, y haciendo otras cosas, á que llaman componer c! 
caballo.^ (-\zara.) 

COMPOSITOR, m. — El que compone un caballo de carrera. 

CONCEPCIÓN.— Departamentí» de la República dtl 
Paraguay.— V. SAN JUSTO y URUGUAY {2.^ art.;). 

C( )NC( >RI)IA. — Departíimento de la provincia argentina 
de Entre Ríos, junto al río Uruguay y fnmtcrizo á Corrien- 
tes. — Capital del mismo departamento. 

CíJNCHABAR, a. y retí. — Tomar un sirviente ó pe<'»n 
mediante un salario ])erit'»dico, «'> bien á destajo. — Darle. 
[)roporcionarlc <'» ajustarle un acomodo. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú (Palma). 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 159 



Como termino ^ familiar. Unirse dos n más personáis entre 
si para algún fin. T<jmasc por lo común en mala parte. > 
(La Acad). Esta es la acep(*i<'»n que más analogía tiene con 
la definición dada, y, C()mo se ve, es bien notable la diferencia 
entre una y otra. 

Escríbese generalmente este vocablo con ?', acaso por ha- 
berse tomado del portugués ronchaDar: pero nosotros hemos 
preferido seguir la ortografía de la Acad., pues una y otra 
voz son sin duda etimológicamente idénticas. 

Salva timibién conchabar, y da c<:)mo prov. de la Amér. 
merid. la acep. registrada. 

'Addc la pesadumbre que ( «)n su extraña conducta, sin ha- 
berles dado algún motivo, me causaban los crúcenos, pues no 
me trataban ni me trataron después con más respeto del que 
tuvieron ó debían tener á un correntino ú otro español que 
los superiores hubiesen conchabado para bajar á los indios. > 
(Exp. de guaraníes de las INIisiones desde Ibirapitá-guazú 
hasta S. Dom. de Sor. por un padre de la Comp. de Jes.; 
Rc7\ de la Bibl. de Bs. As., Trcllcs.) 

Habiendo conchabado dos indios ladinos, acompañaron i)(»r 
tierra al iliclu.) práctico. > (Fray Frantisco Morillo, ]'¡a¡c al rio 
/icrmc/'o, 1780, en Angelis.) 

CONCHABO, m. — Acci<')n y efc<l<) de cnncliabar <'> con- 
< liabarse. 

'Las contratas se extenderán ]>or el resjíectivo juez de 
paz en un Libro de concharos . etc. {Cod. Rnr. de la Prov. 
de Únenos Aires.) 

CONFEDERACIÓN ARCJENTINA. -Unión federativa re- 
i)ubiicana de las provincias que á continuaci^ni se expresan, y 
cuya capital es la ciudad de Buenos Aires, (jue lo fue asimis- 
mo del antiguo virreinato del Río de la Plata. 

Buenos Aires, junto al río de la Platíi. 

Mendoza, San Juan y San Lnis, antiguamente provincias de 
Cnvo, las más australes, hacia la cordillera de los Andes. 

Caiamarcay Córdoba, Jnjúy, la Rio ja, Salla, Santia<^o, Santa 
Fe y Tucunián, entre el río Paraná y la cordillera de los Andes. 

Corrientes y Entre Ríos, á la margen iz(|uierda del Paraná. 



ICO DANIEL GRANADA. 



Intcgniu el terriUn-io de la nación argentina la gobcrnaci<')n 
de Misiones, al norte de Corrientes, el CJiaco, la Pampa (pampas 
que están al sur de Buenos Aires) y la Falagonia, separada de 
Chile por los Andes. Las isUis Ma/7'inas, ocupadas violenta- 
mente pi^r los ingleses desde el año 1833, pertenecen también 
de derctiio á la nación argentina, quien lo ha conservad'» 
hasta el dia de hoy protestando la fuerza. Por su situaci''>n 
ge(>gráfica, son las Malvinas una accesión de la Patagonia, y la 
nación argentina, al tiemp(.» de la emancipación y hasta la ¿poai 
del despojo, continua) manteniendo la antigua soberanía ejer- 
cida en ellas por España á justo titulo y reconocida inequív«>- 
cameiitc por la misma Inglaterra. 

CONTRAMARCA, f. — En la ganadería, marca duplicada. 
Indica que queda anulada la marca. Si no se 'pone otra dife- 
rente al animal contramarcado, se le considera sin marca, y en- 
tonces se dice que es orejano de marca. 

COPO. — Departamento de la provincia argentina de San- 
tiago. — Cai^ital del mismo Departament<.). 

CÓRDOBA. — Capital de la provincia del mismo nombre ch- 
ía Confederación Argentina. 31" 24' lat. aust. Fund. año 1573 
por el gobernador D. Jerónimo Luis de Cabrera. 

Córdoba del Tueumán era n(»mbrada antiguamente, para dis- 
tinguirla de Córdoba de Andalucía. líl que no haya tenido el 
placer de visitar la bella ciudad que, asentada á orillas del rit» 
Primero^ deja á sus espaldas la sierra donde en otros tiempos 
buscaban abrigo les indios comechingones, tome en sus man( )S 
el tom(^ XVII del Viaje de Espaiia escrito por D. Antímio Ponz. 
V allí encíjntrará una vista del Puente de Córdoba sobre el Gita- 
dalquirir que le ofrecerá un panorama del todo semejante, en 
su conjunto, á aquel antiguo foco intelectual de las provincias 
del Río de la Plata. 

CORDOBÉS, sa, adj. — Natural de la ciudad <') de la provin- 
cia argentina de Córdoba. Ú. t. c. s. — Perteneciente á una ii 
otra. 

CORDILLERA. — Departamento de la República del Para- 
íjfuav. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 161 

CORNETA, adj. — Dícesc del íinimal vacune» á quien Ic 
falta uno de los cuernos. U. 1. c. s. 

Son muy incómodos en la manada, porque tropiezan con los 
otros y los lastiman. 

En la prov. bras. de Río Grande del Sur significa la misma 
cosa. Beaurepaire-Rohán presume que es voz peculiar del 
Brasil. Nosotros la consideramos española, y que los riogran- 
denses la tomaron de sus vecinos los orientales del Uruguay. 
Es verdad que corneta es también término portugués; pero 
la ganadería en el Plata es más antigua que en el Brasil, y 
debe inferirse la precedencia en el uso de dicha palabra. 

COROXDA, adj. — Díccse del indio de cierta parcialidad 
que moraba en la costa é islas del Paraná, algunas leguas más 



arriba que 1< >s timbúes. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha par- 
cialidad. 

CORONDA, m. — Árbol, de hoja menuda, cuyo tronco y 
ramas se cubre, ruando grande, de manojos de recias espinas, 
y que da unas semillas parecidas en su forma y tamaño al lia- 
ba, pero muy chatas. Raspada la cáscíira de la vaina que las 
contiene, hace csti^rnudar con mayor fuerza que el rapé, amen 
de otros efectos análogos, que no son para dichos. Esto con 
sólo aspirar los polvos por la nariz: tal es .su eficacia mecáni- 
co-fisiológica. 

COROXDA.— V. SAN JERÍJNIMO, primer art. 

CORONILLC.), m. — Árbol que da una tintura rojo-oscura 
que benefician en la Confed. Argent. 

CORRALÓN, m. — Corral grande, cercado de material, en 1<^ 
pueblos. 

CORRECAMINO, m.— V. CACHILA. 

CORRENTADA, f — Corriente fuerte de un rio ó arroyo. 

«Levanta su corren fada comúnmente unos penachos de agua en 
las alturas de las peñas.» (D. Luis de la Cruz, Viaje de la Concep. de 
Chile á Bs. As., i8o6, Ang.) 

Lo mismo en el Ecuador: <: . . . torrentes que, con las nevadas 
déla Cordillera, forman ríos peligrosos por su corre/i/ada.» (D. 
Manuel Villavicencio, Geogr. de la Rep. delEcuad.) 
6 



102 DANIEL GRANADA, 



CORRENTOSC), sa, adj. — Díccsc de cualquier caudal de 
agua que corre con fuerza. 

Lo mismo en el Ecuador: <sEste río (Pindó) nace en los mon- 
tes de la cordillera de Llanganate: en su origen es corrcníoso\ pero 
cerca de su desagüe es manso» etc. (D. Manuel Villavicencio, 
Grop'af. de la Rep. del Ecuador. ) 

Preferible sería correntnoso. 

CORRENTINO, na, adj.— Natural de la ciudad ó de la 
I>rov¡ncia argentina de Corrientes. U. t. c. s. — Perteneciente 
á una ú otra. 

CORRIDA DEL PATO.— Fiesta del pato. 

CORRIENTES. — Capital de la provincia del mismo nimibre 
lie la Confederación Argentina. 27*' 37' 31" de lat. aust. 
Fund. en 1588 pí>r el adelantado D. Juan de Torres de 
Vera v Ara<?('>n. 

CORRER EL PATO.— Ejecutar el juego del pato.— To- 
mar parte activa ó principal en él. V. PATO. 

CORTADERA, f. — Hierba que se cría en los bañados, 
de hoja larga y aplanada, cuyos aserrados filos cortan como 
una navaja, con un como penacho blanquizco amarillento. 

Es cosa diferente de la paja biara (> de Santa Fe. 

COSCOJERO, ra, adj. — Dlcese de la cabalgadura que hace 
sonar constantemente las coscojas del freno. 

COSTA ALTA. — Departamento de la provincia argentina 
déla Rioja.— V. TAMA. 

COSTEADO, da, adj. — Dicese del ganado convenientemen- 
te trabajado de las estancias, manso, que obedece, hallándo- 
se por consecuencia en disposición favorable á su engorde. 

COSTEAR, a. — Pastorear el ganado de las estancias, traba- 
jándolo de manera que se amanse, «)bcdezca al rodeo, se 
reparta y aquerencie en los lugares donde ha de pastar, 
beber, dormir y reunirse, etc., á fin de que, sujeto á un régi- 
men conveniente, adquiera el mayor engorde posible. 

CRIOLLO, lia, adj. — Dlcese del descendiente de extranje- 
ros, no siendo americanos, nacido en las regiones del Plata. 
Ú. t. c. s. — Aplícase á los animales ó productos que, proce- 
diendo originariamente de regiones no americanas, han venido 



VOCABULARIO RIOPL ÁTENSE. 1()3 

á ser como especiales de las del Plata, por cualquiera circuns- 
tancia que los distinga de los extraños. Asi se dice: caballo 
criollo, para designar el común en las regiones del Plata, j>or 
oposici<'>n al que es de una raza especial im])ortada, y pan 
criollo á cierto pan de masa c^ompacta muy común y gustado 
en el i)aís, á distinción del que llaman //v/;/r¿\f, italiano, etc. 

La primera acep. es general en toda América. 

En Salva también con aplicaci(')n á cosas. 

CRUZ DEL EJE. — Departamento de la provincia argentina 
de C(')rdoba, fronterizo en parte á la Rioja \' en parte a 
Catamarca. — Capital del mismo departamento. 

CUADRA, f. — Costado de una manzana, que regularmente 
tiene ciento cincuenta varas en la República Argentina y 
cien en la Oriental del Uniguay. — Distancia que hay de una 
bocacalle á la otra inmediata. —Medida iteneraria compuesta 
de ciento cincuenta varas en la República Argentina y de 
cien en la Oriental del Uruguay. — Mídese asimismo por cna- 
(Iras el a u anee ('> aguante de un caballo corredor. Así un caba- 
llo de ocho, diez «') ijnincc cuadras es el que buenamente puede 
andarlas á carrera abierta. 

Los españoles, dando la vuelta al globo y plantando en una 
y otra rcgi(m su estandarte, al propio tiempo que conquista- 
ban la América, abarcaron con la mirada la naturaleza eiUe- 
ra. La naturaleza fue su maestra, su guía: dioles á cono- 
cer las leyes ciertas y las variables condiciones á ijue ella 
misma está sujeta , é indújoles a modelar por estas leyes y con- 
diciones las ordenanzas que dictaran para la fundación de las 
colonias que en las recién descubiertas tierras hubiesen de ir 
á desenvolver y dilatar su existencia. Para hacer poblaciones, 
l)rescribían las leves de Indias, elíjanse lugares medianamente 
levantados, ni muy altos, ni muy bajos: claro el cielo, puro el 
aire, suave el temple; abundantes de pastos, leña, madera, 
aguas dulces y gente natural: lejos de pantano (^ de laguna 
que exhale efluvios deletéreos <') crie animales venenosos; las 
sierras ó cuestas, por la parte de levante y poniente. Estén 
las poblaciones dispuestas de modc^ que gocen desembaraza- 
damente de los vientos tjuc soj)lan del mediodía y del respec- 



K)4 DANIEL GRANADA. 



tivi) polo; junto, si i)osible fuere, ario navegable, y, en tal caso, 
asentadas de manera que, saliendo el sr)l, tie primero cu d pue- 
blo que en el (v^ua. Las plazíis, calles y solares repártanse «' cordel 
y re^la\ la plaza mayor fórmese cu cuadro pro Ionizada, como 
más á propósito para las fiestas de á caballo: salgan de ella 
las calles en línea recta, lihres, contrapuestas sus esquinas á 
los vientt)s may«)res, cual nave que, acometida por el huracán, 
se pone mar al través; háganse uniformes las manzanas y 
los edificios, S'Midos, desahogad(iS y limpií^s. atendiendo, no 
sólo á la salud y bienestar de los habitantes, sino también al 
ornatí^ del conjuto; e:i lui^arcs fríos sean las calles anchas, y en 
los calicnlcs ant^ostas. El designio tjue entraña este último 
precepto d(^ la Iegishici<'n indiana contémi)lase semejante- 
mente realizado (ín las regiones septentrionales de Euro[)a. 
xA medida (jue se (\imina haci:i el norte, escribe elocuen- 
temente un observador filí'isofo (D. Agustín Pascual, Recuerdos 
de Rusia), se observa que v\ hombre busca lo.s beneficios del 
padre de la luz y del calor; calles anchas, plazas ilimitadas, 
|)íirques inmensos, salas magníficas, y por <^)nsiguiente edificios 
colosales; parece (jue la naturaleza se achica y el itrte se agranda. > 
En cuadro <'» en cwidra dijeron los antiguos, y llamaron cua- 
dra á la isla de casas en cuadro «') á la figura cuadrada de las 
manzanas. La ley (), tít. 7, libro 4." déla Rec. de Ind. reza: en 
cuadro: pero c:i la ordenanza 113 sobre dcscuhriniiento nuevo y 
¡Hddación, (pie es su concordante, se lee: en cuadra, según la 
Colece. de doc ine'd. etc. del archivo de Ind. (t. 8.*'"K Fuera de esto, 
no hay duda en ipie antiguamente dijeron r//í7í/;v7 á un terreno 
ftuidrado ('» isla cuadrada de casas, <'> sea á lo (pie hoy llaman 
manzana «'> cuadra cuadrada de casas en el Río de la Plata. El 
padre Bernabé Cobo, en su escrito sobre la Fundación de Lima 
inserto en el t. i.'^ de h\^ Reís, ^i^coírráfs. de Indias, por D. Mar- 
cos Jiménez de la Espada, so ex])lica asi: «y teniendc^ atcnci(')n 
(el gobernador I). Francisco Pizarro), no al pequeño número 
de vecinos con (pie la fundaba (refiérese ala ciudad de Lima), 
que no llegaban á ciento, sino á la grandeza que se prometía 
había de llegar á tener con el tiempo, tom<!) un espacioso si- 
tio, y lo reparti('>, á manera de casas de ajedrez, en ciento diez 



VOCABULARIO RIOPLATENSB. 165 

y siete islas, que, por ser cuadradas, las llamamos comúnmente 
cuadras. y> Pero no sólo hay este dato. Juan y Ulloa, ó, si se 
quiere, Ulloa, que fue quien redactó el Viaje, nos dice que las 
calles de Lima son anchas, tiradas á cordel en su largo y pa- 
ralelas entre sí, de modo que las unas corren del norte al 
sur y las otras de oriente á occidente, formando cuadras ó cua- 
drados de casas, cada uno de los cuales tiene ctcjito cincuenta va- 
ras. Quiere decir Ulloa que cada uno de los lados del cuadra- 
do tiene ciento cincucntíi varas, á los cuales, andando el tiempo, 
se dio también, aunque impropiamente, el nombre de cuadras. 
Se diría seguramente al principio, por cj., -para llegar á tal pun- 
tt>, hay que pasar (ó andar) tantas cuadras (manzanas) en esta 
calle >; y á fuerza de asociar á la idea de longitud ó distancia la 
voz cuadra, se fue olvidando su sentido primitivo, y el uso, que 
no es gramático ni lcxicól«:>go, acabó por hacer de ella una me- 
dida itineraria. En Lima vino á equivaler á 150 varas, <por 
cuyo número (dice Ulloa) entienden las cuadras en toda aquella 
comarca, no obstante que en la de Quito son de ciento sola- 
mente. > Asi el mismo Ulloa, hablando de Quito, se expresa 
en estos términos: Las cuatro principales calles que atraviesan 
los ángulos (lela plaza son derechas, anchas y hermosas; pero, 
apartadas de ella tres n cuatro cuadras (que es la distancia 
entre cada dos esquinas, v se reíanla allí por cien 7'aras, aunque 
unas tengan más y otras menos), empieza en ellas la imperfección 
de subidas y bajadas. > Asi también, por lo que respecta al Rio 
de la Plata, C( mío regularmente la manzana es cuadrada y tie- 
ne de frente 150 varas en la República Argentina y 100 en la 
Orientíil del Uruguay, de ahi que, aplicando el nombre en abs- 
tracto á la medida de las distancias vde las tierras, aun cuan- 
do [no contengan casas amanzanadas ni estén c(jmprendidas 
dentro del recinto de una ciudad ó puebl(^, se haya dado á cua- 
dra la significación que actualmente y de muy antiguo lleva 
en el lenguaje vulgar y geográfico. 

Paz-Soldán, refiriéndose á la idea que dan de la cuadra Terre- 
ros (Perú: cualquiera longitud de una calle). Salva (Cuba: frente 
que ocupa una manzana de casas) y Pichardo (idem: extensión 
de una calle de esquina á esquina, comprendiendo una y otra 



166 DANIEL GRANADA. 



acera), dice: «todas estas definiciones son buenas, y muy pru- 
dente la de Terrerns.:> Fúndase para pensar asi en que, si bien 
las cuadras de Lima tienen (dice), por lo general, cien metros, (i 
veces se unen dos manzanas, y no por eso deja de llamarse crm- 
dra al frente que ocupan, y en que, por el contrario, cuando una 
manzana queda reducida á la mitad, se le da asimismo á su frente 
el nombre de cuadra, A nuestro juicio la definición verdadera- 
mente exacta es la de Salva. La de Terreros es descuidada; pues 
una calle puede tener una legua de largo, y al largo de una calle 
no se le ha llamado nunca cuadra en América. Y precisando los 
términos en que Pichardo define la cuadra, resultaría serlo el 
espacio de calle comprendido entre el frente de dos manzanas, lo que 
ignoramos si habrá sido en realidad su mente. Dos manzanas 
unidas tendrán siempre dos cuadras de largo; y por el contni- 
rio, si á una manzana se le abre una calle por medio, no por eso 
dejará de ocupar una cuadra. 

En Chile tiene la cuadra ciento cincuenta varas (Rodríguez). 
Rivodó la difine: <-parte de una calle que media de una esquina 
á la otra inmediíita,;> esto es, entre esquina y esquina 
de manzana, no de bocacalle. En la provincia brasileña de Rio 
Grande del Sur cuadra {quadra) es <:extensión de 132 metros, • 
y «la distancia de las corridas se mide por cuadras, Dícese: 
caballo de dos cuadras, de cuatro, etc., ccmforme al número de 
ellas en que puede ganar, ó que está acostumbrado á correr con 
ventaja» (Beaurepaire-Rohán). Los riograndenses tomaron, sin 
duda, el vocablo v su sicjiificado délos habitantes del Rio de 
la Plata. 

La Acad. da á la voz cuadra una significación general: cuarta 
parte de una milla (3.^ acep.); y ( )tra particular de Méjico: man- 
zana de casas. V. MANZANA Y VARA. 

Cuadra cuadrada. — Medida agraria que consta del cuadrado 
de la itineraria llamada cuadra. 

Cuadra argentina. — Medida itineraria que consta de cient( ► 
cincuenta varas, equivalentes á ciento veintinueve metros y nue- 
ve decímetros. 

Cuadra oriental. — Medida itineraria que consta de cien varas, 
equivalentes á ochenta y cinco metros y nueve decímetros. 



VOCABULARIO RIOITATENSEU 107 

CUAJO, in. — Parte del animal vacuno cjuc ronlienc cl juj^o 
j:á.strico. 

CUARAY.— V. CUARÉIN. 

CUAREIN, m.- -Río que descnihoca en la margen izquier- 
da del Uruguay. Marca cl límite divise >nt), por cl norte, de 
la República Oriental del Urugua\- y el Brasil, según el arrt;- 
glo efectuado el año 1851. 

Dicen Citaran ó Cuarciti, Unos escriben Ciiare'im <'> (mu- 
ituny y algunos, como el general D. José M/' Reyes en su 
(mi a Gco^r. de la R, O. del U., Quanin. La gente del campo 
se expresa, ;i nuestro parecer, con la debida i)ropiedad cuando 
dice Cttarayó Ctiarey, ó, á lo menos, si se Cijuivoca, se eciui- 
voca con los antiguos jesuitíis que en 1732 hi< ieron el plano 
Paraquarííc proi^incue, en el cual está designad' • el río de que 
se trata con cl n<jmbre de Quaray. 

Los brasileños dicen Quarahim, y de ahí |)ue(lc nacer que 
sus vecinos, imitándolos, digan Ctunrim, ('iKiirin, Cnanin ó 
( 'uareim, 

CUARTA, f. — Cabalgadura (|ue, coiuluiida i)<>r un jinete, 
ayuda los vehículos á subir his < uestas «'» á pasar un nial 
camino, mediante un viaucador ó < uertla afianzada j^or un 
extremo á la cincha y i)or el otro en el carruaje. — La misma 
avuda ejecutada con hueves. 

Si no pueden arrastrar hi carretil (al ])asar un río ó arroyt»), 
la inantitnen i)arada á pecho finne, hasta (|ue añaden otros 
bueyes que llaman atarlas. ^ (Estala.) 

CUARTEAR, a. — Tirar de un carruaje, mediante una 
t ¡iiirtd. 

CUATI, m.- -Cuadrúpedo de unos tres })ie.'> y medio de 
longitud, de (olor panlusco y acanelado, niuy semejante al 
macaco en la forma del cuerpo y en el grito, pero no en la 

< abeza, (juc es larga y delgada, ni en las manos, armadas di; 
unas largas, fuertes y cncorvadiis, á favor de las cuales trepa 
(«•n suma facilidad por los árboles. Es sobremanera inquieto, 
andariego y revoltoso; por lo cual i>oco tiempo dura en una 

< a'-a, ])U(s ni hay (piien lo pueda soportar por sus continuas 



168 DANIEL GRANADA. 



travesuras, ni él tampoco se aquerencia en ninguna parte, 
escapándose al menor descuido. 

Del guar. 

CUCHARA, f.— Llana del albañil. 

Lo mismo en Venezuela, según Rivodó. 

CUCHILLA, f. — Loma, cumbre, meseta, cuando) se pro- 
longan cíjnsiderablemente. — Continuidad de eminencias, ex- 
cepto las serranías. Pueden hallarse, sin embargo, montañas «'> 
sierras en una larga cuchilla, como sucede en la General ('» 
Grande que atraviesa la República OrienUil del Uruguay y 
parte del Brasil. En este caso, sin perjuicio de conservar, 
consideradas aisladamente, las montañas, sierras, etc., su 
nombre particular, quedan comprendidas en la denominación 
común de cuchilla que lleva la serie. 

Es acepci<m de uso antiguo, corriente, ge(»griifico y (oficial, 
y expres¡()n única con que en el Río de la Plata se nombra toda 
eminencia considerablemente prolongada y cuyas pendientes 
se extienden suavemente hacia la tierra llana, alimentando ó 
dando origen, con las aguas que vierten, á ríos, arroyos, la- 
gos, lagunas y cañadas. Los geografías españoles que concu- 
rrieron á la demarcación de limites entre las posesiones de 
España y Portugal en la América meridional, la emplearon 
igualmente en sus descripciones, mapas, etc. 

<.Su origen (el de varios arroyos) viene de las sierras ó lomas 
que forman la cnchilla (así llaman al camino, cuando sigue las 
cimas de los cerros), la cual va dividiendo aguas al oriente y al 
occidente en la misma direcci<m de la costa.» (D. José María 
Cabrer.) 

<vEn la cnchilla v el llano, 
De fresca sombra cubierto 
El ombú se eleva ufano, 
Siempre á los ranchos cercano, 
Como el genio del desierto.» 

(De Alej. Magariuos Cervs.) 

«Nombre que se da á las montañas, cuando tienen la forma 
muy aguda.v (D. Juan Vilanova y Piera.) 

* Cuchilla no significa ceja, sierra, cordillera; si bien la meta- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 169 

fora no es impropia, y aparece varias veces en el Bcrnmdo de 
Valbucna. Pichardo trae también esta acepción como cuba- 
nismo. > (D. Rufino José Cuer\'o.) 

Ni la idea que da Vilanova, ni la que tolera Cuer\'o, convie- 
nen con la que en el Río de la Plata ha expresado antiguamente 
y expresa hoy en el día la voz cuchilla, Pero resulta que, asi en 
España, como en toda ('> la mayor parte de América, da á cono- 
cer objetos, si no semejantes, análogos. Lo que cumple es deter- 
minar inequívocamente la aplicación que tiene al respecto en 
las diversas provincias de España y América, á fin de unifor- 
mar, si es posible, y fijar, su significado. 

CUCHILLA GRANDE. — Larga cadena de eminencias, for- 
mada, ora de sierras, ora de simples lomas, que, desde el Brasil, 
donde tiene origen, atraviesa de norte á sur el territorio de la 
República Oriental del Uruguay. 

CUEREAR, a. — Desollar un animal al solo intento de apro- 
vechar el cuero. 

Cuando las campañas del Plata cstíiban pobladas de ganado 
cimarrón, cucrcáhausc por millares los animales vacunos, dejan- 
do abandonada en el (^ampo la canie, para alimento de las fie- 
ras y aves de rapiña. Hoy se cuerea un animal vacuno muerto 
por enfermedad, de hambre ó por cualquier accidente que 
induzca á tirar la carne, i)or no poderse aprovechar, salvo el 
cuatrero, que no guarda miramientos. 
CUERVO, m.~V. IRIBÚ. 
CUERVO BLANCO, m.— V. IRIBUTÍ. 
CUERVO REAL, m.— V. IRIBURUBICHÁ. 
CUI, m. — Especie de conejo muy pequeño, que suelen criar 
en las casas. 

Es voz del Perú. Del quich. ccouc^ conejo (Rodríguez). 
<(mícs, que son covao conejos j)equeños.^> {Rcls. }^cogr, de 
Ind.y Atnnrucaua.) 

CULERO, m. — Pieza de cuero que los hombres de campo 
se aplican exteriormente por la parte de los muslos, para evi- 
tar el roce de los instrumentos de trabajo con la ropa. 

En Chile pieza que á modo de faja ancha usan los mine- 
ros, cubriéndoles los ríñones y la barriga, y también la que 



17() DAM£L GRANADA. 



se aplican á las asentaileras para cuando se sientan sobre las 
piedras y el cascajo (Rodríguez). 

CUMBARI, adj. — Dícesc de cierto aji muy picante, rojo y pe- 
queñitc;, queso cría en elisiones y el Paraguay. U. t. c. s. V. AJI. 

Del guar. cnmbarí. 

CUPIAL, ni. — Techo pendiente, que da al fondo del 
rancho. 

CURACA, m. — En las provincias argentinas arribeñas equi- 
vale á cacique, gobernador de una comunidad ('> pueblo de 
indios. 

í Demás de los supremos reyes, en cuyo derecho danms 
por asentado que subcedió la conma de Castilla, hallaron los 
españoles otn^s señores inferiores á ellos, pero superiores á 
otros particulares, de quien eran obedecidos. Lhmiábanl<»s 
entonces curaras, y ahora también caciques^ nombre que traje- 
ron los primeros conquistadores déla isla de Santo Domingo. 
(El virey del Perú marqués de Montesclaros.) 

c6V/mf¿7 usan para áccix f^ran cacique, y eran criados entre 
españoles, y les daban las encomiendas.^ (El P. Andrés Febrés. 
de la Comp. de Jes., Ca/ep, chil.'Itisp.) 

En las inmediaciones de la ciudad de C<)rdoba, del lado 
que mira á la Sierra, había, híista hace pocos años, una 
comunidad de indios, cuyos intereses administraba un cura- 
ca. Llamábale, y se llama aún el paraje donde estaba la 
comunidad, q[ ptahliío. La comunidad poseía una extcnsi('ni 
de dos <'» tres leguas de campo, donadas á sus antecr- 
.sores (dicen) por el Rey. Un decreto del gobierno de la 
Provincia, dictado el año 1882 ú 83, desix>sey(') de dicho 
terreno a la comunidad, dejando á cada una de las familias 
que lo ocupaban un sitio donde pudiesen vivir. Visitiindo ti 
Pueblito á principios del año 1888, entramos casualmente t:n 
un rancho donde \'ivían dos chinas viejas, la una viuda y 
la otra hija de un antiguo curaca. Miserable eni el tuguri»»: 
pero no faltó (donde apenas había en qué sentarse) un os- 
tentoso mate de platíi maciza, en el que nos sir\'ieron s« ►lí- 
citamente un amargo aquellas pobres mujeres, á quienes les 
causó novedad que hubiéramos ido á dar allí de tan ¡e/as 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 171 

tierras ( del Sallo ). ^Aquí no habui dones ni doñas, nos decían, 
ni pleitos, ni enemistades. El curaca administraba las rentas 
de la comunidad, con las cuales se pagaban las contribucio- 
nes y se asistía á los enfermos. El que de nosotros quería 
cultivar una chacra, elegía el terreno que le parecía más 
apropiado a su intento. Otros se ocupaban en hacer maie^ 
nales ( ladrillos ). Arrendábamos á los extraños nuestras tierras. 
Cobrábamos el pastoreo de las tropas ( de muías ). Todos, en 
suma, vivían pacífica y honradíunente. Ahora tenemos dones, 
doñas, miseria y pendencias. > 

CURETUI, m. — Agraciado pajarillo, de color blanco y 
negro. 

Del guar. curcim. 

CURI, m. — Árbol de la familia de las coniferas, resinoso, 
de tronco recto muy elevado, coronado á trechos de ramas 
que nacen horizontalmente arqueándose hacia arriba en sus 
extremos, de forma piramidal, de hojas cortas, recias y pim- 
zantes. Da una pina grande, con piñcmes del grueso del dedo 
pulgar, que, asados, son tan buenos ó mejores que castañas, según 
Azara. Críase en las vertientes de los ríos Uruguay y Paraná 
arriba. Botániaimente araucaria brasilensis. 

Del guar. cuní. 

'Hay en aquella tierra (Misiones) muy grandes pinares, y 
son tan grandes los pinos que cuatro hombres juntos, tendidos 
los brazos, no pueden abrazar uno, y muy alUjs y derechos y 
muy buenos para mástiles de naos y para carracas, según su 
grandeza; las i)iñíis son grandes, los piñones del tíimaño de 
bellotas, la cascara grande de ellos es como de castañas, difie- 
ren en el sabor á los de España; los indios los ct)gen, y de 
ellos hacen gran (entidad de harina para su mantenimiento.^) 
^Alvar Núñez Cabeza de Vaca.) Es el curi. 

CURIBAY, m. — Cierta especie de pino, que da unos piñones 
que, comidos, producen el efecto de un purgante fuerte: efecto, 
empero, (jue < esa instantáneamente, tomando un trago de vino 
«') de agua (aliente. Ticnense estos piñones como buenos para 
rurar la enfermedad do la gota. 

Del guar. curi'ihai. 



172 DANIEL GRANADA. 

CURIYÚ, m— Boa. 

Del giiar. airiyú. 

Es la misma que vio Sciimídcl orillas del Paranít, cerca de la 
laguna Ibera. «Grandísima y monstruosa serpiente (dice) de 45 
pies de largo, del grueso de un hombre: negra, con pintas leo- 
nadas y rojas, de que los indios se admiraron [por [no haberla 
visto mayor; matárnosla de un balazo. Decían los indios que les 
había hecho grandes daños; porque cuando se bañaban, esta y 
otras de su especie les rodeaban el cuerpo con la c ola, y hun- 
diéndolos en el agua, sin saber los indios lo que les sucedía, se 
los comían. Medí esta serpiente con mucho cuidado, y dividida 
deíipucs por los indios en pedamos, se la llevaron k sus casas, y 
se la comieron cocida y asada.:> V. IBERA. 

CURUGUA, m. — Enredadera que da un hermoso fruto c<)- 
lorado, amarillo y negro, semejante á una calabaza, de tma 
tercia de largo, y de olor muy agradable. Sucíiscara, que, aun- 
que fina, es dura y resistente, sirve de vasija, de Ik cual salen 
aromatizados los objetos que en ella se guardan. Críase en el 
Paraguay, etc. — Su fruto. 

Del guar. Cuniffiá. 

CURUGUATÍ.— Departamento de la República del Para- 
guay. 

CURUPAY, m.— Árbol del género de las mimosas, de cor- 
teza á propósito para curtir y de buena madera; semejante al 
algarrobo. 

Del guar. cumpai. 

CURUPÍ, m. — Árbol de hoja estrecha, ligeramente escotada, 
que despide, hiriéndole, una sustancia lechosa muy blanca; 
llamado también, por esta razón, palo de leche. 

Del giiar. eurnpi. 

En sus ramas se forma una espuma pegajosa semejante irlg 
clara de huevi) batida, que cría tábanos, como en el «/ío- Dcsi 
madera, que es muy flexible, háccnsc queseras y otros utemñ- 
lios que han la forma arqueada. 

CURUPICAY, m. — Árbol fofo, que da un jugo pegajOM 
considerado eficaz contra las picaduras de \íboras. 

Del guar. cumpicaí. 



VOCABULARIO P. OPLATENSE. 17.J 

CITRUZÚ CUATlA. — Dcpartaincnlo de la provincia ari;cn- 
tina lie Curricnles. — Capital del mismo dciKirtamento. 

CURUZUVA, m. — En las antiguas misiones jesuíticas ilol 
Paraná y Urui^niay, enfermero. Cuidaba del doliente bajo la 
direcii.'in de uno de los padres (|ue tenían á cargo la reduc- 
ción (') puí^blo. 

rUVAX(), ¡:<i. adj.— Natural de la antigua pr(»vincia de 
Cuyo. U. t. ( . s. — Perteneciente á ella. 

CUYO.— Antigua den<»minaci<'»n tle las actuales provincias 
argentinas situadas al í)cstcí tle Buenos Aires, hacia la cordi- 
llera de los Andes, á saber, Mendoza, San Luis y San Juan. 

CUZC(), m. — Perr;) pec[ueno ladrad(>r. 

De la int( rj. ¡nnf niz! 

P(jr([ue n() llegue á rabiar, 
Míitan á un cuzco inocente; 
Mas, pagantlo la patente, 
Va puede un mastín camjíar: 
Que, impune con su collar. 
Rabie y muerda con confianza. 
¡Buena va Id danza! 

(I). F. A. de Figueroa.) 



ckr> 








CTj 



CH 



CHÁCARA, f.— Cliacra. 

<^Chácaras de coca y ají y otras legumbres.) (Fernando de 
San tillan, Reí. etc. publ. por D. Marcos Jiménez de la Espada.) 

CHACARERO, m. — El que tiene ihacra, trabajando en 
ella «') dirigiendo sus operaciones. 

Lo propio en Chile, según D. Zorobabel Rodríguez. 

CHACARITA, f. — Chácara de cortil extensión. — En sent. 
lig. y fam., lugar donde uno acostumlira asistir. Así el tertu- 
liano dice: voy á la chacarita, para significar que se enca- 
jnina al punto en cjue habitualmente jxisa un rato C(jn 
algunos amigos. 

•<La ocupacií'm <') ejercicio de éstos (los indi(js y mestizos) 
<?s trabajar en algunas chacaritas (') sembrados. > (Juan y Uiloa.) 

CHACO, m. — Antiguo género de montería, originario délos 
indios y á su imitación usado por los espafujle.s, el cual se eje- 
cutaba cercando ef campo considerable número de batidores 
('(^locados á trechos y cerrándose en seguida para estrechar la 
caza, (jue regularmente era la vicuña, hasta que, acorralada, 
tratíiba de evadirse, ocasión en que era i)erseguida con Hechas, 
hondas, boleadoras, lazos y otras armas é instrumentos, y luego 
desollada. 

Descríbelo Gonzalo Argote de IVIolina en el Discurso sobre el 
Libro lie montería del rey I). Alojiso publicad(j por I). José 
Gutiérrez de la Vega en ki Hibl. í e;iat. He aquí el texto: 

El uso (jue los indios tenían y tienen en .sus cazas y mon- 
terías en las Indias Occidentales, es tan vario cuanto lo son 
las naci(.»nes y parcialidaíles de elios y los animales de cada 
región; y imsí en el Perú, en la provincia del Collao, tierra 
muy llana, fría y sin ningima arboleda, y muy poblada de 
,:,"jnte, y en otras })artes de las Indias, hacen una montería lia- 



VOCADULARIO RIOPLATENSE. 175 



macla chaco, para lu rual se juntan grandísimo número ck; 
indios, y, puestos á trechos no muy distantes, cercan la mavor 
parte del campo, que queden casi en forma de circulo, de 
la manera que mejor se acomodan, y tic allí van cerrándose 
y recogiendo todos los animales que se les ponen delante, en 
los cuales hay unos llamados i^uanacos, que son de la misma 
ralea que los camer(>s (i) que los indios nombran llamas, los 
cuales sirven de recuas de carga en que se trajinan las mer- 
caderías: tienen muy buena lana; son del tamaño de un jument*»; 
las canas, enjutas como el ciervo; la pata, hendida; el pescuezo, 
largo y no grueso. Los guanacos no difieren de éstos en otra 
cosa que en ser bravos y monteses, y los otros mansos 
y domésticos, y en la color de ellos que tira á pardo^ y la de 
los carneros, blanc*», negro y ])ardo. Asimismo hay en la 
misma provincia (»tn»s animales llamados vicanas (2), que son 
más pequeños, y mayores que corzos; casi de la misma forma 
del camello, ecepto la corcova, y tienen la lana muy blanda; 
los unos y los otros se hallan en los desiertos y tierras frías, 
donde nieva y hiela much<», y estos lugares se WwvaóXi puñas\ 
tienen estos animales la piedra bezaar, y también se halla en 
otros que so llaman tarw^as, muy semejantes á los corzos. 
Hay también muchos leones, tigres (3), venados, zorras y 
otn»s animales que los indios van cercando y recogiendo en 
el Chaco, en la forma y manera dicha, huyendo los ani- 
males de una parte á otra de la multitud de los indios, los 
cuales les van tirando á todas partes ccm flechas y hondas, 
V (on una anua arrojadiza, (|ue llaman ayllo, que tiene dos 



(1) «Los í^uanacos ó llamas, que por ambos nombres son conocidos, no 
son de la ralea de los carneros, como dice el autor do este Discurso, 
sino de la de los camellos, que tienen por representantes de su familia 
en el nuevo continente . íi las llamas y las vicuñas. Tal vez el hecho de 
ser rumiantes hizo creer al observador que comunicó á Argote de 
Molina sus impresiones, que los citados animales debían pertenecer al 
faenero ae los carneros.»— ('^'. úc G. de la V.) V. el art. CARNERO DE 
LA TIKRRA. 

(2) «Vicuñas, cuyo nombre conservan en Europa». (G. de la V.) 

(3) «Los leones y tigres de que habla el autor, son los del nueva 
continente, llamados i^íímas los primeros, y ^ar;«a»ví los sejrundos.» 
(G. de la V.J 



17J DANIEL GRANADA. 



bolas del tamaño de un durazno colgadas de una cuerda 
emparejo y asidas de otra, y arrojados estos ayllos hieren 
y enlazan á lo que tiran, y llevan perros para seguir la 
caza. Van desta manera monteando hasta que encierran la caza; 
y aunque son muchos los animales que toman, son más los 
que huyendo escapan. Y ansí tuve por relación de D. Juan de 
Quiñones, hijo del presidente de las Charcas, que desta forma 
de montería afirman los indios antiguos de aquella provincia 
que usaba Guainacaba, gran príncipe del Pcn'i, y que la acos- 
tumbraron sus antecesores, cercando los montes con número 
de mas de doscientos mil indios, llevando sus caciques y seño- 
res principales sobre los hombros en andas rasas, y sobre éstas 
sentado el príncipe, que en su lengua llaman Inga, con borla 
de lana pendiente en lá cabeza, insignia real entre ellos. 
Estandí) en el Perú, en el año de cincuenta y uno, en la pro- 
vincia de Chucuytú, en el Collao, D. Francisco de Mendoza, 
visorrey del Perú, he oido contar a caballeros que allí se 
hallaron en aquella sazón, de una fiesta de montería que se 
hizo por los indios del Collao, cercando diez leguas de tierra 
cxm gran número dellos, en la cual mataron veinticinco mil 
guanacos y vicuñas, tres mil zorras, mil y quinientcjs leones, 
sin otro grandísimo número de otros animales. > 

Alguna variedad en la forma de esta montería ofrece el 
siguiente pasaje de D. Antonio de Ulloa (Noiicas americanas): 
«No siendo fácil cazarlas con la escopeta ni con pernjs, hay 
otro medio, que es causa de su destrucción: este es el de ha- 
cer chacos, voz que en el idioma indio significa unión (') com- 
pañía de muchos para alguna cosa. Es la vicuña animal muy 
tímido; cualquier ruid(j lo azora, y con facilidad se espanta: 
ron este conocimiento disponen cerrar una cañada con alguna 
<nierda que la circunde, dejando un corral bastante espacioso 
y con una sola entrada: ponen la cuerda en altura proporcio- 
nada, de modo que corresponda á la medianía del pescuezo 
de las vicuñas, y en pequeñas distancias cuelgan unos peda- 
zos de lana colorada ó de otros colores, para que se muevan 
4X>n el aire. Antes de disponer este cerco tienen examinado 
el siti<:> donde pacen algunas manadas, y lo forman lo más 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 177 

^cercano á ellas. Estando preparado, hacen una especie de 
batida, ayudándose la gente de algunos perrillos que tienen 
.industriados para el intento, y llevan acosadas las vicuñas, 
hasta que logran meterlas en el cerco: ellas, viéndose encer- 
radas, procuran escapar, pero advirtiendo los colgajos, se es- 
{)antan, sin determinarse á saltar por encima de la cuerda, ni 
4 humillar el cuello para pasarla por debajo. En esta forma 
«!nlran los hombres que las enlazan y matan, desollándolas 
para conservar la lana en los pellejos. Por lo común son indios 
!<)s que se ocupan en este ejercicio, «'> algunos mestizos: es 
<!uro y penoso, por hacerse en las punas rígidas,» etc. 

El P. Lozano (Ilist. de la cowjn. del Para<^., Río de la Plata 
y Tnrnm.), hablando de la vicuña, dice: Es de ver el modo de 
oizarlas. Júntanse muchos indios (que antiguamente solían ser 
tres n <^uatro mil), rodean á lo lejos por todas partes el lugar 
tlonde saben hay mayor copia do vicuñas, y poco á poco van 
<:strec]iando el cerco, hasta sitiarlas en parte dcmde puedan 
malarias. Reservan las hembras para el multiplico, y matím los 
machos para quitarles la lana, que es tenacísima de su color 
nativo, y se dice ser fresca y mitigar las inflamaciones de los 
ríñones y también el dolor penosísinv^ de la gota, por lo cual 
los lisiados de estos achaques la suelen usar en los colchones. 
Este modo de cazarlas llaman comúnmente ¡larcr chaco, y 
p«>rque entraban muy de ordinario á semejantes cazas por las 
faldas de la cordillera que caen al Tucumán, llamaron C//aco á los 
fíanos que allí empiezan y se extienden hasta las márgenes del 
río de la Plata. > 

CHACRA, f. — Fiaca rural destinada á la labranza. Es lo 
sjue en España cortijo ó granja. — Sementera. 

Lo mismo en el Perú (Palma). 

La ed. (jue la Acad. de la Hist. hizo de la ///s/. jí^c/í. y nal. 
Ae las I/id. por Gonz. Fcrn. de Oviedo, trae un glosario en 
<!l <|ue se halla la voz charca como de procedencia aimará y 
«*on el significadíj de cercado, coto ó seto formado de piedras ó 
árboles para señalar la extensión de cada hacienda ó heiedad, 
Saca de aquí D. Zorobabel Rodríguez como probable el 
'irigcn de la voz chacra, supuesta la exactitud de la definicií'm 



178 DANIEL GRANABA. 



y etimología de charca: charca, transformada en chacra, vino á 
significar, por traslación, lo que ahora en Chile, en el Rio de 
la Plata y acíis<:> en toda América. Parece, sin embargo, que V )s 
indios mismos decían chácaras, y que les daban el significado que 
conservan hasta el día de hoy, según del siguiente pasaje: «En 
sus pueblos viejos tienen sus sementeras, que ellos (los indi{js 
tucanos antamarcas de que viene hablando el informante) 
dicen chaca rasr>. [Reí, gcográf. de Ind., Perú.) 

< Las llaman chacras y equivalen á tierras de labor,^ (Azara.) 
cEs chacra ó quinta del establecimiento cuyo único ó princi- 
pal objeto es la siembra y reroleccitm ó el cultiví^ de toda especií^ 
de granos, legimibres, plantas y arboledas.- [Código Rntal dr ¡<f 
Prov. de Ihtcuos Aires y otros del Río de la Plata.) 

En <..4///r;'. Vivienda rústica y aislada.» (La Acad.) 

CHACURU, m. — Pájaro de color pardo acanelado, que canl:i 
como suena su nombre. 

Del guar. chacttrít. 

<Le llamaría Ail rhacuríi) r^z/y/'c^///, por su abultada cabeza. 
(Azara.) 

CHAGUAR, m. — Planta, variedad del carai:^uatá, del cual se 
diferencia por su tamaño, que es mucho mayor, por la hemK >- 
sura de sus hcjjas y flores y por su fruto agadable. Bromcliarca. 

CHAGUARA, f. — Piola conque se hace bailar el trompo. — 
Dar chá^uaní, expr. proverb.: alimentar en otro, por burla «'» 
pasatiempo, un i)ropósito vano. 

CHAJÁ, m.— Ave de unos dos pies y medio de loni^ilud, 
de color blanco aplomado y mezcla de oscuro, largo el cuello, 
con un mech<')n de plumas en la cabeza y dos púas en la 
parte anteri<)r ile cada una de sus espaciosas alas. Su andar 
es majestuos") y su resonante graznido como lo da á enten- 
der el mmibrc. 

Del guar. r/hijá. 

< Canta muy alta, agria y claramente cou bastante frecuencia, 
m) sólo de día, sino también de noche, si ove ruido, diciend»» 
el un sexo r//í7/c/ y el lúm chajal/, ])or lo común alternando. 
(Azara.) 

CHALA, f. — Hoja que envuelve la mazorca deJ maíz, y.i 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 179 



(-•stc verde, ya seca. Así se dice:yW;;'^(/// tic chala, cigarrillos de 
chala. 

Lo mismo en Méjico, según Salva. Trae éste también challa 
(<»mo prov. del Perú y con el significado de hoja seca del maíz. 

Chala significa en Lima, según D. Pedro Paz-Soldán, forraje 
de la planta que da el maíz, y en la Sierra, como en quichua, 
dice el mismo, < hojas de maíz secas. > Pero D. Ricardo Palma 
le da acepci<m idéntica á la que tiene en el Río de la Plata. 

'Del quichua, challa, hoja seca del maíz> (D. Zorobabel Ro- 
dríguez.) 

(Voz quichua.) Per. Hoja que envuelve el maíz cuando está 
rcrdc- (La Acad.) 

Del choclo dice D. F. Acuña de Figucroa: 
En su chala, por más gratos, 
Los cigarrillos se envuelven. 

CHALANA, f. — Embarcación menor, de fondo plano, sin 
cjuilla. V. CHATA. 

Embarcacií'>n menor, plana, á manera de caj(')n rectangular, 
(jue sirve para transportar gente y efectos por parajes de poco 
fondo en los puertos y ríos.- (La Acad.) 

CHALCHAL. — Árbol de fritta menuda. Schmidelia cdidis 
( sii/'indacca: (cscrdinca). 

(.'HA^LVL, m. — Guai^aloca. 

CHAMPAN, m. — Embarcacii'íU grande, de fondo plano, 
(li^|)ucsta i)ara la fácil navegaci«')n de los ríos. 

Dice D. Antonio de Alcedo (I)ic. ¡^co/^^r.-his/. de las J. O.) 
(juc es nombre provincial que dan en el Nuevo Reino de 
(iranada á las embarcacitmes con que navegan el río grande 
(le la ^Magdalena desde Mompox á Honda : los hav muy gran- 
des [)ara conducir mucha carga, y otros para alojar con como- 
didad á los pasajeros. :> 

-Se esct)gió el charque seco, y se embarc»'» y aprens<> en el 
c¡iam¡nin.' (ViUarino, Rcc. del r. Ncij^ro de Pal.) 

Caray había descendido en uno de esos buques planos des- 
provistos de quilla, que han llegado híLsta nosotros c<m el w*^)VCí'^ 
\yrc úii champanes.' (D. Domingo Ordoñana, (Jonf.soc. y ec. de 
la Rcp. O. del n.) 



130 DANIEL GRANADA 



CHAMUCHINA, f.— Populacho, gente menuda. 

Lo propio en el Perú (la Acad. y D. Pedro Paz-Soldán) y 
en Chile (D. Zorobabel Rodríguez). 

CHANA, adj. — Dlcese del indio que habitaba las islas dcí 
Uruguay, en la desembocadura del rii^ Negro. Ú. t. r. s.— 
Perteneciente á dicha parcialidad. 

Redujcronse los chanaes á la vida civil en 1624 bajo ía 
protección del gobernador de Buenos Aires y el celo religi(»s(í 
de Fr. Bernardo de Guzmán, dando origen al pueblo más 
antiguo de la República Oriental del Uruguay, la actunl mise- 
rable villa de Santo Domingo de Soriano. 

CHANCHADA, f. — Acción sucia ó indecente. 

chanchería, f. — Punto donde se vende carne de cÍKnt- 
cho y embuchados. 

<:Las facturas de cerdo no se expenden en la plaza, sino cu 
las chancherías, y> (D. Isidoro De-Maria.) 

CHANCHERO, ra, adj. — Que vende carne de chancha y 
embuchados. U. t. c. s. 

CHANCHO, cha, m. y f.— Cerdo. 

Prov. de Amor., según Salva. 

Asi de patentes 
Serán eximidos 
Mastines y muías 
(Jhanchos y merinos. 

(D, Francisco Acuña de Figueroa.) 

CHANCHO, cha, adj. — Sucio ó desaseado. — Miserable, ruin . 
/ Chancho! Es un chancho. ¡ Que chancho! 

Lo propio en el Perú, según don Ricardo Palma. 

CHANGA, f. — Servicio que presta el changador. — Rctriba- 
ción que se le da. — En sent. fig., negocio de poca entidad. 

CHANGADA, f. ant. — Conjunto de changadores. 

CHANGADOR, m. — El que se ocupa en llevar cargas A 
pie de una parte á otra en las ciudades ó pueblos. Pant 
en las esquinas de las calles, concuerda y bolsa al hombro, 
y usa palanca y angarilla, cuando es necesario. Podría con- 
venir con su oficio é instrumentos de trabajo el nombre (que 
nunca se le da) úq palanquín 6 mozo de cordel, como It) llaman 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 181 



en España; pero de ningún modo el de gann/xÍNy pues por 
cualquier carga mediana cobra más, en cinco minutos de 
trabajo, que gana un labradí)r sudando un día entero desde 
la salida hasta la puesta del sol. 

Antiguamente se daba el nombre de c/ian^ntiorcs á los que 
se ocupaban en matar animales alzados, <'> no alzados, para sa- 
car algún provecho de sus cueros. Con el tiempo fueron 
pasando de r /¡afijas sus incursiones, y por sus continuos desa- 
fueros eran naturalmente perseguidos por la justicia. Pero en 
la banda oriental del Uruguay tenían la facilidad de guarecerse 
en el Brasil, ayudados por los portugueses que se ocupaban en 
lo mismo, y, creciendo su número, hubo que organizar partidas 
militares para reprimir sus insultos. Así el capitán Luis de Sosa 
Masca reñas, alcalde de la Santa Hermandad, representó el año 
de 1 730 ante el cabildo de Montevideo la urgencia que había 
en que se le auxiliase con treinta iK^mbres armados para regis- 
trar la ríz//;/»^/?^/, nopudiendo hacerlo con cuatro solos indivi- 
duos, como sucedía en tiempos anteriores, á causa de haberse 
unido con los portugueses los changadores, cada uno de los cua- 
les tenía ya tanto delito como Judas. Así se explicaba el Alcalde. 

< El changador argentino, dice D. Domingo Ordoñami, 
nació partiendo de las ranchadas de leñadores y carboneros, 
iniciándose clara y simplemente con los permisos que el cabildo 
de Buenos Aires dispensaba para tanto número de cueros,» 
etc. (Cojif. soc. y ccon. de la Rep. Or. del Uruí^.) 

Prov. de la Amér merid., según Salva. Creemos cjue lo c^ 
.sólo del Río de la Plata. 

CHANGAR, a. — Hacer chant^as ó negocios de poca enti- 
dad. U. en sent. fig. 

changüí, n. — Antepuesto el verbo dar(K\}Xi¿ es el único 
modo con que se usa esta voz), entretener á uno como facili- 
tándole su intento, aparentar que se condesciende con lo 
que desea ó ejecuta, por vía de pasatiempo ó para sacar ven- 
taja de su inocencia, particularmente en el juego. 

Cosa semejante en el Brasil (Beaurepaire-Rohán). 

CHAÑAR, m. — Árbol mediano, del género délas mimosas, 



182 DANIEL GRANADA. 



y del que hay variedades cuya madera es á propósito para 
obras de carpintería, y que dan un fruto agradable, del que 
se hace dulce y aloja. 

CHAÑARAL, m. — Terreno poblado de chañares. 

«Tienen muchos algarrobales de importancia, y entre ellos 
cliañaralcs.y> {Rcl. gcogr. de Ind.; Tiícumán.) 

CHAPEADO, m. (de chapa), — Arreos del caballo guarneci- 
dos de chapas de metal, ordinariamente de plata. 

«^Chapcado decimos (en Chile), castizamente, aunque a la 
antigua, de la enjalma, freno ó cualquier otro mueble ador- 
nado con chapas.» (Rodríguez.) No dice este antor si el adj. 
cliapcado lo usan en Chile como sustantivo. Es participio pasivo 
del verbo chapear, que registra la Acad. 

En la prov. brasil, de Río Grande del Sur cabezada guarne- 
cida de plata (Beaurepaire-Rohán). 

CHAPETÓN, na, adj. — Inexperto, bisoño. U. t. c. s. — Dicese 
del que no se da maña para ejecutar bien una cosa. Ú. t. c. s» 
— Decíase en especial de la persona poco experimentada en 
las cosas del país. Usáb. t. c. s. 

«Y paréscemc que aunque no padeza menos tormento el 
acostumbrado a trabaxos, aquellos tienen ya hecho tal hábito en 
el, exercitado en ellos, que muere como más prudente sin 
mostrar la poquedad y flaqueza de ánimo que los otros bozales 
en las fatigas, ó los que nuevamente vienen á ellos, á los quales 
en estas Indias llamamos chapetones, y en italiano les dicen 
7*isofÍos.'> (Oviedo, Ilisl. gen. y fíat, de la Ind.) 

< El oydor, aunque chapetón en la tierra, este caso le hizo abrir 
los ojos de la consideración á todos los que se le ofrecieron de 
castigo.:> (Vargas Machuca, Apol. y disc. de las Ind. Occ. publ. 
por D. Antonio M. Fabió.) Quiere decir: el oidor, aunque nuevo 
en la tierra y por consiguiente poco conocedor de sus cosas, etc. 

< Antes de llegar á la primera angostura, no se halló agua en 
dos días, y entristeció mucho la gente, por ser nuevos, que en 
Indias llaman chapetones, y luego se afligen, hasta que se hacen 
á los trabajos. > (Pedro Sanniento de Gamboa, Víaj. al estr. de 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 1H3 

< En el uso ahora corriente chapetón es sinónimo de torpe, y 
chapetonada de torpeza, bisoñada.^ (D. Zorobabel Rodríguez.) 

Véase como se explica Terralla á este respecto (Lima por 
dentro y fuera): 

»Vcrás, pues, como reputan 
Por sim¡)les los forasteros. 
Porque no guardan sus usos 

Y sus modos indiscretos. 

Pues a.sí conn) en España 
Tienen á los extranjeros 
Por simples, porque no entienden 
*\'arias lenguas que hablan ellos; 

De esta manera también 
Discurren los peruleros 
Que lo son los gachupines. 
Chapetones de aquel reino.» 

Tiene bastante enjundia el siguiente pasaje del mismo Te- 
rralla, en que describe la manera de socaliña que solían usar con 
los chapetones ciertas gentes comprendidas en uno de los gru- 
ix>s típicos en que perscmifica las c(ístumbres del antiguo Perú. 

Ponen varias ensaladas, 
• Pichones, pollos rellenos, 
Leche, crema, huevos fritos. 
Pescado, vaca, canicn», 
Camarones, ropa vieja, 
Estofadíjs, pasas, qucs»». 
Vino, dulce, almendras, nueces 

Y otros manjares diversos; 

De los que, todos unidos. 
Van á cuál más engullendo, 
De manera que parece 
Que del hospital salieron. 



184 



DANIBL GRANADA. 



Una negra se trastorna 
Un platón en un puchero, 
Otra afianza una pieza 

Y se la mete en el seno. 

Y mientras estás comiendo 
Eres un gran caballero, 
Muy franco, muy comedido. 
Muy bizarro y muy atento, 

Muy prudente y primoroso. 
Muy astuto y muy discreto ; 

Y en acabando la gorra 

Dicen entre sí : ¡ qué puerco ! * 

i Que corto ! ¡ qué desdichado ! 
i Qué mentecato ! ¡ qué necio ! 
Qué salvaje ! ¡ qué borrico ! 
i Qué chapetón tan grosero ! 

El calificativo de chapetón, en el sentido á que alude Tcrralla, 
nadie se acuerda hoy de emplearlo en el Rio de la Plata, y 
es probable que suceda lo mismo en otras partes de América. 
Aplícase indistintamente por inexperto, bisoño ó torpe, y eso 
mismo rara vez, á nacionales y extranjeros. Esto es natural, 
y fácilmente se comprenderá, si se considera que las repúblicas 
hispano-americanas caminan hoy á la par con las sociedades 
europeas, recibiendo á millaradas en sus inmensas campiñas 
sin cultivo la emigración trabajadora del viejo mundo, á la 
manera que la tierra labrantía absorbe, cuando seca, copioso 
raudal fecundante, y modificando, por lo t;mto, notablemente 
sus usos, costumbres y procedimientos industriales; de suerte 
te que, percibiéndose poco la diferencia de unas á otras for- 
mas, casi puede decirse que ya no hay chapetones ni chape- 
tonadas. 

'^Chapetón, na, adj. — En algunos países de América, se dice 
del europeo recién llegado.» (La Acad.) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 185 

CHAPETONADA, f. — Acción ú obra mal ejecutada, por 
falta de conocimiento de los usos del pais, ó de la suficiente 
priictica, habilidad y desenvoltura, en contraposición á la 
baquía de los habitantes nativos. 

Pactar la chapetonada. Resultarle á uno algún daño (') pérdida 
de 1<3 que ha ejecutado sin el suficiente conocimiento de las 
espinas que traía consigo el negocio que emprendiera ó por 
haberse metido en honduras. 

<.Primera enfermedad que padecen los europeos después de 
haber llegado al Perú, ocasionada de la mudanza del clima.» 
(La Acad.) 

CHARABON, na, adj. — Dícese del ave y, en especial, 
del avestruz que aun no ha cmplumecid(^ del todo. U. t. c. s. 
— Dícese cariñosamente del niño ó niña que tiene cortado el 
pelo. U. t. c. s. 

Del ^\x¡xx. \arabi, sin, ó C(m poco, pelo ó pluma. 

Usase particulamiente en la República Oriental del Uruguay, 
Entre Ríos, Ct^rrientes, Misiones y el Paraguay. 

CHARQUE, m. — Tasajo. — Carne seca, sin sal, cortada en 
lonjas delgadas. 

Charque didee dicen al que tiene poca sal, para distinguirlo 
del muy salado. 

Prov. de la Amér. merid., según Salva. Quizás no se extienda 
tanto su uso. 

< Esta noche en conversación me han dicho mis compañeros 
los caciques ([ue mañana fuese á carnear la gente para hacer 
charque, pero que la parada no podía ser más que del día.» 
(D. Esteban Hernández, Viaje del Diamante al rio Quinto.) 

CHARQUEADA, f — Operaci<'>n general del charqueo. 

CHARQUEADOR, m.— El que charquea. 

CHARQUEAR, a. — Hacer charque. — Cortíir lonjas delgadas 
de carne para hacer el charque. 

cEn el Paraguay, donde hay más economía, aprovechan hi 
carne charqueándola, que es cortarla á tiras delgadas como el 
dedo para secarla al sol y al aire; asi las conservan y comen 
cuando les acomoda.» (Azara.) 

Charquear también en Chile, según Rodríguez, si bien alli 



180 DANIEL GRANADA. 



parece no usarse charque, sino charqui, pues sólo esta palabra 
registni. Prov. déla Amér. raerid., según Salva: igual observa- 
ción que en charque respecto á uso tan generalizado. 

CHARQUEO, m. — Acción de charquear. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

CHARQUI, m. — En las provincias argentinas arribeñas 
llaman, como en el Perú, charqui, que es la primitiva forma 
del vocablo, al tasajo, y también á la carne simplemente 
seca, sin sal, en lonjas muy delgadas, es decir, á lo que en 
las demás provincias argentinas y en la República O. del 
Uruguay dicen charque. 

Del arauc. charqui, charqui ó cecina, 'según se expresa 
el P. Andrés Pebres, y «más originariamente del quichua 
chharqui, tasajo, y también seco y flaco,^ según D. Zorobabel 
Rodríguez, quien advierte que en Chile no se llama charqui 
propiamente al tasajo, sino á la carne apenas sazonada y seca 
ai sol. Convendría, con efecto, en provecho déla lengua, esta- 
blecer esta diferencia, á cuyo propósito observamos que en 
el Rio de la Plata se llama indistintamente al tasajoy ora 
charque y ora tasajo, pero nunca tasajo á la carne seca al sol 
con ninguna o poca sa/y sino precisamente charque; \o que quiere 
decir que el verdadero charque, á lo menos con arreglo al 
us<i actual, es el que apunta Rodríguez, á saber: la canie seca, 
con poca sal ó sin ninguna. 

Convierten en charqui ó tasajo la carne. > (Juan y Ulloa.) 

CHARRÚA, adj. — Dlcese del indio que en la época del 
descubrimiento corría la costa septentrional del río de la Plata. 
U. t. c. s. — Perteneciente á dicha parcialidad. 

Intrépidos y fuertes guerreros, l«>s charrúas exterminaron 
á los ya roes y bohanes, enseñoreáronse de la banda oriental 
del Uruguay, y, habiéndoseles incor¡^orado lo minuanes, resis- 
tieron constantemente á los csi)anoles, como lo hacían los pam- 
pas en la costa austral del río de la Plata. «Quizás han derra- 
mado los charrúas, dice Azara, más sangre española, que los 
ejércitos del Inca y de Motezuma. > Esta aserción, aunque du- 
dosa, da una idea del carácter y esfuerzo de aquellos bravos. 
Como vivían sin trabajar, molestíiban naturalmente á los voci- 



VOCABULARIO RIOPLATXNSB. 1S7 

nos de las estancias y pueblos indefensos, exigiéndoles vitua- 
llas, ó tomándolas por su mano, si eran desoídos. Una juntíi 
de hacendados solicitó, por ende, su exterminio, el cual fue 
duramente ejecutado el año de 1832. El país quedó, en con- 
secuencia, libre para en adelante de las correrías de los cha- 
rrúas. No falt/) quien especulase con estos desgraciados. En 
efecto, tres de sus caciques fueron llevados ix Europa como 
objetos curiosos, y, obligados á andar de una parte á otra 
haciendo visajes y mogigangas, murieron miseramente en el 
más lucido centro de la cultura social. El autor y espectadores 
de este impío espectáculo no eran ciertamente españoles ni 
hispano-americanos, sino ciudadanos de aquellas compasivas 
nacitmes cuyos escritores tanto se desvelan por ajustar á Es- 
paña el sambeniten de avara y cruel que sólo ellas merecen. 
Dígalo la conductíi que, así las naciones aludidas, como sus tan 
decantados descendientes, han obser\ado siempre con las ra- 
zas americanas, y compárense sus leyes atroces con las que 
España díct(') para las Indias. 

Trae noticias del suceso referido la líist. pal. y mil. ríe las 
rep. del Plata por D. Antonio Díaz. 

CHARRUSCO, m.— Churrasco. 

CHASQUE, m. — ^Jinete portador de una comunicación, 
enviado por una autoridad militar ó civil. — Por ext., jinete por- 
tador de una carta en casos urgentes. 

Del quich. chasqui. 

El con.sejero D. Juan de Sol(')rzano dice, hablando de los 
correos: <En el Perillos llaman chasquis, ahora corran á pie ó á 
caballo, víx-ablo propio de la lengua materna, que quiere decir 
íoma\ porque el que llegaba corriendo á la parada ó puesto 
donde le esperaba el otro, al entregarle los pliegos le decía sólo 
esta palabra, y, dicha, el que les recibía partía volando y decía 
lo mismo al siguiente, y así de uno á otro hasta llegar á la parte 
adonde iban encaminados. >(/*<?///. iud.) 

Chasque igualmente en Chile (Rodríguez); pero también chas- 
qui (Solar). No dicen claramente estos autores si allí significa 
correo de á pie ó de á caballo. 

< Llamábase este correo chasqui, que quiere decir en la lengua 



188 DANIEL GRANADA. 



el que recibe, porque tomaba y recibía el mensaje de otro/> (El 
Licdo. D. Femando Montesinos.) 

'<Para chasques^ que es lo mismo que correos de á pie, hay 
indios diputados en sitios de veredas principales.^ (El virrey 
marques de Montcsclaros.) 

El Dr. D. Lorenzo Galindez de Carvajal se titulaba del Con- 
sejo V Cámara de Carlos Vy, por merced suya (1525), Correo 
Mayor del Perú, ó, como allí dicen, Maestro Mayor de Chasquis 
Estos chasquis, de quienes era maestro mayor el Dr. Galindez 
de Carvajal, eran correos indios de á pie, qae se despachaban con 
cartas ó pliegos de negocios públicos y particulai es, según el texto 
de la ley 21, tít. 16, libro i.® de Indias. 

»Hasta ponerse el sol se estuvieron recibiendo chasques con 
funestos partes de los danos que hacían los enemigos.) (Ca- 
brer.) 

xEl comandante determinó mandar un chasque, ó correo, al 
día siguiente. > (D. Luis de la Cruz, Exp. de Chile á B. A.) 

Voz prov. y anticuada del Perú y Bolivia, según Salva; la co- 
rriente chasqui. Si esto fuere exacto, sucedería que el Rio de 
la Plata ofrece á tal respecto una curiosa antítesis; pues en 
él chasqui es anticuado, y lo corriente chasque. 

^Chasqui. (Voz quichua.) m. Per. Indio que sirve de co- 
rreo.^ (La Acad.) 

CHASQUERO, ra, adj. — Que es propio del chasque. Úsase 
en sentido recto y traslaticio. Asi se dice canoa chasquera, por 
canoa que lleva una comunicación, y trote chasquero, por trote 
largo. 

CHATA, f. — Embarcación de carga, usada en los ríos, con 
fondo plano, sea cual fuere su arboladura. 

Lo propio en el Perú, según D. Ricardo Palma. 

«Embarcación propia del reino de Tierrafirme, con que se 
hace la navegación del río de Chagre desde su entrada á la 
aduana y desembarcadero de Cruces: son unas barcas grandes 
y capaces de mucha carga, navegan á vela y a remo, y toman 
su denominación de que el fondo es plano y sin quilla, para 
que calen menos agua.^ (Alcedo.) 

CHATASCA, f. — Vianda de cecina, hecha del modo si- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE- 189 

r^uicnte. Salcóchase, <'> cuécese simj)lcincnle, la cecina; machá- 
< :Lse en un mortero hasta cjue quede enteramente deshecha, 
y hicgo, (') en (^ualquier tiempo (pues se conserva sin echarse á 
perder"), se hace (con ella, /fnpas, porotos, zn/fallo, etc.) un 
í^uisado cualquiera. V. CECINA. 

('IIAUCIIA, f. — Vainilla tierna de la habichuela, ijue en 
Kspafia llaman judía. — Usase también adjetivada en sent. 
íi;;. y íam. jx'ira indicar la pobreza y falta de gracia y luci- 
liiieiito de una cosa. Así, llevaba un vestido muy cJiancha ( po- 
bre y deslucido ) y ¡ (jué chmtrha estuvo la tertulia ! es decir, ¡qué 
j)oco toncurridií y desanimada etc. 

Del arauc. cJiaucha^ cierta clase de papa, y del quichua. 

Dice 1). Zoroba'oel Rodríguez t[ue en ([uichua y araucano 
fhiincJin es una i)apa chica y tempranera : (jue eso mismo sig- 
nifica h«jy en el Perú: (pie en Chile dan ese nombre á la 
papa menuda (pie se deja i)ara s(*milla, escogida y separada 
la izrande ; v (lue allí también el vuIlto dio en llamar chanchas 
l\ l.is monedas de dos reales cmh (pie fueron suplidas las anti- 
«.íuas jíesetas. 

IVesume D. Fidel is F. del Solar (pie en la lengua quichua 
«Ji-bc de hv'iber algún vocablo semejante al de que se trata, que, 
«oiiK» adjetivo, e([uivalga á tempranero, ¡inno, prcco:. Se funda 
*\sobrentendiend() cpie chaucha es (|uichua ) en que este V(.)ca- 
nlo expresa, además dií una papa tempranera , una pepita de 
sandía igualm(Mite tempranera : en ([ue el vulgo llam''> chauchas 
á las pií^zas de veinte centavos, por la raz('>n de ser moneda 
ntic:ui\ y en (pie los guasos (^ilifican de chancha á una mujer 
<^ue ha tenido un parto precoz. \ Vaya con la chaucha, (pie 
había sido alborotadora v andariega! 

.•\<lviértase que el sentido, así recto como traslaticio, que tiene 
on el Río de la Plata la voz chaucha, c< inviene perfectamente 
<xín las acepciímes en (|ue se ha tomado y se toma en Chile, 
según los señores Rodríguez y del Solar. Aun 1»^ pobre, ruin, 
^Icsmedrado, falto de gracia y de lucimiento, que es la aplica- 
vvm figurada ciuc suele dársele vulgarmente en el Río de la 
Plata, entra en la clase de lo que no ha adquirido el conve- 
liente ú oportuno desarrollo y vig<)r<.)sidad. Esta parece ser la 



190 DANIEL GRANADA. 



idea genérica de tixias las acepc¡r»nes en que se ha usado y >•: 
usa el vocablo chaucha en el Perú, Chile y Rio de la Plata. 

¡CHE! — Interj. fam. cm que se llama la atenci<jn de uíii-. 
persona á quien se tutea. 

CHEPI, m. — Cuero sobado con que los charrúas y minr.:i- 
nes envolvían los muslíjs, ó sea taparrabo. 

Voz guaraní; significa literalmente mi enero, de che pr-»- 
nombre personal (mi), y// (cuero). 

CHICOANA. — Capitíil del departamento del mismo n')ni- 
bre de la provincia argentina de Salta. 

CHICOTAZO, m. — Golpe dado con el chicote. En ^Icji«» 
lo mismo, según la Acad. 

CHICOTE, m. — Latiguillo del jinete. — Cualquier látíi: • 
corto. — Varilla que hace veces de látigo. 

Véase REBENQUE y ARREADOR, que son cosas dife- 
rentes. 

<En Mcj, Látigo./ (La Acad.) 

Lo propio en el Perú (Palma). 

í-Suele usarse por nuestros paisanos chicote (que es \xxi pedazo 
de cuerda) por látisro, y chicotazo en lugar de latigazo (Rodríguez ). 

itChicote es, en Chile, un azote de cuero, de cordel, de cer- 
da,» etc. (Solar.) 

CHICHA, f. — Bebida que prepara la gente campesina de 
las provincias argentinas arribeñas, haciendo fermentar el 
maíz, á imitación de los indios del antiguo Perú, que fuer« )ii 
sus inventores. Tomada con exceso embriaga. 

He aquí el modo de hacer la chicha más gustosa y esti- 
mada, la chicha por excelencia. Mascan el maíz, escúpenlo 
en una marmita de agua hirviente, que se tiene al fuego 
durante algunas horas, cuidando de espumar op<jrtunamentu 
el compuesto: decántanlo y déjanlo que fermente un par de 
días. Queda turbio; pero se va clarificando por sí mismí» 
poc( ) á poco, hasta que se pone en aptitud de ser bebido }• 
saboreado. Preparan también la chicha machacando el grano, 
en vez de masticarlo: pero entonces, privado el néctar del 
aseado condimento de la saliva, resulta soso. Esta manera 
de chicha, más propiamente que chicha es ahja, nombre con 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 191 

que en efecto la distinguen: hácenla asimismo de la semilla 
del molle, del algarrobo, del chañar, del piquillin, de la quinua 
y de otros árboles y plantas, poniendo simplemente á fer- 
mentar uno ó más dias en agua, ora fría, ora caliente, el 
frutí ). 

La Acad. define la chicha «Bebida alcohólica muy usada en 
América, que se pre¡)ara poniendo á fermentar enagua cebada, 
maíz tostado, pina y panocha, y añadiendo especias y azúcar. 
Su sabor es el de una sidra de inferior calidad/^ Esta bebida 
es, no precisimiente la chicha, sino un género particular de 
chicha; acerca del cual nos ocurre preguntar: ¿qué clase de 
/janocha es ésa y C(jmo entra en el brebaje? 

La chicha, según queda indicado en la definición, trae su 
í )r¡gen de los indios peruanos. Explícalo el autor anónimo de 
las Cosittmbrcs a7iíi<ff/as de los naturales del Pira, una de las Tres 
laL deani.per. publ. por D. Marcos Jiménez de la Espada. Di- 
< e que, al principio, cuando los antiguos peruanos poblaron la 
tierra, por mucho tiempo no tuvieron género de bebida, sin<:» 
sola agua fresca, harto dañosa donde, cuál más, cuál menos, 
i's salobre, entre otras malas condiciones que la hacen malsana, 
«orno lo cxpernnentaron después los mismos españoles: ([ue, 
j)ara obviar este inconveniente, i intentaron el vino hecho de i^ra- 
no de maíz; pero que, no produciendo por sí solo los efectos 
<[uc se pr(*tendía de lavar la 7^eji¡^a v deshacer la pintea, manda- 
i<»n los médicos ({ue ^c lindase (-{lii^así?) el maíz r,tn la salituí 
del honittre, i¡ue es niuv medicinal: (ju(* ilc aquí luici'» el mascar 
tos niños r las doncellas el i^rano de maii, v lo mascado ponerlo en 
i'dsos, l>ara (¡ne después se cociese v pasase por diirrsos rotadores de 
til nzo de algodón \ ai^na limpia, v el a^na ijuc de todo esto se ex- 
primiese, fuese el vino: que estaba ordenado que usaren de él mo- 
ikradamente por vía de medicina, y lleg«') á gustarles tinto que 
por sólo th'fter sin pena públicamente, instituyeron las tiestas en que 
se hata'a de belter á rienda suelta. < Fuera (.le que la chicha es po- 
(u'»n verdadera, continúa el difuso historiatlor, da también nu- 
trimiento como si fuese comida. > 

.\unquí' es gente que no se emborracha, ni acoslumbra:i á 
beber la ^///V//^/, por no ser la tierra dispuesta ni aparejada para 



192 DANIEL GRANADA. 

dar maíz.» Quan Lozano Machuca al virrey del Perú; Reí. f^cof^^ 
delnd., ap. III, t^ 2«.) 

<:Hay también árboles de vtoUc, que dan una fruta peque ñíf 
colorada de que los indios hacen su bebienda, como del maíz, 
que hacen chicha, ques un brebaje que beben como vino> {RcL 
gcogr.dc Lid.; Condcsuyos y chunbibilcas.) 

«Beben el brebaje, que es chicha, de 7naiz, y lo muelen en 
batímes de piedra, y en otro de palo, á manera de camill(')n.> 
(Herrera, Dcc. 8.% lib. 5.**, cap. 12°.) 

Según el anotador de la Ilisi. gen. y nat. de las Lid. por Gon?:- 
Fern. de Oviedo (ed. de la Acad. de la Hist.) chicha es voz de* 
la lengua aborigen de Cuba. 

CHICHARRÓN, m. — Pedacito ó residuo de gordura, frittv 
con su misma pringue y muy tostado. — En sent. fig. dicese que 
es ó parece un chi^hanón, de cualquier cosa requemada. 

CHICHARRONES, m. pl— Vianda hecha de pedacitos i\ 
residuos de gordura, fritos con su misma pringue y muy tostíi- 
dos. Lleva regularmente también pedacitos sueltos de carne. 

CHICHE, m. — Hablando á un niño, juguete, ó cualquier 
cosilla que supla por un juguete. — Familiarmente, primorosí. 
objeto de adorno y, en general, cosa linda y bien dispuesta. — 
En sent. fig. y fam., persona muy habilidosa. 

En Chile equivale á joyel, bujería, y metafóricamente á /ilili, 
(i alhaja, joya, tratándose de personas (Rodríguez). También 
á los dijes de las tiendas llaman chiches (Solar). 

CHIFLE, m. — Asta de animal vacuno, regularmente de 
buey, donde se lleva agua para beber en los viajes ó largíts tni- 
vesias. 

«De las astas hacen vasos, cucharas y peines, y poniendo uri 
tapón en lo más grueso, abriendo un agujero en la punta, les. 
sirvxn de jarros y cántaros, llamándolos chifles.-» (Azara.) 

«Los habitantes de esta ciudad (Santiago del Estero) tienen 
fama en todo el Tucumán de ser los mejores soldados de toda 
la provincia y el terror de los indios del Chaco. En tiemix> de 
guerra tenían siempre colgado del arzón de la silla un costalíflo 
de maíz tostado, con sus chifles de agua, que son unas grandes 
astas de bueyes, mueble muy usado en esta provincia para esc 



VOCABULARIO RIOPI.ATENSE. 193 



efecto: sin más prevención que esta, eran los primeros que se 
presentaban en campaña á la menor asonada de guerra. >^ 
(Estala, carta sobre el Tucumán, llnj. 7inir.) 

vMcdia entre las ciudades de San Luis y San Juan un dilatado 
desierto, que, por su falta completa de agua, recibe el nombre 
ác /nn'cs/a. El aspecto de aquellas soledades es por lo general 
triste y desamparado, y el viajero que viene del oriente, no 
pasa la última represa ('> aljibe de campo, sin proveer sus chifles 
de suficiente cantidad de agua.> (Sarmiento, Facundo, ó OV-. y 
Barb, etc.) 

CHICLIOASTA. — DepartamenU» de la provincia argentina 
de Tucumán. — Capital delmisnv> departamento. 

CHILCA, f. — Arbusto de hoja estrecha, t^uyo olor tiene algo 
del jnno y romero; f(jrma monte en los campos de i)astoreíj, 
á (¿uienes daña, porque cercena las hierbas útiles, es albergue 
de mosquitos, tábanos y otras sabandijas, oculta los animales 
muertos, frustrando el aprovechamiento de sus cueros, y, des- 
pués de una lluvia ó fuerte roclo, empapa de pies á cabeza al 
jinete. Sus hojas, mezcladas con sebo, c(mstituyea un caustico 
tan eficaz que se aplica á los tumores del animal caballar ^\ 
vacuno para abrirlos y resolverlos. En Gib. eupaíon'itjn polvs- 
iachvuiu. Var. D, C. (asteroiileic: cotn/>.). En Colm. cliilni tfe/ 
Peni: eitp. etc. (comp.). 

Del arauc. y quich. chillca /» cliilca. 

La diilca indicada es la que abunda en los campos regados 
por el Uruguay, Paraná y Paraguay; pero no es más cjuc una 
variedad de la especie ó género de árboles y arbustos seme- 
jantes que se tTÍan en otras regiones de América, á ([ue parece 
pertenecer también el miomio, asi por .su forma como por el 
olor de sus hojas. <La chillca, dice el Dr. D. Vasco de Con- 
trcras y \'alverde (Reí. ^^^f'^^v. de Tud.), es muy hermana del 
violle: raras vec:es se aplica el uno sin el otro, asi para h)s 
remedios interiores, como para los exteriores; también es 
arbusto y tiene cinco especies que se diferencian poco en 
las formas. La mayor tiene las hojas algo grandes, muy pareci- 
das á las de los duraznos. Las llores salen en unos ramilletes 



1^^ DANIEL GRANADA. 



ruatro indios y dos chinas (asi llaman por lo común á las 
mujeres), de la nacitm de los caaiguás ó monteses, que en lo 
oculto de su retiro guisaban descuidadamente unos monos <') 
caravas que habian cazado, el más delicado de sus manja- 
res. > ( Cabrer. ) 

<v Casta ó mezcla que se produce de indio y europea en la 
.Vncrica meridional : son por lo común muy blancas y bien 
parecidas. > ( Alcedo.) 

Según Salva, en la Amér. merid. moza iridia hasta que se 
cosa, y en j\Iéj. criada mes fiza. 

CHINERÍO, m. — Conjunto ó muchedumbre de chinas. — 
Chinas en general. 

Formóse por el estilo de mujerío, oportunamente empleado 

en el siguiente pasaje de D. Ramcm de la Cruz (El trnegue de las 

criadas). Sustituimos aladas, en Madrid, mujerío, del original^ con 

chinas, en el Plata, chinerío, de nuestra invención, por venir muy 

al caso. 

Lucía. 

¡Que no la despidas, hij(^! 

Juan. 

Si me ha dicho un hospiciano 
que de un millcm y seiscientos 
de chinas que andan rodando 
(u el Plata, es de las buenas; 
con que asi sufro y aguanto. 

Lucía. 
¡Vaya, si está el chinerío 
que es compasión el mirarlo! 

CHINCHULINES, m. pl. — Yeyuno ó parte del intestino 
delgado del animal vacuno, donde se forma el quilo. 

Cómense, por lo común, asados. 

«En Bogotá llaman chunchullos á las tripas, especialmente de 
cordero, que al abrir el animal se encuentran vacías, y se 
i:f»men fritas; quichua chunchulli, tripas menudas.» (Cuervo.) 

CHINGARSE, r. vulg. — Chasquearse, quedar burlado. 

Lo mismo en Bogotá (Cuervo), como también en Chile 



VOCABULAPJO RI0PLA.TENS3. 197 

(Rodríguez), donde se ma á menudo, bien qtie en estilo familia» 
y jocoso y y tal sucede en el Río de la Plata. 

Xingai, en el Brasil, significa insultar de palabra, y viene 
del verbo cu'rii\\ifiga, de la lengua bunda (Beaurepaire- 
Rohán). Tal puede ser el origen del chingarse de la América 
española. 

CHINGÓLO, m. — Pagarillo muy común, de canto sencillo, 
de lomo pardo y pecho blanquizco, agraciado con un alto 
copete. 

CHIPA, m. — En el Paraguay y Corrientes, torta de harina 
de mandioca (') maíz. 

Del guar. chipá. 

'Supliendo otros estas faltas con el chipá de almidón (de man- 
dioca) y cc)n el de maíz, que los hacen muy exquisitos > (D. M. A. 
Molas, Descrip. etc. del Parag.) 

-•Chipá equivale en Buenos Aires á hígado. > (D. Enrique 
Lynch Arribálzaga.) 

CHIPIU, m. — Pajarillo que (anta como su nombre; el lomo 
pardo amarillo, y de este último color el pecho. Anda en 
bandadas. 

Del guar. chipia. 

'<Su voz apelativa dice chipíii.> (Azara.) 

CHIQUERO, m. — Corral de cerdos, de ovejas, de terneros. 

CHIQUILIX, na, adj. dim. de chico. — Chiquillo. 

CHIQUILINADA, f. — Acción propia de chiquilincs. — ]\Iul- 
titud <) concurrencia de chiquilincs. 

CHIQUITO, ta, adj. — Dícese del indio que habitaba al 
norte del Chaco y este de Santa Cruz de la Sierra y cuyas 
< hozas tenían las puertas ó entradas tan pequeñas que dieron 
ocasión ;i que los españoles le destinguiesen (^o\\ el nombre 
expresado. U. t. c. s. 

CHIRIGUANÁ, '.xiXy—Chiiiguano. 

CHIRIGUANO, na, adj. — Dícese del indio de una parcia- 
lidad que vagaba por el sur de Santa Cruz de la Sierra en el 
Chaco, hacia el occidente. Ú. t. c. s — Perteneciente á dicha 
parcialidad. 

CHIRIPÁ, m. — Pieza de genero, cuadrilonga, la cual, 



198 DANIEL GRANADA. 



pasada por entre los muslos y asegurada á la cintura con una 
faja, hace las veces de pantalón entre la gente del campo. 
Antiguamente, hasta hace pocos años, era el chiripá prenda 
inseparable del campesino; hoy lo va dejando por la bontba- 
cha, ya muy generalizada. 

«Dos ó tres varas de bayeta, seda (j cualquier otra tela for- 
man el chiripá, que se envuelve alrededor de la cintura, unas 
veces á guisa de saya, otras recogido entre los muslos para 
montar mejor á caballo. El chiripá está sujeto por una banda 
ó tirador, especie de canana donde el gaucho guarda los avíos 
para fumar, el dinero, etc., y que sirve además para colocar 
atravesadíj el enorme cuchillo, comúnmente de vaina y cabo 
de plata, su compañero inseparable, que no abandona en nin- 
guna ocasión ni circunstancia, y tan afilado que, según se 
expresa Azara, [mcde un hombre afeitarse con //.» (D. Alejandro 
Macariños Cer\'antes.) 

Lo propio en la prov. bras. de Rio Grande del Sur (Beau- 
repaire-Rohán) y en Chile (Rodríguez). 

CHOCLO, m. — Mazorca de maíz tierno ó todavía en leche. 

Lo propio en Chile y en el Perú (Rodríguez, Paz-Soldán). 

ProA'. de Amér. (Salva). 

Es transfonnación de choglloy voz de antiguo usada en Quito, 
de donde segununente pas('), modificándose, al Perú, Bolivia, 
Chile \- Río de la Plata. 

cCuando está tieni<:) el maíz, ó en leche, que llaman chog- 
líos (en Quito), se vende en mazorcas, y se disponen con él 
variedad de comidas diferentes, muy gustosas, de las cuales 
u.san generalmente todos aquellos habitantes por especie de 
regaló. (Ulloa, l'iaj. etc.) 

< Hacen también (los guachaguís) sementeras de maíz; nc) 
obstante, son <:ortas sus cosechas, porque gustan de comerle 
tierno, antes de sazonar, que por acá llaman choclo.> (El P. Lo- 
zano. Hisr. (i. /. con. del Par., R. d. /. P. y Tuc.) 

<Dile (á una india) un poco de bizcocho y unas cintas, y, 
generosa, echando mano á sus mf)chilas, me regaló todc»s los 
f/zí^T^j y zapalNíS que traía. (Fr. Franci>c<» Morillo, Vinj. al rio 
Ii'::rvn-jo, en Ang.) 



VOCABULARIO RIOI'LATENSE. 199 

Allí en su ticrn« ) capullo 
Está envuelto el choclo encl(;])le, 
Que luego en maíz valioso 
El sol v el aire convierten. 

(D. F. Acuña de Figueroa.) 
CIIOCHI, m. — Pájaro de un pie pnjximamentc de !<»ngitud, 
de color pardo acanelado, solitario y muy arisco. 
Del guar. chochi. 

«Todos le conocen en el Paraguay por e^tc nombre, que él 
se ha impuesto, porque lo canta sihando clara y tristemente.» 
(Azara.) 

CHOLO, adj. — En las provincias arribeñas de la Confede- 
ración Argentina, dlcese del indio doméstico y del mestizo, en 
especial si es muchacho ó joven. U. t. c. s. 

«Indio pequeño que tiene ( ultura, se ha criado entre los 
europeos y habla el castellano. (Alcedo.) 

Prov. de la Amér. merid. (Salva), del Perú < PalmaV 
<C¡iolos (nombre que dan á los indi<»s macliachos).> íUlloa 
y Juan, hablando de Quito.) 



CHOPI, m. — Especie de tordo muy esbelto. Distingüese 
por su intrepidez, (uando lo acomete un ave de rapiña, á ffjicn 
burla con estratagemas, sin huir de su pr(.'sen( ia. 

Del guar. chof^i. 
El valiente chopi no huye ni teme, y s<' prepara al om- 
bate i'íara cantar luego la victoria, empezando por prc^nunciar 
su nombre. (Azara.) 

CHOVA. — Dejxirtamento de la provine ia argentina de San- 
tiago. — Capital del mismo departamento. 



CHUCARO, /v7, adj. — Dícv'se del animal arisco, (jue á la 
presencia del hombre se asusta y embravece, y acomete, o 
bien se disi)ara. — En sent. fig., huraño. 

Lo ])ropio en el Perú (Salva). 

CHUCHO, m. — Fiebre intermitente. —Cal«)frío. 

En el sentido de calofrío es tan c< unún el de("ir tcHcr chuchos, 
darle á uno //// chucho, c}ue, ^i i)ara expresar esta sensaci(!)n se 
usase (le la voz castellana, causaría extraneza. 



200 DANIEL GRANADA. 



El médico Antón del Prado 
Murió ayer con asma v chucho. 
De treinta años ha expirado: 
Fue autor del libro afamado 
El arte de vivir mucho. 

(D. F. Acuna de Figueroa.) 

CHUECO, ca, adj. — Estevado, patituerto. — Dícese asimismo, 
por trasl., del calzado que tiene los tacones torcidos de tant( » 
usarlo. — También por trasl. dicese de la persona que está 
estenuada <'> decaída y anda como trastavillando. Está chuceo, 
anda chuceo. 

En "Bo^oiíi patituerto, según D. Rufino José Cuervo. 

Lo propio, y también torcido, en Chile, según don Zor()bal)el 
Rodríguez, quien presume que el vocablo de que se trata 
alude al palo con que se juega á la chueca, el cual termina n 
manera de i^arfio. 

CHUICHUI, m. — Pájaro pequeño, de lomo pardo verdoso, 
pecho amarillo y copete dorado. Anda en bandadas. 

Del guar. chuichuí, expresión imitativa del (^anto de dicho 
pájaro. 

También chui. 

CHUMBE, m. — Faja con que se ciñe á la cintura el tipoy. 

Del quich. y del arauc. chumbi ó chumpi. 

v:Y encima desta se refajan con otra faja de cinco «'> seis 
brazas de largo, tejida de muchos colores, que le llaman 
chumhi Reí. ja^coij^rá/i. de Inds. [Atunruenna). 

CHUÑA, f. — Ave rastrera, parda, de pico largo, c:on el (juc 
registra los agujeros de las víboras y otras sabandijas de que 
se alimenta. 

CHUÑO, m. — Fécula de la papa. 

Americana es \\\papa ó patata: americano el uso primitivo 
déla que pudiéramos llamar ^\\ fécula ó sustancia, bien que al 
solo favor del hielo y el sol toscamente manipulada; y ameri- 
cana la voz chuño^ y muy de antiguo castellanizada, como que 
ha más de trescientos años que, por América, anda en boca de 
españoles y de hispano-american(.»s. r Quién, que haya vivido 
en la América meridional española, á l<.> menos hacia las partes 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 201 



del Plata, no ha oído repetir una y mil veces la palabra chuño? 
rQué niño no la balbucea? Debe ser registrada, por tanto, la voz 
indiano-española chuño en el inventario de nuestra lengua, á 
(luien por tan justos y antiguos títulos pertenece. 

Dice Paz-Soldán cjue chuño significa la papa curada al liielo 
y al sol, y que impropiamente dan el nombre de chuno, i o- 
rrupci(')n de chuño, á la fc'cuhi de In papa, llamada en otras 
partes mainíioca. En el Río de la Plata dan inequívoca- 
mente cl nombre de chuño (jamás chuno) á la f cenia de la 
papa y el de mandioca á la f ce ida de la mandioca. Esto no 
(juiere decir que la mayor i)arte de las gentes sepan que el 
rhuño V la mandioca sean la fécula de tal ó cual miz. Pero casi 
no hay j)ersona cjue, i)or rústica que sea, no distinga cl uno 
de la otra, p(»r su aspecto, olor y gusto. En Chile también 
llaman chuño, según Rodríguez, á la fécula de la papa y de 
otras raíces. Por esta raz<'>n consideramos (juc al registrarse 
i*n el diccionario general de la lengua la voz chuño^ debe dár- 
sele el sentido de fécula de la papa, y añadírsele la acepci<jn 
iXc fécula e.\ trailla de otras varias raices, determinando los países 
donde respectivamente se halla en uso ton estas diversas 
a|)licaciones (el Río de la Plata, Chile, el Perú, etc.). 

Siembran papas en el mes tle octubre, i)orques necesario 
cjuestén maduras en todo el mes de marzo, p<trcjue los hielos 
le hacen daño, y se vienen á coger por el mes de mayo; las 
« nales se echan en unas parvas <'> almijarcs de paja en el 
suelo, y allí tendidas las secan y pasan al sol y al hielo, y 
de^ta manera hai en un género de mantenimiento cjue se llama 
chuño, (jue (juiere decir cosa sica v pasada, y esto, cociólo en 
agua, se loine y les sirve de pan, y también hacen con él 
«•tros potajes. (Reí, i^co^r. de Ind, Pacasas. Xtra. Sni. ile la PaiJ 

V asimismo se gastan jo mili fanegas de chui'nt, (jue es 
(para los (jue no lo saben) una comida de mucho sustento, 
hecha de unas (|ue Waxwww papas, tjue .son á manera de tur- 
mas de tierra, y ijue se crían debajo de la tierra, y de allí 
las sacan y secan, y tiene este nombre de chuño. ^ ^Il)id.. Poto^i.) 
CIIl'RRASCX >. m. — Carne pura, asada sobre las mismas 



202 DANIEL GRANADA. 



brasas, operación que produce el efecto de concentrar entera- 
mente el jugo ó sustancia. Hecho el churrasco, lo sacuden ó ras- 
pan ligeramente paia quitarle el rescoldo. En cuanto á bondad 
y gusto, está en la misma linea que el asado por excelencia ó 
criollo. 

Lo projño en el Perú (Palma) y en la prov. brasil, de Rio 
Grande del Sur (Bcaurepaire-Rohán). 

CHURRASQUEAR, n. — Hacer, comer un churrasco. Todo 
es uno; porque es costumbre comerlo al lado del fuego. Pero 
dividiendo estas dos operaciones, se llamaría á la primera 
hacer un churrasco^ y á la segunda churrasquear. 

Lo propio en la prov. bras. de Río Grande del Sur (Beaurc- 
paire-Rohán). 

«Allí hacían sas fogones con buena leña los carreros, clin- 
rrcísqueaban y t<3maban su amargo. (D. Isidoro De-María 
Moni, Anf.) 

CHURRINCHE, m. — Pájaro pequeño, de color pardo oscu- 
ro y exornadas de fina escarlata la cabeza, cuello y cola. 

«Los guaranís le llaman guarapitá (pájaro rojt)), y en Bue- 
nos Aires churrÍHchc.r> (Azara.) 

CHUSMA, f. — Muchedumbre de familias de indios, excepto 
los hombres de guerra, ó sea conjunto de mujeres, niños y 
viejos que componen una toldería (> campamento de indios. 

«Comenzaron á venir de todos aquellos montes de Capiyí 
y de los ríos del Tibicuarí y Cariroy muchos indios, trayendo 
toda su rhus?ua.> (El P. Diego de Boroa, AW. de nlg. reduc. 
déla Comp. de Jes., Rev.del Arch. gen. de E. A. por D. M. R. 
Trilles.) 

«Y nos condujo al palmar, de donde, como och(> días 
antes, se habían partido los infieles con toda su chusma.> (El 
P. Policarpo Dufo, Entrada que se hizo el año de lyiy al castigo 
délos infieles y publ. por D. M. R. Trelles, Rc7\ del Are h. de B.A.) 

Hablando de los indios guayanaes ó gualachos, dice el P. 
Lozano {Ilist. de la eonq. del Paraguay etc.) : :en cada división 
(de sus chozas) cabe una familia con toda su chusma.-» 

CHUSMAJE, m.— Gente soe/. 



VOCABULARIO RIOrLATBNSE. 203 

CHUZA, f. — Paloá mancni de lanza, con una púa de hierro 
ó una hoja de cuchillo en la punta. — Gc?iíc de chuza^ expr. 
proverb. equivalente á gaudiajc, tomada en mala parte esta voz. 

< Esta mañana hice recoger todos los renicxs rompidos, y 
mandé al car]:)intero y algunos marineros hiciesen de ellos astas 
para cliuzas:> (Villarino, Ra. del lio Negro de Pa/ag.) 



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D 



DELTA PARAN AENSE, m. — Vasto conjunto de islas 
bajas en la desembocadura del rio Paraná, entre cuyos diver- 
sos canales el Paraná Guazú ó Boca del Guazú es suficiente- 
mente caudaloso para dar fácil acceso á la navegación de alto 
caladla y el cual se junta con el Uruguay, siguiéndole en fXo.'?*' 
Xiho^i) ^\ Paraná de las Palmas, aunque de menos fondo, por 
donde entn') Gaboto, su primer explorador, y que vierte sus 
aguas en las del Plata. 

DESAMPARADOS. — Departamento de la provincia argen- 
tina de San Juan. 

DESCUAJARINGADO, ^A/, adj. — Dícese de la persona que 
lleva el vestido desarreglado y nml ceñido. U. t. c. s. 

Lo mismo en Chile (Solar) y en el Perú (Paz-Soldán). 

También descuajeringado , y así en Chile. 

DESCUAJARINGARSE, r. fími.— < Relajarse las partes del 
cueq)o por efecto de cansancio. Ú. s(')lo hiperbólicamente. 
(La Acad.) — Hablando de objetos que están armados en vago, 
desvencijarse, deshacerse. Llévalo con cuidado: ¡¡o raya á desnin- 
jarinisarse. 

También desr/ídjerin^arse. 

DESGARRETAR, a. — Cortar el garr<')n, para (jue el animal 
no pueda huir ni dar i)atadas, á íin de ea mearlo. 

DESIERTO. — Declase el Desiet/o á la pampa que enseño- 
reaban los indios salvajes, hoy ya definitivamente Cí^ncjuistada 
y reducida á la vida industrial. Comprendía quince mil leguíis, 
por las i|ue vagaban cjuince mil indi«>s salvajes, siendo el 
teatro de sus habituales saqueos las proviniúas circunvecinas 
Buenos Aires, C<')rdoba y San Luis, á cuyos hacendado.s 
tenían en st>bresalto continu*'). . El ano de iSjo (^í>rtáronse por 
la raíz tamaños males. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 2(55 



DESMOCHADOS.— Departamento de la República del Pa- 
raguay. 

DESPUNTAR, a. — Pasar por ha^ />//// /as de un rio <'> arroyo. 

DESTERNERAR, n. — Separar de la vaca el ternero, deste- 
tándolo. 

DIAGUITA, adj. — Dicese del indio cuya parcialidad « au- 
paba á tiem])os el valle de Calchaqui y territorio de la Ríoju. 
V . t. c. s. — Perteneciente á dicha parcialidad. 

DIAMANTE. — Deixirtamento de la provincia argentina de 
Entre Ríos, junto al rio Paraná. — Capital del mismo departa- 
ment« >. 

DISCO AFILAD( ).--Instrumento ofensivo, usado por los 
indios del Rio de la Plata. Consiste en una piedra trabajada á 
manera de d<»s cascjuetes esréric:)s yu-\tapuestos por su base: 
verdadero disco de (\'into afilado, cuyo uso ha sido evidente- 
mente el de arma ofensiva, que pudo haberse arrojado á 
mano, como (]uien tira una pedrada, <'» por medio de la hondií, 
propia de la infancia de las sociedades. 

Tratando D. Florentino Ameghino de objetos j)reliist«'»ric«»s 
(K; la j)rovin( ia de Buenos Aires, menciona unos <{is<us ¡^ro- 
siianmiU' dirnlans, planos cu una rara, cojiiiwos y losLaimiitc 
/aliados (!> la o/ia iAn/iía. del lioi/iO. cu el PL), cjue píirecen 
>er de iiult.'le extraña al de ([ue se trata en ( ste artículo. 

Los di.»s ejemplares que poseemos, uno de !os cuales está 
pulido e. .n esmero, pertenecieron á la industria y há'oitos de 
las hordas que ocnipaban la blinda orienial del l'ruguay, donde 
fueron lialla(lo>. 

I)I.srARAl).\. f.--Fii_i:a, ( orrida. — Dispersi/^n re})enti- 
na V \iolenta. -Tomar la dispanifla: echar á convr, huyen- 
do. -A ¡ti a'i>/)arada. modo adv.: á todo correr; y en seiit. 
íig.: más ligero de lo (jue (onviene para hacer bien una 
cosa. IíiH( ¡as cisas a la a' /s/- a rada es como decir: es un ato- 
londrad". 

Prov. (le la Amér. merid., según Salva, cjuien restringe la 
conq)rensi<'>n del vocablo, dáiulole por sentid» •: la d/s/j(rs/ihí 
de //// i:a//ado tji'.c echa ^i corn r de rcf>eu/e cu ranas direccioi¡(S,\ 
accit'»n (}ue pueden ejecutar t(»do.s los .seres vivientes. 



20G DANIEL GRANADA. 



El otro le tira el lazo (al tig^c) y echa á correr á la (//s- 
parada:^ (Azara.) 

'De noche toman grandes providencias para prevenir las 
improvisas disparadas á que el gimado está expuesto, parti- 
cularmente en tiempos tempestuosos.^ (Cabrer.) 

Lo propio (2.* acep.) en las provincias meridionales del 
Brasil (Beaurepaire-Rohán). 

DISPARAR. — En el sentido de partir ó correr sin direc- 
ción y precipitadamente, se usa más como iieutro que en 
forma de reflexivo. Dispararon los caballos. Disparó (el malhe- 
chor) por esta calle. Un paisano nos decía: el gato mt>ntés 
dispara del cristiano (del hombre). > 

También en Cliile usan la forma neutra, según Rodríguez, 
qucjla censura, advirtiendo que los guasos (gente cami)esina) 
emplean comúnmente la forma refleja, que es lo correcto. Eii el 
Río de la Plata usan todos corrientemente la primera f«)rma, 
que es pniv. de la Amér. merid., según Salva. 

También en el Brasil úsase c<mio intransitivo ^Beaurepaire- 
Rohán). 

DOLORES.— V. SAN JAVIER. 

DURAZNO {San Pedro del). — Villa cabecera del departa- 
mento del Durazno de la Rep. O. del Uruguay. Fund. año 
1821. 







E 



EMBOSTAR, a. — Rellenar las i)are(les de [un mucho con 
una mezcla de bosta y tierra bien batida. — Preparar la misma 
mezcla, hacicMulola pisar largo rato por una caballada ó ye- 
guada. 

< Las paredes las cnihosttvK «orno llaman en el país, que se 
reduce á iKner una mezcla bastante suelta de estiércol 
del caball'.) y tierra, bien batidos, y después dar un par de ma- 
nos por dentro y fuera de toda la casa.» (Cabrer.) 

De wo^TX sr forma el irrito EMBOSTAR, dice D. Baldomcro 
Rivod<'», \ también KMBOSTAnERO; pero no da á conocer el 
siírniíic\'ido de embostar v de cmbostadero. 

EMBRETAR, a. — Meter en el brete los animales. 

EMPACARSE, rell. — Hablando de animales, pararse, por 
efe( to del cansancio «') por maila, resistiéndose á seguir adelante. 
— En sent. fií^., amostazarse, retrayéndose de hacer <') decir lo 
que se está ejecutando ('> tratandr). 

Lo pro]")io en Chile (Rodríguez) y en el Perú (I*alma). Prov. 
de la Amér. merid. (Salva). 

EMPEDRAD< ). — Departamento de la pnnincia argentina 
de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

ENCALILL.\. ---Departamento de la provincia argentina 
de Tucumán. 

EXCARXACI(')X.— Dcixirtamento de la República del 
Paraguay. 

EXCIMERA, f. — Pieza angosta de suela, perteneciente a! 
recado, la ciuil lleva una argolla en cada uno de sus (extremos, 
y afianzados á ella sendos correones, el uno asegurado á la 
( incha y el otro suelto para cinchar. 

P'.XLAZAR, a. — Aprisionar un animal mediante el /'/:''. 

Lo iintpio en Chile (Rodríguez). 



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jK. 



20S DANIEL GRANADA. 



ENSENADAS. — DcparUimento de la provincia argentina 
(le Garrientes.— V. SAN COSME. • 

ENTABLAR, a. y refl. — Acostumbrar á un caballo á que 
ande en tropilla. 

ENTRERRIANO, na, adj. — Natural de la provincia argen- 
tina de Entre Ri«js. Ú. t. c. s. 

ENTREVERO, m. — Mezcla desordenada de pers»)nas ó 
<:osas. 

Que en tan brusco cuircvero y tremolina 
Se ve lo que es la furia femenina. 

(D. F. Acuña de Figueroa.) 

ENTR<!)PILLAR, a. — Acostumbrará los caballos á vivir y 
andíir cu una tropilla. 

ESCC)NDIDAS (jugar á las). — ^Jugar al e.scondite. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

ESPERANZA. — ¡Que esperanza! Expresión muy usada cu el 
Río de la Plata para significar intensivamente que n<» ha de 
verificarse, «'> que no pudo ocurrir, el suceso de que se trata. 

ESQUINA. — Departamento de la provincia argentina de 
Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

ESPINILLO, m. — Árbol del género de las mimosas, de 
ramas cubiertas de espinas y hojas diminutas, con las que en la 
primavera so entremezclan multitud de llorecillas esféricas d(; 
color amarillo y de olor muy agradable, que embalsaman la 
atm*'>sfcra. El tronco y ramas S(a\ muy fuertes, pero tan tortuo- 
s(»s (jue sólo sirven para leña, que es exrelente. Mimosa fanie- 
siana L., según Gibert. 

ESTANCL\, f. — Establecimient»» de ganadería. — Conjunto 
de edificios y ronstruccioncs á él pertenecientes, por lo re- 
í^ular en el j^unto más eminente del campo. 

Cuando se dice en general cstahkcimienío de campo , se entien- 
de ({ue lo es de ganadería, <'» sea estancia, por ser los de esta 
clase los que predominan en la campaña. La ganadería ha 
sido en tiempos pasados la única y es hoy día la más abun- 
dante y benefi( iada fuente de las riquezas que encierran las 
vastas regiones que baña el río de la Plata. 

Es estancia el establecimiento cuyo único ó principal ol)jeto 



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VOCABULARIO RIOPLATENSE. 209 

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es Ici cría de ganados, sea el vacuno > etc. (Co(¿ Riir. de la Prov. 
de Buenos Aires.) Lo mismo en otros del Rio de la Plata. 

En Cuba casa de campo pró.xima á las poblaciones, con alpina 
Jutaia, según Salva. 

(En) '. Amériai, hacienda de camjx). ■- (La Acad.) Hacienda 
significa por el Dice, de la Acaú. /inca rnraly canudo de bienes y 
riijuczas tjne uno tiene. 

I.'* acep. prov. l)ras. de Río (írande del Sur (Beaurepaire- 
í^/»hán). 

KSTAXCIERO, \Vi. — KI f[ue tiene istancia. El que la cuida 
■'» tiene á cargo capataz. 

^Estanciero, m. ant. — El c¡ue cuidaba de una estancia. > (La 
Aca<I.) 

i.^ ace¡). prov. l)r. de R. (I. del S. (B.-R(jhán). 

E.STAXDARTE, ni. — Insignia real de los antiguos cabildos. 
Lkunábase también /;í//</í/V.', ([ue es la den< »mina<úón que le da 
ía I(^y 50, tít. 15, lib. ,V'* ^1<-' Indias. 

El estandarte de l.i ( iudad de iiUen»>s Aires, según el acta de 
su <-:ibildo á 10 d<; noviembre dc;l año 1605, era de damasco 
^wicarnado, con llocadura de suda amarilla v colorada v boto- 
ncs do cord'Mi de lo mismo, do un lado la imagen de la ^Lidre 
<hí I)i(;sy del olr(» la* armas reales con pasamanería de oro á 
\a redonda. EniMinado, c;irmcsí <'> más ('> menos rojo, parece 
h.'íbíír si(l<» conslantcmcnl'.' el col «r de los estandartes «'> pendo- 
n<'N de los cabildos, y el amarillo y c'l op» constituían por lo 
regular las llo'Mduras, cordones, borlas y p:isamanería de (jue 
¿i);in gu.irnecidos. Del un lado llevaban las armas reales «'> las 
'le la r(\spe( tiv.i <iudad •'• \illa, y del otro la im:i¡en de su santo 
íut'.'lar <'> [)atrono. Era (\isí()(iiado j)'>r el alférez real, ijuien, 
bin< adas ambas rodillas, y pu- stas sus manos éntrelas del regi- 
<|or dij)ut:i(lo para la form;:! entrega de hi venerada insignia, 
vindi'.'n(l<> j'leilo homenají^ seicún fuero y < ostumbre de España, 
juraba como < aballero hidalgo a( udir con ella en cas<»s de ' 
.;u»Tra ( oi\ira l.is enem¡g<> d ' la corona hasta derramar la 
'jltinia g< 'ta desangre. Sa(á!>:iNe el real estanda.i te en determi- 
nadas oia^iones v dl.:s c!;%icos < ■ .11 |;i m lyor solemnidad y 



210 DANIEL GRANADA. 



rendimiento, como que representaba la propia persona del 
monarca reinante. 

ESTAQUEAR, a. — Estirar un cuero entre estacas. — Estirar 
ii un hombre entre cuatro estacas por medio de maneadores 
amarrados á las muñecas de las manos y garganta de los pies. 
V. ESTAQUEO. 

Lo propio en la provincia brasileiía de Rio Grande del Sur 
(Beaurepaire-Rohán). 

ESTAQUEO, m. — Acci(')n y efecto de estaquear (ambas acep). 
V. CEPO COLOMBIANO. ' 

ESTERAL, m.— Entero. 

♦ Xacc este río Pcpirí Guazú de un estera! ([uo se halla ha( ia 
el Jurado 2í> y 4.^ minutos de latitud, en campos abiertos y 
dilatados.- (ínf. del virrey Arredómelo á su bucesor en el 
mando.) 

<. Estas cami)anas (las de Buenos Aires) son continuadas 
llanuras, como la Mancha de España; el suelo grciloso: much(»s 
bañados, esterales v laíiunas.- (Cabrer.) 

ESTERO, m. — Terreno bajo, pantanoso, inundado, larga- 
mente extendido, del todo ó á trechos cubierto de yerbas y 
plantas acuáticas, como la eortadera, el junco, la totora, el 
saiandi y las algas «'» eamalotes, enredackis y entretejidas. 

Tal es la fisonomía ("aracterística de los terrenos á que 
llaman estero <'> estera! en las repúblicas Argentina, Orien- 
tal del Uruiruav v del Pani'j^uav. En la i)rovincia brasileña 
de Rí«» (brande del Sur tiene la misma significaci«')n la voz 
portuguesa esfriro. Entre el manantial y el río hay una inde- 
finida gradaci«')n de cursos de agua; })ero se distinguen cox\ 
denominaciones precisas sus formas principales. Lo mismo 
pasa con los terrenos bajos, á cuya clase pertenece el estero: 
tal vez varía de aspecto y condiciones según la naturaleza y 
situa<ión del suelo ([ue lo origina; pero nunca podrá confun- 
dirse con el bañad» », cañada n laguna. 

La cuenca del Plata, á causa de su abajamient<». ofrece 
multitud de esteros; pero señaladamente abundan en el Chaco, 
Parairuav v Corrientes. Es raro hallar alí^uno en la banda 
oriental del Uruguay, (uy» .suelo (juebravl»» impide (lue se 



VOCABULARIO RIOPLA.TEXSE. 211 

fonncn. Kl estero Bellaco, cu el Para-^uay, es como el prototi- 
po de los esteros. Nace hacia el pueblo de Pedro González, 
junto á una serrezuela que esláá corta .distancia del Paraná, 
y va á morir á la laguna de Pirk (que desagua en el río Para- 
guay), recorriendo un trayecti^ de 25 leguas, poco más <') 
menos, en todo el cual apenas ofrece uno que otro difícil 
paso la esj)esura enmarañada de su vegetaci<')n exuberante y 
salvaje. 

El estero es intransitable; la ranada y el bañad»), salvo el 
raso de una avenida ó fuertes lluvias, dan paso al tránsito. La 
laguna y el brazo de un río pueden ser navegables; no el es- 
tero, porcjue aun cuando suba el agua algunos palmos, jxjr 
efecto de las lluvias <'> de una avenida (como cjue regularmente 
se halla junto á los ríos, arn)vos y lagos, •'> en sus inmedia- 
ciones), corre luego á desaguar j^or el cauce inmediato ó se 
desparrama j)or la llanura. Finalmente en el Río de la Platíi, 
Paraguay y Río Grande del Sur del Brasil, á lo cjue menos se 
asemeja lo que en ellos se llama estero es á un brazo de mar 
<'► de río. Tt)dos los brazos de un rí(j están naturalmente suje- 
tos á las alternaciones de las crecientes y bajantes que experi- 
menta en diversas épocas del ano, y los hay que por esta causa 
snii naveirables durante alj^unos meses consecutivos, como su- 
rede en muchos del Paraná, Paratruav v Uruiíuav. Pues cabal- 
mente por esa circunstaní ia y |)or(iue tienen cauce, en nada 
se asemejan á un estero, conforme á la inteligencia que en el 
Río de la Plata dan á esta palal)ra. La naturaleza especial de 
l«»s ([ue presenta la ( uenca del Plata ha j)odido ser la causa de 
que, Con el andar del tiemjx), se fuese modificando el signi- 
ficad»), más <') menos i)reciso, que el vocablo de ijue se trata 
tenía en lo antiguo. Kl Paraná y Uruguay (y por consiguiente 
sus braz(»s) suelen crecer abajo, emj)ujados j)or las aguas de! 
río de la Plata, imptílidas estas por las tlel (Jcéan<»; pero no 
en virtud de la j)leamar, sino por efecto de los vientos del 
este y sudeste, luando soplan con fuerza. Ni significa, ni cabe, 
por Consecuencia, cjue la voz estero signifique en ningún caso, 
en el Río dti la Plata, la idea que da de él la Acad., á saber: 
caño ñ hniio «jiie sale de n/i ríit y 'jne fxirtiei/Mi de las nn ¡entes v 



212 DANIEL GRANADA. 



menguantes del mar, con lo cual es á veces navegable. Dicciunari<x^ 
autorizados de otras lenguas dan del estero el mismo corKrcp- 
to que la Acad., más ó menos vario en su forma. D. J. Prá- 
xedes P. Pacheco {Breves Noyóes — Gcogr, do Brazil), nf> o^js- 
tante la inteligencia que tiene en la provincia de Río Gncndc-. 
del Sur la \oz esteiro, lo define de este modo: Si el mar pene- 
ira por un brazo (jue forma canal, y no cnsetiada, se llama cstcrm 
{csteiroj. Laguna ó brazo de mar, dice una nota en ci t.'* 4/* de l;r 
colecc. de Doc. ine'd. del Arch. de Ind. 

Lo distingue inequívocamente de un brazo de mar el caj/itait* 
Pedro Sarmiento de Gamboa (Viaj. al estr. de Mag.). ^Hallóse, 
dice, cantidad de garbanzos en las matas, dulces comí» micL 
menores que los de España, y mucho marisco de mixolhnits, 
en un brazo de mar y esiero que se descubri<') cerca del f>uc- 
blo.> Y Alcedo (Dice, gecgr.-liis/. de las Ind. Occ.), después de* 
mencionar varios ríos pequeños que llevan el nombre de ¿a- 
teros, advierte que en América llaman también así á !• )s ranales. 
de agua del mar que entran algunas leguas tierra adentro: ikví¿[\- 
ción que, por el modo con que se expresa el autor, parece sc-7 
tan peculiar del Nuevo ]\Iundo como la cjue lei)recede, y am- 
bas divergentes del sentido ¡mmitivo en que el Dice, de lis 
Acad. registra el vocablo de que se trata. 

<.Canal ó estrecho adonde alcanzan las mareas que i)enetnu.' 
en los ríos ó en las ensenadas de la costa. En Nicaniiruii 
aplicase esta voz para designar las ramificaciones ile los lagos. 
También puede llamarse estero el brazo «'» boca de los ríos 
grandes por donde penetran las mareas.. (D. Juan Vilan'.»va y 
Piera.) La ace})ci(')n que tiene en Nicaragua la voz estov, es la 
que más se asemeja á la t[ue le dan en el Río de la Píatít, y 
aun puede inferirse que en una \- otra regií'm significti una 
misma cosa; ])ues los terrenos bajos que están junto á las lagu- 
nas contienen muy poca agua, son por lo regular pantanosí>sy 
se hallan casi siempre poblados de plantas acuáticas. En v\ 
Ecuador llaman esteros á las ramas ó canales de los ríos, sei^úu D. 
Manuel Villavicencio (Geogr. etc.). En Chile estero y atrc>y(y ó 
riacl/uelo yicuQu á ser una misma cosa, según D. Zorobahel Ro* 
dríguez. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 213 



cEsicws 6 lugares llenos de agua y de plantas acuáticas y 
barriales.» (Azara.) 

< Inmediatamente entramos en (.)ixo csicro llamado Ybiabebó, 
que comunica con el anterior, y 1(j seguimos tres leguas hasta 
dar con una isla de bosque poco apartada de la costil del rio 
Paraguay, en la que paramos. Dichos estaos son malos sobre- 
manera: no hay en ellos camino ni valiza que guie: es [preciso 
enderezar á poco más <'> menos, caminando muy despacio, 
mojándose de pies á cabeza y enlodándose en términos que nadie 
le conozca. En muchas ocasiones, en que los juncales eran más 
al/os que nosotros, fué forzoso guiarnos por la voz y chapaleo de 
los caballos, sin poderse llevar los pies en los estribos, por no 
permitirlo la maleza, que además es cortadora, como que todos los 
caballos sacaron las muñecas peladas y chorreando sangre.» 
(Azara, Jlaj. inál. publ. por el Gen. D. B. Mitre y D. J. M. 
Gutiérrez.) Cuadro perfecto de un estero, dibujado de mano 
maestra. 

\.K)'<> pantanos, Q^ii dijimos formaban las cabeceras septen- 
trionales de la laguna, se extienden por acjuella parte C(»nsi- 
derablemente, y prolongándose después á manera de esteros po- 
blados de espeso bosque, etc. (El ingeniero D. José ]\I. Cabrer, 
Diario de la demarc. de Inn. entre Esp. y Port.) 

Y la (laguna) de Ipoá, circundada de pantanosos <^/t7v>ó" in- 
transitrables, que la hacen inaccesible. (D. INI. A. Molas, 
Descrip. etc. del Para^^.) 

I^argas (adeiias de estiras y pantanos, producidifs por la 
horizontalidad del suelo.' (El general Mitre, Ilist. de Jhliir.) 

' Esteros poblados de altos pastizales y pajalt s v alimañas isletas 
d( sanindies y chireas, mezclad» »s con molles y ceibales,' etc. 
(El general D.José M. Reyes, Dése, (ieoi^r. de la Rep. O. del 
Uruí:.) 

<\J\\ canal «'» riacho tjue queda á la i)arte del este, qui se 
forma á poeo en laguna y si:^ue en estero.' (D. Ignacio {\c. Pasos, 



Diar. de una nave'', v reeoii. del rio Parai^. en Anir.) 

♦ El K; saliuKJS de la redui ( i«')n, acompañados de tres indios 
que conceptuamos más i)rácticos, y tomamos la costa de 
dicho río de Centa al nordeste, hasta las juntas de éste 



214 DANIEL GRANADA. 



con el Bermejo, y continuando siempre la costa de dicho 
rio Bermejo, se nos interpusieron una multitud de caüa^ 
veralcs, cortaderas^ sauces v otras verbas que como tejidas embara- 
zaban el tránsito de aquel pantanoso camino que hablamos to- 
mado, huyendo de lo fragoso del bosque, por donde sigue 
otro, ahorrando muchas leguas; y andando discurriendo la 
mejor salida, se sumergió repentinamente mi caballo V;í un gran 
estero de aquellos, y con la gravedad de su propia mole, e! 
peso de la silla, armas y jinete, se fue hundiendo insensi- 
blemente, de modo que para salvar aquel riesgo, no tuve 
otro arbitrio que ponerme de pie trabajosamente sobre el 
caballo y dar un salto á la mayor distancia que pude. Pero 
como todo aquel terreno se componía de fango, en uno y 
otro aprieto fue inevitable mojarme ' casi enteramente. » 
( D. A. Fernández Cornejo, Descubr. de un cam. á Tarija, en 
Áng) Este pasaje da una idea bien circunstanciada y per- 
ceptible de lu que es un estero. El texto mismo, por lo 
trabajoso y enredad*), es en si un estero. 

*! Atravesando unos esteros casi impenetrables ron agua á los 
pechos de los caballos^ hasta salir á unas hennosas pampas con 
mucho pasto.» (El P. Policarpo Dufo., Reí. de la entr. d los 
in/., 17 1 5.) 

ESTRIBERA, f. — Correa con pasadores de cuero ó de 
metal, de la que pende el estribo. Va asegurada á la acionera. 

* 

ESTRIBERIA, f. — Sitio donde se guardan los arreos de las 
cabalgaduras, que regularmente es el pesebre. Al pesebre, por 
lo mismo, se le llama indistintamente /ffír/^r^- ó estriberia. 

'Taller donde se hacen estribos. — Lugar ó i)arajc donde se 
guardan.:) (La Acad.) 

EXPL\DO, da, adj. — Dicese del animal que no puede 
caminar bien, por tener los vasos gastados. 

EXPRESIONES PROVERBIALES.— Las frases que el 
vulgo inventa, el vulgo campesino, salen de sus hibios con la 
misma rusticidad y vigor que la vegetación de las selvas. Por 
que expresan al vivo una idea, á veces embellecida con alguna 
flor del campo, corren de boca en boca como llevadas por el 
vient<j. De ahí el proverbio. Los usos, costumbres y modo de 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 215 

pensar y sentir de las gentes entre quienes nacen y se arraigan, 
son los elementos que componen su estructura. Por eso vive 
el proverbio mientras la generacií')n que lo produce no pierde 
su carácter, cosa poco hacedera. Los objetos y fenc^menos que 
más impresionan los sentidos, son el estambre y la tinta con 
que el vulgo fabrica esas telas firmísimas que ])asan de un siglo 
ii otro sin desliacerse ni perder su colorido. Daremos algunas 
muestras. 

llbora (¡iir sale al camino, es para que la maten. La envidia y 
sus aliada^ l.i mentira, la nialedií^ncia, la calumnia, ¡ qué ve- 
nenos I ¡Cuan cscoíididanKMito, ( uán calladamente se buscan, 
ligan y fermentan! La víbora st'ri)entea oíulta entre la hierba: 
quiere monlrr ; pero si sale al camino, ; C'.''mo ha. de quedar 
inmune? Toilos acuden á matarla. La luz confumle al mal- 
vado, r' Cuántas veces, sin embariro, loijra la envidia roer las 
entrañas de ^u víctima hasta en el mismo sejuilcro ! 

La eíiiidia, á rnyn aspecto 

Pálida y fri>i la virliid desmaya ! 

( D. José Joaquía de Mora. ) 

Parece matania de indios, aludiendo, en sentido jocoso, á 
cualquier ha« inamiento de cosas infonnes y de color pardt) 
ó negruzco. Así la filloada ( del port. fei/oada), guisote que 
se hace de porotos negios, c on abundante saka e>pesa de su 
mismo col. »r negro, ( horizos, morcilla, clian/ifc, lengua, to- 
cino, etc., en troz(»s, parece tnatama de indios. 

Oiniino mi.:, compañero ad-laníe. Cuando í\k\<- «'» más personas, 
que van caminando junt.is, dan con un terreno cuyo tránsito 
ofrece diíi<niltades ó peligros, como \w\ bañado, un estero, un 
pantano, ac^onseja la i>rudencia cpie tome una de ellas la delan- 
tera. Kl hombre Im^jneano es, en las ocasiones, prudente: efectos 
de la exj)erien( ia. Xo así, jxir lo regular, el chapetón, y, si 
no ([uiere ¡>a'^ar la chapetonada, cuando atra\'iese la campaña, 
lleve en la memoria el jM'overbio: camino rnin, compañero ade- 
lante. 

Se rascan jnntos, indií ando la bclhupiería cUr las personas 
que se aunan ¡)ara un tin rc])robado <'» (jue acostumbran andar 
en Conciertos disimulados: alusi<''n á la costumbre (|ue tienen 



. 21G 



DANIEL GRANADA. 



los animales vacunos y yeguares de rascarse los unos contra los 
otros. Es liermana de aquella: entre bueyes no hay cornada. Y, á 
propósito) de cornadas, ¿quién diría que hay cornada de Iwrrico? 
No sabenKxs si en la referencia que D. Antonio Ponz, en el 
Viaje de Espatia, hace á dicha frase, está comprendida esta otra: 
no morir de cornada de burro. Explícase de este modo: -Debían 
de beber menos vino que ahora nuestros antepasados, cuando 
tant(j cuidado ponían en hacer acueductos, por medio de los 
cuales llevab.'m el agua á lo más alto de las ciudades, para que, 
repartida, tt)dos participasen del beneficio, y aún nos queda en 
uso el de Scgovia. Los de Toledo se acabañan, sirviéndose al 
presente de cisternas, que, los que pueden, llenan del agua del 
río para beber, y, para otros usos, de la llovediza, que á los 
pobres de todo sirve. Hay recuas de borricos que continua- 
mente ac arrean esta agua con cántaros en unius angarillas tle 
madera, en las cuales sobresalen hacia delante ciertos palos, 
(jue suplen muy bien por una cornada con el que va descuidado, 
por la estrechez de las calles, y de ahí viene lo de cornada de 
borrico. > Cuesta creer que üil sea el origen de la expresi<')n: no 
morir de cornada de burro, atendida la intención con que se pro- 
nuncia, cjue es reprender la actitud de una persona por extremo 
cavilosa y nimiamente precavida. El agudo ingenio que dijo 
l)rimero: /// no lias de morir de cornada de burro, n<j tuvo más 
molde que su feliz inventiva para forjar esta graciosa expresión, 
que nada tiene (jue ver con la cornada de borrico de las calles 
de Toledo. 

Pairar rl jutfn. Salir perdiend»», experimentar un chino <') 
cargar con las malas (') gravosas consecuencias de un hecho 
en cuya realizaci('>n se halla uno (\isual <; voluntariamente 
envuelto, Quevedo dice: pues ;'ea aijui rucsamerced que, si no es 
por /a viuda, e! /icenciado paga el pato, con todo su apatusco. D. 
Fran<'is(^) de Paula Seijas, en el Com. de Cuento de cuentos 
publicado por D. Aureliano Fernández-Guerra, indica que 
esta frase paipai el pato, de origen vulgar, ha de haber sich.) 
tomada de algún juego <'> diver>i«')n. No piensa del mismo 
modo D. José M.'^ Sbarbi (Refr. '^en. esp.)^ apoyado on la 
autoridad de Casiodoro de Reina, cjue dice: Gomólos voca- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 2l7 



blos Tora y Pacto, usados de los judíos españoles, el pri- 
mero por la Ley y el segundo por el Concierto de Dios, por 
los cuales nuestros españoles les levantaban que tenían una 
tora ('» becerra pintada en su sinagoga, que adoraban, y del 
pacto sacaron por refrán: aquí ¡migareis el pato. > Conforme, sin 
duda, á este presunto origen, la Acad. explica la fr. fig. y 
fam. paf^ar uno el pato, en los siguientes términos: padecer ó 
llagar pena ó casti^^o no merecido, ó que ha merecido otro. A^■ié- 
nese, no obstante, muy bien la expresi<m de que se tra- 
ta, con el juego del pato, sospechado por Seijas y descrito 
en la voz corresi)(mdiente de este Vocabulario. Con efecto, el 
pato y la bolsa chmde se colocaba, iban adornados con cin- 
tas de seda y otros arrec|uives. 

Facón nuevo se quiebra, pero no se ducbla. V)\\ hombre j<.)ven y 
esforzado potlrá ser vencido, pero no se rendirá jamás. Trans- 
formación del antiguo mote de los Pulgares: <el Pulgar quebrar, 
y Uí) doblar,* y de la frase proverbial, de él nacida y de 
antiguo usada en España: antes quebrar, que doblar. D. Fran- 
cisco iNIartínez de la Rosa, refiriéndose á los antepasados de 
Hernán Pérez del Pulgar, dice: Ya desde muy antiguo, (omo 
nacidos en la (una de la libertad castellana, hablan mereci- 
ih) por ello mucha estimaci«')n y renombre; siendo tal el alien- 
to y c( instancia (juc distinguían á los de aquella estirpe 
(cual si se trasmitiesen de padres á hijos con la propia sangre), 
(jue tenían por es( udo y blas(')n un guerrero armado de j)unta 
en blanco, empujando con su espada el muro de una torre, y 
en derredor este orgulloso tema, de quien seguro de su fuerza 
desafía á la fortuna: el ptd;.;ar quclnar y no doblar. I^a y>{^vú^' 
tencia de esta frase proverbial en las regiones que baña el 
Plata, modificada en sus términos c<»nforme á los usos y ma- 
nera de expresarse de la gente campesina, descubre á las claras 
(|ue en la castiza levadura de los habitantes de América fer- 
menta aún ac^uel espíritu de indomable altanería que caracte- 
rizaba los tiempos caballerescos de la España europea. La 
Academia no registra kiw {:\ Diccionario de la letii^ua castellana la 
antigua frase: antes quebrar que doblar, que es hoy tan española 



218 1>AMEL GRANADA. 



como \o era en tiempo de los Pulgares. Dígalo Zaragoza, digalo 
toda España, dígalo su estirpe del Nuev(^ Mundo. 

Mds couteiiío que un -icinticuatro, para significar la alegría de 



que rebosa una persona. O esta frase es procedente de Córdoba, 
Sevilla ú otro punto de Andalucía, donde los cabildos se in- 
tegraban con aquel número de regiilores, ó bien el vulgo llamó 
al principio i^c i nt ¿cuatros á los cabildantes, en el Río de la Plata, 
por costumbre traída del mediodía de España, dando origen, 
después, a la expresión proverbial indicada. 

Parece U7i mangangá. V. MANGANGÁ. 

Más viijo que ají cumbari. Más vivo que una cendra. V. Ají. 

Es un pororó. V. PORORÓ. 

Por desconfiado, mata al chingólo el cahuré. Reprende la nimia 
cautela. V. CABURÉ. 

Parece una vizcachera. V. VIZCACHA. 

Gato viejo, laucha tierna. V. LAUCHA. 

Muy conocido en la cancha, aludiendo á la mala reputación y 
fama de un sujeto. Equivale á decir: en la cancha, donde se 
reúne mucha gente, tanta gente, todo el mundo, y donde pue- 
den scrr bien observados los defectos de una persona, se le co- 
noce por un bribí'ín, por un tramposo, por un embustero, etc. 

Como bosta de cojudo, cuando se aglomera más gente de la 
necesaria para ejecutar alguna cosa. ■ rQué están ahí amontona- 
dos como bosta de cojudo! á ver! apártense; esto se hace así.» 
Alúdese á los montones de bosta cjue forman lo^ («»judós, por 
la propensií'm que tienen á irla de^xmiendo (.londe ven la de 
otro ú otros (|ue lo han hecho primero. La frase no jvjcdc ser 
más culta. 

Como aí'cstruz contra el cerco. ¡Con (jué desaire huye, qué 
gambetas no hace el avestruz medio acorralado! Libre es otro 
cantar: el airstruz corre, como ios bagun/es, cont/a el viento. 

¿Que le ha de aconsejar el avestruz al votado? L:i respuestíi no 
puede ser más clara. 

De tapera en galpón. De una parte á otra, de Ceca en Meca, 
vagand» ). 

Como la chancha en d Itarro, j)ara ponderar lo mal é ignomi- 
niosamente íjue uno lia salido de un tnince, empresa •) neg<>cio. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 219 



Arrastrar el poncho. Desafiar. El jij^aKrho que tiene gana de 
pelear, arrastra el poncho, provDcandi» á que se lo pisen. El 
circunstante que se le atreva, se adelanta rápidamente y le 
da una ligera pisada, poniéndose inmediatamente en guardia; 
con lo que empieza la pelea á cuihillo n daga. Lo mismo 
arrastrar el maueador. 

Pisar el poncho. Aceptar el dcsafi» ». 

Alzar el poncho. Tomar las de Villadiego. 

Arrastrado como <^iiasca lechera. Asendereado. La wu^a lechera 
lleva siemj^rc pendiente de las i^nampas una gnasca, con laque 
la atan á un poste, cuando la ordeñan. 

Las expresiones proverbiales y figuradas referentes á los 
fenómenos de la naturaleza que en ciertos meses del año 
se verifican en el hemisferio septentrional (expresiones que 
vienen registradas en los diccionarios de la lengua como 
propias del habla española, sin determinación de los países 
donde las usan), son de tod<» punto absurdas en la América 
meridi(^nal, especialmente en determinadas regiones. Esta es 
una verdad de sentido común, que ciertamente no echarán 
nunca en «olvidólos habitantes del campo, por el claro instinto 
que siempre los acompaña; pero que no en toda ocasi(')n tienen 
fija en la memoria los cjuc, encerrados en una ciudad, viven 
conií.) divorciados de la lu/ y del aire. Ahí van algunos ejem- 
plos. 

Abril Qim\o significativo de juventud. El abril de la vida, la 
primavera de la vida. Una nina de ijiiince abriles en el Rio de la 
Plata no es ni más ni men<»s (|ue una niña de ijnincc octnbres cu 
España, con los cuales se hace alusi(')n al otoño de la vida, época 
en que la naturaleza, un tanto descaecida, empieza á despojarse 
en sus galas. ¡Bí^nita represcnta(i«'>n de la belleza y encanto>;de 
una tierna mujer! 

Im canícula, por el ritior i.k'1 verano, (\inicnlar, por extrema- 
damente caluroso. Va (x ampa. . . (y llovía á cántaros). Dij(^ 
muy l)ien el poeta: 

Busco rc/>'i¡')s al e\ tren/o frió, 

(jtando ••/ '-¡/¡!-''.'o (' su mayor estio. 

\J>. Juan María Maury) 



220 DANIEL GRANADA. 



Hacer uno su agosto. No le arrendaríamos nosotros la ga- 
nancia al que en el Rio de la Plata hiciese su agosto en agosto. 
En marzo, á más tardar, maduran las uvas. 

Agosto f frío en rostro. Esto sí que viene como anillo al dedo; 
sólo que, cuando en España apenas empieza el frío, en el Rio 
de la Plata ya va de capa caida. (Désenos personificar la 
sensación del frío, ya que de despropósitos se trata.) 




F 





FACÓN, m. — Daga «') ciuhülo i;rancle de punta aguda, muy 
afilado, el rual sirve para j^clea, á la vez que para usos del 
«-iimpi ). 

Rsta voz, tomada del \)k^\\.. faca , procedente del Brasil, equi- 
vale á dag<'»n, aumentativo de daga, arma blanca, corta, de dos 
•fijos, á lo menos hacia la punta, que es aguda >, definici<m de la 
-Ai^ad. 

-En ningún caso puede usarse /;<'•< /;/ ó daga. > (Cód. Rur. de la 
.Pnrr. <h' fíiunos Ai) es.) 

Con ^\ facón una raya 
Hace en la tierra, 

(D. A. Magariííos Cervantes.; 

FA]\I ATINA. — Dei)artamento de la provincia argentina de 
Ja Rioja.— V. VILLA ARGENTINA. 

FARIÑA, f. — Harina gruesa de mandioca. 

Junto con este alimento, de mucho consumo, ¡)asó del 
.TJrasil, (límele se fabrica, al Río de la Plata el nombre que 
Jleva, sin más altera(n/)n que la jniramente (ortográfica : de 
farinha se \\\va^ fariña. En diciendo /íz/v//^, todo el mundo sabe 
•que se tnita de aquel comestible; así como, al pronunciar la 
palabra harina, nadie duda (jue se cjuiere significar la de trigo. 
Pero cjuien ofreciese haiina lU mandioca^ dejaría en ayunas á 
la mayor parte de las gentes, (jue, aunque la comen c(m fre- 
t-uencia, ni siquiera se figuran de donde se extrae; sólo 
saben que viene del Bnisil y ([ue es muy sana, agradable y 
Iwnita, 

E! término casabe es comúnmente desc(mocido en el Rio 
■1c la Plata, y nadie lo usa. 

Y no má:s fariña 
Sin jugo nutricio. 

( D. F. Acuna de Figueroa. ) 



222 DANIEL GRANADA. 



FERNANDINO, ;;//, lulj.— Natural de la ciudad ó del 

departamento oriental de Maldonado. Ú. t. r. s. — Pertenecien- 
te ii una ú otro. 

De su patrono Sa?i Fernando. 

FLETE, m. — Caballo bueno, ligero. 

FLOR DE LA PASIÓN, f.— V. BURUCUVÁ. 

FLORENTINO, no, adj. — Tal creemos debe llamarse el 
natural del nuevo departamento de Flores de la Rep. Or. 
del Urug. — Lo propio decimos de lo perteciente á él. 

FLORIDA. — Villa cabecera del departamento del mismo 
nombre de la Rep. Or. del Urug. Fund. año 1809. 

FLORIDENSE, adj. — Natural de la villa ó del departa- 
mentía oriental de la Florida. U. t. c. s. — Perteneciente auna 
ó á otro. 



FRANGOLLÓN, na, adj. — Dicese del que hace de prisa 
V mal una cosa. U. t. c. s. 

FRASCO, m. — Medida de capacidad para líquidos. Con- 
tiene cuatro cuartas, equivalentes a dos litros y trescientos 
setenta y dos mililitros. 

FRAY BENTOS— V. INDEPENDENCIA. 

FRENO MULERO. — Freno muy pesado y fuerte i)ara 
domar muías. 

FUEGUINO, 7ia, adj. — Natural de la Tierra del Fuego. 
U. t. c. s. — Perteneciente a esta región. 

FUMITORIO, m. — Arbusto que contiene mucha potasa. 
Empléase en la purificaci<'>n del azufre y fabricación de 
jabón. 



•;^^ 






G 





GALP(.)N, m. — Constnicción generalmente íiislada, con ó 
sin paredes, y el techo de una «j dos pendientes. Su principal 
destino es tener preservados de la intemperie cualesquiera clase 
de frutos ii objetos. — Edificio, sea cual fuere su destino, cuya 
disposición (') aspecto se asemeje á dicha construcción. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

CrcenKJS que es vocablíj (originario de Méjico; pero algo 
modificada su signiftcaci<')n primitiva. De la lengua azteca, 
según Rodríguez. 

"Hoy hace de iglesia una cuadra, <') i^alpón, bien inferior.» 
(Azara.) 

La figura kXv los edificios «'> casas de los indios (en las 
Misiones) es la de un ^i:[<i//>(ín de cincuenta •') sesenta varas de 
largo y diez de ancho, inclusos los corredores que tienen en 
contorno: son muv bajas, v cada i^al/)(hi se divide en ocho ó 
más (livisi()nes. > (D. Gonzalo de Doblas, Mrni. Jiist. ilr la 
/>ror. de Mis. (¡f iiuL i^i/arj 

• Un ¡^alfH'm que corre al oeste como 40 \aras, y es el < uartcl 
de los j)edestres: tiene varias habitaciones; todo es de j);ija y 
embarrado.. 1 1). Ignacio de V't\<,()^, Diar-Panii^j 

GANADO AL CORTE. -V. HACIENDA AL CORTE. 

GANADO DE CORTE.— V. HACIENDA DE CORTE. 

(JANADO DE CR]y.\. — (ianado i^ompuest*» de vacas, toros, 
terneros, ruK/nil/otins y toritos, en proporcií'^n ron veniente para 
su aumento natural ó cría. Hay alguna semejanza entre un con- 
junto de animales tic cria y un conjunto de animales al corte; 
pero son cosas diferentes. Y\ ganado de cría debe tener un nú- 
mero de terneros v de toros proporcionando al de vacas. En la 
haciend;i al corte j)uede haber despropon ion á est(* respec to, 
pues se sa( a del rodeo cortíind*» una punta, en la cual entran 



224 DANIEL GRANADA. 



los animales de t<^das clases que ac cidentalmente se hallan 
juntos. 

GANADO DE INVERNADA.— Ganado ya grande ó ik 
«/í/z/rt', á propósito para entrar en invernada. — Ganado gordo, 
en esUrdo de aprovechamiento, que procede de invernada. 

GARANDUMBA, f. — Embarcacicni grande, chatíi, con pnKt.. 
de carga, para navegar los ríos aguas abajo cc^mo las balsíts. 

GARRA, f. — Extremidad del cuero por donde, mediante un 
ojal, se le afianza en las estaí^as al estirarlo; la cual, cortada 
y almacenada en las barracas, .se exporta para hacer cola. 

< Entre nosotros (garra) se usa en el sentido de pedazc» de 
cuero endurecido y arrugado.- (Cuervo.) 

GARÚA, f. — Llovizna. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú (Palma). 

En Lima, de donde quizás venga el vocablo, llaman de 
muy íiniv¿\X(} garúa á la finísima llovizna en que se condensTti^ 
las nieblas que durante el invierno oscurecen su cielo. 

<Xloviznas menudas, que es á le» que llaman (en el Perú) 
garúas. > (Ulloa.) 

<:Nombre que dan en el Perú á la lluvia menuda y cuasi im- 
perceptible, que no incomoda, como la niebla cuando cac.3 
(Alcedo.) 

<Es por extremo enemiga de la lluvia, principalmente de í:t 
más menuda que Ihunamos garúa.-» (El P. Lozano, Ifisf. ríe í<r 
con. del Par., R. de la Pl. y Tur.) 

GARUAR, n. — Lloviznar. 

Lo propio en Chile y el Perú (Rodríguez). 

GARUPA, m. — Árbol de hoja aromática, de olor alg:»^ 
parecido al de la albahaca; así como el de su ílor, que es 
blanca, se asemeja al de la aroma del cspiuillo. 

Del guar. 

GAUCHADA, f. — Accit'>n propia de un gaucho. — Acciori 
ejecutada con sutil habilidad para c^onseguir alguna cosa que 
ofrecía dificultades <'> para librarse de algún riesgo <'> peli- 
gro. — Treta. 

GAUCHAJE, m. — GatirJios en general. T('>mase regular- 
mente en mala parte. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 225 

GAUCHO, m. — Hombre del campo, baqneatio, diestro cu 
el manejo del caballo, del lazo, de las boleadoras, de la daga y 
de la lanza, esforzado, altanero y amigo de aventuras. 

D. Emilio Daireaux [El abog. etc. Trat. de dclio. eh\ pata 
¿a Rep. Arg., 2.* ed.) deriva la voz del árabe chaouch, propia- 
mente tropero, en España chaucho, corrompido en América cu 
j^rt//£-//¿7, al pasar de boca de los chilenos por la de los indios de 
la Pampa. 

La cesaci«')n de las guerras civiles, junto con el robus- 
tecimiento del poder ejecutivo ó central, y la consiguiente 
desaparición de los caudillos, que recribian su fuerza c influen- 
cia de la gente campesina, ciegamente sujeta á su voluntad 
y pronta siempre á empuñar una lanza para seguirlos en 
sus contiendas contra la autoridad constituida, ya fuese usur- 
padora del mando, ya legitima, asi como el hoy rápid»» 
movimiento de la vida industrial antes paralizada, han con- 
vertido al gaifclio en ciudadano útil, sosegado, amigo de la 
justicia y agasajador del viandante que llama á las puertas de 
su vivienda. Va cambiando el suelto chiñpá por la desai- 
rada bombacha ajustada al pie, preferida particularmente en 
invierno; conserva el irreemplazable poncho: rara vez hace 
uso de las pesadas boleadoras, que estropean á los anima- 
les; no se desj)rende del caballo y el lazo, ni deja de la mau<» 
el mate, restaurador de las fuerzas. 

La palabra ¡gaucho es hoy en el día, ora exj)rcsi<')n de alahanz:i, 
ora nota denigrativa; i)ues con ella se significa al muy jinete, 
diestro y avisado, cí)mo también el vago pendenciero y ladin", 
rapaz de una fechoría. 

Llaman m antiguamente 'gauderios á los gauciios, que es el 
sentido que tiene la palabra en el siguiente pasaje de Dol^lav. 
<Del mismo modo (l<»s guaraníes) i^ermiten españoles ^'^r///'/í7v''>v 
(*hangadores, que andan j^or aquelhjs campos, matando top»s 
para aprovecharse los cueros. iMcm. hisi. de la pror. de Mis., ed. 
de la Acad. de la Hist.) 

1). Pedro Estala que á fines del siglo pasado es(T¡l)ía su> 
cartas de viajero con ni» corto eaud:il de noticias s<»bre Aiu»'*- 

8 




rica, y en esiieciiil subrc el Rirj de U Plata, tia una ¡dea lÍti-uiis- 
tanciada del g¿nero de \-ida y cristumbrcs tic la gente de que 
tratamus, como se verá por el siguiente pasaje. <No puedo 
pasar en silencio tuia especie de vagos, que en este país se 
llaman /piuJerios, cuyo modo de vivir es muy semejante al de 
los gitanijs de la Peniíisula, exceptuando el robar, pues aquí 
no tienen motivo para hacerlo. Son estos gtiuHerios naturales 
de Montevideo y de los pagos comarcanos: su vestido se 
reduce á una mala camisa y peor ropa, cubriéndolo tod'i «m 
sus ponchos, que con los aparejos de sus caballos les sirven de 
cama, y la silla de almohada. Procuran adquirir sus guitarrillas, 
y cantan varias coplas, ya estropeando las que oyen, ya com- 
poniendo otras con tosco y grosero numen, regularmente sobre 
amores. Con este ajuar vaguean libremente por los campos, 
sirviendo de diversión y recreo á aquellos rústicos colonos, 
quienes en rccoippensa (Je la diversión que les proporcionan, 
los mantienen y regalan con muclia complacencia t<xio el 
tiempo que allí se detienen. Si pierden el caballo, les dan otro, 
ó ellos le cogen de los muchos silvestres que se crían en aque- 
llos espaciosos campos. El modo de cogerlos es enlazándolos 
con un cabestro muy laigo, que llaman rosario, ú con im cordel 
con boliis en los dos extremos, del tamaña de las de trucos, y 
tirándolo á los pies del caballo, se enreda y cae, lastimándose 
las más veces. — Suelen juntarse cuatro ó seis mozos, y á veces 
más, y salen á divertirse por los campos sin más prevención 
que el laso, balas y el cuchillo. Ciundo quieren comer, enlazan 
una vaca ó novillo, derriban la res, y atándola bien de pies y 
manos, y antes que acabe de morir, la cortan toda la rabadilla 
con e! cuero: haceualgunas picaduras en la carne, la ponen al 
niego, y á medio asar, se la comen sin más condimento que un 
poco de sal, si es que por casualidad la llevan. Otras veces 
matan una res sólo por comer el malamlm, que es la carne que 
tiene entre el pellejo y las costillas; otras sólo aproveclian la 
lengua, que asan en el rescoldo, dejando todo lo demás para 
pasto de aves y fieras; otras no quieren más que los taracúes, 
que son ios huesos con tuétano: los descaman bien, y ponién- 
dolos puntt arriba en el fuego, les hacen dar un hervor hasta 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 227 



que se liquide la médula, revolviéndola con un palitc», }* se 
regalan con aquella sustancia. Lo más singular es que, cuando 
matan una res vacuna, la sacan las tripas, y, recogiendo todo el 
sebo, lo meten en el hueco del vientre: cogen despuc^s un pedazo 
de estiércol seco de vacas, y encendiéndolo pegan fuego con él 
al sebo hasta que ;irde y se comunica á la canie g<^rda y hue- 
sos: vuelven á unir el vientre de la res, dejando que respire el 
fuego por la boca y por el conducto que abren en la parte 
inferior. De esta suerte sigue asándose por tt)da la noche ó 
parte considerable del día, y, cuando está bien asada, la rodean 
los i^uaderios, y cada cual, annado de su cuchillo, va cortando 
lo que más le agrada, comiéndolo sin pan ni salsa alguna. 
Luego que están satisfechos, abandonan lo restante en los cam- 
pos, á excepcií'^n de uno ú otro que suele guardar un pedazo 
para alguna persona que estime. Esta facilidad de mantenerse; 
con tantea regalo prop<^rciona á estos hombres vagos y ociosos 
una vida que seria de envidiar, si sus costumbres no fuesen 
tan relajadas, y si de aquí no se siguiese un abandr»no y olvido 
total de las (»bl¡gaciones de cristianos. (El VinJ. unir, por 
/>. P. E.) 

< Gauchos (este nombre dan á los jornaleros campestres) . 
(Azara.) 

GAUCHC), adj. — Ducho en tretas y bellaquerías, taimado á 
más no poder. — Que es muy jinete, diestro y avisado. — Aplí- 
case al perro vagabundo. 

< Hay por acá muchos perros de un carácter singular. No 
son de raza ó casta determinada, sino de todas las medianas y 
grandes. Estí)s, aunque hijos de los domésticos en las estancias 
ó cli( »zas campestres, siguen y hacen fiestas á cualquiera pasa- 
jero á caballo, y, cuando se les antoja, le dejan sin el menor 
motivo después de algunos días, y á veces al primero, quedán- 
dose en otra estancia, y también en el campo para incorponirse 
con el primero que i)asa. En suma, tales perros, que no son 
pocos, no toman afici/m anadie, ni á kis casas, y suelen lla- 
marles gauchos. (Azara, Apunt.) 

GAUDERIO, m. ant.— V. GAUCHO. 
GEGÉN, m.— V. JEJÉN. 



22S DANIEL GRANADA. 



(JOYA. — Departamento de la pruvincia argentina de Co- 
rrientes. — Capital del mismo departamentt >. 

íjRAMILLA, f. — Hierba gramínea, rorta, tierna y sus- 
tanciosa, de que gusta mucho el ganado. 

(}RAX CHACO.— V. CHAC( ), primer art. 

íiRAXEAR, a. — Sobar medianamente un cuero. 

GRANEROS. — Departamento de la provincia argentina de 
Tucumán. — Capital del mismo departamento. 

ORINGO, .;'.r7. adj. — Termino vulgar con que se moteja al 
extranjero ( uya habla difiere totalmente de la castellana, como 
ti inglés, el alemán, el francés, el italiano. Así no dicen nun- 
ca gringo al español, al hispano-americano, al brasileño, ni al 
portugués. U. t. c. s. 

Salva dice (¡ue en la Amer. inerid. llama así la plebe d todos 
los cxtiatijeros, señaladamente á los italianos. Estaba mal infor- 
mado. Jamás se motejó de ^riníros sino á los que hablan una 
lengua ininteligible á los naturales, á los franceses, ingleses, 
alemanes, polacos, nisos, etc., etc., etc. Ni había por qué 
hacerlo señaladamente con los italianos. Lo que hay es que 
allí donde predomine, como en el Río de la Plata, la 
inmigración italiana, casi no se oirá llamar gringos sino 
á los italianos, por la sencilhi razón de que, topándolos 
á cada paso, ofrécese por instantes la ocasión de ha- 
bérselas con ellos y de usar consiguientemente el calificativo 
(le que se trata, ora por vía de gracia en sentido familiar, ora 
con enojo entre el común de las gentes. Igual cosa sucederá en 
( )tras partes de America, si no estamos muy equivocados, con 
los individuos de cualquiera otra nación extranjera allí 
predominante y que hablen una lengua enrevesada para los na-^ 
turales. 

En el Perú tiene la palabra gringo el mismo sentido que en 
el Rí(j de la Plata, según Palma. Paz-Soldán quiere que signi* 
fique ingles seriamente, y lo propio Rodríguez en Chile, asi como 
Solar, á lo que parece, pues nada observa al respecto. 

Llega en cerdudo lenguaje 
Un gringo diciendo güi, 
Y mil monos luego aquí 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 229 



Le imitan el aire y traje, 
O le encargan que trabaje 
En la pública enseñanza. 

¡Buena va ¡a danza! 

(D. Francisco A. de Figueroa.) 

Cierto escritor inglés, después de hablar descomedidamente 
de los campesinos de Buenos Aires, que abatieron el orgullo 
británico, dice de ellos con soma: < desgraciadamente prefirie- 
ron su independencia nacional á nuestros algodones y muse- 
linas.» Sarmiento, justamente ofendido como argentino, trans- 
• cribe asi la frase: < Desgraciadamente, añade el buen ¡gringo, 
prefirieron su independencia» etc. (Facundo, ó Civiliz. y Barb. 
etc.) 

«GRINGO, m. Griego, en la fr. fig. y fam. hablar en ^riugOy 
hacerlo en lenguaje ininteligible.» (La Ai ad.) 

GRULLO, m. — Potro ó caballo entera», grande, gordo, 
lozano. 

GUABIRA, m. — Árbol grande, de tronco liso y blanco, 
más blanco que el del guayabo que tira á verde, de hojas 
aovadas con una espina en el ápice y de fruta amarilla del ta- 
maño de una guinda. — Fruto de este árbol. — Arbusto del mis- 
mo género que el árbol antedicho. 

Del guar. guabird. 

GUABIYU, m. — Árbol mirtáceo, de propiedades medici- 
nales; da una fruta negra comestible del tamaño de una guin- 
da. — Su fruto. 

Del guar. guabiyú. 

GUACHIPAS. — Departamento de la provincia argentina 
. de Salta. — Capital del mismo departamento. 

GUACHO, cha, adj. — Dícese del animal que está sin 
madre, antes de separarse naturalmente de ella, en especial 
si es manso, por haber sido criado en las casas ó baj<3 la 
inmediata dependencia del hombre. — Dícese igualmente, en 
sent. fam., del huérfano. — Aplicase también á cosas. Huevo 
guacho, abandonado. 

«Tenemos duda sobre si guacho, hombre del pueblo, haya 
de considerarse C(jmo quichua y sacado de huacha, pobre, 



230 DANIIL GRANADA. 



huérfano, de donde en Buenos Aires la voz despectiva guacho, 
usada también en el Cauca, por el que no tiene padre conocido, 
ó si sea chibcha, guacha guasga, mancebo; en que guacha es lo 
específico, j^ues muchacha se dice guasgua/ucha.- (D. Rufino 
José Cuer\'o.) 

Iguales ó mejores títulos que el quichua y el chibcha puede 
alegar en su fav<^r el araucano con el vocablo huachu, que 
significa guacho /i ilegitimo, según Febrés (Calcp.), quien 
añade: tómase por cosa mansa en los animales. Como, por lo 
regular, los animales que están sin madre los crían en las 
casas ó bajo el inmediato dominio del hombre, críanse 
naturalmente mansos. Asi, cuando uno preguntíi: este animal 
¿es manso? raro será que no le contesten: si, es guacho, dado 
que lo sea, como diciendo: ^^ guacho, y ^ por consecuencia, man- 
so.:> En general, tratándose de un animal sin madre y manso, 
cuando quieren decir que es manso, no dicen que es manso , 
sino que es guacho. 

Pero como los indios incorporaban á sus respectivos idio- 
mas las voces españolas de cuyo uso tenían necesidad por 
carecer de sus equivalentes, puede suceder que en el caso 
actual, como en muchos otros casos, los quichuas, araucanos y 
algun«)S más pueblos aborígenes de América hayan tomado 
de lx)ta de l<»s conquistadores, diversificándola según su pro- 
pio esj^ecial modo de articular, la palabra castellana guacho. 

En Chile tiene guacho las propias acepciones que en el Río 
de la Plata. D. Zorobabel Rodríguez se expresa así: «En 
aimará hita je lia. huérfaní^. En quichua huaeeha, pobre, huér- 
fano. En :íx:í\xví\\\íj huachu, el hijo ilegítimo, los animales man- 
sos, domesticados. Las acepciones que damos á guacho guar- 
dan perfcc ta ( < >ns< «nancia con las acepcicmes que acabamos de 
apuntar. 

Usase también en el Perú (Palma). 

Prov. de la Amér. merid. (Salva): ' Exp<>sito.— Se dice del 
animal que no ha sido criado por su madre. Añade que en 
la República .Vrgentina llaman así al indio que sine de correo, 
cosa cjue ign(>ramos. 

(lUADAL, m. — Duna, moutccillo de arena que remueven 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 231 

los vientos, en que abundan algunos terrenos de las pr«)vin- 
das argentinas arribeñas. — Terreno en que está desparramado 
un guadal. 

D. Esteban Hernández ( E.\p. en Ang.) dice : < Sus terrenos 
(entre el Tunuyán y el Diamante) son en su mayor ¡larte 
pisos firmes, y los que se encuentran algo blandos, p«»r sor 
areniscos, á los que llaman ¿.'//^í^//, son de tal naturaleza <uie 
con los primeros que veníamos delante y la caballada, transi- 
taban los que venían detrás en huella ó camino firmo Acjuí 
viene bien aquello de camino ruin, compañero adelante. 

GUADALOSO, sa, adj. — Que tiene muchos guadales. — 
Que es arenoso. — En especial se dice guadaloso del terrt-no 
arenisco-arcilloso é impregnado de agua, en el que se IiuiuIími 
los animales. 

< Caminamos de madrugada por la costa de diclío arroy > 
cosa de cinco leguas, y, habiéndolo pasado, caminamí">s por" 
unos cerrillos muy guadalosos, y llegamos al rio de los Sauces. '. 
(D. Juan Ant". Hernández, E.xfj.confra los iud. teguehhes, 1770, 
Áng ) 

GUADALUPE. — Villa cabecera del departamento del iiiism o 
nombre de la Rep. O. del Urug. Fund. año 1783. 

GUAICURU, adj. — Dícese del indio cuya parcialidad viv'.i 
en el Chaco, al norte del Pilcomayo, junto á la margen del 
Paraguay. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha j)arc¡alidad. 

Eran los guaycuriies guerreros terribles, avasalladort.'s v 
llenos de soberbia y presunci«')n. Fueron vencid<^s por Alv»'.r 
Núñí^z Cabeza de Vaca, el primero, según ellos, que eje( iitab.i 
semejante hazaña, de lo que no creían capaz á ningún lioni- 
bre en la tierra, por lo cual, al poco tiempo de este suecas, >, 
se le presentaron rindiéndole vasallaje. 

GUAICURU, m. — Planta de unas dos cuartas de altura, de 
tiillo cuadrado y estriado, áspero á manera de lima, con rami- 
tas alternas y vellosas, donde echa Las hojas, igualmente vello- 
sas y .ilternas, estrec has, largas, agudas y nerviosas, de menu- 
da íl( »r ni( »rada en racimos, y de raíz fusiforme, leñosa, pero (jue 
í'on fa( ilidatl puede cortarse en rebanadas cuando fresca, 
teniendo cnton<es un color idéntico al de la lengua salada de 



232 DANIEL GRANADA. 



vaca, y, si se mastica un pedacito, un gusto áspero, astrigeute 
y picante, como si se revolviese en la boca una mezcla de 
alumbre y pimienta. Tiene propiedades medicinales. Empléase 
como emenagogo, febrífugo, etc. 

Del guar. ^^uaicnrú. 

Además de la planta descritíi, que es la generalmente conoci- 
da por la gente del campo y la que aplican las chinas, á quienes les 
da autoridad en esta materia la principal de las virtudes que 
se hallan en la raiz, hay otra de la misma forma, pero de tit- 
ilo liso entre redondo y cuadrado, hojas igualmente lisas y flor 
blanca. También la hav rastrera. Las tres llevan el nombre de 
gtiairtmt. Algunos dicen baicnnt. Galianthc olidcmoidcs G. R, 
(rubiiíccir). — Staticc Z,., s¡. hrasiliciisis Boiss. (pliímbagijiacc(f) en 
Gibert. 

GUAIMALLKN. — Departamento de la provincia argentina 
de Mendoza. 

GUAIMBÉ, n\.— Gtiewbc. 

GU ALACHO, rha, adj. — Gmiyauá. 

GUALEGUAY. — Departamento de la provincia argentina 
• de Entre Ríos, junto al río Paraná. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

GUALEGUAYCHU. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Entre Ríos, junto á los ríos Uruguay y Paraná. — 
Capital del mismo Departamento. 

GUALICHO, ni. — Diablo <'> genio del mal, al que los ¡xim- 
j)as atribuyen la causa de todos los males y desgracias que les 
.sol)revienen. Para ahuyentarlo, cuando experimentan los sín- 
tomas de una enfermedad ('» les amenaza algún peligro, se ar- 
man tic todas sus armas, hierros, lanzas, bolas, macanas y 
cu.'iTit'» encuentran, montan á caballo, y, prorrumpiendo en 
grit('> desaforados, arremeten contra el invisible enemigo, dan- 
do ( t m furia al aire tajos, botes, estocadas, golpes y pufieta- 
zos, por si acierta á tocarle uno y otro entre tantos C(>mo 
menudean, hasta (|ue creen que lo han hecho salir de los t'')l- 
dos donde se había entrometido. V. MACHI. 

Del araucano hiiccuvn. Los pampas hucciifú, ^nalicJiú. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 233 

GUALILAN. — Departamento de la provincia argentina de 
San Juan. — Capital del mismo departamento. 

GUAMPA, f. — Asta, cuerno. — Vaso rústico formado de un 
trozo de asta. 

Acaso quichua. 

En las proviní ias brasileñas de Río Grande del Sur, Para- 
ná y San Pablo también guampa, cuerno de buey y particular- 
mente vaso que de él hacen para beber agua en los viajes. 
Tomaron el vocablo del Río de la Plata (Beaurepaire-Rolián). 

En Chile guámparo, vaso de cuerno de animal vacuno. 
(Rodríguez). 

GUANA, adj. — Dlccse del indio cuya generación, dividida 
en varias parcialidades, ocupaba el Chaco entre K)s 20 y zi^ 
lat. aust. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha generaci<'>n. 



G U AN ANA, adj . — Guayaná. 

GUANDACOL. — Departamento de la provincia argentina 
de la Rioja. — Capital del mismo departamento. 

GUANTÓN, m.— Guantada. 

Reprueba Cuervo el uso de este vocablo en Bog(^tá. Es, en 
efecto, harto plebeyo. 

En Chile <golpc dado con la mano cerrada. (Rodríguez.) 

GUAPOROITÍ, m.— Ibaporoifi. 

Del guar. guaporoiti. 

GUAPORÜ, m. — Arbusto mirtáceo, que da un fruto negro, 
comestible, del tamaño de una guinda, con carozo. 

Del guar. ibaporú. 

Con el fruto de este arbust(3 prepárase la bebida llamada 
chacoli. (D. Ángel Justiniantj Carranza, nota á la Drscrip. hist. 
etc. del Patag. por violas.) 

GUARANGADA, f. — Acción ó dicho propio de guarangos, 

GUARANGO, ga, adj. — Dícese de la persona que en sus 
dichos <') acciones es torpe é incivil, ó que no sabe guardar los 
miramientos que pide la buena educación. U. t. c. s. 

GUARANÍ, adj. — Dícese en general del indio cuya genera- 
ción, diversificada en innumerables parcialidades, se extendía 



desde el río de la Plata hasta el Orinoco próximamente. U. t. 



234 hanikl granada. 



c. s. — Perteneciente á dichas generaciones. — Guaraní, m. Su 
idioma. 

La í;encracií)n guaraní era la más numerosa de las regiones 
del EMata, y, excepto alguna que otra parcialidad belicosa, la 
que menos resistencia opuso álos españoles. Los guaraníes del 
L^ruguay, Paraná y Paraguay hiciéronse simpáticos y merecen 
cu la historia de la humanidad especial consideración, por la 
edificante sociabilidad que constituyeron bajo el cristiano celo 
de los regulares de la Compañía de Jesús, no menos que por 
sus crueles desventuras. Su lengua es abundante en voces, ex- 
presiva, eufónica, y muchos de sus vocablos se han inc<^rpo- 
rado á la castellana, sin hacerla desmerecer, antes al contrario 
dándole lucimiento. 

GUARIBAY, m. -Árbol. V. AGUARAIBÁ. 

Del guar. f^iaríbaí^ ó corrup. de afanará iba i. 

GUASA YAN. — Departamento de la provincia argentina de 
Santiago. — Capital del mismo departament(.>. 

GUASCA, f. — Tira corta de cuero. Es como si dijéramos 
pedazo de cuerda; sólo que para que lle\e el nombre de guasca y 
tiene que ser precisamente de cuero. — Dar giuisca, fustigar. 
Así para excitar al conductor de los caballos que tiran de 
un coche, á que los castigue de recio, le dicen familiarmente: 
¡dele guasca! dele guasca! Dar guasca, fr. met. y fani. equivalente 
á dar cuerda, alimentar maliciosamente la intenci<'>n de una 
persona, por mero entretenimiento ó para dejarla burlada. 

Díjose, y aun alguní^s suelen decir huasca, forma más ajus- 
tada á la etimología del vocablo, que es quichua. «Guasca (poco 
usual en Bogotá), cuerda; quichua huasca, soga ó cordel.- 
(Cuervo.) «Del quichua huasca, soga, cordel grueso. > (Rodrí- 
guez.) Voz usada en el propio sentido de tira corta de cuero 
en el Perú (Palma). Pero Paz-Soldán dice que entre los perua- 
nos huasca equivale á soga, y que en Lima cree sólo se usa en 
la fr. dar huasca, azotar. En Chile gmuca es látigo, azote, fusta, 
etc., y dar guasca, incitar á uno á seguir adelante en una pen- 
dencia etc. (Rodríguez, Solar). Salva dice ser cuerda de hilo de pita 
en unas partes de América; en otras úq tiras de r//^/v: en algu- 
nas de lana ó cerda, v en la meridic>nal cordel ó cordón cotio. 



VOCABULARIO RIOPLATENSfi. 235 

Trae también dar guasca y por azotar. En la provincia brasileña 
de Río Grande del Sur tira 6 cotrca de cuero crudo (Beaurepaire- 
Rohán), tomada, sin duda, de sus vecinos los orientales. 

«Todos (los indios minuanes) son grandes jinetes, muy dies- 
tros en el ejercicio de bolas y lazo, y montan, por lo común, en 
pelo, sin más freno que una guasca ó tira de cuero.?» (Cabrer.) 

GUASCAZO, m. — Percusión dada con una guasca. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

GUASO, sa, adj. — Dícese de la persona muy vulgar en 
sus modales y acciones. 

Es voz que de Chile pasó al Río de la Piala. Allí viene 4 
significar lo que en estas regiones gaucho. Del quichua huasa, 
según Rodríguez, lomo y a?icas de las bestias. Pero nos parece 
dudosa esta etimología. 

La Acad. trae el sust. guasa y el adj. guasón, á cuya fami- 
lia puede pertenecer, por su forma y significado, el guaso 
chileno y rioplatense; pero D. Andrés Bello escribe guazo: 

Pláceme ver en la llanura al guazo. 
Que, al hombro el poncho, rápido galopa: 
O con certero pulso arroja el lazo 
Sobre la res que elige de la tropa. 

(Bl Proscrito.) 

Dicen al ver su cara y cuerpo y traza 
Los hombres, ¡ángel! las mujeres, ¡guaza! 

(Ibfdem.) 

«Aquella gente pobre <> de la lampaña, á quienes llaman 
(en Chile) guasos:> (Juan y Ulloa.) «Los guasos son suma- 
mente diestros en el manejo del lazo y de la lanza. > (Los 
mismos.) 

GUASQUEAR, a. — Pegar con una guasca. — Usado como 
refl. y en sent. fig., significa incomodarse sin motivo fundado, 
y así dicen, por cj., se guasquea él mismo. 

Ilicc justicia en un tuerto de la Cruz, que había (dizque 
por mandado de su capitán, no lo sé) guasqueado á dos mozos 
apostólicos sin causa. > (Diario de una exped. de guaraníes de 
las Mis. de Ibirápitá-Guazú hasta Sto. Dom. de Sor. por un 



236 DAJíIBL GRANADA. 



padre de la Comp. de Jes., publ. por D. M. R. Trelles, Rev. 
de laBibL de B. A) 

En la provincia brasileña de Río Grande del Sur también 
guasquear, azotar con Id guasca (Beaurepaire-Rohán). 

GUAVALOCA, f. — Vestimenta usada por los indios pam- 
pas, para preservarse del frió y de la lluvia. Consiste en una 
manta de pieles afianzada con una guasea á la cintura y do- 
blada por mitad, a fin de levantarla por la espalda cuando 
convenga, quedando cubierto el cuerpo desde el pescuezo 
hastci los tobillos. 

GUAYA BIRA, m. — Árbol que se cría de Misiones, Para- 
gua)', Chaco, etc., cuya madera es á propósito para muebles, 
muy semejante á la del nogal. 
Del guar. gtmyaibi. 

GUA YACAN, m. — Árbol grande y resinoso de propieda- 
des medicinales, y cuya madera es á propósito para obras de 
ebanistería. Es el guajacum offieinale. Especie también de gua- 
yaco, de madera igualmente fina, es el palo sanio (guajaeum 
sanctum), que da un olor semejante al incienso, y el llamado 
cueharera, porque de él se hacen cucharas, entre otras diver- 
sas cosas (ea:salpinia melanoearpa) , También el porliera hy- 
gromeiriea (zygophilleas). Eso en las provincias argentinas arri- 
beñas del norte. Chaco, Paraguay y Misiones. En Colm. varias 
especies de otras partes. 

GUA Y ANA, adj. — Dícese del indio cuya parcialidad habi- 
taba junto al río Yguazii, entre el Paraná y Uruguay. U. t. c. s. 
— Perteneciente á dicha parcialidad. 
\ GUAZUBIRÁ, m. — Venado del monte, de color canela 

oscuro, mucho más lúcido y agraciado que el que anda por el 
campo. Este es de un color bayo por la parte del lomo y 
blanco por la del pecho, y le llaman veuado ó gama : guazuti 
(gua^uti) en gauraní ; pero este término no lo usÉm en el Río 
de la Plata las gentes de habla española, como el de guazubirá, 
que es corriente. 
Del guar. gua^u birá. 

Afirman que viendo una víbora, el guazuií circunda con 
una baba que suelta al intento, por cuyo efecto no tarda 



VOCABULARIO RIOPLATENSE- 237 

aquella en morir romo asfixiada. Con este motivo ('onsideran 
eficaz para preservar y curar de la mordedura de víbora, la 
j)iel de su matador. • Vo nada de eso creo, dice Azara. Hoy 
en día, del mismo modo cjue en los tiempos de Azara, la gente 
campesina asegura ser exacto el hecho. Atribuyen á la cir- 
cunferencia que en tal ocasión describe v\ ¿^iiazu/i con la baba, 
unas manchas circulares (jue se hallan frecuentemente en el 
campo, de un verde más subido que el general del pasto. 
(jUAZUCUA— De})artament() de la República del Para- 



•jruaw 



(JUAZUTl. m.— V. GUAZUBIRÁ. 

GUEMBK, m. — Planta parásita, de Corrientes, ]\[isiones, Pa- 
raguay, etc.. ([ue nace en las ramas altas deterioradas de los árbo- 
les más eminentt^s, de tronco grueso como el brazo, h(>jas nota- 
blemente grandes {hasta de seis cuartas de largo y tres de an- 
cho), acorazonadas, nerviosas, con ])rofundas escotaduras que 
llegan cerca del nervio central, y cabos del mismo ó mayor 
largo (jue las hojas, al pie de los cuales sale el fruto, del tamaño 
y forma de una mazorca de maíz, con muchísimos granos de 
bello color blanco de tilo, firmemente encerrado en una hoja 
muy doble y dura que, al acercarse la época de la madurez, 
se abre solo un día, operaci<'>n que empieza á ejecutar lenta- 
mente por la parte suj^erior á la salida del sol, al propio tiempo 
que se va doblando hacia fuera la espiga, hasta que queda en 
la posici«')n de una persona (jue estuviese asomada de bruces 
por una ventana semejante al nicho de una estatua, volviendo 
el día siguiente á enderezarse la espiga (que se cubre en esta 
ocasi<'»n de unos tenues filamentos rizados, que echa por los 
intersticios de los granos) y á cerrarse la hoja, estadio en quo 
j)ermanecc durante un mes escaso, en que madura. Sus raíces 
(cjue <»ra bajan al suelo enroscadas al tronco del árbol, ora 
sueltas) sirven j)ara amarrar. Con la cá.scara de ellas, que es por 
dentro de color acanelado, se tejen cestos, esteras y otros 
objetos análogos. — Frute» de esta j^lanta, cuyo grano es dulcr 
y comestible; la semilla, picante. 

Del guar. gHcmhe, fruto del i^ncmbá. Dase á la j)lanta y ¿ 
su fruto el nombre particular del fruto. También dicen «^//Vw- 



238 DANIEL GRANADA 



be y íTnaiinhí'. Azara ¡^itcmbc (Dcscrif). c hist. del Panii^. etc.). 
Técnicamente philodcndron. 

Un vaso de agua, fría sobre el fruto del guembe, en agu- 
nas, purga de flemas el estómago. Machacado y aplicado á 
los tumores, los resuelve. Sahumando con la espiga seca, 
neutralízanse los paroxismos y raitíganse los efectos de las 
opilaciones. La cascara de la raíz, incineratla, extermina las 
lombrices. 

GÜEMBÉ, VL\.— Guembe. 

GUENOA, adj. — Dicese del indio de una generación que 
habitaba las ci^stas del río Uruguay, al norte de los bohanes 
y minuanes. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha generación. 

Algunos historiadores quieren, sin embargo, que los ^lenoas 
sean los mism<\s m'tnuaucs, corrompido el vocablo. 

GUIÑADA, f. — Repentino cambio de direcci<')n que expe- 
rimenta el buque, ya sea obedeciendo al tim<')n, ó bien por 
efecto de una ráfaga de viento ó de fuertes ( orrientes. 

Frecuentes son y peligrosas, y no poco temidíis por los ba- 
(¡ueanos, las guiñadas en la navegacitm de los ríos, por los 
bancos y arrecifes de que suelen estar obstruidos. 

^Deseábamos levamos, y no podíamos, por ¡a fuiia de la 
corriente y idento, que traía el navio dando guiñadas de una parte 
á otra. > (Kl capitán Pedro Sarmiento de Gamboa.) 

<:^Golpe ó movimiento del buque hacia un lado ii otro, obede- 
ciendo al timón.> (La Acad.) 

GUIÑAR, n. — Cambiar de pronto la direcci/m que llevaba 
el buque, ya sea obedeciendo al timón, o bien por efecto de 
una ráfaga de viento ó de fuertes corrientes. 

<.Mover la proa del navio apartándola hacia una y «jtra 
parte del rumbo que lleva cuando navega, lo cual se hace mor leu- 
do el timón,» (Líi Acad.) 

gurí, m. — Indiecito. — Muchacho mestizo. 

Del guar. //¿,w, niño, chiquito, los padres dirigiéndose á sus 
hijos. 

En la provincia brasileña de Río Grande del Sur asimismo 
}furi, criatura (Beaurcpaire-Rohán). 



H 



'HABILIDOSO, SfT. iiáj. /wr. AmL — 0"^ tiene habilidades.» 
(La Acad.) Lo inisino en el Rio de la Plata y acaso en toda 
América: en el Perú (Paz-Soldán), en Bogotá (Cuer\-o). 

HACENDADO, m. — Estanciero. 

Como haciaido, en el Río de la Plata, aparte de la signifi- 
ción de tenías públicas, no tiene asnalmente otra qucla de ¿¿^¿7- 
naJo, de ahí que se llame hacendado el que tiene una ó más 
es/ancias. Es indiferente que tenga, ú no, bienes raíces, ni que 
el campo n camjx)s en que estén Iíls haciendas sea, ('» no, suyo; 
basta que las haciendas le pertenezcan. Hacendado, ó estan- 
cien», es, en una palal)ra, el que tiene establecimiento de ga- 
nadería. Así dice el Cód. Rui: déla Pror. de Buenos Aires (y 
(»tros): <el hacendado tiene obligación de dar rodeo >. . . ccuan- 
d(> [un hacendado haya de tener un pastoreo de hacienda al 
corte, ya sea comprada, .sacada de sus rodeos > .... «á requisi- 
ci<')n ÚQ m\ hacendado .se hará j^racticar reconocimiento de cual- 
quier ]xistoreo> .... Pero (liando se refiere al dueño del cam- 
])o. dice, por ejemplo, todo propietario de campo de estancia 
está obligado á tenerlo deslindado y amojonado- .... 

' Hacendado, da. adj. — Que tiene hacienda en bienes raíces, 
y comúnmente se dice sólo del que tiene muchos de estos bie- 
nes.- (La Acad.) 

HACIENDA, f.— Ganado. 

Sin duda por antonomasia ha venido á llamarse hacienda 
el ganado» conn» (jue éste ha sido en tiempos pasados la 
única y es al presente la principal fuente beneficiada de las 
riíjuczas que enciernm las regiones del río de la Plata. 

Hacienda raen na, hacienda alzada, dicen los (\>d. Rnr. del 
RÍMílcla Plata. V. ESTANCIA. 

HACIENDA -\L CORTE. — Hacienda heteri »<rénea v no 



* . 



240 DANIRL GRANADA. 



elegida, o en que entran toros, novillos, vacas y temeros saca- 
dos al corte del rodeo. V. GANADO DE CRÍA. 

HACIENDA DE CORTE.— Hacienda elegida, gorda, saca- 
da del rodeo á satisfacción del interesado, para los matade- 
ros de abasto, saladeros, etc. 

HACIENDA DE CRÍA.— V. GANADO DE CRÍA. 

HAMACAR, a. — Mecer la hamaca, la cuna de los niños, 
€tc. U. t. c. refl. Hamacmse eti un sillón. 

HANGADA, {.—Jangada. 

• Se perdieron muchas angadas (liangadas) y piraguas gran- 
des cargadas de madera.» (D. M. A. Molas, Dcscrip. del 
Parag.J 

HECHOR, m. — Garaiión, asno incorporado á una manada 
de retajo. 

<^Y lo hacen los asnos, á quienes llaman hechores.^ (Azara.) 

Lo propio en la provincia brasileña de Rio Grande del Sur 
(Beaurepaire-Rohán); de sus vecinos los orientales del Uru- 
guay. 

HEDIONDILLA, f.— Arbusto medicinal. 

HERVIDO, m. — Cocido, olla, puchero. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en Venezuela (Rivodó). 

HIERBA SANTA, f.— V. CAACURUZÚ. 

HIERRA, f. — Marcación del ganado, mediante un hierro 
taldeado. 

De herrar (la acción). 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

Voz autorizada por los Códigos Rurales del Río de la Plata- 

Voz de uso antiguo. < En este cabildo se leyó una petición 
presentada pcjrel capitán Mateo de Grado, procurador gene- 
ral de esta dicha ciudad, sobre la hietra de los ganados. > (Acta 
del cab. de Buenos Aires á 29 de dic. de 1Ó21, Rev. de la 
fíild. de Bs. As. por D. M. R. Trelles.) 

HIGUERON, m. — Árbol. Arraiga y crece frondosamente 
en el suelo; pero también en la horqueta de un árbol corpulento, 
en un peñasco (') en un muro ruinoso. En la Cruz, antiguo pue- 
blo de las misiones occidentales del Uruguay, provincia de 
Corrientes de la Confederación argentina, lo hemos visto abra- 



• . 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 241 

zandijcon sus raices las gruesas paredes de las ruiuas, como si 
con cien robustos brazos quisiese defender contra la barbarie 
<le los hombres los venerandos restos de aquel glorioso y lúgu- 
bre teatro de grandezas y desventuras. 

HINCARSE, refl. — Arrodillarse. 

Lo propio en Bogotá y en Cuba (Cuervo), y en Chile (Ro- 
dríguez). 

HOJALDRA, f.— Hojaldre. 

La r tiene más simpatía con la ft que con la r; por eso se 
oye decir... hojaldra en vez de... hojaldre.^ (Cuervo.) 

HORNERO, m. — Pájaro de color pardo acanelado, menos 
el pecho, que es blanco, y la cola, que tira á n^jiza. Hace un 
durísimo nido de barro, esférico, semejante á un homo, con 
entrada lateral y dividido en dos departamentos por medio 
de un tabique (^^m. su correspondiente comunicacicni. 

Al presente llaman ¡¡omero en el Río de la Plata, y casero 
en Tucumán, aludiendo á su nido de barro, cjue tiene la figu- 
ra exterior de un homo. En el Parajniav le llaman Alonso 
(jarcia, no sé porque.v (Azara.) 

HORQUETA, f. — Parte donde se juntan, formando ángulo 
agudo, el tronco y una rama de un árbol, «'» bien dos ramas 
medianamente «gruesas. — Parte donde un río <'» arrovo forma 
ángulo agudo, y terreno que comj^rende. 

HUANACACHE. — Departamento de la provin( ia argenti- 
na (le San Juan. -Capital del mismo departamento. 

H U ASC A, f — (ruasca. 

HUASCAZO, m. — (rz/ascazo. 

HL'^ERTA. — Departamento de la provincia argentina de 
San Juan. — Capital del mismo departamento. 

HUIBA, f — Cierta cana recia de (}ue los indios hanan, y 
hacen el día de hoy los del Chaco, sus fle< has. 

1 )el guar /initKÍ. 

HU^L\HUACA. - Capital del departamento del mismo 
T.ombre de la provincia argentina de Jujúy. 

Hl'MITA, f. — Manjar compuesto de dmclo rallado y algunas 
•«especias, y envuelto en chala. 

Rallan el maíz ticriv). Ha'XMi una fritura de to.Tiate, cebolla y 



242 DANIEL GRANADA. 



ají verde picados, pimentón, sal y canela. Forman con todo una 
pasta, y la envuelven en las hojas de la mazorca, ó sea en chala, 
de modo que quede cerrada herméticamente para que no se 
deshagci. Las porciones que así resulten, cuyo tamaño es regu- 
larmente el de una banana, las cuecen en baño de Mana. Tal 
es el delicado manjar americano que en el Río de la PlaUi lleva 
el nombre de humita. 

Arauc. uminta, guisado de maíz (Febrcs). 

Del quich. humhita (Paz-Soldán). Quich. hummita, escribe 
Rodríguez, y la voz castellanizada umita. Solar entiende que 
debe ser c(»n hache, humita. Así la Acad., que la define: <^^pasta i\^ 
harina, que se hace en el Pen'i, muy agradable al paladar , y 
Palma, que expresa que en el Perú significa la misma cosa que 
en el Río de la Plata. De hariua tic maíz, dicen Paz-Soldán y 
Rodríguez. Nosotros registramos en esta ed., además de hu- 
mita, umita, en atención á que en araucano es umita, segíni 
Febrcs, que es autoridad. 

HUNCO (suavemente aspirada lahaclio, m. — jiiníx». 





1^ 



I 



IDAPOROITI, m. — Árbol de tronco liso blanquizco, hoja 
a« nada c<^n una espina en el ápice y fruta parecida á la del 
¿^^7f7¿/17/^ pero más temprana, «ole irada cuando verde, ncí^ra 
< uando madura. — Fruto de este árbol. 
Del guar. ibaporoilí. 
Dicen también haporoi/i y ¡j^iiaporoiti. 

IBARC), ni. — Árbol que da un fruto en racimos de pulpa 
<;lutinosa, que, macerada, se convierte en espuma, y sirve 
I^Tra lavar la ropa, supliendo ])or el jabón. Sn funda ceas. 
Del guar. iháró. 

ÍBERA. — Gran lago uue hay en la provincia argentina de 
Corrientes, llamado vulgarmente ¡di^nna Ibera. Tiene próxi- 
mente ciento cincuenta leguas de circunferencia, y de ella 
y sus inmediaciones salen los ríos Santa Lucía, Corrien- 
tt\s y Bateles, que vierten en el Paraná, y el caudaloso Miriñay, 
(jue desemboca en el Uruguay. Kl Ibera es invadeable, por 
causa de los fangales, tjt/^tí^.v, bañados, albardoncs é isletas en 
(jue abunda. Esta ( ircunstancia ha dad(j lugar á diversas fábulas 
entre la gente (ampesina: quién dice que en el interior de la 
laguna hay islas habitadas p(^r indios; quién que las habitan 
gentes establecidas allí con algunos jesuitas que lograron sus- 
traerse ala expulsión; (juién cjue se sienten relinchos de caba- 
llos y toques de campanas. Loque hay de cierto es que allí se 
< ría á sus anchas la gigantcst a «ulebra llamada r////i7/. Asegu- 
ran que se traga un animal vai uno, dejando fuera la parte de 
las ífttatNpas; y cjue, después de triturarle los huesc>s enn^scada 
á un árbol, se mete en el agua, en donde anda un par de día.s 
«on la cabeza al aire, hasta que cae la de su víctima. Crlansc 
asimismo en esta laguna, por millares, los yarart's, algunos (los 
<!epecln) amarillo) sumamí*nte bravos y j>eligrosos. Dice tam- 



244 DANIEL GRANADA. 



bien la gente que las islas se mueven, y que, dando un grit» > en 
ciertos parajes, repercute con extraño ruido por entre los árbo- 
les y plantas, que se arquean y agitan, como si una ráfaga de 
viento las sacudiese. La imaginación del vulgo reviste de formas 
peregrinas á la naturaleza, de suyo maravillosa. 

IBIRAPITA, m. — Árbol de la familia de las leguminosas, de 
madera colorada á prop<'»sito para muebles y en especial para 
carretas y barccís. 

Del guar. ib'írá pita, madera colorada. 

IBIRARÓ, m.—Biraró. 



IBIYAU, m. — Ave nocturna, de un pie pn')ximamentc ilc 
longitud y de color pardo acanelado con mezcla de negro y 
oscuro, y de cuyo modo de gritar es imitativo su nombre. 

Del guar. ibiyaú. 

< Dicen, y creo, que (el ihiyaú) cría en el suelo, y que siem- 
pre se posa en tierra. > (Azara.) 

IGATIMI. — Departamento de la República del Paraguay. 

IGLESIA. — Departíimeto de la provincia argentina de San 
Juan. — Capital del mismo departamento. 

lOUANA, f. — Especie de lagarto, negruzco, de ojos redon- 
dos y del largo de una vara pn'»ximamente. Su carne es blanca 
y tierna. Pondera su buen gusto la gente del campo, que dice 
ser .superi(»r á la del ave. 

Del üTuar. tírimua. 

IGUAZU ó rio Grande fie Cnritibá. — Desemboca en el Pa- 
raná. Divide á la Confederación Argentina, por el norte, del 
Brasil. 

IMBIRA, m. — Árbol delgado, ó más propiamente arbusto,, 
de cuya corteza, muy consistente y flexible, sacan tiras para 
hacer ligamentos. 

Del tupí ímbir. 

En Colm. imbira del Brasil. 

INDAYE, m. — Especie de gavilán, de un pie próximamente 
de longitud, pardo, inofensivo, bobo. 

Del guar. indaye. 

':Asi le llaman algunos: (ít^^s, gavilaucito bobo.» (Azara.) 

INDEPF!NDENCIA. — Departamento de la provincia argén- 



VOCABULARIO RIOPLATENSB. 245 

tina de la Rioja. V. GATUNA DEL NORTE.— Villa cabe- 
cera del departamenU) de Río Negro de la R. O. del U. 
Fund. año. iS^^q. Se la conoce más generalmente por //v/r 
JSe/i/os. 

INDIADA, f. — Muchedumbre de indios. — Indios en ge- 
neral. 

< Estas campañas no podían mantener la numerosa indiada 
que se supone tenía cuando la conquista. -^ (Azara.) 

«Nuestra gente, necesitada de auxilios en un grado que pudo 
incomodar la indiada. (El virrey marqués de Loret<->, Mcm. 
á su .suc. en el mando.) 

«Estrechando (el cacique), en consecuencia de este hecho, á 
todos los demás indios, á que se apresurasen á hacer paces 
con los españoles, porque seguramente acabarían con toda la 
indiada, si en contra de ella tomaban las armas.; (I). Pedro 
Andrés García, Esped. á Salinas Grandes.) 

<:A la parte del naciente salióme una indiada de más de 
300 de toda chusma de naci«jn mataguaya. (Fr. Francisco 
Morillo, Viaj. al Bermejo, 1780, en Ang.) 



INDÍGENA, adj. — Origniario de un país, en oposición á 



exótico ó advenedizo. Api. á i)erN., U. t. c. s. > (La Acad.) 

D. Pedro Felipe Moláu enseña: indii^cna: como quien dice 
inde ^cnitns, in í^cniins, engendrado, nacido en el lugar que habi- 
ta ó del cual se trata. — Opuesto á indigcíia es advena, advene- 
dizo, venido de afuera. > Mas no por eso deja de aplicar también 
á eosas el adjetivo indígena de que habla, y así leemos en uno 
de sus discursos académicos: Peor que ese neologismo en los 
términos es el que invade las eonstnicciones, olvidando las 
cUisicíis indi:í>enas,:> etc. Abonan este uso otros sabios tihMogos 
é ilustres literatos. Ejemplos: 

<:Lope presentó á su j)aís aquella (literatura) cjue siendo 
pro¡)ia y exclusivamente del pueblo, como planta indígena y 
vigorosa estaba llena de vida,^ etc. (D. Agustín Duran.) 

«Copiaban (los franteses), más que á los griegos, á los 
romanos, cuya literatura no fué indígena. (D. Ant(»nio Alcalá 
Galiano.) 



246 DANIEL (iRANAl>A. 



Bien lejos de dudarse que el asunanle {i<. fruto itidigetia, de 
la Península, > etc. (D. Andrés Bello.) 

«En ocasiones, por amor á /o amcrimno indígena, me parece 
que se encumbra V. demasiado, > etc. ( D. Juan Valera.) 

• El uso de voces indigcnas ó peculiares de c:iertas comarcas,» 
etc. (D. Rufino José Cuervo.) 

INGA, m. — Árbol del género de las mimosas, parecido al 
timbóy pero menor que él; de madera algo más pesada que 
la de éste, semejante á la del nogal. Chúpase, y es agradable, 
el interior de la vaina del fruto. Tuga nrngnayensis JIook ct Am. 
en Gibert. 

INVERNADA, f. — Éptjca del engorde del ganado, la cual 
empieza en invierno. — Campo de buenos pastos, destinado 
especialmente al engorde de uorillos y vacas, llamado también 
potrero de im^ernada. 

También en Chile (Rodríguez) y cu las provincias meri- 
dionales del Brasil (Beaupairc-Rohán). 

«Su objeto es representar el abuso de las invenindas que se 
toman de cantidad considerable de muías, sin tener suficiente 
terreno para ello; de lo que resulta que labrador y criador 
buscan el fmto de su trabajo, y el iu-rcnuidor se lo quita.» 
(Antiguo cabild(j de Salta, Conf. Arg.) 

INVERNADOR, m. — El que tiene ganado de invernada. 
INVERNAR, n. y a. — Pastar el ganado en campo de vivera 
nada. — Tener ganado que pasta en campo de ///rvvv/^/í/íZ. 

INTERVAL(J), m. — La gente campesina pronuncia como se 
debe i)ronunciar esta palabra, esto es, con acento grave, en 
tanto que la gente ciudadana, que estudia prosodia, la hace 
comúnmente esdrújula. 

IRIBÚ, m. — Especie de buitre, de unos dos pies largos de 
longitud, el cueqx) negro y horizontal, la cabeza y cuello pe- 
lados y rugosos, el pico y uiías corvos, arisco, catingudo^ de 
vistíi perspicaz y fino olfato. Aliméntase particularmente de 
cadáveres y porquerías, siendo su plato j^redilecto el excre- 
mento humano. <Pasa la mayor parte del día, dice Azara, en 
los árboles y estacas, ati>bando si alguno se baja los calzones, 
n se tiran piltrafas, k) se mata alguna n.s. 



AOCABÜLARIO RIOPLATENSE. 247 

Llámanlc ( omúumentc cuenco. 

Del guar. ínbtí. 

<Cita (B()uff(')n) á Nicrcinberg, que trata del iribú, llamándo- 
le aura, gallinaza y gallinazo, y diciendo que le denominan 
zamuro en las costas de la América meridional, y sayuntá en 
el Perú.» (x\zara.) 

IRIBUACABIRAY, m. — Variedad del iribú, de color pardo 
oscuro, menos el de la cola y alas, que es en su mayor parte 
blanquizco, y cárdeno el de la cabeza. 

Del guar. iribú arahinii. Arabirai, \n>x el color de la cabeza. 

Conócesele por ambirav, usando de una sinécdoque. 

<Le llaman (los guaranís) iribú-ncabiray, y suprimiendo lo 
primero, ([ue (^s gencnil. ec|uivale á oibrza raspada ó lisa. 
(Azara.) 



IRIBURUBIC'H.V, ni. — Variedad del iribú, de color blanco 
de crema, menos el de la (\)\w y parte de las alas que es negro, 
con una jírominencia en la cabeza á modo de corona, muy 
arisco. Es muv iílot('»n. Cuando halla un animal muerto, se ahita 
hasta el punto de no poderse mover; pero aun en este estxido es 
inútil querer aprisionarlo, porque se defiende hasta morir hecho 
pedazos. 

Del guar. iribú ruhit luí, re\' de los iribúes. 

Comúnmente cuervo real, por su corona, hermo.sura y supe- 
rioridad entre los den\ás de su especie, que le temen por su 
fiereza. 

<Nierembergy Fernández llaman regina nurarum.> (Azara.) 

IRIBUTÍ, m. — Iriburubichá. 

Del guar. iribú íi, buitre blanc( ». 

Comúnmente rueño blaneo. 

IRUPK, m. — Especie de ninfea (pie se cría en las lagunas, 
bañados y esteros de Corrientes, Misiones, el Paraguay, ctc.^ 
de hoja ac(>razonada del largo de una vara más ó menos, cim 
borde, v flor blanco-rosada. Da una ba va feculenta, que comen 
asada. 

Del guar. irupi. 

IRUVA. -Departamento de la i)i«»vincia arg'.'iilina <!•; Salta. 
— Capital del mismo departamento. 



248 DANIEL GRANADA. 

ISCHILIN. — Departamento de la provincia argentina ele 
Córdoba, fronterizo á Catamarca. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

ISIPO, m. — Planta sarmentosa y trepadora, ó bejuco, de que 
hay mucha variedad en los montes. 

La rama de cierto isipó, partida en pedacitos y puesta en 
aguardiente ó caña durante algún tiempo, constituye, según 
general creencia, un eficaz contraveneno de la picadura de 
vibora. Propiedad de (jtro isipó es que, machacada la rama, forma 
una espuma blanca que embriaga, como si se tomase cou exceso 
una bebida espirituosa. Colm. cita varias especies de sipo del 
Brasil. 

Del guar. icipó. 

ISISTINÉ, adj. — Dicese del indio de una parcialidad ori- 
ginaria de la familia de los lulos, al sur del Chaco. U. t. c. s. — 
Perteneciente á dicha parcialidad. 

ISLA, f — Por traslación, conjunto de árboles, ó monte de 
corta extensión, aislado, que no está junto á rio ó arroyo. 
V. CAAPAÚ. 

IT APA, f — Balsa formada de canoas, y también jangada. 

Del guar. itapá, 

ITATL — Departamento de la provincia argentina de Co- 
rrientes. — Capital del mismo departamento. 

ITUZAINGO. — Departamento de la provincia argentina 
de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

IZAPL m. — Árbol de Misiones, que en la estación de los 
calóles despide de sus hojas un abundante y suavísimo rocío, 
que humedece y refresca el suelo en que arraiga. 

Del guar. Yrap)'. 






J 



JACHAL. — Dci)artament<) de la pn»viiKÍa argentina de 
San Juan. — Capital del mismo departamento. 

JAGÜEL, m. — Balsa, ])oz(» ó zanja provistos de agua, ya 
íjrtificialmcntc, ya j^or filtraciones naturales del terreno deci- 
de se hallan construidos para cjue sirvan de abrevaderos /» 
para cualquier otro aprovechamiento. 

Voz originaria del Perú probablemente. Ja^fiicy se decía. 
Asi aun hoy en el Perú, según D. Ricardo Palma, y creemos 
que en las provincias arribeñas del norte (argentinas). 

<En los caminos traverseros á cinco leínias hav .w^'vVí ir.v 
hechos á mano.> {Rcls. }icoiir. de Inds., Tuatmáti.) 

'Los lules están riberas deste río, y algunos tonocotees, y 
l<»s (»tros la tierra adentro qw .\n;^ik\cs y ai^tiatítis que ellos 
hacen. (Rcls. gcoí^r. de Inds., Tuntmáii.) 

< Todos beben de pozos, ó (U- aguas rebalsadas, (jue llaman 
jai^iicis. (Agustín de Zarate.) 

Poza hecha artificialmente en el ( .':mpo para c( ger el agua 
llovediza.' (Alcedo: xai^iin.) 

La mayor (de las (añadas) ímía algunos /77¿,v>V'ú ó poz<»s, 
hechos c(»n motivo de la e.\trat>nlinaria seca del año pr«'».xiin<» 
])asado. (Azara, Rec. de ¡u fmnl. de Hítenos Aires.) 

<En las tierras de Santiago es i;eneralmete buena (el agua): 
V en los parajes interiores donde el ganado no ])uede llegar á 
las riberas, se le pro])orciona e.ste recur>o por medio de /^^vVV/'v. 
<jue son dep<')SÍtos de agua tirada á balde de lo> pozos. (D. 
Tose Arenales, El CJiaen r ¡io Benjiej:).) 

Seirún se habrá advertido, ^v^ sl»1o se ha modi(irad«> la 
estructura del vocablo, ganando en sou^ridad. sino (jue tiene 



250 DANIEL GRANADA. 



el día (le hoy una significacíim más lata que en los tiempos de 
Azara y en los más pn')xinn^s de Arenales, ampliaci<)n de 
significado l/)gica y oportuna. 

Paz-Soldán trae jas^^r/av n jai^^/frv: aguada en el desierto, esto 
es, en la arenosa y despoblada costa del Perú.> ^'Sucstro jtigií^y 
no parece tener origen tan puro como un rio, y entendemos 
que es simple rezumadero del agua del mar cercano.-> (El mismo.) 

<JAGUEY, m. — Per, Balsa grande en (jue se recoge el agua.^ 
(La Acad.) 

JAGÜEY, m.—/a<ríiel. 

JAGUAR, m.— Tigre. 

JAJÁ, m. — Chajá. 

JANGADA, f. — Armazón de troncos para transportar made- 
ras río abajo. Llámanla también caire, en especial cuando viene 
trabada con otras, á cuyo conjunto dan el n(3mbre de balsa; y 
así se dice: catre de balsa. V. BALSA. 

Fórmase la armazón con maderos notables (ordinariamente 
de laurel), y soporta cada catre, término medio, un peso su- 
mergible de cinco mil arrobas. 

JANGADA. Lo mismo que /Wj.77.> (L'lloa y Juan.) 
Por él (el Jcjiíy) bajan de esta villa (Curuguatí) ¡aifíradas de 
madera > etc. (Molas, Dcscrip. etc. del Paraí^.) 

JARILLA, f. — Árbol de la familia de las terebentináceas, 
que se cría en las provin( ias argentinas arribeñas, muy resinoso. 
Echa desde el sucio un conjunto de troncos delgados que 
arriba se diversifican en muchedumbre de ramas frondosas. 

iMrrea divarirala y zuera¡:^i¡in ¡junetata. Kn Cohn. otras espe- 
cies. 

JARILLAL, m. — Terreno poblado de ja} illa. 

JAZMÍN DEL PARAGUAY — Arbusto frondoso, que da 
una flor morada muy fragante. Empieza á engalanarse de flores 
en invienn^, y la primavera lo sorprende cubierto de ellas, cuyo 
primitivo c(jlor va sucesivamente cambiando por el de la lila 
y la azucena, el último de los cuales indica ya su pr(')ximo 
desfallecimiento. Dase la planta en todo el Rio de la Plata; 
pero á medida que se acerca á las zonas menos suaves, ofrece 
más y más desmerecidas su hermosura v lozanía. 



VOCABULARIO RIOPLATENbE. 251 

Lleva también el numbní dv azturtta del hosquc. <Lo que 
en el Paragua}* llaman azucena M bostjuc es árbol común, de 
talla mediana, muy verde y cojiudo. Se ( ubre totalmente de 
flores, que aunque de cuatro s»)los pétalos hacen bella vista 
largo tiempo por su muchedumbre y hermoso color morado, 
el cual degenera en blanco ck)w el sol y los dias.» (Azara.) 

JEFATURA, f. — Dignidad, condición ó empleo de jefe: 
dirección superior. 

< Es cosa notable cjuc el Diccionario de la Academia en 
ninguna de sus ediciones haya traído esta voz, que es un deri- 
vado natural y muy usado ÚQJe/e, así coino /)/r/ee///ra lo es de 
prefecto,^ dice D. Baldomcro Rivodi'». 

JEJÉN, m. — Insecto jK^queño, menor que el mosquito, pardo, 
rechoncho, que chujxi la sangre, y < uva jMcadura es irritante 
por extremo. 

«Mosquitos hay muchos, é tantos en algunas temporadas que 
dan fatiga, en especial en unos tiempos más que en otros, é no 
con todos vientos; mas en el cam])( » en algunas partes hay tantos 
que no se pueden comj^ortar, y los peores de todos son unos me- 
nudísimos ([ue llaman .v/.\r//es, que es (;ierto que passan la cal(;a 
algunos dellos, e pican much«>. > (^Oviedo.) 

«Yo y toda la gente parecemos lazarinos: todos estamos 
hinchados íle la plaga de jj^cí^rz/cs que cay<') s(.)bre nosotros. > (Vi- 
llarinc >, I^er. de/ r. AV^/*. de Pa/a^^j 

El gegén, según D. Antonio de Alcedo fD/c. íreoí^.-ftis/. de /as 
Jnd. Occ.), es comunísimo en toda la -\mérica y con especialidad 
en los países cálidos y en los r'i(»s. 

JERGA, f. — Pieza de lana <'» íle algod(')n, perteneciente á 
la montura llamada terado. Véase BAJERA y CARONA. La 
jeigaeiiire caronas es mayor ciue la bajera. 

Lo mismo en el Perú, según D. Ricardo Palma. 

JIMÉNEZ. — Departamcntí» de la provincia argentina de 
Santiago. — Caj)ital del mismo departamento. 

J(^SEFINC), na. adj. -Natural de la ciudad ó del dej)arta- 



mentó de San ]<^sv (R. ( >. d>:\ l'.K V. t. c. s. — Perteneciente 
á una ú otro. 



252 DANIBL GRANADA. 



JUJEÑO, na, adj. — Natural de la ciudad ó de la provincia 
de Jujúy. U. t. c. s. — Perteneciente á una ú otra. 

JUJUY. — Capital de la provincia argentina del mismo nom- 
bre. 24" 10' 59" de lat. aust. Fund. año 1592 por el gober- 
nador Juan Ramírez de Velazco. 

JUJUYENO, na, 7iá].—Jt,jcrw. 




L 



LA CRUZ. — Departamento ilo la provincia argentina de 
•^Corrientes. — Capital del mismo departamento. V. CALAMU- 
•CHÍTA. 

LADINO, un y adj. — Díccse del indio que habla corriente- 
mente la lengua ca.stellana. — Decíase del indio hecho á los 
ritos y costumbres de los españoles. — Usase por astuto, sagaz, 
taimado, picaro. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

hidiiio, en rigor, vale lo mismo cjue latino, dice Covarrubias, 
muchida la t tenue en d media. El acento de los naturales del 
Plata y j)aíses regados por el Uruguay, Paraná y Paraguay, es 
dulce y melodioso, y extremadamente suave su modo de arti- 
cular. A quien más se asemejan, entre todas las provincias de 
España, es á l<^s andaluces; pero es inexplicable, y nada hay á 
(|uc se iguale, la música especial de su jxilabra, mezc la di; gra- 
cia y melancolía. Esto hay que verlo y apreciarlo allí d«mde se 
conserva aún con total ó mayor pureza el elemento realmente 
(ri(>llo ('» indígena; no en poblaciones que, (omo Buenos Aires 
y Montevideo, han modificado no poco su condici«'m y lenguaje 
nativos. A formar el acento han cimtribuido l(»s aborígenes con 
el suyo, en general grave y sombrío, tal vez blando y melo- 
dioso: ¿qué hay comparable en este punto al hechizo que causa 
el guaraní? En cuanto al mod<í de articular, liase conservado 
notoriamente la tradición ibérica, manifestando á las claras el 
mecanismo peculiar del elemento godo-hispano modificado 
principalmente por el árabe y la consiguiente propensión á 
hermanar unos con otros los diversos stmidos. Allí, lejos de los 
centros de cultura social, quedan todavía vestigios de las causa.s 
generadoras del lenguaje castellano actual. Así la d, algunas 
veces, tira manifiestamente a /, y vicc-vcrsa; de manera que 



251 



DANIEL GRANADA. 



en cierta (x^asií'ni nos costaba entender si la persona con quien 
hablábamos nos quería decir ladino ó latino, y aún ella misma 
acaso no se daba cuenta de esta diferencia. Suelen aspirar la 
^, á veces con bastante intensidad, otras asemejándola á la^M')y. 
y frecuentemente aspiran también las simples vocales. La arti- 
culación de la / es suave, como buscando la r consonante, ó la 
// aspirada, n bien la antigua .v equivalente á c//, y á la inver- 
sa; por lo que no ha de extrañar que, en España y América, 
de caxa, .xahón, Qni.xotc se haya fonnado caja, jabón, Quijo- 
te. La V se confunde con la h, ó más bien no se percibe. Lo 
mismo sucede con la z, que quiere ser siemj)re s; mas no la 
actual j española, sino C(m un cierto dejo de c, que tal vez 
sea la antigua cedilla. La rr muy floja. 

La gente inculta de España, prosigue Covarrubias, apren- 
dió imperfectamente la lengua romana, y á los que la cul- 
tivaban y poseían con perfecci('>n, los llamaban ladinos. Estos 
eran tenidos por discretos y lu)mbres de mucha razón y 
cuenta; de donde resultó dar igualmente el nombre áe ladi- 
nos á los que son diestros y perspicaces. Al morisco y al ex- 
tranjero (dice textualmente) que aprendió nuestra lengua con 
tatito cuidado (jue apenas le diferenciamos de nosotros, también 
le llamamos ladino. Infiérese de aquí que, pasado el periodo 
incipiente del romance, calificóse de ladinos á los árabes que 
llegaron á expresarse con facilidad en aistellano, así como 
á los moriscos que, aunque españoles, continuaron habland( > 
la lengua de sus progenit» »res. Lo mismo se verificó respec- 
to de los extranjerías. De quien se decia ladino, queríase 
significar, por tanto, que estaba muy versado en la lengua 
romance de España. Así como en España de los árabes y 
moriscos, se dijo, y se dice, en America ladinos de los in- 
dios, silvestres ó reducidos, (jue hablaron, ó que hablan, 
fácilmente el castellano. 

Indio muy ladino, que halda ha el castellano tan bien como nosotros. 
dice el P. Policarpo Dufo en la relación de la entrada que sr 
hizo el año de lyij al castigo de los infieles. 

"Para remediar en ])artc eslc inconveniente, hicieron h.»s 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 255 

jesuítas que los indios ladinos iiprendiesen algunas pláticas. > 
(Azara.) 

<Diles á entender por dos ladinos que tenían, la ce- 
guedad en que vivían.> (Fr. Francisco Murillo, Viaj. al Ber- 
mejo.) 

«Hablaban con enojo en su lengua; y al cabo de un buen 
rato, dijo el ladino: saca, padre, mucho tabaco, bizcochos y cu- 
e/iillos..^ (El mismo.) 

Habiéndose presentado en la ciudad de Montevideo algu- 
nos caciques de la generación minuana á tratar de la paz con 
que se les convidaba, les hizo saber el Cabildo, por medio de 
una india ladina, que se publicaría bando para que nadie los 
molestase. Ladina en tincstro idioma, reza pleonásticamente el 
acta capitular de lo de marzo de 1763. 

'Paramos, dice D. Antonio de Pasos (Z?/Vzr. de la nav.y rec. del 
Parag. 1 790), y les habló el indio lenguaraz Toribio, del pueblo de 
Belén, en lengua mbayá... Luego que hubieron llegado, se les re- 
galó y conocimos ser uno muy ladino, guana de nación y criado 
desde chico por una sonora de la Asunción. 

En el sentido, no s<Mo de versado en la lengua castellana, sino 
también en los rit(^s y costumbres de los españoles, traen lo 
siguiente las Ordenanzas para el mejor gobicrnr» del cabildo 
de Buenos Aires, aprobadas por Carlos U á 31 de diciembre 
de 1695: 'para (jue los naturales de esta ciudad, como los 
demás indios forasteros, tengan la reverencia que deben (en 
la fiesta del Santísimo Sacramento,). . . . ordenamos. . . .que 
se encargue á uno de los alcaldes ordinarios que haga lista de 
todos los indios quesean ladinos, ... y conforme las naciones 
que hubiere los reparta, y haga danzas y representaciones) etc. 
Todos aquellos indios que .se han criado en las ciudades 
y p(^bIaciones grandes, ejercitados en los oficios mecánicos, 
y hablan la lengua castellana, son mucho más advertidos 
que los que habitan en pueblos cortos, y sus costumbres 
menos parecidas á las de la gentilidad: son expertos, capa- 
ces y no tan poseídos de errores; niz<')n porque se les da el 
nombre de ladinos.) (Ulloa y Juan.) 

i.ADiNí^ na. adj. ant. Aplicábase al romance ó castellano 



25G 



DANIEL ORANADA. 



antiguo. — Que habla con facilidad alguna ó algunas lenguas 
además de la propia. — Fig. Astuto, sagíiz, taimado. • (La 
Acad.) • 

LAPACHO, m. — Árbol colosal de fuerte é incorruptible ma- 
dera. Da una tintura amarilla. Por primavera se engalana con 
una ñor morada pálida, cuya delicadeza contrasta con la áspera 
robustez de su tronct) y ramaje y con la tosquedad de su nom- 
bre. Su madera es á propcjsito para obras de construcción y 
de ebanistería. Bignoniáceas. 

LA PAZ. — Departamento de la provincia argentina de 
Entre Ríos, junto al rio Paraná y fronteriza de Corrientes. — 
Capital del mismo departamento. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Mendoza. — Capital del mismo departa- 
mento. 

LAPICERA, f. — Instrumento en que se pone el lápiz ó la 
pluma para servirse de ellos. 

La Acad. s<'>lo trae lapicero c(jmo instrumento en que se pone 
r/ lápiz para sentirse de el. — También en Chile para la pluma 
(Rodríguez). 

LA PLATA. — Capital de la provincia de Buenos Aires. — 
34" 54' lat. aust. 

LAQUE, m. — Entre los ])ampas, boleadoras compuestas de 
d(»s ó de tres bolas. 

Uvjuc es vr)z araucana, <y probablemente de origen pata- 
gónico (Rodríguez^ 

< Las armas que tienen los peguenches son lanza.s, laques y 
un machct(')n, k^ catana, que asi llaman; pero de ningún mod(» 
esi)adas ni sal>lcs, que no las apetecen ni saben usar. También 
gastan honda, y (juinchunlaque, que es una piedra sola afor- 
rada en piel y jicndionte de una cuerda, á distinci<'>n de los 
laques, (jue son tres piedras /> dos unidas. (D. Luis de la 
Cruz.) 

LA RIOJA. — Capital de la provincia argentina del mism»» 
nombre. 29'* 18' 13" lat. aust. — Fund. en i,5()i. 

LAS HERAS. — Departamento de la provincia argentina 
de Mendoza. 

LAUCHA, r — Ratí'ui pequeño muy común, campestre y 



VOCABULABIO RIOPLATKNSE. 257 

cíiscrr». Azara dice que es diferente del ratoncito eoniún de 
Esfuiuay ntftujne le representa, y lo tiene por mds bobo y me- 
nos Ulcero. — (rato 7'iejo, laneha tierna, cxpr. proverb. fip:., cuyo 
sentido penetrará fácilmente un sátiro. 

Del arauc. laueha, llaueha. 

Lo i')roj)io en Chile (Rodríguez). 

LA\'ALLE. — Departamentíj de la provincia argentina de 
Corrientes.— V. SANTA LUCÍA. 

LAVATORIO, m. — Mueble que contiene los útiles, y del 
cual un(^ se sirve, jxira lavarse y peinarse. — Pieza de la casa, 
destinada al aseo y coinp(.>stura de la persona y en la cual se 
halla el mueble del mismo nombre. 

LAZ(!), m. — Trenza formada de tientos de cuero vacuno, 
regulannente de tres ramales, de diez á quince brazas de largor 
con una argolla de hierro óxle bronce en uno de sus extremo> 
para firmar lazo corredizo y enlazar animales. Kl otro extrem*» 
lo aseguran en el reeado del caballo (jue monta el enlazador, 
particularmente si se trata de aprehender un ton» ó novillo, á 
fin de que, una vez enlazado, lo sujete la caballería, perfecta- 
mente adiestrada al intento. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

' Hácensc estos A/r^í.9 de cuero de vaca etc. (Juan y Cllou.) 

Arroja el laio 

Sobre la res. 

(D. Andrés Bello.) 

LEALES. — Departamento de la provincia argentina de Ti> 
rumán. — Ca])ital del mismo departamento. 

LECTIIGUANA, f. — Es])ecie de la familia de las avispas.— 
l^anal de la lechiguana. 



LECIIUZ(.)X, m. — Lee huza grande . 

LEDPIS^LV. — Capital del departamento del mi>mon«»mbrc 
de la provincia argentina dejujiiy. 

LE(}UA AROENTINA. — Tiene cuarenta < uadras (argenti- 
nas), equivalentes á cinco mil ciento noventa y seis metros. 

LEGUA BRASILEÑA. — Tiene seis mil ciento setentíi v 
dov. metros, ochenta v tres centímetros. 

m 



258 DANIEL GRANADA. 



LEGUA ORIENTAL. — Tiene sesenta cuadras (orientales), 
equivalentes á cinco mil ciento cincuenta y cuatro metros. 

LENGUA, m. — Dicese del indio cuya parcialidad, de las 
más feroces, vivía en el Chaco, próxima á los guaycurúes, con 
los cuales han solido confundirla. U. t. c. s. — Perteneciente á 
dicha parcialidad. 

LEÑATERO, m.— Leñador. 

Observa D. R. J. Cuervo que Juan de Timoneda usa promis- 
cuamente leñador y leñatero; pero agrega que es voz vulgar etc. 
En el Rio de la Plata rara vez, si alguna, se oye decir leñador. 

LICORERA, f. — Utensilio de mesa donde se acomodan las 
botellitas de licor. 

Lo mismo en Bogotá: frasquera (Cuervo), y en Chile (Ro- 
dríguez). 

LINTERNA, L—Alúa 6 tuco. 

LOGRO, m. — Vianda de maíz cocido, aderezada con 
varios condimentos. 

Del quich. locro. 

Lacro significaba en Quito antiguamente una vianda par- 
ticular hecha de papas. 

«Además de ponerlas en todos Iss guisados, hacen uno 
particular que llaman locro.T> (D. Antonio de Ulloa, Viaj. á la 
Ame'r. mcríd.) Es probable que hoy signifique la misma cosa 
allí, que es la tierra de la patata, y en otras partes de América, 
y que, á favor de esa circunstancia, lo haya definido la Aca- 
demia: «vianda americana compuesta de patatas partidas y 
cocidas, carne, queso y chicharrones ú otro comestible.» Pero no 
es así en el Río de la Plata, como queda establecido, ni tampoco 
en Chile, donde llaman locro á un guisado de trigo triturado y 
carne cocida, y locro falso á otro en que entran el zapa» 
lio, los porotos tiernos, la papa, el maíz y el huevo, según 
D. Zorobabel Rodríguez. Esto no quiere decir que en 
el Ecuador, en Chile ó en el Río de la Plata se aplique 
erradamente un mismo nombre á cosas diferentes; porque 
locío ha sido siempre un guisado en que entra un manjar 
cocido y varios condimentos. «Y á medio dia traen tres- 
cientos conejos, los cuales secan los indios al sol y los 



VOCABULARIO RIOPLATENSI!. 25í> 

echan en sus guisados cocidos, que llaman loi^ro, con mucho 
ají.v (El licenciado Salazar de Villasantc, Pcrúy Rd. i^cogr. de 
Iitd. publ. por D. M. Jim.de la Esp.) En otro pasaje el mismo 
autor, en vez de logro, lacro. Se expresa asi: ^No hay liebre ni 
conejo, si ni) es en la tierra unos animalejos que en tod(» 
parecen liebres y tan grandes como ellas, que se llaman 
biscachany salvo que tiene cola como raposa, y éstas comen 
los indios y hacen un potaje dellas secas, que llaman en sti 
lengua locro, con ají, que es la pimienta, que llamamos, de las 
Indias.;. (Ib., Peni en gen.) Como el loero (guisote pertene- 
ciente al '^¿'nero olla fiodnWii del arte culinario) es comida del 
pueblo, ha debido suceder (jue, siendo uno de los mante- 
nimientos aborígenes más abundantes del Ecuador \^ papa, de 
Chile el zapallo, y del Río de la Piala el maíz, die.sen sus 
naturales aquel nombre específico re.spectivamente al guisote 
de papas, de zapallo y de viaiz. Sería, por consiguiente, á nues- 
tro (.ntcnder, legítima definición del locro la que se conci- 
biese en estos términos: lianda americana, que consiste en un 
7nanjar cocido v aderezado con 7 'arios condimentos. 

Lo propio que de la papa, el zapallo, el maíz, decimos del 
trigo, aunque im|>ortado en América por los españoles. 
Cultívase de muy antiguo en Chile, que lo produce en abun- 
dancia. I)el)i('», pues, llamarse allí, en especial locro al de trigo, 
si bien más castizo el de zapallo, papas, porotos, maíz, á quien 
desfiguran los chilenos calificándolo de falso. 

< El 7nai: para mazamorra y locro.- (D. Isidoro De-María, 
Aíont. a//t.) 

L()MAS — Departamento de la provincia argentina de Cd- 
rríentos.— V. SANTA ANA. 

L()MILLERIA, f — Taller de arreos para caballos y de 
aperos ('» enseres para el jinete trabajor del campo. Hacen en 
i^ lomillos (de donde le viene el nombre), caronas, riendas, 
lazos, re/fcnt/nes, v\.c. — Tienda donde se venden esos objetos, 
que regulannente es en el mismo taller. 

LOMILLERO, m.— El que se ocupa en obras de lomillería, 
— El que está encargado de un taller ó tienda de lomillería. 

Lf)MILL(.), m. — Pieza del recado, que ci»nsiste en dos es- 



260 DANIEL GRANADA. 



pecios de almohadas rellenas de junco ó de totora, llamadas 
dasfos, y sujetas \)ox una lonja de suela. Col<')case sobre la ca- 
rona. Llevando armaz(')n de madera y los bastos rellenos de 
aserrín ó de lana, llámase sirígoie. 

LONJA, f. — Cuero descamado y sin pelo. 

LONJEAR, a. — Hacer lonjas, descamando un cuero y ras- 
[)iindolecl pelí^ sin levantar la piel, como quien afeita. 

LORETO. — Departamento de la provincia argentina de 
Santiago. — Capital del mismo departamento. 

LORO BARRANQUERO.— Loro que habita y tiene su nido 
t-n las barrancas á pique de los ríos más caudalosos. 

LUJAN. — Departímicnto de la provincia argentina de Men- 
doza. — Capital del mismo departamento. 

LULE, adj. — D'icesc del indio de una generación cstíiblecida 
al sur del Chaco, en las inmediaciones del río Bermejo, divi- 
dida en varias parcialidades. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha 
generación. — Lule ó I ule, m. Su idioma. 

LUNAREJO, yV/, adj. — Aplicase al animal que se distingue 
por uno ó más lunares en el pelo. Ü. t. c. s. 

L'> propio en la provincia brasileña de Río Grande del Sur; 
tomado del Río de la Plata (Beaurepaire-Rohán). 



019 

6Td 



LL 



LLAPA, r. — Donativo de corla entidad que el mercader 
hace al marchante en el acto de despachar la compra. — Par- 
te reforzada del lazo, hacia la punta, que es la que más 
trabaja y se desgasta con el roce de la argolla, v por don- 
de se arma aquél al tiempo de lanzarlo. E^ una añadidura del 
lazo, (|ue se renueva cuando ( onviene. 

Con resi)ecto á la primera acepción de la voz registrada» 
dijimos en la i."' ed. de e^te libro: debe de ser una apliai- 
ción vulgar del término minero llal)a, y es probable que haya 
nacido, y (orra, en ^íéjico, Perú y Chile, países del oro y de 
la plata. Confirmamos ahora esta inferencia, á vista délas indi- 
caciones que hallamos sobre el particular en las obras de Cuer- 
y Solar, anteriores á la nuestra. La i:^ acep. es claro (]ue tiene 
idéntico origen. 

Del cjuich. yapa na, según Cuervo. 

Dicen indistintamente llaf)a, yapa y (vulgarisimamcnle) ña/ta. 

Quizás suceda lo mismo en toda la América, bien c[ue en 
algunas partes predomina, (') es exclusivo (como en Bogotá 
ñapa, según Cuervo), el uso de una de dichas formas. 

Una cliiuita en una i)ulpería: Media libra de yerba y un:i 
cuarta de azúcar .... Ahora déme la ¡lapa:> El puli)ero, dán- 
dole tres (W:uatro maníes: <Tomá \-^napa. Una <Nmii)anera de 
la c<>mi)radora: >;qué vapa te dio, che?-; 

A (juién más corre ap»)st«') 
Tres bes(js Juan con Síjfia. 
Acjuél la apuesta ganó; 
Mas l-'S be>os que perdi*') 
Rila, pagar no quería. 



262 DANIEL GRANADA. 



r 

El, por fuerza, finalmente 
El primer beso le atrapa; 
Mas el segundo y siguiente 
Los pagó ella muy corriente, 
Y encima .... le dio la llapa. 

(D. F. Acuna de Figueroa.) 

Uapa y, la más común, )Y7/>r7, son fonnas igualmente admi- 
sibles; pero Ñapa (con perdón de los cultos bogotanos) es into- 
lerable. 

Vapa (Rodríguez). Uapa (Palma, Solar). 



OAQ 



M 



MACA, ni. — Ave acuática, en general panla, in<'apaz ilc volar 
sint)áíl()r de agua, ayudándose con las "patas envueltas en el 
abdomen. Así como es rastrero su vuelo en el agua, de la 
propia manera es tardo su andar, cuando sale á la orilla del 
rio, de que nunca se aleja y por donde anida. Apoyada en la 
cola, si cola puede llamarse un hacen illo de plumas, da uno 
y otro paso, ci^no \\\\ inválido ( on su bast<')n, trabajosa y 
lentamente; por lo que, si se la sorprende en la (Xísta, es {{\v\\ 
agarrarla. Hállase en los ríos Uruguay, Paraná y Paraguay. 

^Sólo he tenido dos (macas) idénticos vivo.^: y IiübiéndMlos 
soltado en mi cuartí), manifestaron mm ha actividad v\\ la 
cabeza y cuello, porque lo demás estaba (omo tullido en tierra. 
Siempre estuvieron echados como ranas, ( on k»s tarsos vueltos 
afuera. ^ (Azara.) 

Del guar. uuuanii, (sprcic de pato que trac sus polliios, aia.ilo son 
tiernos, cu sus cs/uildas, dice Ruiz de Montoya. 



MACAíil'A, m.— Ave de rapiña, de un j)ie y medi'» de 
longitud, alicionada á las víboras, á (juienes embiste para 
devorarlas, y, en sintiéndose herida durante la lucha, (onie 
de una hierba, (juc, según Ruiz de Montoya, le sirve de con- 
traveneno. Así \ii llaman, porque eanta con claridad su nom- 
bre. > (Azara.)- Hierba de pnípiedades medicinales, (*n especial 
contra el veneno de la víbora. 

Del guar. i/nnd^^ini, ave y hierba antedichas. 

^lAC'AX.V, f — Arma ofensiva ile los indios, á manera dr 
garrote variamente dispuesto para hacer más destructores los 
efect<.)s de su golpe.- (¡arn)te corto, con manija.— Cabo del 
arreador, < uando ("s muy grueso. - Palo grueso y corto, de que 
usan los earrcros para harer cejar l(js bueyes, dándoles en las 
guampas. 



264 DANIEL GRANADA. 



^ (Del mej. macnahuitl, espada de madera; de maytl, mano, y 
qiiaiiitl, madero.) Arma ofensiva de que tisahan los indios.v 
(La Acad.) 

D. Justo Zaragoza (nota en el Tral. del dcscnhr, de las Lid. 
por Joan Suarez de Peralta) define la macana: <cgarrote grueso 
de madera, usado en las Antillas y en ambas Américas,v 
agregando: en realidad no era espada, como algunos han 
creído, pues á ésta la nombraban en mejicano Tcpuzmac<]uauitL> 
Esta distinción resulta, con efecto, del relato de Peralta, que 
es así: *■ Las armas (de los indios) eran Hechas y porras, y 
macanas y espadas de palo metidos pedernales por filo para 
([ue cortasen. ^^ Pero, ya en tiempos del historiador mejicanc», 
la porra y espada de palo, así como otros instrumentos 
análogos de percusión que usaban los indios de América y 
del archipiélago asiático, eran, en boca de los españoles, 
macana. Los historiadores, cuando querían (no siempre) pre- 
cisar la clase de macana á que hacían referencia, le daban un 
nombre particular correspondiente á las armas de igual ó 
l)arecida forma que se conocían en España: clava, porra, 
garrote, espada de palo, etc. No hay sino ver las Decadas de 
Herrera, en donde se notará que es macana el asta, la 
( achiporra, el hacha, la espada de palo, la clava y otras annas 
semejantes. Así, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que había 
peregrinado largamente entre los indios del norte de Méjico, 
dio el nombre de macana á las espadas de palo que usaba 
( ierta pan ialidad de guaraníes del Paraguay. < Y un indio, 
dice (Com, del Rio de la Plata), el que es tenido por más 
valiente entre ellos, toma ima espada de palo en las manc>s, 
cjue la llaman los indios macana. ^^ Otras parcialidades guara- 
níes, además de la espada de palo, 'íbirá fjm'ce\ tenían el garro- 
te, 'ibíní, la cachip(.)rra, íh'mí racltní^agná, y la clava adornada 
de plumas, '/'d/rá af^nfá. La macana de los araucanos, lonco 
(/nilltjnill, era proporcionada á su proverbial fortaleza. Por 
último, unas tenían aguzada y tostada la punta, otras peder- 
nales embutidos en la parte afilada. Todas estas armas, repe- 
timos, quedaban comprendidas, por punto general, en el 
concepto de macana, cuyo términ«» pas«'» desde Méjico, cu 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 265 



boca de los españoles, hasta el estrecho de Magallanes ó 
islas Filipinas. 

MACANAZO, m. — Golpe dado con la macana. — Golpe, 
dado con el cabo del arreador. — Garrotazo. — En sent. fig., 
acción <') resolución brusca y desarreglada. 

MACETA, adj. — Dicese del caballo ó yegua que tiene 
nudos en las rodillas y pies. 

Lo propio en la prov. bras. de R. G. del S. (Beaurepaire- 
Rohán). 

MACIEGA, f. — Hierba compuesta de hojas semejantes á la 
de la espadaña (') totora, pero much(3 menos alta y más re(*ia. 

MACIEGA L, m. — Terreno lleno de maciega. 



MACHI, m. — Curandero mágico de los pampas. 
Del arauc. ftiachi. 

MADRINA, f. — Yegua de la tropilla; maneada, es el seguro 
y descanso del dueño ó conductor de los caballos que la for- 
man.— V. TROPILLA. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú (Palma). 
Cuando quieren que no se disperse una tropilla como de 
<'incuenta caballos, j)onen entre ellos una yegua, llamándola 
madrina..^ (Azara.) 

Tienen manadas de á trece v catorce caballos, con una ve- 
gua que llaman madrina, de que jamás se apartan. ^ (Pístala, 
(^arta sobre el Taciimáti, Viaj. unir'.) 



MAGALLANICO, ca, adj. — Perteneciente al estrecho de 
de Magallanes. — Perteneciente á las tierras que están al norte 
del Estrecho, ó sea la Patagonia. 

Por el sur tiene (Tucumán) las pampas de la tierra ma^^a^ 
llánica.> (Ulloa.) 

l^ox el sur, desde el cabo Blanco, prolongaba (la provincia 
del Paraguay) sus términos hasta el Estrecho, dominando con 
los títul<.)S de derecho, y n») con efectiva ctmquista, la provin- 
1 ia ma<fallánica ó de los />atai^oiiQs, hasta los contornos de Chi- 
le. > (El P. Guevara.) 

Concerniente al estrecho de Magallanes.^ (La Acad.) 
IVL\JAD.\, f. — Manada •'» hato de ganado lanar. 



266 DANIEL GRANADA. 



-Estos perros (los oírjcros) echan la viajada del corral por 
la mañana,» etc. (Azara.) 

MALACARA, adj. — Dicese del caballo ó yegua que tiene 



una lista blanca en la cabeza desde la frente al hocico. U. t. c. s. 

Lo propio en la prov. brasil, de Río Grande del Sur (Beau- 
rei>aire-Rohán), tomado de sus vecinos los rioplatenses. 

MALDONADO. — Ciudad cabecera del departamento del 
mismo nombre de la Rep. O. del Urug. Fund. en 1763. 

MALEZAL, m. — Espacien de tierra p')bladn de maleza, ó 
hierbas inútiles, peijudiciaks /> bravas, com«> el abrojo y el 
caraf^uatá. 

MALOCA, f. — Invasión ejecutada con pillaje y exterminio. — 
Antiguamente (siglos decimosexto y decimoséptimo), incursión 
en tierras de indios, arrebatando á éstos y reduciéndolos á 
cautiverio, como lo ejecutaban los crueles mamelucos, ó mora- 
dores de San Pablo del Brasil, quienes extendieron sus dev;ista- 
doras correrías á las reducciones guaraníes que los jesuitíis 
tenían á cargo en la j^rovincia de Guaira, asoladas totalmente 
á sangre y fuego, y cuyos restos, capitaneados por el j)adre 
Antonio Ruiz de Montoya, bajaron á establecerse entre el Pa- 
raná y Uruguay, al sur del Iguazú, donde se hallaban al tiempo 
déla terrible expulsión decretada por Carlos II L 

Del arauc. malocáu. 

vEl gobierno j:)ortugués siguió las máximas contrarias á las de 
Alfaro, pues sobre incitar por todos los medios á los particulares, 
les daba auxilios, armas y municiones, y les permitía vender 
por esclavos perpetuos á los indios que pillaban en sus vuclocas 
ó incursiones.» (Azara.) 



MALÓN, m. — Acometida ejecutada i)or indios salvajes. — 
Acometimiento aleve, sorpresa. 

Del arauc. y pampa malón. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

íEste pas(^ tiene el nombre de A //rases, porque^ fue hecho 
por los infieles, por el que pasaban á -sus malocas, malones^ 
como ellos llaman, v (D. Esteban Hernández, Jí.v/>. del Diamante 
al rio Quiíito.) 

MALOQUEAR, a. — Ejecutar dei)redaciuncs, invadiendo 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 267 

tierras extrañas. — Antiguamente, cautivar indios, haciendo al 
efecto incursiones en sus tierras, como lo ejecutaban los 
paulistas. 

; Hasta este lugar han llegado los guiliches á maloquear ¿ 
l(xs pegüenches./ (D. Luis de la Cniz, Expcd. etc.) 

En Chile también inaloíjucat (Rodríguez). 

MALOQUERO, m. — El que salía á maloquear. 

MALVINAS (^/>/«í.y— Archipiélago en 51^ á 52^ 45' de lat. 
aust, ocupado por los ingleses. Corresponde geográficamente 
al territorio de la Patagcmia y pertenece de derecho á la 
Confederación Argentina. 

MAMA, f. — Tratamiento que los hijos dan familiarmente á 
sus j)adres. Es exprcsi(')n cariñosa. Entre la gente culta alter- 
na con mamá; el vulgo no dice nunca mamá, sino mama. 

Dicen también mamita. 

Lo propio en el Perú (Palma). IJ. t. en Chile (Rodríguez) y 
en Bogotá (Cuervo). 

Véase TATA. 

AL\MBORETA, m. — Insecto de color ceniciento, cuerpo 
delgado y largo, del mismo modo que las patas, de ojos y boca 
grandes, y de suma vivacidad. Mira fijamente, moviendo 
hacia una y otra parte la (^abeza í:o\\ expresivo ademán. No 
huye de la gente, y los niños se entretienen preguntándole: 
¿dónde 'está Dios? porque suele levantar una de las patas de- 
lantenis, apuntando al cielo, y ellees suponen que 1(3 hace res- 
pondiendo á la pregunta. Por eso le llaman también profeta, 

^LVMELUCO, cay adj. — Decíase antiguamente de los mora- 
dores de San Pablo del Brasil, famosos por sus crueles 
depredaciones ó malocas. Usáb. t. c. s. 

Alusión á los insubordinados y temibles mamelucos de 
Egipto. 

Mameluco díccse al i)rescnte, en el Brasil, del que procede 
de mestizo (curiboca) y blanco, y ( uya piel es de un color 
pardo acanelad(3. 

MAMELUCO, ni. — Vestido que consiste en una blusa ó 
camiseta y calzón largo, formados de una sola pieza. Ponese 



268 DANIEL GRANADA. 



especiíilmentc á los niños para dormir, á fin de que, aun 
cuando se destapen, queden siempre cubiertos y abrigados. 

Alúdese, sin duda, con este nombre á vestimenta semejante 
usada por los antiguos mamelucos [de San Pablo del Brasil. 

MANADA BURRERA.— 7^/^/;rt^í7 de retajo. 

]MAMON, m. — Árbol que da en el tronco un fruto seme- 
jante á un melón pequeño. — Fruto de este árbol. 

El fruto sirve para hacer dulce; crudo, en ayunas, es vennl- 
fugo. 

MANADA DE RETAJO.— Tropilla de yeguas y burros, 
para la cría de muías. V. RETAJAR. 

MANCARRÓN, adj. — Aplícase al caballo viejo ó ya muy 
estropeado, casi inservible por efecto de su vetustez. U. t. c. s. 

Derivado de viauco, adj. que se aplica, según la Acad., al 
animal que tiene perdido el uso de las manos, y que, en sentido 
figurado, equivale á defectuoso. 

Los araucanos dijeron manen, manctuí, del caballejo manco, 
mal/ raí arlo (Febrés, Calcp.). Pero es indudable que tomaron el 
vocíiblo de los españoles; puesto que éstos importaron el caballo 
en America. Hacemos esta observación, porque un erudito 
lexicólogo, que tiene por provincialismo de su pais la palabra 
manco aplicada al caballo inservible, la considera procedente 
del araucano manen, manenn. 

Salva dice ser prov. de la Amér merid. 

vLos muchachos lecheros cabalgando en sus mancarrones.. 
(D. Isidoro Dc-Marla, Mont. ant.) 

MANCHA, f. — Enfermedad terrible y contagiosa que aco- 
mete csi)ecialmcnte al ganado vacuno. Hinchase el animal y 
mucre; quitad*^ el cuero, hállase una mancha del lado de la 
hinchazón. 

< En est(.>s últimos tiempos (fines del siglo decimoctavo) se 
ha declarado otra cruel enfermedad, llamada la mancha, que 
empezó por los animales y pasó á los hombres, costando la 
vida á muchos. Es una especie de carbunco contagioso, acom- 
pañado de una gran disolución, que en pocos instantes pone 
m(»nstruosa la parte afecta, y á las veinticuatro horas acabaí 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 209 



con el paciente, si no es socorrido en tiempo.- (El brigr. Don 
Diego de Alvear, Rd. go>gr. c hist. de /a pror. (fe Mis.) 



MAXDI, ni. — Especie de bagre, de unas tres cuartas de 
lari^o V de carne muv delicada. 
Del guar. mandií. 
Ks sin duda el inii)r')pianiente llamado vnnidnhi. 

Dorados hay enormes y crecidos. 
.^ínnd/s, rayas, pacúes amarillos. 

(Barco Centenera.) 

MANDlNCi.V, amb. — Encantamiento, brujería, y también 
dial «lo. He aqui algunos ejemplos de la manera de u.sar esta 
\o/. Pdirrc i/id/idí'n^n, q¡(c no puedo dar con ¡as llares. Tienes 
mandinga en el enerpo, nmehaeho: todo lo rompes y desarreglas. 
Xi ijne hirieses mandinga. Es mandinga, <j pareee eosa de man- 
di/íga: todo me ha de salir al rei'es. Me llera mandinga, e liando 
tal rro, ú <?/«'/'. Es iin mandiinui. 

Mandinga es voz de procedencia probablemente africana. 

Kn el Perú (Palma) ven Chile (Solar), por diablo. 

Trae también este vocablo D. Baldomcro Rivodi), con la 
>ignilicaci<')n de persona inquieta y reroltosa, que conviene 
perfectamente con la establecida por no>otros. Se habrá 
advertido que se usa siempre en sentido figurado. 

MANDIOCA, f. —Planta de raíz feculenta en figura de huso 
muy prol»>ngado, \ de tallo formado de médula blanca, el 
cual, .según la (lase, terreno y cultivo, alcanza á tener de uno 
á ( uatro metros de altura. Abunda en el Paraguay, ^li.siones. 
Corrientes V Entre Ríos (al norte), v al oeste del Paraná en 
algunas proviiu ias. No se da fuera de los 31** y medio de lat. 
C('>mese el tubérculo cocido, asad<j n de cualtjuieV otro mod«.», 
como la papa <'» la batata. De él hacen almid«'»n y pan en el 
Brasil (donde se cultiva extensamente), tapioca y fariña. 
También hacen almidón. A///////, etc. en el Paraguay y Corrientes. 

Del guar. mandióg. 

' Arbusto que crece en las regiones cálidas de América, de 
dos á tres metros de altura, ("on una raíz muv j^rande v car- 
nosa. hojas profundamente divididas y flores dispuestas en 



270 DANIEL GRANADA. 



racimo. — Harina que se saca de la raíz de este arbusto (La 
Acad. ) 

V. FARIÑA, TAPIOCA, PoPÍ y CHIPÁ. 

^lAXDIOCA BRAVA. — La muy alta y silvestre, que no 
sirve para comer. Líi más baja, <'» de tallo <'>rt«.), es la que 
tiene mejor y más cantidad de fécula. 

^lAXDIVU, m. — Planta pequeña, de ll«»r blanca, que da 
en la raíz un bulbo ^emejanti^ á una bola de alíxod«')n ama- 
rillo. 

Del guar. waudixh (i atiuiudÍMt, algodt'in. 

mandubí, m. — Planta que da el maní. — Su fruto. 

Del guar. miindubi. 

Lo C(jrrientc es decir maní. 

Hállase empleada en los escritos histórici)S del Rio de la 
Platel, y úsala el vulgo de Corrientes, Misiones y el Paraguay. 
L(;s cuales (guaraníes) les dan en trueque de lo que traen, 
mucho maíz y mandioca y mandubis, que es una fruta como 
avellanas <'» chufas, que se cria debajo de tierra.:; (Cabeza de 
Vaca.) Hay (en el Papaguay) una fructa que se dice mandubí, 
que se siembra y nasce debaxo de tierra; y tirándola la 
rama, se seca <) arranca, y en la rayz está aquel fructo metido 
en capullos como los garbanzos y tíunano como avellanas, y 
asados y crudos son de muy buen gusto. (( )viedo.) 

En Colm. mandovi del Brasil. 

MANDUBÍ, m.— Pez. V. [MANDÍ. 

MANEA, f — Pieza de cuero sobado <> de tientos trenzados, 
dispuesta convenientemente para abrazar y mantener juntas 
las manos de las bestias, á fin de que no se esca}KMi. 

Su sin«'>nimo maniota no es usado. 

Lo propib en el Perú, según D. Ricardo Palma. 

MANE ADOR, m. — Tini larga de cuero sobado, la cual sir\'e, 
j)araalar el caballo, hacerlo pastar á soga, í7/>¿'^/r7r animales, etc. 

MANGA, f — Senda corta, formada ])or dos palanqueras <) 
estat adas (jue van estrec liándose hasta la entrada de un corral 
<) brete en las estímcias, <) hasta un embarcadero en las costas: 
en el primer caso, para encerrar <) embretar animales; en el 
segundo para transportarlos de una á otra parte. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 271 

Del termino minero manga. 

cPara facilitar dicho paso de ganados, hay lo que llaman 
manga, y se reduce á dos hileras de estacas fuertes clavadas, 
que van estrechando su distancia hasta en el agua: no dan 
pasf) sino á una carga ó animal. Metido el ganado en la míuiga, 
lo aprietan y hacen salir por la trompa ya ñauando, y lo diri- 
gen por los costados pc^r canoas hasta la banda opuesta. En 
otras i>casiones guian la tropa con caballos prácticos, y otros 
amarran cuatro <'» seis reses separadamente en cada costado, 
balsa ó botecillo. (Azara.) 

MAN(}A (/c Ljjigosías. — Nube de langostas. 

MANGANGÁ, m. — AbejíMi. Cría una miel pastosa con- 
sistente. Hace el nido con preferencia en las cumbreras, cañas 
f acitaras y palos délos ranchos y ramadas. 

Del cruar. j/iafii^arii^á. 

Parece //;/ mangangá. Kxpr. proverb. con tjue se moteja ó 
reprende al cjue marea ó incomoda con su charla, ])articular- 
mente si lo hace refunfuñando, con alusión al monótono zum- 
bido de acjuel abejón, cuando vuela, que lo hace dando vueltas 
durante un largo rato en torno del objeto donde quiere posarse. 

MANGRULLO, m. — Atalaya armada en las ramas de un 
árbol. — Por trasl., el que está de atalaya en la armazón ante- 
dicha <') simplemente en un árbol. — Especie de bagre muy 
grande, (jue alcanza á tener hasta un quintal de peso. 



' i\ las 4 nos avisó el (juc estaba j^uesto de mangrullo, se di- 
visaba i)or las orillas del río Bermejo mucha ])olvarcda.^ (El 
gobernador del Tucumán 1). Gcnuiimo Matorras, Ex/^cfl. al 
(l¡aro, 1774, en Angelis.) 

MAN(.iUEAR, a. — Dirigir, guiar ó atraer con cautela y 
maña el ganado ('» un animal cualíjuiera que se dispara, en 
lugar de perseguirlo con violencia; á fin de evitar su complet'i 
dispersi(')n «') fuga, ó de agarrarlo. — En sent. íig. y fam., atraer, 
conducir artificiosamente una persona al término (juese desea. 

El sentido ríHto de la ])alabra es, en Chile, según D. Zoro- 
babel Rodríguez, espantar los animales ó ai'cs lic caza, a fin de 
que se pongan á iiro del cazador: pero el stmlido fiu^uradf), por 
los ejemplos que pone, viene á ser exactamente el mismo que 



274 DANIXL GRANADA. 



MARACANÁ, iri. — Loro de color, ora verde oscuro, con 
manchas azules y rojas, ora verde más claro, con manchas 
amarillentas y rojizas, muy bullicioso. Hace el nido en los hue- 
cos de los árboles. 

Del guar. maracaná, con alusión á la algazara que á cada 
paso levanta, cuando anda en bandadas. 

«Estaba (el maracaná) suelto en mi cuarto, donde una vin- 
dita le provocaba, según su costmnbrc, con besos y todo gé- 
nero de coqueterías, hasta que la enamoró en términos que mi 
matacaná perdió el juicio, sin que la viuda permitiese otra 
c:osa que las que consienten las coquetas, no obstante de que 
el niararmiá instabíi. Al fin muri<') este infeliz de amores no 
satisfeclios.- (^ Azara.) 

MARAGATO, ta, adj. — Dícesc del nacido en la ciudad ó 
departamento de San José (R. D. del U.). U. t. c. s.— V. 
JOSEFINO. 

MARCELA, f. — Planta aromática muy abundante, leñosa, 
cuyas hojas, asi como sus flores, que son de un color pálido 
amarillento, sirven de remedio, tomadas á modo de te, en los 
cólicos, descompostura de estómago, etc. rQué familia, en la 
ciudad ('» en el campo, no tendrá de prevenci(')n un poco de 
márcela? 

Marcela hrmhra. Ar/iirorlinc mathiohe folia I) (\ (as/croidcír: 
comp.), según Gibcrt. 

Marcela viarho. (hiaffiínliitm cheiranthifoliiim Lnm, (id.), según 
Gibert. 

MARCHAXTA {(í la). — Expr. adv. cjue, con los verbos 
ecJiar y tirar, significa arrojar cualesquiera objetos entre muche- 
dumbre de gente jxira que los haga suyos el primero que los 
agarre, como cuando se desparraman monedas en medio de 
una turba ^o muchachos. 

MARCHANTE, /<?, m. y f. — Persona que compra habitual- 
mente á un mismo mercader, con preferencia á otros. 

Lo propio en Chile y en Cuba (Rodríguez). 
MARCHANTE, adj. — Pr. And. Parroquiano. (La Acad.) 

MARLO, ni. — ^Espiga, y en particular tronco que (iucda 



VOCABULARIO RIOPLATBNSE. 275 

(le la mazorca, después de desgranado el maíz. — Por trasl, 
cualquier lrom:o que más ó menos se le asemeje. 

•^El marlo de la cola (del ñnrami: tamanduá) es aplanchado 
lateralmente. :> ( Azara.) 

MARQUESADO. — Departamento de la provincia argentina 
de San Juan. 

MASCADA, 1". — P<jrci(!)n de tabaco negro que de una vez 
s(í toma en la b<3ca, j>ara mascarlo. Usanlo los hombres de 
(ampo, especialmente cuando emprenden un trabajo muy 
pesadií <') se arrojan al agua en invierno, y en otras ocasiones 
semejantes, porque les c<^munica esfuerzo y calor. 

MATACC), ca, adj. — Dícese del indio <:uya parcialidad 
vagaba ])or las inmediaciones del río Bennejt^, en el Chaco. 
U. t. <\ s. — Perteneciente á dicha parciahdad. — Especie 
de tatú, men(^r cjue la iniílita, que se arrolla enteramente para 
defenderse, quedando como una bola. 

iMATAGUAYO, rí7, adj. — Dícese del indio cuyas parcia- 
lidades moraban en el Chaco, cerca del Pilcomayo, tierra 



adentro. U. t. c. s. — Perteneciente á dichas parcialidades. 

MATAMBRE, m., sínc. de mata hambre. — Lonja de carne 
(jue esti'i entre el cuero y las costillas del animal vacuno. 

Lo pr{>pi«") en la provnicia brasileña de Río (brande del Sur 
(Íkaurepaire-Rohán), tomado de sus vecinos los ríoplatenscs. 

•v(.)tras veces matan (los gauderios) una res s<')lo por comer 
(ti matambir, (jue es l.i carne que tiene entre el pellejo y la.s 
costillas.. (Estala.) 



M.\TA( >p ), m. — Árbol cuvo humo irrita extraordinariamente 
la vJNla, de hoja estrecha. Da una semilla aovada durí.sima, 
del tamaño de un huevo de paloma j^róximamente, envuelta 
en cascara leñosa. ¡Mljatia salln'/olia Mart. (safwtaceír: t/ios/n'- 
roi(¡c(f), según (Jibert. 



^LYTARA, adj. — Dícese del indio cuya parcialidad, deri- 
vada de los lulés, corría el sur <lel Chaco. IJ. t. c. s. — Perte- 
neciente á dicha parcialidad. 

Amistados los malaraesccm los españoles, se redujeron á la 
vida (ivil, fonnando un pueblo numeroso (|ue llevaba .su 
nombre, fundado por el gobernador Alon.so de Vera y Arag()n, 



276 DANIEL GRANADA. 



á fines del siglo decimosexto. Acosados por los mocobles, 
tobas, etc., trasladóse el pueblo (i Santiago del Estero, junte* 
al rio Salado. 

MATARA. — Departamento de la provincia argentina tic- 
Santiago. — Capital del mismo departamento. 

MATE, m. — Infusión de la yerba que se extrae del árbol 
denominado botánicamente ilex paraf^iayaisis. — Calabacita en 
que se toma dicha infusión. — Pieza de madera, loza, plata, etc.. 
en forma de mate. — Calabacino, ó cascara seca de la calaba- 
za, con una abertura y tapa de lo mismo, para tener líquidos 
ó cualquiera otra cosa. 

La voz 7natc es originaria del Perú. Su primitivo sentido fuo 
cl de calabaza, asi como el de su cascara usada como recep- 
táculo, ya de líquidos, ya de otros objetos. <^Danse en los in- 
dios paiconos, veinte leguas de la ciudad (de Santa Cruz de la 
Sierra), unos calabazos ó mates muy hermosos á la vista, y ha- 
cen algunos dellos á botija y media y á dos botijas de agua; 
sirven de tener ropa en ellos.» (RcL geogr. de lud., Sauf<r 
Cruz de la Sierra.) Conservó, en boca de los españoles, el pro- 
pio nombre de mate, cuando sirvió de vasija para tomar me- 
diante una bombilla la infusión de la yerba á que nos referi- 
mos en la primera acepción del vocablo. Pero, tomándose des- 
pués el continente por el contenido, llamóse también mate á 
esta misma infusión. De ahí las dos principales acepciones 
que actualmente tiene en el Río de la Plata y otros países dt 
* América la voz mate: la infusión de la yerba y el rcceptácuh » 
en que se toma. Si el mate es de forma ovalada, recibe ade- 
más el nombre especial áQ poiongo. 

La yerba del mate se saca del árbol botánicamente deno- 
minado ilex paraguayensis, el cual se cria, fomiandc^ extensos 
bosques, en las vertientes de los rios Uruguay y Paraná y en 
las del este del Paraguay. Tiene el tamaño de un naranjo; 
sus hojas son permanentes. Llámase árbol de la yerba, árbot 
del mate, ó simplemente yerba. Un terreno poblado de esta 
clase de árboles, ya silvestres, ya cultivados, recibe el nombre^ 
ác yerbal. Famosos son los yerbales ác\ Paraguay, de Misio- 
nes, de San Pablo del Brasil. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 277 

Hay varias clases de yerba. La del Paraguay es la más 
rica y estimada; pero la argentina y brasileña tienen mayor 
consumo, tanto por su baratura, como p(^r estar más habi- 
tuadas á su uso la generalidad de las personas. La misionera, 
que es la más suave, es casi tan menuda como el polvo, y 
trac muchos palos^ ('> sea pedacitos del tronca) de las ramas, 
defectos de preparac ion que la hacen desmerecer y aminoran 
su despacho. 

Los jesuítas cultivaban por mayor el ári)ol del mate, y 
l)ara la preparación de la yerba clasificaban las hojas en tiernas 
(caá f/it't), chicas (rad nüri) y grandes (caá i^nacá). Casi todas 
las reducciones tenían sus yerbales, que beneficiaban cuida- 
dosamente en tiempo oportuno. En el Paraguay, hasta el año 
de 1805, en que empez»') la desoladora guerra con sus hermanos 
del Plata y el Brasil, se siguió cultivando con igual esmero y 
perfecci«'>n de procedimientos la yerba del mate, entonces tan 
exquisita c[ue nadie escrupulizaba el pagar uno n dos pesos fuer- 
tes por la libra, á truecjue de saborear su delicada sustancia. 
Pero es»», á la verdad, era tomarse mucho trabajo y entretenerse 
demasiado. ¿Para ([Uc cuidar yerbales, si son árboles del 
monte? Esperar á (jue estén en sazón para beneficiarlos, 
imparicnta. Eso ele ir eligiendo y entresacando las ramitas de 
la planta, sin dañarla, es cosa tjue sólo á los jesuítas .se les 
podía Mcurrir. Hoy el pn>cedimicnto es más simi)le y ejecu- 
tivo. Trepad'» el yerbatero en el árbol, y facón en mano, 
menudea tajos adiestro y siniestro, tlerribando ramas, tilicas y 
grande>, hasta dejarlo limpio. El modo de preparar la yerba 
está naturalmente en armonía con la gallarda soltura del yer- 
batero, al extraerla de los árboles cjue fueron. Así son las 
yerbas tjue nos propinan, tjue por lo regular caen como breba- 
jes en el estómago. I{1 bálsamo de Eierabrás, que Don Quijote 
recomeiidí') á Sancho, no era, sin duda, más bravo. 

A la operaci<'>n de servir la bebida de (jue se trata, dicen 
con entera ])ropiedad echar mate: pues se le va echando 
yerba nueva, á medida que se extrae la que ya ha perditio 
la sustancia. Si no se renueva la verba cuando conviene, 
quedand».» chirle el mate, se dice (jue está ¡avado. La calaba- 



278 ^ DANIEL GRANADA. 



cita es el mate más usado, y el mejor, después de curado; los de 
metal queman la hierva y pronto la dejan lavada. Por consi- 
guiente, quien quiera tomar mate bueno, tiene que ser modes- 
to íi la fuerza. Prepárase poniendo en la calabacita una 
bombilla, regularmente de plata, por la cual se sorbe el liquido. 
En seguida se echa la yerba, y lueg<^ con cierto arte, agua 
caliente; con lo que queda cebado un mate amargo n cimarrón, 
que es el más tónico. El dulce se ( eba poniéndole cada 
vez, antes que ei agua, una cucharadita de azúcar. Tómase 
también el mate con leche, azúcar quemada, cascara seca de 
naranja y canela. 

Los indios guaraníes precedieron á los españoles en el uso 
del caá; pero aun no hacía un siglo, cuando la conquista espi- 
ritual de la provincia de Guayrá, que lo venían empeando 
como bebida, la cual, primitivamente, sólo era conocida de 
los hechiceros, que la tomaban para infundirse el espíritu 
mágico de que se decían p)oseídos. Cuenta Ruiz de Montoya 
que los guaraníes ponderaban la excelencia de la yerba, ase- 
gurando que alienta al trabajo, sirve de sustento, purga de 
flemas el estómago y despierta los sentidos, y que los espa- 
ñoles la tenían por experimentado remedio del mal de orina. 
Nota asimismo Montoya la semejanza que tienen el vocablo caá 
(yerba del mate) de los guaraníes y el cha (te) de los chinos, 
no menos que la de algunas de sus propiedades. Las antedi- 
chas de la yerba tiénelas acreditado, y acredita, la experiencia 
cuotidiana, con más <') menos eficacia. D. Pedro Felipe Mon- 
láu dice del ilc.x para*ruavensis que qíí planfa de virtudes análogas, 
V superiores, al ie de la China. Per<^ sólo el mate amargo las 
posee enteramente beneficiosas. Eso no obstante, cuando se 
toma mate, se toma, amarg*:) ó dulce, por el solo gusto de 
tomarlíi, no porque sea estomacal ó nutritivo: de donde fácil- 
mente se hace uno vicioso. Algunos lo son tanto, que, desde 
que se levantan hasta que se acuestan, no dejan de la mano 
el mate. Tómase á cualquier hora del día <') de la noche, sin 
que haga daño, salvo que puede desvelar, cuando se ha 
menester de descanso. En cambio, esta propiedad excitativa 
pone al mate en línea de bebida intelectual () hipocrcnc de los 



VOCABULARIO RIOPLATENSK. 279 

sabios, como se dijo del cafó, por el movimiento cerebral que 
ocasiona. 

Un ej. práctico. Los hombres de campo, cuando tienen que 
ejecutar ciertos trabajos que, como el aparte de ganados, 
requieren una aplicación continuada de sus esfuerzos, se des- 
ayunan con un churrasco y unos mates^al amanecer, y no 
vuelven a probar alimento hasta la noche. Lo mismo hacen las 
chiflas lavanderas: levíintanse con el alba; toman unos mates 
(con un chimasquiiOy si lo tienen), y echándose á la cabeza el 
enorme atado, van á la orilla del río ó arroyo, etc., en que lavan, 
y allí j)erniaiicccu todo cl día ocupadas en su faena, aprove- 
chando sólo la ocasión de tender la ropa para volver á tomar 
unos matos, lo que repiten á la calda déla tarde, que es cuando 
se retiran. 

<^Malc, m. — Arbolito parecido al acebo, con hojas lampi- 
ñas, oblongas y algo aserradas, pedúnculos axilares muy 
ramosos, estigma de cuatro gajos, y huesecillos venosos. Se 
cría en la América Meridional. — Hoja de este arbolito que, 
tostada, y macerada después, es uno de los principales ra- 
mos del comercio del Paraguay. — Infusión de estas hojas, la 
cual se usa c«.)mo bebida estomacal. Para tomarla se eclia 
la hoja en una cascara de calabaza, con agua caliente y azíicar, 
y se introtluce una especie de bombillo por cl cual se aspira 
cl líquido. En cl Bra>il le toman en taza, como si fuera te. — 
Taza en que se toma en América el mate, la cual se hace 
comúnmente de cascara de coco <') de («tro fruto. — Perú. Ji- 
cara, vasija de madera. - (La Acad.) 

MATERO, ra, adj. — Tomador de mate. 

También en Chile (Rodríguez). 

MÁTETE, m. — Mezcla de sustancias deshechas en un H- 
quido, formando una masa inconsistente. Us. en expr. como 
las siguientes: Esto parece u)i mátete, hablando de una vianda 
recocida }' deshecha. íms calles son un viatctc, aludiendo al 
mucho lodo que hay en ellas. Salió hecho un mátete, indicando 
que no se ligó bien un ctmipucsto y que no sirve. 

Del guar. mátete, C(:)njunto de cosas reciamente unidas. 



280 DA>'I£L GRANADA. 



MATREREAR, n.— Andar de matrero.— Andar como un 
matrero: de vago y haciendo bellaquerías. 

MATRERO, m. — Individuo que anda huyendo de la justi- 
cia por los montes. 

Lo mismo en el Perú (Palma). 

MATRERO, ra, adj. — Se dice del animal de ser\'icio que, 
cuando lo dejan suelto, no se deja agarrar, y huye. — Tratán- 
dose de personas, bellaco. 

«Astuto, diestro y experimentado. > (La Acad.) 

MATUNGO, adj. — Dlcese del caballo inservible por lo tra- 
bajado y viejo. U. t. c. s. 

En Salva prov. de Cuba: <-desmedrado, flaco, débil. Se aplica 
particularmente á los animales.:> En el Rio de la Plata, sólo á 
los caballos. 

También en la j)rovincia brasileña de Río Grande del Sur 
del Brasil (Beaurepaire-Rohán), tomad<j de sus vecinos los ri<j- 
platenses. 

*Cabalgand(j al tranco con la apostura de los criollos, que se 
reían de los maturrangos,^ (D, Isidoro De-María.) 

MAZACOTE, m.— Pasta formada de los residuos del azúcar 
que, después de refinada, quedan adheridos al fondo y paredes 
de la caldera. Llévanla del Brasil al Río de la Plata en pane- 
cillos cuadrilongos, envueltos en la hoja del banano ó en chala, 
como el ticholo. 

Es la raspadura <j rapadura de que habla Alcedo: azúcar ne- 
gra de la costra que queda en la paila de los trapiches: dulce 
común del pueblo en casi todas las provincias de América, 
que se vende en las pulperías, variando de nombre. 

MAZAMORRA, f. — Maíz partido y cocido, regularmente 
blanco, el cual, dejándolo enfriar, se come con, ó sin, leche y 
azúcar. 

Rica es la mazamorra, y, si es con leche, 
Suple al plato mejor y el dulce ahorra.» 

(D. Francisco A. de Figaeroa, Mos. Poét.) 
Comida compuesta de harina de maíz C(^n azúcar y miel, 
semejante á las poleadas, de que se usa mucho en el Perú, 
especialmente entre la gente pobre. (La Acad.) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 281 

MBURUCUYÁ, m.— V. BURUCUYÁ. 

MBURUCUYÁ. — Departamento de la provincia argentina 
de Corrientes. V. SAN ANTONIO. 

MECHOACAN, m. — Planta de raíz purgante, que se cria 
en los terrenos arenosos de las provincias argentinas arribeñas. 
Ifioviaa mcgapotamica. 

jVIELO. — Villa cabecera del departamento de Cerro Largo 
de la Rep. Or. del Urug.Fund. año 1702. 

MENDOZA. — Capital de la provincia del mismo nombre de 
la Confederación Argentina. 32" 53' 5" lat. aust. Fund. año de 
1 56 1 por los C(^nquistadores de Chile, enviados por su gober- 
nador D. García Hurtado de Mendoza. El año de 1861, y en 
el propio mes de su fundación (marzo), fue totalmente destrui- 
da, en un solo instante, por repentino terremoto acaecido á 
las primeras horas de una noche clara, serena, suavizada por el 
más apacible ambiente, ¡pereciendo diez mil almas bajo sus 
es(<>mbros! Junto á ellos está reedificada la nueva ciudad, más 
])(>pulosa hoy que antes de la catástrofe: tales son las fuerzas 
vitales de la honrada provincia de que es cabeza. 

MENDOCINO, iKij adj. — Natural de la ciudad ó de la pro- 
vine ¡a argentina de Mendoza. Ú. t. c. s. — Perteneciente á 
una ó á otra. 



"MENGUA, m. — Farsa <'• entremés (juc ejecutaban los gua- 
raníes de las Misiones. 

Del guar. luíij^itá, gracia, cluKarrería. También mengua. 

'A la noche celebraron los anistas su arcic-i^fiazú, con bai- 
les y mcni^uñíi y con algunos porongos de agua de una lagu- 
na vo(ina, bien Iresca, pero turbia. (E.xped. de Ibirapitá-Guazú 
hasta Sto. Domingo de S(>riano por un jesuíta misionero; Rcv. 
lie la fíihJ. P. (1c Bs. .í.s\, Trelles.) A re / r- urna z ti (fiesta grande) es 
la Pascua. 

MERCEDES. — Departamento de la provincia argentina de 
C(^»rrientes.-— Capital del mismo departamento. — Ciudad cabe- 
cera del departament<> de Soriano de la Rep. Or. del Urug. 
Fund. año 1788. 

MERCED ARK^, //(/. adj. — Hemos oído llamar así á los 
naturales de Mercedes (R. O. del U.), que nosotros entendemos 



282 DANIEL GRANADA. 





deberán ser mcrccdinos. U. t. c. s. — Lo mismo decimos de lo 
perteneciente á dicha ciudad, 

MERCEDINO, na, adj. — Merccdano, 

MESOPOTAMIA ARGENTINA.— Territorio comprendido 
entre los rios Paraná y Uruguay, }' que abraza las provin- 
cias de Entre Ríos y Corrientes y las Misiones; denomina- 
ción dada por Mr. Martín de Moussy, y seguida por geólogos 
y naturalistas. 

METAN. — Departamento de la provincia argentina de 
Salta. — Capital del mismo departamento. 

MILICO, m. fam. — Soldado. 

MILONGA, f. — Tonada popular muy sencilla y monótona. 

En la provincia brasileña de Pemambuco significa enredos 
y ambages; de origen bunda, milonga mnlonga^ palabras 
(Beaurepaire-Rohán). 

MINAS. — Departamento de la provincia argentina de Cór- 
doba, fronterizo á la Rioja. — Villa cabecera del departamen- 
to del mismo nombre en la Rep. Or. del Urug. Fund. año 

1783. 

MÍNENSE, adj. — Natural de la villa <') del departamento 

de Minas. Ú. t. c. s. — Perteneciente á uno ó á otro. 

Llaman vulgannente en la República O. del Urug. minua- 
nos á los minenses. Ni minuanos puede derivarse etimológi- 
camente de ;/////í7, ni históricamente de los indios minuanes^ 
puesto que no residían en Minas, ni en ninguna otra parte, 
sino que eran errantes. 

MINDONIENSE, adj. — Natural de Alinas. U. t. (\ s. — Per- 
teneciente á dicha ciudad y departamento. 

MINERO, m. — Rat()n pequeño. 

MINUAN, na^ adj. — Díccse del imlio cuya i)arcialidad, al 
tiempo del descubrimiento, liabitaba la costa norte del río 
Paraná, desde el Uruguay hasta la actual capital de la pro- 
vincia de Entre Ríos, <> sea frente á la desembocadura del 
rio Salado de Santa Fe. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha 
parcialidad. 

Los minuanes pasaron el Uruguay é hicieron alianza con 



VOCABULARIO RIOPLATBNSE. 283 

los charrúas, con quienes se mezclaron, corriendo su pro- 
pia suerte. 

MINUANO, na, Viá].—Minmhi. 



MIOMIO, m. — Hierba venenosa, que mata al ganado que 
la come. V. CHILCA. Bacharis coridi folia (asteroidece: comp.), 
según Gibert. En Colm. miu del Peni (solanáceas). 

«Hay una yerba ponzoñosa que llaman ;/////, que en algunas 
partes y j^astos esta entremetida y disimulada, que comiéndolíi 
los ganados, mueren dcUa.» (Reí. í^eogr. de Ind., Gnamanga). 

c Proseguimos la marcha hasta la otra banda del río Miriñay, 
donde empezamos á experimentar la falta de pasto para las 
cabalgaduras, (argado todo aquel campo de esta yerba mala 
que llaman mío, de que las muías y caballos comieron liasta 
llenar bien la barriga, y por la mañana del día siguiente ama- 
necieron muchos muertos por los alojamientos de los indios, y 
los que, ó por no haber comido tímto como los otros, ó por 
hallarse con más disposición para resistir el veneno de dicha 
yerba, quedaron totalmente sin fuerzas, aunque á la vista esta- 
ban gordos, fueron muriendo algunos.» (El padre misionero 
Policaq'X) Dufo, Entrada que se hizo el año de lyi^ al casi i <f o de 
los infieles; Rev. del Arch. de B. A., Trelles.) 

<'Vimos bastante ganado vivo, y no poco muerto por el frío 
y mal pasto, porque en estos parajes hay mucho cardo silves- 
tre y mio'niio, que comerían de hambre. > (Exped. de Ibirapitá- 
Guazú hasta S. D. de Sor. por un padre de la Comp. de Jes; Re?', 
de la Bibl. de B. A., Trelles.) 

MISIA, f. — Distintivo que se antepone obsequiosamente al 
n(>mbre propio de una señora cuya amistaíi se cultiva. 

Apuntíi D. Rufino José Cuervo que mi sia, usado en Bogotá, 
primeramente hubo de ser ;/// sea, y siempre., añade, por más 
orondo qnc corra, tiene su remnsi^uillo de vidgaridad. Sia, ó sea, 
si efectivamente se dijo así primero, es sincí^pa de se/tora. 

En Chile //// sai n miseá, y parece que también misiá 
(Rodríguez). 

En el Río de la Plata no hay //// sia, ni ;/;/ sea, ni miseá, ni 
misiá: sino lisa y llanamente misia. Úsalo la gente culta; y si 
hay en ello remusgo de vulgaridad, debe de ser muy tenue, 



284 DANIEL GRANADA. 



p<^>rquc no se noUi por acá. Por acá, al contrario, parece s<3nar 
toscamente en los oídos la socorrida doña, con todo su señorío. 

Hemos dicho en la definición que mUia es un distintivo que 
se antepone obsequio^mente al nombre propio de una señora 
cuya amistad se cultiva; porque no í>ieiuio pcT^o;la á quicii ira- 
tamos, le corresponde necesariamente doña. Y aim siendo de 
nuestra amistad, sólo puede usarse del misia dirigiéndole la 
palabra ó nombrándola entre personas que también se traten 
con ella. En suma, señora doña es el tratamiento verdadera- 
mente respetuoso y distinguido, si bien el distintivo doña está 
bastante vulgíirizado, y mista es distintivo familiar usado jxjr 
la gente culta cuando se dirige á personas de su misma con- 
dición. Dicho se está que misia, aunque equivale á mi señora, 
no va nunca acompañada de doña, que, al cabo, equivale á 
la misma cosa. 

MISIONERO, ra, adj. — Natural de Misiones. U. t. c. s. — 
Perteneciente á ella.s. — Díccse también del natural de las 
comarcas del Paraná y Uruguay donde los jesuítas, y desqués 
de su expulsión (jtras órdenes religiosas, tenían sus misiones, 
cuyos pueblos fueron destruidos en el año de 1817 y subsi- 
guientes. 

MISIONES (tcnitorio de). — Fracción del que primitivamente 
ocupaban las misiones jesuíticas bajo el dominio de España, 
de donde le viene el nombre particular de Misiones. Hállase 
al norte de la provincia de Corrientes, entre los ríos Uruguay, 
Pcquirí Guazú, San Antonio Guazú, Yguazú (j Grande de 
Curitibá, y Paraná. Á los ríos Pequiri Guazú y San Antonio 
Guazú llaman los brasileños Chapecó y Chopín. 

MISIONES. — Departamento de la República del Paraguay. 

MISTOL, m. — Árbol de fruto comestible y cuya cascara 
sirve para hacer jabón. Zizyphm mistol. 

MITRE— V. TOTORAL. 

MITU, m.--Ave de unos dos pies y medio de longitud y 
de color pardo acanelado y amarillento, con copete. 

Del guar. mi tu. 

«Mucho más en el mitú, que es tan fácil de domesticar, como 
que ya es esclavo en algunas partes.» (Azara.) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 285 

MOCOBI, adj. — Díccsc del indio de una parcialidad, terri- 
])Iepor su fiereza, que erraba por el sur del Chaco, de idioma 
])arecido al de los abipones. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha 
jmrcialidad. 

MOJINETE, m. — Front<'>n ó remate triangular de la pared 
principal 6 fachada de un rancho, galpón <') cualquiera otra 
-í -onstrucción semejante. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

Conf<')rmase con nuestra definici(')n la de Rivod(): parte su- 
]")cri(^r triangular de las paredes, sobre la cual se apoya el 
4\'iballete. ^ 

En Chile, según Rodríguez, tiene dos acepciones: el caballete 
k\c los tejados y la cubierta voladiza triangular que antigua- 
mente ponían sobre la puerta de las casas. 

En Cuba, cadera muy abultada de las personas gruesas-> 
\Salvá). Pero le darán este sentido burlescamente, sin duda. 
Los ladinos arquitectos cubanos (Construyen en las caderas de 
lis personas los guardapolvos que regularmente llevan sobre 
l;is puertas, balcones y ventanas los edificios antiguos. 

En suma, tenemos por sentido recto déla palabra el susodi- 
cho de front«'»n; p<,>r sentido traslaticio, el de guardapolvo délas 
puertíis, ventanas, etc., de las casas; por sentido figurado i)urles- 
« o, ehle cadera abultada, y por impropiedad el de caballete. 

MOJO, m.— .Moje. 

Lo mismo en Venezuela, según Rivodó. 

MOLINOS. — Departamento de la provincia argentina de 
Salta. — Capital del mismo departamento. 

MOLLE, m.— V. AGUARAIBÁ 

Del quich. y aruc. í/io//r, mulli. 

La voz mollc úsase con especialidad en las pnjvíncias 
argentinas arribeñas, para designar con ellas dos géneros de 
terebentináceas (pie allí se producen, el uno nedicinal, y el 
»)tro de fruto comible, del cual hacen aloja, considerada c<jmo 
un néctar refrigerante, que calma la fatiga y repara las fuerzas 
tlcl cansado viajero. En las comarcas regadas por el Uruguay, 
Paraná y Paraguay llaman a^fiuiraihá, ^naribav, a^tnribay, 
iíiolle y mntra á especies de terebentináceas, ora .semejan- 



286 DANIEL GRANABA. 



tes, si bien no del todo, ora diversas del molle arribeño. \ . 
AGUARAIBÁ. 

MONJITA, f. — Avecilla agraciada, de color gris blanque- 
cino el lomo, alas, y cola, que es larga, blanco el pecho \' 
n^;ra la cabeza, de forma que parece llevar en ella una toca. 

También rinda ó 7'iudiia. 

MONTE CASEROS. — Departamento de la pro\-incia argen- 
tina de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

MONTEROS. — Departamento de la provincia argentina de 
Tucumán. — Capital del mismo departamento. 

MONTEVIDEANO, na, adj. — Natural de la ciudad ó del 
departamento de Montevideo. Ú. t. c. s. — Perteneciente á 
una ú otro. 

MONTEVIDEO.— Capital de la Repübüca Or. del Uru- 
guay. 34'' 54' 20" lat. aust. 

Un tripulante de la expedición de Hernando de Magalla- 
nes, quien el año de 1520 visitó el rio de la Plata en viaje 
hacia el sur, buscando un paso para la India, descubrió, á 
la distancia, el cerro de Montevideo, y anunció lo que veía 
con estas palabras: monU vidc eu; de donde le vino el nom- 
bre á aquella ciudad. Fue fundada año de 1726 por D. Bruno 
Mauricio de Zavala, gobernador y capitán general de las 
prov. del Rio de la Plata. 

MONTIEL, ó monte de Montiel. — Bosque inmenso de la 
provincia argentina de Entre Ríos, compuesto de ñanduba- 
yes, algíirrobos, espinillos, chañares, biraroes, talas, ubajayes, 
coronillos v otros árboles, va de maderas fuertes como (^1 
hierro, ya de propiedades tintóreas ó medicinales, así como 
la palmera, de que hay varias especies: el yatay, el dátil, el 
caranda. Sobre 25.000 kilómetros cuadrados calcúlase tener 
este colosí^ de los bosques. 

MONTONERA, f. — Grupo ó conjunto irregular de gente 
de caballería que guerrea contra las tropas del gobierno de 
un estado. 

El historiador argentino D. Luis L. Domínguez explica 
del modo siguiente el origen del vocablo: «Artigas, entre- 
tanto, permanecía á la cabeza de su montonera en los campos. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 287 

haciendo la misma vida de los gauchos que lo seguían. Su 
habitación era una carreta, su comida un pedazo de carne 

cortado del asador Los grupos de merodeadores entre 

quienes vivía, se llamaban moftfofies, y de ahí viene el nom- 
bre de montonera con que se designaban las masas de caba- 
llería que lo seguian.) i^Hist. Argení.) 

«En la América del Sur, pelotón de tropa irregular de 
caballería, compuesta exclusivamente de los semisalvajes que 
habitan las pampas de Montevideo, Buenos Aires y Cliile.» 
(La Acad.) Montevideo está tomado por el Estado Oriental 
del Uruguay, donde no hay pampas, j)ues todo su suelo es 
quebrado. 

MORO, ra, adj. — Dícese del caballo ó yegua de color negro 
entremezclado con blanco. U. t. c. s. 

MOROCHO, cha, adj.— Moreno. 

Derivado de moro» con alusión al color natural de los habi- 
tantes de la antigua Mauritania. 

Dícese en especial de las jóvenes morenitas. Morocha: mo- 
renita, trigucnita. 

Lo propi(j en el Perú (Palma). 

En Venezuela morocho es, i^cncraimrnic, sin«)nimo de mellizo 
ó gemelo (Rivodó). No puede darse mayor impropiedad. 

Del maíz, dice D. F. Acuña de Figueroa: 

Y hasta pan nutritivo y buen bizcocho 
Se elaboran del blanco v del morocho. 

• Fig. y fam. Amt'r. Trat;\nd<jse de personas, robusto, fresco, 
bien conservad<j. > (La A<\id.) 

MORRO. — Departamento de la j)rovincia argentina de San 
Luis. — Capital del mismo departíuncnto. 

MORTERO CHATO.- -Utensilio prehistórico usado por 
los indios de ambas márgenes del Plata. Llamámosle mortero, 
porque como tal lo clasifican los arque«')Iogos; supuesto que lo 
sea, el calificativo de chalo convien<í perfectamente con su 
forma. 

Pí)seemos dos ejemplares hallad<^s en las inmediaciones de 
la ciudad del Salto de la República Orienlíil del Uruguay, 
úuntas del arrovo Ceibal, chacra del teniente coronel D. 



288 DA3IIL ORJL^TADA. 

Barti>i"mé Cabafíer:-. á cuya ñrieza. díbeni' •- e! -ltv.-r -ie 
dL+fr^trix" este rir-^ in-tmmerit- • de ía nehiil«.sa \-icLi «ielíiom- 
bre prehLs^Sr^'. • en laá regiones del PLata. El un»:» e? de la 
f'jrmzi y condi»":- ^nes siguientes: piedra muy dara. pesada > 
ron.sL-tente: O:\r-z pardo «'•Síiur* •: f jrma circular: cant • red-'-n- 
át2uá-\ '^sDes^.r seis cer^tímetr» -s: cir^riinferer^cia cincuenta \ 
cuatr-, '^-.rresD» endiente á en diámetr • apr 'ximativ ■ de ai^.'. 
y siete: d'..s r-.ncaWdades c-.^ntrapuestas, *'f ¿ea una de «.^d^. 
lad'n cura nr fundiíiad central •' máx'ma es de un c entine- 
tro. V de nueve Dr-'-vImamente ¿u anchura. Hall* 'se enterrad*.* 
cerca de la superñcíe de! ierren :■. que es aren-:«s* •. y en eíLj 
el «ecundc. «':ue ^!e indí'::a en ¿e-zuída. Su tamañ- • un v*.<k' 
men- -r que el del primer-', más t»:>sc«> y de f-.»rma oblonga: 
en t .fl- • \t demá> semejante, á pr«.>p:-rcí''n de sus respecti- 
va-» d:mensi'me>. En amb*.-- >««n un tant-:- desiguales las con- 
cavidades de cada una de sus c^ras: un p» k:** » men':»s h -nda 
y de menor diámetr*» superfidaí l:t de un bd-» que la que 
aparece en el lad» opuest*». 

D. Fí» .rentin» • Ameghíno fL/j ^ins/^üo/it/ fiel homhr¿ f '/ ' / 
Pulía t presenta un ejemplar casi idéntío» al primero de l^s 
descntr.>. hallado, entre otros más imperfectos, en paraderos 
charrúas, cerca de Monte\'ide*'>- Dice así el arqueijl^go argen- 
tina»: E>te í ejemplar > es de f»rma circular, aunque n-» per- 
fecta. .Su mayor diámetro tiene algj más de iS centíraetrc»s y 
s\x alt' > es de 6. Una de sus caras está <x:upada p"»r una depre- 
sión circular poc > profunda, cuya superficie está muy gastada, 
al parc( er, p»r el agua. El borde de la piedra forma una curba 
también bastante gastada. La í»tra ca\-idad es más pequeña, 
per*> más honda y también de f »rma circular. Tiene lo centí- 
metr' •> y 22 milímetros de profundidad.- 

\j > < harrúa*í, al tiempo del descubrimient» > del río de la 
I'latíi. discurrían pr^r su costa septentrional, subiendo por hi 
oriental del Uruguay hasta el San Salvador, y no más arri- 
ba, donde acampaban los yaroes y bohanes, quienes es pre- 
sumible ocupasen antes las vertientes occidentales, así om'i 
también los chanaes, que á la saz^'m se albergaban de ordi- 
nario en las islas inmediatas. De donde puede inferirse que 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 289 

la gcncriuic'm iharriia enseñoreaba antiguamente la costa 
oriental del Umguay, cuando menos hasta el Arapey ó el 
Cuaréin, como lo verific<!> después que, empujadas por los 
españoles sus hordas indomables, se corrieron hacia el norte, 
extenninand(í las que moraban á sus espaldas. Los estudios 
etnol(')iíic(is sobre el Rio de la Plata no permiten hasta el pre- 
sente afirmar que los cliarrúas jíerleneciesen á la misma 
generac i«')n que los pampas, suposici/)n contradicha por el 
citado escritor, (jue los ccmsidera guaraníes. Sin embargo, el 
uso de utensilios que, como el mortero de que se trata, no 
han aparcí ido hasta el día de Ikjv en las n-giones habitadas 
por indios cono( idamente guaraníes, y sí en las ([ue ocupa- 
ban los ])ampas, así como t-l de las bolas de i)iedra e(mio 
instrumento ofensivo y de ca/a, i\uc cu lii rpora (/('! (/cscubri- 
luiív.to y nn!(jiiisl(i (cuando meno5) no las manejaban sino las 
panialidades de una y otra banda dfl Tlata, concurren á 
hacer algún tanto probable la inferencia de (pie la genera- 
< i«')n charrúa, del mismo modo que su industria j^rimitiva, 
tengan origen del lado de los Andes. Kl parentesc») á que 
se alude, supuesta la ('<mjetura, debe sobrentenderse inme- 
diato c<»n los indios que tt^nían sus aduares en la costa 
austral del río de la í*lata, cuando arribaron los españoles, y 
á (|uienes rst<»s dieron el nombre de (¡¡irntndír^', (jue son in- 
dudablemente los leuítimos pampas; pues años adelante baja- 
ron de la Cordillera diversas pan ialidades de estirpe arauca- 
na, de quienes acaso sean afines. 

MOTE, m. Maíz bien coeido, eon un jxu o de sal. 

Lopropií.en el Perú (Palma). 

Y)v\ quich. ;//////. 

En Chile, trigo hervido ( on lejía hasta que suelta la cisca- 
ra. V des])ués convenientemente lavado ('RodrlgU(.'z). 

Hacemos respecto del moíc las propias observaciones que 
liemos heih(j respecto del lacro, á cuyo artículo nos remitimos. 

Los arauí'anos también llamaron /////// ó muihi, como los 
quichuas, al maíz coei<lo. y dieron el mismo nombre al de tri- 
'.ro íFcbrés). 

10 



290 DtAKIEL GRANADA. 



■^E1 mismo maíz c«h.kI« > eu agua hasta reventarse los 2Tíin«>s, 
en cuya forma le dan ten Quito) el nombre de mote. sir>*e en 
higar de camrka, no siriamente de alimento á lt»s indi«>s, pen» 
también áUi gente j»bre.^ íUllixi, Viaj. á la Amen men'L) 

Entonces de maiz l*>s orientales 
Hacen el bI;mdo mote, 

(D. F. A. d« Figueroa.) 

MUAY, m. — lnsc*cti», especie de m^'squita colorada, mis» 
irritante que la cantárida, que en Corrientes, Misiunes, Para- 
guay, etc., nace á favor de una sustancia que despide trl guem- 
Ar en k>s hvn\»s que dejan en el trontn l»ts cabos de la»^ h»>jas 
que caen. 

Del guar. miáttí. 

MUCAMO, ma. m. y L — Persona que >irve á utra, • ► á una 
fciTnilia en los quehaceres di^méstio.^s, com«.> barrer, ac« >m«xiar. 
cebar mate^ hacer mandados, etc. Muíamos se dijo primitiva- 
mente á las jóvenes de raza aJricana que ser\-ían á la señora y 
señoritas de ima casa. Después se llam/» en general muíamos á 
las sirvientas de una casa, con excejxión de la o ^ciñera. Y en el 
<Ha de hoy se da también á los criados el nombre de máuamoji. 

£n ia pro\*incia de Rio Grande del Sur del Brasil 
dicen mucamos y mucamas á los sir\'ientes de una casa en 
generaL ci.»mo en el Riv^ de la Plata. L»» mism«> sucede en Río 
Janeiro y en otr^^s punti>s del mism«> paL>; per«.i en ell»>s está asi- 
mémo en uso decir mnca/mba y mu urna á la negrilla que ao>m- 
pana á la señ« »ra. y en Bahía y Pemambuco mumbamba. 

El origen del v.xrablo mucamo ^:>. sin duda, africano. Si la 
oportunidad y trl us* » s< »n prendas que favorecen la admisión. 
en una lengua, de v«x'es nuevas, ninguna t:n case» más aparen- 
te que la de mucamta: pues ninguna de us«> más general y 
constante, ni más i»[x>rtuna. ni que mejor se acom»xie al 
mecanismo fónico del castellaní». 

MULERO, ra. adj. — Perteneiñente á la muía. 

MULEQUE, m. — .\ntiguamente, negrito esclavo. 

£n ei Brasil moicqiu\ con la pr^.^pia signiíicación; voz añrica- 
na, según Fr. FrancLsco de S. Luis, trae Beaurepaire-Rohán. 

«Y asi me ha parecido e>*:ribir al sefior tes*.^rero licenciado 



VOCABULikRIO RIOPLAT£NSC. 291 

Luis Alemán ele Aviles, que cuaiulo pasó por aquí y desde 
que está allá me ha ofrec ido hacerme merced, ])ara que me la 
haga en comprarme cuatro mulcíjucs de catorce años, bien 
agestados, y dos negritas de la misma edad para mi servicio., 
(Carta del gobernador de Tucumán D. Felipe de Alborno/ 
al Sr. Pablo Núnez de \'itoria, i(\y; Re7\ del Arr/i. de fí. A. 
]K)r D. M. R. TrcUes.) 

MULITA, f. — 7atú de una media vara de longitud, -uva 
forma y postura de orejarse parecen á las de la muía. 




N 



XACRlV argentina.— C-innrenvle I:is pr. vincias v 
torritori» >s fedenilos que se expresan en el arti'u!) <':. -.y' ■/;•/*' r- 

í.:i ^ ■-•;.//. \'.v 7 ' ; //' /r A':"/'.7 .í/;;^. vCv-: csUiMvCj: 
L::s cI-Tv :nina'':'vne^ ad- -¡.uidcis sucesivan^tir.te ií'.?>d.7 i^*:*» 
Iiasta el pres<:;te. á <:iher: Pr- 'VÍrL'::.;S Unidas d:í'R'» dj !.i 

I'!-''*'! *Ví'»'"»-TÍ"kl*.*'l \ »-••'. -■•■^^•»^-» (~^ . ,»■>*"■» ',•»":.■'•. »■» \ »- r. •.■"•■ •■•. ■ n "•"".' H 

I::s I\v.:<. Art. 5^.» 






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f.^.i.- . " •' I .c. . . •• L^l >._I...;i'_ ^. . . .1 L,w^^ til V.. iv. .» •-. - • - - ■->■■>. 

eaur':¡K;:rv:-X'"a.in:. 

-> . V»^ .\, .. — i 1.1, » .',.».;. '^ Il.v. i lilv. ^.i.if.i. t»''i.'.. L.... ._. - -».».l ' • - ^ ....V.. 

bra á un üif.» cpae t- -da vía nc» sa'?e hablar, á «paion so lo '¿nscila 
á pr< 'nuricúirla para cpae en t.^d.^ eas'.» puod.a d.ar á ■■ n "'or 
sus d« íen'::as. 

Lo pD»pi.> en Chile: del quich. :::u¡,i:. d.u-^r. enfomiedad 
íRt.xIríguez). 

NEGRO (atí;^. — Rio que divide la Patagtrnia de la Pampa. 
entre los 38 V41'' de lat. aust. Trae su or!i:en de la ci-^rdi- 
llera de los Andes y desemboca en el océano Atlántico en 
los4i« 2' de lat V.' RÍO NEGRO ^Rep. O. delUr.). 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 293 

NEVADO, da, adj. — Diccsc del animal vacuno colorado y 
salpicado de blanco. 

ÑOCO, m. — Pedacito de tabac(.\ 

NOQUE, m. — Tipa grande para guardar grasa, sebo, chi- 
(^harrones, etc. 

NOGOLI. — Departamento de la provincia argentina de 
San Luis. — Capitíil del mismo departamentíj. 

ÑOCO YA. — Departamento de la provincia argentina de 
Entre Rí(^s. — Capital del mismo departamento. 

NOVILLO, m.— Toro castrado. 

La castración tiene p<»r objeto el engorde del animal para 
venderlo cu los saladcn», y se practica á los dos au«^s y medio 
ó tres de edad. 

Al toro muv nuevo le llaman /nriinn íoírír. 

Lo mismo en Bogotá. Entre nosotros no se aplica el nombre 
de norillo sino cuando el animal está castrado. • (Cuervo.) 

< La carne de vaca es la más tierna y de mejor gusto: le sigue 
la del buey y iiorillo Casi llaman al cap«')n no nomado, aunque 
tenga seis ó másanos), y lamas inferior es la del toro.;- (Azara.) 

'T(.)ro <') buey. nuevo, y más ixirticularmcnte el que no está 
drmiado ó sujeto al yugo. . (La Acad.) 

NUTRL\, f. — Cuadrúpedo k\c I')s bañados, que se :isemeja 
mucho al conejo, de c<»Ior pcirdo, {:^\\\ mucho pelo liso, cola 
larga y la parte extrema de los dientes revestida d-.' un esmalte 
encarnado. Su piel es un ramo <\c comercio, y su carne una 
C(^mida estimada. 







Ñ 



ÑACANINÁ, f. — Vibora grande y brava, del Chace», Para- 
uriíav, etc. 

Del guar. ñacaniná. 

ÑACUNDÁ, m. — Ave nocturna, de una cuarta y pico de 
longitud y de color ^xirdo acanelado con mezcla de negro y 
])lanco. 

Del guar. ñacundá. 

Habita (el ñacundá) los campos, y aun me parece que pre- 
liere los húmedos.» (Azara.) 

ÑACURUTÚ, m. — Lechuzón, de un pie y cuarto de longi- 
tud próximamente; las plumas de color acanelado, que es el 
cjue predomina, y negruzco, asi como el de unas que á manera 
íle cuernos tiene junto á sus escondidas orejas, que son asquer 
rosas, de donde baja una lista negra que le circunda la cara 
cí)mo el barbijo de un sombrero, y liacia el centro de ella una 
mancha blanca en fonna de cruz; las uñas y pico cor\os, éste 
muy fuerte y agudo; los ojos castaños, grandes y redondos. 
(Jriándolo guacho, se hace familiar. Es muy torpe y perezoso; 
pennanece inmóvil todo el dia donde lo pongan; pero de noche, 
apenas oscurece, sube á las barandas y azoteas y anda calla- 
damente de aquí para allí como un duende. Expresa su alegría 
ladrando como un gozquejo, parliculannente cuando se le 
acerca ó ve pasar una persona á quien conoce ó que le ha- 
bla. Asustado, á la presencia, por ej., de un perro, se es- 
])onja y contonea, erizando el plmnaje y abriendo en forma de 
al>anico las alas, } en esta actituíl bufa como un gato y cas- 
tañetea fuertemente con el pico. Tiene también un gimoteo 
semejante al de la paloma, con el que parece manifestar su pol- 
tronería. Creían los guaraníes que el contacto con este avechu- 
rho les c(>ntagiaba el vicio de la pereza. 



VCCABULARIO llIOPLATENSE. 205 



Hay un jxir do lichuzoncs más, (|ur llevan el mismo nom- 
bre de ñnatntiú, eon alj^una difercn» ia <'n rl r(»l«»r de su plu- 
maje. 

Del guar. íiacttruíú. 

Diee su nombre (el íinritruíñí íuerie y narigalmente, ei»n 
(jue asusta á los (jue transitan de noehe p«>r l«>s bnstjues ele- 
vados, que son sus palacios.^ (Azara.) 

NANDÚ, m. — Avestniz de unos eualn» y nu'dio pies de 
l(^ngitud y de íolor blaneo eenii iento (on mez( la tle ojicuro, 
muy veloz en su earrera, y nadador. Haee el nido en medio 
del eampo, (tneobando el macho, cjue tiene la preeaueión de 
dejar podrir uno /» dos huevos, para romjH*rlos cuando salgíin 
los polluellos, y que se alimenten éstos con las moscas (|ue 
naturalmente atrae la j)odnMlum])r.*. 

Del cruar. ñandú. 

Son (los ñanfiñs) curios<.)S, \ >e ad\ierte que >e paran á 
mirar por las ventanas y puertas 1») que pasa adentro. ( Azani.) 

ÑANDUBAY, m. -Árbol del uenero de las mimosas (aca- 
t:ia.s), tic madera muy dura y pesada, ijue si* enq>lea general- 
mente encéreos ([v estancias, corrales, etc. Lo hay negro y co- 
lorado, (.'lavado un poí>te de ell.i en tierra, n.» s(* pudre ja- 
más, antes se petriliea. Pnrsn/)is 

Del guar. ihi/ní/ifnn. 

l)o\fhi rl sueno de gloijoN» » nilierti»s 
La solitaria cruz del ///////'////'// r. 

in. Rafael Obligado.) 

NANDURIK, I.- \ ibera la más ])eiiuena y de más aetivo 
veneno de las regiones d<'l Plata (hacia el norte). 

Del guar. 

NANDUTI, m. Tejitlo (jue imita el <le < ierta telaraña, 
|)rim¡tivamente trabajado con sumo i^rimor y delicadeza por las 
mujeres del Paraguay y hoy gentTalizado en to(h>el Río de la 
Plata. lláieUNC (<>n él pañuelos, toallas, almohadones, <'olrhas 
y otras piezas semejantes. 

Del guar. /7//W////, araiía blanca. 

NANOAPIRK, m. — Kspecie de /'itiip!i:<!. de fruto amarillen- 



296 DANIEL GRANADA. 



to, mayor y menos dulce que el de aquélla. — Fruto de este 
árbol. 

Del guar. amingapin. 

ÑAPA, f.— V. LLAPA. 

ÑANGO, ga, adj. — Desairado. 

Es voz vulg. y fam. . 

ÑAPINDÁ, m. — Planta del género de las mimosas, especie 
de zarza armada de millares de espinas arqueadas como las 
uñas del gato, por lo cual se le llama también uña ríe gaío. Da 
una flor parecida á la del espinilla , pero larga en vez de esféri- 
ca, amarillenta y de suave frai^ancia. 

Del guar. ñapindá, 

NATO, ta, adj. — Que tiene la nariz respingada. U. t. c. s. — 
Usase asimismo en sentido afectuoso, hablando de un niño. 

Lo propi(^ en Chile (Rodríguez) y en el Perú (Palma), así 
como, por lo menos en cuanto al sentido rcct(\ en BogoU'i 
(Cuervo), en Venezuela (Rivodó) y en Cuba (Cuervo, remi- 
tiéndose á Pichardo). 

Un juez i'íato ccjmo un dogo 
De gran sabio blast)naba, 
Y el amor propio chocaba 
De un antiguo pedagogo. 

^las éste exclamó: r^qué dices? 
¡Pobre chato! No te alabes: 
;Oué has de saber, si no sabes 
Dónde /iencs laz narices? 

( D. F. Acuna de Figueroa. ) 

ÑENDAY, m. — Loro de color verde amarillento, con man- 
chas oscuras tirando á rojo y azul, más chillón y bullicioso 
aún que el maracaná^ y que anda en bandadas. 

Del guar. ñcndaí, parlón. 

< Vive (el ñenday) en bandadas numerosísimas, que ponen 
una centinela para que avise las novedades, mientras los de- 
más bajan al suelo á comer ó beber.» (Azara.) 



o 



OBEDECIMIENTO, m. — Acto solemne de recibir las 
cédulas, provisiones y ordenanzas reales. La autoridad, fuese 
cual fuese su condición, militar, civil ó eclesiástica, á quien 
iba dirigido el real mandato, poníase en pie, destocábase, y, 
á usanza oriental, introducida seguramente por los árabes en 
España, tomábalo en sus manos, besábalo y poníalo sobre su 
cabeza, proclamando obediencia y atacamiento, como á carta 
de su rey y señor natural, y ordenando inmediatamente que 
se guardase, cumpliese y ejecutase en todas sus partes, que 
se custodiase en el archivo y que se sacasen, autorizados en 
forma, los testimcmios correspondientes. Esta sumisión, al 
parecer, obsoluta no obst(') á que, en ocasiones, considerado 
perjudicial el mandato, se dejase de ejecutar, ])rotestando: 
obedezco; pero no cumplo. D. Antonio Ferrer del Río (Ilist. 
del reinado de Carlos III en Esp.)y hablando de los virreyes 
de América, se explica en estos témiinos: Si un decreto del 
Consejo de Indias llegaba á rcíordarles que no podían bla- 
sonar de independientes, con poner al margen la fórmula 
muy en uso y provechosa á veces de se obedece, peí o no se 
ejecnia, seguían ejerciendo triunfalmente el mando abs(^luto.» 

OJOTA, f. — Calzado á manera de sandalia, hecho de cuero 
ó de filamento vegetal, usado i^or los indios del antiguo Perú 
y de otras partes de América, y actualmente por la gente 
campesina de las provincias arribeñas. 

Del quich. n.xnta. 

Usanla en Chile los peones de chacras y de las minas (Ro- 
dríguez); en el Perú los indios serranos (Paz-Soldán). 

La Acad. define así la ojoia: ^Especie de calzado que usaban 
las indias, el cual era á modo de las alpargatas de España. Dá- 



-08 DANIEL GRANADA. 



balas el novio á la novia al tiempo de casarse; si era doncella, 
sclas daba de lamí, y si no, de esparto. > Formó, al parecer, la 
Acad. esta definici(')n en vista de un pasaje de Herrera (Déc. 
5.", lib. 4.®, cap. I."), en que describe las particulares ceremo- 
nias del matrimonio en el imperio de los Incas. Pero, al ha- 
cerlo, si efectivamente lo hizo, se ha padecido una distracción; 
porque Herrera no dice que el zapato como alpargate , que lla- 
man ojota, fuese un calzado especial de las novias ni de las 
indias. Usábanlo hombres y mujeres, y tanto el de los unos 
como el de las otras eni llamado ojota ('» muta. Vsuta ú ojota^ 
indistintivamentc, dicen aun hoy día en las provincias argenti- 
nas arribeñas. 

«Traen (los indios) en los pies unas suelas ile cuero con 
unas ataduras de lana con que las atan en el empeine \' talón 
del pie, que llaman ojotas; y también las hacen de cabuya, 
que es la hoja del magticyp etc. (RcL gcogr. de lud. publ. ])or 
D. M. Jim. de la Esp; Kepart. de Atniírncaua.) 

> Y estas (matas de maguei), beneficiadas, se hac:e de ellas 
cabuya, ques mejor y más larga que estopa, de la cual se liacen 
sogas de todo género, y alpargates, y los indios su calzado, 
ques á manera de sandalias, que llaman ojot^u (uxufas).-^ (Reí. 
citadas: Guamauga.) 

«Asimismo mande') (el inga) hacer depósitos en cada pro- 
vincia que á él le páresela, y los mandaba bastecer de toda 
comida y de ropa y de /¡ojotas y de todas las demás cosas 
que son necesarias para Ja gente de guerra,^ etc. (Fernando 
de Santillán, ReL publ. por D. M. Jim. de la Esp.-; Tres. tel. 
per.) 

Como los árboles en que trabaja el serrano de los Andes 
son, por lo general, espinosos, tiene necesidad de usar la ojota 
para no lastimarse los pies. Es, pues, este calzado más propio 
del hombre que de la mujer, que regularmente anda descalza. 

(^LIVA. — Departamento de la República del Paraguay. 

UMBU, m. — Árbol frondoso. Prende de rama y en cual- 
quier terreno. Su madera no arde, ni sirve para nada; pero sus 
hojas tienen propiedades medicinales: son purgantes. Es e| 



VOCABULARIO RIOPLATENSfc . 299 

pire unta diocia Mo<j. (fitolacáccns) que menciona Cuim. con el 
nombre de hombú de Buenos Aires. 

ORAN. — Departtomento de la provincia argentina de Salta. 
— Capital del mismo departamento. 

OREJANO, na, adj. — Dlcesc del animal que no tiene mar- 
ca ó que está C(^ntramarcado. 

Dicese del becerro que está sin madre y sin hierro <> marca.» 
(La Acad.) 

OREJANO, mi de marca, adj. — Dícese del iuiimal contra- 
marcado. 

OREJÓN, un, adj. — Dicese del indio de mía parcialidad 
(juc vivia cerca de la sierra de San Femando, al norte del 
Chaco, en los ii/* de lat. aiLst. U. t. c. s. — Perteneciente á 
dicha parcialidad. 

Los orejones, de cuerpo mediano, ensanchábanse las orejas, 
probablemente á fuer de adorno, hasta el punto de juntarkus 
casi Qiíw los hombros. Al intento h(.)radábanlas é introducían 
en ellas, á medida que iban dando de sí, unas calabacitas ó 
rodajas más y más grandes. Así igualmente ciertas personas de 
nobleza y mando en el imperio de las Incas. 

ORIENTAL, adj. — Natural de la República Oriental del 
Uruguay. U. t. c. s. — Perteneciente á esta nación. 

Siempre se ha llamado oriental, y no nruptayo (véase er>ta 
palabra), el nacido en el país cpie antes era Banda Oriental y 
hoy es República Orienlal del Uruifuav. Si, pregunUind») á alguno, 
¿de dónde es usted? respondiese: sov urup^uavo, daría á c<moccr 
que ha vivido muy poco tiempo en .su patria. Pero se emplea 
más comúnment(í la voz urui^uayo que la de oriental, cuando se 
quiere díir al pensamiento una forma literaria, usándola á ma- 
nera de epíteto, como letras uruií^uavas; sobre t(3do en poesía, 
donde el gusb) tlel poeta entra por tanto como las reglas gra- 
maticales: if)ero ])or español, lusitano por portugués, uruguayo 
por oriental. 

El famoso caudillo D.José (Gervasio .\rtigas se titulaba El 

jefe de los DRIKXTALKS. 

Los Treinta y tres orientales son (onu) «m símbolo de 
libertad y heroísmo en la patria de Lavalleja, quien el año 1H2.5, 



300 DANIEL GRANADA. 



acompañado de trcintíi y dos campeones, emprendió vigorosa 
campaña contra las huestes del Brasil, que ocupaban la banda 
oriental del Uruguay. 

El himno nacional, compuesto por D. Francisco Acuña de 
Figueroa, empieza: orien'TALKS, ¡a patria ó la tumba. 

Por último, el Código Civil de laRcp. O. dclUiug. se expresa 
así: «la ley oriental no reconoce diferencia entre orientales y 
extranjeros» etc. 

ORISTINE, adj. — Dícese del indio de una parcialidad ori- 
ginaria de la familia Inlé en el sur del Chaco. U. t. c. s. — Perte- 
neciente á dicha parcialidad. 

ORTIGA VIZCACHERA.— Ortiga de hoja diminuta y 
mucho más brava que la común. Hállase solamente en las 
inmediaciones de la cueva de la vizcacha, 

OVEJERO, adj. — Aplicase al perro que cuida del ganado 
lanar. 

En el Dice, de la Acad. el sustantivo ovejero^ ra: persona que 
cuida de las ovejas. 

«Éntrelos (perros) demcsticos merecen particular mención 
los que apellidan ovejeros^ porque cuidan del ganado lanar 
aqui, donde no hay los pastores que en Europa. Estos perros 
echan la majada del corral por la mañana, la conducen al 
campo, la acompañan todo el día, conservándola unida; y si son 
muchos, se reparten al rededor, defendiéndola de los pájaros 
de rapma, de perros cimarrones, del hombre y de cualquier 
insulto. Al ponerse el sol, la vuelven al corral, donde se echan 
á dormir, y pasan la noche juntos. Si se quedan atrás algunos 
corderitos recién nacidos, los toman cuidadosamente en la boca 
y los conducen un trecho, volviendo por otro, hasta que no 
queda ninguno». (Azara). 




p 



PAGARA; in. — Especie de iiinhú, al que execdc en corpu- 
lencia. Enfcrolohium tiinbatiha. 
PACAY, m. — I^í^.i. 
Kn Colm. ¡Kicac (^ ¡yardv del I\) ú (ini^'i Fctdllci í)(\: /('^/tmi- 

PACL', in. — Pez i^^raiukí de los n<'S. eNrain<»s<>, achatado 
pardo y de carne ex(iuisita. 

Del ^uar. ¡nhi'i. 

PAISANA [K, ni. — Paisanos en general. 

PAISANO, na, m. y f. — Persona i\\ui es del campo. Su pr»)- 
t(*tij>o, el gau(iio. 

La Arad. reiLíistni esta voz Cinw) />n):'¡n-i(i! dr As/.'/r/ai en hi 
acejx ii')n de per-;ona <///¿' awia siempre cu el cam¡)0. En el Río 
d(! la I'lata es voz corriente en este sentido, es decir, en el de 
persona que nace, ó ha sido (Tiada, y vívíí y trabaja, en el 
campo. En (}alicia, dice Don Fernando Fuli^osio en la no- 
vela Alfonso, premiada por la Academia Esjxn"i<»la, no existe 
la aldea, tal com<) se entiende j;eneralmente; por lo tanto, es 
harto natural c[ue al aldeano llamen allí paisano, lo cual, en 
semejantes circunstancáas, está muy lejos de ser galicismo.:) 
Kn el Río de la Plata no se conoce la aldea, ni ha habido ja- 
más Sombra de ella. No puede haber, por consecuencia, en 
sus campanas más cjue campesinos, íy paisanos, entre cuyas vo- 
ces parece hallarse alguna diferencia de sentido. Campesino 
es un término general que significa visiblemente todo hombre 
trabajador del camjx), en tanto que paisano se llama en espe- 
cial al que es Tiacido (') criado en él y que ha seguido y prac- 
tica los usos y costumbres de la vida rústica. Así al extranjero 
<Jel camjío, ú qu(* vive y trabaja en él, no se le Wíxvaii paisano, 



^02 DANIEL GRANADA. 



sino cuando se ha connaturalizado de tal manera con los usos 
y costumbres del país, que no se distingue en nada de los na- 
turales. El uno c^ paisano en el sentido recto de la palabra; 
t;l otro, ('» sea cl extranjero, lo es sólo en sentido traslaticiíX 

Galopando sobre el llano 

Solitario, algún paisano. 

(D. Rafael obligado.) 

PAJA BRAVA. — Hierba c]ue se cría en los bañados, de 
hoja larga, aserrada, muy cortante, medio cerrada, y tjue da 
como un plumacho blanco que sirve de adorno en las salas. 
Gyneriuní argenten m Necs. (plumaeat). 

Llámanla también paja de Sania Fe, y es la t|ue comúnmente 
se emplea en los techos de los ranchos, qnineliada con junco. 

PAJA DE SANTA FE.— V. PAJA BRAVA. 

Paja i)rara ó de Sania Pe es \o mismo, pero no enriadera. 

PAJAL, m. — Pajonal. 

PAJONAL, m. — Espacio de tierra poblad*:) de pajas, junco, 
totora y otras hierbas propias de los terrenos húmedos. 

L(3 propio en el Perú (Palma). 

En kis cañadas y parajes que se suelen inundar con las 

« 

lluvias «') con crecientes de arroyos, dominan plantas diferentes 
y más elevadas, ct)mo espadañas, pajas, cortaderas, alciras, 
pitas ú cardales de varias especies, y otras que no se nom- 
bran. Llaman /»^'í?/W¿vy á estas cañadas y bajíos. (Azara.) 

PAJ U ATE, adj. — Bobalicón. 

En Venezuela pajuato por pazguato, según D. Baldomcro 
Rivodó. 

Corrupci«')U de pazguato (D. A. Magariuos Cervantes, 
Juicio crit. del Vocab.) 

PALANGANA, adj. — Aplít:ase al quií es descarado, bota- 
rate y algo sin vergüenza. — U. t. c. s. 

Paz-Soldán dice que en el Perú se aplica al ijue liahla 
mucho, á aquel á quien todo se le 7hi en palaltras, y aun al charla- 
tán, 'i¡\ fanfarrón, etc., y respecto al origen de la voz infiere como 
pn^bable c^ue .se haya tomado por término de comparación la 
aiuha boca de una palangana, para designar con el nombre de 
•este uten.sili<-> á una persona que todo es boca, aludiendo», no 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 305 



ciertamente al que tiene la Ikm a p^ninde, sino al que habla por 
los <()d<)s. Para nosotros es más verosímil (jue tenga afinidad 
C(m la ruta trdont/a, i^ratidcv lar mía de la palangana: porque 
realmente es preciso tener aira para ser un palancana. 

Charlatán, hablantín, tronera. > (Rodríguez.) 

PALENQUE, m. — Esta( ad:i para ordeñar vacas. Consiste 
en dos ó tres palos afianzados horizon talmente en cuatro ó 
cinco postes. — Poste destinado á paiefK/itear animales bravos 
(toros, caballos, etc.). 

PALENQUEAR, a. — Quebrantar la bravura de un animal no 
domado, amarrándolo ;il paiern/ue y sobándol<\ 

PALOS, ])1. m. — Pedacitos de tronco de las ramas pequeñas 
que vienen entre h\ yerha. \. MATE. 

PALO SANTO, m.—V. (iUAYACÁN. 

PAMPA, f. — Llanura muy extendida, sin vegetación arbó- 
rea. Concurre á caracterizarla la (<>nstituci<')n de su superficie» 
que es una ca])a an illosa, y tal cual vez arcillíjso-calcárca, 
amarillenta i» rojiza. Esti (lase de terren<.)S abarca una consi- 
derable extensión del territorio comprendido entre el océano 
Atlántico y ríos de la Plata y Paraná por el lado del oriente, 
la cordillera de los Andes al occidente, los 31 á 32** de lat. 
austr. mirando al Chaco, y luuia el sur de la Patag(mia. 
Presúmese antiguo mar, de lo que ofrece señalados vestigios. 
Desde el Océano hasta la Cordillera se va elevando suavemen- 
te. En las partes más bajas de la llanura aparecen, acá y 
acullá, salinas. Las lluvias las <onvierten en charcos salados; 
cuando secas, parecen campos de nieve. — Dase en especial 
el nombre de Pampa al territorio comprendido entre las 
[)ro\incias austndcs de la Confederación Argentina y el rí(» 
Negro, donde empieza la Patagonia; territorio en el cuiíl, has- 
ta el año de i87(), tenían su c am]>aniento loa indios bravo» 
conocidos por pampas. 

Del quich. pampa. 

Este dilatado distrito es todo llanura interminable, que 
(orriendo desde cabo Blanco, en el mar del norte, llega has- 
ta las cordilleras de Chile, formando un célebre desierto, que 
acá llamamí>s pampas, (astellanizando ya el vocablo, que es 



301 DANIEL GRANADA. 



propio de la lengua quichoa, general en el inperio peruano, en 
que significa campo i aso. (El P. Lozano, Hisi. de 'la conq. del 
Parag. etc.) 

«Llanura grande: es voz de la lengua quechua, y se apro- 
pia á Lis espaciosas llanuras de Buenos Aires, que tienen más 
de trescientas leguas de extensión.» (Alcedo.) 

«Vasta llanura de la America meridional, junto á Buenos 
Aires, que se extiende hasta la Patagonia.» (D. Juan Vilanova 
y Piera.) 

«Llanura de mucha extención, cubierta de hierba, de que 
hay varias en la América Meridional.» (La Acad.) 

Conforme á nuestro intento, hemos tratado de caracterizar 
solamente las pampas argentinas. 

PAMPA, adj. — Dícese del indio cuyas diversas parcialida- 
des, algunas de origen araucano, vagaban por la pampa 
austral, confinante con la Patagonia, entre el río de la Plata y 
la cordillera de los Andes. U. t. c. s. — Perteneciente á dichas 
parcialidades. — Aplícase el animal caballar ó vacuno que tiene 
la cabeza blanca, siendo el cuerpo de otro color. El caballo 
pampa es, de su condición, lagañoso, dormilón y rehacio, y por 
su similitud con estos y otros resabios y malas cualidades pe- 
culiares de los indios de la Pampa, se le ha dado, sin duda» 
el mismo nombre que estos llevan, que después vinoá aplicarse 
también al animal \acuno. Ú. t. c. s. Muy mal informado 
estuvo Salva cuando dijo que caballo pampa es el caballo de las 
llanuras de Buenos Aires. 

Los españoles que arribaron con el adelantado D. Pedro de 
Mendoza á la costa austral del río de la Plata, dieron el nom- 
bre de (¡ucratidíes á los indios que la ocupaban, los cuales, una 
vez fundada Buenos Aires á costa de mucha sangre, se fueron 
retirando hacia al sur, al paso que bajaban de la Cordillera par- 
cialidades de raza araucana. Todos ellos fueron después com- 
prendidos en la dominación general de pampas, en razón de la 
vasta llanura que les servía de campamento. Eran hombres in- 
dómitos, esforzados, de indecible fiereza. Algún ganado alzado 
del que habían conducido á Buenos Aires los españoles, fue 
ocasión de que se propagase prodigiosamente por la Pampa, 



VOCABULARIO RIOPLATEKSB. 305 



ofreciendo á los indios^ que lo vendían en Chile, abundantes 
recursos. Pero ya casi extinguido á mediados de^ siglo décimoc- 
'tavo, comenzaron aquéllos á hacer correrías devastadoras, 
asaltando las estancias de la provincia de Buenos Aires. La 
guerra, con tal motivo, dun!) hasta fines del mismo siglo, en 
<|ue hicieron la paz. Cuando á principios del siguiente sobrevino 
la invasión británica, se prescnUiron eu Buenos Aires ofrecien- 
do su concurso á los españoles para repelerá los ro/ordf/os. Des- 
pues de la independencia, emprendieron contra los argentinos 
una incesante guerra de pillaje á muerte, que ha causado á las 
provincias inmediatas al teatro tle sus malones perjuicios sin 
cuento. Púsose al cabo remedio con mano fuerte á tan'lastimosa 
tiituación el año 187Í), en que el gobierno argentino se ense- 
ñoreó del Desierto. 

PAMPASIA, f. — Región de las pampas entre los 11'^ y 42" de 
lat. aust., que comprciidc el Chaco, las provincias do Santiago 
del Estero, Santa Fe, C(>rdoha, San Luis y Buenos Aires, y ei 
territorio ocupado hasta hace ¡)oco por los indios al sur, que 
termina en el río Negro; denominaci(')n dada por Mr. ^Martín 
de ^loussy y seguida por gC(')logos y naturalistas. 

PAMPAVASTA.- V. RÍO TERCPIRO, segunde; artí( ulo. 

PA^IPEAXC), mu adj. — C<jnccrnicntc á las pampas. 

PA]\IPERAI)A, f.- WcnU) pampero fuerte y continuado. 

PAMPERO, ;v/, adj. — Que pertenece, en general, á las pam- 
pas, y, en especial, á la Pampa, «'> pampas d( 1 sur ile Buenos 
Aires. 

PAMPICRO, /v/, m. y f. — Habitante de la pampa.- (La Acad.) 
C«.)mo nombres sustantivos, cjue es como registra la Acad. las 
\ijvcs pampero, ra, no tienen en el Río de la Plata uso alguno; 
á no ser el adjetivo pampero sustantivado, para significar el 
viento que sopla tle las pam])as. A los indios salvajes que 
ocupaban hasta hace poco la Pampa, se les llama indios pam- 
pas ó simplemente /»í/////'^j. Los habitantes de las pampas com- 
prendidas en varias provine ias argentinas, derivan su nombre 
del de la provincia á que respectivamente ])ertenecen (de 
C«!>rdoba eonlobes, de Santiai^o santiaíineñn, etc.), v nunca de 
pampa. 



306 DANIEL GRANADA. 



PAMPERO, adj. — Dícesc del viento que, en el río de la 
Plata, sopla d(f entre el oeste y sud-sudoeste. U. t. c. s. 

Dicese pampero, pe )rque en el río de la Plata sopla del lado 
de las pampas. Es, por lo regular, frío, como que lo envía más 
y más refrescado la cordillera de los Andes. A veces, raras, 
sopla furiosamente 'dunmte dos ó tres dias, acompañado de 
copiosa lluvia ó de fuertes aguaceros. Este ejerce una influencia 
notablemente saludable y tónica en el hombre. Es el pampero 
por excelencia: entra de improviso: no cesa un solo instante; 
y deja, cuando se desvanece, seca la atm<'>sfera, despejada, 
puro y hermosí» el cielo. Hay asimismo el pampero que llaman 
sndo: lev;inta, al aparecer, nubes de polvo que asfixian, carga 
de electricidad la atmósfera, y despide, á trechos, una escasa 
lluvia <'» ligeros chubascos, incapaces de reanimar un puntr» la 
naturaleza aridecida. Pampero s//ri(f es como si dijéramos 
j)ampero espurio. 

«En este paraje experimentamos algunos vientos contrarios, 
que se reconocía ser ya de los de la tierra, que regulannente 
^'BCDCíTkw pamperos, que en lengua general del Perú (juiere decir 
campos grandes. > (Fray Pedro José de Parras.) 

«Viento impetuoso en las costas de la América meridional, 
que viene de las ])ampas, ó del S. y SO. (D. Juan Vilanova y 
Piera.) 

PANCjARK, adj. - -Dicese del caballo <'» yegua de color de 
venado. C. t. c. s. 

Lo propio en la pr. br. de R. G. clcl S.: nitis claro ijiic el 
doradillo ( Beaure])aire-Rohán ). 

PANGO, m. — Hierba (jue á fuer kV^ tíibaco fuman los 
negros en el pito ó caehimho» causándoles una tos muy fuerte. 

Lo propio en el Brasil, según Beaurepaire- Rohán. cjue dice 
ser el cánamo v la voz africana. 

PAPA, f. -Patata. 

En Quito, donde fué descubierta la patata, no se le dio 
desde el principio otro nombn* (jue el de papa. generalizad(» 
después en toda Amerita. 

PAPÁ, m.- \'. TATA. 

Entre los guaraníes, ya «-Ji tiempo (k- !a conquista, decían 



VOCABULARIO RIOPLATKNSE. 307 



los niños al padre papá, como actualmente la gente culta d^ 
las ciudades, donde se estila ora tata, « )ra pafxi. También papi, 
entre los mismos guaraníes. 
PAPILLA, l—BatatUta. 

PAPORRETA, f. — Raz<')n (> dicho que < are» c* enteramente 
(le sustancia, digno de menosprecio. 

Ilaltlar de papo significa figurada y familiarmente, hablar cotí 
prcsHución y vanidad, según la Acad., y es aplicac¡<m oportuna 
de papo. En Venezuela, por razones de eufemismo, no dicen 
sino l¡a¡)lar de paporreta, segim D. Baldomcro Rivodó, agregan- 
do que es cosa bien sabida la significaci<')n (jue da el pueblo 
á esta palabra. Por acá se ignora. 

PARACHl, m. — Pájaro pequeño, de cabeza negra, lomo 
pardo verdoso y Ci>la amarillíi. Anda en bandadas. 
Del guar parar /u. 

PARAGUAY. — Rio cjue nace en el llano de las Siete La- 
gunas, planicie de la sierra del monte Grande, en los 13'' 30' 
de lat. aust., desembocando en el Paraná. Sus grandes cre- 
< ientcs tienen lugar entre los meses de diciembre y julio, por 
efecto de las lluvias torrenciales de la zona tórrida, que en 
aquel paraje sobrevienen por octubre á marzo. Perteneció 
antiguamente, desde sus cabeceras, á la gobernación del Para- 
guay establecida en la Asunción, por cuyas gentes fue descu- 
bierto y conquistado el vasto territorio que vierte en él sus 
aguas. Rio de coronas, para^^iiai, le decían, asienta Ruiz de 
Montoya. Rio de los papagayos indica Almeida Xí^ueira que 
puede también significar el nombre que lleva. Azara dice que, 
cuando arriban m i<»s primeros españoles, habitaban sólo los 
indios carios n guaraníes toda la costa oriental del río Para- 
guay, y le llamaban Paias^nay, aludiendo á que los indios 
paia^nás lo navegaban ])rimitivamente en todo su curso; 
pero que los españoles le han alterado algo el nombre llamán- 
dole Paraí^nav. Paraf^nav denomin/)se igualmente el territorto 
bañado por sus vertientes de la margen izquierda y tierras 
adyacentes, a.sí <"omo el estado político que allí se constituyó 
después de la independencia. Las invasiones portuguesas tenían 
estriíchado < «»nsi(leral)lem<'nte el dominio español por el norte, 



308 DANIEL GRANADA. 



y hoj la República del Paraguay solamente lo ejerce desde el 
no Apa hasta el Paraná, y, del lado del Chaco, desde Bahía 
Negra hasta el Pilcomayo; de aquí para abajo la Confede- 
ración Ari^entina. El resto del Parauruav, <') sea desde el 
Apa a la izcjuierda y Bahía Negra por la parte opuesta hasta 
sus cabeceras, pertenece el día de hoy al Brasil, y aun la cos- 
ta del Cliaco se la disputa Bolivia á la nacii^n paraguaya. 

Aun(|ue el mencionado río y el país de los paraguayos llevan 
el mismo nombre, y el de aquél es primitivo; sin embargo, 
cuando decimos () leemos el Paragnaw lo entendemos como si 
la segundíi acepción de esta voz fuese su sentido recto. Asi 
suele decirse río del Paraguay. De manera (jue el rio de coronas 
recibe hoy como de prestado su proi)io nombre. El actual Para- 
í^iiay, ó estado político así llamado, no es más que una fracción 
del amplio teatro de la conquista, cuyo lustre irradiaba la 
Asunci<')n: casi puede decirse que sólo le ha quedado el nom- 
bre y la honra. 

PARAGUAYO, r^, adj. — Natural del Paraguay. Ü. t. c. s. 
— Perteneciente á esta nacit'^n. 

La Acad. tnie paraguayo y paraguayano. 

PARANÁ, m. — Rí(j gigantesco. Calcúlase su largo en ocho- 
cientas leguas marítimas; la anchura, en casi la mitad de su 
curso, varía, estando bajo, de tresá una legua, término medio. 
Innumerables islas; acjuí altas barrancas, allá espesos bosques; 
más arriba saltos (') (\itaratas no menos poderosas y sublimes 
que la del Niágara. Crece majestuosamente entre diciembre y 
julio, por efe( to de las lluvias torrenciales que entre octubre y 
abril caen en la i)arte de la zona tórrida donde tiene sus 
nacientes. 

Del guaraní parana, denominación que, según Ruiz de Mon- 
tt)ya, tlaban á algunos ríos, parientes del mar. Mas los guara- 
níes Címiprendían bajo este nombre, así el caudal del Paraná, 
como el del Plata. 

Los españoles, á vista de la confluencia del Paraná con el 
Uruguay, quitáronle á aquél el Plat<i, ese verdadero mar dulce 
que dijo Solís; pero quedóle su majestad, cantada por el poeta 
Líibardén, cisne de Buenos Aires. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 30í> 

Desde el Igiiazú á las bocas del Paraguay, á su izquierda, 
y de allí al Plata, por el oriente y el ocx idéate, baua las cos- 
tas de la Coufederaci(')U Argentina, quien, por lo mismo, en- 
señorea la navegación del soberbio coloso. 

PARANÁ. — Capitid de la provincia de Entre Ríos de la 
Conferación Argentina. — Departamento de la provincia argen- 
tina de Entre Ríos, junto al rio Paraná. — Capital del mismo 
departamento. 

PARANÁ (khuPaliwn.—W. DELTA PARANAENSE. 

PARANÁ GUAZÚ.— V. DELTA PARANAENSE. 

PARANAENSE, adj. — Que Cí)ncierne al río Paraná. 

PARARSE, r. — Ponerse en pie. 

'Párese, amigo, no se esté liaí acostado! — ;Qué jerigonza es 
ésa? rsi estamos en tierra donde se hable castellano? ¿Cómo 
ha de dctciicnc r cesar el jno'riniicpJo cjuien está tirado y quieto 
como un leño? Lo más que puede exigirse á quien yace en el 
suelo, es que se leiuiiitc y se pou-^a en [>ie:> (Cuervo.) Lo de 
menos sería suponer que va caminandíj aun el que está echado 
en el suelo ó repantigado en un sillón, si solamente el sentido 
común y la lengua soportasen las consecuencias de semejante 
rareza; pero es que puede uno j)agarIacon el pellejo. No (jui- 
siéramos estar con el de aquel á cjuien, hídlándose recostado 
sobre el césped junto á un monte, le dijesen, para qu(í se apa- 
rejase á conjurar el peligro de ser despedazado p«)r una ñera, 
párese, á secas, sin que la ocasii'»n permitiese otra co^a; que 
seguramente la fiera lo despedaza: tan lejos estará de su ánimo 
el pensar (pie tan breve palabra encierre en cifra tantas cosas. 

PARDEJÓN, 11(1, adj. — Que tira á pard(\ U. t. c. s. 

PARDO, da, adj. — En general, dícesc de toda la gente de 
color, incluso el negro del país. U. t. c. s. — En especial, dícesc 
del zambo. U. t. c. s. 

< Los hijos de negros y negras libres se llaman morenos () par- 
dos."> (El licdo. Valenzucla, en Sol(')rz.) 

<^Está poblado aquel país de tres castas de hombres muy di- 
ferentes, que son indios, europeos ó blancos y africanos ó 
negros. Las tres se mezclan francamente, resultando los indi- 



312 DANIEL GRANADA. 



tienen trato con nuestros establecimientos de Buenos Aires y 
Chile, y más particularmente con los últimamente formados en 
la costa patagónica.^ (D. José de Vargas y Ponce.) 

«Establecimientos de la costa patagófn'ca.-> (El virey !Marqucs 
de Loreto.) 

Los caballos 
Que del mar patagónico trajeron. 

(Labardén.) 

¿Perteneciente á los patagoncs..> (La Arad.) 

PATAGONL\, f. — El rio Negro al norte, el estrecho de 
Magallanes al sur, el océano Atlántico al este y la cordillera 
de los Andes al oeste, circundan el territorio patagónico per- 
teneciente á la Confederación Argentina. 

PATAY, m. — Pasta seca, he( ha de la semilla del algarrobo. 
La que expenden en los mercíidos y pulperías, tiene la forma, 
tamaño y color de un ladrillo claro. Hácenla en las provincias 
argentinas arribeñas, donde gustan de esta golosina. Es famoso 
el patay de la Rioja. 

PATEADOR, ra, adj. — Dicese del animal |que acostumbra 
tirar patadas ó coces, coceador. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

PATEAR, n. — Tratándose de animales, tirar patadas, cocear. 

PATÍ, m. — Pez grande de los rios, sin escamas, de j)iel 
atigrada y carne amarilla. 

PATO, m. — Antiguo juego de fuerza y destreza, entre los 
hombres del campo ó gauchos. 

Un pato metido hasta el pescuezo en una bolsa vistosa- 
mente adornada, era la prenda del más esforzado jinete. For- 
mábanse dos ó cuatro (^uadrillas, cada una de las cuales tenia 
señalado su apostadero á una media legua del punto de 
partida, que venia á quedar en el centro. Amarraban en el 
cuello del saco, según el número de cuadrillas que entraban 
en competei^cia, dos «') cuatro fuertes cuerdas, de cuyos cabos 
asian sendos jinetes, que se daban la espalda, si eran dos, y 
colocados en cruz, si cuatro, casi juntas las ancas délos caba- 
llos. Sostenidas en alto las riendas, á fin de que todos pudiesen 
ver que los comprometidos jinetes no contaban con otro 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 313 

apoyo que su asiento y los estribos, á una señal tiraban, 
metiendo espuelas. El que loi^raba arrancar el saco, todavía, 
perseguido por la cuadrilla ó cuadrillas opuestas que, dispu- 
tándole la presa, trataban de cazar uno de los cabos para 
arrebatársela, estaba obligado á llevarla inmune hasta su res- 
pectivo apostadero, donde era recibido entre entusiastas 
aclamaciones de hombres y mujeres, si daba cumplido término 
á la peligrosa hazaña. Por supuest(j cjue nunca pasaban estas 
diversiones bárbaro-caballerescas sin que hubiese que lamentar 
fracturas de brazos y piernas y porrazos tremendos, acabando 
ordinariamente á tiros y cuchilladas. Fueron, por tanto, una 
y otra vez i)rohil)idas por la autoridad ])iiblica, no quedan- 
do de ellas el día de hoy más que el recuerdo. 

PAYADOR, m. — Trovador popular y errante, que canta, 
echando versos improvisados, por lo regular, á com})etencia 
con otro que le sigue ó á quien busía al intento, y acompa- 
ñándose con la guitarra. 

Exactamente lo mismo que en Chile, según la acabada idea 
que de él ofrece 1). Zorobabel Rodríguez, quien se inclina á 
creer (|ue procoda el nombre del quichua ppaclla, campesino 
pobre. 

El ya casi extinto ¡xiya'lor rioplatense y chileno es jiersonaje 
común á toda la América esjxiñola. Llámanle propiamente 
Ciiiitndor en \'enezuela, según el erudito venez<)lano D. Julio 
Calcaño [Rcsvila hist. tic ln lit. i\)ifz}\. Es allí este repentista 
cantor el llanero (Baralt, Res, liisí. de fcz/zj. Trátase, pues, del 
lliiucro de Venezuela, del í^uaso de Chile, del ffaitclio del Rio 
de la Plata, que. de iiipera en i^tilpón, j)or ranehos y pulperías, 
va cantando de amor con tosco ritmo al gusto, sin permiso de 
la prosodia y del arte métrico, (jue todavía le pcrdcma sus 
transgresiones, en gra<¡a ele la inocencia de su pechado y cicla 
sencilla condií i«')n del auditorio cjue tan placenteramente le 
C'scucha. 

Según 1). Fidelis P. del Sohir, debe Si^r pallador; pero el uso 
general es decir y escribir payador. 

El alma del payador. > (D. R. Obligado.) 

<Y aquel extraño payador, abortado por la sombra, cania 



314 DANIEI. r.llANADA. 



h>s /ris/t's V I<>s f/(7os ile la pampa r«>n ene ant«» >«>hrohumano.-> 
(D. Joaquín V. (ioiizález, A/7 tnulición niiriofinl.) 

PAYA(iUA. adj. — DkwÑC del indi » t uv:: p:iroialid:id nave- 
•Xaba la parte superior del rí<» Pani«j:iiay al tiempo del desíubri- 
miento. I', t. e. s. — Perteneciente á esta pan ialidad. 

L<^ jxiyaguaes eran crueles v perseverantes en sus a( ometi- 
das, así c«>ntra los t.^spañ» ►les, e»»mo e« kutra las demás parcialida- 
des de ind¡«^. Sometiéronse á mediados del sii^lo décim« Krtavo. 

PAVLH}ASTA. — Departamento de la pr«>\-in( ia argentina de 
Salta. — Capital del mismo departament< ►. 

PAYSANDU. — Departamento de la República Oriental del 
Uruguay. — Ciudad cabeceni del mismo departamento. 

El padre m¡si«>nero Fray PoHcarpo Sandú form«'» una reduc- 
ción donde está la ciudad que lle\"a su nombre, por haber sido 
él quien ech«'> los < imientos tle la misma, según D. Domingo 
Ordoñana (Con/, sof. v o\ tü la R. O. dd Cl 

De p<if guaraní, patlre, y Sttni/i¡. apelliil» > del misi« >ner« >. 

PEDERNAL. — Dep;irtamento de la provincia argentina de 
San Juan. 

PELl>T.\. i. — Cuero do iiuimal v;fi.:ii'-. ent«T«», cortad» >s 
s«>los los garTone>. ts!a'¡¡ftiiih, dt-l » u:il, lU'diante wwd^ ;^'it(istas, 
se forma como una batea, que. llevatla y^^r un :Kulail"r ile lo> 
dientes <► asida á la cola del raball », >irvr pan transportar de 
una orilla á la otra iL^ un rio »'. arrovo invad»\ib!»' Ij ni- -atura y 
equipiíje «'» «'uaU^s«|uifra otros t»b)et"> •'• una per^^-na. La 
misma carona tlel re» ailo >o sutir tniT>l« ar t*!i e>ta >':wTa<i''>n. 

Lo propio en la pro\in<ia ¡'ra>ile:'i;i ().- Rí- . íinm-N' C\A Sur 
» Beaure|xiire-R« »hán ). 

-Al otro día |>asamos el rio x on />, <«,•/. in.r n » [». nler^e wi- 
dear.^ lEl P. P«»licarp» Dufo. Er.'r.ifi.r •::,■' ^v Á/:" ./ .'.;'» /> 
#7/5 al rasti^ th- Itis i N fie ¿es. \ 

<N»> había emb;in^ici/.n alguna: «"ii <iue tui- nre» i>o va- 
lemos de una pelota, que e^ 1. 1 qut- jara p;i>ar un no han 
^ iMtlUii do Itig» TUitunile^. Hácenla de mw «uer»» de va» a •'• de 
torOfO>giendo las punta> por la> cuatr»> est|uinas. ha^ta dejarlo 
cuesta forma \ j . ven aquel |>«ko de plano que queda 
se pone t<xlo el n^^ad»» de montar, v lur^jo s^^bre él 



VOCABULARIO EIOPLATENSE. 315 

se sienta el pubre navegante sobre sus mismos pies, casi arro- 
dillado. De una de las esquinas de la pelota prenden una 
cuerda: échase un mozo á nadar con toda suavidad, v sin 
mover oleaje alguno ccm el movimiento de pies y manos va 
nadando y tirando aquella débilísima embarcación de aquella 
cuerda que prendió con los dientes. Quien se embarcó en ella, 
hade pasar sin hacer el más mínimo movimiento», porque, 
á cualquier vaivén, se va á pique... He referido esto paní 
que en adelante, cuando se diga haber pasado algún río^// 
pelota y se entienda por lo mismo que haber pasado en dicha 
embarcaci(')n^. (Fray Pedro José de Parras, Diar. en la Rcv. 
tk la Dibl, P. de Bs. As. por Trelles). 

<; Porque algunas veces he dicho que los pelota' (viene ha- 
blando de los ríos), ha de saberse que para este fin usan un 
cuero de toro ó vaca seco: le dan figura < uadrada ó rectangu- 
lar, cortando lo sobrante con un cuchillo; luego con cuatro 
ligadurillas forman de él una candileja: lo tiran al agua los 
cuatro picos para arriba, y dentro meten lo que quieren pa- 
sar, y un hombre A caballo nadando tira de una guasquita la 
pelota y pasa grandemente. En cada pelota ó candileja se 
pasan cómodamente i6 á 25 arrobas peso, y siempre es pre- 
ferible á una mediana canoa.:> (Azaní, Maj. publ. por el geni- 
D. B. Mitre y D. J. M. (jutiérrez.) 

«La pelota, . . es una especie de balsa formada con el cucn » 
scc(^ de un novillo, recogido hacia arriba en forma de tinaja y 
enjaretado al rededor de la abertura p(»r donde se mete el via- 
jero. A veces le ponen dentro ó fuera ¡xilos á los costados para 
que arme mejor. Se maneja con una |>ala /> gruesa rama, se 
arrastra por otro á nado ó á caballo, ó se tira desde la orrilla 
opuesta cí^n un lazo.» (Magariños Cenantc*s, Palmas y Om- 
húes.) 
V ^ PELOTEAR, a y n. — Pasar un rio ú otro caudal de agua, 

sirviéndose^ de un cuero convenientemente afiarejado al 
intento, al cual se le da el nombre de pelota. 

Peloteamos esta segunda cañada, que era muy ancha y vol- 
vimos A cargar.^ (Azara.) 

.Pasamos un bracito, y después (en piloteando) un brazo del 



316 DANIEL GRANADA. 

Queguay, que estaba bien crecido.» (El padre misionero ci- 
tado en el art. GUASQUEAR. 

PELUDO, m. — Tdú de media vara larga de longitud, cu- 
bierto de pelos largos entre y sobre las escamas. Otros 
tatúes lo tienen también, pero más escaso; de ahí que sólo este 
lleve dicho nombre. 

PELLA, f. — Manta de gordura que cubre la canie del ani- 
mal. Así animal ác pella se dice del que es muy gordo, tra- 
tándose del ganado vacuno. 

PENDÓN, m.— V. ESTANDARTE. 



PEÓN, m. — El que trabaja o sirve bajo la direcci<')n y 
mando del dueño de un establecimiento ó de un capataz. 
Aunque el significado recto de la palabra es el qitc camina ó 
anda á pie, se usa corrientemente tratándose de los que 
trabajan á caballo. Así los trabajadores de una estancia, que 
no dan un paso si no es á caballo, son peones, excepto el 
capataz. Los conductrjrcs subalternos de tropas de ganad»:), se 
llaman ixúmhmk) peones. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

PEONADA, f. — Peí)ncs que trabajan en un establecimient"). 

Lo propio en el Perú (Palma). 

"Obra que un pc('»n (') jornalero hace en un día. > (La Acad.) 

PEPOAZA, m. — Pájaro de una cuarta de longitud pn'ixima- 
mente, de lomo ceniciento, pecho blancf\ y alas negras, atra- 
vesadas por listas blan(^as. 

Del guar. pepo ara, ala atravesada. 

<:hof> pepoazás carecen del humor melancólico y pendencie- 
ro de los otros (los sninns).> (Azara.) 

PEREDA, f.— Cicatriz. 

T>c\ ^lix pen',pereb, con significación semejante. 

En el Brasil erupción cutánea pustulosa (Bearepaire Rohán). 

Usa esta voz sólo la gente del campo (Urug., Paran., Parag.). 

PERICO. — Capital del departamento del mismo nombre de 
la provincia de Jujúy. 

PERICOTE, m. — Ratón grande del campo. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

«Sea lo que fuere, no se puede dudar que hay muchísimos 



VOCABULARIO RIOPLATENSB. 317 

(ratones) y muy perjudiciales, espeeialmente los que por acá 
llaman paicotcs, que llegan á tal tamaño (¡uc se hacen temer 
ilelos gatos. :> (El P. Lozano, ///>/. de la comj.del Parai^. etc.) 

CHARATA, f. — Especie de faisán. 

PESADA, f. — Unidad ponderal usada en los saladeras para 
pesar cueros salados, y en las l)arracas para pesar cueros 
secos. \jA pesada de saladero tiene setenta y cinco libras en las 
repúblicas Argentina y Oriental del Uruguay. La pesada de 
hartara es, en la Repiibli(\i Argentina, de treinta y (^inco 
libras, v de cuarenta en la Oriental del Uruc:uav. 

PETISO, m. — Caballo de muy Cí^rta al'/.ada. 

Lo proj)io en la jírovincia brasileña úc. Rio Grande del Sur: 
caball<") de piernas curtas íP>eaurei)airc-Robán). Los riograndc- 
ses tomaron del Río de la Plata el vocablo. 

PLVLAR, :x.~-:\/u'a!ar. (V.) 

Corrup<M'')n tan gí^ieralizada, (}uc es la vuz corriente. 

Tambii'n en la provincia bra>ilcria de Rín (jrande del Sur 
<!iccn ¡'ialtv ('ne:!un^]xiir<'-R"hán >, < ^n la pr<-¡)ia signiricaci(')a 
que en el Ríodc la Pía, de donde lt>s riograndeses tomaron 
(^1 \oiablo así corroin;udo. Trac asimismo /^/íz//, por acci<')n de 
pialar: 'de/^/f/A', vocablo de la Amcr. merid. esjxifiola. Igno- 
rrin-'S si lo es; si bien en el Río (}«• la Plata dicen ¡¡ii-a, deri- 
vado de //í?////' y correspondiente al vocablo j^rimitivo apea. 

PICADA, f. — Senda eslr(*( b:i, abierta por entre un monte. — 
Paso de un río <'> arroy»», por el cual S(')lo puede andar un 
hombre á caballo. 

La 2.^ acep. es traslaticia; jnirs \\.\ picada, propiamente, sólo 
puede ser la senda, jxira hacer la (ual se corta, ó pira, el m<m- 
te. Pero como casi no hay río ó arroyo que no tenga monte 
<.;n sus orillas, y la ])ica(la coresponde regulannente con un 
paso, de ahí que á éste, j')or traslat i«''n, se le llame también 
picada. 

<Un destacamento de treinta hombres, provistos de todo 

lo necesario para su alimento y defensa, como asimismo de 

hachas, machetes y demás instrumentos precisos para romper 

''•1 monte, abrieron efectivamente \í\pieada.> (D. José M.* Cabrer.) 

Pica llaman en Venezuela, según Rivodó, á la vereda o sen- 



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318 DANIIL GRANADA. 



da, especialmente la que abren los ingenien >s para liacer una 
carretera ó camino. Pian/a, en el Brasil, significa substancial- 
mente la misma cí>sa que en el Rio de la Plata. 
i ' PICAFLOR, m. — PajarilK» diminuto, notablemente bell< » 

|X)r los cambiantes que ofrecen los finos (olores de su pluma- 
I ; je. Permanece largo rato suspendido fijamente en el aire, p>r 

\ * efecto del rápido movimiento de sus alas: de donde le viene 

;,<¡ el llamarse asimismo /m/r en el aire. No falta en cualquier jar- 

\ ' din; porque apetece sobremanera el néctar de las flores, el 

I cual chupa con tal delicadeza, que no les causa el menor da- 

ño. Apareí e repentinamente: para de pronto su vuelo vertigi- 
noso ante una y otra y otra flor, sin huir de la gente; y con 
la misma precipitación .se hurta á los ojos de quien lo admi- 
ra. Enjaulado, desfallece y muere. Por otro nombre rolihri: 
pero el más corriente es picaflor. Predomina en su plumaje 
el color verde esmeralda. 
j !• «Así {picaflor) y teutc en el aire les llaman lus españoles. 

I (Azara.) 

j Los picaflores 

j Liban el dulce bunicuyá. 

; (D. Rafael Obligado.) 

PICANA, f. — \'ara larga con aguijón en uno de sus extre- 
' mos, para picar los bueyes que tinin de una carreta. — Carne 

' , del anca del animal vacuno. 



\ Lí» propio (i.'* acep.) en Chile (Rodríguez) y en el Perú (Palma). 

I También en Chile la 2.** acep., según Solar: cuna presa de la 

vaca, > que es, sin duda, el anca. V probablemente en el Perú: 
sólo que la noticia de Palma se contrae á la i." edición del 
Vocab., que no trae la 2.* acep. 

La voz aguijada no .*<e usa nunca, ni es conocida vulgarmenl<^ 
en el Río de la Plata. 

Picana, en la provincia l)rasileña de Río Grande del Sur, 
significa asimismo el anai, que es la parte del animal vacuno 
más á propósito para el asado con cuero, como indica Bcaupairc- 
Rohán, quien parece andar algo ílesorientado en punto á la 
etimología del vocablo. Viene de picar, porque el anca es la 



VOCAliULAUIO BIOPLATENSE. 319 

parle donde más frecuentemente pimii cnii la aijada á los 
bueyes que tiran de una carreta. 

PICANEAR, a. — Picar con \a picana, aguijar. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

PICAZO, za, íidj. — Aplicase al caballo n yegua que tiene 



el cuerpo oscuro y la frente y ])ics blancos. U. t. (\ s. 

Lo propio en la prov. bras. th; Rio (irande del Sur: picaro 
(Bcaurepaire-R( >lián). 

PICOTÓN, m. -Pi( otazo. 

Lo mismo en Chile (Solar». 

PICHINCHA, f. — Negocio ó adquisición vc-ntajo.sa por 
todo extrenKj). Es tina pichincha. ¡ Qnr pichincha! líe hecho una 
pichincha. 

PICHINCHER(.), ra, adj. — Que en sus negocios quiere 
que todo sea pichinchas, que es amigo de pichimhas, que 
trata .siempre de hacer pichinchas. U. t. c. s. 

* 

PIE DE LA CORDILLERA.— Ultimas mesetas ó descansos 
de donde arranca la cima «'• lomo de la rí)rdillera de los 
Andes. 

PIEDRA HLAN(\\. -I)ci)artament«í de la ])ro\¡n( ia argen- 
tina lie Catamana.- ('apital ilel mismo de|)artamento. -- 
Departamento ile la pn»vincia argentina dt; .San Luis. 

PIEDRA DE AGUA.— Calcedonia enhidra. 

Hallaste esta (lase {\v ])iedras en la banchi oriental del Uru- 
guay, dentro de unas roeas negruzcas. La calcedenia aparece 
envuelta en una blanda masa blaníjuei ina, tomo si se hubiese 
(juerido evitar el rore del ágata, que < s dclieada, eon la piedra 
que la contiene, (¡ue es esrabrosa. 

PILCHA, f -Prenda de uso. 

PIN(j(.), m. —Caballo vivo, ligero, tle buenas cualiihules. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río (grande del Sur 
(Beurepaire-Rohán). Prov. de la Amér. merid., según Salva: 
ícaballo de regalo. En Chile, caballo ruin, según Rodríguez. 

A s\\ pinico palmotea. 

(D. A. Mai^ariiloH CtrvaDtes.) 

I*INTí)N, na, ailj. — Dice.se de la fruta (jue empie/a á lomar 
el color ^jue anuncia su pr<'>xima madurez. 



320 DANIEL GRANADA. 



Lo mismo en Cuba y en Bogotá, países en áonáct pinión- 
significa, según Cuervo, medio iiíiidnro. 

T>L' pin/ar, n., que es < empezar á tomar color y madurar cier- 
tos frutos % (lire la Arad. Pero define asi el adjetivo de que se 
trata: ^.Dícesc del racimo <ic uvas /» de la vid cuyos granos van 
lomando color. 

';Este adjetivo puede aplicarse también á otros frutos y frutas, 
además de la uva.- (1). Haldomero Rivodó.) 

PIOLA, f. — Pedazo de hilo más retorcido y fuerte que el de 
acarreto. 

Lo mismo en el Perú (Palma). 

(En la) marina. C'abito formado de dos «') tres filásticas.:> (La 
Acad.) 

PIQUE, m. — Inse( to que hay en Misiones, Paraguay, Chaco, 
etc., el cual, introduciéndose por los poros del cuerpo, si no se 
le extrae á tiempo, se multii)li(\i prodigi(\samente, corroyendo 
la carne. P<^r otro nombre en América nii^jia, no uvado en el 
Río de la Plata. 

También en el Vqxíx pi(jfíc (Paz-Soldán, Palma). 

Del qui( h. pi(j¡íi ( Paz-S« )ldán). 

YA insectil, tan general en las Indias, llamado nigua (> pique, 
cuya in( omodidad es frecuente, como el peligro que se corre 
después de la extracción, si por casualidad se moja el pie, en la 
isla de Cuba, no le hay en la Luisiana. > (I). Antonio de Ulloa, 
A7V. amcr.) 

PIQUETE, m. — Corral pequeño, cerca de las casas, para 
encerrar un animal, en lugar de tenerlo á soga. 

L'IQ'UILLIN, m.- Arbusto que da un frut(^ comestible seme- 
jante á la grosella, ora colorado, ora amarillo, ora negro. Críase 
en las ])rovincias argentinas arribeñas. Rliauinnr. 

Í^RÍ, m.— Toldo. 

ApíK ope de piriog, ó bien ác. piti pcmh'i, términos guaraníes 
ci\u\\:\\cnics {i /o/do dr /nnro, f/ninr//a de jnnro. V. QUINCHA 
y TOLDO. 

^Constaba dicha toldería de ciento y un piris.y> (El P. 
Policarpo Dufo, //// de la entrada que se hizo el año 77/5 al cas^ 
/igo de los infieles publ. por Trelles.) Trelies dice: ^Pirí es 



VOCABULARIO RIOPÍ.ATENSE. 321 



palabra de la lengua guaraní, que significa junco y también 
estera tic junio. Por este documento se ve cjue era empleada 
figuradamente, eomo una especie de sinécdoque, para sig- 
nificar las chozas de aquellos indígenas (los bohanes y 
yaroes), por el nombre tle la planta que les servía de mateial 
[)ara cubrirlas, ó para formar tejidos (on el mismo objeto; 
pues en sentido recto, un toldo de estera «'» junto sería />//'/ 
oí^, según los diciionarios de la lengua. 

PIRIRIQUITÍ, m.— Pagarillo de color azul. 

Del guar, /ünríquiTí. 

l'IROX, m. — Pasta hecha ci»n Janña y caldo /» agua 
caliente. Se come, .sui)liendo por el pan, con el puchero ó 
ron cualíjuier guisado. Pls voz procedente del Brasil. 

PISINGAÍ J.( ). m. — Maíz pequeño, puntiagudo, colorad* ». 
el más á prop<')sito para hacer rosetas <'» pororó. 

PITADA, f. — Fumada. — Corta pí)rción de taba» «», para fu- 
mar una sola vez en el pito, eachimlto «'> pipa. 

Lo proj^io en el Perú (Palma). 

PITANGA. f. — Árbol de la familia de las mirtáceas, de hoja 
aovada y olorosa, de faito comestible, .semejante á una guinda 
negra «'> morado-oscura en su forma y tamafK», con carozo re- 
d(mdo, ( uya cascarita envuelve una almendra. —Fnito de esté 
árbol. — Arbusto de la misma especie que el árbol antedicln». 
pare( ido al arrayán. 

Del guar. ihapíla. 

La gente del campo apli( a ( 1 (acimiento de la ( ás< ara dt I 
árbol para curar la disentería. 

En Colm. pitani^ucira f/el Brasil. 

l*ITAR, n. y a. — Fumar, ya sea (.w pito, cac/iiniffo ó pipa, ya 
sea un cigarro. Ks voz vulg. y fam. 

Lo ])ropio en Chile (Rodríguez) y en el Perú (I*az-Soldán. 
Palma), l'rov. de Amér., fumar (Salva). 

Pitar tabaco trae el P. Andrés Febrés. K^to un filólogo, y á 
mediados del siglo W'lll, loque parece (juitar algún tant<» 
v\ sabor vulgarísimo y ordinarísimo del vocablo de (pie si- 
trata. 

II 



322 DANIEL (iRANADA. 



Es un bendito, 
Que come, hrhe, fii/a. 

(D. Andrés Bello, Kl Proscrito,) 

Discurre y Z»///?, 
P//(7 y discurre; y luego jnde un mate. 

(Kl mismo, ibídem.) 

Páseme, companero, la tabaquera; /»/Av///^j> im cigarro. > (Sar- 
miento, Facundo, ó Civil, y Barh. etc.) 

Beaurepaire-Rohán entiende que tanto pilada, «omo pilar 
y pito, vienen del guaraní pite (') del tu])í pitcr, chupar, sorber. 
Nosotros nos inclinamos á creer (|ue />//íí'/' y />//^//<^7 se derivan 
ÚQ pito, y que éste no es otra cosa que el sentido traslatici») 
de la ti autilla nombrada />//o, por la semejanza que (on ella 
tiene la pipa de fumar que lleva ese nombre. 

PITO, m. — Pipa de fumar, muy ordinaria, semejante al la- 
* ¡limbo, como éste usada ( omúnnunte ])or los negros anti- 

UU( )S. 

PLANCHADA, f. — Tablazón que, iipoyada en la costa de 
un río y sostenida por un caballete introducido en el agua, 
sirve para el embarco y desembarco. 

PLANCHEARSE, reti. — Caer de lado la cabalgadura. 

Lo propio en la ])rov. brasil, de Río Grande del Sur (Beau- 
repaire-Rohán). 

PLATA, f.— Diñen». 

La voz plata, en el siíutido de dinero, así en el Rio de la 
Plata, como en toda la América, donde es de antiguo uso y 
generalizado, no envuelve un galicismo, como pudiera pre- 
sumirse, atendiendo á ([ue el ari^riit francés significa, no sólo 
plata, sino también dinero. No es tan espurio el vocablo; 
antes al contrario, tiene legítimo v nobh* abolenjio. Con efecto, 
el tan Hmpio conn) reverenciado metal de plata corría en los 
siglos pasados con tal abundancia en las Indias, que lleg*') á 
ser («msiderado como el único representante del dinero. De 
ahí la sinonimia de />//iA/ y dinero. Publicóse con verdad, decía el 
virrey del Perú martjués de Montesclaros, que sobraban tanto 
¡as riquezas en ti [q\\{¿\ Perú), y//r se tenia por más fácil v barato 
armar los liombns v herrar los caballos de plata que de hierro. 



VOCAIULARIO RIOPLATENSF. 323*^ 

V Antonio León Pínclo asevera que, poniendo i)or caso (juc 
de Aniériea á Kspana haya dos mil leq^uas, hubiera pocHd'» 
hacerse //// camino de píala (con sólo la que han dado Ia^ 
Indias) iic catorce raras de anchura r c na tro dedos de espesor. 
La i^lata se fue; pero quedó su j^usto tan pegado á jos 
lal>i(»s, (|ue, á íin de evitar que de la memoria llegase p(>r 
ventura á horrarse su ])Iacentero y glorioso recuerdo, se ha 
convenido en su[)lir la falta de ella con la suave fruici*'»n 
que su símid»; tausa en los oídos; de forma que aun al 
misnn» <"»)bre s(í le llama plata á boca llena. 

No (jueremo^ decir c<»n todo est(» ijue sea convenien- 
te conservar la sinonimia, de todo j)unto innecesaria, de 
las voíes plata y dinero. Tero tiene una excelencia; y es 
(pie. á fuerza de UmUi air p/ata, p/att/, p/ata y /data, se forma 
uiv» la ilusi«')n de (pie vive nadando en ella, ([ue no es poco, 
á falta de dinero. 

y rqué mucho cpie e/ hajo cohre ande 
( \)n máscara de plata, si sabeuK >s 
Oue nos eiiírana así naturaleza? 
Pues ese cielo azul, ([ue todos vemo>. 
No es ( ielo, ni es azul. ¡Lástima grande 
Que no sea verdad tanta belleza! 
I'er(l«'»nemos Argensola. 
Ln esl¡I(^ ¡ocííso escribe I). Andr¿*s Bello: 

Pero al íin I). Agíipit»» 
Ks hombre servicial y úcuv p/a/a. 

(Kl Proscrito.) 

V no faltí) en España (luicn dijese, si bien p(»r boca de uu 
personaje c/anico: 

Jforeno. 
Que todavía me acuerd*» 
de ([ue soy luímbre. . . 

Petra. 






Moreno. 



auntiue w^ tengo dinero. 



rQué 
Hombre 



324 DANIEL GRANADA. 



Petra. 
rSin plata, y hombre? Tú solo 
tendrás ese privilegio 

{D. Ramón do la Cruz, Ei buen casero.) 

PLATA (rio (ida). — Río que tiene por cabecera la confluen- 
cia del Paraná y Uruguay, y al cual se le da conmúnmente por 
término, en el océano Atlántico, los cabos de Santa María y 
San Antonio. Fue descubierto, á fines del año 15 15 y prin- 
cipios del I O, por Juan Díaz de Solis, el tnás excelente hombre 
de su tiempo en su arte, según el cronista Antonio de Herrera, y 
de quien dice Oviedo c^Q^pa recién dolé que en la villa de I^brija, 
de donde era nalutaly no eahian sns pensamientos, z'ohu'ólos al 
otro hemisferio. Mar dulce llann') Solís, por su inmensidad, al 
río de la Plata. Rio de Solis fue denominado en seguida, á raíz 
<lel descubrimiento; pero, habiendo después (15^7) Sebastián 
Gaboto enviado á España para ante el monarca unos indios ;i 
quienes adornó con algunos objetos de plata que juzgó ser de 
las regiones que estaba reconociendo, de ahí que el rio de Solís 
olvidase el nombre de su descubridor y lo sustituyese por el 
más halagüeño de rio de la Plata. Murió Solís á manos de los 
charrúas, en la costa septentrional del recién descubierto rio, 
cerca de la desembocadura del Uru5:uav. Como viese los indios 
a corta distancia de la orilla, determinó comunicar con ellos, 
bajando á tierra en un bote con algunos españoles; pero, apenas 
lo hubieron hecho, pagaron con la vida tím temeraria impru- 
dencia. 

PLATA (ciudad de la).—\. LA PLATA. 

PLATUDO, da, adj. fam. — Que tiene mucha plata. 

Lo mismo en Bogotá: < rico, adinerado, dineroso:> (Cuervo). 
Y en Chile (Rodríguez). 

PLUMERILLO, m. — Arbusto del género de las mimosas, 
muy frondoso, de hoja menuda y ramas largas y enredadas 
entre si. Llénase de ñores coloradas en haces semejantes á 
un plumerillo. Calliandra bicolor Benth. (acacice) en Gibert. 

POCITO. — Departamento de la provincia argentina de 
San Juan. — Capital del mismo departamento. 

POCHO. — Departamento de la provincia argentina de 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 325 



Córdoba, fnnUerizo á la Rioja. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

POLEO, m. — Arbusto de hoja aromática y medicinal. 

POLLERA, f.— Falda ó saya. 

< Las mujeres españolas usan una ropa que llaman pollera^ 
y pende de la cintura: ésta es hecha de tafetán sencillo y 
sin aforro, porque los calores no les permiten otra cosa (habla 
de Cartagena de Indias); y de medio cuerpo arriba un jubón 
ó almilla blanca muy ligera. > (Juan y Ulloa.) 

vBrial /) guardapiés tjue las mujeres se ponían sobre el 
guardainfante, encima del cual asentaba la basquina ó saya.» 
(La Acad.) 

PONCHAD.\, f. — Cantidad de objetos cjue podrían llenar 
un poncho. 

Lo propio en la prov. brasileña de Río Grande del Sur 
(Bcaurepaire-Rohán ). 

PONCHO, m. — Manta cuadrilonga, con una abertura 
en el medio, á propósito para introducir por ella la cabeza, 
á fin de que aquélla quetle pendiente de los hombros, cubrien- 



do pecho y espalda. Úsalo habitualmente la gente del campo; 
la de las ciudades solamente en partidas de campo y en 
viajes por la campaña, prefiriendo naturalmente los de vi- 
cuña, tela riquísima y cada vez más rara y estimada. Los 
de vicuña, llamatlos también man/as, suelen usarse como bu- 
fandas. 

En arauc. poutlio, pondio. V. la observación que hicimos 
en los art. GUACHO y MANCARRÓN sobre supuestos 
vocablos aborígenes. 

«Especie de sayo <'» capote sin mangas y con abertura 
por donde se saca la cabeza.> (T^a Acad.) 

POPÍ, m. — Mandioca, raspada la cascara, cortada longi- 
tudinalmente en pedazos y seca al sol, á cuyo efecto se cuel- 
gan éstos en unos c<jrdeles horizontales; operación que se eje- 
cuta con el fin de no carecer de este alimento cuando ya ha 
pasadi) la época de la cosecha, porque en su estado natural 
no se conserva mucho tiempo. 

Del guar. mandio popí, mandioca raspada ó limpia. Espe- 



32G DANIEL GRANADA. 



i ic de elipsis en que se luí tomado el modo por el sujeto 
modificado. 

PORONGO, m. — Calabaza silvestre, amarga, de forma 
oblonga. — Calabacino, ó sea vasija ft)rmada de una cascara 
seca de calabaza silvestre, para tener líquidos ó cualesquiera 
otros (objetos. — Mate de forma ovalada. 

< Prov. de la Amer. merid. Especie de calabaza de cascara 
nmy dura, que se emplea (omo \asija para varios usos do- 
mésticos.» (Salva.) 

Paz-Soldán dice que cuando los ma/cs son ovalados ó largcis 
}• angostos, reciben el nombre áo porongos y sirven de botellas 
(esto en el Perú), y que tanto jnaic como porongo son voces 
tiuichuas. Rodríguez lo define «cantarillo cuellilargo de barro> . 

Parece que antiguamente significó cantarito; pues el P. Pe- 
bres i^Calcp. cJiil. /lisp.) dice: cpunnico, el porongo, cantarito. > 
Puede jirovcnir del quich. punniccii, ó ser afcr. del guar. i'ha 
poto, calabaza amarga. Comunicóse el vocablo en estas tres 
lenguas, quizá, por boca de los españoles, siendo lo probable 
(jue primeramente fuese quichua. 

Kn la prov. brasileña de Rio Grande del Sur cierta cucur- 
bitácea pequeña, de que se hacen vasij illas para tomar el mate, 
según Beaurepaire-Rohán, que considera venir el vocablo del 
quicluia pitruucca. 



P( )RORO, m. — Maíz tostado del modo siguiente. Ponen 
en una sartén, al fuego, un poco de grasa, y, cuando esta 
l)ien taliente, le echan el maíz, el cual en el acto revienta 
y salta, abriéndose en fonna de róselas^ cuyo nombre suele 
también dársele. El maíz más á propósito para esta opera- 
ci<jn es uno muy pequeño y puntiagudo, que dicen pisitt- 
gulii). — Por analogía con el múltiple y sucesivo estallido del 
maíz que revienta en una sartén caldeada del modo diclu», 
se emplea la voz pororó para indicar cualquier sucesión 
desordenada de s(midos estrepitosos. — Del que habla ccm 
¡)rccipitación y demasiado, particulannente si tiene la voz 
aguda, de manera que aturda ó fastidie, se dice asimismo 
([uc es o pare re uu pororó. 

La \o/. pororó procede del guaraní pororog, que significa, bien 



VOCABULARIO RIOPLATKNSK. 3:i' 



i'xprcsivamciit(% estruendo, ruido de cusa t|ue revienta. Abali 
pororói^\ maíz (jnc irrcutó tostándolo, dice Rr.iz de M'»ntoya. 
Aba ti es maíz. 

A D. Franeis(V) A. de Fií^ueroa, (¡ue rantó las excelencias 
del chorlo, })erteneeen los versos >ÍL'^u¡cntes: 

Entonces de maíz los orientales 
llaeen el blando mote, é ij^ualmenle 
VA pororó n rosetas, en (jue hallo 
La execleneia especial del />!s:ni::i!/o. 

POROTO, m.- Habichuela. \'. (IlAUCIIA. 

Mas yo sienl » 
Que, sin un buen aliuo, los /»^;/v;/'m- 
Causan sus compromisos v alb«)rot. >s. 

(D. F. A. de Fií^ueroa.) 

PORTEÑO, ítt7, adj. — Xatur.il de la < iudad {\ /mcifo) i\c 
Buenos Air(\s. U. t. e. s. — Pertíiieciente á di<ha ciudad. 

POSTE, m. — Palo fuerte, j^rueso y tosco ([ue, elavado en 
tierra, sirve para sosten<'r el alntnhrnilo de los camj)os, atar 
animales, <tc. 

POTREADoR, m.- PaliU'juc u.' aeep.». 

P()TRER(). m. Terreno cercado, para tener animales á 
man«», aipu r<-ne¡ar caballos, ín/n'/f/llnr, ^/ía7/7;///'<7/', et<\, ete. — 
Campo aj-arente para un pastoreo ojXMáal, por tener los mejo- 
res ])ast<»^, f/í^.'/d'/t's, etc. --Rinconada tle bu'-nos pastos. 

Lo pr<»j)ioen el Perú (Palma); asi conn» en Chile y P*olivia: 
recintos más ('» menos «grandes que se destinan en las ha<'ien- 
das á la criíinza de l'is ganados (Rodrigue/). Prov. {\c. Amér. 
La hacienda destinada á yeguadas y vacadas. (Salva.) 

Formamos ti < am])amento en la esíjuina ipie hiuc. <•! río 
Permiso, (ju<* sigue después al oriente, habiendo distintas 
ensenadas abundantísimas de ])asto, por lo (jue se les dio el 
n«»mbre de /fo/nrox t/r Sti:/ li-nianfo.^ (í\y/>. c!¡ (liaro j>or 
J). jen'.n Matorras.) 

.í'í)TRERo DE INVERNADA.— Campo d.^ buenos pas- 



328 DANIEL GRANADA. 



tos, cercado, para pastoreo de novillos ó vacas en la época 
de la invernada, V. INVERNADA. 

PROVINCIA CISPLATIN A.— Denominación que se dii> 
;i la Banda O fien tal, con determinados límites, cuando estuve » 
incorporada al Brasil. 

Cis'platina, del lado de acá del Plata respecto al Brasil y á 
su corte en Rio Janeiro. 

PROVINCIAS UNIDAS DEL RÍO DE LA PLATA.— 
V. NACIÓN ARGENTINA. 

PUCHA, f. — Úsala regularmente el vulgo como interj. equi- 
valente á ¡caramba! a veces precedida de artículo. 

Rodríguez cita el siguiente pasaje de Tirso de Molina en la 
Villana de ]'a llecas: 

¡Oh hi de pucha! 
¿Y qué queréis ver con ella? 

PUCHO, m. — Sobra ó resto, y también lo que vale muy 
poco ó casi nada y se desprecia. 

No hay más que un puclio (una sobra) de tal ó cual cosa. 
Sólo me queda un pucho (resto) de ella. Tengo wn pucho (poca 
cantidad). Un puchito (una nada). No vale un pucho (es cosa 
despreciable). Un pucho (desperdicio) de cigarro. 

Del quich. y del arauc. puchu. 

Prov. de la Amér. merid. en Salva: la punta del cii^anv rnc si- 
ha fumado. 



Usase también en Chile, Bolivia y el Perú, según Rodrigue/, 
ya para expresar el resto del cigarro, ya para ponderar lo poco 
en que se estima una persona ó cosa. 

PUEBLADA, f. — Movimiento popular momentáneo ó pa.sa- 
jcro y de pi)ca ó ninguna importaní ia ó sin trascendencia 
política. 

< Cuando el pueblo tumultúa contra alguien, ora. sea autori- 
dad ó no, decimos que ha habido una pueblada: hay voces que 
denotan casi lo mismo, como viotin, asonada, alboroto , tumulto, 
hullaui^a ó bullaje etc.; no obstante, por la analogía de su forma 
cc»n la de alcaldada, es expresivo. Si se áijcm poblada, canm 
hemos visto en un escrito de Buenos x\ires, no sería objetable. 
(D. Rufino José Cuervo.) D. P. Paz-Soldán prefiere puchladn. 



VOCABULARIO RIOPLATENbE. 329 



La verdad es que siempre dicen pueblada; pero fmblada ten- 
dría menos sabor de vulgaridad sin duda alguna. 

PUELCHE, adj. — Dícese del indio de cierta gencraci(>n que 
habitaba en la Pampa. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha gene- 
ración. 

PUESTERO, m. — El que tiene un puesto en una estancia, ó 
(jue con una majada de ovejas ó unos pocos animales vacunos, 
que beneficia ¡)or su cuenta, cuida al mismo tiempo del campo 
y presta algunos servicios á su dueño. Establécese regular- 
mente del lado del cerco, junto á las tranqueras ó en un rincón 
del campo. 

PUEST( ), m. — Lugar donde en una estancia se halla esta- 
blecido el puestero. V. esta palabra. 

PULPERL\, f. — Casa ó rancho d<mde se vende por menor 
vino, aceite, grasa, yerba, azúcar, velas de sebo, caña, ciga- 
rros «jrdinariíjs y otras ("osas semejantes. La casa en que se 
despachan objetos análogos de calidad superior, se llama í//- 
macen de comestibles y bebidas ('» simplemente almacén, aunque 
también suele dársele el nombre de pulpería, particularmente 
en los pueblos de la campaña, así como cuando se halla esUi- 
blecida fuera de las poblaciones ('> en medio del campo. 

Es la pulpería un compuesto de abacería y taberna. Viene 
la voz í\q pulque, según Sol<')rzano [Polít. iud.), que es inia be- 
bida espirituosa (jue extraen en Méjico de las hojas del ma- 
guey, de donde también el llamarse allí puhjueria á la tienda 
en (^uelo despachan. 

Pero esta etimología es tludosa; pues (iarcilaso de la Vega 
(Coment. real.) n<.>s cuenta cjue por el tiempo en que (M^urrió 
la muerte del virrey don Antonio de Mendoza andaban todos 
tan belicosos en el Pen'i, (jue diariamente había pendencias y 
desafíos, no \a entre la gente principal y soldados famosos, 
sino también entre mercaderes y toda clase de tratantes y 
hastii entre pulperos (dice el inca escandalizado), nombre im- 
puesto (í los más pobres vendedores, porque en la tienda de uno de 
ellos hallaron rendiéndose un pulpo. Además, cuando las leyes 
de Indias tratan i\c\ pub/ue, Wíuiinn pulf/uen'a á la tienda donde 
lo expenden, y si del abasto n mantenimiento de las poblaciones. 



330 DANIEL GRANADA. 



111» omiten decir pulpería. La Acad. distingue, con efecto^ 
una de otra, bien que definiendo la segunda: «tienda, en Amé- 
rica, donde se venden diferentes géneros para el abasto; como 
son vino, aguardiente (') licores, y géneros pertenecientes á dro- 
guería, buhonería, mercería y otros; pero no paños, lienzos, 
ni otros tejidos >; definicií')n que hace largos años priva sin 
re])ar< >. 

Y nunca ha sido entendido sino del modo que lo explica- 
mos, el término pulpería. Enúncialo el texto de la ley 12, tit. 
8, lib. 4." de Indias, y dccláranlo ani])Hamente los siguientes 
pasajes. 

<^También se i)r()hiben p(H' ordenanza las tabernas ó hode^^O' 
ncs en la ranchería de indios. Llámanlas 'acÍí pulperías. > (El vi- 
rrey del Perú marques de ]Montcsclaros, ReL á su suces<»r en 
el mando.) 

«Se ordenó é introdujo que en cada ciudad ó villa se apun- 
tasen y señalasen tiendas que en Castilla llaman de abacería y 
en las Indias áo, pulpería ó pultjucna.y^ (Solórz., Políi. índ.) 

<:Los frutos que se llevan de España, (omo a^uardíeuic, vino, 
aceite, almendra, pasa y otros, pagan sus derechos correspon- 
dientes á hi entrada, y después se venden con la misma liber- 
tad (libres de contribuciones'reales); pero los que los menudean, 
tienen que pagar alcabala, por las pulperías ó tiendas donde los 
expenden. > (D. Antonio de Ulloa, Reí. liist. del 7'ia¡ a la Amn. 
mcr. etc.) 

P¿ít/)cri(i'{ son cu el Perú tiendas, mesones ó tabernas 
donde se venden algunos mantenimientos, como son tíno, 
pan, miel, (¡ueso, manteca, aceite, plátanos, 7'elas y otras menu- 
dencias.^ (D. Gaspar de Escalona, Gazopli. re¿{. pe; ¿ib.) 

< En casi toda la América llaman ílsí {pulpería) á las tiendas de 
aceite y vinagre y demás comestibles usuales. (Alcedo, />/Vr. 
<ieo:^r.-liist.> etc.) 

Las pulperías que hay en los caminos públicos, postas y pue- 
blos de las campañas del Plata, suelen tener ponch<x^, bomba- 
rhas, chiripaes, botas, géneros, drogas, recados, arreos y otr¿is 
mercaderías. Pero se les llama pulperías precisa y determinada- 
mente por lo que tienen de abacería y taberna, y W) por ninguna 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 331 

• itra lausíi n circuusUmcia. Así, si en una de esas casas no se 
despachasen mantenimientos y bebidas, nadie le daría el 
nombre de pulpería. Por la mi^ma razón, cuando se ciuicrc 
determinar con precisi<m una casa en que se despachan comes- 
tibles r ^'^ív/f/wjr, se dice que es pulpería v tienda. 

PULPERO, m. — Kl (jue tiene pulpería. — El que despacha en 
una pulpería. 

PUMA, m. — Cuadrúpedo ali¡;o parecido al león, por lo que 
se le conoíx también por este nombre. No es grande ni temible. 
Cuadrúpedo del Perú, ]xircci(l<> en la cabeza al tij^re, pero 
llojo y tímido. (La Ac^ad.) 

PUXA, f.- Tierra alta, pD'>xima á la C(^rdillera de los An- 
des. —Paraje <'► terreno (jue ofrécelas condiciones «'► ("iracteres 
proj)ios (lelas tierras altas •') sea de la puna, c«)mo su temple, 
(jueesfrío, su suelo, que es arcilloso, sus pastos, que son fuer- 
tes «') que repugna el ganad( >. —Extraña y penosa ansiedad cjue 
en la travesía de la cordillera de los Andes experimenta el 
viajen), por efecto de la rarefacción del aire en las alturas. 
Llámase también sorochr. 
Del (|uich. puna. 

Toda la más tierra de este repartimento es llana, alta, rasíi 
y fría, que en la lengua de los indios se úicc puna n w/Av;, (.jue 
(luiere deeir tierra fría. > [Rt/. i^roi^ráf. <¡i Ind., Alnnrncana.) 

Lo (jue llaman [mna en el Perú, es lo mismo cjue páramo 
en (1 reino de Ouito. (1). Antonio de UUoa, Xoiiria'i ame- 
tita nos.) 

Xonibre (jue dan en el Perú á los parajes altos y fríos de 
una provincia «'> juri>>dicci«')n. (Ah^cdo.) 

Todo lo (jue se ha dicho ya de los valles, campanas, bo.s- 
(jucs, ]xistos y aguas, es más /► menos aplicable á todo el 
territorio de l.i j")rov¡n<ia ule Salta), con la sola ex(xpci/>n de 
los distritos de Casabindo y Rinronada, situados al O, en la 
/>////^/ más brava y más inmediata á la cordillera.^ (D. José 
Arenales, Xo!.'<. /¡isf. v drsrrip. xo/fre r! i^ran pais' del Cha<n y rio 
Bermejo.) 

En la accj). d<; tierra fría, páramo, y con especialidad para 
expresar la incomodidad que se experimenta en los lugares 



332 DANIBL GRANADA. 



muy altos de la Cordillera, usan también en Chile y en el 
Perú la voz de que se trata (Rodríguez). Paz-Soldán se 
contrae á la i.^ acep. según la define Salva («región inhabi- 
table por excesivo frio^v). Pero ha padecido omisión respecto 
á la antedicha molestia, que se expresa también con el nom- 
bre de puna, como lo dice Rodríguez y nos lo confirma 
Palma. 

PUNILLA. — Departamento de la provincia argentina de 
Córdoba. 

PUNTANO, nay adj. — Natural de la provincia argentina de 
San Luis. U. t. c. s. — Perteneciente á ella. 

De San Luis de la Punta. 

PUNTAS, f. pl. — Primeros gajos de mi río ó arroyo. — Por 
ext., primeras vertientes ó parajes donde nace. 

«Manifestando el río, en su gran torrente, tener aún muy 
distantes sus primeras vertientes () puni(U.r> (Cabrer.) 

PUNZO, adj. — Encamado muy encendido, rojo. 

D. Baldomero Rivodó trae también la voz punzó, color rojo 
muv vivo. 

cEs todo rojo de punzo, el más bello, encendido y puro 
que pueda verso (Azara.) 

Refiriéndose á la bandera italiana, dice D. F. Acuña de 
Figueroa: 

Verde, blanca y punzó la ensena hermosa. 

Las pasionarias, las achiras de oro 
V el seibo punzó. 

fD. Rafael Obligado.) 

PUQUIO, m. — En las provincias argenthias arribeñas, fuente, 
manantial y, en especial, aguada que se procura por si mismo 
el ganado, escarbando los terrenos húmedos, particularmente 
el lecho de ciertos ríos que en ocasiones quedan secos. 

Del quich. puquiu ó puciu. 

En el Perú también pwjuio, manantial (Paz-Soldán). En 
Chile seguramente se le da el mismo sentido, que no expresa 
Rodríguez, limitándose á trascribir el siguiente pasaje del 



VOCADULAttIO UIOPLATl'NSE. 333 



nl)i.spo I). Justo Donoso {Manutil dd párroco nmcrirnnoy. ..La 
materia remota de este sacramento (el bautismo) es el agua 
natural, bien sea del mar, ríos, ]iozos, fuínites, /)t!'¡uios <') de 
lluvia, etc. 

\' estos lugares naturales se llamaron en su lengua dallos 
diferentemente, come» las cumbreras nf)ac/iii(is\ las (uevas 
Imnra, I(>s montes orco, las fuentes /»//n7/, los cielos huahua pa- 
rha.. ( 7 res rcf. /n-r. publ. p.)r D. M. Jim. de la Esp., Reí. anón,) 
Quiere decir /»//y///Vy fuente. > í/^//. /,^ví,;v. <fr inri, jnibl. por 
I). M.Jim, de la Esp.; (hrrcir, f/,- Abancay.) 

Las aguadas .se encuentran generalmente^ sobre las rocas, 
<n las quebradas, al pie de las alturas, en las cañadas y ciéna- 
ga>. Cuando en ciertos ríos secos se cava en las arenas deh 
lecho, al parecer i'stéril, se encuentra una excelente agua que 
hombres y animales beben C(m placer, n(» necesitando muchas 
veces los últimos ilel auxilio del hombre para abrirlos: en este 
easo se distinguen (^m el n(>mbre de/»//y///VAí. (D. Juan Llcrcna, 
(^iKui. ({cscri[), V estad, de las tres prov. de Cf/yo). 

PL'TEADA, f . - ínterje((i<'»n /» frasí» tejithi n bordada con el 
e>lambre (pie el mismo vocablo indica suficientemente, sin 
necesidad de hacer anatomía de él para (jue se entienda con 
< laridad. Decir lindezas del género á (pie se alude es á lo 
([U(* llaman echar puteadas: soc(>rridas formas ret('>ricas c(m que 
suelen engalanar^e los más vivos arraiujues de la apasi<jnada 
c;lo( ueneia. L«js eami)esinos del Plata de Iegítim<> abolengo, ó 
i^auehos, representimtes incontaminados de la lengua y cos- 
tumbres tradi( ionales, n<> ceden á nadie la primacía en este 
punto. Ellos, no sólo han conservad» ► puntualmente en la 
menn.>ria las expresiones cpie, c<nno naturalistas que eran, su- 
pieron usar los héroe> retratados por Fernando de Rojas, 
Quevíxlo, Cervantes \ otros sabios maestros del buen decir 
( astellan».», sino que también las han (orregido y mejorado 
en terci<» y quinte», como pudiera hacerlo el más atildado aca- 
démico en una larga serie de edici«nies de una obra clásica. 
Si al famoso hidalgo lU; la Chincha, con ser un caballero tan 
cumplido, nunca le pareció mal que á su honrado escudero se 
le encapase de ve/, en cuando una expresi«'»n sc^mejanto, (fscrisi 



331 



DANIEL GRANADA. 



lícito qiu; nosotros privásemos al paisano del Platíi c[ir', como 
lodií alma vivieulc, metiese él también á su modo la cu- 
t'harada en este Vocabiilano} 

Si ome o mugier coidare (iiic non es guisada cosa ct dere- 
cha ayuntíir jialabras sobejanas en mi escripto cjue depre- 
liender han descmbargadamente también los grandes cuemo 
los pequennos, e otro si las donciellas, catar y a que judga 
K^\u\*í a tuerto, ca los maestres del gay saber e perlados que 
Hzienm el onrrado libro de la fabla de Castiella, tollido e fecho 
de luievo doce vcüfadas, mientan n«)mes et tlichos semeiables 
o (juier de maior abiltanza. Allende desto y a complidos 
enxiemplos cpie castigan cuemo la mesma virtud se torna en 
tíscándalo, (juando las mugieres se querellan pt>r naderías, en 
vece de se recatar, cjual conviene a la su* onestidat, cjucls 
devieda de se mostrar a paladinas, et desto oiVesce un caso 
asaz curioso Ricardo Palma indiano, sotil facedor de con')nicas 
e consejas del Pirú, el qual miembra lo que contesció a una 
sennora principal de Lima con el esforzado cavallero Rafael 
]\Iarolo, c[ue fizo grandes fazanas en las Indias cuando se 
rebiellaron contra su rey e sennor los naturales daquellos 
reynos, e (jucl di<) a Espartero el abrazo que dizen de Ver- 
gara. Este caso ponemos ayuso en la mesma faljla que fablaban 
los antigos que non eran ladinos. 

Cuenta, pues, el ingenioso escritor perulero cjue un soldado 
del regimiento de Talavera, cuyo jefe era ^laroto, viendo 
])asar una gentil dama de suigular belleza, esposa de un 
general de los ejércitos de S. M. el Rey, se cuailr») delante de 
ella y le dirigi<') el siguiente requiebro: ¡Ahur, hrií^uK/icra! ¡jiic no 
U' iomicra un loho y le lomitara en ¡ni tarima! Ofendida de la osa- 
día del talaverino la aristocrática limeña, present»') en el acto sus 
quejas al jefe del regimiento. Xo sea n^aínio/la, seaora, le contest»'» 
-Man)to, f///e el reijniebro es de lo liúdo, v prueba (¡ue mis mue/iae ¡ios 
sou ilceidores á su maueni r lu) baiiau eou almizele las palabras: 
ai^radezea la inteueióu v perdone la rudeza. 

PUTEAR, .n — Eehar puteadas. — a. Injuriar con ellas. 

PUYO, m. — En las ])rovincias argentinas arribeñas, poncho 
basto de lana. Puyos de Tulumba, de la sierra de Córdoba, etc. 



Q 



(^)UKBRACH( ), m. — ArlM»l cuya madera t-s de tal dureza, 
ijue qnichra el hachii («iii (jiie en vano se intente o )rtarlu: de 
d<>n(!e pnxx-de i-l n<nnbre. Lo liav blanco y cohrado. Del y/^o 
hrarho ro/onn/n s(^ saca una tintura ( onocida por sam^^n' de dniíro^ 
ron (|ue linen la lana en alü^unas provincias ari;entinas. Según 
los in<»rdi( 'lites (jue se le añadan, asi es su c<»lor, que varía 
entre pard'», í^ris, rojo <)S(uir<» vneQ^n». (Q'¡asfrnit/(\r'j 

Di'sde acjuí sr en\})ieza ya á encontrar el árbol ijnelmvho, 
llamado asi p<>rsu mucha dureza, (jue rompe las hachas al 
labrarle. Por la superficie es blanco, y suave para cortarlo; 
pi)r el ( entro es encarnado, y sirve para columnas y otros usos. 
Dicen (pie (*s incornii)tible; pero yo he visto algunas columnas 
carc"omidas. Después de labrado y quitado todo lo blanco, se 
echa en el ai^ua, en dond(* se jxv.ie tan duro y pensado como la 
piedra más S'Mifla. ( TJ M-.ij. unir, por 1). I*. K,, so1)re el 
Tuc umán ». 

Kn Colm. tjiic^ninii) de C'iib i v do (.üiile. 

OUEDKTi ). m. — (A'///////;' >. 

(¿irKR.VXDI, adj. — Dí*''*s;- del indio cuya üjeneraci'Mi ocu- 
paba la banda au'%tral del río de hi IMatii al tiempo del descu- 
brimient'», y al (|ue se le llam«'> después /xjtnfxi. — U t. <*. s. — 
PerteiKM ¡ente á dicha i;eneraci<'>n. 

'Hallamos en esta tierra (Buenos .Vires) otro jmeblo de casi 
.^,(XX) indios llamados f/ncrandirs, con sus mujeres é hijos, (juc 
andan < omo los ( harrúas. íS( hmidel, trad. corriente.) 

QUIAPÍ, m. — X'eslimeiita semejante á la ifnvnlnni, usada 
p«»r Ims pampas y otras <rcncra< iones de indios. 

Del i;uar. (fNÍttf>¡. 
(>//ír///v. Nombre (|ue danl'»s indi<»s al>ip<»nes en el Perú 



336 . DANIEL GRANADA. 






íü ropaje fon que se cubren las indiaSi liecho de pieles de 
anímales bien aderezadas, á manera de ante. > (Alcedo.) 

QUILME, adj. — Dicese del indio de una parcialidad, muy 
belicosa, (jue habitaba en un valle de la provincia de Santiago 
ílel Estero. U. 1. c. s. — Perteneciente á dicha parcialidad. 

Sometiéronse los (juilmes á principios del siglo decimosép- 
timo. Con ellos se formó, á cuatro Ic<;uas de Buenos Aires, el 



pueblo que lleva su nombre: Quilmes. 
. QUILOMBí ), m.— Lupanar. 

En el Brasil llaman (¡uilomlw, á la hal>itación clandestina, 
en un monte ó desierto, que servia de refugio a los esclavos 
fugitivos. Le llaman también mocambo, y es voz de la lengua 
hunda, en la (|ue significa campamento {Beaurepaire- Roban). 

En Venezuela ecjuivale á andurrial {K\\k^{\\ A. 

QUILLAXCjO, m. — Vestimenta usada por las mujeres 
pampas. C<»nsistc en una manta de pieles, rcgulannente de 
guanaco, echada á la espalda y prendida al pescuezo con un 
punzón de hierro. 

Del arau(\ trulla: del pampa i '¡u illa. 

'Y encima dcsto traen otra manta de lana menor, que la 
llaman lli/juilla (Ilirlla), que les sirve de manto y les llega ;i la 
rodilla:) (Reí. í^eoij^r. de Jnd., - iiunrueana.) 

QUILLAY, m. — Árbol mediano, algo semejante al roble y 
cuya corteza suple por el jabón. 

Del arauc. quillay. 

QUINA DEL CAMPO. — Arbusto espinoso, de cuya raíz 
hacen un cocimiento (jue, bel)ido á i)asto, tjuita (dicen) la 
fiebre y purifica la sangre. 

QUINAQUINA, m. — Árbol grande, frondoso, aromático, 
de madera muy dura de construcí i«')n. semejante á la caoba; 
de la familia de las leguminosas. De su corteza y cascara hacen 
unos polvos que, tomados en vino, s<>n eficaces contra las 
fiebres intermitentes. Es igualmente medicinal la semilla, que 
es pequeña, colorada. 

QUINCHA, f — Tejido »'> trama de junco (que es la hierba 
más á ])rop<'>NÍto) Con que se afianza cualquiera construcció>n 
de paja, varas, totora, canas, etc. Empléase en los techos th» 



VOCABULARIO RIOPLATENSB. 337 

los ninohos, (juc sonde paja ó de totora, cu la armazón de 
sus paredes de ])arro, que se compone de varas, en la de las 
cubiertas de los carros formando arcos, y demás obras seme- 
jantes. — La misma paja, varas, etc., ([uinchadas. 

Del quich. khinc/ia. 

Kste (Lloqqc Vupancjui, inca) lo abía mandado ipie no 
oviescn guerras injustas, y á t<.)dos los mand»') ([ue heziesen 
|)oblados, y más lo había mandado (¡ue todos se <")cui)asen 
vvi ydificios de chácaras y (juiu-Jias. > (Joan de Santíi Cnu 
Pachacuti Yamtjui, J////X^/"/. publ. por I). '^í. Jim. de la Espw) 

En Chile, pared delgada de ramas, etc., ya rellenas con barro, 
ya simplemente clavadas en el suelo, y armazón de varillas 
en las carretas (Rodríguez). En el Perú, pared campestre de 
( aíia y barro (Paz-Soldán). Kn la provincia brasileña de Río 
(}rande del Sur, también tjuincha, cubierUi de casa <') carreta, 
hecha de i)aja, /> más bien. j)orciones cortas de la cubier- 
ta de l)aja, que se unen entre sí sobre el techo de la casa n 
t« »ldo de la carreta; vocablo (|ue los riograneses recibieron di» 
las regiones del Plata (Beaurepaire-Rohán). 

orixcHA. (Voz i/inr/n'iij) 1". /\'r. Pared formada de canas y 
barro. (La Acad.) 

QUIXCILVR, a. —Afianzar (particularmenle con junco, 
tjue es lo más adeeuado) la paja, lotonu varas «'» cañas que 
«•ntran en una c«.»nstrucci«')n < ualipiiera. 

Kn Ch¡l(% haí'cr '//////rZ/.'/.v. cenar c^nx y// /// /'//r/.v ( Rodríguez). 

En la prov. bras. (h^ R. Or. del S., también «juinchnr, cubrir 
ct»n (piinchas, esto es, con las diversas j)arles (h' la cubierta 
(Heaurepaire-Rolián). 

Muros de tapia, te( ho (jniínlitnlo 
C'on lodo el lujo del totoral. 

(I). Ral'atíl Obligado.) 

(jUIXCJilUNL.VOUK, m. — Kntre los pampas, bola afo- 
iTtida eu piel y pendientií di: una < iicrda, |)ara ofender al 
enemigo y matar animales. 

Del arauc. 

(jUIXOA. f. — Planli de Ii famih'a de las <alsoláceas, de 
íres á «aiatro j)ies \\r aluira, iiojas gnmdes, llor roja, y «pie 



."•/ 



^. 



338 DANIEL GRANADA. 



echa un r< »i^( »ll( ► á maneni de espip:a que contiene una simiente 
menuda, feculenta y comestible, á la par que medicinal. 

Prodúcese espontáneamente, y la cultivan, en algunas pn»- 
vincias arujentinas arribeñas, junto á los Andes. Figura entre 
los productos americanos alimentiiios por excelencia. Así 
leemos en las Rc/s. jl^vo^^t;-, de Tuds., relativamente al Perú: 
«Hay en esta provincia (Huamanga), de las semillas de la 
tierra: maíz, papas, ocas, c(>11uco>í, quiuua, porotos, altramuces, 
camotes, yucas. ^ < El grano de que se sustentan es maíz é 
quiñón, ques muy principal mantenimiento para ellos.v (Ibid., 
Colliv^nas.) 

'Es esta semilla á la qur allí (en Quit >) dan nombre di- 
(jttmoa: su gran'», aunque imita en la figura á la lenteja, es sin 
comparici'>n mcnnr y de color blanco, et«-. (Ulloa y Juan.) 

En C<»lm. nniuon de Chile, del Perú, de Quitr». 

QUINUA,'r.-(>/////^;.^ 

QUÍRIRIO, f. — \*íl)ora urantle de las regiones del norti- 
de la cuenca del Plat:i. 

l^el guar. -/////v/vV);'. 

OUIRQUINCHf ), m. -/<//// 'j:ran( le. v\\ ireneral semejante 
á los demás de su especie. 

También en Chile, armadillo: del qui( h. 'jn'inju'mrhn (Rí»drí- 
guez^. 

QUIV'K\'K, ni. — (iuisado de zapall<» deshecho por medi«> 
de la coeei('»iL 

QUIVA, m. -Cuadrú[)edo de unas tre> cuartas de l<»ngi- 
tud, parecido al rí//>///r//r> en sus condiciones, aspecto» y modo 
de vivir. Arrancado el ])elo largo, ipieda p(->blada la piel de 
t)tro cort«» a])li)m:id'» y suavísima, siendo p »r esta razón nuiv 
estimada. 

Del guar. y;/////. 

.Lí»s españoles le llaman n^tfiia: pero n» I<» es, ni de su 
familia.- (Azani.) 



R 





RANCHERÍA, f. — Conjunt») de lanckos. 

RAXCIK), ni.- -í hil)ilad<'ni tosca» rcgularmciile íucra de 
poljlad'», ( on paredes de barro mezclado con Iwsla, techo de 
puja «') de totora sostenido j)or horcones, y j)iso natural. El 
ninjiíit'ir <'» íVonbMi mira á los vientos más Tuertes predominan- 
tes en el punto en ([ue se construye la vivienda, á lin de cjue 
no trabajen tanto las i)credcs costaneras. 

í .'ovarrubias establece ser rancho término militar equivalen- 
te á compañía, j^or la qu(; entre si hacen cierto número de 
siildados comiendo y durmiendo reunidos en un sitio se- 
ñalado del campamento; del verbo italirmo rciíiiaír, (jue vale 
(f//t[:^(¡r .') ¡nutnr til uno. ] ). Antonio Ponz, describiendo la.s 
'»pera< iones de cscjuila observadas entre San Ildefonso y 
SiL'ovi.i, (.lice (\\\c allí llaman uinrhowX paraje d«)nde esqui- 
lan; y la Acad. deline kA ran<'ho, un lui^ar fuera (Kí poblado 
tlondc >(• alberL^an diversas familias /) ])ersonas, como /v//7r//<'; 
(t< '^'itiínos, ninr/ii) i/c /xi'itons. Kn América se (h'o al principio 
el nombr(! de ran<hos á las viviendas, ordinariamente de 

< aña. «[u<- servían d<' habitaci«'»n á los indios de las Antillu.s, 
AK'jico, Amériea central y el Perú. 

Aitií'r. Choza <• <asa j^obre mn techumbre de ramas •'» pa- 
j.i, fuera de ])oblado.---( iranja donde se crían caballos y otr<».s 

< uadrá])edos . ( I,a Acad.) \\n el Kí'» <le la Plata la voz rancho 
no tiene esta última a<H-p«á'''n. 

RAN(jUKr., adj. — Dícese del indio do una parcialidad, ori- 
Linaria pro])ablem(mte de 1<ís auc.is, que(N»rna la Pampa. U. 
i. c. s. — Perten(MÍent(* á di< !ia j)arciali(lail. 

T.unbién ra/t'/fi-if/ií, su forma primitiva. 

R A X i) U I^ L 1 \ ( ), ini . a dj . — A'//// -//if/. 



340 DANIEL GRANADA. 



RASQUETA, f.— Almohaza. 

D. Baldomcro Rivodú observa (juc la i)alabra rasqueta tiene 
la ventaja de ser más comprensible para la generalidad de las 
gentes, que la almohaza. Por lo que hace al Rit) de la Plata» 
la palabra almohaza es enteramente desconocida, y quien 
tuviese la ocurrencia de usarla, además de no ser entendido, 
sería graduado de pedante. Sin embargo, lo de rasqueta es 
harto vulgar: la lengua sale perdiendo ciertamente en el 
cambio. 

RASQUETEAR, a. — Limpiar con rasqueta á una caballería. 
RATONERA, f. — Pajarillo de color pardo acanelado, que 
acostumbra andar por los cercados, corriendo por los de ma- 
terial como un ratoncito. 

REAL HEMBRA. — Entre la gente vulgar, real cortado (V. 
VINTÉN), prometido á una .santa, á intento de que favorezca 
á la persona que se lo ofrece. 

REAL MACHO. — El que está prometido á un santo. 
REAL MAÑERO. — Término genérico con que la jentc 
vulgar designa al real macho }• al real hembra, objet<is de su 
preocupación. 

REBENCAZO, m. — Percusión dada ion rebenque. 
Lo mismo en el Perú (Palma). 

REBENQUE, m. — Látigo fuerte de jinete. La azotera, como 
de una cuartíi, es de cuero vacuno, y el cabo forrado de piel, 
como de una tercia. En su extremo inferior va afianzada una 
argolla de cobre, de la c:ual pende una manija, que se aplica á 
la muñeca para llevarlo y usar de él con seguridad. 
Lo propio en el Perú (Palma). 

En la pr. br. de R. G. del S., también rebenque, rebencazo 
(rcbencaro) y rebenquear (Beaurepaire-Rohán). Tomaron los rio- 
grandenses estas voces de los i)aíses del Plata. 

«Látigo hecho de cuero ó cáñamo embreado, con el cual se 
castigaba á los galeotes cuando estaban en la faena. — Alar 
Cuerda corta ó cabo que sirve para atar y colgar diversas cosas. • 
(La Acad.) 

REBENQUEAR, a. — Pegar con el rebenque. Vt>z vulgar. 
RECADO, m. — Conjunto de piezas (jue componen la mon- 



VOCABULARIO RIOFLATENSH. 341 



tura (le un liombre de campii, y son las siguientes: bajera, ca- 
rona lisa, jcrí^a entre caronas, carona suiK'rior, lomillo, (india, 
ron su eurrespoiulientc encimera y corree >nes, acionera, de que 
j)cnd(Mi las estriberas, uno, dos »') más cnjiuillos, sobrepuesto y 
sobrecincha. — Montura y nrreos. 

Pr. (le la Amér. nicrid. La silla y jaeces con (jue los indíge- 
nas de la América del Sur adornan sus caballos.:^ (Salva.) 

RECLUTA, f. — Acción de reunii el ganado disperso. 

RECÍvUTAR, a. — Reunir el ganado disperso j)or los 
camp<»s vecinos. 

RECOGIDA, f. — Acción y efecto de sacar de campo aje- 
no ( ierto número de animales en (*onjunto, j>or no haberse 
mez( lado con (ítros de marca diferente, y sin necesidad, por 
lo tanto, de pechr rodeo para hacer el a/>ar/r, como cuando 
se trata de un rebano, tr(>j)a, piara «'> tro/>illa. 

Voz autorizada j)or los (MíHiros Rurales del Río de la Plata. 

REC< )PI LAC1(')N CASTELLANA. - Xucra Recopilación de 
las leyes de España. La Xovísima no ha estado nunca en vi- 
gencia en el Río de la Plata. 

R?:C( )PILAD.\S DE CASTILLA (leyes).— \.n mismo que 
Recopilación Castellana «'» Xnci'a Recopilación. 

REDOMÓN, adj. — Dí( ese del p(>tro quc^ se está domando, 
y en el cual, i)or consiguiente, todavía no puede andar sino 
un hombre muy jinete. U. t. c. s. 

Lo propio en Chile (Rotlríguez). 

Monta el domador con sus grandísimas espuelas y .sale 
por el cami)o, sufriendo l<>s corcovos y coces (jue se dejan 
considerar, hasta que se cansa el potro y le ata á un poste, 
siendo raro (pie el potro tire al domador. V\ielve éste á m(m- 
tar de rato en rato todo el día y algunos después, dejándole 
de.scansar otros, hasta (pie no (orcovea, y .se sirven de él 
para lo (|ue se ofrece, sin ponerle freno á lo menos en un 
año, (pie es cuando (l(*ja el nombre de redomón y toma el de 
caballo. (^ Azara.) 

Prov. de la Amér. merid. El caballo, yegua «'» muía recién 
domadiís. (Salva.) 

Tambi(''n en las provincias brasileñas de Río Oratule del 



342 DANIEL GRANADA. 



Sur, San Pablo y Paraná, rcdomao (Bcaurepaire-R(jhán), con 
la propia signiíicad<')n que. en el Río de la Plata, de d<^nde 
tomaron el vocal)lo. 

RELANXIXA (de), vul- — De relance. 

Lo propio en la pr. br. de R. G. del S. (Beaurepaire-R<^liiin). 

REXCA. — Departamento de la provincia argentina de San 
Luis. — Capital del mismo departamento. 

RENGUEAR, n. — Reníjuear. 

Rengo, renco. 

Lo propio en la pn)vincia brasileña de Río (brande del 
Sur (Beaurcpaire-Rohán). Toman )n el vocablo los riogran- 
denses de los países del Plata. 

RENOVAL, m. — Terreno poblado de renuevos producidos 
por efecto de la corta. — Terreno poblado de arbolillos recien- 
tes, nacidos espontáneamente. 

Voz usada también en Chile en la primera acepción, 
cjue es su sentido recto. Con raz<>n abona D. Zorobabel 
Rodríguez el uso de este vocablo, por no conocer en cas- 
tellano otro equivalente y atendida su legítima derivación 
de icnucro. 

REPÚBLICA ARGENTINA. — V. NACIÓN ARGEN- 
TINA. 

REPÚBLICA (JKIENTAL DEL URUGUAY.— El territo- 
ni«) de esta nacit'm (.^()"-35'^ lat.) se halla á la margen izquierda 
de los ríos de la Plata y Uruguay, (juedando á la derecha las 
provincias argentinas de Buenos Aires, Entre Ríos y Corrien- 
tes. Por el oeste 1»» baña el Océano, v i)or el norte v este conflna 

<:ou el Brasil. Está dividida la república en departamentos, 
(jue son: 

Rocha y !>Lildonado hacia el <.)céano. 

Canelones, ^loiitevideo, San José y Colonia hacia el río ele 
la Plata. 

Soriano, Río Neirro, Pavsandii v Salto hacia el Uru^ruav. 

Artillas, Rivera, Cerro Lariro v Treinta v Tres, así como 
Rocha, lindando c(m el Brasil. 

Florida, Flores, Durazno v Tacuaremb<') en el interior. 

REPUNTAR, a. —Reunir los animales que están dispersos 



VOCABULAUIO RIOPLATENSE. 343 

en un campo. — n. Volver á subir un rio ó un arroyo que es- 
taba bajando. 

«Los que poseen dehesas n estancias, tienen una porción 
de yeguas que nadie dc^ma, monta ni domestica, dejándolos 
toda la vida libres, sin más sujeci<'>n que la de rv/yuntarlas ó 
darles vuelta alguna vez á la semana «'> menos, á fin de cjue no 
se salgan de las tierras. > (Azara.) 

Reptuilar haciendas, dicen los Cód. Rur. del Río de la Platíi. 

«Por la tarde los de la casa fueron á repuntar el ganado.» 
(Azara). 

< Empezar/*/ mar {\ moverle para creciente. (í.:i Acad.) 

REPUXTK, m. — Acci«')n y efecto de repuntar.- -Crecimiento 
de un río .'> arroyo que estaba bajando. 

Taml)ién, tratándose de ríos, en el Perú (Palma). 

RESTAURACIÓN. — Capital del departamenl<» corrcntino 
del Paso de l(»s Libres. 

RETACÓN, un, adj. — Dlccsc de una pers«»na rechoncha. 

Del .sust. /v7í/rí; se ha ri)rmado el adj. r-farón. Rc/arn. m. — 
tiíí. H<>mbre rec:Ii<mcho . (í^i Acad.^ 

RETAJADO, adj. — Dícese dt-l cal»allo (pie está relajado. 
U. t. c. s. 

<;De este modo los tales enteros, á (piienes llaman relaja- 
dos. > et(\ (Azara.) 

RETAJ.VR, a. — Tratáud<»s- de caballos, practicar en el 
aparato generativo una in«isi«')n y desvio que, sin dejarlos 
(^astrados, les inijiide su ejercicio, á fin de (}uc, incapaces de 
procrear, pero enteros, mantengan enlaldada la Iropilla de 
yeguas en las manadas dr relajo. Cuando una yegua se ai)arta 
de la comunidad, el retajado la hace volver á patadas, si 
no bastan <»tros reciuerimienlos para inducirla á desistir íle su 
intenti». 

L<» propio significa relalhar, del esp. relajar, en la prov. 
bnts. de Rio Gmnde del Sur (Beaurepaire-Rohán), donde 
tomaron el vocablo de los países del Plata. 

RFITOBAR, a. — Aforrar thí cuen> lonjead j una «osa, (omo 
las boleadoras, el cabo del reben^fue. — Cubrir un potrillo, terne- 
ro, etc., con (*1 cuenj del hijo de una yegua «'» vaca, á fin de 



344 DANIEL GRANADA. 



que csUis, tomándole js por suyos, los íimamanten; operación 
muy frecuente en las estancias. 

Lo propio en el Perú (Palma). En la prov. brasileña de Río 
Grande del Sur, rctovar ó retobar^ tomada indudablemente del 
Río déla Platíi (Beaurepaire-RohánV 

Acababa de nacer un pollino, y eu la misma noche había 
parido una yegua; quitaron el cuero al potrillo, y dentro de 
él envolvieron, ó, c<jmo por acá tucen, retobaron al jumentillo. 
Hecha esta diligencia, lo aplicaron á la yegua, quien con solo 
el olor del cuero de su cría admití»') al borrico, le dio leche y le 
cuidaba como á su propio hijo. Criado en esta forma ya el 
borrico, no se junta con los de su especie, sino (pie siempre 
anda con las yeguas, de las que usa para la generación y 
procreo de muías. > (Fr. Pedro Josc de Parras, Diar. y derrot.: 
Re7\ de la Bibl. P. de Bs. As. por Trelles.) 

RETOBO, m. — Acci<')n v efecto de retobai. 

REVENTAZÓN, f. — Cadena «'> gajo de montañas no muy 
elevadas. Así, dicen en las j)rovincias argentinas arribeñas 
reventazones de la sierra á las serrczuelas cjue hay entre las cor- 
dilleras que atraviesan aquellas regiones. 

Mr. ]\Iartín de Moussy, refiriéndose á la denominación de 
reventazones de la sierra usada en las provincias argentinas de 
arriba, obscr\a (jue el instinto p(.>pular ha adivinado el origen 
de esas intumescencias del suelo. [Des. i^eoí^. et st. déla Con/. 
Ar¿r.) 

A la misma familia, aunque d(! ("ondición diverja y más «> 
menos legítimamente aplicado el ntmibre, pertenece el reven- 
tón, que llaman, según Rodríguez, los chilenos, ('> sea la veta 
de una mina, cuando aparece en la superficie de la tierra. 

REVERBERO, m. — Aparato de hojalata ó de cualquier 
otro metal, que sirve especialmente i)ara calentar agua por 
medií^ del aguardiente. Consta de un como plato «'» bandeja, 
en cuyo ( cntn) lleva el receptát uh; donde se pone y prende 
el aguardiente, y cuyo borde sustenta la cafetera. 

Trae también esta voz D. Baldomcro Rivodtj, (juc tita á 
Pichardi», de donde puedo inferirse con fundamento que es de 
uso general cu toda .\méri<a. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 345 



RF.YUNAR, a. — Hacer en un animal la marca que indica 
pertenecer al eslaclo, lo que se ejecuta cortándole la puntíi de 
una de las orejas, rej^ularmente la izquierda. 

Lo proj)io en la ])rovincia l)rasileña de Río Grande del Sur 
( Beaurepaire-R< )luin ). 

Se corta la punta de la oreja izquierda, que es la marca 
•general de pertenecer al Rey. > (D. José M." Cabrer.) 

^:Queda absolutamente ])rohibido /r»7///rt'r caballos ó yeguas, 
ílice el (y>(i. Rnr. de la Rcp. O. del Urut:^. 

REYUN(.), lia, adj. — Decíase, y aun suele decirse, del ani- 
mal que tiene cortada la punta de una de las orejas, en razón 
de pertenecer al estado. 

Derívase este vocablo de /v r.- porque en la éjxxa colonial 
se decía, por ej., estancia ^/¿7 /i^ír, ganado del Crispara signifi- 
(\ir que estas cosas pertenecían al estado. ^ 

Entre ellos (los baguales) andan mu(hos reyunos. (D. José 
M.^ Cabrer.) 

Sustituyóse después de la emancipaci<)n el adjetivo reyuno 
por el ú{^ patrio; \^QXi) cuando se quiere dar á entender preci- 
samente (jue un caballo tiene la oreja cortada, se dice que es 
revnno. 

Reyuno [reinno), en las provincias brasileñas de Río (irande 
del Sur y Para, aplícase á todo aquello que pertenece* al es- 
tado, antiguamente al rey; eíjuivale á lealen^o: campo reyuno 
( Beaurcpaire-Robán). 

RIN(!()XADA. — Capital del departamento del mismo 
nombre de la j)rovinc¡a de Jujúy. 

RÍO CU ART(). — Departíimcnt(í de la j^rovincia argentina 
de C('>rdoba. Su caj)it;il, también Rio Cuarto. Toma el nombre 
del río (jue lo atraviesa, el cual nace en la sierra de Come- 
cliinir<»nes y va á engrosar el 7/7rr/Y>, cambiando antí^s el nom- 
bn* de Cimrto |)(>r el dr. Saladillo. 



Rl() Cinco. Dei)artamcnto de la provincia argentina 
de Tucumán. — Caj>ital del mismo departamento. 



RIO DE L.\ PL.\TA. -por trasl, |)aíses (|uc abana la 
rucnca del río de la Plata v sus afluentes. 



346 



DANIEL GRANADA. 





RIO HOXDC>. — Departamento de la provineia arpeen tina de 
Santiago. — Capital del mismo dcpartiimento. 

RIOJA. — Capital de la provincia del mismo nombre de la 
Confederaci(')n Argentina. 20® iS' 15" lat. aust. Fund. año 15QI 
por el gobeniadí^r D. Juan Ramírez de Velazn». 

Dícese generalmente la Rioja. 

RIOJANO, 7ia, adj. — Natural tle la ciudad <'> de la provin- 
cia de la Rioja. U. t. c. s. — Perteneciente á una ú otra. 

RI() NEGRO. — Departamento de la República Oriental 
del Uruguay. Toma el nombre del río que lo baña al de- 
semb<^car en el Uruguay. Nace el río Ne^ro en la cuchilla 
Grande, y tiene unas cien leguas de largo. Sus aguas han 
fama de medicinales. 

RIOPLATENSE, adj.— Natural del Río de la Plata.— Que 
pertenece <') coni ierne al río de la Plata y á los países que 
abarca su cuenca. 

RIO PROIERO. — Departamento de la provincia argentina 
de Córdoba. Su Capital Sania Rosa. Toma el nombre del 
río que corre por él, el cual nace en la sierra de Ischilín y va 
á extinguirse* en la Mar Chiíjnita. 

RIO SECí >. — Departamento (U; lii |>rovincia argentina de 
Córdoba, fronterizo á las de Santa Pe y Santiago. Su capital 
Villa nia:ía.Ti)m:\ el nombre del río que lo atraviesa, (I cual va 
á extinguirse junto ;'i la laguna d(* los Po muidos. 

'RIO SEC/UNDí ). --Departamento d,-) la j^rovinc ia :!rgentina 
dtí C'M'doba. Su cajiital Rosario. Toma el nombre de! río que lo 
atraviesa, d (ual na((' entre las sierras de ('«Vdnixi y va ;'l 
extingirse á la .\far (y¡i</niía. 



RIO TERCERO. — Llevan este nombre dos depatamentos 
de la provincia argentina de C<'»r( loba, cuyas ea])ilales snn Plan/- 
payasla (Tercero Arriba) y Villaniier ! ('] acero). Toman su nom- 
bre del río que los atraviesa, (^.1 cual, que nace entre las sierras 
de Comeehigones y C»')ndores, al acercarse al Paraná, d<'>nde 
desemboe;i, pasando por la provincia (U^^^anta l''e. recibe el de 
Carcarañá. 

RI\^\DAVIA. — Departamento de la ]>ro\in<'ia argentina de 
Salta. — Caj^ital del mismo dcDa.rtamento. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 347 



RIVERA. — Departamento ele la Rep. (.). del Urug., fronte- 
rizo al Brasil. — Pueblo cabecera del mismo departamento. 

R( )BLES. — Departamento de la provincia argentina de San- 
tiago. —Capital del mismo departamento. 

ROCILLO, lia, adj. — Dícese del ciballo ó yegua de coNír 
negro enlremezt.lado ecm blanco. U. t. r. s. 

ROCILLO PLATEADO, liada, adj. -Dícese del caballo ó 
yegua n^cillos, en que sobreabunda el pelo blanco. 

R( >CHA. — Villa <'al)ecera del departamento del mism<» 
nombre en la Rep. O. del l'rug. Fund. ano 1702. 

R()DADA, r. — -A((i(')n v efe(l<» í\í? rodar el caballo.— YA/;- 
ana rodada, rodar. 

RODAR, n. -Caer el caballo hac i.i delante cuand«> va 
caminando. Dícese cpuí rueda, porque da en efecto una «'» 
más vueltas por el sueh». según^la velocidad que llevaba al 
caer, lo (jue no obsta paní que (.apaisano quede en pie. co- 
ino suele, con la rienda en la mano, firme é ileso. 

< No conocen aquí para montar las reglas del picadero: ])er(' 
se se ►stienen perfectamente á caballo, y nuichos saben quedar 
en pie con la rienda en la mano, cuando el caballo cae yemlo 
á la disj)arada. A esto llaman rodar: y si síMo cae el jinete, no 
el caballo, dicen que esto es llcrar un ¡^olpr. (Azara.) 

1^0 propio en la i>r. br.de R. O. del S. (Í]eaurei)aire-R<»iián). 

RODADOS, j)l. m. — Carruajes en general, sean de carga <'» 
de ])asajeros, á saber, carretas, carr(»s. rom lillas, coches ú otrosí 
vehícul» »s semejantes. 

Es téiTuino oficial, usado en casos como est(»s: pa/tn/c de 
jodados. reglamento de rodados. El vulgo n<» 1í> usa, por innece- 
sario. 

R(.)DE( >, m. -Reunic'>n del ganado que pasta en un campo, 
la cual se ejecuta con el fin de reconocer l(»s animales, vender- 
los, c(»ntarlos, ú otro semejante.— Sitio donde se ¡)ára regular- 
mente el rodeo, el cual se lija en terreno llano y despejado de 
un punto c éntrico de la estancia. 

Salen en diversas direcci«)nes del campo los ¡neones c|ue lüin 
<le reunir el ganado: á gritos, agitando el arreador, cc»n los 
movimientos rápidí»s del caballo y ayudados i)or los perros. 



348 DANIEI. GRANADA. 



lo van ce hand» » hacia el punto en que debe parar, donde lo 
juntan rodeándolo (Miando vueltas en contomo. 

Esla gente . . . s(^ ejercita en juntar el ganado cada sema- 
na en detenninado sitio, elevado y abierto, que llaman el 
rodeo. (Azara.) 



A la animada trilla, y al rodco^ 

De fuerza y de valor muestra bizarra. 

(D. Andrés Bello, El Proscrito.) 

Los Códigos J^iirali's del Río de la Plata emplean las ex- 
presiones pedir, dar y parar rodeo, de uso antiguo, según- 
consta por las actas de 1«)S cabildos de ciudades y villas- 
El estanciero que presume haber animales de su marca en el 
campo de su vecino, tiene derecho {\ pediile rodeo. El dueño ó 
encargado del establecimiento en que se pide rodeo, no puede 
rehusarlo, á no ser en la épocji de la mayor parición, después 
de abundantes lluvias que hayan dejado cenagoso el suelo, en 
tiemprj de seca «') de ei:)idemia ó por causas de fuerza mayor. 
Los antiguos regidores no descuidaron este punto. <Cada ve- 
cino, decían, desta ciudad haga demostración del signo de su 
hierro de marcar sus animales mayores, como asimismo de la 
marca de oreja en los ganados menores, para que en tod(j tiem- 
po conste á esta ciudad, y por dichas marcas estén los vecinos 
obligados á hacer y dar rodeo parado, y para que, cuando á cada 
uno le convenga, alegue, ante la justicia, de su derecho: y asimis- 
mo se haga saber á los \e( inr>s que cada y cuando cualquiera 
de los vecinos desta ciudad pidiere rodeo á cualquier criador 
para día señalado, se lo haya de hacer y franquear, para que 
reconozca si hay /> no alguno de su señal .... Y toda persona 
que no hiciere demostración dentro del término señalado, aho- 
ra ni en lo adelante pueda alegar ni pedir en justicia animal 
alguno, aunque tenga la marca que usare.^^ (Cabildo de Mon- 
tevideo.) 

LaAcad. trae estas acepciones de la voz rodeo: < Reconoci- 
miento que se hace de los ganados para contar las cabezas que 
hay en ellos. — Sitio de las dehesas, donde se reúne el ganado 
vacuno para pasar la noche. ^ 



VOCAIJÜLARIO RIOI'LATENSE. 34Í) 



Rr)MERILL(), ni. — Especie de iniom'm. FJcrothnlnwiis hru- 
nioiths. I^ss. {íistcroñica). 

ROMPER, a. — Ant., traiUándose de wn hand»^, publiearlo. 
Así, el gobernador y capitán «general de las provincias del 
Río de la Plata D. Bruno Mauricio de Zabala, ano de 1730: 
ordeno y mando al alcalde de primer voto, ;i quien doy 
comisi(')n para que haga romper v rompa este bando ú son 
de cajas de guerra. El Cabildo de Montevideo (1735) acordó 
(|uc se haga romper v rompa por el agiUK il mayor, el bando 
acostumbrado > etc. 

ROSARÍNO, fia, adj. — Natural del Rosario. IT. t. c. s. — 
Perteneciente á esta ciudad ñ departamento. 

ROSARIO. — Departamento de la provincia argentina de 
Santa Fe, junto al río Paraná. — Capital del mismo departa- 
mento. — Departamento de la provincia argentina de Mendo- 
za. — Capital del mismo departamento. — Departamento de la 
República del Paraguay. V. RÍO SEGUNDO. 

ROSARIO DE LA FRONTERA.- Departamento de la 
provincia argentina de Salta.— Capital del mismo departa- 
mento. 

ROSARIO DE EER^IA. — Departamentv) de la provincia 
argentina de Salta. — Capital del mismo departamento.. 

ROSETAS, pl. {.—Pororó. 



üTü 



s 



SALADAS. — Departamento de la provincia argentina ck- 
Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

SALADILLí). — Departamento de la provincia argentina 
de San Luis. — Capital del mismo departamento. 

SALA VINA. — Departamento de la provincia argentina de 
Santiagt^. — Capital del mismo departamento. 

SALCOCHADO, m. — Comida hecha con agua y sal» sin 
ningún condimente». 

SALCOCHAR, a. — C(»cer en agua y sal solamente cualquier 
alimento: carne, pescado, papas ú otra cosa por el estile ». 

Las mi.smas palabnis de que se compone este vocabK», 
están indií^and») ( laramcnte su preciso significado: sal cachar, 
c(>cer ( on sal. 

SALC(_)CHí ), \\\. — Prcparaci«'»n de un alimento cociéiid» »1<> 
en agua y sal, para después condimentarh» y hacer un]ilatt> 
cuakiuicra. 

SALTA. — Capital de la provincia (K-l mismo n«nnbrc ch- 
ía Confc(lcraci('>n Argentina. 24" 47' 20" tle lat. aust. Fund. 
ano 15S2 por Oonzalo de Abren y Figueroa en el valle de 
Sianca>, y trasladada á su actual situaci('»n p(»r HernancU» 
de Lerma. 

SALTFXí ), /7r7. adj. — Natural de la ciudad <'» de la pro- 
vincia de Salta de la Confederaci('>n Aru:entina. U. t. c. s. — 
Perteneciente á una ú t)tra. — Natural de la ciudad ó del 
departamento del Salto de la República Oriental del Uru- 
c:ua\'. V. t. (. s. — Perteneciente á una ú otn». 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 351 

SALTO. — Ciudad cabecera del departamento del mismo 
nombre déla Repúb. Or. del Uruj;. Fimd. ano 1817. 

SALTO, m. — Despeno de un río. 

Así en el Río de la Plata, como en toda la América española, 
cuando menos en la meridional, llam(')se siempre salto al des- 
peno tle un río, fuese cual fuese la altura del despeñadero. De 
ahí t!l salto de (ruairá n Coiicndivú, que ha(\í el río Paran¿i, no 
menos jxxleroso y sublime que la catarata del Niáoara: cim su 
ent)nne y furioso torrente ]xirece, dice Azara, que quisies(í dis- 
locar el centro de la tierra, jiroduciendo un ruido más atro- 
nadtjr íjuíí el estruendo de cien cañones disparados á uii 
tiemi)o, según (FOrbiguy. De ahí el salto del I<r¡tazt¡, llamado 
también de la Victoria y de Santa María, de 1531 varas de lon- 
gitud y 03 y I 2 de altura vertical, igualmente maravilloso. De 
ahí el salto del Ai^itarav, c[ue vierte en el Jejúy, y ambos juntos 
(.11 el Paraguay, de \^() varas de elcvaci('»n á picjue. De ahí 
asimismo el salt<f de 'fetjtatidama, (¡ue luux* el na Bogotá en 
Xueva Granada, de 175 varas de altura total. La Acad. de- 
íinc (^1 salto, bajo v\ títul«> de salto de ai^^aa, de esto m<Klo: 
caída i'> desnivel (1<1 agua en l«»s ríos, canales, ote, (jue, j/// 
licitará ser catarata ni cascada, es sin etnhari^'> bastante considerable 
para poder a/)K)7uclia rio como fueria nnfriv r:¡ molinos, ¡miañes y 
vU\ Muy diversamente lo dehne D. Juan X'ilanova y Picra, 
'11 (juien leemos: raudal de agua (jiic se precipita de golpe, 
salvand(í bruscanuMittí \\w tspacio considerable. Asi I). Juan 
Valera ( (^artas anieiieanas, primera scrir ) no csíTujHilij^a en 
llamar sal/os cabalnuMite á los miiyorcs del mundo: al de 
T((juendama y al del Xiág.'ira. 

F.l uso (juc se ha hreho, y sr ha( <•. en Amérii a de la voz 
salto, tratánd<»s<- úc lios, es nuiy adecuad» á la naturaleza y 
(inunstamias del objeto qut con rila se ha (juerido represen- 
tar. Ks, además, la palabra W^^ b<Mlamente signilicativa; por- 
<iue, en efecto, el río, .inbarazado cuando se acerea al 
ílespeñaden», ai)resura su carrera y salta á la izarte inferior del 
le( ho. ¡Cuan i)ersj)i<iiamente lo representa Cabeza de Va^a en 
(1 siguiente pas.'ijel K yendo (^el (ii»bernador> j)or el di<ho río 
de Iguazú abítjo, era la corriente de él tan grande, (pie <*or- 



332 DANIEL GRANADA. 

rían las canoas por él con mucha furia; y esto caus<Mo que 
muy cerca de donde se embarcc'», da el rio un salto por utia.^ 
peñas ahajo muy altas . Azara, de tan claro estilo \' exact<.> y 
preciso lenguaje, des( ribiendo el Paraná, enseña: lo que hace 
saltar este rio es lo que llaman impropiamente cordillera de 
Maracayú > (Maracain en el texto, por error de impr.), y agrega: 
el propósito de saltos de rios haré meniión de otros dos en 
aquellas partes./ Por modo análogo en otros lugares. Alcedo, 
siguiendo el uso común, p«>ne: < Salto (valle del), en la pro- 
vincia y corregimiento de Santiago del reino de Chile, llamado 
así por el salto queda el /vV; Ma pocho, > etc. ':Otro rio del rein«> 
del Brasil, llamado así {Salto) por un WA? y//¿' ^/r/ por espaci» » 
de tres leguas,- etc. «Otra isla grande del río Paraná en la pr« »- 
vincia y gobierno del Paraguay, llamada así (Salto), por un 
gran salto tjue da el rio enfrente de ella > V lo mismo cumple 
decir de la ciudad del Salto, cabecera del departamento del 
mismo nombre en la República Oriental del Uruguay: que si^ 
llama así, por el salto fjue da ( erca de ella el rio Urugua\". 
El difuso padre Lozauií se explica así resj)ect(» al salto de 
Guaira: <Ha dado su cxtrañeza ocasión á muchas fábulas, y 
una de ellas es que salta todo el Paraná junto j)or una sola 
canal desde más de doscientos estados de alto, y no falta 
autor que imprimió daba un salto de una altura de mil picas, 
etc. D. Isidoro Antill«'>n, con su ac(;stumbrada propiedad, se 
expresa en estos términos: «En casi todos los ríos la pendiente 
de su álve»3 va siempre disminuyendo hasta la embocadura : 
pero hay algunos cuyo declive es muy preci})itado en ciert(^>s 
parajes, lo cual forma las cascadas /> cataratas; entendiéndose 
por este nombre un salto perpendicular del ai^ua, ó á lo menos 
una eaida mucho más inclinada tjuc la corriente ordinal ia del rio. 
El sallo de Ih/uendama, que hace el rio Boi^otá, afluente del 
^lagdalcna, en las inmediaciones de Santa Fe (América me- 
ridional), no sólo es la cascada de más elcración que se conoce e/t 
el i^lobo, pues no baja su altura perpendicular de 2()4 varas, 
sino que además tiene la primacía sobre los más famosos p<»r 
su disposicit'»n singular y mil encantos que ofrece. 

El rít), al precipitarse ó saltar, se nu>d¡í"i( a diversamente, s»-- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 353 

gún el caudal y fuerza de sus aguas y la anchura, elevacoin y 
forma del despeñadero, ya lanzándose desesperadamente como 
furiosa avenida por agrio declive, ya resolviéndose en casca- 
das y cataratas. De manera que el salto comprende la catarata, 
la cascada, el torrente y demás formas con que se despeñan 
las aguas de un rio, cuando se halla obstruido su lecho por 
una cadena de peñascos y considerablemente desnivelado c\ 
terreno que atraviesa. 

Como se sobrentiende que sa//a el río, dicese con pro* 
piedad sa//o del (rio) Iguaziíy salto DEL (rio) NiágarOy etc., 
anteponiendo al nombre del salto el artículo que determina 
el río que lo produce. Pero cuando el salto tiene un nombre 
diferente del que lleva el río que lo produce, no siempre ad- 
mite artículo determinado la oración que lo expresa, come 
salto DE Guaira y salto DE Tequendama. 

í^eriódicos de la Asunción del Paraguay anuncian que 
dos exploradores han hecho poco ha una excursión al 
salto de Guaira, y que comunican ser exageradas las noticias 
á que nos referimos en el texto, acerca de la magnificencia 
é inmenso poder del celebrado despeñadero. Azara era un 
hombre por demás austero, parco, seco y poco amigo de 
dar pábulo á la imaginación creadora. La prolija, matemática 
descripción que hace del salto de Guaira, arguye un previo 
estudio circunstanciado de su aspecto y condiciones. El as- 
pecto y condiciones de un salto varía según el estado dd 
rio, si crecido, si bíijo, la fuerza accidental de su corriente, 
la dirección del viento y otras circunstancias análogas. Por 
consiguiente, las noticias de los recientes exploradores no 
autorizan, por si solas, para desestimar como inexactas las 
transmitidas por Azara. 

SALTO CHICO.— Restinga (jue atraviesa el rio Uruguay 
unos tres cuartos de legua más arriba que la ciudad del Salto 
de la República Oriental. Cuando baja medianamente el rio, 
(jucda descubierta la restinga, produciendo diversos saltos ó 
caídas de poca elevación. 

SALTO GRANDE.— Restinga á unas cuatro leguas más 

12 



354 DANIEL GRANADA 



arriba que el salto Chico, en 31** 12' de lat. aust. Para que se 
halle enteramente cubierta, tiene que estar bastante crecido el 
rio, lo que sucede raras veces; rdznn por la cual queda allí 
interrumpida la navegaci(^n las mayor parte del aiio, como en 
termino menor sucede en el salto Chico. 

La referencia que hace del salto Grande el general D.* 
José M." Reyes en la Descri/>. i^eof^r. de la Rcp. Or. del Urug. 
y que reproduce D. Ramón Lista en su opúsculo sobre el 
Territorio de Misioties, nos m(^vi<> á visitarlo y reconocerlo 
iron detención, lo que verificamos en tres ocasiones. En la 
primera, estando medianamente crecido el río. Se forman 
entonces, hacia el medio de la restinga y junto á la costa 
oriental, varias masas de agua que, más propiamente que 
cascadas, podríamos llamar torrentes. En la segunda ocasión, 
estando el río un poco bajo; en que desaparecen los torren- 
tes de la costil orienüil, se ensaníiían los interiores y for- 
man cascadas de muy corta elevaci/)n. La tercera vez que 
lo visitamos fue en una bajante extraordinaria, ocurrida en 
los últimos meses del año 1887 y primeros del subsiguiente, 
-como no se había visto otra semejante en mucho tiempo; 
estado el más á propiVsito para observar las caídas en toda 
su plenitud. Las cascadas que entonces se forman del lado de la 
costa entrerriana, son tres, de uno á dos metros de alto, 
por doce ó quince, la mayor, de anchura, tcnnino medio; 
pero ninguna imjíone tanto como un torrente (jue, estíindo 
medianamente crecidcj el río, se precipita en la costa orien- 
tal. Lo que tiene de magnífico el salto Grande para el que, 
en canoa (acompañado de baqueano, so pena de morir en 
sus aguas), y trepando por sus negros peñascos á riesgo de 
romperse la crisma, lo recorre de un extremo al otro del río, 
que serán unas diez cuadras orientales, es la variedad de caídas 
torrentes, pozos, remolinos, barrancos, islas y montes enmaraña- 
dos que, desde la restinga superior hastíi cierta distancia aguas 
abajo, van impresionando el ánimo del espectador de tal ma- 
nera que, si al llegar á su término le pregmitasen á uno 
qué es lo que c^tá presenciando, contestaría sin vacilar: 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 355> 

el Boquerón del Infierno, denominación que lleva el más disfor- 
me y peligroso de sus canales. 

El río Uruguay contiene un salto formidable, llamado tam- 
bién Grande, que acaso confundirán algunos con el descrito; 
pero es en las Misiones, cerca del Pepirí, en los 27^ 10' de lat. 

SALVADOR. — Capital del departamentf» sanjuanino de 
Angado. 

SAN ALBERTO. — Departamentc» de la provincia argentina 
de Córdoba, fronterizo á las de San Luis y la Rioja. Su 
capital San Pedro. 

SAN CARLOS. — Departamento déla pro.i'ncia argentina 
de Salta. — Capital del mismo departamento. — Departamento 
de la provincia argentina de Mendoza. — Capital del mismt» 
departamento. 

SANCOCHAR. '^..--Salcochar. 

<'Cocer la vianda, dejándola medio cruda y sin sazonar. 
(La Acad.) 

SANCOCHO, m.— Salcocho. 

* Plato americano, compuesto de yucas, carne, plátano y 
otros ingredientes, que se toma en el almuerzo, y es el 
principal alimento de la generalidad de la gente en el lito- 
ral del Ecuador.) (La Acad.) 

SAN COSME. — Capital del departamento torrentinode En- 
senadas. 

SAN ANTONIO. — Capital del departamento correntino 
de Mburucuyá. 

SANDUCERO, m, adj. — Natural de la ciudad ó del depar- 
tamento de Paysandú (Rq). Or, del Ur.). U. t. c. s. — Pertene- 
ciente á una ü otro. 

SAN ESTANISLAO.— Departamento de la República del 
Paraguay. 

SAN EUGENIO. — Pueblo cabecera del departamento de 
Artigas de la República Oriental del Uruguay. Fund. ano 1852. 

SAN FRANCISCO. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Luis. — Capital del mismo departamento. — V. 
SOBREMONTE. 



356 DANISL GRANADA. 



SAN FRUCTUOSO. — Villa cabecera del deixirtaincnto de 
Tacuarembó do la Rep. Or. del Uruguay. Fund. año 1831. 

SAN ISIDRO. — Departamento de la provincia argentina 
lie San Juan. 

SAN JAVIFR. — Departamento de la pro\'incia argentina 
de Córiloba, fronterizo á la de San Luis. Su capital Dolores. 

m 

SAX JFRl^XÍMO. — Departamento de la pro\-incia argen- 
tina de Santa Fe. junto al río Paraná. Su capital Coronda, — V. 
UNIÓN. 

SAN 1 A(^> I' i N— Departamento de la República del Pa- 
lai^uay, 

SAN JOSK. — Dejxirtamento de la pro\incia argentina de 
Santa Fe, junto al rio Paraná. — Capital del mismo de|>arta- 
mentó. -Ciudad cabtvera del departamento del mismo nom- 
bre de la Rep. Or. del Urag. Fund. año 1783. 

SAN JUAN. — Capit;il déla provincia del mismo nombre 
de la Confederación Argentina, ^i** 31' 31" lat. aust Fimd. 
año 1 5CH1 por K>s conquistadores de Chile enNÍados por su go- 
bernador D. l*>ancisco de Vilkigra. 

SANJU.\NINi\/;<7. adj. — Natural de la ciudad ó delapro- 
rtncia argentina de San Juan. U. t. c. s. — Perteneciente á una 
ñ otra. 

SAN JUSTC>, — Dejxirtamentt^ déla provincia argentina de 
Cónloba» fronterizo á la de Santa Fe. Su capital Concepción, 

SAN LUIS. — Capital de la provincia del mismo nombre de 
b Confederación Argentina. 32** 25* 45" lat. aust Fund. año 
de 1507 por los conquistadores de Chile bajo el mando de D. 
Martin García de Loyola. — Departamento de la pro\-incia ar- 
gentina de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

SAN MARTIN. — Departamento de la proN-incia argentina 
de Mendi^za. — Capital del mismo departamento. — Departamen- 
to de la provincia argentina de la Rioja. — Capital deJ de- 
partamento sanjuanino de Albardón. 

SAN MIGUEL. — Departamento de la pro\*incia argentina 
de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

SAN PEDRO. — Capital del departamento del mismo 



VOCABULARIO RIOPLATBMSE. 357 

nombre de la provincia argentina de Jujúy. V. SAN AL- 
BERTO. — Departamento de la República del Paraguay. 

SAN RAFAEL. — Departamento de la provincia argentina 
de Mendoza. — Capital del mismo departamento. 

SAN ROQUE. — Departamento de la provincia argentina 
de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

SAN SALVADOR.— Departamento de la República del 
Paraguay. 

SANTA ANA. — Capital del departamento correntino de 
Lomas. 

SANTA BÁRBARA. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Luis. — Capital del mismo departamento. 

SANTA CATALINA. — Capital del departamento del 
mismo nombre de la provincia de Jujúy. 

SANTA FE. — Capital de la provincia del mismo nombre 
de la Confederación Argentina. 31" 39' lat. aust. Fund. año 
de 1573 por Juan de Garay á nombre del gobernador y ca- 
pitán general D. Juan Ortiz de Zarate. 

SANTAFECINO, na, adj.— Natural de la ciudad ó de la 
provincia de Santa Fe. U. t. c. s. — Perteneciente á una u 
otra. 

SANTA LUCÍA. — Capital del departamento correntino de 
Lavalle. 

SANTA MARÍA. — Departamento de la provincia argenti- 
na de Catamarca. — Capital del mismo departamento. 

SANTA ROSA.— V. RÍO PRIMERO. 

SANTA VICTORIA.— Departamento de la provincia ar- 
gentina de Salta. — Capital del mismo departamento. 

SANTIAGO DEL ESTERO.— Capital de la provincia del 
mismo nombre de la Confederación Argentina. 27® 46* 20" 
lat aust. Fund. año 1550 por Juan Núñez de Prado en las 
márgenes del Escava, y trasladada á las del Dulce en 1563 
por Francisco Aguirrc. También se le llama simplemente 
Santiago. 

SANTIAGUEÑO, ña adj.— Natural de la ciudad ó de la 
provincia argentina de Santiago del Estero. Ü. t. c. s. — Perte- 
neciente á una ú otra. 



358 DAKIRL GRANADA. 



r 

SANTO TOME. — Departamento de la provincia argentina 
de Corrienrcs. — Capital del mismo departamento. 

SAN VICENTE. — Departamento de la provincia argentina 
de Mendoza. — Capital del mismo departamento. 

SARANDI, m. — Arbusto de ramas largas y flexibles, propio 
de las costas de los ríos, arroyos, islas y demás parajes bañados 
por las aguas. 

Sarandí blanxo. — Phillaiithm sellovianus J. Mueller feuphor* 
biacea: crotoninea) en Gibert. 

Sarandí color.\do. — Cephalanthiis Sarandi Cli. et SchL (cin* 
cJwnacece: coffeineoc) en Gibert. 

SARIA, m. — Ave de unos dos pies y medio de longitud, 
f:olor pardo, patas y cuello largos, pico parecido al de la 
gallina, y de carne muy estimada. 

Del guar. ^ariá. 

< Su canto es agrio, algo parecido al de un pavo no adulto, y 
tan fuerte, que se oye de una milla.» (Azara.) 

SEBIL, m. — Es, en las provincias argentinas arribeñas, el 
cnmpay de las del Paraguay, Misiones, etc. 

Los indios comechingones «toman por las narices el itbü, 
ques una fruta como vilca-». (Reí. geogr. de Ind. publ. f)or 
D. M. Jim. de la Esp., Tuctimán.) 

SEIBO, m. — Ceibo. 

Ceibo han escrito siempre los mejores autores; pero como 
entre los habitantes del Plata hay la propensión á pronunciar 
la ce como si fuera ese, generalmente dicen seibo. 

SEIBO, m. — Seibo ó ceibo. 

< Juzgo que estará V. en lo cierto, nos dice el eximio poeta 
argentino D. Rafael Obligado, escribiendo seibo y seibo en la 
próxima edición de su Vocab/dario, aunque pueden citarse 
muchos autores de reputación que equivocadamente han 
estampado ceibo. y> Apoya este aserto en las siguientes razo- 
nes. I.* Eli seibo ó seibo de las regiones del Plata es cosa muy 
distinta de la ceiba ó ceibo de las regiones cálidas de América. 
2;* La voz seibo tanto puede provenir de sebil, como de ceiba; 
ptro es lo cierto que los isleños del Paraná y Unigitay jamás pro^ 
nuncian la silaba CE, sino la se. r de ellos hemos recogido la 



VOCABULARIO RIOPLATSNSE. 359 

palabra. 3." En Buenos Aires la ^entc culta pronuncia mbo. 
Corrobora su opinión con una carta (que inserta) del sabio 
naturalista D. Carlos Berg, quien le dice: que el seibo, tjue 
abunda priucipalmcnic en las cosías del río Paraná y sus afluentes, 
es una papilionácea (leguminosa) , la erythrina crista galli de Lineo: 
que además del nombre vulgar, muy conocido, seibo, se le da 
también el de chopo (que no debe confundirse con el álamo de Es- 
paña), zuinandi y zuinana; y que la ceiba es una bombácea (sub- 
familia de las malváceas) , el bombax ceibo de Lineo, (jue se 
encuentra sólo en las regiones tropicales y subtropicales de America, 
nombre (el de ceiba) que ha sido empleado 7>arias reces como 
genérico, figurando hoy como sinónimo de los géneros bomba.v L. y 
eriodendron D. 

Es, con efecto, el ceibo aniariposado de que se trat;i, cosa 
distinta de la ceiba ó seibo perteneciente á la familia de las 
malváceas n bombax ceibo de Lineo, y cuando el vulgt) quiere 
nombrarlo, articula siempre seibo; pero es probable que suceda 
esto mismo con el nombre de la ceiba n ceibo malvácco en los 
países tropicales, donde, como en toda la América española, 
acostumbra el pueblo á pronunciar la ¿-¿rjcomo si fuera ese. 
Creeniíís nr» estar equivocados en esta aseveración. El mismo 
Sr. Oblitíado n(^s dice (jue eminentes poetas cubanos escriben 
SEIBO en ediciones muv cuidadas de sus tersos. Hablistíis escni- 
pulosí)s(D. José de Vargas y P<jnce, por ej.) han escrito C(m 
ese voces tjuc llevan ce; pero eso es resabio de la gente anda- 
luza, cjuc jironuncia de tal modo las palabras. Con todo, será 
ceibo /) sciito: nosotros entendemos que lo primero. Lo que 
si tenemos por dudoso, ctmtra el parecer de personas tan 
ilustradas y competentes como los Sres. Obligado y Berg, es 
que deba escribirse seibo. Azara (que entre todos los autores • 
antiguos cjue se han ocupado en describir la naturaleza del 
Rio de la Plata, es el más sabio y correcto) escribe ceibo. Asi 
también los demás autt)res, y alguno que otro, seibo; ningimo, 
seibo. Sin embarg» ), aun suponiendo que la raz<jn estuviese de 
nuestra ]xirte, ^quién, que lea las preciosas poesías del señor 
Obligado, dejará de recordar cim amor á ese seibo que deja 
t:acr mclanc<jlicamcnte los vistosos ramos de sus flores de car- 



362 DANIEL GRANADA. 



vara y media de alto, hojas alternas, largas, agudas, veno- 
sas y escotadas, que lo cubren hasta poco más de la mitad, 
llenándose de ahí para arriba, hasta el vértice, de florecitas 
de cinco pétalos amarillos, menos hacia el pie, donde, for- 
mado un solo cuerpo, cambian el color amarillo en un morad* 
sanguíneo. Ha fama, entre la gente del campo, de ser muy 
eficaz cl cocimiento de su hoja para curar empachos de niñss, 
tos }• fiebres. 




T 



TÁBANO, m. — Especie de mosca grande, ora parda, ora 
verdosa, armada de un fuerte aguijón, con el que inqtdeta, 
mortifica y ensangrienta a los animales vacunos, yeguares, 
etc., haciéndolos huir de las costas de los nos, arroyos, etc., 
en cuyos montes se alberga. 

TABEAR, n. — Jujar i la taba. — U. más comúnmente en 
sent. fam. y fig., por departir, charlar, «conversar sin objeto 
determinado y sólo por mero pasatiempo.» 

TABLADA, f. — Oficina pública establecida fuera de pobla- 
do para la fiscalización de las tropas de ganado que pasan k 
los corrales de abasto, saladeros, graserias, etc. 

La tablada comprende el espacio de tierra llano donde 
paran las tropas y la oficina establecida en el mismo punto. 

TACUARA, f. — Caña muy recia y consistente, que se cria 
formando monte. 

Del guar. /af/tíá. 

TACUARA BRAVA. — Tacuara muy áspera, con recias 
espinas en los nudos. Cria en la medula im gusano blanco, 
del grueso de un dedo, el cual sirvió de alimento al adelantado 
Alvar Núñez Cabeza de Vaca en su gigantesca travesía de 
Santa Catalina á la Asimción del Paraguay. 

TACUARAL, m. — Terreno poblado de íaamras, 

«Viene romo del N E. de entre bosques y tacuaraksj^ 
(Azara.) 

TACUARUZÜ, f. — Tacuara grande, que alcanza á doce ó 
quince metros de alto y un espesor como el muslo. 

Del guar. taquar u^n. 

Estas cañas, forradas con cuero, sirvieron de cañones & 
los guaraníes, cuando, capitaneados por los jesuítas, resistie- 



364 DANIBL GR/NADA. 



ron contra las tropas de España y Portugal el cumplimiento 
del tratado de límites ajustado en 1750, por el cual se cedían 
inconsideradamente á la segunda de dichas p>otencias las 
misiones orientales del Uruguay. 

TACUAREMBÓ, amb. — Caña maciza, delgada, imifonne, 
muy larga, recia y flexible. 

Del guar. taquarembó. 

«Como es fuerte, larguísima, del grueso del dedo meñique 
y sin vacío dentro, la abren y descortezan, y tejen con ella 
esteras y cestillos preciosos, y adornan con figuras, flores y 
dibujos hechos con la corteza del guembé.» (Azara.) 

TACUAREMBOCERO, ra, adj.— Natural del departamento 
de Tacuarembó de la Rep. Or. del Urug. U. t. c. s. — Perte- 
neciente á él. 

Tacuarem boceto. Hay que decir: ¡basta! 

TACURÚ, m. — Montículo de tierra arcillosa, ya semies- 
férico, ya cónico, de una vara de altura término medio, de 
que se hallan poblados ciertos parajes, particularmentente las 
cañadas y proximidades de ríos y arroyos ó terrenos anega- 
dizos. 

Es voz procedente del guaraní. Azara dice que se llaman 
tacurús las madrigueras de la hormiga cupiy (en guar. cupi{)\ de 
donde resulta que, abandonadas por sus habitadores, les ha que- 
dado el nombre á los montículos que el tiempo ha solidificado y 
cubierto de hierba. «Si se fija ^el cupiy) en cañadas arcillosas, 
hace el tacurú durísimo de la misma arcilla en media naranja, 
como de tres palmos de diámetro, y tan cerca unos de otros, 
que á veces sólo distan tres ó cuatro varas en dilatadísimas 
extensiones de campo. Pero si le edifica en lomada de tierra 
rojiza, el tacurú es cónico, como de cinco palmos de diáme- 
tro y hasta seis ú ocho de altura, con sus caminos por dentro 
barnizados de negro.» (Azara.) <^En los terrenos bajos que á 
veces se anegan, se encuentran montones de tierra cónicos, 
poco duros, y como de una vara de altura, muy cerca unos de 
otros. Son obra de una hormiguita negruzca.» (El mismo.) Am- 
bas clases de montículos llevan actualmente el nombre de ta- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 36& 

curúcs; siendo de advertir que, si están habitados por las hor- 
migas, se les da la denominación corriente de hormigueros. 

También en la provincia brasileña de Río Grande del Sur, 
lacurú, ^;monticuIo de tierra en medio délos bañadosv(Beaure- 
paire- Rollan). 

Es, á la verdad, un paso fatal; porque á más de la mucha 
agua, pajonales altos y tacurús, hay unos hoyos de vara y me- 
dia ó más de profundidad» etc. (Cabrer.) 

TACURUZAL, m. — Espacio de tierra poblado de tacnrúf^ 
Los hay que se extienden leguas. 

TACURUZU, m. — 7í/f//r/i grande. 

TACHERO, m. — Hojalatero, ya se ocupe en hacer tachosy 
ya piezas de lata de cualquier forma que sean, ya en venderlas 
por las calles, gritando, como suelen, ¡tachero! 

TACHO, m. — Vasija de cobre ó azófar, más ancha que 
honda, de fondo redondeado, para hacer dulce de almíbar. — 
Cualquier pieza de ccjbre, lata, hierro, etc., que tenga una 
forma semejante á la indicada, en especial si es grande como 
las que se emplean en ciertos establecimientos industriales 
(jabonerías, graserias, etc.). — Especie de cacerola de hojalata. 

Va\ ^.if/irr. Paila grande eu que se acaba de cocer el melado 
y se le da el punto de azúcar. > (La Acad.) 

TACHURI,m. — Pajarillo de varios colores (rojo, azul, amar 
rillo, negro, blanco). Aliméntase de insectos y gusanillos. 

l)ul guar. (achnri, comedor de gusanos, nombre genérico, 
i|ue comprende especies adornadas de colores diferentes, ade* 
más de los mcn( ionados, particulares de una de ellas, que es 
la indicada arriba. 

Incluye esta familia muchos pajarillos, que los guaranis 
llaman en general tachurh y inrichús, sin que yo sepa porque.» 
(Azara.) 

T AJ I V .\ , m . — Lapacho. 

TAJIVO, m. — Lapacho. 

En guar. tayí. 

TALA, m. — Árbol frondoso, de hojas chicas, aovadas y 
escotíidas, y de ramas muy torcidas, fuertes y espinosas. Su 
madera es blanca, y se utiliza en muebles y obras de carrete- 



366 DANIEL GRANADA. 



na. Una vara recta de tala, de que pueda formarse un bastón, 
se aprecia en mucho, por lo fuerte. Matensia tala GUI. (celti- 
dacecc: urticíncce.) 

TALA. — Departamento de la pn)v¡ncia argentina de Entre 
Ríos. — Capital del mismo departamento. 

TALABARTERÍA, f. — Taller de toda clase de arreos de ca- 
ballerías de montar ó de tiro, y de aperos ó enseres pertene- 
cientes al jinete. — Tienda donde se venden esos objetos, que 
suele ser el mismo taller. 

TAMA. — Capital de la provincia riojana de Costa Alta. 

TAMAYLLA. — Departamento de la provincia argentina de 
Tucumán. — Capital del mismo departamento. 

TAMAL, m. — Torta cuya masa es formada con harina de 
maíz y de trigo (de la primera doble cantidad), azúcar y 
canela. Cuécenla en el horno. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

Especie de empanada de harina de maíz, muy usada en 
América. > (La Acad.) 

Tamal procede de Méjico, según Cuervo. 

TAMANDUÁ, m.— Cuadrúpedo que se alimenta do hor- 
migas; de color pardo; cubierto de pelo lacio y recio, cuya 
longitud va creciendo de la cabeza á la cola, donde es 
kirguísimo; la cabeza y el cuello formando una sola pieza 
cónica desmedidamente prolongada hasta el extremo del 
hocico, i)or el cual, á mayor abundamiento, saca con fre- 
cuencia y rapidez un apéndice semejante á una lombriz, 
que es su lengua, con la que recoge aquellos insectos. 
Tiene cuatro dedos en la mano y cinco en el pie, amiíi- 
dos de fuertes y agudas uñas, algo corvas. No embiste ni 
huye; pero se defiende c(m las unas, sentándose como el 
oso, actitud en la cual es terrible i)()r su fuerza cxtrat^rdi- 
naria. 

Del guar. tamanduá. 

Le» llaman también oso honnigncro. 

En Sah'á tamandoa y tamanduá: animal que se cría eti el 
Perú. 

TAMBERO, m. — El que tiene un tambo (> despacha en él. 



VOCABULARIO ROPLATENSE. 36? 

TAMBERC), m. adj. — Que pertenece al tambo. — Diceae* 
del ganado manso, en contraposición al cerrero <> bravo, que 
no obedece al rodeo. 



TAMBEYUA, m. — Especie (ie chinche silvestre, verde, 
que se cría entre las hojas del zapallo. 
Del guar. íambeiná. 

TAMBO, ra. — Cuadra ó corral íle vacas, donde se expende 
leche. 

Sabido es que tambo significa en el Perú posada <'» mesón, 
y (juc procede de la \'6z quichua tampu. 

Cuando cantil el le<*hero: ¡mazamorra! 
Que trae á sus marchantes á horas fijas 
Desde el tambo lejano en seis botijas. 

(D. F. Acuña de Fiffueroa.) 

TAPE, adj. — Dicese del indio guaraní originario de las 
misiones establecidas por los jesuitas en las vertientes de los 
ríos Paraná y Uruguay. U. t. c. s. — Perteneciente á él. 

Destruidas por completo las Misiones (año de 1817 y sab- 
siguicntos), mezcl<>se la mayor parte de sus últimos moradores 
con la gente campesina del Estado Oriental del Uruguay y de 
las provincias argentinas de Corrientes y Entre Ríos, donde 
natunilmente continuó dándoseles su antiguo nombre de tapes. 
A los que en el día conservan muy marcado el tipo originario 
de estos indios, se les suele llamar asimismo tapes. 

T.os guaraníes de la misiones del Paraná y Uruguay, en los 
primeros tiem]K>s de su establecimiento, dení)minaron Tapt, 
(jue quiere de(*ir la n'w/arf, á la reducción de Santo Tomé 
por su grandeza, como si dijéramos la ciudad por excelenciñ; 
denominación que después se extendió á toda la comarca que 
ocupaban, y de ahí la provincia del Tape y tapes sus naturales. 
(En Ruiz de Mont., (mwju. Espir. etc.^ 

< Hablan estos indios (los minuanes) su idioma particular. 
Muchos de ellos hablan también el de k)s tapes de Misiones, 
y pocos se explican en castellano ó portugués.» (Cabrer.) 

El jornal del tape, fr. fig. y fam. con que se pondera lo 
exiguo de la retribución que .se da á uno por su trabajo. 

< Knipczóse entonces (1730) á activar (la fortificación de la 



9Í) DANIEL GRANADA. 



plaza de Montevideo), ocupando en los trabajos 350 indios 
guaraníes, señalándoseles real y medio de jornal. De ahi vie- 
ne el antiguo refrán del jornal del tape.» (D. Isidoro De-María, 
Mont. ant.) 

TAPERA, f. — Habitación ruinosa y abandonada, particu- 
larmente si está en medio del campo ó aislada. — Conjunto <le 
minas, donde hubo un pueblo. 

Del guar. tapera que significa despoblado, pueblo que fue. 

«Los (indios) de esta reducción (Santa María del Iguazú), 
les mataron algunos (indios caaigttás), y cogieron á diez vivos y 
tres mujeres. Al uno de los que cogieron vivos, pasándole de 
esta banda del río, en ima tapera que está dos leguas de aquí, 
no abajo, le mataron encima de la sepultura de un cacique 
que ellos habían muerto dos años antes, para hacer honra.s 
al dicho cacique, como ellos solían.» (Carta anua del P. Ni- 
colás Duran, provincial del Paraguay, de la Comp. de Jesús, 
1627, publ. por D. M. R. Trelles, Rcv. del Arch, de Bs. As.) 
<£sta última plaga de los ratores no estuvo en sus taperas ó 
pueblos antiguos.» (El mismo.) 

«Encontramos sobre unas lomas suaves la tapera ó ruinas 
del pueblovvicjo de San Cosme, donde el célebre jesuita Bue- 
naventura Suárez hizo sus observaciones astronómicas.» (Ca- 
hrer.) 

Multitud de parajes en las repúblicas Argentina, Oriental y 
del Paraguay, así como en el Brasil, son conocidos vulgar y 
geográficamente por el nombre de Tapera subseguidQ de el 
de la persona ó pueblo á que perteneció el edificio cuando 
estuvo habitado, ó de cualquier otro atributo distintivo. 

Tapera, en el Brasil, establecimiento rural completamente 
abandonado ó en ruinas, y cnscnt. tig. población en decaden- 
cia, según Beaurepaire-Rohán, que hace venir la voz del tupí 
taba-ptiera, aldea abandonada. 

«Si algo quedó de sus ruinas (refiérese al antiguo ejido de 
Montevideo) desapareció en la guerra de la independencia, del 
año n al 14. Ni aun las (casas) del Cordón escaparon de ser 
taperas. (D. Isidoro De-María, Mojif. ant.) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 369 

Y el alto ombú balancearse 
Sobre una antigua tapera. 

(D. Rafael Obligado.) 



TAPICHI, m. — Vacaray. 

TAPIOCA, f. — Fécula muy fina, en grano, extraída lic la 
mandioca. Es producto del Brasil. 

Del guar lipió^. La Acad. trae /ipioka, que entendemos es 
corrupción de tipiog. La lengua guaraní carece de la letra k. 

TAPIR, m. — < Animal cuadrúpedo, de la magnitud de un 
muleto, que se cría en la parte occidental dtí la América meri- 
dional > etc. (La Acad.) 

Del guar. tapíi. 

Criándí^se también el tapir en las regiones bañadas por los 
afluentes del Plata, habría mayor propiedad en localizarle lisa 
y llanamente cu la América meridional, y no al occidente de 
ella. El mismo origen guaraní del vocablo así lo pide; pues las 
generaciones guaraníes ocuj^aban la parte oriental de la 
América del sur. 

TARARIRA, f. — Pez de los ríos, grande, redondeado, 
negruzco, escamoso y de carne estimada. 

TARJETERA, f— Tarjetero. 

Trae también este vocablo D. Baldomcro Rivod<'>. 

TARUMA, m.- -Árbol parecido al* olivo y cuyo fruto so 
asemeja á una aceituna. -Su fruto. 

Del guar. taruma. 

Habland(» de las regiones d(*l Plata, dice (Jonz. Fern. de 
<)viedo (ííist. gcii. r nal. de las Ind.): ^Ilay otra frucla que 
se dice atorimi, qu(! «juiere parcscer aceituna negra.^ Reíiérestí 
seguramente al taruma. 

En Colm. taruma del Brasil. 

TARÜAL\, m. — Taruma. 

TASE l^tasi, m. — Planta trepadora (juc hay en los montes. 
Su tíiUo es lechoso; su fruto, ovalado, de cascara pulposa 
parecida á la del ¿/////a/]v/, y de una canie tan fibrosa como la 
de la cidracayote, C(jn la cual se hace un dulce exquisito, 
empleándose también en guisados. Phisiauthus alhcns (trah. 
(asclrpiadacccfj . 



370 DANIEL GRANADA. 



TATA, ra. — Tratamiento que los hijos dan familiannente á 
sus padres. Es expresión cariñosa. Entre la gente culta alterna 
non papá; el vulgo no dice nunca papá, sino tata. También 
tatita. 

Transformación, sin duda, de taita, que, asi como mama, era 
lo primero que antiguamente aprendían á decir á sus padres 
los niños, según Pineda, Agrie, crisf. 

También en quichua al padre dicen tata, cuya raiz tat indica 
expresión de cariño. 

<^Taita, m. Nombre con que el niño hace cariños á sus 
padres, á su nodriza, ('> á otra persona ({ue atiende á su cui- 
dado y crianza. (La Acad.i 

TATAIBÁ, m. — Moral silvestre, de tn>nco verde y fruto 
amarrillo y extremadamente áspero, por lo cual, i)ara comerlo, 
lo lavan y ponen al sol. Críase al norte (Paraguay, Misiones, 
Corrientes, etc.) — Fruto de este árbol. 

Del íjruar. tataií, el árbol, tatavihá, el fmto. 

TATARE, m. — Árbol grande, del género de las mimosas, 
de excelente madera amarilla, que se utiliza en obras de eba- 
nistería V en la construcción de barcos, v de cuva corteza se 
extrae una materia tint(')rea. Quemada la madcni, se consume 
sin hacer llama ni brasa. 

Del guar. tatair. 

Llámanlc también amarillo. 

TATÚ, m. — Cuadrúpcd») encubertado con .una costra 
ósea, en general negruzca, fonnada de tejuelos <'» escamas, 
de cabeza c<'»nica, patas gruesas y muy cortas, y uñas lar- 
gáis, fuertes y encorvadas. Vive en agujeros subterráneos, 
V hay varias especies, casi todas nocturnas, variando su 
tamaño entre dos y seis cuartas de longitud; pero las mayo- 
res siMo se hallan al norte de la cuenca del Plata. C(»nvénien- 
temente adobado, y asado al horno, constituye, excepto el de 
mano amarilla y tuerpo bayo, un rico manjar, de mejor gusto 
que el lech<')n para alginios. 

Del guar. tatú. 

:Hay encubertados, l<>s quales llaman thatits. (Oviedo, refi- 
riéndose á las rcíxioncs del Plata, Ilisl. i^cn. v ual. di las Itid.) 



VOCABULAJIIO RIOPLATBNSE. 371 



'Los naturalistas conocen á los iatús desde el descubrimiento 
de America, sin que hasta ahora se liaya sabido caracterizar 
á sus diversas csp)ecies.»(Azara.) 

TAVUVA, m. — Plantii rastrera parecida a la sandia. Su raíz 
((]ue es un tubérculo semejante al moniato), pelada, tajada, 
tostada y machacada, da un cocimiento muy amargo, que la 
gente del campo emplea como jíurgantc y tiene por eficaz re- 
medio de la sífilis. Cortada en i)edacitos y puesta en caña, 
(^ura, dicen, el mal de San Lázaro. Críase en los sitios barran- 
cosos. 

Del guar. tayuía. 

En Colm. tayuyá de Qttiabo en ti Brasil. 

TEGÜELCHE, VLiS:y—Tehuelchc. 

TEHU ELCHE, adj. — Dícese del indio cuya generación es 
propiamente originaria de la Patag<mia, al sur de la cual habita. 
U. t. c. s. — Perteneciente á la generaci<>n dicha. 

TEMBETÁ, m. — Piedrecilla ó palillo que los guaraníes em- 
butían (y hoy todavía lo hat en algunas parcialidades) en el 
labio inferior. 

Del guar. lemhetá\ lembé, labio inferior, ia, espiga, ilá piedra. 
Traen (los canos) un agujerillo en los labios, y en el un 
cristal leonado, que llaman en su idioma Ictnbetáy de dos pal- 
mos de largo y del grueso de un rafum de gan.so. > ( Smídel, tr. 
corriente.) 

TE^IBLADERA, f. — Efecto c»>nvuIsivo que experimentan 
l«)s animales en (iertos parajes de la cordillera de los 
Andes, si pennanecen (luietos durante algunas horas. Cuan- 
do les acomete este accidente, hay que trasladarlos inme- 
diatamente á un alfalfar; si no, mueren. 

TEMBLADERAL, m. — Paraje cenagoso cuya superficie 
presenta á la vista del transeúnte el apacible aspecto de una 
])radera, convidándole á pa.sar sin cuidado como por sobre una 
alfombra bien extendida, bajo la cual, sin embargo, puede 
enccmtrar su sepulcro. El caballo campero avisa al jinete; pero 
si este, fustigándolo, le (obliga á seguir adelante, á los primeros 
pasos lo verá sumergid(j hasta los encuentros. 

Tnmetlal, tremadal ó tembladal. Sitio ó paraje cenagoso 



372 DANIEL GRANADA. 



que, con poco movimiento que se haga, retiembla. > (La Acad.) 

En el Perú le llaman tembladera (Palma), asi como en Chile 
(Rodríguez). 

TEMBLEQUE, adj. fam. — Trcmulo. Ú. t. c. s., tratándose 
de personas. 

«No usaríamos nosotros temqucble por trémulo , si bien existe 
el verbo icmbleqiiear.^> (Cuervo.) Ni nosotros tampoco; bien que,, 
como término burlesco, puede arder en un candil. 

Trae también esta voz D. Baldomcro Rivodó. 

TENTE-EN-EL-AIRE, m.— V. PICAFLOR. 

TERNERAJE, m. — Conjunto ó generalidad de terneros. 

<: Vimos bastante ganado y tcnurajc,^ (Exp. de Ibirapita- 
Guazü hasta Sto. Dgo. de Sor. por un padre de la Comp. de 
Jes.; RrcK déla B, P, de B, A., Trell.) 

TERUTERO, m. — Ave de un pie y pico de longitud, de 
color blanco, con mezcla de negro y pardo tornasolado, arma- 
do de una púa en cada uno de sus mástiles, y cuyo grito sue- 
na como el nombre. 

Domestícase fácilmente, y, suelto en los patios de las ca* 
sas, hace el oficio de centinela, siempre alerta; pues no ocu- 
rre novedad que no anuncie inmediatamente con sus repe- 
tidos clamores. 

^Le dan el primer nombre (terutero) en Buenos Aires y 
Montevideo, y el segundo (teteu) en el Paraguay. Ambos le 
convienen, porque los canta con frecuencia agria y fuerte- 
mente, incomodando bastante. También canta de noche, si 
oye rumor, y ¡)or eso dicen que es enemigo de los contra- 
bandistas. Igualmente lo es de los viajeros y cazadores, por* 
que suele ir á enc<3ntrarlos y los acompaña, incomodándolos 
con sus voces continuas y alborotando la caza.» (x\zara.) 

TI CHOLO, m. — Panecillo cuadrilongo de pasta de guayaba 
muy compacta, envuelto en la hoja del plátano ó en chala. Es 
producto del Brasil. 

Del port. tijolo, sin duda por tener la forma y color de un 
ladrillo pequeño. 

TIENDA, f — Casa donde se venden géneros por menor. 

Lo propio en Venezuela (Rivodó). 



VOCABULARIO RIOPL ÁTENSE. 373 

TIENTO, m. — Tira delgada de cuero, pulida y bien pareja, 
que sirve para hacer ligamentos, trenzas, etc. 

TIERRA DEL FUEGO. — Tierras australes cortadas por el 
estrecho de Magallanes. 

TIGRERO, m. — Cazadf)r de tigres. 

TIGRERO, /V7, adj. — Dicese en especial de los [)erros 
adiestrados en la caza del tigre. 

TIJERETA, f. — Pájaro de un i)ie próximamente de lonjitud, 
cuerpo apíomado, cabeza y cola negra, esta muy larga, y de 
la que deriva su nombre, pí^rque, al volar, la abre y cierra se- 
mejando á una tijera. 

<'Así le llaman en Buenos Aires y Montevideo y los guara- 
níes ,¿;^?///¿7>'í'/¿7/>^', ave de tijera.» (Azara.) 

TILBE, m. — Trampa para pescar, usada por los indios. 

>^Aqui topamos algunos tilbcs armados para pescar. Su 
construcción es de palos parados, tejidos con juncos, y les 
dejan una puerta, y entra por ella el pescado; y cerrada la 
puerta, le toman con abundancia. > (Fray FrancLsco Morillo, 
Viaj. al Bermejo.) 

TILCARA. — Capital del departamento del mismo nombre 
de la provincia de Jujúy. 

TILINGADA, f. — Acción propia de un iilin^o. 

TILINGO, ga, adj. — Dicese de la perstma algo simple y 
ligera, y de la que suele hablar mucho para decir tonterías. 
U. t c. s. 

TIMBO, m. — Árbol lorpulento de la familia de las legumi- 
nosas, de flor amariposada. De su madcTa hácense canoas, 
bateas, etc. 

Del guar. timbó. 



TIMBU, adj. — Dicese del indio cuya parcialidad habitaba 
la margen derecha del río Paraná, provincia de Santa Fe. 
U. t. c. s. — Perteneciente á dicha parcialidad. 

TINOGASTA. — Departamento de la provincia argentina 
de Catamarca. — Capitíil del mismo departamento. 

TÍO, íia, m. y f. — Aplícase á los negros viejos africanos. 

J^is cuentas de tío Bartolo. Fr. proverb. con que se ridicu- 
lizíi al que ha hecho un cálculo enteramente erróneo, sin 



374 DANIEL GRANADA. 



pies ni cabeza; con alusión á las disparatadas cuentas que 
acostumbraba sacar cierto negro bozal, vendedor de escobas 
y plumeros. 

<:En el tron(j aparecían sentados con mucha gravedad el rey 
iio Francisco. . . A su lado la reina tia Felipa.» (D. Isidoro 
De- María, Mont. Ant.) 

TIPA, m. — Árbol altísimo y corpulento, de las pro\*incias 
argentinas arribeñas y el Chaco. Su resina empléase en la 
tintorería y medicina, y su madera en la tablazón de los barcos. 
Alachocrium fcriilc. 

Es, sin duda, el mismo que indica la Acad.: <^Ttpa^ f. Árbol 
grande del Perú, de madera recia y muy estimada. Ú para las 
cámaras de los buques.» 

TIPA, f. — Bolsa ó cesto de cuero. 

«Del cuero (del animal vacuno) fabrican todas las cuerdas y 
sogas, y la mayor parte de los utensilios, como canastas y arcas, 
llamándolas iipas y petacas.» (Azara.) 

TIPA, m. — Lo mismo que chipá. 

Del guar. íipá. 

TIPOY, m. — Saco de lienzo ó de algodón, sin cuello ni 
mangas, que usaban las mujeres en las Misiones del Paraná y 
Uruguay y que usan actualmente las campesinas del Paraguay. 

Del aguar, titpoí, tlpoí. 

«Muchas (mujeres) cubiertas con ropas largas de algodón que 
usan entre ellos (los jaraycs), (¡ue llaman fipocsr> (Cabeza de 
Vaca, Cojnc?i/.) 

TOBA, adj. — Díresc del indio de cierta parcialidad del 



Chaco, errante y temible. U. t. c. s. — Perteneciente á dicha 
parcialidad. 



TOLDERÍA, f. — Campamento de indios, donde tienen sus 
toldos. 

TOLDO, m. — Cabana del indio silvestre. Fórmanla con 
pieles sostenidas por estacas, (') por unas varas verdes, clava- 
dos sus extremos en tierra formando arco, ó bien con una 
quincha de junco ó totora dispuesta del mismo modo. 

*Vox allá llaman toldo á la casa •> habitación del indio sil- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 375 

vestrc, y toldería al pueblo <> conjunto de muchos» toldos.» 
(Azara.) 

TOMINEJO, m,— Picaflor, 

TONOCOTÉ, adj. — Dlcese del indio de una parcialidad 
originaría de los lulcs, que moraba al sur del Chacho. U. t. c. s. 
— Perteneciente á dicha parcialidad. 

TOQUISTINE, adj. — Dicese del indio de mía parcialidad 
oríginaría de los lulésy que moraba al sur del Chaco. U. t c. s. 
— Perteneciente á dicha parcialidad. 

TORDILLO, Ha, adj. — Dlccsc del caballo «'> yegua de 
color negro entremezclad* > con blanco. U. t. c. s. Por otro 
nombre tordillo blanco. 

TORDILLO NEGRO, lia i^ra, adj.— Diccsc del caballo ó 



yegua de color blanco entremezclado con negro. U. t. c. s. 

TOROCAA, m. — Planta aromática, íle la familia de las 
labiadas, nmy semejante al tabaco, excepto la flor, que es 
morada. — Trébol muy oloroso. 

De la voz española toro, y la guaraní caá, cu}a aglutinación 
equivale en ca.stellanoá hierba del toro. 

Sirvense de la primera de estas plantas, en el campo, para 
curar heridas, lavándolas con un cocimiento de sus hojas y 
aplicando luego estáis á la parte dañada. 

TOROPI, m. — Cuero sobado, de animal vacuno, que, a 
manera de capote ó manta, se echaban sobre los hombros los 
indios minuanes v charrúas. 

De la voz españ(jla toro, y de la guaraní />/, que significa 
ciuro, Torofii» cuero de toro, sin duda por ser el que preferüm para 
hacer el abrig<^ de que se trata. 

TORREJA, f. — Rebanada de pan, remojada en leche ó en 
vino generoso, con huevo, azúcar y canela; y frita. 

Lo mismo en Venezuela, según Rivodó. La Acad. torrija. 

TORZAL, in.^I^izo ó mancador fonnado de una «'» tres tiras 
de cuero retorcidas. 

El lazo, compuesto de dos ó más tiras, no tan largo como el 
trenzado, es el más fuerte v resistente. Llámase tambic'n sobeo. 

Lo mismo en la pr. br. de R. O. del S. torcal (Beaurepaire- 
Rohán). 



376 DANIEL GRANADA. 



TOTORA, f. — Hierba alta, semejante á la espadaña, esto- 
posa y consistente, propia de los terrenos húmedos, á propó- 
sito para y quinchar de la cual, en el campo, hacen esteras, 
asientos, cubiertas de carros, techos de ranchos, etc. En todo 
esto alterna con el junco, la paja brava y alguna otra hierba 
de igual consistencia. Casi no hay bañado, esteral, laguna, 
cañada ó arroyo, en el Rio de la Plata, donde no aparezca 
la totora. Es la misma que se halla á las orillas de la famosa 
laguna de Titicaca ó Chucuito (Bolivia). Con ella y con 
juncia hizo el inca Capac lupanqui un puente sobre un brazo 
de la laguna para pasar el ejército que llevaba á la con- 
quista de las provincias de Collasuyo. Es muy probable que 
esta hierba este esparcida por toda la América meridional, 
cuando menos, y que en toda ella se le dé el mismo nom- 
bre de totora por las gentes de [habla española. Asi, los 
terrenos cenagosos de las inmediaciones de Quito (Ecuador) 
están poblado de totora, y los llaman totorales; y abunda tam- 
bién en Chile. Tipha angustifolia L. (aroideo') en Gibert. 

Del quich. tiitura, y equivale, según Rodríguez, 4 juncia y 
espadaña. Nos inclinamos á creer que es la misma espadaña. 
En el Rio de la Plata, á lo menos, no se llama nunca á la 
/uncía totora, sino junco *> hunco ^ aspirando suavemente la 
hache. 

«Totora, f. Especie de enea que se halla en la laguna de 
Chucuito.:> (La Acad.) 

TOTORAL, m. — Terreno poblado de totora. Un departa- 
mento de la provincia argentina de Córdoba lleva el nombre 
de Totoral. 

«Al pueblo de Totora se le puso asi, por estar cercado de 
totorales.» ( Reís, geográfs. de Inds., Condcsuyos y Chumbtbilcets. J 

^<A1 ñn del rumbo trece llegué a las cañadas de cortaderas 

# 

y totorales.-^ (D. Pablo Zizur, Exp. á Salinas, Ang.) 

TOTORAL. — Departamento de la provincia argentina de 

Córdoba, lindando con la Mar Chiquita. Su capital Mitre. 
TRACALADA, f. — Considerable número de objetos. 
Usase también en Chile: ^cáfila, multitud» (Solar); en el 

Perú: «sartíi, cantidad, cáfila. etc.;> (Paz-Soldán); en el Ecua- 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 377 



dor: <:Jracalada de fierasv (Cuervo); y en Bogotá: v muche- 
dumbre, cáfila > (el mismo). Cuervo sospecha que el tracalada 
americano es, cercenada la primera sílaba, el matracalada que 
emplea Quevedo en unos versos que cita, vocablo registra- 
do después en la 12* edición del Dice, de la Acad. 

TRANCAS. — Departamento de la provincia argentina de 
Tucumán. — Capital del mismo departamento. 

TRANQUERA, f. — Armazón de trancas puesta en un 
cerco, á manera de puerta, para el tránsito de personas, 
vehículos y tropas de ganado. 

TRASTAVILLAR, n. fam.— Tartalear.— Titubear.— Estar 
expuesta á deshacerse ó á caer una cosa cpie se halla en falso 
<'» desvencijada. 

c;Dljose metafóricamente (irastavillar: titubear), corrompien. 
do á lo rústico la palabra tartai^illar, convertida hoy en tartalear.^ 
(D. Manuel Cañete, Dcclar. de los i^ocablos oscuros ó de iiso poco 
frecuente que se hallan en las Farsas y t'i^logas de Lucas Fcr- 
nándcz.) 

Usase también, por vacilar, titubear, tartalear, hacer eses, en 
Bogotá (Cuervo), en el Perú (Paz-Soldán) y en Chile (Rodrí- 
guez). 

TREINTA Y TRES.— Departamento de la República Orien- 
tal del Uruguay, fronterizo al Brasil. — Villa cabecera del mis- 
mo departamento. Fund. año 1853. 

TRINIDAD.' — Villa cabecera del departamento de Flores 
de la Rep. Or. del Uruguay. Fund. año 1803. 

TROMPETA, adj. — Atrevido y sin vergüenza. U. t. c. s. 

S(')plase orondo un trompeta 
En el Parnaso, porqué 
Aprendió el /> o po, c, 
Poc\ t a ta, poeta: 
Y en su mísera cuartetii 
Enreda una mezcolanza. 

¡Buena i^a la danza! 

(D. F. A. de Pigaeroa.;! 
TROPA, f. — Conjunto de animales que se transport»in de 
una parte á otra, ó que van con carga. En la Rep. Orien- 



378 DANIEL GRANADA. 



tal del Uruguay, Entre Ríos y Corrientes, por tropa se 
entiende casi exclusivamente la del ganado vacuno que se 
tronsporta á las invernadas, mataderos, graserias, corrales 
de abasto, etc. En las provincias argentinas próximas á los 
Andes, aplícase esta voz con especialidad á las cáfilas de 
muías que, cargadas de mercancías, hacen la travesía de la 
Cordillera. — Cáfila de carretas. 

Prov. de la Amér. merid. en Salva. 

En Chile equivale á recua ( Rodríguez ). En esta acep- 
ción, dice Solar, es de uso general en toda la América. 

Lo propio que en el Río de la Plata en el Brasil ( Bcau- 
paire- Rohán ). 

-Para evitar el riesgo de los indios salvajes, caminan 
muchas carretas juntas, á lo que llaman tropa. » ( Elstala, 
carta sobre Buenos Aires, Víaj. unir.) 

«La jí^niada regular de las tropas de Tucumán ( que así lla- 
man á una caravana de carretas ) es de siete leguas, aun- 
que yo juzgo que no })asan de cinco un día con otro, por 
causa de los muchos ríos que es preciso atravesar. » ( El 
mismo.) 

Arroja el lazo 
Sobre la res que elií;e de la tropa. 

(Bello.) 
TROPRRí), ni. — Conductor de tropas, con especialidad tra- 
tándose del ganado vacuno. El de muías arriero, cajxi taz, peón. 
V. esta úllima palabra. 

TROPILLA, f. — Cierto número de ealiídlos, rcíxularmcntc 
de un mismo pelo, acostumbrados á andar siempre juntos, ó 
amadrinados. L'na yegua con cencerro, llamada madrina, es el 
principio federativo de esta repúbli( ii, y á buen seguro que la 
abandonen de motu j^ro])io sus allegados, ni que el dueño 
de ella tenga que lamentíir defecciones. 

TROPILLA A:\L\DRINADA.— Aquella cuyos caballos es- 
tán ya enteramente acostumbrados á seguir á la yegua madrina. 
TROPILLA ENTABLADA. — Lo mismo que amadrinada. 
TOBIANO, na, adj. — Tubiano. 
TUBIANO, na, adj. — Dícese del caballo (') yegua de cierta 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 37Í) 



casta, que tiene manchas muy extendidas y notables en 
el cueqDO. U. t. c. s. 

De un jefe revolucionario (cuentan) de la provincia de San 
Pablo en el Brasil, conocido vulgannente por Ttibías, quién, 
derrotíido en 1842, pasó á incorporarse con los riograndenses, 
montados él y los pocos soldados que le acompañaban en ca- 
ballos de la casta y pelo indicado en la definición; á los cuales 
caballos, por esa circunstancia, llamaron tuhianos, denomina- 
ción que se generalizó después en el Rio de la Plata. 

Beaurepaire-Rohán trae tobiano com<j sust. masculino y adj. 
peculiares de la provincia de San Pablo, y le define: raba i lo 
de cierta raza. No da la etimología. 

TUCANO, m. — Ave de rapiña, de un pie y medio de 
longitud termino medio; el color de su plumaje negro azulado, 
con listas y manchas amarillentas, rojizas y blancas en la 
cabeza, cuello, pecho y parte de las alas; oscura la pieza 
superior y anaranjada la inferior de su cor^'0 y aserrado pico 
desmedidamente largo. Prefiere para morada los yerbales 
(árboles del mate), de cuya semilla gusUi. 

Del guar. titea. 

<:TUCÁx, m. — Ave del Brasil, que tiene el pico muy largo. 
(La Acad.) 

Tucano también en Azara. Lo hay en Misiones, Corrien- 
tes y el Paraguay. 

cLos tucanos, á pesar de todo, destruyen á muchos pájaros; 
porque con su voluminoso y extravagante pico imponen res- 
peto y miedo á todas las aves, y las embisten y aliuyentan 
de sus nidos, y á su miasma vista tragan enteros K)s huevos y 
los pollos. :> (Azara.) 

TUCO, m. — En algunas provincias argentinas arribeñas 
llaman tuco á la luciérnaga, en especial la grande, con dos 
discos luminosos permanentes en la parte superior de la costra 
junto á la cabeza, los cuales emiten claridad suficiente para 
leer un ¡xipel cualquiera en la obscuridad. Al este del Paraná 
llámanla alna. También linterna. 

TUCUMAN. — Capital de la provincia argentina del mismc» 
nombre. 26^ 50* 2" de lat. aust. Fund. año 1564 por Diego 



380 DANIEL GRANADA. 



Villarrocl, cerca del cerro de Aconqueja, y trasladada á donde 
está hoy por Femando de Mendoza en 1585. 

TUCUMANO, na, adj. — Natural de ciudad ó de la provin- 
cia argentina de Tucumán. U. t. c. s. — Perteneciente á una ú 
otra. 

TUCUTUCO, m. — Cuadrúpedo en su aspecto y costumbres 
muy semejante al topo, algo mayor que éste. Construye su 
cueva con múltiples galerías en los terrenos arenosos, donde 
suele multiplicarse considerablemente, haciéndose notar, por 
lo mismo, durante la noche, con el incesante ruido sordo de 
tucu'tucu'tucu-tucu, que es su voz, causa de su nombre. 

«Algunos le llaman topOy figurándose que lo es de la especie 
europea; pero se engañan mucho.» (Azara.) 

TUCUTUZAL, m. — Terreno lleno de cuevas de tucutucos, 
y, por lo mismo, de difícil ó peligroso tránsito. 

Las cuevas del tucutuco están á flor de tierra, en cuya razón 
fácilmente se hunde el terreno en que se hallan. 

TUI, m. — Loro pequeño, de color verde claro, con una 
mancha anaranjada y azul en la cabeza y que anda en ban- 
dadas. 

Del guar. tní. 

*Tiene (el tut) las costumbres del ñenday,* (Azara.) 

TULUMBA. — Departamento de la provincia argentina de 
Córdoba, lindando con el de Totoral y la Mar Chiquita. — Ca- 
pital del mismo departamento. 

TUMBAYA. — Capital del departamento del mismo nombre 
de la provincia de Jujúy. 

TUPA (túpá), m. — Expresión con que los guaraníes desig- 
naban á Dios. Compónese de la partícula admirativa iu, y 
del vocablo //z, que denota interrogación, como si se dijera: 
i esto, qué es ? ó bien: ¿quién eres tú. Señor, que no te alcanzo, 
y me anonadas! Expresión tan sublime como su correspon- 
diente bíblica: ego sum qui sum. Por esta razón no tuvieron 
reparo alguno los misioneros del Paraguay en servirse de! 
nombre Tupa, como significativo de Dios según lo concibe 
la Iglesia Católica, en las oraciones, catecismo y doctrina 
cristiana que compusieron en lengua guaraní para el uso de 



VOCABULARIO BIOPLA TENSE. 381 

SUS noófitos. No se libraron, sin embargo, los jesuítas de 
ser acusados públicamente de herejía, ii instigaciini, ó por 
obra, del arriscado obispo Don Fray Bernardino de Cárde- 
nas, so pretexto de haber dado cabida en sus misiijnes, con 
menoscabo de la religión, al Tupa cristianizado. Este acci- 
dente dio ocasión al padre Díaz Taño para sostener que 
las voces Dios y Tupa tienen una filiación etimológica idén- 
tica, concluyendo que con la última significaban los guara- 
níes y tupíes al que entendían que era señor, creador, princi- 
pio, fuente, orillen v causa de todas las cosas. 

Los guaraníes, con ser salvajes, filosofaban mejor (jue los 
filósofos positivistas de nuestros tiempos. El positivista dice, 
por ejemplo, tratando de la soberana esencia: <í¿Es cosa con 
la cual no puedo hacer experimentos? ¿No hace impresión 
en mi retina, tímpano, paladar, epidermis y membrana pitui- 
taria? Pues no le hagamos caso: es incognoscible.^ El guaraní 
pensaba de este modo: «Yo no la veo, ni la percibo por 
ninguno de mis sentidos; pero me subyuga; y por eso mismo, 
porque no la veo ni experimento corpo raímente, es para mí 
más grande: ¿quien eres tú ! que es esto!;> 

Hemos conservado íntegro el presente artículo, con el fin 
de que pueda apreciarse debidamente la discreta, cuanto 
docta, crítica que de él hace el Sr. Valera. 

El P. Lozano en su líist. de la conq. del Parag. etc. dice: 

«Tuvieron (los guaraníes) conocimiento de Dios, y aun 
llegaron á alcanzar, con alguna confusión, lo que se colige 
del nombre que le dieron de Tupa, que quiere decir excelen- 
cia superior, compuesto del nombre de ///, que es admiración, 
y de pa, que es la nota de interrogación, correspondiendo a) 
hebreo Manhu, quid est hoc en singular.;> 

La referencia que hacemos al P. Francisco Díaz Taño la 
sacamos de un extenso escrito suyo, harto curioso (Demos- 
iración clara y evidente respuesta etc.), inserto en la Rei\ de la 
Bibl. P. de Buenos Aires por D. Manuel R. Trelles. 

TUPI, adj. — Dícese del indio cuya parcialidad corría la 
costa oriental del rio Uruguay, hacia los 28® de lat. U. t. c. s. — 
Perteneciente á dicha parcialidad. 



382 DANIEL GRANADA. 



Los tupies, temibles ix)r su ferocidad, tuvieron en perpetua 
alarma á las misiones jesuíticas del Paraná y Uruguay, donde 
ejecutaron desoladoras invasi<jnes. 

TUPUNGATO. — Departamento de la provincia argentina 
de Mendoza. 

TURBONADA, f. — Viento repentino y violento, acompa- 
ñado de nubarrones difusos, con poca <'» ninguna agua y de no 
larga duración. 

TURUBI, m. — Planta aromática, de una cuarta de ídti> 
próximamente, de tallo y hoja vellosos, ésta aserrada, blan- 
quizco el envés, y de raíz tuberculosa, redonda. Críase en los 
cerros y terrenos pedregosos. El cocimiento de su raíz tienese 
por emenagogo eficaz. 

Del guar. 

TUTU, m. — Ave de rapiña, de un pie largo de longi- 
tud; verde el lomo, azul el pecho; la cabeza, alas y cola con 
manchas negras rojizas y moradas; su corvo pico muy fuerte. 

Del guar. íttthy cxpr. imitativa de su canto. 

TUTUMA, f. — Árbol, cuyo tronco y ramas dan un fruto 
semejante á la calabaza. — Su fruto. 

TUTUMA, m.— Tutuma, 

TUYUYÚ, m. — Especie de cigüeña. 

Del guar. tuvúyú. 



QÁQ 



u 



UBAJAY, m. — Árbol de la familia de las mirtáceas, recio, 
de mucho ramaje; de hojas enteras, aovadas, estrechas, pun- 
tiagudas, venosas y opuestas; de fruto agradable, un poc(3 
ácido, del tamaño del nispero, formado de una envoltura 
pulposa (que es lo (jue se (ome) amarilla, de piel velluda 
como el membrillo, al (¡ue se asemeja en la forma, y con <y7- 
rozo redondo de cascara delgada y dura, leñosa, que encier- 
ra una almendra. — Fruto de este árbol. — Arbust(^ de la mi.s- 
ma especie que el árbol antedic ho. 

Del guar. ibnhai. 

El ubajay es fruta in(lií;(•^la. 

UMITA, I- 1 I umita. 

Del arauc. nmiiita, guisado tic maí/.. 

ÜNI(.)X. — Departamento de la provhuia argentina de 
('r)rdoba, fronterizo á .Santa Fe. -Su caj)ital Stin Jerónimo. 

UÑA DE (;at().-v. ñapindá. 

URU, m. — Ave de una cuart:i y pi<'o (Ut longitud y de co- 
lor pardo con mez( la d(* a» anrlado, negro y blanco. 
Del guar. /////. 

Camina (el uní) y rorrc < «)mo las j)erdices. (Azara.) 
URUBÚ, m.- ¡rkii. 

La misma modifu aci»'»n llevan ^us c»)m])uestos. 
URUBUTÍ, m.— EsjHM ie de < u<rvo blaneo. 
Del guar. tinihufi. 
URUCU, m. — Achiote íárb. »l). 
Del guar. nnuú. 
En Cojni. timcú licl Brasil. 
URU( l'REA. m. — Esjx'íío d<' lechuza, de un pie escaso 



384 DANIEL GRANADA. 



de longitud, color pardo ( eniciento, que habita y rría en la 
cueva de la vizcacha. 

Del guar. urucurcá. 

<:No es (el urucurcá) arisco, y cuando uno se le acerca canUí 
fuerte chiii'cJii-chi^'chi'chi, dando un vuelito breve y posán- 
dose sobre algún terrón, desde donde mira con insolencia al 
([ue se le aproxima.^> (Azara.) 

URUGUAY (rh), del guar. unigua'i. Azara entiende que el 
río Uruguay toma su nombre de un pájaro común en sus 
bosques, llamado urú; porque uruguay significa, dice, rio (no 
en el texto; pero es, sin duda, error de impr.) del país del uní 
{Desc. d hist del Parag. y del R. de la Pía.). Urú, con efecto, es 
un ave pequeña, que se halla en el Uruguay arriba; pero no es 
fácil hacerse cargo de la significación que Azara supone tener 
la palabra uruguay, descomponiéndola en los vocablos urti, gua 
é /, sea cual sea la acentuación prosódica que se quiera dar á la 
voz gua. El ingeniero D. José M** Cabrer, coexpedicionario del 
sabio ge(jgrafo, afirma que uruguay significa rio de los caracoles, 
sin duda porque uruguá es caracol, é /' río; lo que, siendo real- 
mente aceptable, nos induce á consignar como la mas cierta 
etimología las voces uraguá t aglutinadas. El lingüista brasileño 
Dr. Bautista C. de Almeida Nogucira, en el t. 7.® de los Annaes 
da fíibl.. Nac. do Rio de Jan., asienta que /r//¿w<7/' significa lio del 
canal {Yruguá, canal), <'> río principal, con lo que, dice, se 
designaba al Uruguay, que ni aun en tiempo de seca deja 
de tener agua, al contrario de lo que sucede en los arroyos. 
En este caso Uruguay sería una corrupción de Vruguai; pero 
el mismo señor Almeida admite que puede venir de uruguá í. 

Nace el Uruguá}- on la seira do Mar, en la provincia 
de Santíi Catalina del Brasil, y desemboca en el río de 
la Plata, serpenteando en su trayecto unas trescientas le- 
guas. Perteneció desde sus cabeceras á España; pero ya á 
principios del siglo que corre habían invadido los portugueses 
hasta los pueblos de Misiones situados en su margen izquierda, y 
el año de 1852 quedó definitivamente establecido que su tribu- 
tario el Cuaréin fuese el límite divisorio entre el Brasil v la Re- 
pública Oriental del Uruguay, quien, por consecuencia, disfnitíi 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 385 

de sus aguas en un espacio de ciento treinta leguas, que próxi- 
mamente ha V desde allí hasta su desembocadura en el Plata. 

El pintoresco Uruguay, navegable desahogadamente hasti 
la ciudad del Salto, donde una formidable restinga embaraza 
su cauce, no tiene crecientes peri<')dicas anuales, como las del 
Paraná V Paraguay; pero las mayores que de tarde en tarde lo 
ensoberbecen, sobrevienen, por lo regular, á mediados de la 
primavera. Su anchura es, en partes, de leguas. 

Díj» >se también U/^/my y Uruay. 

URUGUAY. — Departíimento de la provincia argentina de 
Entre Ríos, junto al rio Uruguay. Su capital Concepción del 

URUGUAYO, 1V7, adj. — Natural de la República Orientíil 
del Uruguay. U. t. c. s. — Perteneciente á esta nación. 

\'. ORIENTAL, y adviértase que un departamento de la 
provincia argentina de Entre Ríos se denomina Uruguay, 
y que á la margen izquierda de este río hay una ciudad brasi- 
leña que lleva el nombre de Umgnayana. Además, cuandf) se 
dice r/ Uruguay^ lo que regularmente se entiende es que se 
quiere hacer referencia al lio que lleva ese nombre, y no al 
Ksíijtit) Oriental del Uruguay, que se denomina así cabalmente 
t,'n raz«'>n de hallarse situadas al occidente, aguas por medio, 
las j)rovincias de Entre Ríos y Corrientes, y más arriba las 
Misiones. 

í-a Acad. dice: <;Natural del Uruguay. — Perteneciente á esta 
na( i<'»n de la América del Sur. • 

URUNDAY, m. — Árbol de excelente madera de ((»nstruc- 
ci«'»n. < oh^rado-oscura. En especial sirve para tirantes. 
URUTA().m.-¿77/A///. 
V R UTA U, m. — I ^rutaú. 

URUTAU, m. — Ave uíh turna, de un pie y pico de lonjitud 
y ilr (íílor pardo acanelado con mezcla de negro y c»scuro. 
Parti< ularízalo su modo de gritar entre mofador y melancólico: 
jirolongado y lúijubre clamor, que termina semejando una 
can:ijada. 

l\Tiuane'<'. mientras el astro del día alumbra, oculto. Sale de 

13 



386 DANIEL GRANADA. 



noche, sin apartarse de la orilla del rio <) arn^yo en cuyos 
montes ó barrancas tiene su vivienda. Busca un árbol seco, y, 
á la falta de árbol muerto, una palmera ú otra planta de escaso 
ramaje y hojas. Posado en imo de sus gajos y arrimado al 
tronco, permanece largas horas, quieto, inmóvil, mirando fija- 
mente á la luna, ('> levantada la cabeza al cielo, si la luna ha 
desaparecido, y exhalando, de tiempo en tiempo, sarcásticos 
alaridos que hacen estremecer. Parece la representación del 
infortunio, que, en las tinieblas de la noche, solitario, eleva el 
alma contemplativa, entreviendo el secreü^ de los callados resor- 
tes que mueven al universo. Distraído en su contemplación 
extática, no advierte lo que pa.sa á su alrededor, pues, juzgán- 
dose solo, se desentiende de los hombres; de manera que puede 
acercársele el viandante hasta tocarl(^ con la mano. La gente 
campesina le atribuye excelencias y virtudes extraordinarias, 
no menos halagüeñas que las que sueña hallar en el cabuve: 
entre otras, la de afianzar contra las seducciones la pureza de 
las doncellas. 

Del guar. urntaú, pájaro fantasma. 
Es (el anttáu) de los pájaros más famosos por las patrañas 
sin número que de él refieren. Su voz es un alarido alto, espa- 
cioso y muy melancólico, y lo repite con pausa toda la noche.» 
(Azara.) 

URXJTÍ, m. — Pajarillo de varios colores. 

Del guar. urutíy que litcralmete .significa, empero, pájaro 
blanco. 

USUTA, U— Ojota. 

Del quich. usuia ú uxuta. 



QAD 



V 



VACAJE, m. — Vacas cu general, en conjunto. 

VACARA V, ni. — Ternero nonato, que ha sid<> extraíili> del 
vientre de la madre al tiempo de matarla. 

Del guar. mhacaraí. 

Debe cscribirbe c<>n /-, porque el vocablo mhataitn está 
compuesto de raí, hijo, y mbaca tomado del español rv/r^/, ct»n 
la sola diferencia del cambio de la letra inicial de esta palabra 
en h, á causa de carecer de la primera la lengua guaraní. Es, 
pues, cu rigor etimológico, 'aairai, <'>, como se pronuncia 
comúnmente, racaray. 

VACIAR, a. — La gente del campo, sin .saber si habla bien 
ó mal, ni importársele nada de ello, conjuga prosódicamente 
el presente de indicativo y subjuntivo de aquel verbo: rí? -iUicio, 
lú 7'nri(7s, r'l varia, luuia tt'i, racic el; mientríus que muchas per- 
sonas educadas, creyendo expresarse (on propiedad, cargan el 
acentí > en la /.• xo vacio, vacia ///, etc. 

VALLE FÉRTIL. — Departamento de la provincia argentina 
de San Juan. — Capital del mismo departamento. 

VALLE GRANDE. — Capital del departamento del mi.sm<» 
nombre de la provincia de Jujúy. 

VAQUEAR, a. — Hacer batidas <'> tr/mn/as de ganado cima- 
rrón, 1<» que ordinariamente se ejtMUtaba para a])rovechar la 
corambre. 

VAQUERÍA, f.— Lugar dcmde hay vaca.s.- -Muchedumbre 
de giuiado vacuno. — Batida de ganado vacimt). — Kcfiruíía dt^ 
ganad» » vacuno. 

Las vaquerías (3.-' y 4." acep.) se efectuaron, y;i desor- 
denadamente, ya con ciertas formalidades. Anunciábanse por 
edictos las de esta clase (cuando se puso coto al abuso). 



388 DANIEL GRANADA. 



señalando el lugar y día en que iban á verificarse, íi fin de 
cjue concurriesen á ellas los vecinos que quisiesen prestar ayuda, 
participando por ende de sus beneficios. El ministro de la 
real hacienda, ó el cabildo respectivo, diputaban un hombre 
l)ráctico en las cosas del campo para dirigir las operaciones. 
Remunerábase á cada peón con dos reses por día de tra- 
bajo, si habla andado en caballo propio, y con una, si faci- 
litado por el capataz de la vaquería. Tratábase siempre de 
no causar daño en las crías, ni más ni menos que como 
lioy se ejecuta por los interesados en conservar sus hacien- 
das. Junto el ganado ore/ano, lo conducían ordenadamente 
á su destino. Véase ahora, en contraposición, cómo hacían 
las batidas en toda America, antes de ser reguladas. 

< Otros entraban a vaqttear (así llaman el recoger este gíinado), 
para hacer copiosas cargazones de corambre, que se condu- 
cían, no sólo á España, sino á Francia y otros países extraños; 
y así en unas como en otras entradas era imponderable el 
estrago que causaban en las vaquerías, porque para tener 
sujetas de noche millares de vacas cerriles, ó, como acá lla- 
mamos, cimarronas, que cada tropa de gente iba recogiendo, no 
había otro cerco ó corral sino el que formaban de las reses 
mas pingües que cada noche mataban, y en circuito muy 
grande les pegaban fuego para que sus llamas contuviesen 
en su lugar las recogidas, lo cual duraba meses enteros. La 
carne de las que mataban, ó para corambre, ó para sólo 
sacar sebo y grasa, se dejaba perdida por los campos. Fuera 
de eso, cada uno de los peones que vaqueaban, y eran mu- 
tullísimos, ó de los viandantes, mataban por su antojo la vaca 
que mejor les parecía, por sólo sacarles, ya la lengua, ya otro 
bocado de su gusto, abandonando todo lo restante para sus- 
tento de las fieras y de las aves de rapiña.» (El P. Pedro 
Lozano, Hist, etc.) 

«En las Indias Occidentales, en las islas de Santo Domingo, 
Cuba, Puerto Rico, Tierra Firme y Nueva España, es nota- 
ble la multitud de toros y vacas silvestres que la tierra pro- 
íluce, y la forma que se tiene de montearlas; llámanse por 
común nombre estos toros y vacas, cimarrones, y aun es 



VOCABULARIO RIOPLATBNSE. 389 



nombre común en las Indias de todos los animales silvestres, 
los cuales al tiempo que bajan de las montañas y sierras que 
llaman arcabucos, donde están de dia embreñados y escondi- 
dos, al pasto de la hierba de los valles, bebida de las fuen- 
tes, ríos y arroyos, salen contra ellos gentes a caballo, con 
garrochas largas de veinte palmos, que en la punta tienen una 
arma de fierro, de hechura media luna, de agudísimos filos, 
que llaman dejarretadera, con la cual acometen á las reses 
al tiempo que van huyendo, y hiriéndolas en las corvas de 
los pies, i los primeros botes las dejarretan, y apeándose 
de los caballos las acaban acuchillándolas por las rodillas, y 
quitándoles la piel, de que solamente se aprovechan, dejan 
la carne al monte, la cual gastan y consumen en un momento 
en Tierra Firme los perros silvestres, de que hay grandísimo 
número en los montes de aquellos reinos, y en la Nueva Es- 
paña sirve de pasto á unas aves negras llamadas auras, poco 
mayores que cuervos, que no es despojado el animal cuando 
están sobre ¿1. Es tan grande el número de los toros y vacas 
que en esta montería se matan, que vienen á Sevilla cada 
año, en las ilotas de las Indias, de doscientos mil cueros, sin 
los que en las mismas Indias se gastan, que debe ser ma- 
yor número.» (Gonzalo Argote de Molina Dis. sobre el Libro 
de mont. del rey D. A lo uso publ. por D. J. Gut. de la Vega.) 

VAQUILLA, f. — Ternera de año y medio á dos años, que 
aun no es vaquillona. 

VAQUILLONA, f. — Ternera ó vaca nueva de dos á tres 
años. 

A la vaquilla y á la vaquillona no les llaman vaca, aunque 
hayan parido, sino cuando ha n completado enteramente su 
crecimiento y desarrollo. Vaca, hembra del toro, dice la Acad. 

«Lo demás que refiere Buffón, copiando á otros, es exage- 
rar su magnitud (la del tapir ó anta), igualándola á la de una 
vaquillona.^ (Azara.) 

VARA. — Esta medida de longitud no conviene en el Rio de 
la Plata, como podría erradamente creerse, con la vara caste- 
llana ó de Burgos. Parece natural que, habiéndose mandado, 
por reiteradas órdenes y pragmáticas de los monarcas españoles, 



390 DANIEL GBANADA. 



que se tuviese como vara única de sus reinos la vara de Burgos, 
hubiese servido ésta de patrón invariable para la de sus pue- 
blos de América. Chile es posible que la haya adoptado, pues 
la suya equivale al presente íi ocho decímetros y treinta y seis 
milímetros, y á ocho decímetros y trescientos cincuenta y 
nueve diez milímetros la burgalesa, corta diferencia que puede 
proceder de causas accidentales. Pero no es de suponer 
que haya sucedido lo mismo con la vara argentina, que 
equivale á ocho decímetros y sesenta y seis milímetros, la 
cual acaso se acerque más á la de Toledo; á no ser que haya 
servido de patrón la de Lugo, que tiene ocho decímetros y 
cincuenta y cinco milímetros, aunque parece mucha la dife- 
rencia. Y lo más singular es que la haya entre la vara argentina 
y la oriental, introducida ésta cuando Montevideo, á cuarenta 
leguas de Buenos Aires, formaba parte de las provincias espa- 
ñolas del Río de la Plata. V. VARA ORIENTAL. 
VARA m^cutina. — V. Vara. 

VARA oriental. — Tiene (^ho decímetros y cincuenta y 
nueve milímetros. 

VARAL, m. — En los saladeros, construcción formada de 
palos afianzados horizontalmente en fuertes estacas, donde 
se tienden al sol y al aire las mantas de rame de que se hace 
el charque ú tasajo. 

VAREAR, a. — Componer el caballo para una carrera, 
montándolo á tiempos y haciéndolo andar un corto trecho. 

VILLAFRANCA.— Departamento de la República de 
Paraguay. 

VILLARICA. — Departamento de la República del Para- 
gua}-. 

VELORIO, m. — Velación de un difunto que está de cueq:)o 
presente. Es término vulgar. 

Velorio asimismo en Cuba, en Méjico (Salva), en el Períi 
(Palma), en Chile y seguramente en toda la América española. 
En sent. fíg. llaman velorio á lo que es de imposible ó dudo- 
sa realización y que sin embargo se ofrece como muy lison- 
jero. También en sent. fig, y burlesco llaman velorio á una 
tertulia desanimada ó á la que ha asistido poca gente. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 3ül 

La segunda accpci«'>n burlesca ele ([ue se aeal)a tle hacer men- 
ción, no alude, por cierto, á toda dase de velorios; pue§ los 
hay muy animados y estrepitosos, quv. el vu1,q:<> suele dedicar á 
la muerte de los párvulos. Reunidos en la casa mortuoria hom- 
bres y mujeres, donde nunca han de falUir soldados, chinas y 
demás gente alegre y resulta del bario, se entretienen durante 
la noche en jugar á diversos juegos de i)rendas, como las aves 
nocturnas, el pulpero^ la cortina de amor y otros ip:ualmente signi- 
ficativos, sin dejar entretanto de la mano el i igarro, el mate y 
la copa de aguardiente. Movidos de tales estímulos, no es de 
extrañar que termine la fiesta, como sucede casi siempre, á 
palos, trompadas, tajos, arañazos, gritos y lamentos. 

La verdad es que el término i-clorio tiene un olor á ])ulpería 
que trasciende hastíi la médula de los huesos, y que rara vez 
se aplica, entre la gente culta, á la velaci<'>n de un difunto de 
.su clase. Decir velorio es (\isi decir iiorhinchr, jiirana. 

VÍBORA DE LA CRUZ, f. — Víbora < omún en his regiones 
del Plata. Llámanla de la cruz, jxir parecerse á una ( niz una 
mancha que tiene en la cabeza. 

VICTORIA. — Dqjxirtí miento úv la provimia argentina de 
Entre Rí<»s, junto al río Paraná.-— Cai)ital dd mismo depar- 
tamento. 

VICHEAR, w.—Iiicluar, 

VILLA ARGENTINA. — Cai^itcil del departament'» riojano 
de Eamatina. 

VlLLAíjUAV.— Departamento déla provin< ia argentina de 
Entre Ríos. - Capital del misnn» d(»i)artamento. 

VILLAMARÍA.- V. RÍO SECO. 

VILLA NUEVA.— V. RÍO TERCERO. 

VINCPIINA. — I)(rpartamenl<» d(* la proviuí ia argentina de 
la Rioja. — Ca])ital del mismo departamento. 

VINCHUCA, f. — Insecto nocturno, sutil, de unos dos 
centímelr<»s escasos de largo y las alas de c«)lor negro y aca- 
nelado, que chupa la sangre, sajando é irritando extrema- 
damente la ])iel. Hiede como la chinche, de (juien es aliñe, 
mancha indeleblemente la roi)a v anchi v revolotea con simia 
rapidez. 



302 DANIEL GRANADA. 



r 

VINTÉN, m. — Moneda de cobre equivalente á dos cen- 
tesimos de peso. 

Del port. vintcm, procedente del Brasil, en tiempo de la 
dominación portuguesa. 

D. Isidoro De-María, Trad. y rec. — Montevideo aniigtto, 
dice lo siguiente: «El año 9 se hizo un cálculo aproximado 
del dinero que corría diariamente en la plaza de abasto ( de 
Montevideo ), estimándose en 4 ó 5 mil pesos diarios, cuando 
la población se computaba en 8 ó 9 mil habitantes, segiin 
el último padrón. Los medicas reales y pesos de plata que 
llamaban cortados^ corrían que daba gusto, conjuntamente 
ce MI la plata columnaria, de que dieron cuenta al andar del 
del tiempo, los plateros, fundiéndola como chafalonía en sus 
obrajes. Las compras y ventas se efectuaban, como se ha 
dicho antes, por cuartillos, medios, reales y pesos. Nada de 
vintenes, ni reis, que eran desconocidos. Los vintenes y rel^ 
vinieron con la dominación portuguesa, con las patacas. 
medias patacas y patacones, y los cobres de 10, 20 y 40 reis, 
\ulgo vintenes, que cambiaron la costumbre del cuartillo y 
peso fuerte de nuestros antepasados. » De toda esta nomien- 
clatura no ha quedado en el día de hoy más que el vitite'n, 
para expresar vulgarmente una moneda de cobre de ({^^i^ 
( entc'simos de peso, como se ha dicho al principio. 

VIÑA. — Capital del departamento del mismo nombre de la 
])rt»viucia argentina de Salta. 

MUDITA, f. — Ave de la familia de los loros; el lom<», alas 
y cola \crde, con algo de amarillento, azulado y morado cu 
c>las ven el pecho, y en la cabeza una como toca, motivo de 
>u n(anbre. V. MONJITA. 

• Xo he visto ave más coqueta (que la viudita), porque des- 
de el momento que entra en alguna casa, si no encuentni 
rompañía de su especie, se aparea Ct)n cualquier otra, toman- 
(!'• por su cuenta el enamorarla. Para esto le hace todo gé- 
nero de caricias, la besa, rasca y depulga, provocándola ince- 
sí'.ntcmente con voces, suspiros y movimient(»s provocativo>, 
ct- . Pero jíimás conde^^cicnde á las instancias del cnamonido. 
K A/.ara. ) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 393 



VIZCACHA, f. — Cuadrúpedo de unos dos pies y medio 
(le longitud, de boca, dientes, cola, modo de andar y de sen- 
tarse semejantes al conejo, orejas cortas, cara mofletuda atra- 
vesada por unas listas negras y á sus lados una barba erizada tlel 
mismo color, larguísima, gruesa y dura, agudas y fuertes uñas y 
un grito á manera de tos enronquecida. Es arisca, y se de- 
fiende hasta morir. Instinto de este este bichín, terror de las 
mujeres, es cargar con cuanta bosta, huesos, palos y otros obje- 
l(js halla en el campo, y rodear con ella y ellos la entrada de 
su habitación, adonde, por lo mismo, el viajero que ha perdid» > 
alguna cosa acude en su busca con la probabilidad de enccjn- 
trarla. Propónese la vizcacha con esto, según entiende la 
gente campesina, tan observadora de la naturaleza, des\'iar de 
allí á los animales que pasan, para que no le desmoronen la 
cueva con las pisadas. En el mismo sitio permanen casi tod<.) el 
día, como de centinela, un par de lechuzas (V. URUCUREA) 
del mismo color ceniciento que la vizcacha, en cuya cueva 
anidan en perfecta y nunca interrumpida annonía con sus 
hospitalarias vecinas. Las vizcachas hacen de noche sus corre- 
rías, siendo su primer diligencia, al caer de la tarde, el ir de 
unas madrigueras a otras; por lo cual dice la gente del campo 
que se visitan. Estas madrigueras (que hacen en medio del 
campo) suelen comunicarse por galerías. Abundan en la pro- 
vincia de Entre Ríos, donde hemos visto centenares en corto 
trayecto. En sus inmediaciones nace una ortiga diminuta y 
bravísima, Uamadíi ortiga vizcachera. 

La vizcacha del Perú defiere de la del Río de la Plata, entre 
*)tras particularidades, en que aquélla tiene rabo lar»o, poblado de 
pelo esponjoso, y en que no hace en la tierra sus madrigueras y sin« ) 
que se esconde en los agujeros de las pe ñas y según|la noticia que da 
de ella D. Antcmio de Ulloa (Not. amer.). 

Hay vizcachas, cjue son como conejos pardos; salvo que 
tienen las colas largas; críanse entre las peñas.» (Relac. gcogr. 
de Ind., Atunsora.) Es la vizcacha del Perú. 

VIZCACHERA, f. — Cueva de la vizcacha. 

Parece una vizcachera. Expr. pn^verb. y fam. con la (jue se 
cjuiere significar una habitaci<!>n ó lugar cualquiera lleno do 



394 DANIEL GRANADA. 



trastos y cosas inservibles; lo que es una alusión á la cueva 
de la vizcacha, cuya entrada adorna este bicho con bosla, 
palos y cuanto encuentra. 

^Llaman allí vizcacJicras á las cue\'xis que escarba este animal 
(la vizcacha) en Comunidad.» (Azara.) 

VIZCACHERO, /V7, adj.^:— Perteneciente á la vizcacha. 

<-En las inmediaciones de la madriguera de la xizcacha, 
nace la ortiü^i Tizcachcra, que no se ve en otra parte.» ( Azara. ) 

VOLAPIÉ.— V. A VOLAPIÉ. 

VOLEAR, reí. — Tratándose de animales, tirarse hacia atrás, 
movimiento propio del potro, del caballo bravo y del mañero. 

VOLTEADA, f. — Operaci«')n que consiste en alzar una 
porción de imanado, arrollándolo al correr del caballo, á dis- 
tinción del aparte que se ejecuta mediante rodeo. 

Los Códií^os Rurales del Río de la Plata eximen del pago de 
la suma de dinero á que los apartadores están obligados para 
Cí)n el dueño del establecimiento cuand<^ apartan mediante 
rodeo el ganado disperso, si se ejecuta la operación sacando 
los animales cu voltcmltis «'> á lazo (ya en volteadas, ya á lazo). 

Lo propio, i'oltcaday en la provincia brasileña de Rio Grande 
del Sur, según Beaurepaire-Rohán; si bien no define con 
precisión la palabra: «^operación pecuaria que tiene por (objeto 
reunir {apnriliar) el ganado alzado.» Es indudable que los 
riograndenses tomaron de los países del Plata este vocablo, que 
se deriva de lolicar, dar vueltas. Remitiéndose á Ci»ruja, lexi- 
c/^grafo brasileuí », dice Beaurepaire-Rohán que volteada expresa 
lo mismo que i'iiclta (rolín), y que así cuando se presume que 
un animal ha de pasar por cierto punto, en que se le espera, 
usan en Río Grande la frase: < espenfr en la rol/cada,» que se 
aplica asimismo á otros casos semejantes. <vEsperar en la voltea- 
da,-^ á nucstn» juiii<», expresa literalmente: «esperar en el 
punt(» •') paraje en que ha de dar vuelta^ una persona ó cosa. 

VUELTO, m. — Vuelta, cantidad de dinero que debe vol- 
ver, /) cjuc ha vuelto, cl vendedor al comprador que le ha 
pagado con una ó más monedas cuy<j valor excede al precio 
de la cr)sa vendida. 



Y 



w 

YACARÉ, m. — Plspccic de cocodrillo. 

Del guar. yacan'. 

Toman el nombre est(»s indios (los acares) de un gran pez 
llamado yacan', de tan duro y áspero pellejo, que no le hieren 
las Hechas de los indios ni otras armas. Vive en el agua y 
hace mucho daño á los demás peces; pone en tierra los hue- 
vos, á dos ('» tres pasos de la (mlla del río; huele á almizcle 
y sabe bien; su carne no es dañosa, y su cola es delicadísimo 
manjar. > (Smídel, trad. corriente.) 

YACU, m. — Ave de unos dos pies de longitud y de color 
oscuro tornasolado con pintíis blancas. 

Del guar. yacú. 

También le llaman pava del monte, donde vive y se esconde. 

"Su voz repite alta y agriamente la sílaba i'<2^.:> (Azara.) 

YAGUAXK, adj. — Dícese del animal, sea vacuno ó caballar, 
que tiene el pescuezo y costillares de color diferente al del 
lom(s barriga y i)arte de las ancas. Ú. t. c. s. 

Una de las variedades más bellas de color (viene hablan- 
d<j del ganado vacuno) es la cjue llaman yaguané'. Tiene una 
faja «'> tira blanca, que empezando en la unión de la espalda 
y cuello, sigue lo largo del espinazo, y ensanchando en las 
ancas, continúa por la barriga hasta acabar en la papada; 
pero ocupa con zunchos n anillos lo alto de las cuatro 
piernas, y todo el resto sin excepci('»n es negro en unos y ro- 
jizo en otros. ^ (Azara.) 

Kn la provine ia brasileña de Río Grande del Sur, jaguané 
se dice del animal vacuno ([ue tiene blanco el íilo del lomo. 



396 DANIEL GRANADA. 



negra o colorada la parte de las costillas y de ordinario blanca 
la barriga (Beaurepaire-Rohán). 

YAGUARETÉ, m.— Tigre del país. 

Del guar. yaguareté. 

No obstante esta denominación particular, dásele general- 
mente el nombre común de tigre. 

< No hay (en las regiones del Plata) animal tan feroz, terrible 
y formidable como el yaguaretés (Azara.) 

También jaguar, 

YAGUARETÉ CORA. — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — Capital del mismo departamento. 

YAGUARÚ, m. — Anfibio de los ríos, de figura de un lobo 
marino y del tamaño casi de un asno, velludo, con garras. 

Del guar. y a guar tí, nerro ó tigre del agua. 

YAPA, f.— V. LLAPA. 

YAPÚ, m. — Pájaro de cuyas condiciones deduce Azara que 
participa de tordo y de urra-ca. 

Del guar. yapú. 

YARARÁ, f. — Víbora muy venenosa y brava, de color 
pardo, con manchas blanquecinas, redondeadas y algunas for- 
mando como una cruz. Es grande; alcanza á metro y medio ó 
más de longitud. 

Del guar. yarará. 

YARARACA, i.— Yarará. 

Del guar. yáráiág. 

En el Brasil es donde dicen generalmente yararaca; pero 
también, alguna que otra vez, en el Río de la Plata. 

YARARÁ CRUCERA;^ — Víbora yarará con manchas en 
forma de cruz; pues no en todas las de su clase aparecen. 

Y ARO, adj. — Dícese del indio cuya parcialidad moraba en 
la costa oriental del Uruguay, al sur del río Negro Ú. t. c. s. — 
Perteneciente á dicha parcialidad. 

Los yaroes mataron al capitán Juan Alvarez Ramón, ex- 
plorador del río Uruguay. Fueron exterminados por los 
charrúas. 

Chavos los llama Rui Díaz de Guzmán. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 307 

VATAY, m. — Especie de la familia de las palmeras, muy 
alt.i. Da mi fruto dulce. 

VA\'I. — Capital del departamento del mismo iKnnhre de la 
provincia de Jujúy. 

VERBA, f— V. MATE. 

VERBA DEL PARAGUAV. — Antiguamente liábase osle 
n<'ml)ro á la yerba del mate en general, por ser su primitivi» y 
más fecundo mercad») la extensa gobernación del Paraguay. 
V. MATE. 

VERBAL, m. — Terreno poblado de árboles que dan la 
yerba del mate. 

VERBATERÓ, m. — El que se ocupa en e.xtraer la yerlm 
del árbol que la produce, y en prepararla jvira el consumo. 
\. ^L\TE. 

VERUA, m. Poroií^o |)equeño. 

Del miíir. venta. 

VUQUERI, m. — Planta del género de las mimosas, e.s- 
pecie de zar/a menos espinosa que el ñapindá. — Su fruto, 
(juf es csi)ecie de zarzamora. 

Del guar. yinjiicri, el árbol, ywjncriá, el fruto. 

VUQUl, m. — Ceñidor, entre los pampas. 



VUTL — Dei)artamento de la República del Paraguay. 

Yl'VAL, m. — Terreno cubierto í\q ytivos. 

Es voz, no s<Mo común, sino usada en las leyes. <Tod») pn»- 
])ietario n poseedor de camp<> puede hacer en él (juemazo- 
nes jXira limpiarlo de vitrales, et(\ ((Vni. Ritr. de la Pro:-, tic 
Jiitrjios Aires, y otn;s.) 

VUV( ), m.— Hierba inútil, <') que no (ome el ganado; antes 
l)eriudica. 

También en el Perú, si bieti jutiica lo ttsatnos en siriij^tlar, dici: 
D. Rií'ardo Palma. ¥a\ el Rio de la Plata es corriente este 
uso. ,:()ite plaiiia es esa? — Vn vitvo, que ecpiivale á decir, es 
¡ota hierba ettali/itiera, no sirre. 

< J't/vos, vnvtfs <'» llitllits es toda c lase de verbas tiernas v co- 
mestiblcs, <^omo, por ejemplo, entre nosotros, los cardillos 
le<h(T<)s, las achicorias, borrajas, Cí>llejas, etc. (D. ^L Jiménez 
i\v la Es]Xida, Reís, a^eoi^ná/s. de JndsJ 



3d8 DAMKL GRANADA. 



' Y tienen unas verduras que llaman yuyos, de diferentes 
génerí^K, que todas hin-en de sustento á los naturales, y las 
í:'»iiien (oridas y crudas. > (JRc/s. ^co^ráf. tie Inds., Ainnsora!) 

'Comen muchos géneros de yerbas, que ellos llaman 17/1/75. > 
(Reí. ^co^r. d^ I fifi., Rncauas Antamarcas.) 

YUYO COLORADO.— Y. CARURÚ. 











Wi^ 



z 



ZAFACOCA, f. — Rcyertíi otiupito.sa. 

Trac también esUi voz om siiriiiíicacl* » .semejante D. Bal- 
ilomerc) Rivod»'). 

ZAFAD( ), da, adj. — Dícesc de la per.S(>na que con dkhix 
ó acciones ofende el piular ó la decencia. — Díccse fumi- 
liannente de una ( riatura muy despierta y que haex^ reir s:x\\\ 
sus i^racias. 

zafaduría,!'. — Dicho •') ac( i<'»n ofen.siva ai j)ud(ír «'» de- 
cencia de las personas. 

ZAFRA, f. — Aprovechamiento y venta del j»anado ó de 

sus i)ro(luct<>s en la época oportuna del ano. — Época del 

ano en ijue ^e ai)rovecha y veniie el ganado <'> sus productos. 

Cosecha di; la caña dulce y fabricación del azúcar. • 

( La A<ad. ) 

ZACiUl, adj. -Dícese de un mon<» diminuto, que no al- 
canza aun jeme, muy tlmid»»: un gesto lo hace desfallecer. 
Habita en los montes del l'araná y Uruguay arriba, así 
c<mio en los del Paraguay, y de las vi^rtientes (|uií re>v])ecti- 
vamcnte les tributan. U. t. ( . >. 

Del truar. ^v//. 

ZAIIIORI, ni.--- Pájaro ilc Iutuiosos colores verde y azul 
combinados, muy inquieto y vivaz. 

Del guar. rai, vivaz, v liohí, azul v verde. 

VA [sni/iohí) v'> estacionario, y su voz se reduce á repetir 
tres, cuatro n seis ve» es '///// ^ /////. sin agrado, v^m fuerza y 
prisa. (Azara.) 

Z.VNJA, f. — Cauce formado j)or las agua pluviales, ya entro 
dos emineniMas, ya en una llanura. 

También en el Perú (F*alma). 



400 DAMEL GRANADA. 



La Acad. deñne la zanja artificial, qué acaso sea el senti<lo 
prünítivo del Víjcablo. 

^Cuandíj va nos acercábamos á la ciudad, el camino era 
ostrechr», y seguía por una zanja, á veces muy profimda, cuyos 
lados perpendiculares eran de arena mineral rojiza.:> (Azara, 
Viaj. publ. pur Mitre y Gut.) 

'-El riachuelo más bien se puede llamar zanja que recoge las 
aguas de las lluvias. > (Estala, carta subre Buenos Aires, Viaj.) 

«Tíxlas las tañadas y zavjas que entonces estaban secas, 
traen porción de agua.> (D. Basilio Villarino, Recon. tkl río 
Negro tic Patai^.) 

«Nace (el íirn»yo) de unas lomas dobles y quebradas t:on 
muchas cañadas y zanjas. / (Cabrcr.) 



ZAXJOX, m. — Zanja abrupta. 

También en el Perú (Palma). 

«Aunque no se considere más que la parto señalada por 
pampa, ni) es pequeña la admiración que excita la observa- 
ción de ser «unos terrenos en que casi no se percibe dcsnivc- 
Iacií>n, de modo que la vista es terminada por un horizonte 
como el del mar: sólo le interrumpen cañadas y zanjones rn 
tjiie u reconvenías a^nas de llu7'ia,j> etc. (Estala, Viaj. nniv.) 

ZAPALLAR, m. — Sementera de zapallos. 

ZAPALLO, m. — Calabaza comestible. 

'Calabazas de la tierra, que se llaman acá zapallos.. (Reí. 
^^eojirr. (le Jnd. publ. por D. ^L Jim. de la Exj).; Rúcanos ania- 
mareas.) 

'Cortaroií muchos zapallos (son éstos lus que en España 
Ihmian calabazas de las Indias). > (Carta anua del P. Pablo Jo- 
sef de Arriaga, 1 506, Reís. ;^eogr. de Inds. 

<Ticnc también (Chile) calabazas de flores blancas que llevan 
el mismo nombre que las de Europa, de las que no se dife- 
rencian, y hacen de ellas los mismos usos. En ellas hay una 
misma especie, que llaman mates, que sirven para cestas, ar- 
quillas y para depositar líquidos, y algunas son tan grandes que 
cogen más de 20 cuartillos de agua, y sirven para fementar la 
sidra que llaman ehirha. Los de flor amarilla, cjue llaman za- 
pallo, tienen la pulpa amarilla, sólida y dulce, como la batata 



VOCABULARIO RIOrLATBNSE. -401 

*lo ^lálaga; las comunes son tlcsde 4 a 10 libras, y Uinibién 
hay algunas tjuc llegan á 20, y ya se deja entender que 
son buenas eje córner.^» (D. Vicente Carballo Goyene<he, 
Drscrip. Iiist, i^cogr. del reino de Chile.) 

Kn C(^lm. zapallo de Chile, 

ZARCO, ea, adj. — Aplfcase al animal que tiene un ojo 
blanco. 

Zí.)NCERA, f. — Zoncería. 

La Acad. ha achnitido tontera, aunque c<)mo ténnin») fami- 
liar, por tontería. Usólo D. José Joaquín de Mora en la nove- 
lita El i^allo y la peifa, en traje de calle, y aun puede decirse 
<[ue de etiqueta /> académic^o; léase el siguiente pasaje: <^Desig- 
nadas á ciegas < ien doncellas en cuakjuiera nación civilizada 
<le las que cubren el suelo de Europa, bien puede asegurarse 
que treinta de ellas, á lo menos, pasan una buena parte de 
su juventud en ese idealismo <aballeresco y amatorio á que 
no (jueremos dar el dictado de romántico, j)or (omim que sea 
á una y otra excentricidad la base de la tontera; penj hay que 
hacer una distinción, porque la tontera romántica (al menoi> 
( orno la hemos visto predominar en nuestro suelo) tiene por 
]iriu< ipal ingrediente la afectaci<'»n, y esa otra tontera mujerit 
de (jue vamos hablando, es un brote císpontáne») de la natura- 
leza, torcid<» y apartad(^ de su curso legítimo j)or la combina- 
ci/iii de instituciones, usos, preocui)a( iones y prácticas de 
muestro estadí» srxial presente. Esta humorada de j\Iora no 
's digna tle imitaci<'»n. Tampoco lo .sería (luien usase del 
}>n>pio modo la voz ;^//r¿7v/.- pero siendo tanto ó más usada 
vulgarmente cjue tontera, á lo men«>s en el Rí<> d(t la Plata, 
d< be registrarse <omo familiar {provincial, si no es cí^mún á 
lt)S demás países de habla espannja. 

ZORRINO, m.- -Zorro pcíiueno, negro, (on listas blancas 
disj)uestas en la misma f<»nna tjUí^ las del caballo vai:^iiane\ 
iiseado, á no ser < uando se enoja, que entonces e( ha contra 
vil agresor un orín muy pestilente. 

A otras (zorras) de esta espec ie han da<lo el nombre dií 
:i>rrinn los españoles. (El P. Lozano.^ 

ZUINANA, m. -Ceibo. 



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ARTÍCULOS DEL VOCABULARIO 

QLA.SIF'iaA.lDOS FOR. LO QUE EXPRESA-N*. 



(íKXEKACIOXKS AHORK'.KXKS. 

Al»i[)ón, íigiué, aiK'a, aman»», haya, bnhán, raiguá, cal- 
iluKjuí, raracará, (ario, c<)merh¡íí<'»n, (orunda, rhaná, charrúa, 
(hiquito, chiripjuaná, rhirigiiano. diaguita, <;iiaiciinu giialarho, 
ííiianá, guanana, guaraní, guayaná. guenoa, isistiné, lengua, 
lulé, mataco, niataguayo, matará, minuán, minuano, mocobí, 
t)ristinc, pampa, patíig<'»n, payaguá, puelche, querandí» 
(|uilmc. rantjuel, ranquel¡n«>. tape, teguelche. tehuelche, timbú, 
tcbíi, t(.n(»(otc, tíKjuistiné. tupí, van'». 

.\XTIí.L'M)AI)i:S ITC. 

Aillo, ayacuá, azua, azi'uür y vino de la Asunción, barí >f>te, 
hiíheaden», bincha, blandengue, bola charrúa, bnl.i erizada, 
b<»la ])anipa, bola perdida, bombero, cabildante, cadaanero, 
landoinlu;, (anas, cuadra, (uraia, ( uruzuyá, (haco, chamal, 
( hangador, (he])í, chasqui, (hit ha. ( humbé, chuno, disco afi- 
lado, estandarte, gaucho, gualicho, guavaloca, Ia(|ue, lotTo, 
ina( ana. nui("hí, maloca, malón, malo(juear, malotiuero, mame- 
luíc, maracá, mengua, niorten» (hat<», muleque, obedeci- 
miento, ojota, pato (juego del), j)end«'tn, pirí, ijuedeto, (|uia- 
[»í, (|uillango, (|uin( hunlaíiue, tembetá, tilbe, tipoy, toropí, tu- 
pa. usut;¡. vacjuear. vacjuerí.i, v.ira, yuíjuí. 

lÍRMIXOS íiKíKiKÁKK os KTC. 

Aguada, albar(l<'>n, arcabu< ", arriba, arroyo, bañado, barrero, 
(aapaú, cachimba, (ampo de puna, cancha, cangrejal, cañada, 



4<J4 daxiel grakada. 



cuchilla, esteral, ejilero, guadal, guadaloso, jagüel, jagüey, 
pampa, pampeano, pamperada, pampero, picada, pie de Ui 
Cordillera, puna, puquio, reventazón, suestada, tacurú, tacu- 
ruzal. ticuruzú, tembladeral, tucutuzal, zanja, zanjón. 

-\XIMALES. 

Acabiray, acutí, aguará, alúa, aperéa, araguirá, armadili«», 
bacaray, bagre, bagual, ba guarí, becasina, benteveo, biguá, 
boyero, caburé, cachila, caí, camoatí, capibara, capiguara, 
capincho, capitá, caracará, caracú, carancho, carayá, carde- 
nal, ¡camero de la tierra, carpintero, colibrí, correcamino, 
cuatí, cuer\o, cuervo blanco, cuer>'o real, cui, curetuí, curi- 
^■ú, chacurú, chajá, charata, chingólo, chipíu, chochí, chopí. 
chuichuí, chuña, churrinche, gegén, guazubirá, guazutí, hor- 
nero, ibiyaú, iguana, indayé, iribú, iribuacabiray, iriburubichá. 
iributi, jaguar, jajá, jején, laucha, lechiguana, loro barranquea», 
maca, macagua, mamboretá, mandí, mandubí, mangangá, 
mangrullo, manguruyú, manimbé, maracaná, mataco, mitú, 
monjita, mua}', mulita, nutria, ñacaniná, ñacundá, ñacurutú, 
ñandú, ñandurié, ñenday, pacú, parachí, patí, peludo, peri- 
cote, picaflor, pique, piririquití, puma, quiririó, quirquiíichc», 
quiyá, ratonera, sariá, surucuá, tábano, tachurí, tamanduá, 
tambe xiiá, tapir, tararira, tatú, tente en el aire, terutero, 
tijereta, tominejo, tucano, tuco, tucutuco, tui, tutu, tuyuyú, 
urú, urubú, urubutí, urucureá, urutao, urutaú, urutí, víbora 
de la cruz, vinchuca, viudita, vizcacha, vacaré, yaguareté, 
yaguarú, yapú, yarará, yararaca, yarará crucera, zagüí, zaiho- 
bí, zorrino, zuindá, zumbí, zurucuá. 

ÁRBOLES Y PLANTAS. 

Abatí, achira, aguapé, aguaraibá, aguay, ají, alecrín, alpa- 
mato, amarillo, ananá, anguay, apio cimarrón, araticú, arazá, 
aruera, ayuiñandí, ayuiné, azucena del bosque, baicurú, ba- 
nano, baporoití, batatilla, bibí, biraró, bumcuyá, caá, caacuru- 
zú, camalote, cambará, canelón, capororoca, caraguatá, ca- 
randa, caranday, camn'i. cedro de Misiones, ceibo, cinacina, 
< ipó, clavel (leí aire, coronda, coronillo, cortadera, cumba- 



VOCABULARIO RIOPL ÁTENSE. 40S 

ri, curí, curibay, curuguá, curupay, curupi, curupitay, cha- 
guar, chalcha!, chañar, chilca, espinillo, fumitorio, garupá, 
gramilla, guabirá, guabiyú, guaicurú, guaimbc, guaporoití. 
guaporú, guaribay, guayabira, guayacán, guembé, hediondi- 
11a, hierba santa, higuerún, huibá, ibaporoiti, ibaró, ibirapi- 
tá, ibiraró, inga, isipí'», izapí, jarilla, jazmín del Paragua}-, 
lapacho, macicga, mamón, mandioca, mandiyú, mandubí, 
márcela, mataojo, mburucuyá, mechoacán, miomío, mistol, 
molle, ñandubay, ñangapirc, ñapindá, ombú, ortiga vizca- 
chera, pacará, pacay, píija brava, paja de Santa Fe, palo- 
santo, papilla, pasionaria, pepoazá, piquillín, pitanga, plu- 
merillo, poleo, porongo, quebracho, quillay, quina del cam- 
po, (quinaquina, quinoa, romerillo, sarandi, sebil, seibo, sip('>, 
sombra de toro, tacuara, tacuaruzú, tacuarembó, tajiva, taji- 
vo, tala, taruma, tarumá, tase ó tasi, tataibá, tataré, tayu- 
yá, timbó, tipa, torocaa, totora, turubí, tutuma, tutuma, uba- 
jay, uña de gato, urucú, urunday, yatay, yerba, yeruá, yu- 
qucrí, yuyo colorado, zuinana, zuinandi. 

OBJETOS COMUNES ETC. 

Abombado, abombar, acitmera, acriollarse, achucharse, 
achura, achurador, achurar, adulón, agalludo, agarrar, agua 
de lavanda, aguacharse, aguachento, aguatero, aijuna, ain- 
diadí», alambrado, alambrar, alfajor, algarrobillo, almacén, 
aloja, al pasc>, al tranco, alzado, amadrinar, amanzanamiento,, 
amanzanar, ancheta, andino, apadrinar, aparte, apealar, apen», 
argentin(», armada, aro, arreada, arreador, arrear, arribeño, 
arrocinar, arrope, asado del campo, asado (^on cuero, a.si- 
dera, atusar, á volapié, azotera, azua, azucarera, azulejo, 
bagualada, bagualón, bajera, balsa, bálsamo de Misiones, 
banana, baqueano, baqueteo, baquía, baquiano, barbijo, ba- 
rraca, barrací'm, barrancjuero, batuque, bellaco, bellaquear, 
bichará, bichear, bincha, bobeta, bocad(\ bochinche, bochin- 
chero, boleadoras, bolear, boliche, bolichear, bolichero, bom- 
bacha, bombear, bombero, bonaerense, bosta, bostear, bí>- 
zal, bozalí'íu, bracear, brasilero, brete, caballada, iracunda, 
cachafaz, cachaq)as, cache, cachimbo, cacho, cafeteni , 



406 DANIEL GRANADA. 



caldera, calicanto, camalotal, cambado, caminí, campaña, 
campear , campero , canario , cancela , cancha , canchero , 
canoa, canoero, cantimpla, capitanejo, caracú, carbonada, 
cardal, cardume, cardumen, cargar, carguero, carneada, 
carnear, carona, carozo, carretilla, carretillero, cascárrea, 
catamarqueño , catinga , catingoso , catingudo , catre , 
caudillaje, caudillo, cazabe, cebar, cecina, ceibal, cepo 
colombiano, cepo de campaña, cerct), cerrero, cimarrón, 
cimbra , cinchón , cobijas , coco , cojinillo , coloniense , colla , 
collera , collero , cómodo , componer , compositor, conchabar , 
ccmchabo , contramarca , cordobés ^ corneta , corralón , 
c(jrrentada , correntoso , corren tino , coscojero , costeado , 
costear, criollo, cuadra, cuajo, cuarta, cuartear, cuchara, 
cuerear , culero , cupial , cuyano, cuzco , chácara, cha- 
carero , chacarita , chacra , cháguara , chala , chalana , 
champán, chamuchina, chanchada, chancería, chanchero, 
chancho, changada, changador, changar, changüí, chañaral, 
chapeado, chapetón, chapetonada, charabón, charque, char- 
queada, charqueador, charquear, charqueo, charqui, charrusco, 
chasque, chasquero, chata, chatasca, chaucha, che, chicotazo, 
chicote, chicha, chicharrón, chicharrones, chiche, chifle, chi- 
nerío, cliinchulines, chingarse, chipá, chiquero, chiquilin. 
chiquilinada, chiripá, choclo, cholo, chucaro, chucho, chue- 
co, chumbó, chuño, churrasco, churrasquear, chusma, chus- 
maje, chuza, descuajaringado, descuajaringarse, desgarretar 
despuntar, desternerar, disparada, disparar, embostar^ embre- 
tar, empacarse, cncimera, enlazar, entablar, entrerriano, entre- 
vero, entropillar, escondidas (á las), esperanza, estancia, estan- 
ciefro, estaqueo, estaquear, estribera, estribería, expiado, expre- 
siones provcrhialcsy facón, fariña, femandino, flete, flor de 
la Pasi«'>n, florentino, íloridense, frangollón, frasco, freno 
mulero, fueguino, galpón, ganado al Cíjrte, ganado de corte, 
ganado de cría, ganado de invernada, garandumba, garra, 
garúa, garuar, gauchada, gauchaje, gaucho, gauderio, gra- 
near, gringo, grullo, guacho, guampa, guantón, guarangada, 
guarango, guasca, guascazo, guaso, guasquear, guiñada, 
guiñar, gurí, habilidoso, hacendado, hacienda, hacienda 



VOCABULARIO RIOPLATENSE. 107 

al corte, hacienda de corte, hacienda de cría, hamacar, 
hangada, hechor, hervido, hierra, hincarse, hojaldra, hor- 
queta, huasca, huascazo, humita, hunco, indiada, indígena, 
invernada, invernador, invernar, intervalo, isla, itapá, jagüel, 
jagüey, jangada, jarillar, jefatura, jerga, josefino, jujeño, ju- 
juyeno, ladino, lapicera, laucha, lavatorio, lazo, lechuzón, 
legua argentina, legua brasileña, legua oriental, leñatero, li- 
corera, linterna, locro, lomillería, lomillero, lomillo,' lonja, 
lonjear, lunarejo, llapa, macana, macanazo, maceta, raaciegal, 
madrina, maaallaniro, majada, malacara, malczal, malón, 
mama, mameluc»», manada burriTa, manada de retajo, man- 
carn'»n, mancha, mandingii. manca, manead<;)r, manga, man- 
grullo, manguear, manguera, manija, manzana, maragatt», luar- 
chanta (¿lia), marchante, ma rio. mascada, matambre, mate, ma- 
tero, mátete, matrerear, m.-itrcn». matungo, mazacote, mazamor- 
ra, menfln(ñn»», mcrcodarit». mcrcedino, milico, miKmga, minen- 
se, mindoniense, minen», misionero, mojinete, mojo, niímtevi- 
deano, montonera, moro, morocho, líiote, mucamo, mulero, 
nambí, nana, nevacNj, ñoco, noque, novillo, ñandutí, ñapa, ñan- 
go, ñato, ojota, orejano, oriental, ovejero, paisanaje, paisano, pa- 
jal, pajonal, pajuate, palangana. j)alenque, palenquear, palos, 
pamperada, jjampero, pangaré, pango, papa, papá, paporreta, 
paraguayo, paranaense, pararse, j)ardej('>n, pardo, parejero, pas- 
parse, pastizal, pasti» blando, pasto fuerte, pasto de puna, 
pataca, ))atac«'»n, patagónii^), pataw pateador, patear, payador, 
pelota, pelotear, j^ella, peón, peonada, percha, pesada, 
petLso, pialar, j)icana, picanear, picazo, picotón, pichincha, 
pichinchero, piedra de agua, pilcha, pingo, pintón, piola, 
piquete, j)ir<'>n, pisingallo, pitada, pitar, pito, planchada, 
planchearse, plata, platudo, pollera, i)onchada,Jponcho, popí, 
ponmgi», pororó, poroto, i)orteño, poste, potrcador, potrero, 
pucha, pucho, pueblada, puestero, puesto, pulpería, pulpero, 
puna, puntano, puntas, punz/), puquio, puteada, putear, puyo, 
quilcmibo, quincha, quínoa, quiveve, ranchería, ranchi», ras- 
queta, rasquetear, real hembra, real macho, reíil mañero, 
rebencazo, rebenque, rebenquear, recado, recluta, redutar, 
recogida, Recopilaci«'>n Castellana, Recopiladas (leyes) ^ de 



408 DANIEL GRANADA. 



Castilla, redomón, relancina (de), renguear, renoval, repuntar, 
repunte, retac«')n, retajado, retajar, retobar, retobo, reberbero, 
reyunar, reyuno, riojano, rioplatense, rocillo, rocillo platea- 
do, rodada, rodar, rodados, rodeo, romper, rosarino, rosetas, 
salcochado, salcochar, salcocho, salteño, saltea, sancochar, 
sancocho, sanduccro, sanjuanino, santafecino, santiagueño, 
sillón de hamaca, sirigote, sobeo, sobrecincha, sobrecostilla, 
sobrepuesto, socucho, soga, soroche, sotera, sotreta, sucu- 
cho, suerte de estancia, suestada, tabear, tablada, tacuaral, 
tacuarembocero, tachero, tacho, talabartería, tamal, tambero, 
tambo, tape, tapera, tapichi, tapioca, tarjetera, tata, tem- 
bladera, tembleque, terneraje, ticholo, tienda, tiento, tigrero, 
tilbe, tilingada, tilingo, tío, tipa, tipa, tipoy, toldería, toldo, 
tordillo, tordillo negro, torreja, torzal, totoral, tracalada, 
tranquera, trastavillar, tompeta, tropa, tropero, tropilla, 
tubiano, tucumano, turbonada, umita, uruguayo, vacaje, va- 
caray, vaciar, vaquería, vaquilla, vaquijlona, vara, varal, 
varear, velorio, vichear, vintén, vizcachera, vizcachero, volear, 
volteada, vuelto, yaguané, yapa, hierba, yerbal, yerbatero, 
yuyal, yuyo, zafacoca, zafado, zafaduría, zafra, zapallar, zar- 
<:o, zonzera. 

REGIONES, CIUDAI)P:S, ETC. 

Albard«')n, Alto, Altogracia, Aneaste, Andalgala, Anejos, 
Angado, Anta, Arauco, Artigas, Asunción, Banda, Banda 
Oriental, Belén, Belgrano, Bcllavista, Bobí, Boca del Guazú, 
Brasil, Buenos Aires, Burru Yacú, Caacatí, Caazapá, Cachi, 
Cafayate, Caldera, Calamuchita, Calingasta, Campo Santo, 
Candelaria, Carcaraual, Catamarca, Catuna del Norte, Cata- 
na del Sur, Caucetc, Cerrillos, Cochinoca, Colón, Colonia, 
Concepción, Concordia, Confederaci«')n Argentina, Copo, 
Córdoba, Cordillera, Coronda, Corrientes, Costa Alta, Cruz 
del Eje, Cuaray, Cuaréin, Cuchilla Grande, Curuguatí, Cu- 
ruzú Cuatiá, Cuyo, Chaco, Chicoana, Chicligasta, Choya, 
Delta Paranaense, Desamparados, Desierto, Desmochados, 
Diamante, Dolores, Durazno, Empedrado, Encalilla, Encar- 
nación, Ensenadas, Esquina, Famatina, Florida, Fray Bentos, 



VOCABULATilO RIOPL ÁTENSE. 409 

Coya, Gran Chaco, Graneros, Guachipas, Guadalupe, Guaima- 
llcn, Gualeguay, Gualeguaycliú, Gualilán, Guandacc^l, Guasayán, 
Guazucuá, Huanacache, Huerta, Humahuaca, Ibera, Igatimi^ 
Iglesia, Iguazú, Independencia, Iruya, Ischilín, Itatí, Ituzaingó, 
Jachal, Jiménez, Jujúy, La Cruz, La Paz, La Plata, La Rioja. 
Las Heras, Lavalle, Leales, Ledesma, Lomas, Loreto, Lujan, 
^L'ildonado, Malvinas, ^Lirquesado, Matará, Mburucuyá, Melí u 
Mendoza, Mercedes, Mesopotamia Argentina, Metan, Minas, 
Misiones, Mitre, Molinos, Monte Caseros, Monteros, Montevi- 
deo, Monticl, Morro, Nación Argentina, Rio Ncgn», Nogoli, 
Nogoyá, Oliva, Oran, Pampa, Pampasia, Pampayasta, Paraguay, 
Paraná, Paraná de las Palmas, Paraná Guazú, Paso de los Li- 
bres, Patagonia, Payogasta, Paysandú, Pedernal, Perico, Piedra 
Blanca, Plata ( río déla ), Plata ( ciudad de la ), Pocito, Pocho. 
Provincia Cisplatina, Provincias Unidas del Río de la Plata, 
Punilla, Renca, Rej)ública Argentina, República Oriental del 
l'niguay, Restauración, Rinconada, Río Cuarto, Río Chico, 
Río de la Plata, Río Hondo, Río Negro, Río Primero, Rio Seco, 
RíoSegimdo, Río Tercero, Rivadavia, Rivera, Robles, Rocha, 
Rosario, Rosario de la Frontera, R(^sario de Lcrma, Saladas, 
Saladillo, Salavina, Salta, Salto, Salto Chico, Salto Grande, Sal- 
vador, San Alberto, San Carlos, San Cosme, San Antonio, San 
Estanislao, San Eugenio, San Francisco, San Fructuoso, San 
Isidro, San Javier, San Jerónimo, San Joaquín, San José, San 
Juan, San Justo, San Luis, San ^Lirtin, San Miguel, San Pe- 
dn», San Rafael, San Roque, San Salvador, Santa Ana, Santa 
Bárbara, Santa Catalina, Santa Fe, Santa Lucía, Santa María, 
Santa Rosa, Santa \'ictoria, Santiago, Santo Tomé, San Vi- 
cente, Silipica, Sobremontc. Soconcho, Soriano, Sumampa, 
Tacuaremb''», Tala, Tama, Tamailla, Tierra del Fuego, Tilcara, 
Tinogo^ta, Totoral, Trancas, Treinta y Tres, Trinidad, Tucu- 
mán, Tulumba, Tumbaya, Tupungato, Unión, Uruguay (río), 
l'ruguay ídepart.), \'alle Fértil, \'alle Grande, \'illa Franca, 
\'illa Rica. \'ictoria. Villa Ariícntina, Villaíjuav, Villamaría. 
\'illanueva. \'inchina, \'iña, Vairuareté C<»rá, Vaví, Vuti. 

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Usase. 

l'sasí! lanil>¡¿ii como Mistantivo. 

Vra^t; 



Página Línea Dice Léase 

.V 15 ingcniosíiiK » ingeniosisinK > 

15; 32 COLOBRÍ COLIBRÍ 

24Í) 30 IRIBÚ IRIBÚ 

335 18 Qiiiliajii^'o QuillauL^o 

En la página 177, antes del art. CHACRA, Icasc: 

Chaco. — Territorio comprendido entre las provincias boli- 
vianas de Chiquitos, Mojos y Tarija al norte y oeste, las 
argentinas de Salta y Santa Fe al sur, y los rios Parani y 
Paraguay al este. De la desembocadura del Pilcomayo, casi 
enfrente de la Asunción del Paraguay, parte la línea (¡ue 
divide el Chaco paraguayo del argentino. 

En la pág. 185, antes del art. CHARQUE, léase: 

CHARATA, f. — Especie de faisán. 

Por una distracción, se intercaló este art. en la pág. 317. 







ÍNDICE. 



Pág. 



Juicio crítico de D. A, Magariños Cervantes ... 5 
Juicio crítico de D. Juan Valera: 

Cartas americanas, I iB 

Id. id., II 26 

Prólogo: auge de la lengua castellana; contribución que 
le prestan las nativas de América; la quichua, arau- 
cana y guaraní en el Rio de la Plata; elementos 
lexicográficos que de ellas se han derivado; voces 
emanadas de otras fuentes; mejoramiento de la len- 
gua; concurso de las repúblicas hispano-americanas; 
lexicografía hispano-americana; Vocabulario rioplateme 
razonado; literatura hispano-americana al tiempo de 
la emancipación de las colonias: oda de Labardén 

al Paraná; conclusión 34 

Al Paraná por D. Manuel José de Labardén ... 64 

Advertencia 67 

Signos prosódicos de las voces guaraníes .... 68 

Vocabulario 69 

Artículos del [Vocabulario clasificados por lo que ex- 
presan 403 

Abreviaturas 410 

Erratas 411 



Anidóse 

de imprimir este libro ^ 

corrcí^idas por su avtor las pruebas tipográficas, 

en Montevideo t en casa de Alcudia y Ramos, 

(i 28 de cuero de j8go. 



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